Jeremías  8 Biblia Jerusalén (1998) | 23 versitos |
1 En aquel tiempo - oráculo de Yahvé - sacarán de sus tumbas los huesos de los reyes de Judá, los huesos de sus príncipes, los huesos de los sacerdotes, los huesos de los profetas y los huesos de los moradores de Jerusalén,
2 y los dispersarán ante el sol, la luna y todo el ejército celeste a quienes amaron y sirvieron, a quienes siguieron, consultaron y adoraron, para no ser recogidos ni sepultados más: se volverán estiércol sobre la faz de la tierra.
3 Y será preferible la muerte a la vida para todo el resto que subsistiere de este linaje malo adondequiera que yo les relegue - oráculo de Yahvé Sebaot -.
4 Les dirás: Así dice Yahvé: Los que caen ¿no se levantan?; y si uno se extravía ¿no sabe volver?
5 Pues ¿por qué este pueblo sigue apostatando, Jerusalén con apostasía perpetua? Se aferran a la mentira, rehúsan convertirse.
6 He escuchado atentamente: no hablan a derechas. Nadie deplora su maldad diciendo: "¿Qué hice?" Todos se extravían, cada cual en su carrera, como caballo desbocado en la batalla.
7 Hasta la cigüeña en el cielo conoce su estación, y la tórtola, la golondrina o la grulla guardan el tiempo de sus migraciones. Pero mi pueblo ignora el derecho de Yahvé.
8 ¿Cómo decís: "Somos sabios, y poseemos la Ley de Yahvé?", cuando es más cierto que la falsea el cálamo mendaz de los escribas.
9 Los sabios pasarán vergüenza, serán abatidos y presos. Han desechado la palabra de Yahvé, y su sabiduría ¿de qué les sirve?
10 Así que yo daré sus mujeres a otros, sus campos a nuevos amos, porque del más chico al más grande todos van a su provecho, y desde el profeta hasta el sacerdote, todos practican el fraude.
11 Han curado el quebranto de la hija de mi pueblo a la ligera, diciendo: "¡Paz, paz!", cuando no había paz.
12 ¿Se avergonzaron de las abominaciones que hicieron? ¡Avergonzarse, no se avergonzaron; sonrojarse, tampoco supieron! ¡Así caigan con los que caigan! Tropezarán cuando yo los visite - dice Yahvé -.
13 Quisiera recoger de ellos algo - oráculo de Yahvé -, pero no quedan uvas en la vid ni higos en la higuera, y están mustias sus hojas. Es que yo les he dado quien les despoje.
14 - "¿Por qué nos quedamos tranquilos? ¡Juntaos, vamos a las plazas fuertes para enmudecer allí, pues Yahvé nuestro Dios nos hace morir y nos propina agua envenenada, porque hemos pecado contra Yahvé!
15 Esperábamos paz, y no hubo bien; tiempo de curación, y hubo cuidado.
16 Desde Dan se deja oír el resuello de sus caballos. Al relincho sonoro de sus corceles tembló la tierra toda. Vendrán y comerán el país y sus bienes, la ciudad y sus habitantes."
17 - Sí, voy a enviar contra vosotros sierpes venenosas, contra las que no existe encantamiento, y os morderán - oráculo de Yahvé -.
18 Sin remedio el dolor me acomete, el corazón me falla;
19 se oye el grito lastimero de la hija de mi pueblo desde todos los rincones del país: "¿No está Yahvé en Sión?, ¿su Rey no mora ya en ella? (¿Por qué me han irritado con sus ídolos, con esas Vanidades traídas del extranjero?)
20 La siega pasó, el verano acabó, mas nosotros no estamos a salvo."
21 Me duele el quebranto de la capital de mi pueblo; estoy abrumado, el pánico se apodera de mí.
22 ¿No hay sandáraca en Galaad?, ¿no quedan médicos allí? Pues ¿por qué no llega el remedio para la capital de mi pueblo?
23 ¡Quién convirtiera mi cabeza en llanto, mis ojos en manantial de lágrimas para llorar día y noche a los muertos de la capital de mi pueblo!

