Daniel  9 Biblia Jerusalén (1998) | 27 versitos |
1 El año primero de Darío, hijo de Asuero, de estirpe meda y rey del imperio de los caldeos,
2 el año primero de su reinado, yo, Daniel, me puse a investigar en las Escrituras sobre los setenta años que, según la palabra de Yahvé dirigida al profeta Jeremías, debía durar la ruina de Jerusalén.
3 Me dirigí hacia el Señor Dios, implorándole con oraciones y súplicas, con ayuno, saco y ceniza.
4 Supliqué a Yahvé mi Dios y le hice esta confesión: "¡Señor, Dios grande y terrible, que mantienes la alianza y la fidelidad con los que te aman y cumplen tus mandamientos.
5 Hemos pecado, hemos cometido iniquidades y delitos y nos hemos rebelado, apartándonos de tus mandamientos y preceptos.
6 No hemos escuchado a tus siervos los profetas que hablaban en tu nombre a nuestros reyes, a nuestros príncipes, a nuestros antepasados y a toda la gente del país.
7 Tú, Señor, eres justo; a nosotros hoy nos humilla la vergüenza, igual que a los hombres de Judá, a los habitantes de Jerusalén y a todos los israelitas, próximos y lejanos, en todos los países donde tú los dispersaste a causa de las infidelidades que cometieron contra ti.
8 Yahvé, a nosotros nos humilla la vergüenza, como a nuestros reyes y antepasados, porque hemos pecado contra ti.
9 El Señor nuestro Dios es compasivo y clemente, aunque nos hayamos rebelado contra él
10 y no hayamos escuchado la voz de Yahvé nuestro Dios ni seguido las leyes que nos dio por medio de sus siervos los profetas.
11 Todo Israel ha transgredido tu ley y ha desobedecido tu palabra. Por eso han caído sobre nosotros las maldiciones y amenazas escritas en la ley de Moisés, siervo de Dios, porque hemos pecado contra él.
12 Él ha cumplido las palabras que había pronunciado contra nosotros y contra nuestros gobernantes, enviando sobre nosotros y sobre Jerusalén una desgracia tan grande como nunca había caído bajo el cielo.
13 Como está escrito en la ley de Moisés, nos ha alcanzado toda esta desgracia, pero no hemos aplacado a Yahvé nuestro Dios, convirtiéndonos de nuestras iniquidades y reconociendo tu verdad.
14 Yahvé, consciente de esta desgracia, la ha descargado sobre nosotros, pues Yahvé nuestro Dios siempre actúa justamente, pero nosotros no hemos escuchado su voz.
15 Ahora, Señor Dios nuestro, que sacaste a tu pueblo de Egipto con gran poder, conquistando una fama que dura hasta hoy, nosotros hemos pecado y actuado injustamente.
16 Señor, por tu infinita justicia, retira tu cólera enfurecida de Jerusalén, tu ciudad y monte santo; pues por nuestros pecados y por los crímenes de nuestros antepasados, Jerusalén y tu pueblo son la burla de cuantos nos rodean.
17 Y ahora, Dios nuestro, escucha la oración y las súplicas de tu siervo y mira con buenos ojos tu santuario arruinado, ¡por tu honor, Señor!
18 Inclina, Dios mío, tu oído y escucha; abre tus ojos y mira nuestra desolación y la ciudad en la que se invoca tu nombre, pues nuestras súplicas no se fundan en nuestra justicia, sino en tu gran misericordia.
19 ¡Señor, escucha! ¡Señor, perdona! ¡Señor, atiende y actúa sin tardanza! ¡Por tu honor, Dios mío, pues tu nombre se invoca en tu ciudad y en tu pueblo!"
20 Aún estaba yo hablando, rezando y confesando mis pecados y los de mi pueblo Israel, y presentando mi súplica a Yahvé mi Dios por su monte santo;
21 aún estaba rezando mi oración, cuando Gabriel, el personaje que yo había visto antes en la visión, se me acercó volando a la hora de la ofrenda de la tarde.
22 Y al llegar, me dijo: "Daniel, he venido ahora para infundirte comprensión.
23 Desde el comienzo de tu oración se ha pronunciado una palabra y yo he venido a comunicártela, porque eres un hombre apreciado. Entiende la palabra y comprende la visión:
24 "Setenta semanas han sido fijadas a tu pueblo y a tu ciudad santa para poner fin al delito, sellar los pecados y expiar la culpa; para establecer la justicia eterna, sellar visión y profecía y consagrar el santo de los santos.
25 Entérate y comprende: Desde que se dio la orden de reconstruir Jerusalén, hasta la llegada de un príncipe ungido, pasarán siete semanas y sesenta y dos semanas; y serán reconstruidos calles y fosos, aunque en tiempos difíciles.
26 Pasadas las sesenta y dos semanas matarán al ungido sin culpa y un príncipe que vendrá con su ejército destruirá la ciudad y el santuario. Su fin será un cataclismo y hasta el final de la guerra durarán los desastres anunciados.
27 Sellará una firme alianza con muchos durante una semana; y en media semana suprimirá el sacrificio y la ofrenda y pondrá sobre el ala del templo el ídolo abominable, hasta que la ruina decretada recaiga sobre el destructor."

