Baruc 4 Biblia Jerusalén (1998) | 37 versitos |
1 Ella es el libro de los mandatos de Dios, la Ley que perdura por los siglos: todos los que la guarden vivirán, pero los que la abandonen morirán.
2 Vuélvete, Jacob, y tómala, camina al esplendor de su luz.
3 No entregues tu gloria a otro, ni tus privilegios a pueblo extranjero.
4 Felices nosotros, Israel, pues se nos ha revelado lo que agrada al Señor.
5 ¡Ánimo, pueblo mío, memoria de Israel!
6 Habéis sido vendidos a las naciones, mas no para la destrucción. Por haber desatado la cólera de Dios, habéis sido entregados a los enemigos.
7 Pues habéis irritado a vuestro Creador, ofreciendo sacrificios a los demonios y no a Dios.
8 Olvidasteis al Dios eterno que os alimentó y afligisteis a Jerusalén que os crió.
9 Cuando ella vio caer sobre vosotros el castigo de Dios, dijo: Escuchad, vecinas de Sión, Dios me ha enviado una gran pena.
10 He visto el destierro que el Eterno atrajo sobre mis hijos y mis hijas.
11 Yo los había criado con gozo y los he despedido con lágrimas de duelo.
12 Que nadie se regodee conmigo, una viuda abandonada de tantos. He quedado desierta por los pecados de mis hijos, porque se apartaron de la Ley de Dios,
13 desconocieron sus decretos, no siguieron el camino de sus mandamientos, ni tomaron la senda de su enseñanza recta.
14 ¡Que vengan las vecinas de Sión! Acordaos del destierro que el Eterno atrajo sobre mis hijos y mis hijas.
15 Él hizo venir sobre ellos a un pueblo remoto, un pueblo despiadado y de lengua extraña, que no respetaba a los ancianos, ni se apiadaba de los niños,
16 que arrebató a la viuda sus hijos queridos y la dejó sola y privada de sus hijas.
17 Y yo ¿cómo podría ayudaros?
18 El que atrajo sobre vosotros las desgracias os librará del poder de vuestros enemigos.
19 Marchad, hijos, marchad, que a mí me han dejado sola.
20 Me he quitado el vestido de paz, y me he puesto el sayal de plañidera para gritar al Eterno mientras viva.
21 Ánimo, hijos, clamad a Dios, que él os librará de la tiranía y del poder de vuestros enemigos.
22 Yo esperé del Eterno vuestra salvación y el Santo me ha llenado la alegría, pues muy pronto el Eterno, vuestro Salvador, tendrá misericordia de vosotros.
23 Os despedí con lágrimas de duelo, pero Dios os devolverá a mí para siempre con felicidad y alegría.
24 Como las vecinas de Sión han contemplado hasta hoy vuestro destierro, así contemplarán muy pronto la salvación que Dios os concederá con gran gloria y el esplendor del Eterno.
25 Hijos, soportad con paciencia el castigo que Dios os ha enviado. Tu enemigo te ha perseguido, pero pronto verás su ruina y podrás poner el pie sobre su cuello.
26 Mis hijos tiernos han recorrido duros caminos, arrebatados como rebaño robado por el enemigo.
27 ¡Ánimo, hijos, clamad a Dios!, pues el que os mandó esto se acordará de vosotros.
28 Ya que entonces decidisteis alejaros de Dios, convertíos y buscadlo con mucho mayor empeño.
29 Pues el que os envió estas desgracias os enviará la alegría eterna de vuestra salvación.
30 ¡Ánimo, Jerusalén! Aquel que te dio nombre te consolará.
31 ¡Malditos los que te hicieron daño y se alegraron de tu caída!
32 ¡Malditas las ciudades que esclavizaron a tus hijos! ¡Maldita la ciudad que los recibió!
33 Pues como se alegró de tu caída y se regodeó en tu ruina, así lamentará su propia destrucción.
34 Yo le arrancaré el júbilo de su población numerosa y su arrogancia se cambiará en duelo.
35 El Eterno le enviará un incendio inextinguible y quedará habitada por demonios durante mucho tiempo.
36 Mira hacia oriente, Jerusalén, y contempla la alegría que te envía Dios.
37 Mira, ya llegan tus hijos, a los que despediste: vuelven convocados desde oriente a occidente por la palabra del Santo y disfrutando de la gloria de Dios.

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Introducción a Baruc

LIBRO DE BARUC

Introducción
Este pequeño libro es atribuido, ya en su mismo título, a Baruc, hijo de Nerías (Bar_1:1), el secretario y ocasional portavoz del profeta Jeremías (Jer_32:12-13, Jer_32:16; Jer_36:4 ss; Jer_45:1 ss). Esta relación es la que seguramente ha motivado la inclusión de Baruc dentro del cuerpo de ;iaescritos jeremianos;ic, entre Jr Lam, en la versión griega de los LXX; y tras Jr Lam, en la Vulgata, que a su vez incorpora la Carta de Jeremías como capítulo conclusivo de Baruc. Se trata de un escrito deuterocanónico, desconocido en la Biblia hebrea, pero que deja entrever inequívocos rasgos semíticos.

