Eclesiástico 20 Biblia Jerusalén (1998) | 31 versitos |
1 Hay reprensión inoportuna, y hay quien calla por prudencia.
2 ¡Cuánto mejor reprender que estar airado! 1
3 El que confiesa su culpa, evita la pena.
4 Eunuco apasionado por desflorar a una doncella, el que hace justicia con la fuerza.
5 Hay quien calla y pasa por sabio, y quien se hace odioso por su verborrea.
6 Hay quien calla por no tener respuesta, y quien calla porque conoce su hora.
7 El sabio guarda silencio hasta el momento oportuno, pero el fanfarrón y el insensato siempre se adelantan.
8 El charlatán se hace insoportable, y el que pretende imponerse se hace odioso.
9 Hay quien saca provecho de la desgracia, y hay ganancias que arruinan.
10 Hay regalos que no se aprovechan, y regalos que rinden el doble.
11 Hay quien en la gloria recibe humillaciones, y hay quien en la humillación levanta la cabeza.
12 Hay quien compra mucho con poco dinero, pero luego lo paga siete veces más caro.
13 El sabio se hace querer por sus palabras, mientras los favores del necio son inútiles.
14 El regalo del necio no te sirve de nada, porque sus ojos desean recibir más de lo que han dado;
15 da poco y todo te lo echa en cara, mientras abre la boca como un pregonero; presta hoy y reclama mañana: un hombre así es detestable.
16 Dice el necio: "No tengo ni un amigo, nadie agradece mis favores;
17 los que comen mi pan son unos insolentes." ¡Cuántos y cuántas veces se reirán de él!
18 Mejor es resbalar en el suelo que con la lengua, así la caída de los malos llegará de repente.
19 Hombre maleducado es como el chiste inoportuno, que se repite en boca de imbéciles.
20 De la boca del necio no se aceptan proverbios, pues jamás los dice en el momento adecuado.
21 Hay quien a causa de su pobreza no puede pecar, y por eso puede descansar sin remordimientos.
22 Hay quien se pierde por vergüenza, y quien se pierde por respetar a un necio.
23 Hay quien por vergüenza hace promesas al amigo, y así, por nada, se gana un enemigo.
24 Grave defecto para un hombre la mentira, anda siempre en boca de imbéciles.
25 Más vale un ladrón que un pecador obstinado, aunque ambos heredarán la perdición.
26 El hábito de mentir es una deshonra, la vergüenza le acompaña siempre.
27 El sabio se abre camino con sus palabras, y el hombre sensato agrada a los poderosos.
28 El que cultiva la tierra recogerá una buena cosecha, el que agrada a los poderosos expía la injusticia.
29 Presentes y regalos ciegan los ojos de los sabios, como un bozal en boca ahogan los reproches.
30 Sabiduría escondida y tesoro oculto, ¿para qué sirven?
31 Más vale el que oculta su necedad que el que oculta su sabiduría.

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Introducción a Eclesiástico

ECLESIÁSTICO
Introducción
Este libro forma parte de la Biblia griega, pero no figura en el canon judío. Es, pues, uno de los libros deuterocanónicos admitidos por la Iglesia cristiana. Sin embargo, fue compuesto en hebreo. San Jerónimo lo conoció en su lengua original y los rabinos lo citaron. Cerca de dos tercios de este texto hebreo fueron encontrados en 1896 en los restos de varios manuscritos de la Edad Media procedentes de una antigua sinagoga de El Cairo. Pequeños fragmentos han aparecido más recientemente en una cueva de Qumrán y en 1964 se ha descubierto en Masada un largo texto que contiene 39:27-44:17 en escritura de comienzos del siglo I a. C. Por último, en 1982, se ha encontrado un nuevo folio que contiene 31:24-32:7 y 32:12-33:8. Las variantes de estos testigos entre sí y en relación con las traducciones griega y siríaca indican que el libro circuló muy pronto en diversas recensiones.

Dado el estado fragmentario del texto hebreo, nuestra traducción se ha hecho sobre el texto griego (más exactamente, sobre los tres principales manuscritos, Sinaítico, Alejandrino y Vaticano, que forman lo que se llama «texto recibido»), indicando en nota determinadas variantes del hebreo.

