Judith 5 Biblia Jerusalén (1998) | 24 versitos |
1 Se dio aviso a Holofernes, jefe supremo del ejército asirio, de que los israelitas se habían preparado para la guerra, que habían cerrado los pasos de las montañas, fortificado todas las alturas de los montes elevados y puesto trampas en las llanuras.
2 La noticia le irritó sobremanera. Mandó llamar a todos los jefes de Moab, a los generales de Amón y a todos los sátrapas del litoral;
3 les dijo: "Cananeos, hacedme saber quién es este pueblo instalado en la montaña, qué ciudades habita, cuál es la importancia de su ejército y en qué estriba su poder y su fuerza; qué rey está a su frente y manda a sus soldados;
4 y por qué, a diferencia de todos los demás pueblos de occidente, han desdeñado salir a recibirme."
5 Entonces Ajior, general de todos los amonitas, le dijo: "Escuche mi señor las palabras de tu siervo y te diré la verdad sobre este pueblo que habita esta montaña junto a la que te encuentras. No saldrá mentira de la boca de tu siervo.
6 Este pueblo desciende de los caldeos.
7 Al principio se fueron a residir a Mesopotamia, porque no quisieron seguir a los dioses de sus padres, que vivían en Caldea.
8 Se apartaron del camino de sus padres y adoraron al Dios del Cielo, al Dios que habían reconocido. Por eso los arrojaron de la presencia de sus dioses y ellos se refugiaron en Mesopotamia, donde residieron por mucho tiempo.
9 Su Dios les ordenó salir de su casa y marchar a la tierra de Canaán; se establecieron en ella y fueron colmados de oro, de plata y de gran cantidad de ganado.
10 Bajaron después a Egipto, porque el hambre se extendió sobre el territorio de Canaán, y permanecieron allí mientras tuvieron alimentos. Allí se multiplicaron de tal manera que no se podía contar a los de su raza.
11 Pero el rey de Egipto se alzó contra ellos y los engañó con el trabajo de los ladrillos, los humilló y los redujo a esclavitud.
12 Clamaron a su Dios, que castigó a la tierra de Egipto con plagas incurables. Los egipcios, entonces, los arrojaron lejos de sí.
13 Dios secó a su paso el mar Rojo
14 y los condujo por el camino del Sinaí y Cadés Barnea. Arrojaron a todos los moradores del desierto,
15 se establecieron en el país de los amorreos y aniquilaron por la fuerza a todos los jesbonitas. Pasaron el Jordán y se apoderaron de toda la montaña,
16 expulsaron ante ellos al cananeo, al perizita, al jebuseo, a los siquenitas y a todos los guirgasitas, y habitaron allí por mucho tiempo.
17 Mientras no pecaron contra su Dios vivieron en prosperidad, porque está con ellos un Dios que odia la injusticia.
18 Pero cuando se apartaron del camino que les había impuesto, fueron duramente aniquilados por múltiples guerras y deportados a tierra extraña. El templo de su Dios fue arrasado y sus ciudades cayeron en poder de sus adversarios.
19 Pero ahora, convertidos ya a su Dios, han vuelto de los diversos lugares en que habían sido dispersados, han tomado posesión de Jerusalén, donde se encuentra su santuario, y se han establecido en la montaña que había quedado desierta.
20 Así, pues, dueño y señor, si hay algún extravío en este pueblo, si han pecado contra su Dios, y vemos que hay en ellos alguna causa de ruina, subamos y ataquémoslos.
21 Pero si no hay iniquidad en esa gente, que mi señor se detenga, no sea que su Dios y Señor los proteja con su escudo y nos convirtamos en la irrisión de toda la tierra."
22 Cuando acabó Ajior este discurso, se alzó un murmullo entre toda la tropa que estaba en torno de la tienda, y los magnates de Holofernes y los habitantes de la costa y de Moab hablaron de despedazarle.
23 "¡No tememos a los israelitas! No son gente que tenga fuerza ni vigor para un combate duro.
24 ¡Subamos y serán un bocado para todo tu ejército, señor, Holofernes!"

