Hebreos 4 Biblia Jerusalén (1998) | 16 versitos |
1 Temamos, pues, no sea que, permaneciendo aún en vigor la promesa de entrar en su descanso, alguno de vosotros resulte que llegue rezagado.
2 También nosotros hemos recibido la buena nueva, lo mismo que ellos. Pero la palabra que oyeron no les aprovechó, pues no se compenetraron con la fe de los que la escucharon.
3 De hecho, hemos entrado en el descanso los que hemos creído, según está dicho: Por eso juré con ira: ¡No entrarán en mi descanso! Y eso que las obras de Dios estaban terminadas desde la creación del mundo,
4 pues está dicho en alguna parte acerca del día séptimo: Y descansó Dios el día séptimo de todas sus obras.
5 Y también en el mismo lugar: ¡No entrarán en mi descanso!
6 Así pues, ya que quedan algunos por entrar en él, y que los primeros en recibir la buena nueva no entraron a causa de su desobediencia,
7 señala otro día, hoy, diciendo por David mucho después en el lugar citado: Si hoy escucháis su voz, no endurezcáis vuestros corazones...
8 Porque si Josué les hubiera dado el descanso, no se hablaría más tarde de otro día.
9 Por tanto queda un descanso sabático para el pueblo de Dios.
10 Pues quien entra en su descanso, también él descansa de sus trabajos, como Dios de los suyos.
11 Esforcémonos, pues, por entrar en ese descanso, para que nadie caiga imitando aquella desobediencia.
12 Pues, viva es la palabra de Dios y eficaz, y más cortante que espada alguna de dos filos. Penetra hasta la división entre alma y espíritu, articulaciones y médulas; y discierne sentimientos y pensamientos del corazón.
13 No hay criatura invisible para ella: todo está desnudo y patente a los ojos de Aquel a quien hemos de dar cuenta.
14 Teniendo, pues, un gran sumo sacerdote, que penetró los cielos - Jesús, el Hijo de Dios - mantengamos nuestra confesión de fe.
15 Pues no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras flaquezas, ya que ha sido probado en todo como nosotros, excepto en el pecado.
16 Acerquémonos, por tanto, confiadamente al trono de gracia, a fin de alcanzar misericordia y hallar la gracia de un auxilio oportuno.

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Introducción a Hebreos

EPÍSTOLA A LOS HEBREOS

Introducción
A diferencia de todas las anteriores, la autenticidad de la epístola a los Hebreos ha sido, desde antiguo, motivo de discusión. Rara vez se ha impugnado su canonicidad, pero la Iglesia de Occidente se negó a atribuírsela a Pablo hasta fines del siglo IV; y si bien la de Oriente aceptó esta atribución, no lo hizo sin reservas respecto de su forma literaria (Clemente de Alejandría, Orígenes). Y es que, en realidad, el lenguaje y el estilo de este escrito tienen una elegante pureza no habitual en San Pablo. No es suyo el modo de citar y utilizar el AT. Faltan el saludo y la introducción con que suele comenzar sus cartas.

Sin embargo resuena en ella el pensamiento paulino, sobre todo cuando desarrolla temas como la fe; la Ley antigua otorgada por mediación de ángeles, Heb_2:2; ver Gál_3:19+; la prevaricación de la generación salida de Egipto y que muere durante la travesía del desierto como una advertencia para los creyentes, 3:7-4:2; ver 1Co_10:1-3; los destinatarios, como niños que tienen necesidad de la leche materna, Heb_5:12; ver 1Co_3:1-13; 1Pe_2:2; Abrahán, modelo de la fe, Heb_6:12-15; Heb_11:19; ver Rom_4:17-21; la alianza del Sinaí, contrapuesta a la de la nueva Jerusalén, Heb_12:18-24; ver Gál_4:24-26, etc. El saludo final cita a Timoteo y el lenguaje del mismo recuerda a veces las epístolas pastorales y las de la cautividad.

Estas consideraciones han hecho pensar a muchos críticos católicos y protestantes en un redactor que avanza dentro de la línea paulina, sin llegar a la unanimidad a la hora de identificar a este autor anónimo. Se han propuesto diversos nombres, como Bernabé, Aristión, Silas, Apolo, Priscila, etc. Resulta más sencillo caracterizar su personalidad: es un judío de cultura helénica, familiarizado con el arte oratorio, preocupado por una interpretación puntual de los pasajes del AT que utiliza para apoyar su argumentación, y que cita normalmente según la versión de los LXX.

