I Crónicas 5 Biblia Jerusalén (1998) | 41 versitos |
1 Hijos de Rubén, primogénito de Israel. Verdad es que había nacido el primero, pero por haber manchado el tálamo de su padre se dio su primogenitura a los hijos de José, hijo de Israel. Con todo, José no fue inscrito en las genealogías como el primogénito,
2 pues Judá se hizo poderoso entre sus hermanos y de él procede el príncipe, pero la primogenitura pertenece a José.
3 Hijos de Rubén, primogénito de Israel: Henoc, Palú, Jesrón y Carmí.
4 Hijos de Joel: Semaías, hijo suyo; Gog, hijo suyo; Semeí, hijo suyo;
5 Micá, hijo suyo; Reayas, hijo suyo; Baal, hijo suyo;
6 Beerá, hijo suyo, al cual Teglatfalasar, rey de Asiria, llevó cautivo. Era jefe de los rubenitas.
7 Hermanos suyos, por familias, agrupados según sus genealogías: el primero, Yeiel, Zacarías,
8 Belá, hijo de Azaz, hijo de Sema, hijo de Joel. Éste habitaba en Aroer y hasta Nebo y Baal Meón.
9 Habitaban, asimismo, al oriente hasta el borde del desierto que se extiende desde el río Éufrates, pues sus ganados se habían multiplicado en la tierra de Galaad.
10 En los días de Saúl hicieron guerra contra los agarenos, que cayeron en sus manos; y habitaron en sus tiendas por toda la parte oriental de Galaad.
11 Los hijos de Gad habitaban junto a ellos en la tierra de Basán, hasta Salcá.
12 Joel fue el primero, Safán el segundo; luego Yanay y Safat, en Basán.
13 Sus hermanos, por casas paternas, fueron: Miguel, Mesulán, Seba, Yoray, Yacán, Zía y Héber: siete.
14 Éstos son los hijos de Abijail, hijo de Jurí, hijo de Yaróaj, hijo de Guilad, hijo de Miguel, hijo de Yesisay, hijo de Yajdó, hijo de Buz.
15 Ají, hijo de Abdiel, hijo de Guní, era cabeza de sus casas paternas.
16 Habitaban en Galaad, en Basán y sus aldeas, y en todos los ejidos de Sarón hasta sus confines.
17 Todos ellos fueron registrados en los días de Jotán, rey de Judá, y en los días de Jeroboán, rey de Israel.
18 Los hijos de Rubén, los de Gad y la media tribu de Manasés eran hombres valientes, llevaban escudo y espada, manejaban el arco y eran diestros en la guerra. Salían a campaña en número de 44.760.
19 Hicieron guerra contra los agarenos, contra Yetur, Nafís y Nodab,
20 y Dios les ayudó contra ellos, de suerte que los agarenos y todos los que con ellos estaban fueron entregados en sus manos; pues en la batalla clamaron a Dios y les fue propicio, por cuanto confiaban en él.
21 Capturaron sus ganados: sus camellos, en número de 50.000, 250.000 ovejas, 2.000 asnos y 100.000 personas,
22 pues, por ser guerra de Dios, cayeron muertos muchos. Y habitaron sus territorios hasta el destierro.
23 Los hijos de la media tribu de Manasés habitaron en el país desde Basán hasta Baal Hermón, Senir y la montaña de Hermón. Eran muy numerosos.
24 Éstos fueron los jefes de sus casas paternas: Éfer, Yisí, Eliel, Azriel, Jeremías, Hodavías y Yajdiel, hombres valerosos y renombrados, jefes de sus casas paternas.
25 Pero fueron infieles al Dios de sus padres y se prostituyeron siguiendo a los dioses de los pueblos del país que Dios había destruido delante de ellos.
26 Entonces el Dios de Israel suscitó el espíritu de Pul, rey de Asiria, y el espíritu de Teglatfalasar, rey de Asiria, que deportó a los rubenitas, los gaditas y la media tribu de Manasés, y los llevó a Jalaj, Jabor, Jará y el río Gozán, hasta el día de hoy.
27 Hijos de Leví: Guersón, Queat y Merarí.
28 Hijos de Queat: Amrán, Yisar, Hebrón y Uziel.
29 Hijos de Amrán: Aarón, Moisés y María. Hijos de Aarón: Nadab, Abihú, Eleazar e Itamar.
30 Eleazar engendró a Pinjás, Pinjás engendró a Abisúa.
31 Abisúa engendró a Buquí, y Buquí engendró a Uzí;
32 Uzí engendró a Zerajías, Zerajías engendró a Merayot,
33 Merayot engendró a Amarías, Amarías engendró a Ajitub,
34 Ajitub engendró a Sadoc, Sadoc engendró a Ajimás,
35 Ajimás engendró a Azarías, Azarías engendró a Juan,
36 Juan engendró a Azarías, el cual ejerció el sacerdocio en el templo que Salomón edificó en Jerusalén.
37 Azarías engendró a Amarías, Amarías engendró a Ajitub,
38 Ajitub engendró a Sadoc, Sadoc engendró a Salún,
39 Salún engendró a Jilquías, Jilquías engendró a Azarías,
40 Azarías engendró a Serayas, Serayas engendró a Josadac,
41 Josadac marchó cuando Yahvé deportó a Judá y Jerusalén por mano de Nabucodonosor.

