Apocalipsis  1 Biblia Jerusalén (1998) | 20 versitos |
1 Revelación de Jesucristo; se la concedió Dios para manifestar a sus siervos lo que ha de suceder pronto; y envió a su ángel para dársela a conocer a su siervo Juan,
2 el cual ha atestiguado la palabra de Dios y el testimonio de Jesucristo: todo lo que vio.
3 Dichoso el que lea y los que escuchen las palabras de esta profecía y guarden lo escrito en ella, porque el Tiempo está cerca.
4 Juan, a las siete iglesias de Asia. Gracia y paz a vosotros de parte de "Aquel que es, que era y que va a venir", de parte de los siete Espíritus que están ante su trono,
5 y de parte de Jesucristo, el Testigo fiel, el Primogénito de entre los muertos, el Príncipe de los reyes de la tierra. Al que nos ama y nos ha lavado con su sangre de nuestros pecados
6 y ha hecho de nosotros un Reino de sacerdotes para su Dios y Padre, a él la gloria y el poder por los siglos de los siglos. Amén.
7 Mirad, viene acompañado de nubes; todo ojo le verá, hasta los que le traspasaron, y por él harán duelo todas las razas de la tierra. Sí. Amén.
8 Yo soy el Alfa y la Omega, dice el Señor Dios, "Aquel que es, que era y que va a venir", el Todopoderoso.
9 Yo, Juan, vuestro hermano y compañero de la tribulación, del reino y de la paciencia, en Jesús. Yo me encontraba en la isla llamada Patmos, por causa de la palabra de Dios y del testimonio de Jesús.
10 Caí en éxtasis el día del Señor, y oí detrás de mí una gran voz, como de trompeta, que decía:
11 "Lo que veas escríbelo en un libro y envíalo a las siete iglesias: a Éfeso, Esmirna, Pérgamo, Tiatira, Sardes, Filadelfia y Laodicea".
12 Me volví a ver qué voz era la que me hablaba y al volverme, vi siete candeleros de oro,
13 y en medio de los candeleros como a un Hijo de hombre, vestido de una túnica talar, ceñido al talle con un ceñidor de oro.
14 Su cabeza y sus cabellos eran blancos, como la lana blanca, como la nieve; sus ojos como llama de fuego;
15 sus pies parecían de metal precioso acrisolado en el horno; su voz como voz de grandes aguas.
16 Tenía en su mano derecha siete estrellas, y de su boca salía una espada aguda de dos filos; y su rostro, como el sol cuando brilla con toda su fuerza.
17 Cuando lo vi, caí a sus pies como muerto. Él puso su mano derecha sobre mí diciendo: "No temas, soy yo, el Primero y el Último,
18 el que vive; estuve muerto, pero ahora estoy vivo por los siglos de los siglos, y tengo las llaves de la Muerte y del Hades.
19 Escribe, pues, lo que has visto: lo que ya es y lo que va a suceder más tarde.
20 La explicación del misterio de las siete estrellas que has visto en mi mano derecha y de los siete candeleros de oro es ésta: las siete estrellas son los ángeles de las siete iglesias, y los siete candeleros son las siete iglesias.

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Introducción a Apocalipsis 

APOCALIPSIS

Introducción
La palabra «apocalipsis» es la transcripción de un término griego que significa revelación; todo apocalipsis supone, pues, una revelación hecha por Dios a los hombres de cosas ocultas y sólo por él conocidas, en especial de cosas referentes al futuro. Es difícil deslindar exactamente las fronteras que separan al género apocalíptico del profético, del que en cierto modo no es más que una prolongación; pero, mientras que los antiguos profetas escuchaban las revelaciones divinas y las transmitían oralmente, el autor de un apocalipsis recibe sus revelaciones en forma de visiones que consigna en un libro. Por otra parte, tales visiones no tienen valor por sí mismas, sino por el simbolismo que encierran; porque en un apocalipsis todo o casi todo tiene valor simbólico: los números, las cosas, las partes del cuerpo y hasta los personajes que salen a escena. Cuando el vidente describe una visión, traduce en símbolos las ideas que Dios le sugiere, y entonces acumula cosas, colores, números simbólicos, sin preocuparse de la incoherencia de los efectos obtenidos. Es, pues, necesario para entenderle, hacerse cargo de sus procedimientos y traducir de nuevo en ideas los símbolos que propone, so pena de falsear el sentido de su mensaje.

