Jeremías  26 Biblia Jerusalén (1998) | 24 versitos |
1 Al principio del reinado de Joaquín, hijo de Josías, rey de Judá, recibió Jeremías esta palabra de Yahvé:
2 Así dice Yahvé: Párate en el patio del templo de Yahvé y habla a todas las ciudades de Judá, que vienen a adorar en el templo de Yahvé, todas las palabras que yo te he mandado hablarles, sin omitir ninguna.
3 Puede que oigan y se torne cada cual de su mal camino, y yo me arrepentiría del mal que estoy pensando hacerles por la maldad de sus obras.
4 Les dirás, pues: "Así dice Yahvé: Si no me oís para andar según mi Ley que os propuse,
5 oyendo las palabras de mis siervos los profetas que yo os envío asiduamente (pero no habéis hecho caso),
6 entonces haré con este templo como con Siló, y esta ciudad entregaré a la maldición de todas las gentes de la tierra."
7 Oyeron los sacerdotes y profetas y todo el pueblo a Jeremías decir estas palabras en el templo de Yahvé,
8 y luego que hubo acabado Jeremías de hablar todo lo que le había ordenado Yahvé que hablase a todo el pueblo, le prendieron los sacerdotes, los profetas y todo el pueblo diciendo: "¡Vas a morir!
9 ¿Por qué has profetizado en nombre de Yahvé, diciendo: "Como Siló quedará este templo, y esta ciudad será arrasada, sin quedar habitante"?" Y se juntó todo el pueblo en torno a Jeremías en el templo de Yahvé.
10 Oyeron esto los jefes de Judá y subieron del palacio real al templo de Yahvé, y se sentaron a la entrada de la Puerta Nueva del templo de Yahvé.
11 Y los sacerdotes y profetas, dirigiéndose a los jefes y a todo el pueblo, dijeron: "¡Sentencia de muerte para este hombre, por haber profetizado contra esta ciudad, como habéis oído con vuestros propios oídos!"
12 Dijo Jeremías a todos los jefes y al pueblo todo: "Yahvé me ha enviado a profetizar sobre este templo y esta ciudad todo lo que habéis oído.
13 Ahora bien, mejorad vuestros caminos y vuestras obras y oíd la voz de Yahvé vuestro Dios, y se arrepentirá Yahvé del mal que ha pronunciado contra vosotros.
14 En cuanto a mí, aquí me tenéis en vuestras manos: haced conmigo como mejor y más acertado os parezca.
15 Empero, sabed de fijo que si me matáis vosotros a mí, sangre inocente cargaréis sobre vosotros y sobre esta ciudad y sus moradores, porque en verdad Yahvé me ha enviado a vosotros para pronunciar en vuestros oídos todas estas palabras."
16 Dijeron los jefes y todo el pueblo a los sacerdotes y profetas: "No merece este hombre sentencia de muerte, porque en nombre de Yahvé nuestro Dios nos ha hablado."
17 Y se levantaron algunos de los más viejos del país y dijeron a toda la asamblea del pueblo:
18 "Miqueas de Moréset profetizaba en tiempos de Ezequías, rey de Judá, y dijo a todo el pueblo de Judá: Así dice Yahvé Sebaot: Sión será un campo que se ara, Jerusalén se hará un montón de ruinas, y el monte de la casa un otero salvaje.
19 ¿Por ventura le mataron Ezequías, rey de Judá, y todo Judá?, ¿no temió a Yahvé y suplicó a la faz de Yahvé, y se arrepintió Yahvé del daño con que les había amenazado? Mientras que nosotros estamos haciéndonos mucho daño a nosotros mismos."
20 Pero también hubo otro que decía profetizar en nombre de Yahvé - Urías hijo de Semaías de Quiriat Yearín -, el cual profetizó contra esta ciudad y contra esta tierra enteramente lo mismo que Jeremías,
21 y oyó el rey Joaquín y todos sus grandes señores y jefes sus palabras, y el rey buscaba matarle. Enteróse Urías, tuvo miedo, huyó y entró en Egipto.
22 Pero envió el rey Joaquín a Elnatán, hijo de Acbor, y otros con él a Egipto,
23 y sacaron a Urías de Egipto y lo trajeron al rey Joaquín, quien lo acuchilló y echó su cadáver a la fosa común.
24 Gracias a que Ajicán, hijo de Safán, defendió a Jeremías, impidiendo entregarlo en manos del pueblo para matarle.

