II Reyes  7 Biblia Jerusalén (1998) | 20 versitos |
1 Eliseo repuso: "Escucha la palabra de Yahvé: Así dice Yahvé: Mañana a estas horas, en la puerta de Samaría, la arroba de flor de harina se venderá a un siclo y las dos arrobas de cebada a un siclo."
2 El ayudante en cuyo brazo se apoyaba el rey, respondió al hombre de Dios y le dijo: "Incluso si Yahvé abriera ventanas en el cielo, ¿podría ocurrir tal cosa?" Respondió: "Lo verás con tus ojos, pero de ello no has de comer."
3 Había cuatro hombres, leprosos, a la entrada de la puerta, y se decían: "¿Qué estamos haciendo aquí sentados hasta morir?
4 Si decidimos entrar en la ciudad, con el hambre que hay en ella, moriremos allí, y si quedamos aquí, moriremos lo mismo. ¡Ea!, pasémonos al campamento de Aram; si nos dejan vivir, viviremos, y si nos matan, moriremos."
5 Al oscurecer se pusieron en camino hacia el campamento arameo. Cuando llegaron al límite del campamento arameo, allí no había nadie.
6 Yahvé había hecho oír en el campamento arameo estrépito de carros y caballos, el estrépito de un gran ejército, y se dijeron unos a otros: "El rey de Israel ha pagado a los reyes de los hititas y a los reyes de Egipto para que vengan contra nosotros."
7 Al anochecer emprendieron la huida, abandonando sus tiendas, caballos y asnos, el campamento tal como estaba, y así huyeron para salvar sus vidas.
8 Cuando aquellos leprosos llegaron al límite del campamento, entraron en una tienda, comieron y bebieron; luego se llevaron de allí plata, oro y vestidos, y fueron a esconderlo. Regresaron y entraron en otra tienda, se llevaron lo que allí había y lo escondieron.
9 Entonces se dijeron unos a otros: "No está bien lo que hacemos. Hoy es un día de alegría y nosotros estamos callados. Si esperamos hasta la luz de la mañana, se nos tratará como culpables. ¡Andando!, vayamos a informar al palacio real."
10 Llegaron y llamaron a los guardias de la puerta de la ciudad e informaron diciendo: "Hemos ido al campamento arameo, y allí no hay nadie, ni una voz humana, sólo los caballos atados, los asnos atados y las tiendas tal como estaban."
11 Los centinelas llamaron y pasaron noticia al interior del palacio real.
12 El rey se levantó de noche y dijo a sus oficiales: "Os diré lo que nos han hecho los arameos. Como saben que nos estamos muriendo de hambre, han dejado el campamento y se han escondido en descampado, pensando: "Seguro que saldrán de la ciudad. Los prenderemos vivos y entraremos en la ciudad"."
13 Uno de los oficiales respondió: "Que tomen cinco caballos de los que quedan en ella y los enviaremos para reconocimiento, pues, al fin y al cabo, les va a pasar lo que a toda la muchedumbre de Israel que había quedado y ha perecido."
14 Tomaron dos tiros de caballos y el rey los envió en pos del ejército arameo, diciendo: "Id y ved."
15 Los siguieron hasta el Jordán: todo el camino estaba lleno de vestidos y objetos que los arameos habían arrojado en sus prisas. Los mensajeros regresaron y dieron cuenta al rey.
16 Entonces el pueblo salió y saqueó el campamento arameo. La arroba de flor de harina se vendía a un siclo y dos arrobas de cebada se vendían a un siclo, conforme a la palabra de Yahvé.
17 El rey había puesto de vigilante a la puerta al ayudante en cuyo brazo se apoyaba, pero el pueblo lo pisoteó en la puerta y murió, conforme a la palabra del hombre de Dios pronunciada cuando el rey había bajado donde él.
18 Sucedió todo conforme a la palabra del hombre de Dios al rey: "Mañana a estas horas en la puerta de Samaría, dos arrobas de cebada se venderán a siclo y la arroba de flor de harina a un siclo."
19 El ayudante respondió al hombre de Dios: "Aun si Yahvé abriera ventanas en el cielo, ¿podría ocurrir tal cosa?" Respondió: "Lo verás con tus ojos, pero de aquello no has de comer."
20 Y así sucedió. El pueblo lo pisoteó en la puerta y murió.

Patrocinio

 
 

Introducción a II Reyes 

Los libros de los Reyes, como los de Samuel, constituían una sola obra en la Biblia hebrea. Corresponden a los dos últimos libros de los Reinos en la traducción griega, y de los Reyes en la Vulgata.