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Introducción a Jeremías 

Jeremías.
Poco más de un siglo después de Isaías, hacia el 650 a. C., nacía Jeremías de una familia sacerdotal residente en los alrededores de Jerusalén. Conocemos su vida y carácter mejor que los de ningún otro profeta por los relatos biográficos en tercera persona de que está sembrado su libro, y cuyo orden cronológico es el siguiente: 19:1-20:6; 26; 36; 45; 28-29; Jer_51:59-64; Jer_34:8-22; 37-44. Las «Confesiones de Jeremías»: 11:18-12:6; Jer_15:10-21; Jer_17:4-18; Jer_18:18-23; Jer_20:7-18, proceden del profeta mismo. No constituyen una autobiografía, pero sí son un testimonio emocionante de las crisis interiores que atravesó y que se describen en el estilo de los Salmos de súplica. Llamado por Dios muy joven aún, el 626, el año trece de Josías, Jer_1:2, le tocó vivir el trágico período en que se preparó y consumó la ruina del reino de Judá. La reforma religiosa y la restauración nacional de Josías despertaron esperanzas que fueron destruidas por la muerte del rey en Meguidó el 609 y por el cambio del mundo oriental, la caída de Nínive el 612 y la expansión del imperio caldeo. Desde el 605, Nabucodonosor impuso su dominio en Palestina, Judá se rebeló por instigación de Egipto, que intrigaría hasta el fin y, el 597, Nabucodonosor conquistó Jerusalén y deportó a una parte de sus habitantes. Una nueva rebelión hizo volver a los ejércitos caldeos, el 587 fue tomada Jerusalén, incendiado el templo, y tuvo lugar la segunda deportación. Jeremías vivió esta dramática historia predicando y amenazando en vano a los reyes incapaces que se sucedían en el trono de David; fue acusado de derrotismo por los militares, perseguido y encarcelado. Después de la toma de Jerusalén, y aun cuando veía en los desterrados la esperanza del porvenir, Jeremías prefirió permanecer en Palestina junto a Godolías, el gobernador nombrado por los caldeos. Pero éste fue asesinado, y un grupo de judíos, temeroso de las represalias, huyó a Egipto llevándose consigo al profeta. Probablemente murió allí.

El drama de esta vida no estriba sólo en los acontecimientos en que Jeremías se vio envuelto, sino también en el mismo profeta. Era de alma tierna, hecha para amar, y fue enviado para «extirpar y destruir, reconstruir y plantar» Jer_1:10; le tocó sobre todo predecir desgracias, Jer_20:8. Tenía ansias de paz y hubo de estar siempre en lucha: contra los suyos, contra los reyes, los sacerdotes, los falsos profetas, contra todo el pueblo, «varón discutido y debatido por todo el país», Jer_15:10. Se vio desgarrado por una misión a la que no podía sustraerse, Jer_20:9. Sus diálogos interiores con Yahvé están sembrados de gritos de dolor: «¿Por qué ha resultado mi penar perpetuo?», Jer_15:18, y aquel pasaje patético que se anticipa a Job: «Maldito el día en que nací...», Jer_20:14, etc.

Pero este sufrimiento acrisoló su alma y la abrió al trato con Dios. Lo que nos hace a Jeremías tan querido y tan nuestro es la religión interior y cordial que él mismo practicó antes de formularla en el anuncio de la Nueva Alianza, Jer_31:31-34. Esta religión personal le llevó a profundizar en la enseñanza tradicional: Dios sondea los entresijos y los corazones, Jer_11:20, retribuye a cada uno según sus obras, Jer_31:29-30; la amistad con Dios, Jer_2:2, se rompe con el pecado, que sale del corazón malvado, Jer_4:4; Jer_17:9; Jer_18:12. Este aspecto afectivo le emparenta con Oseas, cuyo influjo experimentó; esta interiorización de la Ley, esta función del corazón en las relaciones con Dios, esta preocupación por la persona individual le aproximan al Deuteronomio. Jeremías vio ciertamente de manera favorable la reforma de Josías, inspirada en este libro, pero recibió una cruel desilusión por su ineficacia para cambiar la vida moral y religiosa del pueblo.

