Hechos 7 Biblia Jerusalén (1998) | 60 versitos |
1 El sumo sacerdote preguntó: "¿Es así?"
2 Él respondió: "Hermanos y padres, escuchad. El Dios de la gloria se apareció a nuestro padre Abrahán cuando estaba en Mesopotamia, antes de que se estableciese en Jarán
3 y le dijo: Sal de tu tierra y de tu parentela y vete a la tierra que yo te muestre.
4 Entonces salió de la tierra de los caldeos y se estableció en Jarán. Y después de morir su padre, Dios le hizo emigrar de allí a esta tierra que vosotros habitáis ahora.
5 Y no le dio en ella en heredad ni la huella de un pie; sino que prometió dársela en posesión a él y a su descendencia después de él, aunque no tenía ningún hijo.
6 Dios habló así: Tus descendientes residirán como forasteros en tierra extraña y les esclavizarán y les maltratarán durante cuatrocientos años.
7 Pero yo juzgaré - dijo Dios - a la nación a la que sirvan como esclavos, y después saldrán y me darán culto en este mismo lugar.
8 Le dio, además, la alianza de la circuncisión; y así, habiendo engendrado a Isaac, Abrahán le circuncidó el octavo día, y lo mismo Isaac a Jacob, y Jacob a los doce patriarcas.
9 "Los patriarcas, por envidia, vendieron a José con destino a Egipto. Pero Dios estaba con él
10 y le libró de todas sus tribulaciones y le dio gracia y sabiduría ante Faraón, rey de Egipto, quien le nombró gobernador de Egipto y de toda su casa.
11 Sobrevino entonces en todo Egipto y Canaán hambre y gran tribulación; nuestros padres no encontraban víveres.
12 Pero al oír Jacob que había trigo en Egipto, envió a nuestros padres un primer viaje;
13 en el segundo viaje José se dio a conocer a sus hermanos. Faraón conoció el linaje de José.
14 José envió a buscar a su padre Jacob y a toda su parentela: setenta y cinco personas.
15 Jacob bajó a Egipto donde murió él y también nuestros padres;
16 y fueron trasladados a Siquén y depositados en el sepulcro que había comprado Abrahán a precio de plata a los hijos de Jamor, padre de Siquén.
17 "Conforme se iba acercando el tiempo de la promesa que Dios había hecho a Abrahán, el pueblo creció y se multiplicó en Egipto,
18 hasta que se alzó un nuevo rey en Egipto que no había conocido a José.
19 Obrando astutamente contra nuestro linaje, este rey maltrató a nuestros padres hasta obligarles a exponer los recién nacidos, para que no vivieran.
20 En esta coyuntura nació Moisés, que era hermoso a los ojos de Dios, que durante tres meses fue criado en la casa de su padre;
21 después fue expuesto y le adoptó la hija de Faraón, quien le crió como hijo suyo.
22 Moisés fue educado en toda la sabiduría de los egipcios y era poderoso en sus palabras y en sus obras.
23 "Cuando cumplió la edad de cuarenta años, se le ocurrió la idea de visitar a sus hermanos, los hijos de Israel.
24 Y al ver que uno de ellos era maltratado, tomó su defensa y vengó al oprimido matando al egipcio.
25 Pensaba que sus hermanos comprenderían que Dios les daría la salvación por su mano; pero ellos no lo comprendieron.
26 Al día siguiente se les presentó mientras estaban peleándose y trataba de ponerles en paz diciendo: "Amigos, que sois hermanos, ¿por qué os maltratáis uno a otro?"
27 Pero el que maltrataba a su compañero le rechazó diciendo: "¿Quién te ha nombrado jefe y juez sobre nosotros?
28 ¿Es que quieres tú matarme a mí como mataste ayer al egipcio?"
29 Al oír esto Moisés huyó y vivió como forastero en la tierra de Madián, donde tuvo dos hijos.
30 "Al cabo de cuarenta años se le apareció un ángel en el desierto del monte Sinaí, sobre la llama de una zarza ardiendo.
31 Moisés se maravilló al ver la visión, y al acercarse a mirarla, se dejó oír la voz del Señor:
