Sabiduría 16 Biblia Jerusalén (1998) | 29 versitos |
1 Por eso, fueron justamente castigados por semejantes seres y atormentados por plagas de bichos.
2 En lugar de este castigo, favoreciste a tu pueblo y, para calmar su hambre, les preparaste como alimento un manjar exquisito: codornices;
3 para que aquéllos, con ganas de comer, perdiesen el natural apetito, asqueados de los bichos que les enviabas; mientras éstos, tras una privación pasajera, saboreaban un manjar exquisito.
4 Pues era preciso que aquéllos opresores sufrieran un hambre irremediable, mientras a éstos bastaba con mostrarles cómo eran atormentados sus enemigos.
5 Incluso cuando les sobrevino la furia terrible de las fieras y perecían mordidos por serpientes sinuosas, tu cólera no duró hasta el final.
6 Como escarmiento, se vieron molestados por poco tiempo, pues tenían un signo de salvación para recordar los mandamientos de tu Ley;
7 y el que lo miraba se curaba, no por lo que contemplaba, sino por ti, salvador de todos.
8 Con esto convenciste a nuestros enemigos de que tú eres quien libra de todo mal:
9 ellos morían por las picaduras de langostas y moscas, sin encontrar remedio para su vida, pues merecían ser castigados por tales bichos.
10 Pero contra tus hijos nada pudieron los dientes de serpientes venenosas, pues tu misericordia acudió a sanarlos.
11 Las mordeduras, pronto curadas, les recordaban tus palabras, para que no cayeran en profundo olvido y se vieran excluidos de tus beneficios.
12 No los curó hierba ni cataplasma, sino tu palabra, Señor, que todo lo sana.
13 Pues tú tienes poder sobre la vida y la muerte, haces bajar a las puertas del abismo y haces subir.
14 El hombre, en cambio, puede matar con su maldad, pero no puede devolver el espíritu que se fue, ni liberar al alma del abismo.
15 Es imposible escapar de tu mano.
16 Los impíos que no querían conocerte fueron castigados con la fuerza de tu brazo; los persiguieron lluvias insólitas, granizadas y aguaceros implacables, y el fuego los devoró.
17 Y lo más sorprendente era que el fuego ardía más en el agua, que todo lo apaga, pues el cosmos es defensor de los justos.
18 Unas veces las llamas amainaban para no abrasar a los animales enviados contra los impíos y para que, al verlos, comprendieran que los impulsaba el juicio de Dios.
19 Otras veces, aun en medio del agua, ardían más intensamente que el fuego para destruir los frutos de una tierra injusta.
20 A tu pueblo, por el contrario, lo alimentaste con manjar de ángeles y les mandaste desde el cielo un pan preparado sin fatiga, que producía gran placer y satisfacía todos los gustos.
21 Este sustento mostraba tu dulzura para con tus hijos, pues se adaptaba al gusto del que lo tomaba y se transformaba en lo que cada uno quería.
22 Nieve y hielo resistían al fuego sin fundirse, para que supieran que el fuego destruía las cosechas de sus enemigos, ardiendo entre el granizo y resplandeciendo entre la lluvia.
23 En cambio, se olvidaba de su propio poder, para que los justos pudieran alimentarse.
24 Porque la creación, sirviéndote a ti, su Creador, se endurece para castigar a los injustos y se modera para favorecer a los que confían en ti.
25 Por eso, también entonces, adoptando todas las formas, servía a tu generosidad que a todos sustenta, conforme al deseo de los necesitados,
26 para que aprendieran tus hijos queridos, Señor, que no es la variedad de frutos lo que alimenta al hombre, sino que es tu palabra la que mantiene a los que creen en ti.
27 Porque lo que el fuego no llegaba a consumir se derretía simplemente al calor de un tenue rayo de sol,
28 para que supieran que hay que adelantarse al sol para darte gracias e ir a tu encuentro al rayar el alba,
29 pues la esperanza del ingrato se derrite como escarcha invernal y se escurre como agua inútil.

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Introducción a Sabiduría

LIBRO DE LA SABIDURÍA

Introducción
El libro griego de la Sabiduría forma parte de los libros deuterocanónicos. Lo utilizaron los Padres del siglo II d. C. y, a pesar de las vacilaciones y de algunas oposiciones, en especial la de San Jerónimo, ha sido reconocido como inspirado a título igual que los libros del canon hebreo.