Tampoco hay datos que señalen el lugar y la fecha de composición, o los destinatarios. Parece que el escrito fue enviado desde Italia, Heb_13:24+ (pero la frase no es clara) y que fue redactado antes de la destrucción de Jerusalén. Aunque habla efectivamente de la liturgia veterotestamentaria como de una realidad actual, Heb_8:4 s; Heb_13:10, no alude nunca al Templo destruido por Tito en el 70 d. C., sino que se refiere siempre a la Tienda del desierto y a los textos que la describen, vigentes más allá de las vicisitudes históricas que afectaron al santuario. Incluso la resonancia de algunos pasajes de Heb_1:1-13 en la Primera Carta de Clemente —acéptese o no la hipótesis de un fondo común de las referencias bíblicas— no aporta ninguna utilidad, teniendo en cuenta las dificultades de datación para el escrito clementino. Hb alude luego a una persecución ya pasada, Heb_10:32-34, o a punto de terminar, Heb_13:3; pero estos indicios son demasiado endebles para fijar una fecha concreta. Por el contrario, un dato seguro es la distancia que media entre la predicación apostólica, Heb_2:3-4, y el primer anuncio recibido por los mismos destinatarios a través de los «guías» que tampoco son identificados, Heb_13:7+; ver Heb_10:32. Hb reserva el título de «apóstol» a Cristo, Heb_3:1+.

La principal preocupación del autor parece ser la de prevenir contra el peligro de la apostasía, Heb_6:4-8; Heb_10:19-39, y animar a los que tal vez añoraban el culto mosaico y el sesgo tranquilizante —incluso en el aspecto psicológico— de una religión oficial que las jóvenes comunidades cristianas no parecían compartir, Heb_13:9-10. Según esto podemos pensar que los destinatarios eran Hebreos convertidos que vivían en ambiente helénico, o bien gentiles fascinados por el culto hebreo, a semejanza de los lectores a los que se dirige Filón de Alejandría. Lo cierto es que se trataba de personas familiarizadas —a través de la catequesis o de la exégesis judía contemporánea— con cierta jerga técnica basada en la lectura de los LXX (ver Heb_5:10+; Heb_7:11), o también con algunas interpretaciones tradicionales, Heb_7:1-3+; Heb_11:17-19+. No se puede afirmar lo mismo en lo referente al Templo: las descripciones de lugares y ritos son abundantes, pero no siempre precisas, ver Heb_9:1-4+; Heb_13:21; Heb_10:11+.

Tampoco hay acuerdo sobre el género literario de Hb: ¿carta, discurso, tratado en forma epistolar? La epístola tiene, en realidad, la espontaneidad de un lenguaje hablado (p.e. Heb_2:5; Heb_7:4; Heb_9:5; Heb_11:32); pero con cortes súbitos, Heb_3:1; Heb_8:1; Heb_10:1; Heb_13:1, repeticiones, Heb_2:1-4 y Heb_12:25; Heb_2:17-18 y Heb_4:14-16; Heb_6:4-8 y Heb_10:26-31, y, sobre todo, retornos al tema principal después de largos intervalos, mal encajados dentro del contexto, Heb_4:4-16; Heb_5:9-10; Heb_6:20; Heb_8:1-2; Heb_9:11; Heb_10:19-23. Todo esto no cuadra bien con el género de una homilía que debía mantener atentos a los oyentes del principio al fin. Además, la disposición casi concéntrica de los temas cuadra menos con el género de un discurso: parece que se habla del sacerdocio y del sacrificio de Cristo en un pasaje central, 7:1-10:8; de la perseverancia en la fe, en dos pasajes simétricos, 3:1-4:14 y 10:19-12:13, enmarcados por dos discursos, uno sobre los ángeles, 1:5-2:18, y otro, que es una exhortación con rasgos apocalípticos, 12:14-13:19. ¡No habría oyente que lo siguiera!

De todos modos se pueden reconocer dos líneas de argumentación. La primera arranca de la exégesis cristológica del Sal 8 en Heb_2:5-8, se prolonga en Heb_5:1-10, para alcanzar su pleno desarrollo en Heb_7:1-28; Heb_10:1-18, enriquecido con una exhortación (Heb_10:26-36 y Heb_12:14-17), que concluye en Heb_13:20-21. Esta primera línea trata específicamente del sacerdocio de Cristo. La segunda línea desarrolla el tema de la fe, siguiendo el ejemplo del pueblo del Éxodo, y se reconoce principalmente en Heb_1:1-3; Heb_2:1-4; Heb_3:1-4, Heb_3:14; 10:36-12:3; Heb_12:18-25. En el desarrollo de este tema se concentran los rasgos más relevantes de inspiración paulina. La inserción (ver Heb_13:1+) de los capítulos 8 y 9, que interrumpe la secuencia entre Heb_7:28 y Heb_10:1+, (que contiene duplicados con Heb_10:1-18, relacionados con el tema de las repeticiones, aludidas anteriormente), puede considerarse como un desarrollo complementario de la primera línea de argumentación.

Estas dos homilías, escritas probablemente para ser pronunciadas, fueron fundidas en la última etapa redaccional en que se reagruparon las exhortaciones al final del texto. En esta etapa se intercalaron los cap. 8-9, las repeticiones, y la recapitulación de Heb_13:9-15. En realidad, cualquiera de estas subdivisiones tiene su punto de arbitrariedad; no obstante, se seguirá esta última en la presentación de la traducción del texto.

