II Samuel  23 Biblia Jerusalén (1998) | 39 versitos |
1 Éstas son las últimas palabras de David: Oráculo de David, hijo de Jesé, oráculo del hombre puesto en alto, el ungido del Dios de Jacob, el suave salmista de Israel:
2 El espíritu de Yahvé habla por mí, su palabra está en mi lengua.
3 El Dios de Israel ha hablado, me ha dicho la Roca de Israel: Quien gobierna a los hombres con justicia, el que gobierna en el temor de Dios,
4 como luz del alba cuando rompe el sol en una mañana sin nubes, y hace brillar tras la lluvia el césped de la tierra.
5 ¿No es así mi casa ante Dios? Porque ha hecho conmigo un pacto eterno, en todo ordenado y custodiado. Él hará germinar toda mi salud y todo mi deseo.
6 Todos los malvados como espinas del desierto que no se recogen con la mano.
7 Nadie los toca si no es con hierro o el fuste de una lanza para ser consumidos por el fuego.
8 Éstos son los nombres de los valientes de David: Isbaal el jacmonita, el primero de los Tres; fue el que blandió su lanza e hizo ochocientas víctimas de una sola vez.
9 Después de él, Eleazar, hijo de Dodó, ajojita, uno de los tres héroes. Estaba con David en Fesdamín cuando desafiaron a los filisteos que se habían concentrado para presentar batalla. Los hombres de Israel se retiraban.
10 Pero él se levantó y atacó a los filisteos hasta que se le crispó la mano y se le quedó pegada a la espada; aquel día obró Yahvé una gran victoria; el ejército volvió sobre sus pasos, pero sólo para apoderarse de los despojos.
11 Después de él, Samá, hijo de Agué, ararita. Los filisteos se habían concentrado en Lejí. Había allí una pieza toda de lentejas. El ejército huyó ante los filisteos.
12 Pero él se puso en medio de la pieza, la defendió y batió a los filisteos. Yahvé obró una gran victoria.
13 Tres de los Treinta bajaron al tiempo de la cosecha y llegaron donde David a la caverna de Adulán, cuando un destacamento filisteo estaba acampado en el Valle de los Refaín.
14 David estaba en el refugio y había en Belén un puesto de filisteos.
15 David expresó este deseo: "¡Quién me diera a beber agua de la cisterna que hay a la puerta de Belén!"
16 Rompieron entonces los Tres héroes por el campamento de los filisteos y sacaron agua de la cisterna que hay a la puerta de Belén, se la llevaron y la ofrecieron a David, pero él no quiso beberla, sino que la derramó como libación a Yahvé,
17 diciendo: "¡Líbreme Yahvé de hacer tal cosa! ¡Es la sangre de los hombres que han ido exponiendo su vida!" Y no quiso beberla. - Estas cosas hicieron los Tres héroes.
18 Abisay, hermano de Joab e hijo de Sarvia, era jefe de los Tres; fue él quien blandió su lanza contra trescientos hombres, y conquistó renombre entre los Tres.
19 Fue el más afamado de los Treinta, y llegó a ser su capitán, pero no igualó a los Tres.
20 Benaías, hijo de Joadá, hombre animoso y pródigo en hazañas, era de Cabseel. Fue el que mató a los dos héroes de Moab; el que bajó y mató al león dentro del pozo, un día de nieve.
21 Mató también a un egipcio de hermosa presencia; tenía el egipcio una lanza en su mano, pero él bajó a su encuentro con un bastón, arrancó la lanza de la mano del egipcio y con su misma lanza lo mató.
22 Esto hizo Benaías, hijo de Joadá, y se granjeó renombre entre los Tres valientes.
23 Fue más ilustre que los Treinta pero no igualó a los Tres. David le hizo jefe de su guardia personal.
24 Asael, hermano de Joab, estaba entre los Treinta. Eljanán, hijo de Dodó, de Belén.
25 Samá, de Jarod. Elicá, de Jarod.
26 Jeles, de Bet Pélet. Irá, hijo de Iqués, de Técoa.
27 Abiezer, de Anatot. Sabení, de Jusá.
28 Salmón, de Ajoj. Majray, de Netofá.
29 Jeled, hijo de Baaná, de Netofá. Itay, hijo de Ribay, de Guibeá de Benjamín.
30 Benaías, de Piratón. Hiday, de los torrentes de Gaás.
31 Abibaal, de Bet Arabá. Azmávet de Bajurín.
32 Elyajbá, de Saalbín. Yasén, de Guizón. Jonatán,
33 hijo de Samá, de Arar. Ajián, hijo de Sarar, de Arar.
34 Elifélet, hijo de Ajasbay, de Bet Maacá. Elián, hijo de Ajitófel, de Guiló.
35 Jesró, de Carmelo. Paaray, de Arab.
36 Yigal, hijo de Natán, de Sobá. Baní, de Gad.
37 Sélec el amonita. Najray, de Beerot, escudero de Joab, hijo de Sarvia.
38 Irá, de Yatir. Gareb, de Yatir.
39 Urías el hitita. En total, treinta y siete.

