I Reyes 10 Biblia Jerusalén (1998) | 29 versitos |
1 La reina de Sabá oyó la fama de Salomón... y vino a ponerlo a prueba con enigmas.
2 Llegó a Jerusalén con una gran fuerza de camellos que portaban perfumes, oro en gran cantidad y piedras preciosas. Se presentó ante Salomón y le planteó todo cuanto había ideado.
3 Salomón resolvió todas sus preguntas. No había cuestión tan arcana que el rey no pudiera desvelar.
4 Cuando la reina de Sabá observó la sabiduría toda de Salomón, el palacio que había construido,
5 los manjares de su mesa, las residencias de sus servidores, el porte de sus ministros y sus vestimentas, sus coperos y los holocaustos que ofrecía en el templo de Yahvé, se quedó sin respiración
6 y dijo al rey: "¡Era verdad cuanto oí en mi tierra acerca de tus enigmas y tu sabiduría!
7 Yo no daba crédito a lo que se decía; ahora he venido y mis propios ojos lo han visto. ¡No me dijeron ni la mitad! Tu sabiduría y prosperidad superan con mucho las noticias que yo escuché.
8 Dichosas tus mujeres, dichosos estos servidores tuyos que están siempre en tu presencia y escuchan tu sabiduría.
9 Bendito sea Yahvé, tu Dios, que se ha complacido en ti y te ha situado en el trono de Israel. Por el amor eterno de Yahvé a Israel, te ha puesto como rey para administrar derecho y justicia."
10 Dio al rey ciento veinte talentos de oro, gran cantidad de perfumes y piedras preciosas. Jamás llegaron en tal abundancia perfumes como los que la reina de Sabá dio al rey Salomón.
11 La flota de Jirán, la que transportó el oro de Ofir, trajo también madera de almugguim en gran cantidad, y piedras preciosas.
12 Con la madera de almugguim hizo el rey balaustradas para el templo de Yahvé y para el palacio real, cítaras y salterios para los cantores. Nunca como entonces volvió a llegar madera de almugguim ni ha vuelto a verse hasta el día de hoy.
13 El rey Salomón concedió a la reina de Sabá todos los deseos que ella manifestó, aparte de lo que le regaló con la munificencia regia propia de Salomón. Luego se volvió a su país, ella y sus servidores.
14 El peso del oro que llegaba a Salomón cada año era de seiscientos sesenta y seis talentos de oro,
15 sin contar lo procedente de los tributos impuestos a los mercaderes, las ganancias por el tráfico comercial y lo aportado por todos los reyes árabes y los inspectores del país.
16 El rey Salomón hizo doscientos escudos de gran tamaño en oro batido, seiscientos siclos de oro batido por cada escudo,
17 y trescientos escudos de menor tamaño en oro batido, tres minas de oro por cada escudo. El rey los colocó en la casa denominada "Bosque del Líbano".
18 El rey hizo un gran trono de marfil, que revistió de oro finísimo.
19 El trono tenía seis gradas, un respaldo redondo, brazos a uno y otro lado del asiento, dos leones de pie junto a los brazos
20 y doce leones de pie sobre las seis gradas, a uno y otro lado. Nada igual llegó a hacerse para ningún otro reino.
21 Todas las copas para bebidas del rey Salomón eran de oro y toda la vajilla de la casa "Bosque del Líbano" era de oro puro; en tiempos del rey Salomón, la plata no se estimaba en nada,
22 porque el rey tenía una flota de Tarsis en el mar, junto con la de Jirán, y cada tres años venía la flota de Tarsis, trayendo oro, plata, marfil, monos y pavos reales.
23 El rey Salomón superó a todos los reyes de la tierra en riqueza y sabiduría.
24 Todo el mundo quería ver el rostro de Salomón para escuchar la sabiduría con la que Dios había dotado su mente.
25 Y cada cual aportaba su presente, año tras año: objetos en plata y oro, vestiduras, aromas y perfumes, caballos y mulos.
26 Salomón reunió carros y caballos; tenía mil cuatrocientos carros y doce mil caballos que acuarteló en las ciudades de carros y en Jerusalén en torno al rey.
27 El rey hizo que en Jerusalén la plata fuera tan abundante como las piedras, y los cedros tanto como los sicómoros de la Tierra Baja.
28 Los caballos de Salomón procedían de Musur y Cilicia. Los mercaderes del rey los compraban en Cilicia a precio fijo.
29 Un carro importado de Egipto valía seiscientos siclos de plata y un caballo ciento cincuenta. Eran exportados también a todos los reyes de los hititas y a los reyes de Aram.

