Hechos 13 Biblia Jerusalén (1998) | 52 versitos |
1 Había en Antioquía, en la iglesia allí establecida, profetas y maestros: Bernabé, Simeón apodado el Negro, Lucio de Cirene, Manahén, hermano de leche del tetrarca Herodes, y Saulo.
2 Mientras estaban celebrando el culto del Señor y ayunando, dijo el Espíritu Santo: "Separadme ya a Bernabé y a Saulo para la obra a la que los tengo llamados."
3 Entonces, después de haber ayunado y orado, les impusieron las manos y los enviaron.
4 Ellos, pues, enviados por el Espíritu Santo, bajaron a Seleucia y de allí navegaron hasta Chipre.
5 Llegados a Salamina anunciaban la palabra de Dios en las sinagogas de los judíos. Tenían también a Juan que les ayudaba.
6 Habiendo atravesado toda la isla hasta Pafos, encontraron a un mago, un falso profeta judío, llamado Barjesús,
7 que vivía con el procónsul Sergio Paulo, hombre prudente. Éste hizo llamar a Bernabé y Saulo, deseoso de escuchar la palabra de Dios.
8 Pero se les oponía el mago Elimas - pues eso quiere decir su nombre - intentando apartar al procónsul de la fe.
9 Entonces Saulo, también llamado Pablo, lleno de Espíritu Santo, mirándole fijamente,
10 le dijo: "Tú, repleto de todo engaño y de toda maldad, hijo del diablo, enemigo de toda justicia, ¿no dejarás ya de torcer los rectos caminos del Señor?
11 Pues ahora, mira la mano del Señor sobre ti. Te quedarás ciego y no verás el sol hasta un tiempo determinado." Al instante cayeron sobre él oscuridad y tinieblas y daba vueltas buscando quien le llevase de la mano.
12 Entonces, al ver lo ocurrido, el procónsul creyó, impresionado por la doctrina del Señor.
13 Pablo y sus compañeros se hicieron a la mar en Pafos y llegaron a Perge de Panfilia. Pero Juan se separó de ellos y se volvió a Jerusalén,
14 mientras que ellos, partiendo de Perge, llegaron a Antioquía de Pisidia. El sábado entraron en la sinagoga y tomaron asiento.
15 Después de la lectura de la Ley y los Profetas, los jefes de la sinagoga les mandaron a decir: "Hermanos, si tenéis alguna palabra de exhortación para el pueblo, hablad."
16 Pablo se levantó, hizo señal con la mano y dijo: "Israelitas y cuantos teméis a Dios, escuchad:
17 El Dios de este pueblo, Israel, eligió a nuestros padres, engrandeció al pueblo durante su permanencia en la tierra de Egipto y los sacó con su brazo extendido.
18 Y durante unos cuarenta años los rodeó de cuidados en el desierto;
19 después, habiendo exterminado siete naciones en la tierra de Canaán, les dio en herencia su tierra,
20 por unos cuatrocientos cincuenta años. Después de esto les dio jueces hasta el profeta Samuel.
21 Luego pidieron un rey, y Dios les dio a Saúl, hijo de Cis, de la tribu de Benjamín, durante cuarenta años.
22 Depuso a éste y les suscitó por rey a David, de quien precisamente dio este testimonio: He encontrado a David, el hijo de Jesé, un hombre según mi corazón, que realizará todo lo que yo quiera.
23 De su descendencia, Dios, según la Promesa, ha suscitado para Israel un Salvador, Jesús.
24 Juan predicó como precursor, antes de su venida, un bautismo de conversión a todo el pueblo de Israel.
25 Al final de su carrera, Juan decía: "Yo no soy el que vosotros os pensáis, sino mirad que viene detrás de mí aquel a quien no soy digno de desatar las sandalias de los pies."
26 "Hermanos, hijos de la raza de Abrahán, y cuantos entre vosotros teméis a Dios: a vosotros ha sido enviada esta palabra de salvación.
27 Los habitantes de Jerusalén y sus jefes cumplieron, sin saberlo, las Escrituras de los profetas que se leen cada sábado;
28 sin hallar en él ningún motivo de muerte pidieron a Pilato que le hiciera morir.
29 Y cuando hubieron cumplido todo lo que referente a él estaba escrito, le bajaron del madero, y le pusieron en el sepulcro.
30 Pero Dios le resucitó de entre los muertos.
31 Él se apareció durante muchos días a los que habían subido con él de Galilea a Jerusalén y que ahora son testigos suyos ante el pueblo.
32 "También nosotros os anunciamos la Buena Nueva de que la Promesa hecha a los padres
33 Dios la ha cumplido en nosotros, los hijos, al resucitar a Jesús, como está escrito en los salmos: Hijo mío eres tú; yo te he engendrado hoy.
34 Y que le resucitó de entre los muertos para nunca más volver a la corrupción, lo tiene declarado: Os daré las cosas santas de David, las verdaderas.
35 Por eso dice también en otro lugar: No permitirás que tu santo experimente la corrupción.
36 Ahora bien, David, después de haber cumplido en sus días la voluntad de Dios, murió, se reunió con sus padres y experimentó la corrupción.
37 En cambio aquel a quien Dios resucitó, no experimentó la corrupción.
38 "Tened, pues, entendido, hermanos, que por medio de éste se os anuncia el perdón de los pecados; y la total justificación que no pudisteis obtener por la Ley de Moisés
39 la obtiene por él todo el que cree.
40 Cuidad, pues, de que no sobrevenga lo que dijeron los Profetas:
41 Mirad, los que despreciáis, asombraos y desapareced, porque en vuestros días yo voy a realizar una obra, que no creeréis aunque os la cuenten ."
42 Al salir les rogaban que les hablasen sobre estas cosas el siguiente sábado.
43 Disuelta la reunión, muchos judíos y prosélitos que adoraban a Dios siguieron a Pablo y a Bernabé; éstos conversaban con ellos y les persuadían a perseverar fieles a la gracia de Dios.
44 El sábado siguiente se congregó casi toda la ciudad para escuchar la palabra de Dios.
45 Los judíos, al ver a la multitud, se llenaron de envidia y contradecían con blasfemias cuanto Pablo decía.
46 Entonces Pablo y Bernabé dijeron con valentía: "Era necesario anunciaros a vosotros en primer lugar la palabra de Dios; pero ya que la rechazáis y vosotros mismos no os consideráis dignos de la vida eterna, mirad que nos volvemos a los gentiles.
47 Pues así nos lo ordenó el Señor: Te he puesto como la luz de los gentiles, para que tú seas la salvación hasta el fin de la tierra."
48 Al oír esto los gentiles se alegraron y se pusieron a glorificar la palabra del Señor; y creyeron cuantos estaban destinados a una vida eterna.
49 Y la palabra del Señor se difundía por toda la región.
50 Pero los judíos incitaron a mujeres piadosas y de la nobleza, y a los principales de la ciudad; promovieron una persecución contra Pablo y Bernabé y les echaron de su territorio.
51 Éstos sacudieron contra ellos el polvo de sus pies y se fueron a Iconio.
52 Los discípulos, en cambio, se llenaban de gozo y del Espíritu Santo.

