Sabiduría 5 Biblia Jerusalén (1998) | 23 versitos |
1 Entonces el justo aguantará firme y lleno de confianza frente a los que lo oprimieron y despreciaron sus sufrimientos.
2 Al verlo, quedarán sobrecogidos de espanto, desconcertados por la increíble salvación.
3 Y, cambiando de opinión, con el espíritu angustiado, se dirán:
4 "Éste es aquel de quien hace tiempo nos reíamos, a quien convertimos, insensatos, en blanco de nuestros insultos. Su vida nos parecía una locura, y su muerte, una deshonra.
5 ¿Cómo es que ha sido incluido entre los hijos de Dios y comparte su herencia con los santos?
6 Ciertamente extraviamos el camino de la verdad, no nos iluminó la luz de la justicia, ni salió el sol para nosotros.
7 Nos cansamos de andar por sendas de maldad y perdición, atravesamos desiertos intransitables, pero no reconocimos el camino del Señor.
8 ¿De qué nos ha servido nuestro orgullo? ¿Qué nos han reportado las riquezas de que presumíamos?
9 Todo aquello pasó como una sombra, como noticia que vuela;
10 como nave que surca las aguas agitadas sin dejar ver el rastro de su travesía ni la estela de su quilla sobre las olas;
11 o como pájaro que vuela por el aire sin dejar ninguna huella de su vuelo: con su aleteo bate el aire ligero, lo corta con agudo chillido, se abre camino agitando las alas y después no descubre la señal de su paso;
12 o como flecha disparada al blanco; el aire rasgado vuelve a soldarse al instante sin dejar conocer su trayectoria.
13 Lo mismo nosotros: apenas nacidos, desaparecemos; sin poder mostrar ningún signo de virtud, nos consumimos en nuestra maldad."
14 En efecto, la esperanza del impío es como brizna arrebatada por el viento, como frágil escarcha arrastrada por el huracán; se disipa como el humo con el viento; pasa como el recuerdo del huésped de un solo día.
15 Los justos, en cambio, viven para siempre; encuentran su recompensa en el Señor y el Altísimo cuida de ellos.
16 Por eso recibirán un reino distinguido y una hermosa diadema de manos del Señor; pues con su diestra los protegerá y los escudará con su brazo.
17 Tomará la armadura de su celo y armará a la creación para vengarse de sus enemigos;
18 vestirá la coraza de la justicia, se pondrá por casco un juicio imparcial,
19 empuñará como escudo su santidad invencible,
20 afilará la espada de su cólera implacable, y el universo luchará a su lado contra los insensatos.
21 Partirán certeros los disparos de los rayos, como de arco bien tendido, volarán de las nubes al blanco,
22 una catapulta disparará furiosa granizada; las aguas del mar se embravecerán contra ellos y los ríos los anegarán sin piedad;
23 un viento poderoso se levantará contra ellos y los barrerá como un huracán. Así la iniquidad asolará toda la tierra y la maldad derrocará los tronos de los poderosos.

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Introducción a Sabiduría

LIBRO DE LA SABIDURÍA

Introducción
El libro griego de la Sabiduría forma parte de los libros deuterocanónicos. Lo utilizaron los Padres del siglo II d. C. y, a pesar de las vacilaciones y de algunas oposiciones, en especial la de San Jerónimo, ha sido reconocido como inspirado a título igual que los libros del canon hebreo.

En la primera parte, el libro que la Vulgata llama simplemente Liber Sapientiae, muestra el papel de la Sabiduría en el destino del hombre y compara la suerte de los justos y de los impíos en el curso de la vida y después de la muerte, 1-5. La segunda parte, 6-9, expone el origen y la naturaleza de la Sabiduría y los medios de adquirirla. La última parte, 10-19, ensalza la acción de la Sabiduría y de Dios en la historia del pueblo elegido, insistiendo únicamente, salvo una breve introducción que se remonta a los orígenes, en el momento capital de esta historia, la liberación de Egipto; una larga digresión, 13-15, contiene una severa crítica de la idolatría.