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Introducción a I Crónicas

LOS LIBROS DE LAS CRÓNICAS DE ESDRAS Y NEHEMÍAS

Introducción
El AT comprende un segundo grupo de libros históricos que en gran parte reiteran y luego prosiguen la historia deuteronomista que abarca de Josué al fin de los Reyes. Se trata de los dos libros de las Crónicas, y además del libro de Esdras y, según la opinión común, del libro de Nehemías. Los dos libros de las Crónicas formaban primitivamente uno solo, y los libros de Esdras y Nehemías integraban el mismo conjunto, obra de un solo autor. No sólo encontramos en ellos el mismo estilo y las mismas ideas fundamentales, sino que la repetición, al comienzo de Esd 1, de los versículos con que concluye 2 Cro 36, certifica la unidad de composición.

Son, pues, los libros de las Crónicas (según el título hebreo; la Biblia griega y la Vulgata los llaman «Paralipómenos», es decir, los libros que refieren las «cosas omitidas», que añaden un complemento) obra del Judaísmo postexílico, de una época en que el pueblo, privado de su independencia política, gozaba con todo de una especie de autonomía reconocida por los dueños del Oriente: vivía bajo la dirección de sus sacerdotes, según las reglas de su ley religiosa. El Templo y sus ceremonias eran el centro de la vida nacional. Pero este marco legalista y ritual recibe vida de una corriente de piedad personal, de las doctrinas sapienciales, del recuerdo de las glorias o de las debilidades del pasado y de la confianza en las promesas de los profetas.

El autor de las Crónicas, un levita de Jerusalén, es profundamente adicto a este medio.

Escribe después de Esdras y Nehemías, bastante tiempo después, puesto que puede combinar a su gusto las fuentes que a aquéllos se refieren. La fecha más probable parece ser el comienzo de la época griega, antes del año 300 a. C. El libro recibió después adiciones procedentes de una o de varias manos. En especial fueron ampliados los cuadros genealógicos de 1 Cro 2-9 y se añadieron listas de nombres, probablemente las de los partidarios de David, 1 Cro 12, las de sacerdotes y levitas, 1 Cro 15, y la larga adición de 23:3-27:34, que es un recuento del personal cultual y administrativo de David.

Estos complementos, que posiblemente utilizaron excelentes documentos, siguen la línea de pensamiento del Cronista.