32 "Yo soy el Dios de tus padres, el Dios de Abrahán, de Isaac y de Jacob." Moisés temblaba y no se atrevía a mirar.
33 El Señor le dijo: "Quítate las sandalias de los pies, pues el lugar donde estás es tierra santa.
34 Bien vista tengo la opresión de mi pueblo que está en Egipto y he oído su gemido y he bajado a librarles. Y ahora ven, que te enviaré a Egipto."
35 "A este Moisés, de quien renegaron diciéndole: ¿quién te ha nombrado jefe y juez?, a éste envió Dios como jefe y redentor por mano del ángel que se le apareció en la zarza.
36 Éste los sacó, realizando prodigios y signos en la tierra de Egipto, en el mar Rojo y en el desierto durante cuarenta años.
37 Éste es el Moisés que dijo a los israelitas: Dios os suscitará un profeta como yo de entre vuestros hermanos.
38 Éste es el que, en la asamblea del desierto, estuvo con el ángel que le hablaba en el monte Sinaí, y con nuestros padres; el que recibió palabras de vida para comunicárnoslas.
39 Pero nuestros padres no quisieron obedecerle, sino que le rechazaron y en su corazón se volvieron hacia Egipto,
40 y dijeron a Aarón: "Haznos dioses que vayan delante de nosotros; porque ese Moisés que nos sacó de la tierra de Egipto no sabemos qué ha sido de él."
41 E hicieron aquellos días un becerro y ofrecieron un sacrificio al ídolo e hicieron una fiesta a la obra de sus manos.
42 Entonces Dios se apartó de ellos y los entregó al culto del ejército del cielo, como está escrito en el libro de los Profetas: ¿Es que me ofrecisteis víctimas y sacrificios durante cuarenta años en el desierto, casa de Israel?
43 Os llevasteis la tienda de Moloc y la estrella del dios Refán, las imágenes que hicisteis para adorarlas; pues yo os trasladaré más allá de Babilonia.
44 "Nuestros padres tenían en el desierto la Tienda del Testimonio, como el que hablaba con Moisés le mandó hacerla según el modelo que había visto.
45 Nuestros padres que les sucedieron la recibieron en herencia y la introdujeron bajo el mando de Josué en el país ocupado por los gentiles, a los que Dios expulsó delante de nuestros padres, hasta los días de David,
46 que halló gracia ante Dios y pidió disponer de una morada para la casa de Jacob.
47 Pero fue Salomón el que le edificó casa,
48 aunque el Altísimo no habita en casas fabricadas por manos humanas como dice el profeta:
49 El cielo es mi trono y la tierra el escabel de mis pies. Dice el Señor: ¿Qué casa me vais a construir? O ¿cuál será el lugar de mi descanso?
50 ¿Es que no ha hecho mi mano todas estas cosas?
51 "¡Duros de cerviz, incircuncisos de corazón y de oídos! ¡Vosotros siempre ofrecéis resistencia al Espíritu Santo! ¡Como vuestros padres, así vosotros!
52 ¿A qué profeta no persiguieron vuestros padres? Ellos mataron a los que habían anunciado de antemano la venida del Justo, de aquel a quien vosotros ahora habéis traicionado y asesinado;
53 vosotros que recibisteis la Ley por mediación de ángeles y no la habéis guardado."
54 Mientras oían estas cosas, sus corazones se consumían de rabia y rechinaban sus dientes contra él.
55 Pero él, lleno del Espíritu Santo, miró fijamente al cielo, vio la gloria de Dios y a Jesús de pie a la diestra de Dios;
56 y dijo: "Estoy viendo los cielos abiertos y al Hijo del hombre de pie a la diestra de Dios."
57 Entonces, gritando fuertemente, se taparon sus oídos y todos a una se abalanzaron sobre él;
58 le arrastraron fuera de la ciudad y empezaron a apedrearle. Los testigos depusieron sus mantos a los pies de un joven llamado Saulo.
59 Mientras le apedreaban, Esteban hacía esta invocación: "Señor Jesús, recibe mi espíritu."
60 Después dobló las rodillas y dijo con fuerte voz: "Señor, no les tengas en cuenta este pecado." Y diciendo esto, se durmió.