Su título latino, Ecclesiasticus (liber), es una denominación reciente (San Cipriano), que sin duda subraya el uso oficial que de él hacía la Iglesia, en contraposición con la Sinagoga. En griego, ver la firma, Sir_51:30, el libro se llamaba «Sabiduría de Jesús Ben Sirá» y el autor es también nombrado en Sir_50:27. Actualmente los estudiosos le llaman Ben Sirá o el Sirácida (según la forma griega Sirac). El nieto del autor explica en un prólogo, vv. 1-34, que tradujo el libro cuando vino a residir en Egipto el año 38 del rey Evergetes, v.27. No puede tratarse más que de Tolomeo VII Evergetes, y la fecha corresponde al año 132 a. C. Su abuelo, Ben Sirá, vivió, pues, y escribió hacia el 190-180. Un argumento interno confirma esta fecha: Ben Sirá hace del sumo sacerdote Simón un elogio basado en recuerdos personales, Sir_50:1-21. Se trata de Simón II, que no murió antes del 200.

Palestina acababa de entrar bajo la dominación de los Seléucidas, el 198. La adopción de costumbres extranjeras, la helenización, era favorecida por una parte de la clase dirigente, y pronto pretendería imponerla por la fuerza Antíoco Epífanes (175-163). Ben Sirá opone a estas amenazadoras novedades toda la fuerza de la tradición. Él es un escriba que une el amor de la Sabiduría al de la Ley. Está lleno de fervor por el Templo y sus ceremonias, lleno de respeto por el sacerdocio, pero también conoce a fondo los libros sagrados, los Profetas y, sobre todo, los escritos sapienciales. Y él mismo ha querido ofrecer la instrucción de la sabiduría para todos los que la buscan, Sir_33:18; Sir_50:27, ver el prólogo del traductor, vv. 7-14.

Por su forma, el libro está claramente en la línea de sus predecesores y de sus modelos. Si exceptuamos la parte que celebra la gloria de Dios en la naturaleza, 42:15-43:33, y en la historia, 44:1-50:29, el libro no es menos heterogéneo que las colecciones de los Proverbios o que el Eclesiastés. Los temas más diversos son abordados sin orden y con reiteraciones; son tratados como pequeños cuadros que, sin mucha trabazón, agrupan breves máximas. Se añaden al libro dos apéndices: un himno de acción de gracias, Sir_51:1-12, y un poema sobre la búsqueda de la sabiduría, Sir_51:13-30. El texto hebreo de este último trozo se ha encontrado en una cueva de Qumrán, incluido en un manuscrito del Salterio; este descubrimiento confirma que al principio existió por separado antes de su agregación al Eclesiástico.

La doctrina es tan tradicional como la forma. La sabiduría que predica Ben Sirá viene del Señor, su principio es el temor de Dios, forma a la juventud y procura la felicidad. Tiene las mismas incertidumbres que Job y el Eclesiastés sobre el destino humano y el problema de las sanciones. Tiene fe en la retribución, siente la importancia trágica de la hora de la muerte, pero no sabe aún cómo pagará Dios a cada uno según sus obras. Sobre la naturaleza misma de la Sabiduría divina, Sir_24:1-22, prolonga las intuiciones de los Proverbios y de Job.

Pero Ben Sirá es un innovador cuando identifica a la Sabiduría con la Ley proclamada por Moisés, Sir_24:23-24, como también lo hará el poema sapiencial de Baruc, Bar_3:9-4:4; a diferencia, pues, de sus predecesores, integra la sabiduría en la corriente legalista. Más aún, ve la observancia de la Ley en una práctica del culto, Sir_35:1-10; es un fervoroso ritualista.

