Eclesiastés 1 Biblia Jerusalén (1998) | 18 versitos |
1 Palabras de Cohélet, hijo de David, rey de Jerusalén.
2 ¡Vanidad de vanidades! - dice Cohélet -, ¡vanidad de vanidades, todo es vanidad!
3 ¿Qué saca el hombre de toda la fatiga con que se afana bajo el sol?
4 Una generación va, otra generación viene; pero la tierra permanece donde está.
5 Sale el sol, se pone el sol; corre hacia su lugar y de allí vuelve a salir.
6 Sopla hacia el sur el viento y gira al norte; gira que te gira el viento, y vuelve el viento a girar.
7 Todos los ríos van al mar y el mar nunca se llena; al lugar donde los ríos van, allá vuelven a fluir.
8 Todas las cosas cansan. Nadie puede decir que no se cansa el ojo de ver ni el oído de oír.
9 Lo que fue, eso será; lo que se hizo, eso se hará. Nada nuevo hay bajo el sol.
10 Si de algo se dice: "Mira, eso sí que es nuevo", aun eso ya sucedía en los siglos que nos precedieron.
11 No hay recuerdo de los antiguos, como tampoco de los venideros quedará memoria entre los que después vendrán.
12 Yo, Cohélet, he sido rey de Israel en Jerusalén.
13 Me he aplicado con interés a investigar y explorar con sabiduría cuanto acaece bajo el cielo. ¡Mal oficio éste que Dios encomendó a los humanos para que en él se ocuparan!
14 He observado cuanto sucede bajo el sol y he visto que todo es vanidad y atrapar vientos.
15 Lo torcido no puede enderezarse, lo que falta no se puede contar.
16 Me dije para mis adentros: Tengo una sabiduría grande y extensa, mayor que la de todos mis predecesores en Jerusalén; con mi reflexión he adquirido enorme sabiduría y ciencia.
17 He reflexionado para conocer la sabiduría y el saber, la locura y la necedad, y he comprendido que aun esto mismo es atrapar vientos,
18 pues: Donde abunda sabiduría, abundan penas, quien acumula ciencia, acumula dolor.

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Introducción a Eclesiastés

ECLESIASTÉS

Introducción
Este pequeño libro se titula «Palabras de Cohélet, hijo de David, rey en Jerusalén». La palabra «Cohélet» (o «Qohélet»), ver Ecl_1:2 y 12; Ecl_7:27; Ecl_12:8-10, no es nombre propio, sino un nombre común empleado a veces con artículo, y aunque su forma es femenina, se construye como masculino. Según la explicación más probable, es un nombre de función y designa al que habla en la asamblea (qahal, en griego ekklesía; de ahí los títulos latino y español, tomados de la Biblia griega), en una palabra, el «Predicador». Se le llama «hijo de David y rey en Jerusalén» ver Ecl_1:12, y aunque no aparezca escrito el nombre, ciertamente se le identifica con Salomón, a quien claramente alude el texto, Ecl_1:16 (ver 1Re_3:12; 1Re_5:10-11 [1Re_4:30-31]; 1Re_10:7) ó Ecl_2:7-9 (ver 1Re_3:13; 1Re_10:23). Pero esta atribución es mera ficción literaria del autor, que pone sus reflexiones bajo el patrocinio del más ilustre de los Sabios de Israel. El lenguaje del libro y su doctrina, de la que seguidamente hablaremos, impiden situarlo antes del Destierro. Se ha impugnado a menudo la unidad de autor, y se han distinguido dos, tres, cuatro y hasta ocho manos diferentes. Pero se va renunciando cada vez más a una partición que parece desconocer el género y el pensamiento del libro, y a la que se oponen la unidad de estilo y de vocabulario, aunque sí ha sido publicado por un discípulo que añadió los últimos versículos, Ecl_12:9-14.

Como en otros libros sapienciales, por ejemplo Job y Eclesiástico, por no decir nada de Proverbios (una obra miscelánea), el pensamiento fluctúa, se rectifica y se corrige. No hay un plan definido, sino que se trata de variaciones sobre un tema único, la vanidad de las cosas humanas, que se afirma al comienzo y al final del libro Ecl_1:2 y Ecl_12:8. Todo es falaz: la ciencia, la riqueza, el amor y hasta la misma vida. Ésta no constituye más que una serie de actos incoherentes y sin importancia, Ecl_3:1-11, que concluyen con la vejez, Ecl_12:1-7, y con la muerte. Ésta afecta igualmente a sabios y a necios, ricos y pobres, animales y hombres, Ecl_3:14-20. El problema de Cohélet coincide parcialmente con el de Job: ¿tienen aquí abajo su sanción el bien y el mal? Y la respuesta de Cohélet, como la de Job, es negativa, porque la experiencia contradice a las soluciones admitidas, 7:25-8:14. Sólo que Cohélet es hombre de buena salud y no busca como Job la razón del sufrimiento; comprueba la vacuidad del bienestar y se consuela recogiendo los modestos goces que puede ofrecer la existencia, Ecl_3:12-13; Ecl_8:15; Ecl_9:7-9. Digamos más bien que trata de consolarse, porque se encuentra totalmente insatisfecho. El misterio del más allá le atormenta, sin que vislumbre una solución, Ecl_3:21; Ecl_9:10; Ecl_12:7. Pero Cohélet es un creyente, y si bien queda desconcertado ante el giro que Dios da a los asuntos humanos, afirma que Dios no tiene por qué rendir cuentas, Ecl_3:11, Ecl_3:14; Ecl_7:13, que se han de aceptar de su mano tanto las pruebas como las alegrías, Ecl_7:14, que se han de guardar los mandamientos y temer a Dios, Ecl_5:6 [Ecl_5:7]; Ecl_8:12-13.

