II Crónicas  25 Biblia Jerusalén (1998) | 28 versitos |
1 Veinticinco años tenía Amasías cuando comenzó a reinar, y reinó veintinueve años en Jerusalén. Su madre se llamaba Joadán, de Jerusalén.
2 Hizo lo recto a los ojos de Yahvé, aunque no de todo corazón.
3 Cuando el reino estuvo afianzado en sus manos, mató a los servidores que habían matado al rey, su padre,
4 pero no ejecutó a los hijos de los asesinos, en conformidad con lo escrito en el libro de la Doctrina de Moisés, donde Yahvé dio una orden diciendo: "Los padres no serán ajusticiados por causa de los hijos; los hijos no serán ajusticiados por causa de los padres, sino que cada uno será ajusticiado por su propio pecado."
5 Amasías congregó a Judá y estableció por todo Judá y Benjamín, según las casas paternas, jefes de millar y jefes de cien; hizo el censo de ellos, desde los veinte años para arriba, y halló trescientos mil hombres escogidos, aptos para la guerra y el manejo de lanza y pavés.
6 Tomó también a sueldo en Israel, por cien talentos de plata, a cien mil hombres valientes.
7 Pero vino donde él un hombre de Dios que le dijo: "Oh rey, que no salga contigo el ejército de Israel, porque Yahvé no está con Israel, ni con ninguno de los efrainitas.
8 Si vienen contigo, tú te portarás esforzadamente en la batalla, pero Dios te hará caer ante el enemigo, porque Dios tiene poder para ayudar y para derribar."
9 Respondió Amasías al hombre de Dios: "¿Y qué hay de los cien talentos que he dado a la tropa de Israel?" Contestó el hombre de Dios: "Tiene Yahvé poder para darte mucho más que eso."
10 Y Amasías apartó los destacamentos que le habían venido de Efraín, para que se volviesen a sus lugares. Ellos se irritaron mucho contra Judá y se volvieron a sus casas ardiendo en cólera.
11 Amasías cobró ánimo y, tomando el mando de su pueblo, marchó al valle de la Sal, y dio muerte a diez mil hombres de los seiríes.
12 Los hijos de Judá apresaron vivos a otros diez mil y, llevándolos a la cumbre de la peña, los precipitaron desde allí, quedando todos ellos reventados.
13 Entretanto, la tropa que Amasías había despedido, para que no fuesen con él a la guerra, se desparramaron por las ciudades de Judá, desde Samaría hasta Bet Jorón, pero fueron derrotados tres mil de ellos y se recogió mucho botín.
14 Después de regresar Amasías de su victoria sobre los edomitas, introdujo los dioses de los seiríes; eligió los dioses de ellos, se postró ante ellos y les quemó incienso.
15 Se encendió la ira de Yahvé contra Amasías y le envió un profeta, que le dijo: "¿Por qué has buscado a los dioses de ese pueblo, que no han podido librar de tu mano a su propia gente?"
16 Mientras él le hablaba, Amasías le interrumpió: "¿Acaso te hemos hecho consejero del rey? ¡Cállate! ¿Por qué te han de matar?" El profeta concluyó diciendo: "Yo sé que Dios ha determinado destruirte, porque hiciste eso y no quieres escuchar mi consejo."
17 Amasías, rey de Judá, después de haber deliberado, envió mensajeros a Joás, hijo de Joacaz, hijo de Jehú, rey de Israel, diciéndole: "¡Ponte en marcha, que nos veamos las caras en la guerra!"
18 Joás, rey de Israel, envió esta respuesta a Amasías, rey de Judá: "El cardo del Líbano mandó a decir al cedro del Líbano: Dame tu hija por esposa de mi hijo. Pero pasó una fiera del Líbano y pisoteó el cardo.
19 Tú te dices: "He derrotado a Edom". Por eso te lleva tu corazón a jactarte. Puedes jactarte de tu gloria, pero quédate en tu casa. ¿Por qué provocar un desastre y un fracaso, arrastrando contigo a Judá?"
20 Pero Amasías no hizo caso, pues era disposición de Dios entregarlos en manos de sus enemigos, por haber buscado a los dioses de Edom.
21 Subió Joás, rey de Israel, y se enfrentaron, él y Amasías, rey de Judá, en Bet Semes de Judá.
22 Judá cayó derrotada ante Israel y cada uno huyó a su casa.
23 Joás, rey de Israel, hizo prisionero en Bet Semes a Amasías, rey de Judá, hijo de Joás, hijo de Ocozías, y lo condujo a Jerusalén. Abrió una brecha de cuatrocientos codos en la muralla de Jerusalén, desde la puerta de Efraín hasta la puerta del Ángulo.
24 Tomó todo el oro y la plata y todos los objetos que se hallaban al cuidado de Obededón en el templo de Dios y en los tesoros del palacio real, así como rehenes. Se volvió luego a Samaría.
25 Amasías, hijo de Joás, rey de Judá, vivió quince años después de que hubiera muerto Joás, hijo de Joacaz, rey de Israel.
26 El resto de los hechos de Amasías, los primeros y los postreros, ¿no están escritos en el libro de los reyes de Judá y de Israel?
27 Después que Amasías se apartó de Yahvé, se tramó una conjura contra él en Jerusalén, por lo que huyó a Laquis; pero enviaron gente tras él hasta Laquis y allí lo mataron.
28 Lo condujeron a lomos de caballo y lo sepultaron con sus antepasados en la Ciudad de David.