Y también, a diferencia de los antiguos sabios, Ben Sirá medita sobre la Historia de Salvación, 44:1-49:16. Hace desfilar a las grandes figuras del Antiguo Testamento, desde Henoc hasta Nehemías. De tres de ellos, Salomón (a pesar de ser el primer sabio), Roboán y Jeroboán, emite el mismo severo juicio que la historia deuteronómica y, como ésta, condena en bloque a todos los reyes, excepto a David, Ezequías y Josías. Pero se siente orgulloso del pasado de su pueblo, se detiene sobre todo en los santos y recuerda los prodigios que Dios realizó por medio de ellos. Dios hizo con Noé, Abrahán, Jacob, Moisés, Aarón, Pinjás y David una alianza, que sin duda abarca a todo el pueblo, pero que asegura privilegios duraderos a ciertas familias, sobre todo sacerdotales. Porque siente hondamente el honor del sacerdocio, en su galería de antepasados concede un rasgo excepcional a Aarón y Pinjás, y concluye con el entusiasta elogio de un contemporáneo, el sumo sacerdote Simón. Evoca las glorias pasadas con cierta melancolía pensando en el presente, y a propósito de los Jueces y de los Profetas Menores, desea que «reflorezcan sus huesos en su tumba», Sir_46:12; Sir_49:10, que tengan sucesores. Escribe en vísperas de la sublevación de los Macabeos, y si la ha vivido, ha podido pensar que sus deseos han sido escuchados.

En esta Historia de Salvación, Ben Sirá, que pone de relieve la noción de Alianza, no deja, por decirlo así, ningún resquicio para la esperanza en una salvación futura. Es verdad que en su oración de Sir_36:1-17 recuerda a Dios sus promesas y le pide que tenga misericordia de Sión y reúna las tribus de Jacob. Pero esta expresión de un nacionalismo profético es excepcional en el Sirácida. Como auténtico sabio, parece haberse resignado a la situación, humillante, pero apacible, a la que su pueblo se veía reducido. Confía en que llegará la liberación, pero ésta será el premio de la fidelidad a la Ley, no la obra de un Mesías salvador. Ben Sirá es el último testigo canónico de la sabiduría judía en Palestina. Es el representante por excelencia de aquellos jasidim, los «piadosos» del Judaísmo, ver 1Ma_2:42*, que pronto defenderán su fe contra la persecución de Antíoco Epífanes y que mantendrán en Israel islotes fieles en los que germinará la predicación de Cristo. Aunque no fue aceptado en el canon hebreo, el Eclesiástico aparece frecuentemente citado en los escritos rabínicos; en el Nuevo Testamento, la epístola de Santiago toma de él muchas expresiones, el evangelio de San Mateo se refiere a él varias veces, y, hoy todavía, la liturgia se hace eco de esta antigua tradición de sabiduría.

Fuente: Nueva Biblia de Jerusalén (1998) - referencias, notas e introducciones a los libros

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Notas


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Sir_30:20



REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Pro_17:28


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Luc_1:52

NOTAS

20:11 El sentido no es seguro. La interpretación dada aquí parece conforme con el contexto: afirma el paralelismo de los contrarios: la gloria produce la humillación, la humillación produce la exaltación. Viene a la mente el Magnificat: «Derribó a los potentados de sus tronos y exaltó a los humildes.»

NOTAS

20:14 Sir. y lat.: «porque sus ojos están ávidos de recibir el séptuplo».

NOTAS

20:17 Griego 248 y lat. añaden: «No recibe la riqueza con espíritu de rectitud, ni la ausencia de riqueza con indiferencia.»

NOTAS

20:19 Interpretación dudosa de un texto poco seguro. Puede preferirse el sir.: «como un rabo grasiento de oveja comido sin sal, tal una palabra inoportuna».

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Pro_26:7; Pro_26:9


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Sir_4:21


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Pro_13:5


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Pro_12:22


NOTAS

20:27 La sabiduría del escriba es ante todo un arte que permite triunfar en la vida, especialmente por el favor de los grandes.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Pro_14:35


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Pro_17:8; Pro_18:16; Pro_21:14


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] = Sir_41:14-15; Mat_5:14-16


NOTAS

20:31 El fin de la sabiduría es brillar e iluminar a los hombres: esconderla es faltar a su vocación. -Griego 248 añade: «Vale más la perseverancia inflexible en la búsqueda del Señor que la agitación desenfrenada de su propia vida.»