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Introducción a Daniel 

Daniel.
Por su contenido, el libro de Daniel se divide en dos partes. Los caps. 1-6 son narrativos: Daniel y sus tres compañeros al servicio de Nabucodonosor, 1; el sueño de Nabucodonosor: la estatua compuesta de materiales diversos, 2; la adoración de la estatua de oro y los tres compañeros de Daniel en el horno, 3; la locura de Nabucodonosor, 4; el festín de Baltasar, 5; Daniel en la fosa de los leones, 6. En todos estos casos, Daniel o sus compañeros salen triunfantes de una prueba de la que depende su vida, o al menos su reputación, y los paganos glorifican a Dios que los ha salvado. Las escenas suceden en Babilonia, en los reinados de Nabucodonosor, de su «hijo» Baltasar y del sucesor de éste, «Darío el Medo». Las visiones de los caps.7-12 tienen como beneficiario a Daniel: las Cuatro Bestias, 7; el Macho Cabrío y el Carnero, 8; las setenta Semanas, 9; la gran visión del Tiempo de la Cólera y del Tiempo del Fin, 10-12. Llevan la fecha de los reinados de Baltasar, de Darío el Medo y de Ciro, rey de Persia, y están localizadas en Babilonia.

De esta división se ha deducido alguna vez la existencia de dos escritos de épocas diferentes combinados por un editor. Pero otros indicios contradicen esta distinción. Los relatos están en tercera persona y Daniel mismo refiere las visiones, pero la primera visión, 7, está encuadrada entre una introducción y una conclusión en tercera persona. El comienzo del libro está en hebreo, pero en Dan_2:4 se pasa bruscamente al arameo, que prosigue hasta el fin de 7, invadiendo así la parte de las visiones; los últimos capítulos están otra vez en hebreo. Se han propuesto diversas explicaciones para esta dualidad de lengua, aunque ninguna resulta convincente. Por ejemplo, la división según el estilo (1ª o 3ª persona) y la división según la lengua (hebreo o arameo) no corresponden a la que se deduce del contenido (relatos o visiones). Por otra parte, el cap. 7 es comentado por el 8, pero es paralelo del cap.2; su arameo es el mismo que el de los caps. 2-4, pero rasgos de su estilo reaparecen en los caps. 8-12, aunque están escritos en hebreo. Este cap. 7 forma, pues, un nexo entre las dos partes del libro y asegura su unidad. Además Baltasar y Darío el Medo aparecen en las dos partes del libro, originando las mismas dificultades para los historiadores. En fin, los procedimientos literarios y la línea del pensamiento son idénticos de un cabo al otro del libro, y esta igualdad es el argumento más fuerte en favor de la unidad de su composición.

La fecha de ésta queda fijada por el claro testimonio que da el cap. 11. Las guerras entre Seléucidas y Lágidas y una parte del reinado de Antíoco Epífanes se narran en él con gran lujo de detalles insignificantes para el propósito del autor. Este relato no se parece a ninguna profecía del Antiguo Testamento y, a pesar de su estilo profético, refiere sucesos ya ocurridos. Pero a partir de Dan_11:40 cambia el tono; se anuncia el «Tiempo del Fin» de una manera que recuerda a los otros profetas. El libro, pues, habría sido compuesto durante la persecución de Antíoco Epífanes y antes de la muerte de éste, incluso antes de la victoria de la insurrección macabea, es decir, entre el 167 y el 164.