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Introducción a II Samuel 

Los libros de Samuel formaban una sola obra en la Biblia hebrea. La división en dos libros se remonta a la traducción griega que ha unido asimismo Samuel y Reyes bajo un mismo título: los cuatro libros de los Reinos; la Vulgata los llama los cuatro libros de los Reyes. El Samuel hebreo corresponde a los dos primeros. Este título proviene de la tradición que atribuía al profeta Samuel la composición de este escrito.

El texto es uno de los peor conservados del AT. La traducción griega de los Setenta da un texto bastante diferente, que se remonta a un prototipo del que las cuevas de Qumrán han proporcionado importantes fragmentos. Existían, pues, varias recensiones hebraicas de los libros de Samuel.

Se distinguen en él cinco partes:
a) Samuel, 1 S 1-7;
b) Samuel y Saúl, 1 S 8-15;
c) Saúl y David, 1 S 16 a 2 S 1;
d) David, 2 S 2-20;
e) suplementos, 2 S 21-24.

La obra combina o yuxtapone diversas fuentes y tradiciones sobre los comienzos del período monárquico. Hay una historia del arca y de su cautiverio entre los filisteos, 1 S 4-6, en la que no aparece Samuel y que proseguirá en 2 S 6. Está enmarcada por un relato de la infancia de Samuel, 1 S 1-3, y por otro relato que presenta a Samuel como el último de los Jueces y anticipa la liberación del yugo filisteo, 7. Samuel desempeña un papel esencial en la historia de la institución de la realeza, 1 S 8-12, donde se han distinguido desde hace tiempo dos grupos de tradiciones: 9; 1Sa_10:1-16; 11, por una parte, y 8; 1Sa_10:17-24; 12, por otra. Al primer grupo se le ha denominado versión monárquica del acontecimiento, y al segundo, versión antimonárquica; esta última sería posterior. En realidad ambas tradiciones son antiguas y solamente representan tendencias diferentes; además, la segunda corriente no es tan antimonárquica como se afirma, sino que solamente se opone a una realeza que no respetaría los derechos de Dios. Las guerras de Saúl contra los filisteos son narradas en 13-14, con una primera versión del rechazo de Saúl, 1Sa_13:7 a; una segunda versión de este rechazo se da en 15, en conexión con una guerra contra los amalecitas. Este rechazo prepara la unción de David por Samuel, 1Sa_16:1-13. Sobre los comienzos de David y sus desavenencias con Saúl, se han recogido tradiciones paralelas y, al parecer, de igual antigüedad en 1Sa 16:14 - 2 S 1, donde los duplicados son frecuentes. El final de esta historia se encuentra en 2 S 2-5: el reinado de David en Hebrón, la guerra filistea y la toma de Jerusalén aseguran la confirmación de David como rey sobre todo Israel, 2Sa_5:12. El cap. 6 prosigue la historia del arca; la profecía de Natán, 7, es antigua, pero ha sido retocada; el cap.8 es un resumen redaccional. En 2 S 9 se inicia una larga narración que no concluirá hasta el comienzo de Reyes, 1R 1-2. Es la historia de la familia de David y de las luchas en torno a la sucesión al trono, escrita por un testigo ocular, en la primera mitad del reinado de Salomón. Queda interrumpida por 2 S 21-24, que agrupa trozos de origen diverso sobre el reinado de David.

Es posible que desde los primeros siglos de la monarquía hayan tomado cuerpo, además de la gran historia de 2 S 9-20, otras agrupaciones literarias: un primer ciclo de Samuel, dos historias de Saúl y David. Es posible, asimismo, que estos conjuntos hayan sido combinados en torno al año 700, pero los libros no recibieron su forma definitiva hasta que fueron incorporados a la gran historia deuteronomista. Sin embargo, la influencia del Deuteronomio resulta aquí menos visible que en Jueces y Reyes. Se la descubre particularmente en los primeros capítulos de la obra, especialmente en 1Sa_2:22-36; 7 y 12, quizá en una modificación de la profecía de Natán, 2 S 7; pero el relato de 2 S 9-20 se ha conservado casi sin retoque.

Los libros de Samuel abarcan el período que va de los orígenes de la monarquía israelita al final del reinado de David. La expansión de los filisteos (la batalla de Afec, 1 S 4, se sitúa hacia el 1050) ponía en peligro la existencia misma de Israel e impuso la monarquía. Saúl, hacia el 1030, es, en un principio, como un continuador de los Jueces, pero su reconocimiento por todas las tribus le confiere una autoridad universal y permanente: ha nacido la realeza. Comienza la guerra de liberación y los filisteos son arrojados hasta su territorio, 1 S 14; los encuentros ulteriores tienen lugar en los confines del territorio israelita, 1 S 17 (valle del Terebinto), 28 y 31 (Gelboé). Este último combate acaba en desastre y en él muere Saúl, hacia el 1010. La unidad nacional se ve de nuevo comprometida, David es consagrado rey en Hebrón por los de Judá, y las tribus del Norte le oponen a Isbaal, descendiente de Saúl, refugiado en Transjordania. Sin embargo, el asesinato de Isbaal hace posible la unión, y David es reconocido rey por Israel.