Muestra gran interés por el Templo. El clero desempeña en su obra un papel preeminente: no sólo los sacerdotes y los levitas, según el espíritu del Deuteronomio y de los textos sacerdotales del Pentateuco, sino también las clases inferiores del clero, los porteros y los cantores, equiparados en adelante a los levitas. La santificación del clero se extiende a los seglares mediante la participación de éstos en los sacrificios de comunión, que ante el Cronista recuperan su antigua importancia. Esta comunidad santa no se restringe exclusivamente a los de Judá: por encima de la apostasía del reino de Israel, del que habla lo menos posible, se imagina a las Doce Tribus unidas bajo el cetro de David y, por encima de las circunstancias del momento, espera la reunión de todos los hijos de Israel. Ni aun los mismos paganos quedan excluidos de la oración del Templo. «Israel» es para él todo el pueblo fiel, con el que Dios había concertado en otro tiempo una alianza y con el que ha renovado aquella alianza en la persona de David. Bajo David se realizaron mejor que nunca las condiciones de la teocracia del reino de Dios sobre la tierra; y en el espíritu de David debe vivir la comunidad, con un afán constante de reforma que es una vuelta a las tradiciones, para que Dios le conserve su favor y cumpla sus promesas.

El centro de interés permanente de esta larga historia es el Templo de Jerusalén y su culto, desde los preparativos bajo David hasta la restauración llevada a cabo por la comunidad vuelta del Destierro.

Estos grandes pensamientos del Cronista explican la composición de su obra. Los primeros caps., 1 Cro 1-9, ofrecen listas genealógicas que se detienen más en la tribu de Judá y la descendencia de David, en los levitas y en los habitantes de Jerusalén. Esto sirve de introducción a la historia de David, que ocupa todo el final del primer libro, 10-29. Se omiten las desavenencias con Saúl, así como el pecado con Betsabé, los dramas de familia y las rebeliones, pero se da relieve a la profecía de Natán, 17, y se concede una importancia considerable a las instituciones religiosas: traslado del arca y organización del culto en Jerusalén, 13, 15-16, preparativos para la construcción del Templo, 21-29. David ha levantado el plano, reunido los materiales, ha organizado las funciones del clero hasta en los detalles, y ha dejado la realización a su hijo Salomón. En la historia de éste, 2 Cro 1-9, la construcción del Templo, la oración del rey en la dedicación y las promesas con que Dios corresponde, ocupan la mayor parte. A partir del cisma, el Cronista sólo se preocupa del reino de Judá y de la dinastía davídica. A los reyes se les juzga conforme a su fidelidad o infidelidad a los principios de la alianza, según se aproximen o se aparten del modelo dado por David, 2 Cro 10-36. A los desórdenes siguen las reformas, y las más profundas de éstas son las de Ezequías y Josías; este último rey tiene sucesores impíos que precipitan el desastre, pero las Crónicas concluyen con la autorización dada por Ciro para reconstruir el Templo. Continuación de estas Crónicas, como hemos dicho, son los libros de Esdras y Nehemías.

Para escribir esta historia, el autor se ha valido, en primer lugar, de los libros canónicos: Génesis y Números para las listas del comienzo, y sobre todo Samuel y Reyes. Los utiliza con libertad, elige lo que cuadra a su propósito, añade y corta. Con todo, jamás cita estas fuentes esenciales que nosotros podemos verificar. En cambio, se refiere a cierto número de otras obras, «libros» de los reyes de Israel o de los reyes de Israel y de Judá, un «midrás» del libro de los Reyes, «palabras» o «visiones» de tal o cual profeta, etc. Estos escritos son desconocidos para nosotros y se discute respecto a su contenido y sus mutuas relaciones. Probablemente describían los diversos reinos a la luz de las intervenciones proféticas. Es dudoso que el Cronista se haya valido también de tradiciones orales.

