Lucas 8 Biblia de Jerusalen (Desclee, 2009) | 56 versitos |
1 Recorrió a continuación ciudades y pueblos, proclamando y anunciando la Buena Nueva del Reino de Dios. Le acompañaban los Doce
2 y algunas mujeres que habían sido curadas de espíritus malignos y enfermedades: María, llamada Magdalena, de la que habían salido siete demonios,
3 Juana, mujer de Cusa, un administrador de Herodes, Susana y otras muchas que les servían con sus bienes.
4 Se iba reuniendo mucha gente, a la que se añadía la que procedía de los poblados. Les dijo entonces en parábola:
5 «Salió un sembrador a sembrar su simiente. Pero, al sembrar, una parte cayó a lo largo del camino, fue pisada y las aves del cielo se la comieron.
6 Otra cayó sobre piedras; pero, después de brotar, se secó por falta de humedad.
7 Otra cayó en medio de abrojos; pero crecieron los abrojos con ella y la sofocaron.
8 Otra cayó en tierra buena, creció y dio fruto centuplicado.» Dicho esto, exclamó: «El que tenga oídos para oír, que oiga.»
9 Sus discípulos le preguntaron por el significado de esta parábola.
10 Él dijo: «A vosotros se os ha concedido conocer los misterios del Reino de Dios; a los demás sólo en parábolas, para que mirando, no vean, y, oyendo, no entiendan.
11 «Os diré el significado de la parábola. La simiente es la palabra de Dios.
12 Los de a lo largo del camino son los que han oído, pero después viene el diablo y se lleva de su corazón la palabra, no sea que crean y se salven.
13 Los de sobre piedras son los que, al oír la palabra, la reciben con alegría, pero no tienen raíz; creen por algún tiempo, pero a la hora de la prueba abandonan.
14 Lo que cayó entre los abrojos son los que han oído, pero las preocupaciones, las riquezas y los placeres de la vida les van sofocando y no llegan a madurez.
15 Lo que cayó en buena tierra son los que, después de haber oído, conservan la palabra con corazón bueno y recto, y dan fruto con perseverancia.
16 «Nadie enciende una lámpara y la tapa con una vasija, o la pone debajo de un lecho, sino que la coloca en un candelero, para que los que entren vean la luz.
17 Pues nada hay oculto que no quede manifiesto, y nada secreto que no acabe siendo conocido y descubierto.
18 Mirad, pues, cómo oís; porque al que tenga se le dará, pero al que no tenga se le quitará hasta lo que cree tener.»
19 Se le presentaron su madre y sus hermanos, pero no podían llegar hasta él a causa de la gente.
20 Le avisaron: «Tu madre y tus hermanos están ahí fuera y quieren verte.»
21 Pero él les respondió: «Mi madre y mis hermanos son aquellos que oyen la palabra de Dios y la cumplen.»
22 Cierto día subió a una barca con sus discípulos y les dijo: «Pasemos a la otra orilla del lago.» Y se hicieron a la mar.
23 Mientras ellos navegaban, se quedó dormido. Se abatió entonces sobre el lago una borrasca tal que la barca se anegaba y estaban en peligro.
24 Ellos, acercándose, le despertaron: «¡Maestro, Maestro, nos hundimos!» Él, habiéndose despertado, increpó al viento y al oleaje, que amainaron y sobrevino la bonanza.
25 Entonces les dijo: «¿Dónde está vuestra fe?» Ellos, llenos de temor, se decían entre sí maravillados: «¿Quién es éste, que conmina a los vientos y al agua, y le obedecen?»
26 Arribaron a la región de los gerasenos*, que está frente a Galilea.
27 Al saltar a tierra, salió del pueblo a su encuentro un hombre poseído por los demonios, que hacía mucho tiempo que no llevaba ropa, ni moraba en una casa, sino entre los sepulcros.
28 Al ver a Jesús, se echó a sus pies y gritó con fuerte voz: «¿Qué tengo yo contigo, Jesús, hijo de Dios Altísimo? Te suplico que no me atormentes.»
29 Lo decía porque Jesús había mandado al espíritu inmundo que saliera de aquel hombre. Y es que en muchas ocasiones se apoderaba de él; y, aunque le sujetaban con cadenas y grillos para custodiarlo, rompía las ligaduras, y el demonio lo empujaba a lugares inhóspitos.
30 Jesús le preguntó: «¿Cómo te llamas?» Él contestó: «Legión» (porque habían entrado en él muchos demonios).
31 Y le suplicaban que no les mandara irse al abismo*.
32 Había allí una gran piara de puercos que pacían en el monte. Ellos le suplicaron que les permitiera entrar en ellos. Jesús se lo permitió.
33 Los demonios salieron de aquel hombre y entraron en los puercos. Entonces la piara se arrojó al lago de lo alto del cantil y se ahogó.
34 Cuando los porqueros vieron lo que había pasado, huyeron y lo contaron en el pueblo y por las aldeas.
35 La gente salió entonces a ver lo que había ocurrido. Cuando llegaron donde Jesús y encontraron al hombre del que habían salido los demonios, sentado, vestido y en su sano juicio, a los pies de Jesús*, se llenaron de temor.
36 Los que lo habían visto les contaron cómo había sido salvado el endemoniado.
37 Entonces toda la gente del país de los gerasenos le rogaron que se alejara de ellos, porque estaban poseídos de gran temor. Jesús subió a la barca y regresó.
38 El hombre de quien habían salido los demonios le pidió quedarse con él; pero Jesús le despidió, diciendo:
39 «Vuelve a tu casa y cuenta todo lo que Dios ha hecho contigo.» Y recorrió el pueblo proclamando todo lo que Jesús había hecho con él.
40 Cuando regresó Jesús, la muchedumbre le recibió con agrado, pues todos le estaban esperando.
41 Llegó entonces un hombre llamado Jairo, que era jefe de la sinagoga, y, cayendo a los pies de Jesús, le suplicaba que entrara en su casa,
42 porque su hija única, de unos doce años, se estaba muriendo. Mientras iba, la gente lo oprimía.
43 Una mujer que padecía flujo de sangre desde hacía doce años, y que no había podido ser curada por nadie*,
44 se acercó por detrás y tocó la orla de su manto; y, al punto, se le detuvo la hemorragia.
45 Jesús preguntó: «¿Quién me ha tocado?» Como todos lo negaban, dijo Pedro: «Maestro, las gentes te aprietan y te oprimen.»
46 Pero Jesús contestó: «Alguien me ha tocado, porque he sentido que una fuerza ha salido de mí.»
47 Viéndose descubierta, la mujer se acercó temblorosa y, postrándose ante él, contó delante de toda la gente por qué razón le había tocado, y cómo al punto había sido curada.
48 Él le dijo: «Hija, tu fe te ha salvado. Vete en paz.»
49 Estaba todavía hablando, cuando uno de casa del jefe de la sinagoga llegó diciendo: «Tu hija está muerta. No molestes ya al Maestro.»
50 Jesús, que oyó el comentario, le dijo: «No temas; basta con que tengas fe y se salvará.»
51 Al llegar a la casa, no permitió entrar con él más que a Pedro, Juan y Santiago*, y al padre y a la madre de la niña.
52 Todos la lloraban y se lamentaban, pero él dijo: «No lloréis, no ha muerto; está dormida.»
53 Los presentes se burlarban de él, pues sabían que estaba muerta.
54 Pero él, tomándola de la mano, dijo en voz alta: «Niña, levántate.»
55 Entonces retornó el espíritu a ella y, al punto, se levantó. Jesús mandó que le dieran de comer.
56 Sus padres quedaron estupefactos, y él les ordenó que no comentaran con nadie lo que había pasado.

