I Reyes 16 Biblia de Jerusalen (Desclee, 2009) | 34 versitos |
1 Yahvé dirigió la palabra a Jehú, hijo de Jananí, contra Basá. Le dijo:
2 «Te he alzado del polvo y te he concedido ser príncipe designado de mi pueblo Israel, pero tú has seguido los pasos de Jeroboán y has hecho pecar a mi pueblo Israel, irritándome con sus pecados.
3 Por ello, voy a barrer a Basá y a su casa; la trataré como a la de Jeroboán, hijo de Nebat.
4 Al de Basá que muera en la ciudad lo comerán los perros, y al que muera en el campo lo comerán las aves del cielo.»
5 El resto de los hechos de Basá, todo cuanto hizo y sus éxitos militares, está escrito, como se sabe, en el Libro de los Anales de los reyes de Israel.
6 Basá reposó con sus antepasados y fue enterrado en Tirsá. Le sucedió en el trono su hijo Elá.
7 La palabra de Yahvé había llegado por boca del profeta Jehú, hijo de Jananí, contra Basá y contra su casa por todo el mal que había hecho a los ojos de Yahvé, irritándolo con los ídolos fabricados con sus manos y haciéndose igual a la casa de Jeroboán, y también por haber exterminado a ésta*.
8 El año veintiséis de Asá, rey de Judá, comenzó a reinar sobre Israel, en Tirsá, Elá, hijo de Basá. Reinó dos años.
9 Su servidor Zimrí, jefe de la mitad del cuerpo de carros, conspiró contra él mientras bebía y se emborrachaba en Tirsá, en casa de Arsá, mayordomo del palacio de Tirsá.
10 Zimrí entró, lo hirió y lo mató el año veintisiete de Asá, rey de Judá; y reinó en su lugar.
11 Tan pronto como llegó a rey y tomó posesión de su trono, mató a toda la casa de Basá, sin dejar ni un solo varón, pariente o amigo*.
12 Zimrí exterminó a toda la casa de Basá conforme a la palabra que Yahvé había dirigido a Basá por boca del profeta Jehú,
13 a causa de todos los pecados que Basá y Elá, su hijo, cometieron e hicieron cometer a Israel, irritando con sus ídolos a Yahvé, Dios de Israel.
14 El resto de los hechos de Elá, todo cuanto hizo, está escrito, como se sabe, en el Libro de los Anales de los reyes de Israel.
15 El año veintisiete de Asá, rey de Judá, reinó Zimrí siete días en Tirsá. El ejército, que acampaba en Guibetón de los filisteos,
16 se enteró de que Zimrí había conspirado e incluso dado muerte al rey. Aquel día en el campamento, los israelitas proclamaron rey de Israel a Omrí, jefe del ejército.
17 Omrí, junto con todos los israelitas, subió de Guibetón y puso sitió a Tirsá.
18 Cuando Zimrí vio que la ciudad era tomada, entró en la torre del palacio real, al que prendió fuego consigo dentro, y murió.
19 Todo se debió a los pecados que cometió, haciendo lo que Yahvé detesta, siguiendo los pasos de Jeroboán e incitando a Israel a pecar.
20 El resto de los hechos de Zimrí y la conjuración que tramó está escrito, como se sabe, en el Libro de los Anales de los reyes de Israel.
21 Entonces el pueblo de Israel se dividió en dos facciones: una parte del pueblo se alió a favor de Tibní, hijo de Guinat, con el propósito de hacerle rey, y otra a favor de Omrí.
22 El pueblo que seguía a Omrí se impuso al que seguía a Tibní, hijo de Guinat. Tibní murió y reinó Omrí.
23 El año treinta y uno de Asá, rey de Judá, comenzó a reinar Omrí sobre Israel. Reinó doce años, seis de ellos en Tirsá.
24 Compró a Sémer la montaña de Samaría por dos talentos de plata, fortificó la montaña y construyó en lo alto una ciudad, a la que puso por nombre Samaría, por el nombre de Sémer, dueño de la montaña.
25 Omrí hizo lo que Yahvé detesta, actuando peor que cuantos le precedieron.
26 Siguió en todo los pasos de Jeroboán, hijo de Nebat, e incitó a pecar a Israel, irritando a Yahvé, Dios de Israel, con sus ídolos.
27 El resto de los hechos de Omrí, cuanto hizo y sus éxitos militares, está escrito, como se sabe, en el Libro de los Anales de los reyes de Israel.
28 Omrí reposó con sus antepasados, y fue enterrado en Samaría. Le sucedió en el trono su hijo Ajab.
29 Ajab, hijo de Omrí, comenzó a reinar en Israel el año treinta y ocho de Asá, rey de Judá. Ajab, hijo de Omrí, reinó sobre Israel, en Samaría, veintidós años.
30 Ajab, hijo de Omrí, hizo lo que Yahvé detesta, más que todos los que le precedieron.
31 No le bastó con seguir los pecados de Jeroboán, hijo de Nebat, sino que, además, tomó por mujer a Jezabel, hija de Itobaal, rey de los sidonios*, y rindió culto a Baal postrándose ante él.
32 Erigió un altar a Baal en el santuario de Baal que edificó en Samaría.
33 Construyó Ajab la estela y prosiguió obrando de forma que irritó a Yahvé, Dios de Israel, más que todos los reyes de Israel que le precedieron.
34 En su tiempo, Jiel de Betel reconstruyó Jericó. A costa de Abirón, su primogénito, echó los fundamentos, y a costa de su hijo menor, Segub, erigió las puertas*, según la palabra que había dicho Yahvé por boca de Josué, hijo de Nun.