Puesto que el Cronista ha dispuesto de fuentes que nosotros ignoramos y que podían ser dignas de fe, no hay razón para desconfiar, en principio, de todo lo que añade a los libros canónicos que nosotros conocemos. Se ha de examinar cada caso en sí, e investigaciones recientes han vindicado en diversos puntos al Cronista del descrédito en que le tenían muchos exegetas. Pero también se da el caso de que presente noticias incompatibles con el cuadro que trazan Samuel o los Reyes, o bien que modifique a sabiendas lo que dicen estos últimos libros. Este procedimiento —que no tendría excusa en ningún historiador moderno, cuya misión es narrar y explicar la sucesión de los hechos— se justifica por la intención del autor; él no es un historiador, es un teólogo que, a la luz de las experiencias antiguas y, sobre todo, de la experiencia davídica, «medita» sobre las condiciones del reino ideal; hace que el pasado, el presente y el futuro confluyan en una síntesis: proyecta sobre la época de David toda la organización cultual que tiene ante sus ojos, omite todo lo que pudiera empequeñecer a su héroe. Fuera de los datos nuevos que contiene y cuyo valor se puede verificar, su obra no vale tanto para reconstruir el pasado como para ofrecernos un cuadro del estado y de las preocupaciones de su época.

Porque el Cronista escribe para sus contemporáneos. Les recuerda que la vida de la nación depende de su fidelidad a Dios y que esta fidelidad se expresa mediante la obediencia a la ley y a la regularidad de un culto animado por la verdadera piedad. Quiere hacer de su pueblo una comunidad santa, en cuyo favor se realizarán las promesas hechas a David. Los hombres religiosos del Judaísmo contemporáneo de Cristo vivirán en este espíritu, a veces con desviaciones que él no había previsto. Su enseñanza sobre la primacía de lo espiritual y sobre el gobierno divino de todos los acontecimientos del mundo tiene un valor permanente; deberíamos meditarlo en una época como la nuestra, en que la invasión de lo profano parece retrasar indefinidamente el establecimiento del reino de Dios.

Fuente: Nueva Biblia de Jerusalén (1998) - referencias, notas e introducciones a los libros

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Notas


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Gén_35:22



NOTAS

5:2 El Cronista, adicto al rey y a su dinastía, concilia la preeminencia concedida a Judá por Gén_49:10 con la tradición que consideraba a José como un primogénito, ver Deu_33:17+. -El texto griego corrige «primogenitura» por «bendición».

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] |Gén_46:9; |Núm_26:5 s


NOTAS

5:4 Esta reseña es propia del Cronista, que no concreta el lazo entre Joel y Rubén. -La deportación por Teglatfalasar el 732, ver 2Re_15:29, había afectado también a Galaad, morada de la tribu de Rubén.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] |Núm_32:37 s


NOTAS

5:10 Según este texto, parece que algunos grupos rubenitas llevaron una vida seminómada, en los confines del desierto oriental, hasta la época de Saúl, en que cayeron bajo los golpes de los árabes agarenos.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jos_13:24-28; Gén_46:16; Núm_26:15-18; Deu_3:10 s

NOTAS

5:11 Las listas referentes a Gad y a la media tribu de Manasés son propias del Cronista. Pueden proceder de un censo bajo Jeroboán II, ver 1Cr_5:17.

NOTAS

5:16 «Sarón», no el valle ribereño, sino un lugar de Transjordania citado en la estela Mesa.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Gén_25:15


REFERENCIAS CRUZADAS

[2] Deu_33:20-21


NOTAS

5:22 El breve relato de 1Cr_5:18-22, que no tiene paralelo, y cuyas cifras son fantásticas, conserva el recuerdo de los conflictos periódicos entre las tribus de Transjordania y sus levantiscos vecinos árabes. El destierro en cuestión es la deportación de Teglatfalasar, ver 1Cr_5:6 y 1Cr_5:26.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] |Núm_32:39


NOTAS

5:26 Pul y Teglatfalasar son un mismo personaje, ver 2Re_15:19+. -El Cronista combina la deportación de Galaad por Teglatfalasar, 2Re_15:29, con la lista de las ciudades a donde fueron deportados los habitantes de Samaría por Sargón, el 721.