I Reyes 15 Biblia Jerusalén (1998) | 34 versitos |
1 El año dieciocho del rey Jeroboán, hijo de Nebat, comenzó a reinar Abías sobre Judá.
2 Reinó tres años en Jerusalén; el nombre de su madre era Maacá, hija de Absalón.
3 Prosiguió la serie de pecados que su padre había cometido antes de él. Su corazón no estaba por entero de parte de Yahvé su Dios, como el corazón de David su padre.
4 Pero en atención a David, Yahvé, su Dios, le concedió una lámpara en Jerusalén, suscitando a su hijo después de él y afianzando a Jerusalén,
5 porque David había hecho lo recto a los ojos de Yahvé sin apartarse durante toda su vida de lo que le había prescrito (salvo en el caso de Urías el hitita).
6 [Hubo guerras incesantes entre Roboán y Jeroboán.]
7 El resto de los hechos de Abías, todo cuanto hizo, ¿no está escrito en el libro de los Anales de los reyes de Judá? Hubo guerras incesantes entre Abías y Jeroboán.
8 Abías reposó con sus antepasados y lo enterraron en la ciudad de David. Su hijo Asá reinó en su lugar.
9 El año veinte de Jeroboán, rey de Israel, Asá comenzó a reinar en Judá.
10 Reinó cuarenta y un años en Jerusalén; su madre se llamaba Maacá, hija de Absalón.
11 Asá hizo lo recto a los ojos de Yahvé, como David su padre.
12 Expulsó del país a los consagrados a la prostitución, y retiró todos los ídolos fabricados por sus antepasados.
13 Llegó a retirar a su madre la función de Gran Dama por haber hecho un objeto abominable para Aserá. Asá abatió este objeto abominable y lo quemó en el torrente Cedrón.
14 Pero no abolieron los santuarios, aunque el corazón de Asá fue por completo de Yahvé toda su vida.
15 Introdujo en el templo de Yahvé las ofrendas consagradas por su padre y las suyas propias, plata, oro y utensilios.
16 Hubo guerras incesantes entre Asá y Basá, rey de Israel.
17 Basá, rey de Israel, subió contra Judá y fortificó Ramá, para impedir las idas y venidas de Asá, rey de Judá.
18 Entonces Asá tomó toda la plata y el oro que quedaban en los tesoros del templo de Yahvé y del palacio real, lo confió a sus servidores y lo envió a Ben Hadad, hijo de Tabrimón, hijo de Jezión, rey de Aram, que habitaba en Damasco, con el mensaje:
19 "Existe una alianza entre tú y yo, entre mi padre y tu padre. Te envío un presente de plata y oro. Ve, rompe tu alianza con Basá, rey de Israel, para que se aleje de mí."
20 Ben Hadad atendió la petición del rey Asá y envió a los jefes de su ejército contra las ciudades de Israel, atacando a Iyón, Dan y Abel Bet Maacá, todo el Quinerot y todo el país de Neftalí.
21 Cuando se enteró Basá, suspendió las obras de Ramá y permaneció en Tirsá.
22 El rey Asá convocó a todo Judá sin excepción. Se llevaron la piedra y la madera con las que Basá fortificaba Ramá. Con ellas el rey Asá fortificó Gueba de Benjamín y Mispá.
23 El resto de los hechos de Asá, todos sus éxitos militares y cuanto hizo, ¿no está escrito en el libro de los Anales de los reyes de Judá? En su ancianidad enfermó de los pies.
24 Asá reposó con sus antepasados y lo enterraron junto a sus padres en la ciudad de David, su padre. Su hijo Josafat reinó tras él.
25 Nadab, hijo de Jeroboán, comenzó a reinar en Israel el año segundo de Asá, rey de Judá, y reinó dos años sobre Israel.
26 Obró el mal a los ojos de Yahvé, y siguió el camino de su padre y los pecados que hizo cometer a Israel.
27 Basá, hijo de Ajías, de la casa de Isacar, conspiró contra él y lo mató en Guibetón de los filisteos, cuando Nadab y todo Israel asediaban Guibetón.
28 Basá hizo que lo mataran el año tercero de Asá, rey de Judá, y reinó en su lugar.
29 Cuando llegó a rey, mató a toda la casa de Jeroboán, no dejó con vida a ninguno de los de Jeroboán, exterminándolos conforme a la palabra que Yahvé había dicho por boca de su siervo el profeta Ajías de Siló,
30 por los pecados que Jeroboán cometió e hizo cometer a Israel, provocando la irritación de Yahvé, Dios de Israel.
31 El resto de los hechos de Nadab y todo cuanto hizo, ¿no está escrito en el libro de los Anales de los reyes de Israel?
32 (Y las ciudades que construyó.)
33 El año tercero de Asá, rey de Judá, comenzó a reinar Basá, hijo de Ajías, sobre todo Israel en Tirsá; reinó veinticuatro años.
34 Obró el mal a los ojos de Yahvé y siguió el camino de Jeroboán y los pecados que hizo cometer a Israel.