Nada hay en el resto del libro que se oponga a esta fecha. Los relatos de la primera parte se sitúan en la época caldea, pero algunos indicios muestran que el autor está bastante lejos de los acontecimientos. Baltasar es hijo de Nabonid, y no de Nabucodonosor como dice el texto, y jamás ha tenido el título de rey. Darío el Medo es desconocido para los historiadores y no hay lugar para él entre el último rey caldeo y Ciro el persa, que había ya vencido a los Medos. El ambiente neobabilonio se describe con palabras de origen persa; incluso instrumentos de la orquesta de Nabucodonosor llevan nombres transcritos del griego. Las fechas que se dan en el libro no concuerdan entre sí ni con la historia, tal como la conocemos, y parecen puestas al frente de los capítulos sin mucha preocupación por la cronología. El autor se ha valido de tradiciones, orales o escritas, que circulaban en su época. Los manuscritos del mar Muerto contienen fragmentos de un ciclo de Daniel que está emparentado con el libro canónico, en especial una oración de Nabonid que recuerda Dan 3:31—4:34, donde el nombre de Nabucodonosor sustituye al de Nabonid. El autor, o sus fuentes, nombra como héroe de sus historias piadosas a un Daniel o Dan'el al que Eze_14:14-20; Eze_28:3 cita como a un justo o sabio de los tiempos antiguos y al que también conocían los poemas de Râs Samrâ en el siglo XIV antes de nuestra era.

Siendo el libro tan reciente, se explica su lugar en la Biblia hebrea. Ha sido admitido en ella después de la fijación del canon de los Profetas, y se le ha colocado entre Ester y Esdras, en el grupo heterogéneo de los «otros escritos» que forman la última parte del canon hebreo. Las Biblias griega y latina vuelven a colocarlo entre los profetas y le añaden algunas partes deuterocanónicas: el Salmo de Azarías y el Cántico de los tres jóvenes, Dan_3:24-90, la historia de Susana, donde brilla el candor clarividente del joven Daniel, 13, las historias de Bel y de la serpiente sagrada que son sátiras de la idolatría, 14. La traducción griega de los Setenta (LXX) difiere grandemente de la de Teodoción (Teod.), que es muy afín al texto masorético.

La finalidad del libro es sostener la fe y la esperanza de los judíos perseguidos por Antíoco Epífanes. Daniel y sus compañeros se han visto sometidos a las mismas pruebas: abandono de las prescripciones de la Ley, 1, tentaciones de idolatría, 3 y 6; pero han salido victoriosos, y los antiguos perseguidores han tenido que reconocer el poder del verdadero Dios. Al perseguidor moderno se le pinta con rasgos más negros, pero cuando la Cólera de Dios quede satisfecha, Dan_8:19; Dan_11:36, vendrá el Tiempo del Fin, Dan_8:17; Dan_11:40, en que el perseguidor será abatido, Dan_8:25; Dan_11:45. Entonces se acabarán las desdichas y el pecado, y tendrá lugar el advenimiento del Reino de los Santos, gobernado por un «Hijo de hombre», cuyo imperio jamás pasará, 7.

Esta espera del Fin, esta esperanza del Reino está presente a lo largo de todo el libro, Dan_2:44; Dan_3:33 (100) [Dan_4:3]; Dan_4:31 [Dan_4:34]; Dan_7:14. Dios se ocupará de que llegue en el plazo que él ha fijado, pero que a la vez abarca toda la duración de la humanidad. Los momentos de la historia del mundo se convierten en momentos del plan divino en un plano eterno. El pasado, el presente, el futuro, todo se hace profecía, porque todo ello se ve a la luz de Dios «que hace alternar estaciones y tiempos», Dan_2:21. Con esta visión, a la vez temporal e intemporal, el autor revela el sentido profético de la historia. Este secreto de Dios, Dan_2:18, etc.; Dan_4:6 [Dan_4:9], es descubierto por mediación de seres misteriosos, que son los mensajeros y agentes del Altísimo; la doctrina de los ángeles cobra fuerza en el libro de Daniel, como también en el de Ezequiel y sobre todo en el de Tobías. La revelación versa sobre el designio escondido de Dios para con su pueblo y todos los pueblos. Afecta tanto a las naciones como a los individuos. Un texto importante sobre la resurrección anuncia el despertar de los muertos a una vida o a un oprobio eternos, Dan_12:2. El Reino que se espera se extenderá a todos los pueblos, Dan_7:14, no tendrá fin, será el Reino de los Santos, Dan_7:18, el Reino de Dios, Dan_3:33 (100); Dan_4:31 [Dan_4:34], el Reino del Hijo de hombre, a quien se dio todo poder, Dan_7:13-14.