En cuanto a su composición, el libro introduce una solemne liturgia penitencial desarrollada en tres actos o momentos: confesión, meditación y exhortación. Tras la aparente unidad se revela una estructura artificiosa y heterogénea, tanto en lo referente a su temática, como a los géneros o formas literarias que la conforman. Efectivamente, en Baruc se advierten cuatro partes claramente diferenciadas:

1. La Introducción (Bar 1, 1-14) que presenta la ambientación histórica y el propósito del libro.

2. La oración penitencial (1:15-3:8), que reviste la forma de confesión nacional, con características similares a Esd 9; Neh 9; Sal 106 y, especialmente, Dan_9:4-19. A su vez, la oración incluye una confesión y una súplica.

3. El himno de la sabiduría ( 3:9-4:4) que presenta la forma de una meditación sapiencial y recoge temas y motivos presentes en Pro 8, Job 28 y Sir 24.

4. El oráculo de consolación y restauración (4:5-5:9), de inspiración profética, con rasgos de exhortación, lamentación y oráculo de esperanza, e innegables dependencias del Segundo y Tercer Isaías.

No es posible sacar conclusiones firmes de los datos relativos al autor y a la fecha de composición que el libro aporta, ya que unos y otros parecen responder al artificio de la pseudoepigrafía, tan profusamente utilizado en la literatura del AT y consistente en enmascarar tras autores y situaciones paradigmáticos otras circunstancias análogas, aunque distantes. La heterogeneidad de los materiales del libro dificulta su atribución a un único autor o a una misma fecha de composición. En cuanto a la ambientación en los primeros años del exilio babilónico, las referencias históricas relativas a los deportados y a los judíos residentes en Jerusalén difieren sensiblemente de los datos aportados por otras fuentes de carácter histórico o profético. En cambio, podrían muy bien reflejar las circunstancias de las comunidades judías en la última fase de la época helenística (ss. II-I a. C.) y, más concretamente, el desarrollo de una liturgia penitencial conmemorativa de la destrucción del templo.

La llamada Carta de Jeremías es en realidad un alegato apologético contra la idolatría, sin más características epistolares que la denominación del título y la breve introducción que lo preceden. Aunque el escrito reviste la forma de una carta dirigida por Jeremías a los judíos que van deportados a Babilonia, tanto el nombre del autor como las circunstancias son artificios pseudoepigráficos, que parecen inspirarse en Jer_29:1-3.

Su composición revela una sencilla estructura formada por la introducción (1-7) y diez párrafos, a modo de estrofas, cerrados por un repetitivo estribillo que, con ligeras variantes, reproduce el propósito del escrito: demostrar que los ídolos babilónicos no son dioses ni pueden infundir, por tanto, temor reverencial. Su contenido desarrolla temas tratados o aludidos en Jer_10:1-16 e Isa_44:9-20 y anticipa la amplia reflexión de Sab 13-15; sin embargo difiere notoriamente de ellos por su estilo satírico y los motivos burlescos. Las descripciones de los cultos idolátricos pueden remitir tanto a la situación de Babilonia en la época tardía, como a determinadas prácticas idolátricas de Siria y Fenicia en la época helenística.

El escrito parece aludido por 2Ma_2:1-2 y era conocido en Qumrán (se ha encontrado un pequeño fragmento griego de los vv. 43-44, datado en torno al año 100 a. C.). Aunque aparece en la Biblia griega como escrito independiente, la Vulgata incluye la Carta como apéndice de Baruc. Todo ello permite suponer una fecha de composición comprendida entre los siglos IV y II a. C.

Fuente: Nueva Biblia de Jerusalén (1998) - referencias, notas e introducciones a los libros

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Notas


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Sir_24:23

[2] Pro_1:32-33; Pro_8:35-36



REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Pro_6:23


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Deu_4:8; Deu_4:32-37; Sab_9:18


NOTAS

4:5 (a) Después de un preámbulo, Bar_4:5-9 a, Jerusalén personificada se dirige a las ciudades vecinas y a sus hijos dispersos, Bar_4:9-29, y el poeta le responde anunciandole la restauración mesiánica, 4:30—5:9.

4:5 (b) Los que mantienen el nombre de Israel.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Isa_50:1; Isa_52:3


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Deu_32:17


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Deu_32:5; Deu_32:10; Deu_32:15; Isa_1:2


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Lam_1:1-2


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jer_5:15; Jer_6:22-23; Deu_28:49-50


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jer_31:12; Jer_31:13


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Isa_60:1-3


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Isa_51:23


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Lam_2:22; Lam_4:5


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Isa_40:1


NOTAS

4:30 Alusión al sobrenombre de Jerusalén: «ciudad de Dios» o «ciudad del Señor», Sal_46:5 [Sal_46:4]; Isa_60:14.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Isa_34:9-10; Isa_34:14

[2] Lev_16:8+; Lev_17:7+


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Isa_60:4-5