Jeremías  15 Biblia de Jerusalen (Desclee, 2009) | 21 versitos |
1 Me dijo Yahvé: Aunque se me pongan Moisés y Samuel* por delante, no estará mi corazón por este pueblo. Échalos de mi presencia y que salgan.
2 Y si te dicen: «¿A dónde salimos?», les respondes: Así dice Yahvé: Quien sea para la muerte, a la muerte; quien para la espada, a la espada; quien para el hambre, al hambre; quien para el cautiverio, al cautiverio.
3 Haré que se encarguen de ellos cuatro géneros (de males) —oráculo de Yahvé—: la espada para degollar, los perros para despedazar, las aves del cielo y las bestias terrestres para devorar y estragar.
4 Los convertiré en espantajo para todos los reinos de la tierra, por culpa de Manasés*, hijo de Ezequías, rey de Judá, por lo que hizo en Jerusalén.
5 ¿Quién te compadecerá Jerusalén?, ¿quién meneará la cabeza por ti?, ¿quién se alargará a saludarte?
6 Tú me has abandonado —oráculo de Yahvé—, de espaldas te has ido. Pues yo extiendo mi mano contra ti para destruirte. Estoy cansado de apiadarme,
7 y voy a beldarlos con el bieldo en las puertas del país. Le he dejado sin hijos, he malhadado a mi pueblo, pues no abandonaban sus caminos.
8 Yo les he hecho más viudas que la arena de los mares. He traído sobre las madres de los jóvenes guerreros al saqueador en pleno mediodía. He hecho caer sobre ellos de pronto sobresalto y alarma.
9 Mal lo pasó la madre de siete hijos: exhalaba el alma, se puso su sol siendo aún de día, se avergonzó y se abochornó. Y lo que queda de ellos, voy a entregarlo a la espada que blanden sus enemigos —oráculo de Yahvé—.
10 ¡Ay de mí, madre mía, que me diste a luz para ser varón discutido y debatido por todo el país! Ni les debo, ni me deben, ¡pero todos me maldicen!
11 Di, Yahvé, si no te he servido bien: intercedí ante ti por mis enemigos en el tiempo de su mal y de su apuro*.
12 ¿Se mella el hierro*, el hierro del Norte, y el bronce?
13 Tu haber y tus tesoros al pillaje voy a dar gratis, por todos tus pecados cometidos dentro de tus fronteras,
14 y te haré esclavo* de tus enemigos en un país que no conoces, pues ha estallado el fuego de mi ira, que arde contra vosotros.
15 Tú lo sabes, Yahvé: acuérdate de mí, visítame y véngame de mis perseguidores. No prolongues tu ira contra mí, sabes que por ti soporto el oprobio.
16 Cuando tus palabras me llegaban, yo las devoraba; era tu palabra para mí gozo y alegría del corazón, pues era reconocido por tu Nombre*: Yahvé, Dios Sebaot.
17 Nunca me mezclé con gente alegre*, amiga de la juerga. Por voluntad tuya anduve solitario, pues me habías llenado de rabia.
18 ¿Por qué ha resultado mi penar perpetuo, y mi herida incurable, rebelde a la medicina? ¡Acabarás siendo un engaño para mí, lo mismo que aguas movedizas!
19 Entonces Yahvé me dijo: Si vuelves porque yo te haga volver*, estarás en mi presencia; y si sacas lo precioso de lo vil, serás como mi boca. Que ellos vuelvan a ti, pero no tú a ellos.
20 Yo te haré para este pueblo muralla de bronce inexpugnable. Y pelearán contigo, pero no te podrán, pues contigo estoy yo para librarte y salvarte —oráculo de Yahvé—.
21 Te salvaré de mano de los malvados, te libraré del puño de esos violentos.