En la primera parte, el libro que la Vulgata llama simplemente Liber Sapientiae, muestra el papel de la Sabiduría en el destino del hombre y compara la suerte de los justos y de los impíos en el curso de la vida y después de la muerte, 1-5. La segunda parte, 6-9, expone el origen y la naturaleza de la Sabiduría y los medios de adquirirla. La última parte, 10-19, ensalza la acción de la Sabiduría y de Dios en la historia del pueblo elegido, insistiendo únicamente, salvo una breve introducción que se remonta a los orígenes, en el momento capital de esta historia, la liberación de Egipto; una larga digresión, 13-15, contiene una severa crítica de la idolatría.

Se supone que el autor es Salomón, a quien claramente se designa, salvo el nombre, en Sab_9:7-8, Sab_9:12, y el libro se llama en griego «Sabiduría de Salomón». Éste habla como un rey, Sab_7:5; Sab_8:9-15, y se dirige a sus colegas en la realeza, Sab_1:1; Sab_6:1-11, Sab_6:21. Pero se trata de un evidente artificio literario, que pone este escrito de sabiduría, como el Eclesiastés y el Cantar, bajo el nombre del sabio más grande de Israel. En efecto, el libro ha sido escrito todo él en griego, aun la primera parte, 1-5, para la que algunos han supuesto erróneamente un original hebreo. La unidad de la composición corre pareja con la del lenguaje, que es flexible y rico, y fluye sin esfuerzo entre figuras retóricas.

El autor es ciertamente un judío, lleno de fe en el «Dios de los Padres», Sab_9:1, orgullosos de pertenecer al «pueblo santo», a la «raza irreprochable», Sab_10:15, pero judío helenizado. Su insistencia sobre los acontecimientos del Éxodo, la antítesis que establece entre egipcios e israelitas y su crítica de la zoolotría demuestran que vivía en Alejandría, que era a la vez capital del helenismo bajo los Tolomeos e importante ciudad judía de la Dispersión. Cita la Escritura según la traducción de los Setenta, realizada en este ambiente: es, pues, posterior a ésta, pero desconoce la obra de Filón de Alejandría (20 a. C. - 54 d. C.). Por su parte, este filósofo griego parece que jamás se inspira en la Sabiduría, pero hay muchos contactos entre las dos obras, brotan en el mismo ambiente y no pueden estar muy alejadas en el tiempo. No es posible demostrar de una manera absolutamente cierta la utilización de la Sabiduría por el Nuevo Testamento, pero sí es probable que San Pablo haya sentido su influencia literaria y que San Juan haya tomado de ella algunas ideas para expresar su teología del Verbo. El libro ha podido ser escrito en la segunda mitad del siglo I antes de nuestra era; es el más reciente de los libros del Antiguo Testamento.

El autor se dirige en primer lugar a los judíos, sus compatriotas, cuya fidelidad está en peligro por el prestigio de la civilización alejandrina: el renombre de las escuelas filosóficas, el desarrollo de las ciencias, la atracción de las religiones mistéricas, de la astrología, del hermetismo, o el atractivo sensible de los cultos populares. Ciertas precauciones que toma indican que también busca la atención de los paganos, a quienes quiere llevar al Dios que ama a todos los hombres. Pero esta intención es secundaria, el libro es una obra de defensa mucho más que de conquista.

Dado el ambiente, la cultura y las intenciones del autor, no es extraño que se observen en su libro numerosos contactos con el pensamiento griego. Pero no se debe exagerar su importancia. Ciertamente debe a su formación helénica un vocabulario para la abstracción y una facilidad de razonamiento que no permitían el léxico y la sintaxis del hebreo; le debe también cierto número de términos filosóficos, de cuadros de clasificación y de temas de escuela, pero estos préstamos limitados no significan la adhesión a una doctrina intelectual, sino que sirven para expresar un pensamiento que se nutre del Antiguo Testamento. De los sistemas filosóficos, o de las especulaciones de la astrología, no sabe sin duda más que un hombre culto de su época en Alejandría.