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Introducción a I Reyes

Los libros de los Reyes, como los de Samuel, constituían una sola obra en la Biblia hebrea. Corresponden a los dos últimos libros de los Reinos en la traducción griega, y de los Reyes en la Vulgata.

Son la continuación de los libros de Samuel, y 1 R 1-2 contiene la parte final del gran documento de 2 S 9-20. La larga narración del reinado de Salomón, 1 R 3-11, detalla la excelencia de su sabiduría, el esplendor de sus construcciones, sobre todo del Templo de Jerusalén, y la abundancia de sus riquezas. Es ciertamente una época gloriosa, pero el espíritu conquistador del reino de David ha desaparecido: se conserva, se organiza y, sobre todo, se saca partido de los triunfos de David. Se mantiene la oposición entre las dos fracciones del pueblo, y a la muerte de Salomón, en 931, el reino se divide: las diez tribus del Norte llevan a cabo una secesión agravada por un cisma religioso, 1 R 12-13. La historia paralela de los dos reinos de Israel y Judá se desarrolla de 1 R 14 a 2 R 17: con frecuencia es la historia de las luchas entre estos reinos hermanos, es también la de los asaltos del exterior por parte de Egipto contra Judá y de los arameos por el Norte. El peligro arrecia cuando los ejércitos asirios intervienen en la región, primero en el siglo IX, con más fuerza en el siglo VIII, cuando Samaría cae bajo sus golpes el 721, mientras que Judá se ha declarado ya vasallo. La historia, limitada ya a Judá, prosigue hasta la ruina de Jerusalén el 587 en 2 R 18-25 21. La narración se alarga al tratar de dos reinados, el de Ezequías, 2 R 18-20, y el de Josías, 2 R 22-23, marcados por un despertar nacional y una reforma religiosa. Los grandes acontecimientos políticos son entonces la invasión de Senaquerib bajo Ezequías el 701, en respuesta a la denegación del tributo asirio y, bajo Josías, la ruina de Asiria y la formación del imperio caldeo. Judá hubo de someterse a los nuevos amos de Oriente, pero pronto se rebeló. El castigo no se hizo esperar: el 597, los ejércitos de Nabucodonosor conquistaron Jerusalén y llevaron cautivos a una parte de sus habitantes; diez años después un amago de independencia provocó una segunda intervención de Nabucodonosor, que terminó el 587 con la ruina de Jerusalén y una segunda deportación. Reyes concluye con dos breves apéndices, 2Re_25:22-30.

La obra cita nominalmente tres de sus fuentes, una Historia de Salomón, los Anales de los reyes de Israel y los Anales de los reyes de Judá, pero también existieron otras: además de la parte final del gran documento davídico, 1 R 1-2, una descripción del Templo, de origen sacerdotal, 1 R 6-7, y, sobre todo, una historia de Elías compuesta hacia fines del siglo IX y una historia de Eliseo un poco posterior; estas dos historias forman la base de los ciclos de Elías, 1 R 17 - 2 R 1, y de Eliseo, 2 R 2-13. Los relatos del reinado de Ezequías que presentan en escena a Isaías, 2Re_18:17-20:19, provienen de los discípulos de este profeta.