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Introducción a Jeremías 

Jeremías.
Poco más de un siglo después de Isaías, hacia el 650 a. C., nacía Jeremías de una familia sacerdotal residente en los alrededores de Jerusalén. Conocemos su vida y carácter mejor que los de ningún otro profeta por los relatos biográficos en tercera persona de que está sembrado su libro, y cuyo orden cronológico es el siguiente: 19:1-20:6; 26; 36; 45; 28-29; Jer_51:59-64; Jer_34:8-22; 37-44 . Las «Confesiones de Jeremías»: 11:18-12:6; Jer_15:10-21; Jer_17:4-18; Jer_18:18-23; Jer_20:7-18, proceden del profeta mismo. No constituyen una autobiografía, pero sí son un testimonio emocionante de las crisis interiores que atravesó y que se describen en el estilo de los Salmos de súplica. Llamado por Dios muy joven aún, el 626, el año trece de Josías, Jer_1:2, le tocó vivir el trágico período en que se preparó y consumó la ruina del reino de Judá. La reforma religiosa y la restauración nacional de Josías despertaron esperanzas que fueron destruidas por la muerte del rey en Meguidó el 609 y por el cambio del mundo oriental, la caída de Nínive el 612 y la expansión del imperio caldeo. Desde el 605, Nabucodonosor impuso su dominio en Palestina, Judá se rebeló por instigación de Egipto, que intrigaría hasta el fin y, el 597, Nabucodonosor conquistó Jerusalén y deportó a una parte de sus habitantes. Una nueva rebelión hizo volver a los ejércitos caldeos, el 587 fue tomada Jerusalén, incendiado el templo, y tuvo lugar la segunda deportación. Jeremías vivió esta dramática historia predicando y amenazando en vano a los reyes incapaces que se sucedían en el trono de David; fue acusado de derrotismo por los militares, perseguido y encarcelado. Después de la toma de Jerusalén, y aun cuando veía en los desterrados la esperanza del porvenir, Jeremías prefirió permanecer en Palestina junto a Godolías, el gobernador nombrado por los caldeos. Pero éste fue asesinado, y un grupo de judíos, temeroso de las represalias, huyó a Egipto llevándose consigo al profeta. Probablemente murió allí.

El drama de esta vida no estriba sólo en los acontecimientos en que Jeremías se vio envuelto, sino también en el mismo profeta. Era de alma tierna, hecha para amar, y fue enviado para «extirpar y destruir, reconstruir y plantar» Jer_1:10; le tocó sobre todo predecir desgracias, Jer_20:8. Tenía ansias de paz y hubo de estar siempre en lucha: contra los suyos, contra los reyes, los sacerdotes, los falsos profetas, contra todo el pueblo, «varón discutido y debatido por todo el país», Jer_15:10. Se vio desgarrado por una misión a la que no podía sustraerse, Jer_20:9. Sus diálogos interiores con Yahvé están sembrados de gritos de dolor: «¿Por qué ha resultado mi penar perpetuo?», Jer_15:18, y aquel pasaje patético que se anticipa a Job: «Maldito el día en que nací...», Jer_20:14, etc.

Pero este sufrimiento acrisoló su alma y la abrió al trato con Dios. Lo que nos hace a Jeremías tan querido y tan nuestro es la religión interior y cordial que él mismo practicó antes de formularla en el anuncio de la Nueva Alianza, Jer_31:31-34. Esta religión personal le llevó a profundizar en la enseñanza tradicional: Dios sondea los entresijos y los corazones, Jer_11:20, retribuye a cada uno según sus obras, Jer_31:29-30; la amistad con Dios, Jer_2:2, se rompe con el pecado, que sale del corazón malvado, Jer_4:4; Jer_17:9; Jer_18:12. Este aspecto afectivo le emparenta con Oseas, cuyo influjo experimentó; esta interiorización de la Ley, esta función del corazón en las relaciones con Dios, esta preocupación por la persona individual le aproximan al Deuteronomio. Jeremías vio ciertamente de manera favorable la reforma de Josías, inspirada en este libro, pero recibió una cruel desilusión por su ineficacia para cambiar la vida moral y religiosa del pueblo.