Es evidente que esta doctrina está lejos de ser coherente. Pero ¿no será mejor atribuir las incoherencias a un pensamiento inseguro de sí mismo, porque aborda un misterio estremecedor sin contar con los elementos de solución, antes que dividir el texto entre varios autores que se corrigen y contradicen mutuamente? A Cohélet, como a Job, solamente puede dársele la respuesta con la afirmación de una sanción de ultratumba.

El libro tiene las características de una obra de transición. Las seguridades tradicionales se debilitan, pero nada firme las sustituye aún. En esta encrucijada del pensamiento hebreo se ha tratado de encontrar influencias extranjeras, que habrían actuado sobre Cohélet. Hay que descartar las comparaciones a menudo propuestas con las corrientes filosóficas del estoicismo, del epicureísmo y del cinismo, que Cohélet pudo conocer por medio del Egipto helenizado; ninguna de estas comparaciones es decisiva y la mentalidad del autor se halla muy alejada de la de los filósofos griegos. Se han fijado paralelos, más aceptables en apariencia, con composiciones egipcias como el Diálogo del Desesperado con su alma o los Cantos del Arpista, y más recientemente con la literatura mesopotámica de sabiduría y con la Epopeya de Guilgamés. Pero no se puede demostrar la influencia directa de ninguna de estas obras. Las coincidencias se dan sobre temas que a veces son muy antiguos y que integraban ya el fondo común de la sabiduría oriental. Y precisamente la reflexión personal de Cohélet ha trabajado sobre esta herencia del pasado, como lo dice su editor, Ecl_12:9.

Cohélet es un judío de Palestina, probablemente de Jerusalén mismo. Emplea un hebreo tardío, de transición, sembrado de aramaísmos, y utiliza dos palabras persas. Esto supone una fecha bastante posterior al Destierro, pero anterior a los comienzos del siglo II a. C., en el que Ben Sirá utilizó ya el librito; de hecho la paleografía sitúa en las proximidades del 150 a. C. fragmentos de Qo encontrados en las cuevas de Qumrán. El siglo III es por lo mismo la fecha de composición más probable. Estamos en el momento en que Palestina, sometida a los Tolomeos, comienza a recibir la corriente humanista y no ha sentido aún la sacudida de fe y esperanza de la época de los Macabeos.

El libro sólo marca un momento en el desarrollo religioso y no se le ha de juzgar separándolo de lo que le ha precedido y de lo que le seguirá. Al subrayar la insuficiencia de las viejas concepciones y forzar a los espíritus a enfrentarse con los enigmas humanos, apela a una revelación más elevada. Da una lección de desprendimiento de los bienes terrenos y, al negar la felicidad de los ricos, prepara al mundo para oír que son «bienaventurados los pobres», Luc_6:20.

Fuente: Nueva Biblia de Jerusalén (1998) - referencias, notas e introducciones a los libros

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Notas


NOTAS

1:1 (a) «Cohélet», o «El Eclesiastés»: el hombre de la asamblea (hebreo qahal, griego ekklêsia). Es decir, el Maestro o el Predicador; o bien, por el contrario, el representante de la asamblea, el Público personificado, y que, cansado de la enseñanza clásica, va a tomar a su vez la palabra.

1:1 (b) Ficción literaria que identifica al autor con Salomón, el sabio por excelencia, 1Re_5:9-14 [1Re_4:29-34].



REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Sal_62:10 [Sal_62:9]; Rom_8:20

NOTAS

1:2 (a) El determinismo del cosmos, marco monótono de la vida humana, provoca hastío en el Eclesiastés, al contrario de la admiración y adoración que expresan Jb 38-40 o el Sal 104.

1:2 (b) El término, cuya traducción tradicional «vanidad» en general conservamos, significa en primer lugar «vaho», «aliento», y forma parte del repertorio de imágenes (el agua, la sombra, el humo, etc.) que en la poesía hebrea describen la fragilidad humana. Pero la palabra ha perdido su sentido concreto y para Qo únicamente evoca lo ilusorio de las cosas y, en consecuencia, la decepción que éstas le reservan al hombre.

NOTAS

1:3 En hebreo `amal, que las más de las veces evoca un trabajo fatigoso como el del esclavo (ver Deu_26:7); de ahí la fatiga, el sufrimiento. Esta palabra es muy frecuente en Qo: en forma de sustantivo aparece veinte veces, en su forma verbal, trece veces.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Sir_14:18


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Sir_40:11


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Pro_27:20

NOTAS

1:8 También puede entenderse: «todas las cosas dan fastidio (mayor de lo que) pueda decirse». Con lo que varía el sentido de lo que sigue: «No se cansa el ojo de ver, ni el oído de oír».

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Ecl_2:12; Ecl_3:15


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Ecl_2:16


NOTAS

1:12 El mismo Salomón, en su fastuosa vida, 1Re_10:4 s, y a pesar de su sabiduría, 1Re_5:9 s [1Re_4:29], no conoció la felicidad.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Gén_3:17-19; Ecl_3:10

NOTAS

1:13 «oficio» o «tarea», en hebreo `inyân; esta palabra sólo aparece en este libro, donde generalmente hace relación a su sentido peyorativo: se trata del trabajo, del oficio considerado como fuente de fatigas o de preocupaciones.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Ose_12:2 [Ose_12:1]

NOTAS

1:14 Es decir, esfuerzo inútil, ilusión, tiempo perdido.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 1Re_3:12; 1Re_5:9-10 [1Re_4:29-30]; 1Re_10:1-13; Sir_47:14-18


NOTAS

1:17 «la locura» mss, ver Ecl_10:13; «locuras» hebr.