Jeremías  5 Biblia Jerusalén (1998) | 31 versitos |
1 Recorred las calles de Jerusalén, mirad bien y enteraos; buscad por sus plazas, a ver si topáis con alguno que practique la justicia, que busque la verdad, y yo la perdonaría.
2 Pues, si bien dicen: "¡Por vida de Yahvé!", también juran en falso.
3 ¡Oh Yahvé! tus ojos, ¿no son para la verdad? Les heriste, mas no acusaron el golpe; acabaste con ellos, pero no escarmentaron. Endurecieron sus caras más que peñascos, rehusaron convertirse.
4 Yo decía: "Naturalmente, el vulgo es necio, pues ignora el camino de Yahvé, el derecho de su Dios.
5 Voy a acudir a los grandes y a hablar con ellos, porque ésos conocen el camino de Yahvé, el derecho de su Dios." Pues bien, todos a una habían quebrado el yugo y arrancado las coyundas.
6 Por eso los herirá el león de la selva, el lobo de los desiertos los destrozará, el leopardo acechará sus ciudades: todo el que saliere de ellas será despedazado. Porque son muchas sus rebeldías, y sus apostasías son grandes.
7 ¿Cómo te voy a perdonar por ello? Tus hijos me dejaron y juraron por el no - dios. Yo los harté, y ellos se hicieron adúlteros, y el lupanar frecuentaron.
8 Son caballos lustrosos y vagabundos: cada cual relincha por la mujer de su prójimo.
9 ¿Y de esto no pediré cuentas? - oráculo de Yahvé -, ¿de una nación así no me voy a vengar?
10 Escalad sus murallas, destruid, mas no acabéis con ella. Podad sus sarmientos, porque no son de Yahvé.
11 Porque bien me engañaron, la casa de Judá y la casa de Israel - oráculo de Yahvé -.
12 Renegaron de Yahvé diciendo: "¡Él no cuenta!, ¡no nos sobrevendrá daño alguno, ni espada ni hambre veremos!
13 Cuanto a los profetas, el viento se los lleve, pues carecen de Palabra." [14a] Por tanto, así dice Yahvé, el Dios Sebaot: [13b] - Así les será hecho.
14 Por haber hablado ellos tal palabra, voy ahora a poner las mías en tu boca como fuego, y a este pueblo como leños, y los consumirá.
15 Voy a traer contra vosotros una nación de muy lejos, ¡oh casa de Israel! - oráculo de Yahvé -; una nación que no mengua, nación antiquísima aquélla, nación cuya lengua ignoras y no entiendes lo que habla;
16 cuyo carcaj es como tumba abierta: todos son valientes.
17 Comerá tu mies y tu pan, comerá a tus hijos e hijas, comerá tus ovejas y vacas, comerá tus viñas e higueras; con la espada destruirá tus plazas fuertes en que confías.
18 Por lo demás, en los días aquellos - oráculo de Yahvé - todavía no acabaré con vosotros.
19 Y cuando dijereis: "¿Por qué nos hace Yahvé nuestro Dios todo esto?", les dirás: "Lo mismo que me dejasteis a mí y servisteis a dioses extraños en vuestra tierra, así serviréis a extraños en una tierra no vuestra."
20 Anunciad esto a la casa de Jacob y hacedlo oír en Judá:
21 - Ea, oíd esto, pueblo necio y sin seso - tienen ojos y no ven, orejas y no oyen -:
22 ¿A mí no me temeréis? - oráculo de Yahvé -, ¿delante de mí no temblaréis, que puse la playa por término al mar, frontera que jamás traspasará? Se agitará, mas no lo logrará; mugirán sus olas, pero no pasarán.
23 Pero este pueblo tiene un corazón traidor y rebelde: traicionaron llegando hasta el fin.
24 Y no se les ocurrió decir: "Ea, temamos a Yahvé nuestro Dios, que da la lluvia temprana y la tardía a su tiempo; el que nos asegura las semanas que gobiernan la mies."
25 Todo esto lo trastornaron vuestras culpas y vuestros pecados os privaron del bien.
26 Porque hay en mi pueblo malhechores: preparan la red, como paranceros montan celada: ¿y qué atrapan? ¡hombres!
27 Como jaula llena de aves, así están sus casas llenas de fraudes. Así se engrandecieron y enriquecieron,
28 engordaron, se alustraron, a favor de delinquir. La causa del huérfano no juzgaban y el derecho de los pobres no sentenciaban.
29 ¿Y de esto no pediré cuentas? - oráculo de Yahvé -, ¿de una nación así no voy a vengarme?
30 Algo pasmoso y horrendo se ha dado en la tierra:
31 los profetas profetizando infundios, mientras los sacerdotes aplaudían. Pero mi pueblo lo prefiere así. ¿A dónde vais a parar?