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Introducción a Lucas

El evangelio según San Lucas.
El mérito especial del tercer evangelio le viene de la atractiva personalidad de su autor, que se transparenta en él sin cesar. San Lucas es un escritor de gran talento y un alma delicada. Ha elaborado su obra de una manera original, con afán de información y de orden, Luc_1:3. No quiere esto decir que haya podido dar a los materiales recibidos de la tradición una disposición más «histórica» que Mateo y Marcos; su respeto a las fuentes y su método de yuxtaponerlas no se lo permitían. Su plan sigue las grandes líneas del de Marcos con algunas transposiciones u omisiones. Algunos episodios se desplazan; Luc_3:19-20; Luc_4:16-30; Luc_5:1-11; Luc_6:12-19; Luc_22:31-34, etc., ya por deseo de claridad y de lógica, ya por influencia de otras tradiciones, entre las cuales se ha de notar la que también se refleja en el cuarto evangelio. Otros episodios se omiten, o por ser menos interesantes para los lectores paganos, ver Mar_9:11-23, o por evitar los duplicados, ver Mar_12:28-34 y comparar con Luc_10:25-28. Es de observar sobre todo la ausencia del texto correspondiente a Mc 6:45-8:26. Pero la diferencia más notable con relación al segundo evangelio es la larga sección intermedia 9:51-18:14, que se nos presenta bajo la forma de una subida a Jerusalén recalcada con anotaciones repetidas, Luc_9:51; Luc_13:22; Luc_17:11, ver Mar_10:1, y en la que se ha de ver, más que el recuerdo real de diversos viajes, la insistencia intencionada en una idea teológica muy del agrado de Lucas: la Ciudad santa es el lugar donde debe tener cumplimiento la salvación, Luc_9:31; Luc_13:33; Luc_18:31; Luc_19:11, es allí donde ha comenzado el Evangelio, Luc_1:5 s, y donde debe concluir, Luc_24:52 s —con apariciones y conversaciones que no tienen lugar en Galilea, Luc_24:13-51; y comp. Luc_24:6 con Mar_16:7; Mat_28:7, Mat_28:16-20—, porque de allí debe partir la evangelización del mundo, Luc_24:47; Hch_1:8. En un sentido más amplio, es la subida de Jesús (y del cristiano) hacia Dios.