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Introducción a I Reyes

Los libros de los Reyes , como los de Samuel, constituían una sola obra en la Biblia hebrea. Corresponden a los dos últimos libros de los Reinos en la traducción griega, y de los Reyes en la Vulgata.

Son la continuación de los libros de Samuel, y 1 R 1-2 contiene la parte final del gran documento de 2 S 9-20. La larga narración del reinado de Salomón, 1 R 3-11, detalla la excelencia de su sabiduría, el esplendor de sus construcciones, sobre todo del Templo de Jerusalén, y la abundancia de sus riquezas. Es ciertamente una época gloriosa, pero el espíritu conquistador del reino de David ha desaparecido: se conserva, se organiza y, sobre todo, se saca partido de los triunfos de David. Se mantiene la oposición entre las dos fracciones del pueblo, y a la muerte de Salomón, en 931, el reino se divide: las diez tribus del Norte llevan a cabo una secesión agravada por un cisma religioso, 1 R 12-13. La historia paralela de los dos reinos de Israel y Judá se desarrolla de 1 R 14 a 2 R 17: con frecuencia es la historia de las luchas entre estos reinos hermanos, es también la de los asaltos del exterior por parte de Egipto contra Judá y de los arameos por el Norte. El peligro arrecia cuando los ejércitos asirios intervienen en la región, primero en el siglo IX, con más fuerza en el siglo VIII, cuando Samaría cae bajo sus golpes el 721, mientras que Judá se ha declarado ya vasallo. La historia, limitada ya a Judá, prosigue hasta la ruina de Jerusalén el 587 en 2 R 18-25 21. La narración se alarga al tratar de dos reinados, el de Ezequías, 2 R 18-20, y el de Josías, 2 R 22-23, marcados por un despertar nacional y una reforma religiosa. Los grandes acontecimientos políticos son entonces la invasión de Senaquerib bajo Ezequías el 701, en respuesta a la denegación del tributo asirio y, bajo Josías, la ruina de Asiria y la formación del imperio caldeo. Judá hubo de someterse a los nuevos amos de Oriente, pero pronto se rebeló. El castigo no se hizo esperar: el 597, los ejércitos de Nabucodonosor conquistaron Jerusalén y llevaron cautivos a una parte de sus habitantes; diez años después un amago de independencia provocó una segunda intervención de Nabucodonosor, que terminó el 587 con la ruina de Jerusalén y una segunda deportación. Reyes concluye con dos breves apéndices, 2Re_25:22-30.

La obra cita nominalmente tres de sus fuentes, una Historia de Salomón, los Anales de los reyes de Israel y los Anales de los reyes de Judá, pero también existieron otras: además de la parte final del gran documento davídico, 1 R 1-2, una descripción del Templo, de origen sacerdotal, 1 R 6-7, y, sobre todo, una historia de Elías compuesta hacia fines del siglo IX y una historia de Eliseo un poco posterior; estas dos historias forman la base de los ciclos de Elías, 1 R 17 - 2 R 1, y de Eliseo, 2 R 2-13. Los relatos del reinado de Ezequías que presentan en escena a Isaías, 2Re_18:17-20:19, provienen de los discípulos de este profeta.