Patrocinio

 
 

Introducción a Hechos

HECHOS DE LOS APÓSTOLES

Introducción
El tercer evangelio y el libro de los Hechos eran primitivamente las dos partes de una única obra, que nosotros titularíamos hoy «Historia de los orígenes cristianos». Desde muy pronto el segundo libro empezó a conocerse bajo el título «Hechos de los Apóstoles» o «Hechos de Apóstoles», según la moda de la literatura helenística que ya había divulgado obras como los «Hechos» de Aníbal, los «Hechos» de Alejandro, etc.; en el canon del NT está separado del evangelio de Lucas por el evangelio de Juan que se ha intercalado. La relación original de estos dos libros del NT viene indicada por sus respectivos Prólogos así como por su parentesco literario. El Prólogo de los Hechos que, como el del tercer evangelio Luc_1:1-4, se dirige a un tal Teófilo, Hch_1:1, remite a este evangelio como a un «primer libro», resumiendo su propósito y recogiendo los últimos sucesos (apariciones del Resucitado y Ascensión) para empalmar con ellos la continuación del relato. El otro vínculo que une estrechamente a estos dos libros es la lengua. Las características (de vocabulario, gramática y estilo) que aparecen a todo lo largo de los Hechos, y que confirman la unidad literaria de esta obra, las encontramos también en el tercer evangelio; lo que apenas permite dudar de que ambos libros son obra de un mismo autor.

La tradición de la Iglesia es unánime en reconocer que este autor es san Lucas. Nunca, ni en la antigüedad ni en nuestros días, se ha propuesto seriamente otro nombre. Así lo admitía ya hacia el año 175 el conjunto de las iglesias, como lo manifiesta la conformidad existente entre el documento romano llamado Canon de Muratori, el Prólogo «antimarcionita», san Ireneo, los Alejandrinos y Tertuliano. Juicio unánime que, en realidad, corroboran los indicios internos. Según sus escritos, el autor parece ser un cristiano de la generación apostólica, judío muy helenizado o, mejor, griego de amplia instrucción y versado a fondo así en las cosas judías como en la Biblia griega. Ahora bien, lo que sabemos de Lucas por las epístolas paulinas cuadra a la perfección con estos datos. El Apóstol lo presenta como un compañero muy querido que está a su lado durante su cautiverio, Col_4:14; Flm_1:24; 2Tm_4:11. Según Col_4:10-14, Lucas es de origen pagano (de Antioquía de Siria según una vieja tradición) y médico, lo que comportaría una cierta cultura, aun cuando esté lejos de ser cierto que Lucas emplee en sus escritos un vocabulario específicamente médico.

Nada seguro hallamos en la tradición antigua para fijar la fecha en que escribía. El libro concluye con la prisión romana de Pablo, probablemente en 61-63, y en todo caso su composición debe ser posterior a la del tercer evangelio (¿antes del 70? ¿hacia el 80?, pero nada impone una fecha posterior al 70). Como lugar de composición se han propuesto Antioquía y Roma.

¿Cuáles son las fuentes utilizadas por Lucas para componer su obra? El autor de los Hechos declara «haber investigado diligentemente todo desde los orígenes» sumándose a los que ya habían «intentado narrar ordenadamente las cosas que se han verificado entre nosotros» (Luc_1:1-4, que constituye el prólogo general de la obra completa). Tales expresiones hacen suponer, por un lado, que ha buscado informaciones precisas y, por otro, que ha aprovechado relatos ya existentes. El examen del libro confirma esta impresión. A pesar de una actividad literaria siempre vigilante, cuya mano se advierte por doquier asegurando la unidad del libro, se pueden distinguir también sin dificultad algunas corrientes principales en las tradiciones recogidas por Lucas. Los doce primeros capítulos del libro de los Hechos refieren la vida de la primera comunidad reunida en torno a Pedro después de la Ascensión, 1-5, y los comienzos de su expansión a raíz de las iniciativas misioneras de Felipe, Hch_8:4-40, de los «helenistas», 6:1-8:3; Hch_11:19-30; Hch_13:1-3, y en fin del mismo Pedro, 9:32-11:18; 12. Las tradiciones «petrinas» subyacentes se emparentarían con el «Evangelio de Pedro» que es conocido en la literatura de la Iglesia antigua. Para la segunda parte de los Hechos el autor habría utilizado relatos de la conversión de Pablo, de sus viajes misioneros, y de su viaje por mar a Roma como prisionero. En todo caso, Lucas parece haber tenido a mano cartas paulinas, y podía haber pedido datos al mismo Pablo, a quien conocía por lo menos en el período de su cautiverio. Otras personas (¿Silas o Timoteo?) podrían haberle suministrado informaciones circunstanciadas sobre tal o cual episodio. En tres ocasiones durante su relato, Hch_16:10-17; 20:5-21:18; 27:1-28:16 (y ya también Hch_11:28 en el texto occidental), Lucas emplea la primera persona del plural. Siguiendo a san Ireneo, algunos exegetas han creído ver en los pasajes de los Hechos redactados en estilo «nosotros» la prueba de que Lucas acompañó a Pablo en su segundo y tercer viajes misioneros y en su viaje por mar a Roma. Contrasta, sin embargo, con ello el hecho de que Pablo no menciona nunca a Lucas como compañero de su obra de evangelización, por lo que este «nosotros» parece ser más bien el vestigio textual de un diario de viaje hecho por un compañero de Pablo (¿Silas?) y utilizado por el autor de los Hechos. El viaje descrito por el diario puede tener que ver con la colecta hecha por las iglesias de Macedonia y Acaya para la iglesia de Jerusalén, ver Hch_24:17; 1Co_16:1-4; 2 Co 8-9; Rom_15:25-29. Una vez reunido este rico material, Lucas lo organizó hábilmente en unidad literaria, distribuyendo de la mejor manera los diversos elementos y uniéndolos unos con otros por medio de estribillos redaccionales, por ej. Hch_6:7; Hch_9:31; Hch_12:24; etc.