Patrocinio

 
 

Introducción a Jeremías 

Jeremías.
Poco más de un siglo después de Isaías, hacia el 650 a. C., nacía Jeremías de una familia sacerdotal residente en los alrededores de Jerusalén. Conocemos su vida y carácter mejor que los de ningún otro profeta por los relatos biográficos en tercera persona de que está sembrado su libro, y cuyo orden cronológico es el siguiente: 19:1-20:6; 26; 36; 45; 28-29; Jer_51:59-64; Jer_34:8-22; 37-44. Las «Confesiones de Jeremías»: 11:18-12:6; Jer_15:10-21; Jer_17:4-18; Jer_18:18-23; Jer_20:7-18, proceden del profeta mismo. No constituyen una autobiografía, pero sí son un testimonio emocionante de las crisis interiores que atravesó y que se describen en el estilo de los Salmos de súplica. Llamado por Dios muy joven aún, el 626, el año trece de Josías, Jer_1:2, le tocó vivir el trágico período en que se preparó y consumó la ruina del reino de Judá. La reforma religiosa y la restauración nacional de Josías despertaron esperanzas que fueron destruidas por la muerte del rey en Meguidó el 609 y por el cambio del mundo oriental, la caída de Nínive el 612 y la expansión del imperio caldeo. Desde el 605, Nabucodonosor impuso su dominio en Palestina, Judá se rebeló por instigación de Egipto, que intrigaría hasta el fin y, el 597, Nabucodonosor conquistó Jerusalén y deportó a una parte de sus habitantes. Una nueva rebelión hizo volver a los ejércitos caldeos, el 587 fue tomada Jerusalén, incendiado el templo, y tuvo lugar la segunda deportación. Jeremías vivió esta dramática historia predicando y amenazando en vano a los reyes incapaces que se sucedían en el trono de David; fue acusado de derrotismo por los militares, perseguido y encarcelado. Después de la toma de Jerusalén, y aun cuando veía en los desterrados la esperanza del porvenir, Jeremías prefirió permanecer en Palestina junto a Godolías, el gobernador nombrado por los caldeos. Pero éste fue asesinado, y un grupo de judíos, temeroso de las represalias, huyó a Egipto llevándose consigo al profeta. Probablemente murió allí.

El drama de esta vida no estriba sólo en los acontecimientos en que Jeremías se vio envuelto, sino también en el mismo profeta. Era de alma tierna, hecha para amar, y fue enviado para «extirpar y destruir, reconstruir y plantar» Jer_1:10; le tocó sobre todo predecir desgracias, Jer_20:8. Tenía ansias de paz y hubo de estar siempre en lucha: contra los suyos, contra los reyes, los sacerdotes, los falsos profetas, contra todo el pueblo, «varón discutido y debatido por todo el país», Jer_15:10. Se vio desgarrado por una misión a la que no podía sustraerse, Jer_20:9. Sus diálogos interiores con Yahvé están sembrados de gritos de dolor: «¿Por qué ha resultado mi penar perpetuo?», Jer_15:18, y aquel pasaje patético que se anticipa a Job: «Maldito el día en que nací...», Jer_20:14, etc.

Pero este sufrimiento acrisoló su alma y la abrió al trato con Dios. Lo que nos hace a Jeremías tan querido y tan nuestro es la religión interior y cordial que él mismo practicó antes de formularla en el anuncio de la Nueva Alianza, Jer_31:31-34. Esta religión personal le llevó a profundizar en la enseñanza tradicional: Dios sondea los entresijos y los corazones, Jer_11:20, retribuye a cada uno según sus obras, Jer_31:29-30; la amistad con Dios, Jer_2:2, se rompe con el pecado, que sale del corazón malvado, Jer_4:4; Jer_17:9; Jer_18:12. Este aspecto afectivo le emparenta con Oseas, cuyo influjo experimentó; esta interiorización de la Ley, esta función del corazón en las relaciones con Dios, esta preocupación por la persona individual le aproximan al Deuteronomio. Jeremías vio ciertamente de manera favorable la reforma de Josías, inspirada en este libro, pero recibió una cruel desilusión por su ineficacia para cambiar la vida moral y religiosa del pueblo.

La misión de Jeremías fracasó en vida suya, pero su figura no dejó de agrandarse después de su muerte. Por su doctrina de una Alianza nueva, fundada en la religión del corazón, fue el padre del Judaísmo en su línea más pura, y su influjo se nota en Ezequiel, en la segunda parte de Isaías y en varios salmos. La época macabeica le cuenta entre los protectores del pueblo, 2Ma_2:1-8; 2Ma_15:12-16. Al sacar a primer plano los valores espirituales, al poner de manifiesto las íntimas relaciones que el alma ha de mantener con Dios, preparó la Nueva Alianza cristiana, y su vida de abnegación y sufrimientos en servicio de Dios, que bien pudo prestar algunos rasgos para la imagen del Siervo en Is 53, convierte a Jeremías en figura de Cristo.