Son la continuación de los libros de Samuel, y 1 R 1-2 contiene la parte final del gran documento de 2 S 9-20. La larga narración del reinado de Salomón, 1 R 3-11, detalla la excelencia de su sabiduría, el esplendor de sus construcciones, sobre todo del Templo de Jerusalén, y la abundancia de sus riquezas. Es ciertamente una época gloriosa, pero el espíritu conquistador del reino de David ha desaparecido: se conserva, se organiza y, sobre todo, se saca partido de los triunfos de David. Se mantiene la oposición entre las dos fracciones del pueblo, y a la muerte de Salomón, en 931, el reino se divide: las diez tribus del Norte llevan a cabo una secesión agravada por un cisma religioso, 1 R 12-13. La historia paralela de los dos reinos de Israel y Judá se desarrolla de 1 R 14 a 2 R 17: con frecuencia es la historia de las luchas entre estos reinos hermanos, es también la de los asaltos del exterior por parte de Egipto contra Judá y de los arameos por el Norte. El peligro arrecia cuando los ejércitos asirios intervienen en la región, primero en el siglo IX, con más fuerza en el siglo VIII, cuando Samaría cae bajo sus golpes el 721, mientras que Judá se ha declarado ya vasallo. La historia, limitada ya a Judá, prosigue hasta la ruina de Jerusalén el 587 en 2 R 18-25 21. La narración se alarga al tratar de dos reinados, el de Ezequías, 2 R 18-20, y el de Josías, 2 R 22-23, marcados por un despertar nacional y una reforma religiosa. Los grandes acontecimientos políticos son entonces la invasión de Senaquerib bajo Ezequías el 701, en respuesta a la denegación del tributo asirio y, bajo Josías, la ruina de Asiria y la formación del imperio caldeo. Judá hubo de someterse a los nuevos amos de Oriente, pero pronto se rebeló. El castigo no se hizo esperar: el 597, los ejércitos de Nabucodonosor conquistaron Jerusalén y llevaron cautivos a una parte de sus habitantes; diez años después un amago de independencia provocó una segunda intervención de Nabucodonosor, que terminó el 587 con la ruina de Jerusalén y una segunda deportación. Reyes concluye con dos breves apéndices, 2Re_25:22-30.

La obra cita nominalmente tres de sus fuentes, una Historia de Salomón, los Anales de los reyes de Israel y los Anales de los reyes de Judá, pero también existieron otras: además de la parte final del gran documento davídico, 1 R 1-2, una descripción del Templo, de origen sacerdotal, 1 R 6-7, y, sobre todo, una historia de Elías compuesta hacia fines del siglo IX y una historia de Eliseo un poco posterior; estas dos historias forman la base de los ciclos de Elías, 1 R 17 - 2 R 1, y de Eliseo, 2 R 2-13. Los relatos del reinado de Ezequías que presentan en escena a Isaías, 2Re_18:17-20:19, provienen de los discípulos de este profeta.

Cuando la utilización de las fuentes no lo impide, los sucesos quedan encerrados en un marco uniforme: se trata cada reinado como una unidad independiente y completa, su comienzo y su fin se señalan casi con las mismas fórmulas, en las que jamás falta un juicio sobre la conducta religiosa del rey. Se condena a todos los reyes de Israel a causa del pecado original de este reino, la fundación del santuario de Betel; entre los reyes de Judá, ocho solamente son alabados por su fidelidad general a las prescripciones de Yahvé. Pero esta alabanza queda restringida seis veces por la observación de que los altos no desaparecieron; únicamente Ezequías y Josías reciben una aprobación sin reservas.

Estos juicios se inspiran evidentemente en la ley del Deuteronomio sobre la unidad del santuario. Más aún: el descubrimiento del Deuteronomio bajo Josías y la reforma religiosa que inspiró señalan el punto culminante de toda esta historia, y toda la obra es una demostración de la tesis fundamental del Deuteronomio, repetida en 1 R 8 y 2 R 17: si el pueblo observa la alianza concluida con Dios, será bendecido; si la rompe, será castigado. Este influjo deuteronomista se encuentra también en el estilo, siempre que el redactor desarrolla o comenta sus fuentes.

Es probable que una primera redacción deuteronomista fuera hecha antes del Destierro, antes de la muerte de Josías en Meguidó el 609, y la alabanza otorgada a este rey, 2Re_23:25 (menos las últimas palabras) sería la conclusión de la obra primitiva. Una segunda edición, asimismo deuteronomista, se hizo durante el Destierro: después del 562, si se le atribuye el final del libro, 2Re_25:22-30, o algo antes si ponemos su punto final después del relato de la segunda deportación, 2Re_25:21, que tiene trazas de ser una conclusión. Hubo, finalmente, algunas adiciones, durante y después del Destierro.

Los libros de los Reyes se han de leer con el espíritu con que fueron escritos, como una historia de salvación: la ingratitud del pueblo elegido, la ruina sucesiva de las dos fracciones de la nación parecen llevar al fracaso el plan de Dios; pero siempre queda, para defender el futuro, un grupo de fieles que no han doblado las rodillas ante Baal, un resto de Sión que guarda la Alianza. La firmeza de las disposiciones divinas se manifiesta en la admirable subsistencia del linaje davídico, depositario de las promesas mesiánicas, y el libro, en su forma definitiva, se cierra con la gracia concedida a Jeconías, como aurora de una redención.

Fuente: Nueva Biblia de Jerusalén (1998) - referencias, notas e introducciones a los libros

Patrocinio

Notas


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Gén_7:11; Gén_8:2; Isa_24:18; Mal_3:10; 2Re_7:17



REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 2Re_19:35-36

[2] Lev_13:46


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 2Re_6:17

NOTAS

7:6 Los príncipes de Siria del norte. No hay razón para corregir misrayim (Egipto) en musri, un país enigmático de Asia Menor.

NOTAS

7:13 Bien pueden ser sacrificados para este reconocimiento esos caballos, que de otro modo morirán de hambre. -El texto es confuso: el hebr. dice «a su llegada como a todo Israel»; luego vuelve a repetir la frase.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 2Re_7:2


NOTAS

7:20 Los vv. 2Re_7:17-20 son probablemente una adición que repite 2Re_7:1-2 y 2Re_7:17 a.