La misión de Jeremías fracasó en vida suya, pero su figura no dejó de agrandarse después de su muerte. Por su doctrina de una Alianza nueva, fundada en la religión del corazón, fue el padre del Judaísmo en su línea más pura, y su influjo se nota en Ezequiel, en la segunda parte de Isaías y en varios salmos. La época macabeica le cuenta entre los protectores del pueblo, 2Ma_2:1-8; 2Ma_15:12-16. Al sacar a primer plano los valores espirituales, al poner de manifiesto las íntimas relaciones que el alma ha de mantener con Dios, preparó la Nueva Alianza cristiana, y su vida de abnegación y sufrimientos en servicio de Dios, que bien pudo prestar algunos rasgos para la imagen del Siervo en Is 53, convierte a Jeremías en figura de Cristo.

Esta influencia duradera supone que las enseñanzas de Jeremías se leyeron, meditaron y comentaron con frecuencia. Esta labor de toda una descendencia espiritual se refleja en la composición de su libro, que no se presenta, ni mucho menos, como obra escrita de una vez. Además de los oráculos poéticos y de los relatos biográficos, contiene discursos en prosa en un estilo afín al del Deuteronomio. Su autenticidad ha sido impugnada y han sido atribuidos a redactores «deuteronomistas» posteriores al Destierro. En realidad, su estilo es el de la prosa judía del siglo VII y comienzos del VI a. C., su teología es la de la corriente religiosa a la que pertenecen tanto Jeremías como el Deuteronomio. Son el eco auténtico de la predicación de Jeremías, recogida por sus oyentes. Toda esta tradición jeremiana no se ha transmitido en una forma única. La versión griega ofrece una recensión notablemente más corta (un octavo) que el texto masorético y a menudo diferente en detalles; los descubrimientos de Qumrán prueban que las dos recensiones existían en hebreo. Además, el griego coloca los oráculos contra las naciones después de Jer_25:13, y en orden distinto al hebreo, que los relega al final del libro, 46-51. Estas profecías quizá formaran primeramente una colección particular y no todas procedan de Jeremías: al menos, los oráculos contra Moab y Edom han sido fuertemente rehechos y el largo oráculo contra Babilonia, 50-51, data del final del Destierro. El cap. 52 se nos presenta como un apéndice histórico, paralelo de 2Re_24:18-25:30. Otros complementos de menor extensión fueron insertados a lo largo del libro y atestiguan el uso que de él hacían y la estima en que lo tenían los cautivos de Babilonia y la comunidad renaciente después del Destierro. Hay también abundancia de duplicados que suponen una labor redaccional. Finalmente las indicaciones cronológicas, que son numerosas, no se suceden con orden. El desorden actual del libro es resultado de un largo trabajo de composición, cuyas etapas es harto difícil reconstruir una por una.

No obstante, el cap. 36 nos da valiosas indicaciones: el 605, Jeremías dicta a Baruc los oráculos que había pronunciado desde el comienzo de su ministerio, Jer_36:2, es decir, desde el 626. Este rollo, quemado por Joaquín, volvió a ser escrito y fue además completado, Jer_36:32. Acerca del contenido de esta colección tan sólo caben hipótesis. Parece que le servía de introducción Jer_25:1-12 y agrupaba las piezas anteriores al 605, que se hallaban en los caps. 1-18, pero también contenía, según Jer_36:2, oráculos antiguos contra las naciones a las que se refiere Jer_25:13-38. Se incluyó allí el apartado de las «Confesiones», cuyo detalle se ha expuesto anteriormente. También se añadieron dos opúsculos sobre los reyes, 21:11-23:8, y sobre los profetas, Jer_23:9-40, que pudieron existir anteriormente por separado.