Los apocalipsis tuvieron gran éxito en algunos ambientes judíos (incluso entre los esenios de Qumrán) en los dos siglos que precedieron a la venida de Cristo. El género apocalíptico, preparado ya por las visiones de profetas como Ezequiel o Zacarías, se desarrolló en la obra de Daniel y en numerosas obras apócrifas escritas en las inmediaciones de la era cristiana. El Nuevo Testamento únicamente ha mantenido en su canon un Apocalipsis, cuyo autor se llama a sí mismo Juan, Apo_1:9, desterrado, en el momento en el que escribe en la isla de Patmos, por su fe en Cristo. Una tradición representada ya por San Justino y ampliamente difundida a fines del siglo II (San Ireneo, Clemente de Alejandría, Tertuliano, el Canon de Muratori), le identifica con el apóstol Juan, el autor del cuarto Evangelio. Pero no parece que las iglesias de Siria, Capadocia y aun de Palestina hayan incluido el Apocalipsis en el canon de las Escrituras hasta el siglo V, prueba de que no lo consideraban como obra de un apóstol; un tal Cayo, sacerdote romano de comienzos del siglo III, llegó a atribuirlo al hereje Cerinto, pero sin duda por razones polémicas. Por otra parte, si bien el Apocalipsis de Juan presenta un parentesco innegable con los demás escritos joánicos, también se distingue netamente de ellos por su lenguaje, por su estilo y por algunos puntos de vista teológicos (referentes especialmente a la Parusía de Cristo), hasta el punto de que es difícil asegurar que proceda inmediatamente del mismo autor. A pesar de todo, su inspiración es joánica, y está escrito por alguno del círculo del apóstol e impregnado de su enseñanza. No se puede dudar de su canonicidad. En cuanto a la fecha, se admite ordinariamente que fue compuesto durante el reinado de Domiciano, hacia el 95; algunos, y no sin alguna probabilidad, creen que ciertas partes fueron redactadas ya en tiempo de Nerón, poco antes del 70.

Sea que optemos por el tiempo de Domiciano, o por el de Nerón, es indispensable, para comprender debidamente el Apocalipsis, volver a situarlo en el ambiente histórico que le vio nacer: un período de perturbaciones y persecuciones violentas contra la Iglesia naciente. Porque, al igual que los apocalipsis que le precedieron (especialmente el de Daniel) y en los que se inspira manifiestamente, es ante todo un escrito de circunstancias, destinado a levantar y afianzar la moral de los cristianos, escandalizados sin duda de que se pudiera desencadenar una persecución tan violenta contra la Iglesia del que había afirmado: «Pero ¡ánimo!: yo he vencido al mundo», Jua_16:33. Para realizar su plan, Juan vuelve sobre los grandes temas proféticos tradicionales, especialmente el del «Gran Día de Yahvé» (ver Amó_5:18+): los profetas anunciaban al Pueblo santo, esclavo bajo el yugo de los asirios, de los caldeos y luego de los griegos, dispersado y casi destruido por la persecución, el día cercano de la salvación, en que Dios vendría a liberar a su Pueblo de manos de sus opresores, devolviéndole no sólo la libertad, sino también poderío y dominio sobre sus enemigos, a su vez castigados y casi destruidos. Cuando Juan escribía, la Iglesia, el nuevo Pueblo elegido, acababa de ser diezmada por una sangrienta persecución, 13; Apo_6:10-11; Apo_16:6; Apo_17:6, desencadenada por Roma y el imperio romano (la Bestia), pero a instigación de Satanás, 12; Apo_13:2-4, el Adversario por excelencia de Cristo y de su Pueblo. Una visión inicial describe la majestad de Dios que reina en el cielo, dueño absoluto de los destinos humanos, 4, y que entrega al Cordero el libro que contiene el decreto de exterminio de los perseguidores, 5; la visión prosigue con el anuncio de una invasión de pueblos bárbaros (los partos), con su tradicional cortejo de males: guerra, hambre y peste, 6. Pero los fieles de Dios serán preservados, Apo_7:1-8; ver Apo_14:1-5, en espera de gozar del triunfo en el cielo, Apo_7:9-17; ver Apo_15:1-5. Sin embargo, Dios, que quiere la salvación de los pecadores, no va a destruirlos inmediatamente, sino que les enviará una serie de plagas para prevenirles, como lo había hecho con Faraón y los egipcios, 8-9; ver 16. Esfuerzo inútil: a causa de su endurecimiento, Dios destruirá a los impíos perseguidores, 17, que trataban de corromper la tierra induciéndola a adorar a Satanás (alusión al culto de los emperadores de la Roma pagana); siguen una lamentación sobre Babilonia (Roma) destruida, 18, y cantos triunfales en el cielo, Apo_19:1-10. Una nueva visión vuelve sobre el tema de la destrucción de la Bestia (la Roma perseguidora), esta vez realizada por Cristo glorioso, Apo_19:11-21. Entonces se abre un período de prosperidad para la Iglesia, Apo_20:1-6, que terminará con un nuevo asalto de Satanás contra ella, Apo_20:7 s, la destrucción del Enemigo, la resurrección de los muertos y su Juicio, Apo_20:11-15, y finalmente el establecimiento definitivo del Reino celeste, en el gozo perfecto, después de haber sido aniquilada la muerte, Apo_21:1-8. Una visión retrospectiva describe el estado de perfección de la nueva Jerusalén durante su reinado sobre la tierra, Apo_21:9 s.

