Hebreos 10 Biblia Jerusalén (1998) | 39 versitos |
1 No teniendo la Ley más que una sombra de los bienes futuros, no la imagen de las cosas, no puede nunca, mediante unos mismos sacrificios que se ofrecen sin cesar año tras año, dar la perfección a quienes se acercan a ellos.
2 De otro modo, ¿no habrían cesado de ofrecerlos, al no tener ya conciencia de pecado los que ofrecen ese culto, una vez purificados?
3 Al contrario, con ellos se renueva cada año el recuerdo de los pecados,
4 pues es imposible que la sangre de toros y cabras borre los pecados.
5 Por eso, al entrar en este mundo, dice: Sacrificio y oblación no quisiste; pero me has formado un cuerpo.
6 Holocaustos y sacrificios por el pecado no te agradaron.
7 Entonces dije: ¡He aquí que vengo - pues de mí está escrito en el rollo del libro - a hacer, oh Dios, tu voluntad!
8 Dice primero: Sacrificios y oblaciones y holocaustos y sacrificios por el pecado no los quisiste ni te agradaron - cosas todas ofrecidas conforme a la Ley -
9 entonces - añade -: He aquí que vengo a hacer tu voluntad. Abroga lo primero para establecer lo segundo.
10 En virtud de esa voluntad quedamos santificados, merced a la oblación de una vez para siempre del cuerpo de Jesucristo.
11 Todo sacerdote está en pie, día tras día, oficiando y ofreciendo reiteradamente los mismos sacrificios, que nunca pueden borrar pecados.
12 Él, por el contrario, habiendo ofrecido por los pecados un solo sacrificio, se sentó a la diestra de Dios para siempre,
13 esperando desde entonces hasta que sus enemigos sean puestos como escabel de sus pies.
14 Mediante una sola oblación ha llevado a la perfección definitiva a los santificados.
15 También el Espíritu Santo nos lo atestigua. Porque, después de haber dicho:
16 Esta es la alianza que haré con ellos después de aquellos días, dice el Señor: Pondré mis leyes en sus corazones, y en su mente las grabaré,
17 añade: Y de sus pecados e iniquidades no me acordaré ya.
18 Ahora bien, donde hay perdón de estas cosas, ya no hay más oblación por el pecado.
19 Tenemos, pues, hermanos, plena confianza para entrar en el santuario en virtud de la sangre de Jesús,
20 por este camino nuevo y vivo, inaugurado por él para nosotros, a través de la cortina, es decir, de su cuerpo.
21 Tenemos un sacerdote excelso al frente de la casa de Dios.
22 Acerquémonos con sincero corazón, en plenitud de fe, purificados los corazones de conciencia mala y lavado el cuerpo con agua pura.
23 Mantengamos firme la confesión de la esperanza, pues fiel es el autor de la Promesa.
24 Fijémonos los unos en los otros para estímulo de la caridad y las buenas obras,
25 sin abandonar nuestras asambleas, como algunos acostumbran hacerlo, antes bien, animándoos; tanto más, cuanto que veis que se acerca ya el Día.
26 Porque si voluntariamente pecamos después de haber recibido el conocimiento de la verdad, ya no queda sacrificio por los pecados,
27 sino la terrible espera del juicio y el fuego ardiente pronto a devorar a los rebeldes.
28 Si alguno viola la Ley de Moisés es condenado a muerte sin compasión, por la declaración de dos o tres testigos.
29 ¿Cuánto más severo castigo pensáis que merecerá el que pisotee al Hijo de Dios, y profane la sangre de la alianza que le santificó, y ultraje al Espíritu de la gracia?
30 Pues conocemos al que dijo: Mía es la venganza; yo daré lo merecido. Y también: El Señor juzgará a su pueblo.
31 ¡Es terrible caer en las manos del Dios vivo!
32 Traed a la memoria los primeros días en que, después de ser iluminados, hubisteis de soportar un duro y doloroso combate,
33 unas veces expuestos públicamente a injurias y ultrajes; otras, haciéndoos solidarios de los que así eran tratados.
34 Pues compartisteis los sufrimientos de los encarcelados; y os dejasteis despojar con alegría de vuestros bienes, conscientes de que poseíais una riqueza mejor y más duradera.
35 No perdáis ahora vuestra confianza, que lleva consigo una gran recompensa.
36 Tenéis necesidad de paciencia para cumplir la voluntad de Dios y conseguir así lo prometido.
37 Pues todavía un poco, muy poco tiempo; y el que ha de venir vendrá sin tardanza.
38 Mi justo vivirá por la fe; mas, si es cobarde, mi alma no se complacerá en él.
39 Pero nosotros no somos cobardes para perdición, sino hombres de fe para la salvación del alma.