No es ni filósofo ni teólogo, es un sabio de Israel. Como sus predecesores, exhorta a la búsqueda de la sabiduría, que procede de Dios, que se consigue con la oración, que es raíz de las virtudes y que procura todos los bienes. Con una visión más amplia que ellos, agrega a esta sabiduría las recientes adquisiciones de la ciencia, Sab_7:17-21; Sab_8:8. La cuestión de la retribución, que tanto preocupaba a los sabios, recibe en él la solución. Beneficiándose de las doctrinas platónicas acerca de la distinción entre cuerpo y alma, ver Sab_9:15, y sobre la inmortalidad del alma, afirma que Dios ha creado al hombre para la incorruptibilidad, Sab_2:23, que la recompensa de esta sabiduría es esta incorruptibilidad que garantiza un lugar junto a Dios, Sab_6:18-19. Lo que aquí abajo sucede no es más que una preparación para la otra vida, donde los justos vivirán con Dios, mientras que los impíos recibirán su castigo, Sab_3:9-10. El autor no alude a una resurrección corporal. Con todo, parece que da lugar a la posibilidad de una resurrección de los cuerpos de una forma espiritualizada, tratando, de este modo, de conciliar la noción griega de inmortalidad y las doctrinas bíblicas que se orientaban hacia una resurrección corporal (Daniel).

Como para sus predecesores, la Sabiduría es un atributo de Dios. Esta Sabiduría es la que reguló todo ya en la creación y la que guía los acontecimientos de la historia. A partir del cap. 11, lo que a ella se le atribuía es referido directamente a Dios, pero lo es porque la Sabiduría se identifca con Dios en su gobierno del mundo. Por otra parte, la Sabiduría es «una emanación de la gloria del Omnipotente... un reflejo de la luz eterna... una imagen de su bondad», Sab_7:25-26; y de este modo aparece como distinta de Dios, pero es al mismo tiempo una irradiación de la esencia divina. Sin embargo, no parece que el autor vaya aquí más lejos que los demás libros sapienciales, y haga de la Sabiduría una hipóstasis, pero todo este pasaje sobre la naturaleza de la Sabiduría, 7:22-8:8, marca un progreso en la formulación y un ahondamiento en las ideas antiguas.

El autor, en su meditación sobre el pasado de Israel, 10-19, había sido ya precedido por Ben Sirá, Si 44-50, ver también los Sal 78, 105, 106, 135, 136; pero su originalidad se muestra en dos puntos. En primer lugar, busca las razones de los hechos, y esboza una filosofía religiosa de la historia, que supone una interpretación nueva de los textos: por ejemplo, las explicaciones sobre la moderación de Dios con Egipto y Canaán, 11:15-12:27. Sobre todo, fuerza el relato bíblico para demostrar una tesis. Los caps. 16-19 no son más que un largo paralelo antitético entre el destino de los egipcios y el de los israelitas, en el que el autor, para mejor destacar su tema, enriquece el relato con rasgos inventados, pone en conexión episodios distintos, y abulta los hechos. Es un excelente ejemplo de la exégesis midrásica que cultivarán los rabinos.

Los gustos han cambiado y estas páginas han envejecido, pero la primera parte del libro, 1-9, siempre ofrece al cristiano un alimento espiritual de alta calidad; la liturgia de la Iglesia se ha aprovechado ampliamente de ella.

El texto del libro de la Sabiduría está contenido en cuatro grandes mss: B (Vaticano, s. IV), S (Sinaítico, s. IV), A (Alejandrino, s. V) y C (Codex Ephraemi rescriptus, s. V), y en numerosos mss secundarios. El mejor ms es el B, que ha servido de base para la presente traducción.

Fuente: Nueva Biblia de Jerusalén (1998) - referencias, notas e introducciones a los libros

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Notas


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Sab_11:16; Sab_12:23; Sab_12:27

NOTAS

16 Tras una larga digresión, el final del libro, 16-19, continúa el paralelo entre egipcios e israelitas, ver Sab_11:4+. La segunda antítesis viene preparada de lejos por la mención general de las plagas, ver Sab_11:15-15; Sab_12:23-27. El autor sigue añadiendo varios detalles a los relatos bíblicos antiguos (como Sab_16:3), interpretándolos libremente al estilo del midrás.



REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Éxo_16:9-13; Núm_11:10-32


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Sab_11:8-9


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Núm_21:4-9


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Núm_21:9+

NOTAS

16:6 En vez de «signo» varios mss importantes dicen «consejero».