Esta es la interpretación histórica del Apocalipsis, su sentido primero y fundamental. Pero el alcance del libro no se detiene aquí; porque su visión de la historia depende de valores eternos sobre los que puede apoyarse la fe de los fieles de todos los tiempos. Ya en el Antiguo Testamento, la confianza del Pueblo santo estaba fundada en la promesa de Dios de permanecer «con su Pueblo», ver Éxo_25:8+, presencia que significaba protección sobre los enemigos para llevar a cabo la salvación. También ahora, y de una manera mucho más perfecta, está Dios con su nuevo Pueblo, que ha unido consigo en la persona de su Hijo, Emmanuel (Dios con nosotros); y la Iglesia vive de esta promesa de Cristo resucitado: «Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo», Mat_28:20. Siendo así, nada tienen que temer los fieles; aunque por algún tiempo tengan que sufrir por el nombre de Cristo, en definitiva serán vencedores de Satanás y de todas su maquinaciones.

Estructura del Apocalipsis
El libro en su estado actual presenta dos partes netamente diferenciadas: la parte exhortatoria, 1-3, y la parte profética, 4-22. En la presente edición adoptamos la siguiente disposición:

Prólogo, Apo_1:1-3.
I. Cartas a las iglesias de Asia, 1:4-3:22.
II. Las visiones proféticas, 3:1-22:15.
1. Los preliminares del «Gran Día de Yahvé», 4:1-16:21.
2. El castigo de Babilonia, Apo_17:1-19:10.
3. Exterminio de las naciones paganas, 19:11-20:15.
4. La Jerusalén futura, 21:1-22:15.
Epílogo, Apo_22:16-21.

Muchos autores dividen la parte de las visiones proféticas, c. 4-22, en dos grandes secciones. En la primera, 4-11, tras la visión del Trono de Dios, 4, y la visión del Cordero, 5, tendríamos dos septenarios: los sellos, 6-7, con el intermedio de la visión de los elegidos y la muchedumbre inmensa, y las trompetas, 8-11, con la culminación de la visión del librito abierto y de los dos testigos, 11. Esta sección de los c. 6-11 estaría dominada por la imaginería del Día de Yahvé y por la actualización de las plagas de Egipto y la invitación a la conversión. El c. 11 prepararía la transición a la parte siguiente.

La segunda sección de la parte profética, 12-22, tiene como visión inicial el gran signo de la Mujer y el Dragón, 12. Esta visión, inspirada en Gén_3:15 (lucha de la Mujer y su descendencia contra el Dragón y la suya), determina la sucesión de los acontecimientos del drama: Las bestias perseguidoras de la Iglesia, 13, y el Cordero, 14, se enfrentan. La prevalencia de la impronta del libro de Daniel, especialmente la visión del c. 7 sobre las Bestias y el Hijo del hombre, determina toda la sección de los c. 13:1-20:10. Las secciones de los anuncios angélicos, la siega y la vendimia, 14, anuncian el Fin. El septenario de las copas actualiza las plagas de Egipto contra el trono de la Bestia, 16. Los c. 17-18 representan el mismo enfrentamiento con la imagen de Babilonia-Roma.