El valor histórico de los Hechos de los Apóstoles no es uniforme. De un lado, las fuentes de que Lucas disponía no eran homogéneas; de otro, en el manejo de estas fuentes se movía con bastante libertad según el espíritu de la historiografía antigua, subordinando los datos históricos a su plan literario y sobre todo a sus intereses teológicos. Los relatos de los viajes de san Pablo reflejan con mayor o menor extensión y exactitud el mundo del Mediterráneo oriental en el primer siglo: administración romana, ciudades griegas, cultos, rutas, geografía política y topografía local. En cambio, los relatos de la primera parte del libro son en general mucho menos circunstanciados. Lucas establece un cierto paralelismo entre los milagros de Pedro y los de Pablo: comparar Hch_3:1-10 con Hch_14:8-10; Hch_5:15 con Hch_19:12; Hch_5:19 o Hch_12:6-11, Hch_12:17 con Hch_16:23-26, Hch_16:40; Hch_8:15-17 con Hch_19:2-7; Hch_8:18-24 con Hch_13:6-11; Hch_9:36-42 con Hch_20:7-12. Además, algunos de los relatos de milagros tienen sus paralelos en los evangelios: comparar Hch_3:6-7 con Luc_4:39 y Mar_1:31; Hch_9:33-34 con Luc_5:24-25; Hch_20:10, Hch_20:12 con Luc_8:52-55; es también evidente que las últimas palabras de Esteban, Hch_7:59-60, se asemejan a las de Jesús, Luc_23:34, Luc_23:36. El discurso de Pablo en Antioquía de Pisidia, Hch_13:16-41, no deja de tener analogías con los de Pedro en Jerusalén, Hch_2:14-36; Hch_3:12-26; Hch_4:8-12; Hch_5:29-32, el de Esteban, Hch_7:1-53, y también el de Pedro en Cesarea, Hch_10:34-43. Es, pues, razonable suponer que Lucas no había recibido estos discursos tal como los reprodujo, sino que los compuso utilizando algunos temas esenciales de la predicación primitiva apoyados con argumentos que se habían hecho tradicionales y moldeados con fórmulas nemotécnicas: florilegios de textos escriturísticos para los judíos, reflexiones de filosofía común para los griegos, y para todos el anuncio esencial (Kerygma) de Cristo muerto y resucitado, con el llamamiento a la conversión y al bautismo. Lucas habría conocido, primero por tradición y luego por experiencia, estos esquemas de la primera predicación cristiana, y es esto lo que le permitió, con su finísimo sentido psicológico, impregnar estos discursos de una enseñanza de valor auténtico e importancia capital. Se han señalado a menudo discrepancias entre el libro de los Hechos y las epístolas paulinas, que Lucas parece haber utilizado pero no en detalle. Es notable, por ejemplo, que no se haya preocupado de armonizar las cinco visitas de san Pablo a Jerusalén en los Hechos con los datos de Gal 1:15-2:10. En otro orden de cosas, se advierte un cierto contraste entre el retrato de Pablo dibujado en los Hechos y el que Pablo hace de sí mismo en su correspondencia. En Atenas Pablo se manifiesta netamente menos severo para con las religiones paganas que en su epístola a los Romanos: comparar Hch_17:22-31 con Rom_1:18-32 (pero ver también Sab_13:1-10, donde el autor, a la vez que condena la idolatría, disculpa los desvíos que algunos sufren buscando a Dios). En general Lucas atribuye al Apóstol una actitud más conciliadora que la de las epístolas: comparar Hch_21:20-26 con Gál_2:12 ss; Hch_16:3 con Gál_2:3; Gál_5:1-12. Pero no debe olvidarse que cada autor se mueve por intereses bastante diferentes. Pablo es un polemista que sabe ser intransigente (pero ver también 1Co_9:19-23) mientras que el propósito de Lucas es demostrar la unidad profunda que existía entre los primeros discípulos.