Cuando la utilización de las fuentes no lo impide, los sucesos quedan encerrados en un marco uniforme: se trata cada reinado como una unidad independiente y completa, su comienzo y su fin se señalan casi con las mismas fórmulas, en las que jamás falta un juicio sobre la conducta religiosa del rey. Se condena a todos los reyes de Israel a causa del pecado original de este reino, la fundación del santuario de Betel; entre los reyes de Judá, ocho solamente son alabados por su fidelidad general a las prescripciones de Yahvé. Pero esta alabanza queda restringida seis veces por la observación de que los altos no desaparecieron; únicamente Ezequías y Josías reciben una aprobación sin reservas.

Estos juicios se inspiran evidentemente en la ley del Deuteronomio sobre la unidad del santuario. Más aún: el descubrimiento del Deuteronomio bajo Josías y la reforma religiosa que inspiró señalan el punto culminante de toda esta historia, y toda la obra es una demostración de la tesis fundamental del Deuteronomio, repetida en 1 R 8 y 2 R 17: si el pueblo observa la alianza concluida con Dios, será bendecido; si la rompe, será castigado. Este influjo deuteronomista se encuentra también en el estilo, siempre que el redactor desarrolla o comenta sus fuentes.

Es probable que una primera redacción deuteronomista fuera hecha antes del Destierro, antes de la muerte de Josías en Meguidó el 609, y la alabanza otorgada a este rey, 2Re_23:25 (menos las últimas palabras) sería la conclusión de la obra primitiva. Una segunda edición, asimismo deuteronomista, se hizo durante el Destierro: después del 562, si se le atribuye el final del libro, 2Re_25:22-30, o algo antes si ponemos su punto final después del relato de la segunda deportación, 2Re_25:21, que tiene trazas de ser una conclusión. Hubo, finalmente, algunas adiciones, durante y después del Destierro.

Los libros de los Reyes se han de leer con el espíritu con que fueron escritos, como una historia de salvación: la ingratitud del pueblo elegido, la ruina sucesiva de las dos fracciones de la nación parecen llevar al fracaso el plan de Dios; pero siempre queda, para defender el futuro, un grupo de fieles que no han doblado las rodillas ante Baal, un resto de Sión que guarda la Alianza. La firmeza de las disposiciones divinas se manifiesta en la admirable subsistencia del linaje davídico, depositario de las promesas mesiánicas, y el libro, en su forma definitiva, se cierra con la gracia concedida a Jeconías, como aurora de una redención.

Fuente: Nueva Biblia de Jerusalén (1998) - referencias, notas e introducciones a los libros

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Notas

I Reyes 16,2
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 1Re_14:7-11


I Reyes 16,4
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 1Re_14:11

I Reyes 16,7
NOTAS

16:7 Después de «Jananí» hebr. añade: «el profeta», omitido por griego. Todo el v. es una adición que repite 1Re_16:1-4 y da una segunda razón del castigo de Basá, extraña al espíritu de libro.

I Reyes 16,9
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Isa_5:11

I Reyes 16,11
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 1Sa_25:22

NOTAS

16:11 Suprimir los parientes y amigos era una medida necesaria para el usurpador, que, en caso contrario, quedaba expuesto a la «venganza de sangre». El amigo era un título oficial de la corte, ver 1Re_4:5.

I Reyes 16,13
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 1Re_16:1-4

I Reyes 16,23
NOTAS

16:23 Omrí fue en realidad un gran soberano, pero el Libro de los Reyes, que no se interesa por el reino de Israel más que en relación con la historia religiosa, sólo menciona la fundación de Samaría, que sería la capital hasta la ruina del reino.

I Reyes 16,31
NOTAS

16:31 Itobaal (Etbaal en el hebr.) es un sacerdote de Astarté que llegó al poder en Tiro al mismo tiempo que Omrí en Israel; los dos usurpadores han entrado en relaciones y han cimentado su unión con una alianza de familia. Las consecuencias religiosas de estas estrechas relaciones con los fenicios se desarrollarán durante todo el reinado de Ajab.

I Reyes 16,32
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Éxo_34:13+

I Reyes 16,34
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Lev_18:21+

[2] Jos_6:26

NOTAS

16:34 Es posible, pero no seguro, que los dos hijos sirvieran de víctimas para un sacrificio de fundación.