Así se distinguen ya dos partes en el libro: una contiene amenazas contra Judá y Jerusalén, 1:1-25:13; la otra, profecías contra las naciones, Jer_25:13-38 y 46-51. Una tercera parte está constituida por 26-35, donde se han reunido en un orden arbitrario trozos que ofrecen un tono más optimista. Casi todas estas piezas están en prosa y en gran parte proceden de una biografía de Jeremías, que se atribuye a Baruc. Grupo aparte forman los caps. 30-31, que son un opúsculo poético de consolación. La cuarta parte, 36-44, en prosa, prosigue la biografía de Jeremías y relata sus sufrimientos durante y después del sitio de Jerusalén, y concluye con Jer_45:1-5, que viene a ser como la firma de Baruc.

Fuente: Nueva Biblia de Jerusalén (1998) - referencias, notas e introducciones a los libros

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Notas


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Eze_6:4-5



REFERENCIAS CRUZADAS

[1] = Jer_25:33; Jer_16:4; 2Re_9:37

NOTAS

8:2 Los cultos astrales estuvieron muy en boga bajo Manasés y Amón.

NOTAS

8:3 El hebr. repite aquí «que subsistiere»; omitido por griego y sir.

NOTAS

8:4 Este conjunto, 8:4—10:25, reúne oráculos pronunciados al comienzo del reinado de Joaquín, alrededor del 605. Los tres poemas Jer_8:4-7, Jer_8:13; Jer_9:1-8 [Jer_9:2-9] continúan y amplían los reproches a Israel. La lamentación Jer_9:9-21 [Jer_9:10-22] prosigue en Jer_10:17-22 y termina con una oración de Jeremías, Jer_10:23-24. Finalmente se han añadido otros poemas de Jeremías, Jer_8:8-10, Jer_8:18; Jer_9:22-24 [Jer_9:23-25]. El fragmento Jer_10:1-16 parece escrito por otra mano.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Isa_1:3


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jer_2:8; Mat 23

NOTAS

8:8 Aquí, los sacerdotes, guardianes de la tradición recogida en los textos sagrados. La «palabra», Jer_8:9, designa probablemente el mensaje de los profetas y la Ley, en forma oral y quizá ya parcialmente escrita.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] = Jer_6:12-15

NOTAS

8:10 Este fragmento, duplicado de Jer_6:12-15, no lo reproduce el griego.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Isa_5:1+; Luc_13:6-9; Mat_21:18-22+

NOTAS

8:13 Según griego; hebr. «los recogeré del todo».

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] = Jer_4:5

[2] Jer_9:14 [Jer_9:15]

NOTAS

8:14 (a) El mismo verbo hebreo significa «juntar» y «suprimir», Jer_8:13.

8:14 (b) Aquí se trata del silencio de la muerte.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Isa_59:9

[2] = Jer_14:19


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jer_4:15


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Deu_32:24; Núm_21:6

[2] Jua_3:14-15


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jer_5:20-25; Jer 14

NOTAS

8:18 «sin remedio» griego; «mi alegría (?)» hebr. -«(el dolor) me acomete», lit. «sube (en mí)» `alah conj.; «en (el dolor, en mí)» `aley hebr. En rigor podría entenderse con sola la segunda corrección: «una fuente de alegría y para mi dolor».

NOTAS

8:19 El texto entre paréntesis parece ser una glosa.

NOTAS

8:21 «capital de mi pueblo», lit. «hija de mi pueblo».

NOTAS

8:22 Galaad, al este del Jordán, al norte de Yaboc, tierra de plantas balsámicas y aromáticas, Gén_37:25; Gén_43:11; ver también Jer_46:11.