A este respecto, la objetividad del libro de los Hechos ha sido atacada sesgadamente planteando la cuestión de su finalidad. La escuela de F. Ch. Baur ha querido ver en él un escrito de compromiso compuesto en el siglo II para conciliar las tendencias opuestas del petrinismo y del paulinismo. Este sistema tiene el mérito de señalar la existencia innegable de tensiones en la Iglesia primitiva; pero supone una fecha demasiado tardía, y en su forma radical ya nadie lo sostiene hoy. Otros, por su parte, todavía denuncian con frecuencia a esta obra de ser un alegato, con todo lo que esto puede implicar de deformación de los hechos. Lucas haría en ella una apología de Pablo destinada a convencer a las autoridades romanas de que él no era culpable de ningún delito político. Y, en efecto, no se puede negar que Lucas subraya el carácter puramente religioso del conflicto que enfrenta a los judíos con Pablo y la indiferencia de las autoridades romanas ante tal conflicto. Pero, aunque esto parece responder a la verdad histórica, en todo caso no es más que un aspecto de la obra. El libro de los Hechos es cosa muy distinta de un memorial para presentar ante el tribunal de Roma. Lo que persigue es nada menos que referir, por sí misma, la historia de los orígenes cristianos.

Para convencerse de ello, basta con examinar su plan. Se ve en él plasmada la aseveración inicial de Cristo: «Seréis mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaría, y hasta los confines de la tierra», Hch_1:8. La fe se implanta primero sólidamente en Jerusalén, donde la primera comunidad crece en gracia y número, 1-5. Enseguida comienza la expansión, preparada por la tendencia universalista de los convertidos del judaísmo helenístico y por su expulsión a raíz del martirio de san Esteban, 6:1-8:3: se llega a Samaría, Hch_8:4-25, así como a la llanura costera hasta Cesarea, donde por primera vez entran gentiles en la Iglesia, Hch_8:26-40; 9:32-11:18, al tiempo que la conversión de Pablo nos informa de que ya hay cristianos en Damasco y presagia la evangelización de Cilicia, Hch_9:1-30. Estribillos, como Hch_9:31 (que añade Galilea) ponen bien de relieve la difusión de la fe. A continuación es Antioquía la que recibe el mensaje de Jesús, Hch_11:19-26 y que se va a convertir en un foco de irradiación, no sin guardar con Jerusalén contactos en los que se toman acuerdos sobre los principales problemas misioneros, Hch_11:27-30; Hch_15:1-35. Se trata ahora, en efecto, de que el Evangelio llegue a los gentiles. A partir de la conversión de Cornelio, Pedro, después de ser encarcelado en Jerusalén, sale con destino desconocido, Hch_12:17; y en adelante es Pablo quien, en el relato de Lucas, ocupará el primer plano. Después de un primer viaje con Bernabé a Chipre y Asia Menor antes de la asamblea de Jerusalén, 13-14, dos viajes más le llevarán hasta Macedonia y Grecia, 15:36-18:22, y a Éfeso, 18:23-21:17. Siempre regresa a Jerusalén, y su arresto en esta ciudad, seguido de su encarcelamiento en Cesarea, 21:18-26:32, le permitirán ser conducido, preso pero siempre misionero, hasta Roma, donde, aun sin librarse de las cadenas, anuncia a Cristo, 27-28. Vista desde Jerusalén, esta capital del imperio representa perfectamente «los confines de la tierra», por lo que Lucas puede aquí poner fin a su libro.

Podremos quizá lamentar que no nos haya dicho nada de la actividad de los otros apóstoles, ni de la fundación de ciertas iglesias como la de Alejandría, o incluso la de Roma, donde la fe cristiana se había implantado ciertamente antes de la llegada del Apóstol (ver la Epístola a los Romanos, sobre todo Hch_15:22 ss). Nada dice tampoco del apostolado de Pedro fuera de Palestina, y es verdad que la persona de Pablo ocupa en su obra un lugar preponderante, hasta el punto de llenar ella sola toda la segunda mitad. Más que una historia materialmente completa, lo que Lucas ha querido darnos es una exposición de la fuerza de expansión espiritual del Cristianismo; y la enseñanza teológica que ha sabido deducir de los hechos de que disponía posee un valor universal e insustituible, que constituye el valor auténtico de su obra.