Patrocinio

 
 

Introducción a II Crónicas 

LOS LIBROS DE LAS CRÓNICAS DE ESDRAS Y NEHEMÍAS

Introducción
El AT comprende un segundo grupo de libros históricos que en gran parte reiteran y luego prosiguen la historia deuteronomista que abarca de Josué al fin de los Reyes. Se trata de los dos libros de las Crónicas, y además del libro de Esdras y, según la opinión común, del libro de Nehemías. Los dos libros de las Crónicas formaban primitivamente uno solo, y los libros de Esdras y Nehemías integraban el mismo conjunto, obra de un solo autor. No sólo encontramos en ellos el mismo estilo y las mismas ideas fundamentales, sino que la repetición, al comienzo de Esd 1, de los versículos con que concluye 2 Cro 36, certifica la unidad de composición.

Son, pues, los libros de las Crónicas (según el título hebreo; la Biblia griega y la Vulgata los llaman «Paralipómenos», es decir, los libros que refieren las «cosas omitidas», que añaden un complemento) obra del Judaísmo postexílico, de una época en que el pueblo, privado de su independencia política, gozaba con todo de una especie de autonomía reconocida por los dueños del Oriente: vivía bajo la dirección de sus sacerdotes, según las reglas de su ley religiosa. El Templo y sus ceremonias eran el centro de la vida nacional. Pero este marco legalista y ritual recibe vida de una corriente de piedad personal, de las doctrinas sapienciales, del recuerdo de las glorias o de las debilidades del pasado y de la confianza en las promesas de los profetas.

El autor de las Crónicas, un levita de Jerusalén, es profundamente adicto a este medio.

Escribe después de Esdras y Nehemías, bastante tiempo después, puesto que puede combinar a su gusto las fuentes que a aquéllos se refieren. La fecha más probable parece ser el comienzo de la época griega, antes del año 300 a. C. El libro recibió después adiciones procedentes de una o de varias manos. En especial fueron ampliados los cuadros genealógicos de 1 Cro 2-9 y se añadieron listas de nombres, probablemente las de los partidarios de David, 1 Cro 12, las de sacerdotes y levitas, 1 Cro 15, y la larga adición de 23:3-27:34, que es un recuento del personal cultual y administrativo de David.

Estos complementos, que posiblemente utilizaron excelentes documentos, siguen la línea de pensamiento del Cronista.

Muestra gran interés por el Templo. El clero desempeña en su obra un papel preeminente: no sólo los sacerdotes y los levitas, según el espíritu del Deuteronomio y de los textos sacerdotales del Pentateuco, sino también las clases inferiores del clero, los porteros y los cantores, equiparados en adelante a los levitas. La santificación del clero se extiende a los seglares mediante la participación de éstos en los sacrificios de comunión, que ante el Cronista recuperan su antigua importancia. Esta comunidad santa no se restringe exclusivamente a los de Judá: por encima de la apostasía del reino de Israel, del que habla lo menos posible, se imagina a las Doce Tribus unidas bajo el cetro de David y, por encima de las circunstancias del momento, espera la reunión de todos los hijos de Israel. Ni aun los mismos paganos quedan excluidos de la oración del Templo. «Israel» es para él todo el pueblo fiel, con el que Dios había concertado en otro tiempo una alianza y con el que ha renovado aquella alianza en la persona de David. Bajo David se realizaron mejor que nunca las condiciones de la teocracia del reino de Dios sobre la tierra; y en el espíritu de David debe vivir la comunidad, con un afán constante de reforma que es una vuelta a las tradiciones, para que Dios le conserve su favor y cumpla sus promesas.

El centro de interés permanente de esta larga historia es el Templo de Jerusalén y su culto, desde los preparativos bajo David hasta la restauración llevada a cabo por la comunidad vuelta del Destierro.