La misión de Jeremías fracasó en vida suya, pero su figura no dejó de agrandarse después de su muerte. Por su doctrina de una Alianza nueva, fundada en la religión del corazón, fue el padre del Judaísmo en su línea más pura, y su influjo se nota en Ezequiel, en la segunda parte de Isaías y en varios salmos. La época macabeica le cuenta entre los protectores del pueblo, 2Ma_2:1-8; 2Ma_15:12-16. Al sacar a primer plano los valores espirituales, al poner de manifiesto las íntimas relaciones que el alma ha de mantener con Dios, preparó la Nueva Alianza cristiana, y su vida de abnegación y sufrimientos en servicio de Dios, que bien pudo prestar algunos rasgos para la imagen del Siervo en Is 53, convierte a Jeremías en figura de Cristo.

Esta influencia duradera supone que las enseñanzas de Jeremías se leyeron, meditaron y comentaron con frecuencia. Esta labor de toda una descendencia espiritual se refleja en la composición de su libro, que no se presenta, ni mucho menos, como obra escrita de una vez. Además de los oráculos poéticos y de los relatos biográficos, contiene discursos en prosa en un estilo afín al del Deuteronomio. Su autenticidad ha sido impugnada y han sido atribuidos a redactores «deuteronomistas» posteriores al Destierro. En realidad, su estilo es el de la prosa judía del siglo VII y comienzos del VI a. C., su teología es la de la corriente religiosa a la que pertenecen tanto Jeremías como el Deuteronomio. Son el eco auténtico de la predicación de Jeremías, recogida por sus oyentes. Toda esta tradición jeremiana no se ha transmitido en una forma única. La versión griega ofrece una recensión notablemente más corta (un octavo) que el texto masorético y a menudo diferente en detalles; los descubrimientos de Qumrán prueban que las dos recensiones existían en hebreo. Además, el griego coloca los oráculos contra las naciones después de Jer_25:13, y en orden distinto al hebreo, que los relega al final del libro, 46-51. Estas profecías quizá formaran primeramente una colección particular y no todas procedan de Jeremías: al menos, los oráculos contra Moab y Edom han sido fuertemente rehechos y el largo oráculo contra Babilonia, 50-51, data del final del Destierro. El cap. 52 se nos presenta como un apéndice histórico, paralelo de 2Re_24:18-25:30. Otros complementos de menor extensión fueron insertados a lo largo del libro y atestiguan el uso que de él hacían y la estima en que lo tenían los cautivos de Babilonia y la comunidad renaciente después del Destierro. Hay también abundancia de duplicados que suponen una labor redaccional. Finalmente las indicaciones cronológicas, que son numerosas, no se suceden con orden. El desorden actual del libro es resultado de un largo trabajo de composición, cuyas etapas es harto difícil reconstruir una por una.

No obstante, el cap. 36 nos da valiosas indicaciones: el 605, Jeremías dicta a Baruc los oráculos que había pronunciado desde el comienzo de su ministerio, Jer_36:2, es decir, desde el 626. Este rollo, quemado por Joaquín, volvió a ser escrito y fue además completado, Jer_36:32. Acerca del contenido de esta colección tan sólo caben hipótesis. Parece que le servía de introducción Jer_25:1-12 y agrupaba las piezas anteriores al 605, que se hallaban en los caps. 1-18, pero también contenía, según Jer_36:2, oráculos antiguos contra las naciones a las que se refiere Jer_25:13-38. Se incluyó allí el apartado de las «Confesiones», cuyo detalle se ha expuesto anteriormente. También se añadieron dos opúsculos sobre los reyes, 21:11-23:8, y sobre los profetas, Jer_23:9-40, que pudieron existir anteriormente por separado.

Así se distinguen ya dos partes en el libro: una contiene amenazas contra Judá y Jerusalén, 1:1-25:13; la otra, profecías contra las naciones, Jer_25:13-38 y 46-51. Una tercera parte está constituida por 26-35, donde se han reunido en un orden arbitrario trozos que ofrecen un tono más optimista. Casi todas estas piezas están en prosa y en gran parte proceden de una biografía de Jeremías, que se atribuye a Baruc. Grupo aparte forman los caps. 30-31, que son un opúsculo poético de consolación. La cuarta parte, 36-44, en prosa, prosigue la biografía de Jeremías y relata sus sufrimientos durante y después del sitio de Jerusalén, y concluye con Jer_45:1-5, que viene a ser como la firma de Baruc.