Cuando la utilización de las fuentes no lo impide, los sucesos quedan encerrados en un marco uniforme: se trata cada reinado como una unidad independiente y completa, su comienzo y su fin se señalan casi con las mismas fórmulas, en las que jamás falta un juicio sobre la conducta religiosa del rey. Se condena a todos los reyes de Israel a causa del pecado original de este reino, la fundación del santuario de Betel; entre los reyes de Judá, ocho solamente son alabados por su fidelidad general a las prescripciones de Yahvé. Pero esta alabanza queda restringida seis veces por la observación de que los altos no desaparecieron; únicamente Ezequías y Josías reciben una aprobación sin reservas.

Estos juicios se inspiran evidentemente en la ley del Deuteronomio sobre la unidad del santuario. Más aún: el descubrimiento del Deuteronomio bajo Josías y la reforma religiosa que inspiró señalan el punto culminante de toda esta historia, y toda la obra es una demostración de la tesis fundamental del Deuteronomio, repetida en 1 R 8 y 2 R 17: si el pueblo observa la alianza concluida con Dios, será bendecido; si la rompe, será castigado. Este influjo deuteronomista se encuentra también en el estilo, siempre que el redactor desarrolla o comenta sus fuentes.

Es probable que una primera redacción deuteronomista fuera hecha antes del Destierro, antes de la muerte de Josías en Meguidó el 609, y la alabanza otorgada a este rey, 2Re_23:25 (menos las últimas palabras) sería la conclusión de la obra primitiva. Una segunda edición, asimismo deuteronomista, se hizo durante el Destierro: después del 562, si se le atribuye el final del libro, 2Re_25:22-30, o algo antes si ponemos su punto final después del relato de la segunda deportación, 2Re_25:21, que tiene trazas de ser una conclusión. Hubo, finalmente, algunas adiciones, durante y después del Destierro.

Los libros de los Reyes se han de leer con el espíritu con que fueron escritos, como una historia de salvación: la ingratitud del pueblo elegido, la ruina sucesiva de las dos fracciones de la nación parecen llevar al fracaso el plan de Dios; pero siempre queda, para defender el futuro, un grupo de fieles que no han doblado las rodillas ante Baal, un resto de Sión que guarda la Alianza. La firmeza de las disposiciones divinas se manifiesta en la admirable subsistencia del linaje davídico, depositario de las promesas mesiánicas, y el libro, en su forma definitiva, se cierra con la gracia concedida a Jeconías, como aurora de una redención.

Fuente: Nueva Biblia de Jerusalén (1998) - referencias, notas e introducciones a los libros

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Notas


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] |2Cr_13:1-2 a



REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 2Cr_11:20


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 1Re_11:36+; 2Re_8:19


NOTAS

15:6 Este v., que falta en los mejores testigos griegos, es un duplicado de 1Re_14:30.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] |2Cr_13:3 b


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] |2Cr_13:23 [2Cr_14:1]


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] |2Cr_14:1-3 [2Cr_14:2-4]


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Deu_23:19+ [Deu_23:18]


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] |2Cr_15:16-18; 2Cr_11:19+


NOTAS

15:13 (a) En Judá, como en otros reinos orientales, la reina madre gozaba de un rango de honor, ver 1Re_2:19, y de alguna prerrogativa. Llevaba el título de «Gran Dama». Su nombre, salvo excepciones, se da en la introducción a cada reinado. Maacá había conservado esta dignidad bajo su nieto, que había tomado el poder de muy joven.

15:13 (b) Traducción dudosa. Se ignora qué era ese objeto.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] |2Cr_16:1-6


NOTAS

15:18 Ben Hadad I. Sobre la sucesión de la dinastía, ver 1Re_20:1. Asá inauguró la política de alianzas extranjeras que los grandes profetas censurarán constantemente a los reyes de Judá, ver Isa_7:4-9; Isa_8:6-8, etc.

NOTAS

15:20 La región al oeste del lago Tiberíades.

NOTAS

15:21 «permaneció en» hebr.; «se volvió» griego.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] |2Cr_16:11-14

NOTAS

15:23 El hebr. añade aquí: «y las ciudades que construyó», adición inspirada en el v. anterior.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 1Re_14:10-11


NOTAS

15:32 1Re_15:32, simple duplicado de 1Re_15:16, se omite en el griego.