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Introducción a Hechos

HECHOS DE LOS APÓSTOLES

Introducción
El tercer evangelio y el libro de los Hechos eran primitivamente las dos partes de una única obra, que nosotros titularíamos hoy «Historia de los orígenes cristianos». Desde muy pronto el segundo libro empezó a conocerse bajo el título «Hechos de los Apóstoles» o «Hechos de Apóstoles», según la moda de la literatura helenística que ya había divulgado obras como los «Hechos» de Aníbal, los «Hechos» de Alejandro, etc.; en el canon del NT está separado del evangelio de Lucas por el evangelio de Juan que se ha intercalado. La relación original de estos dos libros del NT viene indicada por sus respectivos Prólogos así como por su parentesco literario. El Prólogo de los Hechos que, como el del tercer evangelio Luc_1:1-4, se dirige a un tal Teófilo, Hch_1:1, remite a este evangelio como a un «primer libro», resumiendo su propósito y recogiendo los últimos sucesos (apariciones del Resucitado y Ascensión) para empalmar con ellos la continuación del relato. El otro vínculo que une estrechamente a estos dos libros es la lengua. Las características (de vocabulario, gramática y estilo) que aparecen a todo lo largo de los Hechos, y que confirman la unidad literaria de esta obra, las encontramos también en el tercer evangelio; lo que apenas permite dudar de que ambos libros son obra de un mismo autor.