Las dos representaciones del combate escatológico con el intermedio del milenio, 19:11-10:10, contienen la victoria de Dios y su Mesías sobre las Bestias y el Dragón. El juicio universal, Apo_20:11-15, termina la historia, y la visión de la Jerusalén celeste inaugura la consumación, 21:1-22:15.

En esta descripción de la disposición del libro aparece ya indicado el tema dominante del libro, su estructura profunda, que consiste en la proclamación del Reinado de Dios y de su Cristo, Apo_11:15, Apo_11:17; Apo_12:10, y el consiguiente juicio de Satán, Apo_12:10; Apo_20:2, Apo_20:10, y de los poderes hostiles, Apo_19:20-21; Apo_20:9.

El Apocalipsis como culminación de la Biblia: El cumplimiento mesiánico escatológico
El libro del Apocalipsis está lleno de referencias al Antiguo Testamento (más de 800 en la edición de Nestle-Aland). Nuestra traducción ofrece en este sentido un inmenso repertorio entre las citas directas, impresas en letra cursiva, y las referencias que van en las notas y en los paralelos marginales.

El autor recurre a los principales textos mesiánico-escatológicos del Antiguo Testamento, tal y como eran actualizados en la sinagoga, y los presenta cumplidos en Cristo. Recordemos brevemente algunos: la bendición de Judá (Gén_49:9-10), el oráculo de Balaán (Núm_24:17), la figura del Rey mesiánico (Sal 2), las visiones de la Nueva Jerusalén (Is 61-62), la figura del Hijo del hombre (Dn 7). A la vez utiliza toda la imaginería bíblica para expresar el castigo divino. Así recurre a las plagas de Egipto (Ex 7-11), las imágenes de los castigos anunciados para el Día de Yahvé como las langostas (Jl 1-3), las profecías sobre Gog de Magog (Ez 38-39), los poemas sobre la caída de los tiranos, v.gr., Tiro (Ez 27-28), Babilonia (Is 46-47; Jr 50).

Este abundante recurso al Antiguo Testamento está ordenado por el autor a expresar el cumplimiento de las promesas divinas.

El agente del cumplimiento es el Dios Todopoderoso, Apo_1:8; Apo_4:8; Apo_11:17; Apo_15:3; Apo_16:7; Apo_16:14; Apo_19:6; Apo_19:15; Apo_21:22. Junto al término «Todopoderoso» y a veces ligado al mismo, encontramos el nombre divino «El que es, el que era y el que va a venir», Apo_1:4, Apo_1:8; Apo_4:8. Esta denominación es una actualización del Nombre divino «Yo soy» de Éxo_Apo_3:14, con la mediación targúmica, y pone también de relieve que Dios va a intervenir definitivamente en la consumación de la historia.

Jesucristo es el realizador del designio divino. Es el Hijo de Dios, Apo_2:18, el Mesías lleno del Espíritu, Apo_3:1, que tiene la llave de David, Apo_3:7, el León de Judá y Retoño de David, Apo_5:5; ver Apo_22:16, el Amén, el Testigo fiel, Apo_3:14; ver Apo_1:4. Él es el Príncipe de los reyes de la tierra, Apo_1:4, que ha lavado los pecados con su sangre y ha constituido un pueblo sacerdotal, Apo_1:5-6; Apo_5:10. Él es el Cordero a quien se entregan los destinos de la historia, 5, la Palabra de Dios, Apo_19:13, que actúa en el combate escatológico, Apo_19:11-16. Es el Rey de reyes y Señor de señores, Apo_19:16; ver Apo_17:14. Es el Esposo, Apo_19:9; Apo_21:2, Apo_21:9. El Apocalipsis presenta también a Jesucristo con rasgos divinos en la visión del Hijo del hombre, Apo_1:13 ss, en que se le aplican el título «El Primero y el Último», Apo_1:17; Apo_2:8, título que se aplicaba a Dios en Isa_44:6; Isa_48:12. Asimismo la participación del Cordero en el Trono divino y la adoración que le tributan los Ancianos y los Vivientes, Apo_5:8-14, indican este carácter divino.

La fe cristiana trinitaria está presente también en la mención del Espíritu, tanto en el saludo inicial, Apo_1:4, como en el mensaje a las iglesias, Apo_2:7, Apo_2:11, Apo_2:17, Apo_2:29; Apo_3:6, Apo_3:13, Apo_3:22; asimismo en otras proclamaciones, Apo_14:13; Apo_22:17.