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Introducción a I Reyes

Los libros de los Reyes, como los de Samuel, constituían una sola obra en la Biblia hebrea. Corresponden a los dos últimos libros de los Reinos en la traducción griega, y de los Reyes en la Vulgata.

Son la continuación de los libros de Samuel, y 1 R 1-2 contiene la parte final del gran documento de 2 S 9-20. La larga narración del reinado de Salomón, 1 R 3-11, detalla la excelencia de su sabiduría, el esplendor de sus construcciones, sobre todo del Templo de Jerusalén, y la abundancia de sus riquezas. Es ciertamente una época gloriosa, pero el espíritu conquistador del reino de David ha desaparecido: se conserva, se organiza y, sobre todo, se saca partido de los triunfos de David. Se mantiene la oposición entre las dos fracciones del pueblo, y a la muerte de Salomón, en 931, el reino se divide: las diez tribus del Norte llevan a cabo una secesión agravada por un cisma religioso, 1 R 12-13. La historia paralela de los dos reinos de Israel y Judá se desarrolla de 1 R 14 a 2 R 17: con frecuencia es la historia de las luchas entre estos reinos hermanos, es también la de los asaltos del exterior por parte de Egipto contra Judá y de los arameos por el Norte. El peligro arrecia cuando los ejércitos asirios intervienen en la región, primero en el siglo IX, con más fuerza en el siglo VIII, cuando Samaría cae bajo sus golpes el 721, mientras que Judá se ha declarado ya vasallo. La historia, limitada ya a Judá, prosigue hasta la ruina de Jerusalén el 587 en 2 R 18-25 21. La narración se alarga al tratar de dos reinados, el de Ezequías, 2 R 18-20, y el de Josías, 2 R 22-23, marcados por un despertar nacional y una reforma religiosa. Los grandes acontecimientos políticos son entonces la invasión de Senaquerib bajo Ezequías el 701, en respuesta a la denegación del tributo asirio y, bajo Josías, la ruina de Asiria y la formación del imperio caldeo. Judá hubo de someterse a los nuevos amos de Oriente, pero pronto se rebeló. El castigo no se hizo esperar: el 597, los ejércitos de Nabucodonosor conquistaron Jerusalén y llevaron cautivos a una parte de sus habitantes; diez años después un amago de independencia provocó una segunda intervención de Nabucodonosor, que terminó el 587 con la ruina de Jerusalén y una segunda deportación. Reyes concluye con dos breves apéndices, 2Re_25:22-30.

La obra cita nominalmente tres de sus fuentes, una Historia de Salomón, los Anales de los reyes de Israel y los Anales de los reyes de Judá, pero también existieron otras: además de la parte final del gran documento davídico, 1 R 1-2, una descripción del Templo, de origen sacerdotal, 1 R 6-7, y, sobre todo, una historia de Elías compuesta hacia fines del siglo IX y una historia de Eliseo un poco posterior; estas dos historias forman la base de los ciclos de Elías, 1 R 17 - 2 R 1, y de Eliseo, 2 R 2-13. Los relatos del reinado de Ezequías que presentan en escena a Isaías, 2Re_18:17-20:19, provienen de los discípulos de este profeta.

Cuando la utilización de las fuentes no lo impide, los sucesos quedan encerrados en un marco uniforme: se trata cada reinado como una unidad independiente y completa, su comienzo y su fin se señalan casi con las mismas fórmulas, en las que jamás falta un juicio sobre la conducta religiosa del rey. Se condena a todos los reyes de Israel a causa del pecado original de este reino, la fundación del santuario de Betel; entre los reyes de Judá, ocho solamente son alabados por su fidelidad general a las prescripciones de Yahvé. Pero esta alabanza queda restringida seis veces por la observación de que los altos no desaparecieron; únicamente Ezequías y Josías reciben una aprobación sin reservas.

Estos juicios se inspiran evidentemente en la ley del Deuteronomio sobre la unidad del santuario. Más aún: el descubrimiento del Deuteronomio bajo Josías y la reforma religiosa que inspiró señalan el punto culminante de toda esta historia, y toda la obra es una demostración de la tesis fundamental del Deuteronomio, repetida en 1 R 8 y 2 R 17: si el pueblo observa la alianza concluida con Dios, será bendecido; si la rompe, será castigado. Este influjo deuteronomista se encuentra también en el estilo, siempre que el redactor desarrolla o comenta sus fuentes.