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Introducción a Jeremías 

Jeremías.
Poco más de un siglo después de Isaías, hacia el 650 a. C., nacía Jeremías de una familia sacerdotal residente en los alrededores de Jerusalén. Conocemos su vida y carácter mejor que los de ningún otro profeta por los relatos biográficos en tercera persona de que está sembrado su libro, y cuyo orden cronológico es el siguiente: 19:1-20:6; 26; 36; 45; 28-29; Jer_51:59-64; Jer_34:8-22; 37-44. Las «Confesiones de Jeremías»: 11:18-12:6; Jer_15:10-21; Jer_17:4-18; Jer_18:18-23; Jer_20:7-18, proceden del profeta mismo. No constituyen una autobiografía, pero sí son un testimonio emocionante de las crisis interiores que atravesó y que se describen en el estilo de los Salmos de súplica. Llamado por Dios muy joven aún, el 626, el año trece de Josías, Jer_1:2, le tocó vivir el trágico período en que se preparó y consumó la ruina del reino de Judá. La reforma religiosa y la restauración nacional de Josías despertaron esperanzas que fueron destruidas por la muerte del rey en Meguidó el 609 y por el cambio del mundo oriental, la caída de Nínive el 612 y la expansión del imperio caldeo. Desde el 605, Nabucodonosor impuso su dominio en Palestina, Judá se rebeló por instigación de Egipto, que intrigaría hasta el fin y, el 597, Nabucodonosor conquistó Jerusalén y deportó a una parte de sus habitantes. Una nueva rebelión hizo volver a los ejércitos caldeos, el 587 fue tomada Jerusalén, incendiado el templo, y tuvo lugar la segunda deportación. Jeremías vivió esta dramática historia predicando y amenazando en vano a los reyes incapaces que se sucedían en el trono de David; fue acusado de derrotismo por los militares, perseguido y encarcelado. Después de la toma de Jerusalén, y aun cuando veía en los desterrados la esperanza del porvenir, Jeremías prefirió permanecer en Palestina junto a Godolías, el gobernador nombrado por los caldeos. Pero éste fue asesinado, y un grupo de judíos, temeroso de las represalias, huyó a Egipto llevándose consigo al profeta. Probablemente murió allí.

El drama de esta vida no estriba sólo en los acontecimientos en que Jeremías se vio envuelto, sino también en el mismo profeta. Era de alma tierna, hecha para amar, y fue enviado para «extirpar y destruir, reconstruir y plantar» Jer_1:10; le tocó sobre todo predecir desgracias, Jer_20:8. Tenía ansias de paz y hubo de estar siempre en lucha: contra los suyos, contra los reyes, los sacerdotes, los falsos profetas, contra todo el pueblo, «varón discutido y debatido por todo el país», Jer_15:10. Se vio desgarrado por una misión a la que no podía sustraerse, Jer_20:9. Sus diálogos interiores con Yahvé están sembrados de gritos de dolor: «¿Por qué ha resultado mi penar perpetuo?», Jer_15:18, y aquel pasaje patético que se anticipa a Job: «Maldito el día en que nací...», Jer_20:14, etc.