La tradición de la Iglesia es unánime en reconocer que este autor es san Lucas. Nunca, ni en la antigüedad ni en nuestros días, se ha propuesto seriamente otro nombre. Así lo admitía ya hacia el año 175 el conjunto de las iglesias, como lo manifiesta la conformidad existente entre el documento romano llamado Canon de Muratori, el Prólogo «antimarcionita», san Ireneo, los Alejandrinos y Tertuliano. Juicio unánime que, en realidad, corroboran los indicios internos. Según sus escritos, el autor parece ser un cristiano de la generación apostólica, judío muy helenizado o, mejor, griego de amplia instrucción y versado a fondo así en las cosas judías como en la Biblia griega. Ahora bien, lo que sabemos de Lucas por las epístolas paulinas cuadra a la perfección con estos datos. El Apóstol lo presenta como un compañero muy querido que está a su lado durante su cautiverio, Col_4:14; Flm_1:24; 2Tm_4:11. Según Col_4:10-14, Lucas es de origen pagano (de Antioquía de Siria según una vieja tradición) y médico, lo que comportaría una cierta cultura, aun cuando esté lejos de ser cierto que Lucas emplee en sus escritos un vocabulario específicamente médico.

Nada seguro hallamos en la tradición antigua para fijar la fecha en que escribía. El libro concluye con la prisión romana de Pablo, probablemente en 61-63, y en todo caso su composición debe ser posterior a la del tercer evangelio (¿antes del 70? ¿hacia el 80?, pero nada impone una fecha posterior al 70). Como lugar de composición se han propuesto Antioquía y Roma.

¿Cuáles son las fuentes utilizadas por Lucas para componer su obra? El autor de los Hechos declara «haber investigado diligentemente todo desde los orígenes» sumándose a los que ya habían «intentado narrar ordenadamente las cosas que se han verificado entre nosotros» (Luc_1:1-4, que constituye el prólogo general de la obra completa). Tales expresiones hacen suponer, por un lado, que ha buscado informaciones precisas y, por otro, que ha aprovechado relatos ya existentes. El examen del libro confirma esta impresión. A pesar de una actividad literaria siempre vigilante, cuya mano se advierte por doquier asegurando la unidad del libro, se pueden distinguir también sin dificultad algunas corrientes principales en las tradiciones recogidas por Lucas. Los doce primeros capítulos del libro de los Hechos refieren la vida de la primera comunidad reunida en torno a Pedro después de la Ascensión, 1-5, y los comienzos de su expansión a raíz de las iniciativas misioneras de Felipe, Hch_8:4-40, de los «helenistas», 6:1-8:3; Hch_11:19-30; Hch_13:1-3, y en fin del mismo Pedro, 9:32-11:18; 12. Las tradiciones «petrinas» subyacentes se emparentarían con el «Evangelio de Pedro» que es conocido en la literatura de la Iglesia antigua. Para la segunda parte de los Hechos el autor habría utilizado relatos de la conversión de Pablo, de sus viajes misioneros, y de su viaje por mar a Roma como prisionero. En todo caso, Lucas parece haber tenido a mano cartas paulinas, y podía haber pedido datos al mismo Pablo, a quien conocía por lo menos en el período de su cautiverio. Otras personas (¿Silas o Timoteo?) podrían haberle suministrado informaciones circunstanciadas sobre tal o cual episodio. En tres ocasiones durante su relato, Hch_16:10-17; 20:5-21:18; 27:1-28:16 (y ya también Hch_11:28 en el texto occidental), Lucas emplea la primera persona del plural. Siguiendo a san Ireneo, algunos exegetas han creído ver en los pasajes de los Hechos redactados en estilo «nosotros» la prueba de que Lucas acompañó a Pablo en su segundo y tercer viajes misioneros y en su viaje por mar a Roma. Contrasta, sin embargo, con ello el hecho de que Pablo no menciona nunca a Lucas como compañero de su obra de evangelización, por lo que este «nosotros» parece ser más bien el vestigio textual de un diario de viaje hecho por un compañero de Pablo (¿Silas?) y utilizado por el autor de los Hechos. El viaje descrito por el diario puede tener que ver con la colecta hecha por las iglesias de Macedonia y Acaya para la iglesia de Jerusalén, ver Hch_24:17; 1Co_16:1-4; 2 Co 8-9; Rom_15:25-29. Una vez reunido este rico material, Lucas lo organizó hábilmente en unidad literaria, distribuyendo de la mejor manera los diversos elementos y uniéndolos unos con otros por medio de estribillos redaccionales, por ej. Hch_6:7; Hch_9:31; Hch_12:24; etc.