Estos grandes pensamientos del Cronista explican la composición de su obra. Los primeros caps., 1 Cro 1-9, ofrecen listas genealógicas que se detienen más en la tribu de Judá y la descendencia de David, en los levitas y en los habitantes de Jerusalén. Esto sirve de introducción a la historia de David, que ocupa todo el final del primer libro, 10-29. Se omiten las desavenencias con Saúl, así como el pecado con Betsabé, los dramas de familia y las rebeliones, pero se da relieve a la profecía de Natán, 17, y se concede una importancia considerable a las instituciones religiosas: traslado del arca y organización del culto en Jerusalén, 13, 15-16, preparativos para la construcción del Templo, 21-29. David ha levantado el plano, reunido los materiales, ha organizado las funciones del clero hasta en los detalles, y ha dejado la realización a su hijo Salomón. En la historia de éste, 2 Cro 1-9, la construcción del Templo, la oración del rey en la dedicación y las promesas con que Dios corresponde, ocupan la mayor parte. A partir del cisma, el Cronista sólo se preocupa del reino de Judá y de la dinastía davídica. A los reyes se les juzga conforme a su fidelidad o infidelidad a los principios de la alianza, según se aproximen o se aparten del modelo dado por David, 2 Cro 10-36. A los desórdenes siguen las reformas, y las más profundas de éstas son las de Ezequías y Josías; este último rey tiene sucesores impíos que precipitan el desastre, pero las Crónicas concluyen con la autorización dada por Ciro para reconstruir el Templo. Continuación de estas Crónicas, como hemos dicho, son los libros de Esdras y Nehemías.

Para escribir esta historia, el autor se ha valido, en primer lugar, de los libros canónicos: Génesis y Números para las listas del comienzo, y sobre todo Samuel y Reyes. Los utiliza con libertad, elige lo que cuadra a su propósito, añade y corta. Con todo, jamás cita estas fuentes esenciales que nosotros podemos verificar. En cambio, se refiere a cierto número de otras obras, «libros» de los reyes de Israel o de los reyes de Israel y de Judá, un «midrás» del libro de los Reyes, «palabras» o «visiones» de tal o cual profeta, etc. Estos escritos son desconocidos para nosotros y se discute respecto a su contenido y sus mutuas relaciones. Probablemente describían los diversos reinos a la luz de las intervenciones proféticas. Es dudoso que el Cronista se haya valido también de tradiciones orales.

Puesto que el Cronista ha dispuesto de fuentes que nosotros ignoramos y que podían ser dignas de fe, no hay razón para desconfiar, en principio, de todo lo que añade a los libros canónicos que nosotros conocemos. Se ha de examinar cada caso en sí, e investigaciones recientes han vindicado en diversos puntos al Cronista del descrédito en que le tenían muchos exegetas. Pero también se da el caso de que presente noticias incompatibles con el cuadro que trazan Samuel o los Reyes, o bien que modifique a sabiendas lo que dicen estos últimos libros. Este procedimiento —que no tendría excusa en ningún historiador moderno, cuya misión es narrar y explicar la sucesión de los hechos— se justifica por la intención del autor; él no es un historiador, es un teólogo que, a la luz de las experiencias antiguas y, sobre todo, de la experiencia davídica, «medita» sobre las condiciones del reino ideal; hace que el pasado, el presente y el futuro confluyan en una síntesis: proyecta sobre la época de David toda la organización cultual que tiene ante sus ojos, omite todo lo que pudiera empequeñecer a su héroe. Fuera de los datos nuevos que contiene y cuyo valor se puede verificar, su obra no vale tanto para reconstruir el pasado como para ofrecernos un cuadro del estado y de las preocupaciones de su época.

Porque el Cronista escribe para sus contemporáneos. Les recuerda que la vida de la nación depende de su fidelidad a Dios y que esta fidelidad se expresa mediante la obediencia a la ley y a la regularidad de un culto animado por la verdadera piedad. Quiere hacer de su pueblo una comunidad santa, en cuyo favor se realizarán las promesas hechas a David. Los hombres religiosos del Judaísmo contemporáneo de Cristo vivirán en este espíritu, a veces con desviaciones que él no había previsto. Su enseñanza sobre la primacía de lo espiritual y sobre el gobierno divino de todos los acontecimientos del mundo tiene un valor permanente; deberíamos meditarlo en una época como la nuestra, en que la invasión de lo profano parece retrasar indefinidamente el establecimiento del reino de Dios.

Fuente: Nueva Biblia de Jerusalén (1998) - referencias, notas e introducciones a los libros

Patrocinio

Notas


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] |2Re_14:2-6

NOTAS

25 A este largo párrafo sólo corresponde un v. (2Re_14:7) en 2 R. El Cronista parece haber dispuesto de una fuente mucho más desarrollada. La venganza de los mercenarios israelitas, después de su despido, contra ciudades de Judá, llevará a la guerra contra Israel, 2Cr_25:17 s; 2 R no daba para ello más motivo que la exaltación insensata de Amasías tras su victoria sobre Edom. Nótese de nuevo la intervención profética, 2Cr_25:7 y 2Cr_25:15.



REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Deu_24:16


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] |2Re_14:7


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] |2Re_14:8-14


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jue_9:7-15


NOTAS

25:23 «Ocozías» conj.; «Joacaz» hebr.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 1Cr_26:15


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] |2Re_14:17-20


NOTAS

25:28 «David» 2Re_14:20; «Judá» hebr.