Se supone que el autor es Salomón, a quien claramente se designa, salvo el nombre, en Sab_9:7-8, Sab_9:12, y el libro se llama en griego «Sabiduría de Salomón». Éste habla como un rey, Sab_7:5; Sab_8:9-15, y se dirige a sus colegas en la realeza, Sab_1:1; Sab_6:1-11, Sab_6:21. Pero se trata de un evidente artificio literario, que pone este escrito de sabiduría, como el Eclesiastés y el Cantar, bajo el nombre del sabio más grande de Israel. En efecto, el libro ha sido escrito todo él en griego, aun la primera parte, 1-5, para la que algunos han supuesto erróneamente un original hebreo. La unidad de la composición corre pareja con la del lenguaje, que es flexible y rico, y fluye sin esfuerzo entre figuras retóricas.

El autor es ciertamente un judío, lleno de fe en el «Dios de los Padres», Sab_9:1, orgullosos de pertenecer al «pueblo santo», a la «raza irreprochable», Sab_10:15, pero judío helenizado. Su insistencia sobre los acontecimientos del Éxodo, la antítesis que establece entre egipcios e israelitas y su crítica de la zoolotría demuestran que vivía en Alejandría, que era a la vez capital del helenismo bajo los Tolomeos e importante ciudad judía de la Dispersión. Cita la Escritura según la traducción de los Setenta, realizada en este ambiente: es, pues, posterior a ésta, pero desconoce la obra de Filón de Alejandría (20 a. C. - 54 d. C.). Por su parte, este filósofo griego parece que jamás se inspira en la Sabiduría, pero hay muchos contactos entre las dos obras, brotan en el mismo ambiente y no pueden estar muy alejadas en el tiempo. No es posible demostrar de una manera absolutamente cierta la utilización de la Sabiduría por el Nuevo Testamento, pero sí es probable que San Pablo haya sentido su influencia literaria y que San Juan haya tomado de ella algunas ideas para expresar su teología del Verbo. El libro ha podido ser escrito en la segunda mitad del siglo I antes de nuestra era; es el más reciente de los libros del Antiguo Testamento.

El autor se dirige en primer lugar a los judíos, sus compatriotas, cuya fidelidad está en peligro por el prestigio de la civilización alejandrina: el renombre de las escuelas filosóficas, el desarrollo de las ciencias, la atracción de las religiones mistéricas, de la astrología, del hermetismo, o el atractivo sensible de los cultos populares. Ciertas precauciones que toma indican que también busca la atención de los paganos, a quienes quiere llevar al Dios que ama a todos los hombres. Pero esta intención es secundaria, el libro es una obra de defensa mucho más que de conquista.

Dado el ambiente, la cultura y las intenciones del autor, no es extraño que se observen en su libro numerosos contactos con el pensamiento griego. Pero no se debe exagerar su importancia. Ciertamente debe a su formación helénica un vocabulario para la abstracción y una facilidad de razonamiento que no permitían el léxico y la sintaxis del hebreo; le debe también cierto número de términos filosóficos, de cuadros de clasificación y de temas de escuela, pero estos préstamos limitados no significan la adhesión a una doctrina intelectual, sino que sirven para expresar un pensamiento que se nutre del Antiguo Testamento. De los sistemas filosóficos, o de las especulaciones de la astrología, no sabe sin duda más que un hombre culto de su época en Alejandría.