El valor histórico de los Hechos de los Apóstoles no es uniforme. De un lado, las fuentes de que Lucas disponía no eran homogéneas; de otro, en el manejo de estas fuentes se movía con bastante libertad según el espíritu de la historiografía antigua, subordinando los datos históricos a su plan literario y sobre todo a sus intereses teológicos. Los relatos de los viajes de san Pablo reflejan con mayor o menor extensión y exactitud el mundo del Mediterráneo oriental en el primer siglo: administración romana, ciudades griegas, cultos, rutas, geografía política y topografía local. En cambio, los relatos de la primera parte del libro son en general mucho menos circunstanciados. Lucas establece un cierto paralelismo entre los milagros de Pedro y los de Pablo: comparar Hch_3:1-10 con Hch_14:8-10; Hch_5:15 con Hch_19:12; Hch_5:19 o Hch_12:6-11, Hch_12:17 con Hch_16:23-26, Hch_16:40; Hch_8:15-17 con Hch_19:2-7; Hch_8:18-24 con Hch_13:6-11; Hch_9:36-42 con Hch_20:7-12. Además, algunos de los relatos de milagros tienen sus paralelos en los evangelios: comparar Hch_3:6-7 con Luc_4:39 y Mar_1:31; Hch_9:33-34 con Luc_5:24-25; Hch_20:10, Hch_20:12 con Luc_8:52-55; es también evidente que las últimas palabras de Esteban, Hch_7:59-60, se asemejan a las de Jesús, Luc_23:34, Luc_23:36. El discurso de Pablo en Antioquía de Pisidia, Hch_13:16-41, no deja de tener analogías con los de Pedro en Jerusalén, Hch_2:14-36; Hch_3:12-26; Hch_4:8-12; Hch_5:29-32, el de Esteban, Hch_7:1-53, y también el de Pedro en Cesarea, Hch_10:34-43. Es, pues, razonable suponer que Lucas no había recibido estos discursos tal como los reprodujo, sino que los compuso utilizando algunos temas esenciales de la predicación primitiva apoyados con argumentos que se habían hecho tradicionales y moldeados con fórmulas nemotécnicas: florilegios de textos escriturísticos para los judíos, reflexiones de filosofía común para los griegos, y para todos el anuncio esencial (Kerygma) de Cristo muerto y resucitado, con el llamamiento a la conversión y al bautismo. Lucas habría conocido, primero por tradición y luego por experiencia, estos esquemas de la primera predicación cristiana, y es esto lo que le permitió, con su finísimo sentido psicológico, impregnar estos discursos de una enseñanza de valor auténtico e importancia capital. Se han señalado a menudo discrepancias entre el libro de los Hechos y las epístolas paulinas, que Lucas parece haber utilizado pero no en detalle. Es notable, por ejemplo, que no se haya preocupado de armonizar las cinco visitas de san Pablo a Jerusalén en los Hechos con los datos de Gal 1:15-2:10. En otro orden de cosas, se advierte un cierto contraste entre el retrato de Pablo dibujado en los Hechos y el que Pablo hace de sí mismo en su correspondencia. En Atenas Pablo se manifiesta netamente menos severo para con las religiones paganas que en su epístola a los Romanos: comparar Hch_17:22-31 con Rom_1:18-32 (pero ver también Sab_13:1-10, donde el autor, a la vez que condena la idolatría, disculpa los desvíos que algunos sufren buscando a Dios). En general Lucas atribuye al Apóstol una actitud más conciliadora que la de las epístolas: comparar Hch_21:20-26 con Gál_2:12 ss; Hch_16:3 con Gál_2:3; Gál_5:1-12. Pero no debe olvidarse que cada autor se mueve por intereses bastante diferentes. Pablo es un polemista que sabe ser intransigente (pero ver también 1Co_9:19-23) mientras que el propósito de Lucas es demostrar la unidad profunda que existía entre los primeros discípulos.