Esta influencia duradera supone que las enseñanzas de Jeremías se leyeron, meditaron y comentaron con frecuencia. Esta labor de toda una descendencia espiritual se refleja en la composición de su libro, que no se presenta, ni mucho menos, como obra escrita de una vez. Además de los oráculos poéticos y de los relatos biográficos, contiene discursos en prosa en un estilo afín al del Deuteronomio. Su autenticidad ha sido impugnada y han sido atribuidos a redactores «deuteronomistas» posteriores al Destierro. En realidad, su estilo es el de la prosa judía del siglo VII y comienzos del VI a. C., su teología es la de la corriente religiosa a la que pertenecen tanto Jeremías como el Deuteronomio. Son el eco auténtico de la predicación de Jeremías, recogida por sus oyentes. Toda esta tradición jeremiana no se ha transmitido en una forma única. La versión griega ofrece una recensión notablemente más corta (un octavo) que el texto masorético y a menudo diferente en detalles; los descubrimientos de Qumrán prueban que las dos recensiones existían en hebreo. Además, el griego coloca los oráculos contra las naciones después de Jer_25:13, y en orden distinto al hebreo, que los relega al final del libro, 46-51. Estas profecías quizá formaran primeramente una colección particular y no todas procedan de Jeremías: al menos, los oráculos contra Moab y Edom han sido fuertemente rehechos y el largo oráculo contra Babilonia, 50-51, data del final del Destierro. El cap. 52 se nos presenta como un apéndice histórico, paralelo de 2Re_24:18-25:30. Otros complementos de menor extensión fueron insertados a lo largo del libro y atestiguan el uso que de él hacían y la estima en que lo tenían los cautivos de Babilonia y la comunidad renaciente después del Destierro. Hay también abundancia de duplicados que suponen una labor redaccional. Finalmente las indicaciones cronológicas, que son numerosas, no se suceden con orden. El desorden actual del libro es resultado de un largo trabajo de composición, cuyas etapas es harto difícil reconstruir una por una.

No obstante, el cap. 36 nos da valiosas indicaciones: el 605, Jeremías dicta a Baruc los oráculos que había pronunciado desde el comienzo de su ministerio, Jer_36:2, es decir, desde el 626. Este rollo, quemado por Joaquín, volvió a ser escrito y fue además completado, Jer_36:32. Acerca del contenido de esta colección tan sólo caben hipótesis. Parece que le servía de introducción Jer_25:1-12 y agrupaba las piezas anteriores al 605, que se hallaban en los caps. 1-18, pero también contenía, según Jer_36:2, oráculos antiguos contra las naciones a las que se refiere Jer_25:13-38. Se incluyó allí el apartado de las «Confesiones», cuyo detalle se ha expuesto anteriormente. También se añadieron dos opúsculos sobre los reyes, 21:11-23:8, y sobre los profetas, Jer_23:9-40, que pudieron existir anteriormente por separado.

Así se distinguen ya dos partes en el libro: una contiene amenazas contra Judá y Jerusalén, 1:1-25:13; la otra, profecías contra las naciones, Jer_25:13-38 y 46-51. Una tercera parte está constituida por 26-35, donde se han reunido en un orden arbitrario trozos que ofrecen un tono más optimista. Casi todas estas piezas están en prosa y en gran parte proceden de una biografía de Jeremías, que se atribuye a Baruc. Grupo aparte forman los caps. 30-31, que son un opúsculo poético de consolación. La cuarta parte, 36-44, en prosa, prosigue la biografía de Jeremías y relata sus sufrimientos durante y después del sitio de Jerusalén, y concluye con Jer_45:1-5, que viene a ser como la firma de Baruc.

Fuente: Nueva Biblia de Jerusalén (1998) - referencias, notas e introducciones a los libros

Patrocinio

Notas


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Mat 24; Mat_26:59-66; Luc_19:41-44; LXX: 33

NOTAS

26 Baruc, a quien pueden atribuirse estos pasajes biográficos, ha resumido aquí el discurso contra el templo, Jer_7:1-15, cuyas consecuencias refiere.

26:1 «Jeremías» sir., Vet. Lat.; omitido por hebr. y griego.



REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jer_7:1-15


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jon_3:10


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Deu_28:15; Jer_44:10; Jer_44:23


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jer_7:25-26; Jer_11:7-8


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jer_7:12+


NOTAS

26:10 «la Puerta Nueva del templo de Yahvé» mss, versiones; «la Puerta de Yahvé» hebr. -Se trata de un juicio en regla presidido por los funcionarios reales.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Mat_26:65-66 p


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Mat_27:24-25


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Miq_3:12

NOTAS

26:18 La profecía de Miqueas era una amenaza condicional. Quizá tuvo alguna influencia en la reforma intentada por Ezequías, 2Re_18:4 s.

NOTAS

26:22 Después de «envió», el hebr. añade «gente a Egipto».

NOTAS

26:24 La familia de Safán, escriba real que había apoyado la reforma de Josías, 2Re_22:8 s, siempre fue amiga de Jeremías. El nieto de Safán, Godolías, también lo protegerá, ver Jer_40:5-6.