Pero este sufrimiento acrisoló su alma y la abrió al trato con Dios. Lo que nos hace a Jeremías tan querido y tan nuestro es la religión interior y cordial que él mismo practicó antes de formularla en el anuncio de la Nueva Alianza, Jer_31:31-34. Esta religión personal le llevó a profundizar en la enseñanza tradicional: Dios sondea los entresijos y los corazones, Jer_11:20, retribuye a cada uno según sus obras, Jer_31:29-30; la amistad con Dios, Jer_2:2, se rompe con el pecado, que sale del corazón malvado, Jer_4:4; Jer_17:9; Jer_18:12. Este aspecto afectivo le emparenta con Oseas, cuyo influjo experimentó; esta interiorización de la Ley, esta función del corazón en las relaciones con Dios, esta preocupación por la persona individual le aproximan al Deuteronomio. Jeremías vio ciertamente de manera favorable la reforma de Josías, inspirada en este libro, pero recibió una cruel desilusión por su ineficacia para cambiar la vida moral y religiosa del pueblo.

La misión de Jeremías fracasó en vida suya, pero su figura no dejó de agrandarse después de su muerte. Por su doctrina de una Alianza nueva, fundada en la religión del corazón, fue el padre del Judaísmo en su línea más pura, y su influjo se nota en Ezequiel, en la segunda parte de Isaías y en varios salmos. La época macabeica le cuenta entre los protectores del pueblo, 2Ma_2:1-8; 2Ma_15:12-16. Al sacar a primer plano los valores espirituales, al poner de manifiesto las íntimas relaciones que el alma ha de mantener con Dios, preparó la Nueva Alianza cristiana, y su vida de abnegación y sufrimientos en servicio de Dios, que bien pudo prestar algunos rasgos para la imagen del Siervo en Is 53, convierte a Jeremías en figura de Cristo.

Esta influencia duradera supone que las enseñanzas de Jeremías se leyeron, meditaron y comentaron con frecuencia. Esta labor de toda una descendencia espiritual se refleja en la composición de su libro, que no se presenta, ni mucho menos, como obra escrita de una vez. Además de los oráculos poéticos y de los relatos biográficos, contiene discursos en prosa en un estilo afín al del Deuteronomio. Su autenticidad ha sido impugnada y han sido atribuidos a redactores «deuteronomistas» posteriores al Destierro. En realidad, su estilo es el de la prosa judía del siglo VII y comienzos del VI a. C., su teología es la de la corriente religiosa a la que pertenecen tanto Jeremías como el Deuteronomio. Son el eco auténtico de la predicación de Jeremías, recogida por sus oyentes. Toda esta tradición jeremiana no se ha transmitido en una forma única. La versión griega ofrece una recensión notablemente más corta (un octavo) que el texto masorético y a menudo diferente en detalles; los descubrimientos de Qumrán prueban que las dos recensiones existían en hebreo. Además, el griego coloca los oráculos contra las naciones después de Jer_25:13, y en orden distinto al hebreo, que los relega al final del libro, 46-51. Estas profecías quizá formaran primeramente una colección particular y no todas procedan de Jeremías: al menos, los oráculos contra Moab y Edom han sido fuertemente rehechos y el largo oráculo contra Babilonia, 50-51, data del final del Destierro. El cap. 52 se nos presenta como un apéndice histórico, paralelo de 2Re_24:18-25:30. Otros complementos de menor extensión fueron insertados a lo largo del libro y atestiguan el uso que de él hacían y la estima en que lo tenían los cautivos de Babilonia y la comunidad renaciente después del Destierro. Hay también abundancia de duplicados que suponen una labor redaccional. Finalmente las indicaciones cronológicas, que son numerosas, no se suceden con orden. El desorden actual del libro es resultado de un largo trabajo de composición, cuyas etapas es harto difícil reconstruir una por una.

No obstante, el cap. 36 nos da valiosas indicaciones: el 605, Jeremías dicta a Baruc los oráculos que había pronunciado desde el comienzo de su ministerio, Jer_36:2, es decir, desde el 626. Este rollo, quemado por Joaquín, volvió a ser escrito y fue además completado, Jer_36:32. Acerca del contenido de esta colección tan sólo caben hipótesis. Parece que le servía de introducción Jer_25:1-12 y agrupaba las piezas anteriores al 605, que se hallaban en los caps. 1-18, pero también contenía, según Jer_36:2, oráculos antiguos contra las naciones a las que se refiere Jer_25:13-38. Se incluyó allí el apartado de las «Confesiones», cuyo detalle se ha expuesto anteriormente. También se añadieron dos opúsculos sobre los reyes, 21:11-23:8, y sobre los profetas, Jer_23:9-40, que pudieron existir anteriormente por separado.