En la primera homilía, el autor concibe la revelación bíblica como un «continuum» (Heb_1:1-2) en cuatro tiempos: el tiempo de los Patriarcas y de las promesas (Heb_6:13-18); el tiempo de la Ley, «sombra» (Heb_8:5; Heb_10:1) y realización «carnal» (Heb_7:16); la renovación de las promesas por medio de David y los Profetas (Heb_4:7; Heb_7:28; Heb_8:7-13; la «imagen» de Heb_10:1); y finalmente la era escatológica, el «hoy» (Heb_4:7), inaugurado por Cristo, y en el que estamos también nosotros (Heb_11:39-40). El autor esboza las líneas de este tiempo a partir de una concepción del universo constituido en dos planos: los «eones», el universo inmanente que nosotros todavía no vemos sometido a Cristo (Heb_2:8), y el universo divino, fundamento de la realidad, según la mentalidad helenista y según algunas corrientes de la apocalíptica judía, en el que Jesús es situado como rey (Heb_1:6) y como sacerdote después de haber sido liberado del poder de la muerte (Heb_5:7; Heb_13:20). Una elaboración posterior (cap. 8-9) presenta el sacerdocio eterno de Cristo enlazado con el ofrecimiento de sí mismo realizado durante su vida. Esto le permite al creyente acercarse a Dios con plena confianza, sin mediación humana.

La vida del fiel, en realidad, debe ser considerada como un éxodo continuo hacia la patria prometida (Heb_4:1-6) que no puede identificarse con ningún lugar terrestre (Heb_4:8; Heb_11:13; Heb_13:14).

Esta afirmación, que no es intrascendente para los hebreos —incluso los helenizados— que están viviendo entre dos rebeliones judías (64-135 d. C.), debe integrarse con la idea de que la existencia terrestre, vivida en la obediencia a Cristo (Heb_5:9), precursor y guía de la salvación (Heb_6:20; Heb_2:10), es ella misma una liturgia (Heb_13:15-16).

Fuente: Nueva Biblia de Jerusalén (1998) - referencias, notas e introducciones a los libros

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Notas


NOTAS

4:1 Según un lugar común de la predicación primitiva, 1Co_10:1-10; 2Pe_1:12; Jud_1:5, Hb describe el fracaso de la generación salida de Egipto comparando Sal 95 con Num 14. No fue sólo la generación del Éxodo, incrédula a la palabra de Dios, la que no entró en la tierra prometida; tampoco entraron en Canaán después de Josué, v. Heb_4:8, ya que David mucho tiempo después de estos hechos, v. Heb_4:7, debe repetir la promesa, Sal 95. Éste es el esquema de interpretación del AT típico de Hb, ver Heb_7:28; Heb_8:7 : si los profetas y el salmista tienen que reiterar las promesas antiguas, es porque la primera alianza, contenida en la ley, se ha mostrado ineficaz.



REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 1Co_10:1-13

NOTAS

4:2 Por ejemplo, Josué y Caleb, ver Num 13-14. -Var.: «... la palabra que oyeron... no estaba unida a la fe en las cosas que habían escuchado».

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Sal_95:11

NOTAS

4:3 Al relacionar el Sal_95:11, «mi descanso», con Gén_2:2, donde la palabra «descanso» sirve para describir el estado de Dios al terminar la obra de la creación, el autor deduce que la promesa del salmo se refiere a la entrada en el «espacio» divino, inaugurado por Cristo, Heb_10:20.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Gén_2:2

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Sal_95:11

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Sal_95:7 s

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Deu_31:7; Jos_22:4

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Apo_14:13

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 1Pe_1:23

[2] Isa_49:2; Apo_1:16; Efe_6:17; 1Ts_5:23+

[3] 1Co_15:44+; Rom_1:9+; Jua_12:48; Job_34:21-22; Sab_1:6

NOTAS

4:12 La palabra de Dios transmitida por los profetas y el Hijo, y de la que acaba de utilizarse una expresión en el Sal_95:7-11, es viva y eficaz en los creyentes, 1Ts_2:13+. Es la palabra que juzga, ver Jua_12:48; Apo_19:13, los impulsos e intenciones secretos del corazón del hombre, «hasta las articulaciones y [hasta las] médulas»; otra traducción: «de las articulaciones, de las médulas».

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Heb_9:11, Heb_9:24

[2] Heb_3:1; Heb_10:23

NOTAS

4:14 Primera mención de los cielos, límite del espacio donde, según la epístola, se desarrolla el oficio sacerdotal de Cristo. Sentado a la derecha de Dios, Heb_1:3; Heb_8:1, pertenece con Dios a las realidades inmutables y definitivas: su sacrificio realizado de una vez para siempre, Heb_7:26-27+, adquiere un valor perfecto y eterno, Heb_8:1-4+; Heb_9:11-12+, Heb_9:23-24. El objeto de la esperanza cristiana es la realización de esta salvación en la ciudad celeste, Heb_9:28; Heb_12:22-24. En los vv. Heb_4:14-16 se reanudan, después de la inserción de la homilía sobre el Éxodo, 3:1—4:13, los términos de Heb_2:17-18, y de nuevo continuarán en Heb_10:19. Estos nexos pueden haberse utilizado para recordar el tema, o tener sencillamente un origen redaccional.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Heb_2:17-18; Heb_5:7+

[2] Jua_8:46; Rom_8:3; 2Co_5:21; Heb_10:19+