Otros rasgos literarios de Lucas son el empleo de los géneros del simposio, Luc_7:36-50; Luc_11:37-54; Luc_14:1-24, y del discurso de despedida, Luc_22:14-28, su afición a los paralelismos (Juan el Bautista y Jesús, 1:5-2:52) y a las inclusiones, y el esquema promesa-cumplimiento que puntea su relato.

Si se compara en detalle a Lucas con Marcos y Mateo, se percibe al vivo la actividad siempre despierta de un escritor que se distingue por presentar las cosas de una manera que le es propia, evitando o atenuando lo que puede herir su sensibilidad o la de los lectores (Luc_8:43, comp. Mar_5:26; om. Mar_9:43-48; Mar_13:32; etc.), o puede serles menos comprensible (om. Mat_5:21 s, Mat_5:33 s; Mar_15:34; etc.), tratando con miramiento a los apóstoles (om. Mar_4:13; Mar_8:32 s; Mar_9:28 s; Mar_14:50) o excusándolos (Luc_9:45; Luc_18:34; Luc_22:45), interpretando los términos oscuros (Luc_6:15) o precisando la geografía (Luc_4:31; Luc_19:28 s, Luc_19:37; Luc_23:51), etc. Con estas frecuentes y finas pinceladas, y sobre todo con la rica aportación debida a su investigación personal, Lucas nos brinda las reacciones y las tendencias de su alma; o mejor, por medio de este instrumento de elección, el Espíritu Santo nos presenta el mensaje evangélico de una forma original, rica en doctrina. Por lo demás, no se trata tanto de grandes tesis teológicas (las ideas maestras son las mismas que las de Marcos y Mateo) como de una sicología religiosa, donde se encuentran, mezcladas con una influencia muy discreta de su maestro Pablo, las inclinaciones propias del temperamento de Lucas. referir escenas de perdón, Luc_7:36-50; Luc_15:11-32; Luc_19:1-10; Luc_23:34, Luc_23:39. Insiste gustoso en la ternura de Jesús con los humildes y los pobres, mientras que los orgullosos y los ricos que disfrutan son severamente tratados, Luc_1:51-53; Luc_6:20-26; Luc_12:13-21; Luc_14:7-11; Luc_16:15, Luc_16:19; Luc_18:9-14. Sin embargo, hasta la justa condena no vendrá sino después de pacientes plazos de misericordia, Luc_13:6-9; comp. Mar_11:12-14. No hace falta más que arrepentirse, renunciarse, y en este punto la generosidad viril de Lucas propende a repetir la exigencia de un desprendimiento decidido y absoluto, Luc_14:25-34, especialmente por el abandono de las riquezas, Luc_6:34 s; Luc_12:33; Luc_16:9-13. Son de notar también los pasajes propios del tercer evangelio sobre la necesidad de la oración, Luc_11:5-8; Luc_18:1-8, y sobre el ejemplo que de ello ha dado Jesús, Luc_3:21; Luc_5:16; Luc_6:12; Luc_9:28. Finalmente, como en Pablo y en los Hechos, el Espíritu Santo ocupa un lugar de primer plano que Lucas no se cansa de subrayar: Luc_1:15, Luc_1:35, Luc_1:41, Luc_1:67; Luc_2:25-27; Luc_4:1, Luc_4:14, Luc_4:18; Luc_10:21; Luc_11:13; Luc_24:49. Todo esto, junto con la atmósfera de gratitud por los beneficios divinos y de alegría espiritual, que envuelve todo el tercer evangelio, Luc_2:14; Luc_5:26; Luc_10:17; Luc_13:17; Luc_18:43; Luc_19:37; Luc_24:51 s, da a la obra de Lucas ese fervor que emociona y enfervoriza el corazón.