Así se distinguen ya dos partes en el libro: una contiene amenazas contra Judá y Jerusalén, 1:1-25:13; la otra, profecías contra las naciones, Jer_25:13-38 y 46-51. Una tercera parte está constituida por 26-35, donde se han reunido en un orden arbitrario trozos que ofrecen un tono más optimista. Casi todas estas piezas están en prosa y en gran parte proceden de una biografía de Jeremías, que se atribuye a Baruc. Grupo aparte forman los caps. 30-31, que son un opúsculo poético de consolación. La cuarta parte, 36-44, en prosa, prosigue la biografía de Jeremías y relata sus sufrimientos durante y después del sitio de Jerusalén, y concluye con Jer_45:1-5, que viene a ser como la firma de Baruc.

Fuente: Nueva Biblia de Jerusalén (1998) - referencias, notas e introducciones a los libros

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Notas


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Miq_7:2; Sal_14:1-3

[2] Gén_18:16-33; Eze_14:2+

NOTAS

5 Al agravio esencial que es la contaminación idolátrica del culto de Yahvé, Jeremías añade el ateísmo práctico y la indocilidad (Jer_5:3, Jer_5:12-13), la lujuria (Jer_5:7-8), la opresión social (Jer_5:26-29). Denuncia la responsabilidad de las clases dirigentes (Jer_5:4-5), de los sacerdotes y de los profetas (Jer_5:31).

5:1 Griego añade: «dice Yahvé»; omitido por hebr.



REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Amó_4:6+

[2] Apo_16:9; Apo_16:11


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jer_2:20; Mat_11:28-30


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Deu_32:15


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] = Jer_5:29; Jer_9:8 [Jer_9:9]


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jer_2:21+


NOTAS

5:11 El nombre de «casa de Israel» quizá designa aquí al reino del Sur, ver el cap. 2, y «casa de Judá» podría ser glosa. Este término ha tenido varios sentidos: primero designó a las doce tribus del pueblo de la Alianza, Jos 24; luego, tomando sentido profano, sirvió para designar al reino del Norte, 2Sa_5:5. Sin embargo, no se olvidó su valor religioso, e Isaías habla de las «dos casas de Israel», Jer_8:14, y después de la caída del reino de Samaría (721) se aplicó este nombre al reino del Sur, ver Isa_5:7; Miq_2:1; Eze_4:3; Eze_5:4.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Sal_14:1; Sof_1:12

[2] Isa_28:15; Amó_9:10

NOTAS

5:12 Lit. «no él». Se atribuye al impío una expresión atea, en este juego de palabras, que contrapone Lo'-hu (no Él) a YHWH, pronunciado Yahu, el nombre de Yahvé, «El que es».

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jer_23:29; Ose_6:5


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Deu_28:49-52

[2] Isa_28:11


NOTAS

5:17 El oráculo proseguirá en Jer_5:26.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Isa_4:3+


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Deu_29:23-24 [Deu_29:24-25]; Jer_16:10 s; Jer_22:8 s

[2] Deu_28:47-48


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jer_8:18-23; Jer 14


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Deu_29:3 [Deu_29:4]; Isa_6:10; Eze_12:2; Mat_13:13+

NOTAS

5:21 Lit. «sin corazón», ver Ose_7:11; Gén_8:21+.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Job_38:8-11; Sal_104:9


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jer_3:3; Deu_11:14

[2] 1Sa_12:17+


NOTAS

5:26 En plural conforme al contexto; el hebr. en singular. -«como paranceros montan celada» trad. dudosa; el verbo normalmente significa «humillarse», de donde quizá también «bajarse, agacharse» (para la espera).

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] = Jer_5:9


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jer_14:14

[2] Isa_10:3

NOTAS

5:31 Dudoso. Lit. «recogen (?) en sus manos», con el verbo radah II empleado en Jue_14:9; mejor que «gobiernan» (radah I) para sus manos, es decir, en provecho propio.