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jua_3:14-17

[2] Isa_45:14+

NOTAS

16:7 El autor interpreta Núm_21:4-9 en el sentido de la misericordia. Afirma también que la serpiente de bronce no gozaba de poder alguno por sí misma. Ve en ella el recuerdo de la Ley y la señal de una salvación ofrecida a todos por Dios, lo cual no se deduce del texto antiguo. -Serpiente de bronce y designio salvífico universal de Dios figuran en un mismo contexto en Jua_3:14-17.

NOTAS

16:8 Se supone a los enemigos informados acerca de estos acontecimientos, ver Sab_11:13, a menos que el autor piense en una enseñanza siempre válida en el presente.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Éxo_10:4-15; Éxo_8:16-20 [Éxo_8:20-24]

[2] Sab_11:15-16

NOTAS

16:9 Parece que el autor quiere asociar a las langostas, Éxo_10:4-15, mediante un término bastante vago, los tábanos, Éxo_8:16-20 [Éxo_8:20-24], y los mosquitos, Éxo_8:12-15 [Éxo_8:16-19]. La idea de adjudicarles una acción mortífera puede resultar de una amplificación de Ex 10 («mortandad») y de Sal_78:45 («tábanos que los comieron»); se compara también, para una trasposición apocalíptica de estas plagas, con Apo_9:3-12.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Sal_107:20; Isa_55:10-11


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Deu_32:39+

[2] 1Sa_2:6

NOTAS

16:13 El autor enseña aquí el poder absoluto de Dios sobre la vida y la muerte, no sólo en el sentido de que puede sacar a quien le place del peligro de muerte, ver Sal_9:14 [Sal_9:13]; Sal_107:17-19; Isa_38:10-17, sino también, al parecer, en el sentido más profundo de que puede devolver a la vida corporal el alma que ha bajado al Seol, ver 1Re_17:17-23; 2Re_4:33-35; 2Re_13:21.

NOTAS

16:14 «Abismo» no aparece aquí explícitamente (lit.: «al alma que ha sido acogida»), pero la referencia implícita es evidente.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Éxo_9:24; Éxo_9:25; Sal_78:47-49

NOTAS

16:16 Todos los rasgos de esta enumeración recuerdan la plaga del granizo, Éxo_9:13-35, pero el autor utiliza al estilo del midrás todas las indicaciones bíblicas: para las «lluvias» ver Éxo_9:29 (LXX), Éxo_9:33-34; para «el fuego» ver Éxo_9:23-24; Sal_78:47-49; Sal_105:32 (donde también encontramos la «lluvia»).

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Sab_5:17; Sab_5:20


NOTAS

16:18 Parece como si el autor pensara que las primeras plagas duran todavía cuando la séptima, la del granizo (Éxo_9:13-35), cae sobre Egipto.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Éxo 16; Sal_78:25; Sal_105:40

NOTAS

16:20 El maná, «pan de ángeles», Sal_78:25, o «pan de los cielos», Sal_105:40, que «sabía a torta de miel», Éxo_16:31, viene a resultar un alimento capaz de adaptarse a todos los gustos y de tomar todos los sabores deseables, y el símbolo mismo de la dulzura de Dios (Sab_16:21). Este rasgo tiene sus paralelos muy concretos en los textos rabínicos y es ya testigo de una leyenda judía sobre el maná. La liturgia cristiana ha aplicado este pasaje a la Eucaristía.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Sab_16:19


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Sab_5:17; Sab_19:6


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Sab_19:18; Sal_104:27; Sal_104:28; Sal_136:25; Sal_145:16

NOTAS

16:25 El autor trata de explicar esta particularidad del maná, ver Sab_16:20 c, Sab_16:21 c, valiéndose de la física de la época, mediante una mutación de los elementos o un cambio de sus propiedades. Pero más que en el hecho extraordinario insiste en la enseñanza que de él se desprende.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Deu_8:3+


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Éxo_16:21


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Sal_5:4 [Sal_5:3]; Sir_39:5

NOTAS

16:28 Esta lectura, apoyada en una interpretación muy libre de Éxo_16:21, registra la costumbre de hacer coincidir la oración de la mañana con la aurora o los primeros rayos del sol.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Sal_58:8 [Sal_58:7]