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Introducción a Judith

El libro de Judit es la historia de una victoria del pueblo elegido contra sus enemigos, merced a la intervención de una mujer. La pequeña nación judía se enfrenta con el imponente ejército de Holofernes, que quiere someter el mundo al rey Nabucodonosor y destruir todo culto que no sea el de Nabucodonosor endiosado. Los judíos son sitiados en Betulia. Privados de agua, están a punto de rendirse. Aparece entonces Judit, viuda joven, hermosa, prudente, piadosa y decidida que triunfará sobre la apatía de sus compatriotas y luego sobre el ejército asirio. Echa en cara a los jefes de la ciudad su falta de confianza en Dios. Después ora, se acicala, sale de Betulia y se hace presentar a Holofernes. Echa mano contra él de la seducción y de la astucia y, una vez a solas con aquel militarote ebrio, le corta la cabeza. Los asirios huyen presa del pánico y su campamento es entregado al saqueo. El pueblo ensalza a Judit y se dirige a Jerusalén para una solemne acción de gracias.

Parece como si el autor hubiese multiplicado adrede los dislates de la historia para distraer la atención de cualquier contexto histórico concreto y llevarla por entero al drama religioso y a su desenlace. Es una narración hábilmente compuesta, que guarda estrecho parentesco con los apocalipsis. Holofernes, servidor de Nabucodonosor, es una síntesis de las potencias del mal; Judit, cuyo nombre significa «la Judía», representa la causa de Dios, identificada con la de la nación. Esta causa parece condenada al exterminio, pero Dios cuida de su triunfo por medio de las débiles manos de una mujer, y el pueblo santo sube a Jerusalén. El libro tiene contactos ciertos con Daniel, Ezequiel y Joel: la escena tiene lugar en la llanura de Esdrelón, cerca de la llanura de Harmaguedón, donde San Juan situará la batalla escatológica de Apo_16:16; la victoria de Judit es el premio de su oración, de su observancia escrupulosa de las normas de pureza legal, y, sin embargo, la perspectiva del libro es universalista: la salvación de Jerusalén queda asegurada en Betulia, en aquella Samaría odiosa para los «ortodoxos» del Judaísmo rígido; Ajior es quien da con el sentido religioso del conflicto, y Ajior es un amonita, Jdt_5:5-21, que se convierte al Dios verdadero, Jdt_14:5-10.

El libro fue escrito en Palestina, hacia mediados del siglo II antes de nuestra era, en una atmósfera de fervor nacional y religioso que la sublevación de los Macabeos había creado.

Fuente: Nueva Biblia de Jerusalén (1998) - referencias, notas e introducciones a los libros

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Notas


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Núm_21:21; Deu_2:19+



NOTAS

5:4 Sobre el no-conformismo judío, ver Est_3:8+.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jdt_11:9-19

NOTAS

5:5 El personaje Ajior, el amonita, parece inspirado en la figura de Ajicar, pagano, pero sabio y bueno, Tob_1:21+. El autor pone en sus labios una evocación de la historia del pueblo elegido, concebida como Gesta Dei, tema frecuentemente tratado en el AT, especialmente en Sal 78, 105, 106; ver Ez 16, 20; Sb 10s y, en el NT, Hch 7. Compárese el episodio del adivino pagano Balaán, Nm 22-24. Con ellos se prepara el discurso de Judit, Jdt_11:9-19.

NOTAS

5:8 Expresión persa, ver Esd_5:11 s; Esd_6:9 s y los papiros de Elefantina, pero que en la Biblia se pone a menudo en labios de un no judío para designar al Dios de Israel, ver Dan_2:18+.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Gén 11:31—12:5

[2] Gén_42:1-5; Gén_46:1-7


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Éxo_1:7


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Éxo_1:8-14


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Éxo 7-12


NOTAS

5:13 En ningún texto antiguo se designa así al lugar del milagro que señaló la salida de Egipto; es «el mar de las Cañas» o, más a menudo, «el mar», ver Éxo_13:18+.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Éxo_14:21-22


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Núm_21:21-32

[2] Jos 3


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Deu_7:1+


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Deu 28-30; Isa_59:2; Sal_106:40-46


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 2Re 25


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jdt_11:10


NOTAS

5:24 A la concepción religiosa de la historia propuesta por Ajior, oponen la consideración, totalmente humana, de la fuerza. Todo el libro es una ilustración de la tesis de Ajior, repetida por Judit, Jdt_11:10.