Es probable que una primera redacción deuteronomista fuera hecha antes del Destierro, antes de la muerte de Josías en Meguidó el 609, y la alabanza otorgada a este rey, 2Re_23:25 (menos las últimas palabras) sería la conclusión de la obra primitiva. Una segunda edición, asimismo deuteronomista, se hizo durante el Destierro: después del 562, si se le atribuye el final del libro, 2Re_25:22-30, o algo antes si ponemos su punto final después del relato de la segunda deportación, 2Re_25:21, que tiene trazas de ser una conclusión. Hubo, finalmente, algunas adiciones, durante y después del Destierro.

Los libros de los Reyes se han de leer con el espíritu con que fueron escritos, como una historia de salvación: la ingratitud del pueblo elegido, la ruina sucesiva de las dos fracciones de la nación parecen llevar al fracaso el plan de Dios; pero siempre queda, para defender el futuro, un grupo de fieles que no han doblado las rodillas ante Baal, un resto de Sión que guarda la Alianza. La firmeza de las disposiciones divinas se manifiesta en la admirable subsistencia del linaje davídico, depositario de las promesas mesiánicas, y el libro, en su forma definitiva, se cierra con la gracia concedida a Jeconías, como aurora de una redención.

Fuente: Nueva Biblia de Jerusalén (1998) - referencias, notas e introducciones a los libros

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Notas


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] |2Cr_9:1-12; Mat_12:42 p

NOTAS

10 El reino de Sabá ocupaba el sudoeste de la península arábiga, pero esta reina era más probablemente la regente de una de las colonias sabeas establecidas en Arabia del norte. El motivo de su visita pudo ser el establecimiento de relaciones comerciales. Salomón, que dominaba en Transjordania y era dueño de Esión Guéber, tenía vigiladas las rutas de caravanas que iban de Arabia del norte a Siria y a Egipto. A Sabá se la menciona varias veces con Dedán, otro pueblo árabe, Gén_10:7; Gén_25:3; Eze_38:13, considerándosela como una de las grandes tribus caravaneras, Eze_27:20 s; Jer_6:20; Joe_4:8 [Joe_3:8]; Job_6:19. Esta lejana nación vendrá a rendir homenaje al Rey futuro, Sal_72:10, Sal_72:15, en la nueva Jerusalén, Isa_45:14 y Isa_60:6 s, ver Mat_2:11.

10:1 Después de «Salomón», hebr. añade: «para el Nombre de Yahvé», probablemente en relación con la lectura del griego, «la fama del Nombre de Salomón»; la adición falta en 2Cr_9:1.



NOTAS

10:8 «tus mujeres» versiones; «los hombres» hebr.

NOTAS

10:11 Esencia rara que no es posible determinar. 2Cr_2:7 [2Cr_2:8] señala que esta madera procede del Líbano; esto lo han confirmado textos acádicos que emplean la misma palabra.

NOTAS

10:13 «Con la munificencia»; lit. «con mano».

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] |2Cr_9:13-24


NOTAS

10:15 «lo procedente de los tributos» griego; «hombres» hebr. - «árabes» Aq., Sim., sir., 2Cr_9:14; «occidente» hebr.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Sir_47:18


NOTAS

10:22 Es improbable la identificación con Tartesos, colonia fenicia de España. La palabra puede significar simplemente «fundición», y las «naves de Tarsis» estarían al servicio de las líneas de explotaciones mineras. Aquí se trataría de la flota que transportaba, como mercancía de intercambio, los productos de las fundiciones de la Arabá, ver 1Re_22:49 [1Re_22:48]. Por lo demás, la expresión tiene el sentido de «navío de alto bordo», Isa_23:1, Isa_23:14; Isa_60:9; Eze_27:25; Sal_48:8 [Sal_48:7].

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] |2Cr_1:14-17

[2] |2Cr_1:14 = 1Re_9:25; 1Re_5:6 [1Re_4:26]; 1Re_9:19


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] |2Cr_1:15; |2Cr_9:27


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] |2Cr_1:16 = 1Re_9:28

NOTAS

10:28 «De Musur y de Cilicia» (mimmusur ûmiqqoweh) conj.; «de Egipto (misrayim) y de miqweh (?)» hebr.

NOTAS

10:29 Los vv. 1Re_10:28-29 se pueden entender de un doble comercio de tránsito; los agentes de comercio de Salomón proveían a Egipto de caballos importados de Asia Menor; a los «reyes hititas» en Siria del norte y a los «reyes de Aram» en Siria del sur, de carros importados de Egipto.