Fuente: Nueva Biblia de Jerusalén (1998) - referencias, notas e introducciones a los libros

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Notas

Jeremías  15,1
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Sal_99:6; Éxo_32:11+

NOTAS

15:1 Los grandes intercesores, ver Éxo_32:11+; 1Sa_7:8-12; Sal_99:6. La tradición posterior incluirá entre ellos a Jeremías, 2Ma_15:14+.


Jeremías  15,2
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] = Jer_43:11; Apo_13:10

Jeremías  15,4
NOTAS

15:4 El principal responsable de la contaminación idolátrica que afectó al culto de Yahvé durante cerca de tres cuartos de siglo, 2 R 21.

Jeremías  15,5
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Isa_51:19

NOTAS

15:5 Este poema puede datarse inmediatamente antes del asedio del 598.

Jeremías  15,10
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jer_1:4-10; Jer_1:7

[2] Luc_2:34

NOTAS

15:10 Nuevo diálogo con Dios (ver 11:18—12:5), que atestigua una crisis interna en medio del ministerio del profeta. Aquí, como en Jer_12:5, Yahvé, lejos de calmar la angustia de Jeremías, la condena como «vil» y exige del profeta una nueva «conversión», que él sanciona renovando casi en los mismos términos las órdenes y las promesas de la vocación , Jer_15:19-20; ver Jer_1:9, Jer_1:17. Sobre estas «confesiones de Jeremías», 11:18—12:5; Jer_15:10-21; Jer_17:14-18; Jer_18:18-23; Jer_20:7-18, ver la Introducción.

Jeremías  15,11
NOTAS

15:11 «Di» 'amar hebr.; «En verdad» 'amen griego. -«servido» serattika conj.; «fortificado» saratika hebr. ketib.; «desprendido» serîtîka qeré. -El hebr. añade al fin del v. «el enemigo», que puede ser glosa que explica el «tiempo de su mal». -Es un versículo muy oscuro. Siguiendo al griego, lo ponemos en labios de Jeremías, lo que está más conforme con el contexto. El hebr. podría traducirse en rigor: «Dice Yahvé: ¿No te he libertado para tu bien? ¿No he hecho que el enemigo viniera a implorarte, en el tiempo de la desgracia y de la angustia?». En este caso, sin duda habría que entender Jer_15:12 no como amenaza contra Israel, enlazándolo con lo que sigue, sino como una promesa de dar a Jeremías la solidez del bronce (ver Jer_1:18; Jer_15:20), uniéndolo con Jer_15:11.

Jeremías  15,12
NOTAS

15:12 Los vv. Jer_15:12-14 (ó 13-14, ver nota precedente), en gran parte duplicado de Jer_17:3-4, se hallan aquí fuera de contexto.

Jeremías  15,13
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] = Jer_17:3-4

Jeremías  15,14
NOTAS

15:14 Con varios mss hebr., griego, sir. y Vet. Lat., y en consonancia con Jer_17:4; hebr.; «haré pasar a tus enemigos».

Jeremías  15,15
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Sal_69:8 [Sal_69:7]

Jeremías  15,16
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jer_14:9+

NOTAS

15:16 Expresión empleada a propósito del templo, Jer_7:10 s; ver 1Re_8:43.

Jeremías  15,17
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jer_16:8

NOTAS

15:17 Los guasones, los ricos y los orgullosos se codean; es la categoría maldecida por los salmos sapienciales y el Evangelio, Luc_6:25; Mat_5:3 s.

Jeremías  15,19
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jer_1:9

NOTAS

15:19 Expresión típica del estilo jeremiano, ver Jer_17:14; Jer_20:7. El profeta subraya de este modo el lazo estrechísimo entre acción humana y acción divina. También se puede traducir: «si vuelves, yo te haré volver», ver también Jer_1:17; es la misma idea, pero insistiendo más claramente en la buena voluntad del hombre que hace posible la acción de Dios en él. A la inversa, el hombre debe reconocer que si Dios no actúa en él, nada puede, ver Jer_31:18.

Jeremías  15,20
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jer_1:18-19