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Introducción a Hebreos

EPÍSTOLA A LOS HEBREOS

Introducción
A diferencia de todas las anteriores, la autenticidad de la epístola a los Hebreos ha sido, desde antiguo, motivo de discusión. Rara vez se ha impugnado su canonicidad, pero la Iglesia de Occidente se negó a atribuírsela a Pablo hasta fines del siglo IV; y si bien la de Oriente aceptó esta atribución, no lo hizo sin reservas respecto de su forma literaria (Clemente de Alejandría, Orígenes). Y es que, en realidad, el lenguaje y el estilo de este escrito tienen una elegante pureza no habitual en San Pablo. No es suyo el modo de citar y utilizar el AT. Faltan el saludo y la introducción con que suele comenzar sus cartas.

Sin embargo resuena en ella el pensamiento paulino, sobre todo cuando desarrolla temas como la fe; la Ley antigua otorgada por mediación de ángeles, Heb_2:2; ver Gál_3:19+; la prevaricación de la generación salida de Egipto y que muere durante la travesía del desierto como una advertencia para los creyentes, 3:7-4:2; ver 1Co_10:1-3; los destinatarios, como niños que tienen necesidad de la leche materna, Heb_5:12; ver 1Co_3:1-13; 1Pe_2:2; Abrahán, modelo de la fe, Heb_6:12-15; Heb_11:19; ver Rom_4:17-21; la alianza del Sinaí, contrapuesta a la de la nueva Jerusalén, Heb_12:18-24; ver Gál_4:24-26, etc. El saludo final cita a Timoteo y el lenguaje del mismo recuerda a veces las epístolas pastorales y las de la cautividad.

Estas consideraciones han hecho pensar a muchos críticos católicos y protestantes en un redactor que avanza dentro de la línea paulina, sin llegar a la unanimidad a la hora de identificar a este autor anónimo. Se han propuesto diversos nombres, como Bernabé, Aristión, Silas, Apolo, Priscila, etc. Resulta más sencillo caracterizar su personalidad: es un judío de cultura helénica, familiarizado con el arte oratorio, preocupado por una interpretación puntual de los pasajes del AT que utiliza para apoyar su argumentación, y que cita normalmente según la versión de los LXX.

Tampoco hay datos que señalen el lugar y la fecha de composición, o los destinatarios. Parece que el escrito fue enviado desde Italia, Heb_13:24+ (pero la frase no es clara) y que fue redactado antes de la destrucción de Jerusalén. Aunque habla efectivamente de la liturgia veterotestamentaria como de una realidad actual, Heb_8:4 s; Heb_13:10, no alude nunca al Templo destruido por Tito en el 70 d. C., sino que se refiere siempre a la Tienda del desierto y a los textos que la describen, vigentes más allá de las vicisitudes históricas que afectaron al santuario. Incluso la resonancia de algunos pasajes de Heb_1:1-13 en la Primera Carta de Clemente —acéptese o no la hipótesis de un fondo común de las referencias bíblicas— no aporta ninguna utilidad, teniendo en cuenta las dificultades de datación para el escrito clementino. Hb alude luego a una persecución ya pasada, Heb_10:32-34, o a punto de terminar, Heb_13:3; pero estos indicios son demasiado endebles para fijar una fecha concreta. Por el contrario, un dato seguro es la distancia que media entre la predicación apostólica, Heb_2:3-4, y el primer anuncio recibido por los mismos destinatarios a través de los «guías» que tampoco son identificados, Heb_13:7+; ver Heb_10:32. Hb reserva el título de «apóstol» a Cristo, Heb_3:1+.

La principal preocupación del autor parece ser la de prevenir contra el peligro de la apostasía, Heb_6:4-8; Heb_10:19-39, y animar a los que tal vez añoraban el culto mosaico y el sesgo tranquilizante —incluso en el aspecto psicológico— de una religión oficial que las jóvenes comunidades cristianas no parecían compartir, Heb_13:9-10. Según esto podemos pensar que los destinatarios eran Hebreos convertidos que vivían en ambiente helénico, o bien gentiles fascinados por el culto hebreo, a semejanza de los lectores a los que se dirige Filón de Alejandría. Lo cierto es que se trataba de personas familiarizadas —a través de la catequesis o de la exégesis judía contemporánea— con cierta jerga técnica basada en la lectura de los LXX (ver Heb_5:10+; Heb_7:11), o también con algunas interpretaciones tradicionales, Heb_7:1-3+; Heb_11:17-19+. No se puede afirmar lo mismo en lo referente al Templo: las descripciones de lugares y ritos son abundantes, pero no siempre precisas, ver Heb_9:1-4+; Heb_13:21; Heb_10:11+.