Este misterioso Hijo de hombre, al que Dan_7:18 y 21-27 identifica con la comunidad de los Santos, es también su cabeza, el jefe del reino escatológico, pero no es el Mesías davídico. Esta interpretación individual se hizo corriente en el Judaísmo y la reiteró Jesús, que se aplicó el título de Hijo del hombre para recalcar el carácter trascendente y espiritual de su mesianismo, Mat_8:20.

El libro de Daniel ya no representa a la verdadera corriente profética. No contiene la predicación de un profeta enviado por Dios con misión ante sus contemporáneos, fue compuesto e inmediatamente escrito por un autor que se oculta detrás de un seudónimo, como ocurre ya con el librito de Jonás. Las historias edificantes de la primera parte tienen parecido con una clase de escritos de sabiduría de las que tenemos un ejemplo antiguo en la historia de José del Génesis, y otro ejemplo reciente en el libro de Tobías, escrito poco antes que Daniel. Las visiones de la segunda parte ofrecen la revelación de un secreto divino, explicado por los ángeles, para los tiempos futuros, en un estilo intencionadamente enigmático; este «libro sellado», Dan_12:4, inaugura plenamente el género apocalíptico, que había sido preparado por Ezequiel y que florecerá en la literatura judía. El Apocalipsis de San Juan es su equivalente en el Nuevo Testamento, pero aquí se rompen los sellos del libro cerrado, Ap 5-6, las palabras ya no se conservan en secreto, porque «el Tiempo está cerca», Apo_22:10, y se espera la venida del Señor, Apo_22:20; 1Co_16:22.

Fuente: Nueva Biblia de Jerusalén (1998) - referencias, notas e introducciones a los libros

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Notas


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Dan_3:25-45; Bar_1:2; Neh_1:5-11; Neh 9

NOTAS

9:1 Véase Dan_7:5+ y Dan_6:1+ [Dan_5:31].



REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jer_25:11-12; Jer_29:10


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Lev_26:40

[2] Deu_7:21; Deu_7:9; Neh_1:5; Éxo_34:6+

[3] 1Re_8:47; Bar_1:17

NOTAS

9:4 La oración que sigue incorpora muchas reminiscencias bíblicas. Se la puede relacionar con la oración de Azarías, en Dan_3:25-45 [Dan_3:23], y ha servido de modelo a Ba 1 y 2.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jer_7:25-26+

[2] Neh_9:34; Jer_44:21


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Bar_1:15-16

[2] Isa_57:19

[3] Deu_28:64


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Neh_9:17


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Deu_28:15; Jer_26:4+


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Lev_26:14-39; Deu_28:15-68; Bar 1:19—2:3


NOTAS

9:12 Lit. «contra los jueces que nos juzgaban».

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jua_8:32; 1Jn_3:19+


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Neh_9:33

[2] Bar_2:11-13


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Deu_6:21; Jer_32:20-21


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Sal_44:14 [Sal_44:13]

NOTAS

9:16 Es decir: en nombre de la justicia manifestada en los actos por los que tú has «rehabilitado» a tu pueblo.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Bar_2:14

[2] Sal_4:7+ [Sal_4:6]

NOTAS

9:17 (a) Ver 1Re_8:28; Neh_1:6, Neh_1:11; Sal_130:2.

9:17 (b) Lit. «ti mismo» según Teod. y Dan_9:19; «por (el Señor)» hebr.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 2Re_19:16; Isa_37:17

[2] Lam_5:18

[3] Bar_2:19

[4] Neh_9:19; Neh_9:21; Neh_9:27


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Sal_40:18 [Sal_40:17]


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Dan_8:15-18; Dan_10:9-11

[2] Éxo_29:39

NOTAS

9:21 Lit. «volando con vuelo, me tocó».