Esta aportación doctrinal es múltiple y no podemos evocar aquí más que sus puntos principales. Lo que la obra expone es la fe en Cristo, base del kerygma apostólico. Por los discursos conocemos los principales textos escriturísticos que sirvieron, bajo la guía del Espíritu, para la formulación de la cristología y la argumentación ante los judíos; son de notar particularmente los temas del Siervo, Hch_3:13, Hch_3:26; Hch_4:27, Hch_4:30; Hch_8:32-33, y de Jesús nuevo Moisés, Hch_3:22 s; Hch_7:20 s, y nuevo Elías, Hch_1:9-11; Hch_3:20-21. La resurrección se prueba por el Sal_16:8-11 (Hch_2:24-32; Hch_13:34-37). La historia del pueblo elegido debe poner en guardia a los judíos contra la resistencia a la gracia, Hch_7:2-53; Hch_13:16-41. Para los gentiles, se recurre a argumentos de una teodicea más general, Hch_14:15-17; Hch_17:22-31. Pero los apóstoles son ante todo «testigos», Hch_1:8+, y Lucas nos resume su «kerygma», Hch_2:22+, relatándonos también sus signos taumatúrgicos. El problema crucial de la Iglesia naciente tenía que ser el acceso de los gentiles a la salvación, y sobre este punto el libro de los Hechos nos brinda alguna luz, aunque sin descubrirnos toda la envergadura de las dificultades y de las controversias ocasionadas por esta cuestión en la Iglesia e incluso entre sus dirigentes (ver Gál_2:11+): los hermanos de Jerusalén, agrupados en torno a Santiago, siguen fieles a la Ley judía, Hch_15:1, Hch_15:5; Hch_21:20 s; pero los «helenistas», cuyo portavoz es Esteban, sienten la necesidad de romper con el culto del Templo; y Pedro, y después sobre todo Pablo, hacen triunfar en la asamblea de Jerusalén el principio de la salvación por la fe en Cristo, que dispensa a los gentiles de la circuncisión y de las observancias mosaicas. No es menos cierto que Lucas nos muestra a Pablo empezando siempre por dirigirse a los judíos, para volverse después a los gentiles sólo cuando se ve rechazado por sus hermanos de raza, Hch_13:5+. Sobre la vida de las comunidades cristianas nos bosqueja un cuadro que tiene tintes sin duda ideales, por no decir utópicos, pero que se inspira en los recuerdos de los primeros años tanto como en las realidades eclesiales de una época más tardía: vida de oración y reparto de bienes en la joven iglesia de Jerusalén; administración del bautismo de agua y del bautismo en el Espíritu, Hch_1:5+; celebración de la Eucaristía, Hch_2:42+; esbozos de organización eclesiástica en los «profetas» y los «doctores», Hch_13:1+, o también en los «presbíteros» que presiden la iglesia de Jerusalén, Hch_11:30+, y que Pablo establece en las iglesias que él funda, Hch_14:23. Todo ello impregnado, dirigido, impulsado por un soplo invencible del Espíritu Santo. A este Espíritu, sobre el que Lucas había ya insistido en su evangelio, Luc_4:1+, lo presenta en acción incesante en la expansión de la Iglesia, Hch_1:8+, hasta el punto de que se ha podido llamar a los Hechos «el evangelio del Espíritu Santo». Es esto lo que da a esta obra ese aroma de alegría espiritual, de maravilla sobrenatural, de la que sólo podrán extrañarse los que no comprenden ese fenómeno único en el mundo que fue el nacimiento del Cristianismo. Si a todas estas riquezas teológicas añadimos la preciosa aportación de tantos detalles concretos que de otro modo no habríamos conocido, si se acierta a saborear los retratos de fina psicología en que Lucas se distingue, piezas incisivas y hábiles como el discurso delante de Agripa, 26, páginas conmovedoras como el adiós a los presbíteros de Éfeso, Hch_20:17-38, relatos vivos y realistas como el motín de los orfebres, Hch_19:23-41, se convendrá en que este libro, único en su género en el NT, representa un tesoro cuya falta hubiera empobrecido notablemente nuestro conocimiento de los orígenes del Cristianismo.