Tampoco hay acuerdo sobre el género literario de Hb: ¿carta, discurso, tratado en forma epistolar? La epístola tiene, en realidad, la espontaneidad de un lenguaje hablado (p.e. Heb_2:5; Heb_7:4; Heb_9:5; Heb_11:32); pero con cortes súbitos, Heb_3:1; Heb_8:1; Heb_10:1; Heb_13:1, repeticiones, Heb_2:1-4 y Heb_12:25; Heb_2:17-18 y Heb_4:14-16; Heb_6:4-8 y Heb_10:26-31, y, sobre todo, retornos al tema principal después de largos intervalos, mal encajados dentro del contexto, Heb_4:4-16; Heb_5:9-10; Heb_6:20; Heb_8:1-2; Heb_9:11; Heb_10:19-23. Todo esto no cuadra bien con el género de una homilía que debía mantener atentos a los oyentes del principio al fin. Además, la disposición casi concéntrica de los temas cuadra menos con el género de un discurso: parece que se habla del sacerdocio y del sacrificio de Cristo en un pasaje central, 7:1-10:8; de la perseverancia en la fe, en dos pasajes simétricos, 3:1-4:14 y 10:19-12:13, enmarcados por dos discursos, uno sobre los ángeles, 1:5-2:18, y otro, que es una exhortación con rasgos apocalípticos, 12:14-13:19. ¡No habría oyente que lo siguiera!

De todos modos se pueden reconocer dos líneas de argumentación. La primera arranca de la exégesis cristológica del Sal 8 en Heb_2:5-8, se prolonga en Heb_5:1-10, para alcanzar su pleno desarrollo en Heb_7:1-28; Heb_10:1-18, enriquecido con una exhortación (Heb_10:26-36 y Heb_12:14-17), que concluye en Heb_13:20-21. Esta primera línea trata específicamente del sacerdocio de Cristo. La segunda línea desarrolla el tema de la fe, siguiendo el ejemplo del pueblo del Éxodo, y se reconoce principalmente en Heb_1:1-3; Heb_2:1-4; Heb_3:1-4, Heb_3:14; 10:36-12:3; Heb_12:18-25. En el desarrollo de este tema se concentran los rasgos más relevantes de inspiración paulina. La inserción (ver Heb_13:1+) de los capítulos 8 y 9, que interrumpe la secuencia entre Heb_7:28 y Heb_10:1+, (que contiene duplicados con Heb_10:1-18, relacionados con el tema de las repeticiones, aludidas anteriormente), puede considerarse como un desarrollo complementario de la primera línea de argumentación.

Estas dos homilías, escritas probablemente para ser pronunciadas, fueron fundidas en la última etapa redaccional en que se reagruparon las exhortaciones al final del texto. En esta etapa se intercalaron los cap. 8-9, las repeticiones, y la recapitulación de Heb_13:9-15. En realidad, cualquiera de estas subdivisiones tiene su punto de arbitrariedad; no obstante, se seguirá esta última en la presentación de la traducción del texto.

En la primera homilía, el autor concibe la revelación bíblica como un «continuum» (Heb_1:1-2) en cuatro tiempos: el tiempo de los Patriarcas y de las promesas (Heb_6:13-18); el tiempo de la Ley, «sombra» (Heb_8:5; Heb_10:1) y realización «carnal» (Heb_7:16); la renovación de las promesas por medio de David y los Profetas (Heb_4:7; Heb_7:28; Heb_8:7-13; la «imagen» de Heb_10:1); y finalmente la era escatológica, el «hoy» (Heb_4:7), inaugurado por Cristo, y en el que estamos también nosotros (Heb_11:39-40). El autor esboza las líneas de este tiempo a partir de una concepción del universo constituido en dos planos: los «eones», el universo inmanente que nosotros todavía no vemos sometido a Cristo (Heb_2:8), y el universo divino, fundamento de la realidad, según la mentalidad helenista y según algunas corrientes de la apocalíptica judía, en el que Jesús es situado como rey (Heb_1:6) y como sacerdote después de haber sido liberado del poder de la muerte (Heb_5:7; Heb_13:20). Una elaboración posterior (cap. 8-9) presenta el sacerdocio eterno de Cristo enlazado con el ofrecimiento de sí mismo realizado durante su vida. Esto le permite al creyente acercarse a Dios con plena confianza, sin mediación humana.