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Dan_10:11; Dan_10:19

NOTAS

9:23 (a) «hombre» se sobreentiende aquí. Ver Dan_10:11, Dan_10:19. La vulg. traduce «el varón de deseos», pero se trata de la amistad o aprecio de Dios por Daniel, no de los deseos de su alma.

9:23 (b) La profecía que sigue, paralela a la de los cap. inmediatos, se refiere a los acontecimientos de la persecución de Antíoco, pero en un estilo literario alusivo y misterioso (ausencia de nombres propios, cifras convencionales redondeadas), que indica que el texto tiene un alcance más elevado. Al igual que el anuncio del reino mesiánico, Dan_2:28+; Dan_7:13+, alcanzará su realización definitiva en tiempo de Cristo y de la Iglesia. La era de plenitud descrita en Dan_9:24 supera inifinitamente una vuelta cualquiera a la paz. Pero el detalle de los vv. Dan_9:25-27, que describen los períodos precedentes, sigue siendo oscuro.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Isa_53:11; Rom_3:24-26

[2] 1Cr_23:13; Hch_10:38; Mat_3:16+

NOTAS

9:24 (a) Se trata de un número perfecto de semanas de años. El punto de partida del cómputo es la fecha de la revelación hecha a Jeremías, ver Dan_9:25, y el término que se considera es la restauración de Jerusalén y la vuelta de los cautivos, que 2Cr_36:22-23 (= Esd_1:1-3) ve realizados por el decreto liberador de Ciro el 538.

9:24 (b) «Sellar» significa o «poner fin a» como más arriba, o «garantizar», y aquí tiene el sentido pleno de «realizar».

9:24 (c) El altar o el Templo, o bien el sumo sacerdote, ver 1Cr_23:13 : la restauración del sacerdocio santo coincide con la del altar y el Templo, y se la considera en una misma perspectiva profética.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Esd_3:1-3

NOTAS

9:25 (a) «ungido», ver Éxo_30:22+; 1Sa_9:26+; Isa_45:1. Los Padres más antiguos de la Iglesia no concuerdan sobre la identidad de este príncipe ungido, como tampoco en la afirmación de que Dan_9:26 se refiera a la muerte de Jesús. Algunos remitían la última semana al fin de los tiempos.

9:25 (b) Es el período de la reconstrucción bajo el régimen persa.

NOTAS

9:26 (a) Se puede identificar, con Teodoción, a este ungido con el sumo sacerdote Onías III, ver 2Ma_4:30-38, depuesto hacia el 175 y asesinado por gente de Antíoco Epífanes: él sería también el príncipe de la alianza de Dan_11:22.

9:26 (b) Ha debido de caer una palabra del texto. Teod. suple «sin culpa». Se ha propuesto «sucesor».

9:26 (c) Anunciados por Dios, ver Dan_8:25+.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 1Ma_1:45

[2] Dan_11:31; Dan_12:11; 1Ma_1:54; Mat_24:15 p

[3] Dan_11:36

NOTAS

9:27 (a) Este pasaje se aclara quizá a la luz de Dan_11:30-32 : la «alianza» designaría aquí la reunión de los impíos en torno al tirano que los ha arrastrado a traicionar la Santa Alianza. Ver 1Ma_1:21, 1Ma_1:43, 1Ma_1:52; 2Ma_4:10 s.

9:27 (b) La abolición del antiguo sacrificio no significa aquí su sustitución por el sacrificio de la nueva alianza; los pasajes paralelos muestran que es obra de los impíos.

9:27 (c) «del Templo» añadido por sentido.

9:27 (d) Lit. «la abominación horrible» o «desoladora». Esta expresión (siqqûsîm mesomem), debe evocar por una parte los antiguos baales, objeto de la idolatría en otro tiempo reprochada a Israel por sus profetas (siqqûs es un equivalente despectivo de Baal y somem es un juego de palabras con el título de esos baales fenicios «reyes de los cielos», baal samem); y, por otra, al Zeus Olímpico, a quien se consagró el Templo de Jerusalén, ver 2Ma_6:2.