Eclesiástico 31 Libro del Pueblo de Dios (Levoratti y Trusso, 1990) | 31 versitos |
1 Los desvelos del rico terminan por consumirlo y el afán de riquezas hace perder el sueño.
2 La preocupación por el sustento no deja dormir, y priva del sueño más que una grave enfermedad.
3 El rico se fatiga por amontonar una fortuna, y si descansa, es para hartarse de placeres;
4 el pobre se fatiga por amontonar una fortuna, y si descansa, cae en la indigencia.
5 El que ama el oro nunca podrá ser justo, y el afán de lucro hace extraviar a un hombre.
6 Muchos acabaron en la ruina por culpa del oro y se enfrentaron con su propia perdición,
7 porque el oro es una trampa para los que se enloquecen por él, y todos los insensatos se dejan atrapar.
8 ¡Feliz el rico que se conserva íntegro y no corre detrás del oro!
9 ¿Quién es él? Y lo felicitaremos porque ha hecho maravillas en su pueblo.
10 ¿Quién pasó por esta prueba y demostró ser perfecto? Tiene un buen motivo para gloriarse. ¿Quién pudo transgredir y no transgredió, hacer el mal y no lo hizo?
11 Sus bienes estarán asegurados y la asamblea publicará sus beneficios.
12 ¿Estás sentado a la mesa de un grande? No digas, relamiéndote los labios: "¡Cuántas cosas hay aquí!".
13 Acuérdate que está mal tener un ojo ávido: ¿ha sido creado algo peor que el ojo? Por eso derrama lágrimas por cualquier cosas.
14 No extiendas la mano a todo lo que veas, para no tropezar con tu vecino en el plato.
15 Juzga al prójimo por lo que tú mismo sientes y reflexiona siempre que hagas algo.
16 Come como persona educada lo que pongan delante y no mastiques ruidosamente, para no hacer odioso.
17 Sé el primero en dejar de comer, por buena educación, y no seas insaciable, para no chocar.
18 Si estás sentado entre muchos comensales, no extiendas tu mano antes que los demás.
19 ¡Qué poco le basta a un hombre bien educado! Por eso no se sofoca cuando está en su lecho.
20 A estómago sobrio, sueño saludable: uno se levanta temprano, y está bien despierto. Insomnio penoso, náuseas y cólicos: eso le espera al hombre insaciable.
21 Y si te han forzado a excedente en la comida, levántate, ve lejos a vomitar y sentirás alivio.
22 Escúchame, hijo mío, no me desprecies, y al final comprenderás mis palabras: sé moderado en todas tus acciones y nunca caerás enfermo.
23 Los labios bendicen al que sirve bien de comer y el testimonio de su generosidad es digno de fe.
24 La ciudad murmura del que mezquina el pan y el testimonio de su mezquindad es exacto.
25 No te hagas el valiente con el vino, porque el vino ha sido la perdición de muchos.
26 Como la fragua pone a prueba el temple del acero, el vino prueba al hombre en las disputas de los prepotentes.
27 El vino es como la vida para el hombre, siempre que se lo beba con moderación. ¿Qué es la vida cuando falta el vino? Porque él fue creado para alegría de los hombres.
28 Gozo del corazón y alegría del alma es el vino bebido a su tiempo y en la medida conveniente.
29 Amargura del alma es el vino bebido en exceso, con ánimo de desafiar y provocar.
30 La embriaguez enfurece al necio hasta el escándalo, disminuye sus fuerzas y le provoca heridas.
31 Mientras se bebe vino, no reprendas a tu prójimo ni lo humilles si se pone alegre; no le dirijas palabras injuriosas ni lo importunes con reclamos.

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Introducción a Eclesiástico


Segundo Libro de los Macabeos

El segundo libro de los MACABEOS no es la continuación del primero, sino en parte paralelo a él, ya que se refiere a los mismos acontecimientos del período comprendido entre el 175 y el 160 a. C., tomados de un poco más atrás y relatados en un estilo diferente. Como lo señala su autor (2. 23), él se limitó a resumir una obra mucho más extensa, redactada en cinco volúmenes por Jasón de Cirene, un ferviente judío de sólida formación helenista. Todo parece indicar que este resumen se llevó a cabo en Alejandría, poco después del 124 a. C.
Este Libro pertenece a un género literario muy difundido en aquella época, denominado "historia dramática" o "patética", en el cual la narración de los hechos históricos se convierte en un medio para conmover, entusiasmar o edificar al lector. Eso explica el empleo de ciertos recursos "efectistas", destinados a suscitar la adhesión o la repulsa, como son el lenguaje declamatorio y ampuloso, los epítetos hirientes, el tono mordaz con que se trata a los adversarios y la acentuada predilección por los elementos maravillosos.
A lo largo de toda su obra, que es una especie de "panegírico religioso", el autor trata de inculcar el amor y la devoción hacia el Templo de Jerusalén, centro de la vida del Pueblo judío. Esta idea ya está presente en las "Cartas" que figuran al comienzo del Libro e imprime su sello al plan que ha guiado la composición del mismo. De hecho, la historia relatada en él se desarrolla en cinco actos centrados alrededor del Templo, y al final del Libro se deja clara constancia de que para Judas y sus hombres "lo primero y principal era el Templo consagrado" (15. 18).
La forma explícita con que este Libro afirma la resurrección de los muertos y la claridad con que destaca el valor de la oración por los difuntos y de la intercesión de los mártires, le han merecido una especial acogida por parte de la Iglesia.



CARTAS A LOS JUDÍOS DE EGIPTOY PRÓLOGO DEL AUTOR

Al comienzo del Libro, el autor transcribe dos cartas escritas por los judíos de Jerusalén. En la primera, estos exhortan a sus hermanos de Egipto a celebrar en unión con ellos la fiesta de la Dedicación del Templo. Dicha carta está fechada en el 124 a. C., es decir, en el cuadragésimo aniversario de la Purificación del Santuario realizada por Judas Macabeo (164 a. C.).
La segunda es anterior y bastante más extensa. Aunque no lleva fecha, parece que fue escrita pocos días antes de la Dedicación del Templo en el 164 a. C., con el fin de poner de relieve la importancia de la Fiesta que se iba a celebrar dentro de poco (1. 18). Después de un breve relato sobre la muerte de Antíoco IV Epífanes, en esta carta se evocan los hechos portentosos que acompañaron a la restauración del Templo en la época de Nehemías. La mayor parte de los datos están tomados de escritos apócrifos o de tradiciones populares, que no pueden ser considerados como documentos históricos. Las dos cartas van seguidas de un Prólogo, donde el autor explica sus intenciones y su método de trabajo.

Fuente: Libro del Pueblo de Dios (San Pablo, 1990)

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