La vida del fiel, en realidad, debe ser considerada como un éxodo continuo hacia la patria prometida (Heb_4:1-6) que no puede identificarse con ningún lugar terrestre (Heb_4:8; Heb_11:13; Heb_13:14).

Esta afirmación, que no es intrascendente para los hebreos —incluso los helenizados— que están viviendo entre dos rebeliones judías (64-135 d. C.), debe integrarse con la idea de que la existencia terrestre, vivida en la obediencia a Cristo (Heb_5:9), precursor y guía de la salvación (Heb_6:20; Heb_2:10), es ella misma una liturgia (Heb_13:15-16).

Fuente: Nueva Biblia de Jerusalén (1998) - referencias, notas e introducciones a los libros

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Notas


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Heb_8:5; Col_2:17

[2] Heb_7:19; Rom_7:7+

[3] Heb_11:40+; Heb_10:19+

NOTAS

10:1 Probablemente se reanuda el tema de Heb_7:27-28 : el culto descrito por la Ley deja entrever como una sombra la realidad que el Sal_110:4, refiriéndose al eôn futuro, describe con precisión. Otros traducen eikôn por sustancia o realidad.



REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Heb_9:13

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Sal_40:7-9+ [Sal_40:6-8] LXX

NOTAS

10:5 El texto masorético ofrece otra traducción: «Pero el oído me has abierto». Aquí, como en Heb_5:1-10, el sacrificio de Cristo se realiza en este mundo, en su cuerpo; en cambio en los cap. 8 y 9 el sacrificio se realiza en su sangre, en el cielo, según el ritual del sacrificio de Kippur o «expiación».

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 1Sa_15:22

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jua_6:38; Jua_10:17 s; Mat_26:39, Mat_26:42 p

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jua_17:19; Heb_9:14; Heb_9:28; Heb_10:12, Heb_10:14; Efe_5:2; Heb_7:27+

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Heb_10:1-4

[2] Heb_10:10+; Heb_7:27+

NOTAS

10:11 No se entiende bien la relación que aquí se establece entre el sacrificio tamid (diario y no obligatorio para el sumo sacerdote) y el sacrificio anual de expiación, ver Heb_9:4+. Quizá se trata aquí, lo mismo que en Heb_7:27, de una alusión a los sacrificios de investidura de los sacerdotes, que duraban siete días, ver Lev_8:33-34; 9+.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Sal_110:1; Hch_2:33+

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Heb_11:40+; Jua_17:19+

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jer_31:33-34; Heb_8:10, Heb_8:12

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Heb_6:19-20; Heb_9:8, Heb_9:11; Jua_14:6

NOTAS

10:19 Únicamente el sumo sacerdote, una vez al año, tenía acceso al Santo de los Santos. En adelante todos los creyentes tienen acceso a Dios por Cristo. Ver Heb_4:14-16; Heb_7:19, Heb_7:25; Heb_9:11; Heb_10:9; Rom_5:2; Efe_1:4; Efe_2:18; Efe_3:12; Col_1:22.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Heb_3:1+, Heb_3:6; Heb_4:14; Zac_6:11-12

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Rom_6:4+; 1Pe_3:21; 2Co_7:1

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Heb_11:11; 1Co_1:9+

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Heb_3:13

[2] 1Co_1:8+

NOTAS

10:25 El Día del Señor, 1Ts_5:2; 1Co_1:8+. Este v. , ver 32-36, supone, al parecer, desórdenes y luchas que se tomaban como señales precursoras de la Venida del Señor, ver 2Ts 2+.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Heb_6:4-6; Heb_12:17

NOTAS

10:26 Se trata de la apostasía, rebelión deliberada contra Dios, ver Heb_6:6+. El fuego, v. Heb_10:27, es el instrumento de las venganzas divinas, Isa_26:11; Mat_3:11-12; Mar_9:48-49+; Apo_11:5.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Isa_26:11

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Deu_17:6

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Heb_6:6+; Éxo_24:8; Heb_9:20

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Deu_32:35-36

[2] Mat_12:31-32 p; Mat_10:28 p

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Heb_6:4; Efe_5:14

NOTAS

10:32 La «iluminación» designa el bautismo en el NT, Heb_6:4; Efe_5:14 (ver Rom_6:4+), y en los Padres.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 1Co_4:9

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Heb_13:3

[2] Mat_5:40

[3] Mat_6:20

NOTAS

10:34 Var.: «de mis cadenas», alusión a las cautividades de San Pablo, Flp_1:7; Col_4:18.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Isa_26:20 LXX

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Hab_2:3-4 LXX; Rom_1:17

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 1Pe_1:9