El cumplimiento mesiánico escatológico se realiza en la comunidad de redimidos que es la Iglesia, pueblo regio y sacerdotal, Apo_1:5-6; Apo_5:9-10. La Iglesia está representada en la Mujer victoriosa del Dragón, 12. Es una comunidad de fe, esperanza, caridad y servicio, Apo_2:19, participa en el poder mesiánico de Cristo, Apo_2:26-29, es una comunidad de testimonio, Apo_11:1 ss, está formada por el resto de Israel y una muchedumbre inmensa, Apo_7:1 ss, es la Novia, la Nueva Jerusalén, 21-22.

El cumplimiento mesiánico-escatológico implica la derrota de las fuerzas hostiles y la victoria de los elegidos en la Jerusalén celestial, que como hemos dicho, es el contenido de la parte profética del Apocalipsis.

Incitamos al lector a dejarse ganar por el conjunto de imágenes, complicado, pero poderoso, con que el autor ha revestido su mensaje de certeza y esperanza. El sacrificio del Cordero ha obtenido la victoria postrera y, sean cuales fueren los males que la Iglesia de Cristo padezca, no puede dudar de la fidelidad de Dios hasta el momento en que venga el Señor, «pronto», Apo_1:1; Apo_22:20. El Apocalipsis es la gran epopeya de la esperanza cristiana, el canto de triunfo de la Iglesia perseguida.

Fuente: Nueva Biblia de Jerusalén (1998) - referencias, notas e introducciones a los libros

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Notas


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Dan_2:28; Apo_22:6 s,16

NOTAS

1:1 (a) La palabra apocalipsis quiere decir revelación, ver 1Co_1:7+. Esta fue hecha por Jesucristo, y él mismo es su objeto.

1:1 (b) Los profetas de la Iglesia primitiva; ver Apo_10:7; Apo_11:18; Apo_22:6; Hch_11:27+; y ya Amó_3:7; pero también se llama siervos de Dios a los cristianos, Apo_2:20; Apo_7:3; Apo_19:2, Apo_19:5; Apo_22:3, Apo_22:6.

1:1 (c) Dios. El ángel (mensajero), Apo_22:16, ver Gén_16:7+; Eze_40:3+, probablemente representa al mismo Cristo, según Apo_14:14-15 y Apo_1:13.



REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Apo_9:10+

[2] Apo_22:7

NOTAS

1:2 De otro modo: «la palabra de Dios atestiguada por Jesucristo».

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 2Co_6:2+

NOTAS

1:3 (a) Primera de las siete bienaventuranzas del Apocalipsis; ver Apo_14:13; Apo_16:15; Apo_19:9; Apo_20:6; Apo_22:7, Apo_22:14.

1:3 (b) La Venida de Cristo (y todo lo que «pronto» sucederá, v. Apo_1:1, ver Apo_22:6); ver Apo_3:11; Apo_22:10, Apo_22:12, Apo_22:20 y Apo_1:7.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Éxo_3:14+

[2] Sal_89:38 [Sal_89:37]; Isa_55:4

NOTAS

1:4 (a) Este saludo está tejido de reminiscencias bíblicas que evocan la gloriosa venida y la entronización solemne del Rey Mesías que va a reinar con el Pueblo de Dios, en virtud de la promesa hecha anteriormente a David; tema principal de todo el Apocalipsis.

1:4 (b) Expresión estereotipada, Apo_1:8; Apo_4:8; Apo_11:17; Apo_16:5, análoga a otras de la literatura judía, que desarrollan el nombre revelado a Moisés, entendido como «El que es», Éxo_3:14+.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Sal_89:28 [Sal_89:27]

NOTAS

1:5 (a) Cristo es el «testigo», en su persona y en su obra, de la promesa hecha en otro tiempo a David, 2Sa_2:1+; Sal 89; Isa_55:3-4; Zac_12:8, y que se realizó en él; es la palabra eficaz, el «Sí» de Dios, v 2; Apo_3:14; Apo_19:11, Apo_19:13; 2Co_1:20. Heredero de David, Apo_5:5; Apo_22:16, fue constituido «Primogénito», Col_1:18; ver Rom_1:4+, por su resurrección, y después de la destrucción de sus enemigos recibirá el dominio universal, Dan_7:14; 1Co_15:28; Apo_19:16.