El estilo de San Marcos es rugoso, lleno de arameísmos y a menudo incorrecto, pero impulsivo y de una vivacidad popular que está llena de encanto. El de San Mateo es también arameizante, pero más cuidado; menos pintoresco, pero más correcto. El de San Lucas es complejo: de calidad excelente cuando depende sólo de sí mismo, acepta ser menos bueno por respeto a sus fuentes, de las que conserva algunas imperfecciones aunque trata de corregirlas; en fin, imita consciente y maravillosamente el estilo bíblico de los Setenta. Nuestra traducción ha tratado de respetar estos matices en la medida de lo posible, como asimismo se ha esmerado en reflejar en castellano el detalle de las semejanzas y de las diferencias en que se traslucen, en los originales griegos, las relaciones literarias que entre sí tienen los tres evangelios sinópticos.

Fuente: Nueva Biblia de Jerusalén (1998) - referencias, notas e introducciones a los libros

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Notas

Lucas 8,1
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] |Mat_4:23; Mat_9:35; |Mar_1:39; Luc_4:43-44


Lucas 8,2
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Mat_8:29+

[2] Mat_27:55-56; Mar_15:40-41; Luc_23:49; Luc_24:10; Jua_19:25

Lucas 8,4
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] |Mat_13:1-9; |Mar_4:1-9

Lucas 8,7
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jer_4:3-4

Lucas 8,9
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] |Mat_13:10-11, Mat_13:13; |Mar_4:10-12

Lucas 8,10
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Isa_6:9

Lucas 8,11
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] |Mat_13:18-23; |Mar_4:14-20

Lucas 8,12
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Mat_8:10+

Lucas 8,14
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Luc_21:34

Lucas 8,16
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] |Mar_4:21-22

[2] |Mat_5:15; = Luc_11:33; Jua_8:12+

Lucas 8,17
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] |Mat_10:26; = Luc_12:2

Lucas 8,18
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] = Mat_13:12; Mat_25:29; = Mar_4:24-25; = Luc_19:26

Lucas 8,19
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] |Mat_12:46-50; |Mar_3:31-35

NOTAS

8:19 Lc pone aquí esta perícopa que Mar_3:31-35 sitúa antes, porque la ha considerado apropiada como conclusión de su pequeño conjunto sobre la enseñanza en parábolas de Jesús; comparar los vv. Luc_8:15 y Luc_8:21.

Lucas 8,21
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Luc_11:27-28

Lucas 8,22
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] |Mat_8:18, Mat_8:23-27; |Mar_4:35-41

Lucas 8,25
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Mat_8:10+; Luc_1:12+; Luc_4:15+

Lucas 8,26
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] |Mat_8:28-34; |Mar_5:1-20

NOTAS

8:26 Var.: «guerguesenos», «gadarenos».

Lucas 8,28
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Luc_4:34; Mat_4:3+

Lucas 8,31
NOTAS

8:31 En lugar de «los echara fuera de la región», Mar_5:10. Los demonios piden a Jesús que no los envíe a las profundidades de la tierra, su mansión normal y definitiva, Apo_9:1, Apo_9:2, Apo_9:11; Apo_11:7; Apo_17:8; Apo_20:1, Apo_20:3.

Lucas 8,35
NOTAS

8:35 En la actitud de un discípulo, Luc_8:38; ver Luc_10:39; Hch_22:3. Rasgo añadido por Lucas.

Lucas 8,37
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Luc_1:12+

Lucas 8,40
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] |Mat_9:18-26; |Mar_5:21-43

Lucas 8,43
NOTAS

8:43 Var.: «una mujer, a la que, después de gastar en médicos todo su dinero, nadie había podido curar», ver Mar_5:26.

Lucas 8,46
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Luc_6:19

Lucas 8,50
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Mat_8:10+

Lucas 8,51
NOTAS

8:51 Ver Mar_5:37+. Pero aquí, como en Luc_9:28; Hch_1:13, Juan figura inmediatamente después de Pedro. Esta manera de asociar a Pedro y Juan es común a Lc, Luc_22:8; Hch_3:1, Hch_3:3, Hch_3:11; Hch_4:13, Hch_4:19; Luc_8:14, y al cuarto evangelio, Jua_13:23-26; Jua_18:15-16; Jua_20:3-9; Jua_21:7, Jua_21:20-23.

Lucas 8,56
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Luc_1:12+; Mar_1:34+