El texto de los Hechos, como el del resto del NT, ha llegado a nosotros con muchas variantes de detalle. Pero más que en otros libros merecen retener nuestra atención las que provienen del texto llamado «occidental» (códice de Beza, versiones latina, siríaca y copta, antiguos escritores eclesiásticos). Ofrecen éstas un texto que es a menudo más conciso que el texto alejandrino, pero que contiene también detalles concretos y pintorescos que el otro desconoce. En realidad, estas dos tradiciones textuales parecen representar redacciones sucesivas del libro de los Hechos. Nuestra traducción se ha hecho las más de las veces sobre el texto alejandrino, pero un buen número de variantes del texto occidental se han señalado en nota o incluso han sido admitidas en el texto traducido.

Fuente: Nueva Biblia de Jerusalén (1998) - referencias, notas e introducciones a los libros

Patrocinio

Notas


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Sal_29:3

NOTAS

7:2 (a) El discurso resume en primer lugar la historia de Abrahán y de José, vv. Hch_7:2-16, expone con mayor amplitud la historia de Moisés vv. Hch_7:17-43 (ver la acusación lanzada contra Esteban, Hch_6:11). A la eminente misión de salvación que Dios encomendó a Moisés, Esteban contrapone la actitud de los israelitas: rechazo, negativa a obedecer, infidelidad. Los temas son tradicionales (ver Dt), pero desarrollados aquí bajo la perspectiva del hecho cristiano: al hablar de Moisés, Esteban piensa en Cristo de quien aquél es figura; la actitud de los israelitas respecto de él es la de los judíos respecto de Cristo. Esteban subraya en la historia de Israel lo que redunda en contra del apego a un país particular, vv. Hch_7:2-6, contra los sacrificios, vv. Hch_7:39-43, y contra la construcción de un Templo material, vv. Hch_7:44-50; ver la acusación de Hch_6:13. Se percibe el espíritu del judaísmo helenizado de la Dispersión. El discurso concluye con una invectiva apasionada, vv. Hch_7:51-53, que reitera un tema primitivo de la predicación cristiana, ver Hch_2:23+.

7:2 (b) Según Gén_11:31, esta aparición tuvo lugar en Jarán. En este punto, Esteban depende de una tradición extrabíblica.



REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Gén_12:1

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Gén_12:7+

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Gén_15:2

[2] Gén_15:13

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Gén_15:14

[2] Éxo_3:12

NOTAS

7:7 Esteban sustituye al monte Horeb con «este mismo lugar»: el Templo de Jerusalén.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Gén_17:10+

[2] Gén_21:4

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Gén_37:11, Gén_37:28

[2] Gén_39:2, Gén_39:3, Gén_39:21, Gén_39:23; Sal_34:20 [Sal_34:19]

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Gén_41:40-41; Sal_105:21

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Gén_41:54-55; Gén_42:5

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Gén_42:2

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Gén_45:1

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Gén_46:27+

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Gén_50:13

NOTAS

7:16 «padre de Siquén»: aclaración conforme a Gén_33:19. -Var.: «a los hijos de Jamor, hijo de Siquén»; «a los hijos de Emmor en Siquén», «a los hijos de Emmor (que habitaban) en Siquén». -El v. Hch_7:16 sigue una tradición no conforme con la Biblia; de ahí las correcciones intentadas mediante diversas variantes.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Éxo_1:7, Éxo_1:8

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Éxo_1:10, Éxo_1:11

[2] Éxo_1:22

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Éxo_2:2

[2] Heb_11:23 s

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Éxo_2:5, Éxo_2:10

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Luc_24:19

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Éxo_2:11

NOTAS

7:23 Según las tradiciones judías.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Éxo_2:12

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Éxo_2:13

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Éxo_2:14

NOTAS

7:27 Dios, resucitando a Jesús, le ha constituido «jefe», ver Hch_5:31, y «juez», ver Hch_10:42; Hch_17:31.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Éxo_2:15

NOTAS

7:29 Según Éxo_2:15, Moisés huyó por miedo a Faraón; aquí, porque es rechazado por los suyos.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Éxo_3:1-2

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Éxo_3:4, Éxo_3:6

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Éxo_3:5

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Éxo_3:7-8

[2] Éxo_3:10

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Éxo_2:14

NOTAS

7:35 La Biblia no emplea este verbo a propósito de Moisés, pero se lo encuentra en Hch_3:13-14 a propósito de Jesús. Asimismo, el titulo de «redentor» no se da en la Biblia a Moisés. La imagen de Cristo, de quien aquél es figura, se proyecta sobre la de Moisés.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Éxo_7:3