No es ni filósofo ni teólogo, es un sabio de Israel. Como sus predecesores, exhorta a la búsqueda de la sabiduría, que procede de Dios, que se consigue con la oración, que es raíz de las virtudes y que procura todos los bienes. Con una visión más amplia que ellos, agrega a esta sabiduría las recientes adquisiciones de la ciencia, Sab_7:17-21; Sab_8:8. La cuestión de la retribución, que tanto preocupaba a los sabios, recibe en él la solución. Beneficiándose de las doctrinas platónicas acerca de la distinción entre cuerpo y alma, ver Sab_9:15, y sobre la inmortalidad del alma, afirma que Dios ha creado al hombre para la incorruptibilidad, Sab_2:23, que la recompensa de esta sabiduría es esta incorruptibilidad que garantiza un lugar junto a Dios, Sab_6:18-19. Lo que aquí abajo sucede no es más que una preparación para la otra vida, donde los justos vivirán con Dios, mientras que los impíos recibirán su castigo, Sab_3:9-10. El autor no alude a una resurrección corporal. Con todo, parece que da lugar a la posibilidad de una resurrección de los cuerpos de una forma espiritualizada, tratando, de este modo, de conciliar la noción griega de inmortalidad y las doctrinas bíblicas que se orientaban hacia una resurrección corporal (Daniel).

Como para sus predecesores, la Sabiduría es un atributo de Dios. Esta Sabiduría es la que reguló todo ya en la creación y la que guía los acontecimientos de la historia. A partir del cap. 11, lo que a ella se le atribuía es referido directamente a Dios, pero lo es porque la Sabiduría se identifca con Dios en su gobierno del mundo. Por otra parte, la Sabiduría es «una emanación de la gloria del Omnipotente... un reflejo de la luz eterna... una imagen de su bondad», Sab_7:25-26; y de este modo aparece como distinta de Dios, pero es al mismo tiempo una irradiación de la esencia divina. Sin embargo, no parece que el autor vaya aquí más lejos que los demás libros sapienciales, y haga de la Sabiduría una hipóstasis, pero todo este pasaje sobre la naturaleza de la Sabiduría, 7:22-8:8, marca un progreso en la formulación y un ahondamiento en las ideas antiguas.

El autor, en su meditación sobre el pasado de Israel, 10-19, había sido ya precedido por Ben Sirá, Si 44-50, ver también los Sal 78, 105, 106, 135, 136; pero su originalidad se muestra en dos puntos. En primer lugar, busca las razones de los hechos, y esboza una filosofía religiosa de la historia, que supone una interpretación nueva de los textos: por ejemplo, las explicaciones sobre la moderación de Dios con Egipto y Canaán, 11:15-12:27. Sobre todo, fuerza el relato bíblico para demostrar una tesis. Los caps. 16-19 no son más que un largo paralelo antitético entre el destino de los egipcios y el de los israelitas, en el que el autor, para mejor destacar su tema, enriquece el relato con rasgos inventados, pone en conexión episodios distintos, y abulta los hechos. Es un excelente ejemplo de la exégesis midrásica que cultivarán los rabinos.

Los gustos han cambiado y estas páginas han envejecido, pero la primera parte del libro, 1-9, siempre ofrece al cristiano un alimento espiritual de alta calidad; la liturgia de la Iglesia se ha aprovechado ampliamente de ella.

El texto del libro de la Sabiduría está contenido en cuatro grandes mss: B (Vaticano, s. IV), S (Sinaítico, s. IV), A (Alejandrino, s. V) y C (Codex Ephraemi rescriptus, s. V), y en numerosos mss secundarios. El mejor ms es el B, que ha servido de base para la presente traducción.

Fuente: Nueva Biblia de Jerusalén (1998) - referencias, notas e introducciones a los libros

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Notas


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Mat_13:43

[2] Sab_2:10-20

NOTAS

5:1 Es probable que el término tenga el mismo alcance que en Sab_2:12 s, ver Sab_2:20+. Incluso parece que generaliza más. Sin embargo, algunos críticos destacan seguidamente correspondencias con el Siervo, Is 53, y aun con el Maestro de justicia de los textos de Qumrán. Lo que sigue evoca a una figura ejemplar, representación de todos los que padecen pruebas semejantes y conocerán el mismo desquite en el más allá.



REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Sab_2:15

[2] Sab_2:20


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Sab_2:13

[2] Col_1:12; Pro_21:16

NOTAS

5:5 «hijos de Dios» y «santos» pueden designar a los ángeles: ver por una parte Job_1:6; Sal_29:1; Sal_82:1; Sal_89:7 [Sal_89:6]; por otra, Job_5:1; Job_15:15; Sal_89:6 [Sal_89:5], Sal_89:8 [Sal_89:7]; Sir_42:17; Dan_4:14 [Dan_4:17]; Zac_14:5. Pero teniendo en cuenta Sab_2:18, es preferible identificar a los «hijos de Dios» con los elegidos que en el cielo participan de la intimidad de Dios y que pueden ser también llamados «santos», ver Sal_16:3; Sal_34:10 [Sal_34:9]; Isa_4:3; Dan_7:18, Dan_7:21-22; Dan_8:24.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Sal_119:105

[2] Mal_3:20 [Mal_4:2]


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Sab_2:5; Job_9:25-26


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Pro_30:19


NOTAS

5:13 (a) Ningún valor duradero ha llenado su existencia entre estos dos extremos.

5:13 (b) La mayor parte de los mss lat. añaden: «He aquí lo que los pecadores dicen en el infierno». En la Vulgata se cuenta como Sab_5:14 esta glosa antigua que ha pasado al texto.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Sal_1:4; Isa_29:5

[2] Sal_37:20; Sal_68:3 [Sal_68:2]

NOTAS

5:14 El autor concluye ahora esta confesión de los condenados con otras imágenes: el impío ve su esperanza de felicidad (ver Sab_3:11, Sab_3:18) frustrada para siempre, porque se había apegado a bienes inconsistentes.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Isa_62:11

NOTAS

5:15 (a) El autor evoca, por contraste, la vida de los justos, seguros de una recompensa eterna, Sab_5:15-16 a-b, protegidos por Dios, Sab_5:16 c-d, contra los azotes desencadenados para el castigo final de los impíos, Sab_5:17-23. Este castigo está descrito en términos apocalípticos, repitiéndose las imágenes de un gran combate, Ez 38-39; Is 24-26, y de estragos cósmicos, Amó_8:8-9+. Esta sección posiblemente alude a un acontecimiento escatológico distinto.

5:15 (b) La vida verdadera en la intimidad con Dios. Esta vida, iniciada en la tierra, jamás terminará.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Sab_4:2; Pro_4:9; Isa_28:5; 1Co_9:25+

[2] Sab_19:8

[3] Sal_7:11 [Sal_7:10]


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Isa_59:16-17+; Sab_16:24; Sab_19:6


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Lev_17:1+


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Sab_16:17

NOTAS

5:20 (a) Sobre esta «espada» divina, ver Deu_32:41; Isa_66:16; Ez 21.

5:20 (b) En la Biblia, Dios se vale a menudo de la naturaleza para realizar sus juicios. El autor recalca aquí esta idea y la recalcará más todavía volviendo sobre los acontecimientos del Éxodo (ver en especial Sb 16 y Sb 19). En la descripción siguiente se reiteran diversos motivos antiguos, trasladados ya al plano escatológico.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Sal_7:13-14 [Sal_7:12-13]; Sab_18:15

NOTAS

5:21 La tempestad es la representación tradicional de la intervención divina, ver Éxo_19:16+. Sobre los «disparos», ver Sal_18:15 [Sal_18:14]; Hab_3:11; Zac_9:14.

NOTAS

5:22 (a) Como en tiempos del Éxodo, Éxo_9:23-25, y de Josué, Jos_10:11, y en los juicios de Dios anunciados por los profetas, Isa_28:17; Eze_13:13; Eze_38:22; ver Apo_8:7; Apo_11:19; Apo_16:21.

5:22 (b) Como el mar de las Cañas engulló a los egipcios, Éxo_14:26 s, y como el Quisón arrastró los cadáveres de los soldados de Sísara, Jue_5:21. El desencadenamiento de las aguas es símbolo de las grandes calamidades, Sal_18:5+ [Sal_18:4].

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Isa_30:27-28