1:5 (b) Var.: «nos ha liberado».

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Éxo_19:6; 1Pe_2:9; Rom_16:27+

[2] Dan_7:13

NOTAS

1:6 (a) Lit.: «reino y sacerdotes»; ver Targum a Éxo_19:6. -Los fieles de Cristo, convertidos ya y lavados de sus pecados, vv. Apo_1:5 y Apo_1:7, formarán un «Reino de sacerdotes», Éxo_19:6+: como reyes, reinarán sobre todos los pueblos, Dan_7:22; Dan_7:27; Isa_54:11-17; Zac_12:1-3; ver Apo_2:26-27; Apo_5:10; Apo_20:6; Apo_22:5; como sacerdotes, unidos en Cristo Sacerdote, ofrecerán a Dios el universo entero en sacrificio de alabanza.

1:6 (b) Las doxologías, Rom_16:27+, son frecuentes en Ap. En sus acentos de triunfo se perciben ecos de antiguas liturgias. Encierran datos cristológicos preciosos, en los que el Cordero, Apo_5:6+, queda de varias maneras asociado a Dios Padre. También implican una protesta contra el culto imperial.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Zac_12:10; Zac_12:14; Mat_24:30+; Jua_19:37

NOTAS

1:8 Primera y última letra del alfabeto griego, Apo_21:6; Apo_22:13; transferencia a Cristo de una cualidad de Dios, principio y fin de todas las cosas, Isa_41:4; Isa_44:6. Ver Apo_1:17; Apo_2:8.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Rom_5:3; 2Ti_2:12

NOTAS

1:9 Deportado por cristiano.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Hch_20:7+

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Apo_1:20

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Dan_7:13

[2] Dan_10:5

NOTAS

1:13 El Mesías aparece en sus funciones de Juez escatológico, como en Dan_7:13-14 (ver Dan_10:5-6), sus atributos están descritos por medio de símbolos: sacerdocio (representado por la larga túnica, ver Éxo_28:4; Éxo_29:5; Zac_3:4); realeza (ceñidor de oro, ver 1Ma_10:89; 1Ma_11:58); eternidad (cabellos blancos, ver Dan_7:9); ciencia divina (ojos llameantes, para «sondear los riñones y los corazones», ver Apo_2:23); estabilidad (pies de metal, ver Dan_2:31-45). Es aterradora su majestad (resplandor de las piernas, del rostro, potencia de la voz). Tiene a las siete iglesias (las estrellas, ver v. Apo_1:20) en su poder (mano derecha), y su boca se dispone a fulminar sus decretos de muerte (espada aguda de dos filos) contra los cristianos infieles (ver Apo_19:15+; Apo_2:16; e Isa_49:2; Efe_6:17; Heb_4:12). Al comienzo de cada una de las siete cartas, vuelve a encontrarse uno u otro de estos atributos del Juez, adaptados a la situación particular de las iglesias.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Dan_7:9

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Dan_10:6

[2] Eze_43:2

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Apo_2:12

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Dan_8:18; Dan_10:15-19; Eze_1:28 s

[2] Isa_44:6; Isa_48:12; Apo_1:8+; Heb_7:25

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Mat_16:18+

NOTAS

1:18 (a) Que posee la vida en propiedad, ver Jua_1:4; Jua_3:15+; Jua_5:21; Jua_5:26; etc. Aquí se subraya la vida presente del Resucitado.

1:18 (b) El Hades es el lugar donde moraban los muertos, ver Núm_16:33+. Cristo tiene poder para hacer salir de él, ver Jua_5:26-28.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Apo_4:1; Dan_2:28

NOTAS

1:19 Lo que ya es: las cartas de los caps. 2 y 3. Lo que va a suceder más tarde; las revelaciones de los caps. 4-22. La profecía toma aquí la forma de visiones.

NOTAS

1:20 Según las ideas judías, los ángeles no sólo gobernaban el mundo material, ver Apo_7:1; Apo_14:18; Apo_16:5, sino también a las personas y a las comunidades, ver Éxo_23:20+. Se supone, pues, que cada iglesia está gobernada por un ángel responsable de ella, al que va dirigida una carta. Pero las iglesias están en las manos de Cristo, en su poder y bajo su protección.