El segundo libro de Samuel no da más que un resumen de los resultados políticos del reinado de David: fueron, sin embargo, considerables. Los filisteos fueron definitivamente rechazados, la unificación del territorio concluye con la absorción de los enclaves cananeos, y en primer lugar Jerusalén, que se convirtió en la capital política y religiosa del reino. Fue sometida Transjordania, y David extendió su dominio sobre los arameos de Siria meridional. Con todo, cuando murió David, hacia el 970, la unidad nacional no estaba verdaderamente consolidada; David era rey de Israel y de Judá y estas dos fracciones se oponían a menudo: la rebelión de Absalón fue sostenida por las gentes del Norte, el benjaminita Seba quiso sublevar al pueblo al grito de «A tus tiendas, Israel». Se presiente ya el cisma.

Estos libros traen un mensaje religioso; exponen las condiciones y las dificultades de un reino de Dios sobre la tierra. El ideal sólo se ha conseguido bajo David; este logro ha sido precedido por el fracaso de Saúl y será seguido por todas las infidelidades de la monarquía, que atraerán la condenación de Dios y provocarán la ruina de la nación. A partir de la profecía de Natán, la esperanza mesiánica se ha alimentado de las promesas hechas a la casa de David. El NT se refiere a ellas tres veces, Hch_2:30, 2Co_6:18, Heb_1:5. Jesús es descendiente de David, y el nombre de hijo de David que le da el pueblo es el reconocimiento de sus títulos mesiánicos. Los Padres han establecido un paralelo entre la vida de David y la de Jesús, el Cristo, el Ungido, elegido para salvación de todos, rey del pueblo espiritual de Dios y, sin embargo, perseguido por los suyos.

Fuente: Nueva Biblia de Jerusalén (1998) - referencias, notas e introducciones a los libros

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Notas


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 1Re_2:1-9

[2] Núm_24:3 s; Núm_24:15 s

NOTAS

23 Como a Jacob, Gn 49, y a Moisés, Dt 33, también a David se le atribuyen unas «últimas palabras». La traducción de este poema es a veces dudosa, y las restituciones textuales son conjeturales. El poema puede datar de la época monárquica, pero el testamento de David, 1Re_2:5-9, está más cerca de la historia.



REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Isa_59:21; Jer_1:9


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Sal_72:1-6


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 2Sa_7:11-16; Isa_55:3


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Deu_13:14+ [Deu_13:13]


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] |1Cr_11:11-47; |1Cr_27:2-15

NOTAS

23:8 (a) Esta sección venía tras el cap. 21. Incluye: 2Sa_23:8-12, noticias sobre los Tres, que son guerreros sin par; 2Sa_23:13-17, un episodio de las guerras filisteas, introducido aquí porque pone en escena a «tres» héroes; 2Sa_23:18-24 a, noticias sobre Abisay, Benaías y probablemente sobre Asahel (ver la nota a 2Sa_23:24); 2Sa_23:24-39, una lista de los Treinta.

23:8 (b) La lectura «Isbaal el jacmonita» se apoya en el griego. «Blandió su lanza», ver 2Sa_23:18. Parece que el hebr. tiene aquí un nombre propio, «Adinó el eznita». Aquí y en el texto que sigue el hebr. ofrece variantes para los nombres propios, si lo comparamos con las versiones y con Crónicas. En fin, resulta difícil saber lo que representa el grupo de los Tres; incluso la palabra podría traducirse de otra manera.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 1Sa_17:1


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 1Sa_22:1

[2] 2Sa_5:18

NOTAS

23:13 El texto juega con el número «tres», pero el hebr. y las versiones leen a veces «treinta», lo que explica las incertidumbres de la traducción.

NOTAS

23:19 El hebr. ha leído «tres», ver 2Sa_23:23.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 2Sa_8:18; 2Sa_20:23; 1Re_2:29 s

NOTAS

23:20 La palabra 'ariel, traducida aquí por «héroe», significa «león de Dios».

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 1Sa_22:14


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 2Sa_2:18-23

NOTAS

23:24 Los «Treinta» constituyen un cuerpo de guerreros selectos, mencionado sólo aquí. Se trataba probablemente de los mejores compañeros de David. La lista de los «Treinta» comienza con Eljanán; Asael ha entrado en ella de manera secundaria.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 2Sa_21:18

NOTAS

23:27 «Sabení», griego. El hebr. lee «Mebunay».

NOTAS

23:32 Restitución poco segura de un texto hebreo mal transmitido.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 2Sa_11:3 s

NOTAS

23:39 Cálculo redaccional que parece sumar: los Treinta (2Sa_23:24-39) + Joab (mencionado en 2Sa_23:37) + Abisay, Benaías, Asael (2Sa_23:18-24 a) + los Tres (2Sa_23:8-12).