[2] Núm_14:33; Amó_5:25

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Deu_18:15

NOTAS

7:37 Texto mesiánico ya citado en Hch_3:22. Otro -el Mesías- debía, pues, desempeñar un papel análogo al de Moisés, Mat_16:14+; Jua_1:21+.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Deu_4:10; Deu_9:10; Deu_18:16; Gál_3:19+

[2] Jua_1:17

NOTAS

7:38 (a) El griego ekklesía se ha convertido en nuestra palabra «iglesia», ver Hch_5:11+; Mat_16:18+. En Deu_4:10+ designaba la asamblea del pueblo santo en el desierto. Ver la «reunión sagrada», Éxo_12:16; Lev_23:3; Núm_29:1. La Iglesia, nuevo pueblo de los santos, Hch_9:13+, es heredera del pueblo antiguo.

7:38 (b) Moisés desempeñaba el oficio de mediador entre el «ángel» y el pueblo. En los textos antiguos, «el ángel de Yahvé» es el mismo Yahvé que se manifiesta, Gén_16:7+; ver Mat_1:20+. En época más reciente se subrayó la trascendencia divina distinguiendo entre Yahvé y su ángel. Así, Moisés no habría estado en relación inmediata con Dios, sino con uno o varios ángeles. Vestigios de esta concepción en Gál_3:19; Heb_2:2.

7:38 (c) La observancia de la Ley procura la vida, Deu_4:1; Deu_8:1; Deu_8:3; Deu_30:15-16, Deu_30:19-20; Deu_32:46-47; Lev_18:5, citado en Gál_3:12; Rom_10:5; se hablaba, pues, de la Ley como de «preceptos de vida», Eze_33:15; Bar_3:9. Para los cristianos, la que será «palabra de vida», Flp_2:16; ver Hch_5:20, es decir, la «palabra de salvación», Hch_13:26, es la predicación evangélica. La palabra divina, fuente de vida, ella misma es «viva»: ver Heb_4:12; 1Pe_1:23. Finalmente, el mismo Jesucristo es la «palabra de vida»: 1Jn_1:1.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Núm_14:3

NOTAS

7:39 Ver Núm_14:3 y Éxo_16:3. Comp. Eze_20:8-14.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Éxo_32:1, Éxo_32:23

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Éxo_32:4, Éxo_32:6

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Amó_5:25-27 (LXX)

NOTAS

7:42 Designación bíblica de los astros, frecuentemente divinizados, ver Deu_4:19; Deu_17:3; 2Re_21:3-5; Jer_8:2; Jer_19:13; Sof_1:5.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Éxo_25:40; Heb_8:5

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Sal_132:5

[2] 1Re_6:2

NOTAS

7:46 Var.: «para Dios».

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Hch_17:24; Heb_9:11, Heb_9:24

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Isa_66:1-2

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Deu_9:13+; Jer_4:4+; Isa_63:10; 2Cr_30:7-8; 2Cr_36:14-16; Mat_23:34-35

NOTAS

7:51 Que hablaba por Moisés y por los profetas.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Hch_3:14+; Hch_2:23+

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Hch_7:38+; Hch_13:38 s; Hch_15:10; Gál_6:13

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Luc_1:15+; Éxo_24:16+

[2] Hch_2:23+; Mat_26:64 p+

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Dan_7:13; Mat_8:20+

NOTAS

7:56 (a) En pie y no sentado como en Luc_22:69; quizá en calidad de testigo del mártir.

7:56 (b) La visión de Esteban debe relacionarse con su transfiguración, Hch_6:15+.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 1Re_21:13

[2] Heb_13:12+

NOTAS

7:58 (a) En vez de una sentencia en regla pronunciada por el Sanedrín, presenciamos un linchamiento popular. Quizá sea esta la realidad histórica que Lucas ha podido presentar como un proceso regular, para equiparar la muerte del primer mártir a la de Jesús.

7:58 (b) Los falsos testigos mencionados, Hch_6:13-14. A los testigos de la acusación correspondía ser los primeros en ejecutar la sentencia, Deu_17:7.

7:58 (c) El futuro apóstol, Hch_13:9+.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Hch_22:20; Hch_26:10; Gál_1:13+; Sal_31:6 [Sal_31:5]; Luc_23:46

NOTAS

7:59 Hermoso ejemplo de «la invocación del nombre del Señor», Hch_2:21+. Lucas subraya con dos rasgos, vv. Hch_7:59-60, la semejanza entre Esteban, en el momento de morir, y Jesús en su pasión.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Luc_23:34