A este respecto, la objetividad del libro de los Hechos ha sido atacada sesgadamente planteando la cuestión de su finalidad. La escuela de F. Ch. Baur ha querido ver en él un escrito de compromiso compuesto en el siglo II para conciliar las tendencias opuestas del petrinismo y del paulinismo. Este sistema tiene el mérito de señalar la existencia innegable de tensiones en la Iglesia primitiva; pero supone una fecha demasiado tardía, y en su forma radical ya nadie lo sostiene hoy. Otros, por su parte, todavía denuncian con frecuencia a esta obra de ser un alegato, con todo lo que esto puede implicar de deformación de los hechos. Lucas haría en ella una apología de Pablo destinada a convencer a las autoridades romanas de que él no era culpable de ningún delito político. Y, en efecto, no se puede negar que Lucas subraya el carácter puramente religioso del conflicto que enfrenta a los judíos con Pablo y la indiferencia de las autoridades romanas ante tal conflicto. Pero, aunque esto parece responder a la verdad histórica, en todo caso no es más que un aspecto de la obra. El libro de los Hechos es cosa muy distinta de un memorial para presentar ante el tribunal de Roma. Lo que persigue es nada menos que referir, por sí misma, la historia de los orígenes cristianos.

Para convencerse de ello, basta con examinar su plan. Se ve en él plasmada la aseveración inicial de Cristo: «Seréis mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaría, y hasta los confines de la tierra», Hch_1:8. La fe se implanta primero sólidamente en Jerusalén, donde la primera comunidad crece en gracia y número, 1-5. Enseguida comienza la expansión, preparada por la tendencia universalista de los convertidos del judaísmo helenístico y por su expulsión a raíz del martirio de san Esteban, 6:1-8:3: se llega a Samaría, Hch_8:4-25, así como a la llanura costera hasta Cesarea, donde por primera vez entran gentiles en la Iglesia, Hch_8:26-40; 9:32-11:18, al tiempo que la conversión de Pablo nos informa de que ya hay cristianos en Damasco y presagia la evangelización de Cilicia, Hch_9:1-30. Estribillos, como Hch_9:31 (que añade Galilea) ponen bien de relieve la difusión de la fe. A continuación es Antioquía la que recibe el mensaje de Jesús, Hch_11:19-26 y que se va a convertir en un foco de irradiación, no sin guardar con Jerusalén contactos en los que se toman acuerdos sobre los principales problemas misioneros, Hch_11:27-30; Hch_15:1-35. Se trata ahora, en efecto, de que el Evangelio llegue a los gentiles. A partir de la conversión de Cornelio, Pedro, después de ser encarcelado en Jerusalén, sale con destino desconocido, Hch_12:17; y en adelante es Pablo quien, en el relato de Lucas, ocupará el primer plano. Después de un primer viaje con Bernabé a Chipre y Asia Menor antes de la asamblea de Jerusalén, 13-14, dos viajes más le llevarán hasta Macedonia y Grecia, 15:36-18:22, y a Éfeso, 18:23-21:17. Siempre regresa a Jerusalén, y su arresto en esta ciudad, seguido de su encarcelamiento en Cesarea, 21:18-26:32, le permitirán ser conducido, preso pero siempre misionero, hasta Roma, donde, aun sin librarse de las cadenas, anuncia a Cristo, 27-28. Vista desde Jerusalén, esta capital del imperio representa perfectamente «los confines de la tierra», por lo que Lucas puede aquí poner fin a su libro.

Podremos quizá lamentar que no nos haya dicho nada de la actividad de los otros apóstoles, ni de la fundación de ciertas iglesias como la de Alejandría, o incluso la de Roma, donde la fe cristiana se había implantado ciertamente antes de la llegada del Apóstol (ver la Epístola a los Romanos, sobre todo Hch_15:22 ss). Nada dice tampoco del apostolado de Pedro fuera de Palestina, y es verdad que la persona de Pablo ocupa en su obra un lugar preponderante, hasta el punto de llenar ella sola toda la segunda mitad. Más que una historia materialmente completa, lo que Lucas ha querido darnos es una exposición de la fuerza de expansión espiritual del Cristianismo; y la enseñanza teológica que ha sabido deducir de los hechos de que disponía posee un valor universal e insustituible, que constituye el valor auténtico de su obra.

Esta aportación doctrinal es múltiple y no podemos evocar aquí más que sus puntos principales. Lo que la obra expone es la fe en Cristo, base del kerygma apostólico. Por los discursos conocemos los principales textos escriturísticos que sirvieron, bajo la guía del Espíritu, para la formulación de la cristología y la argumentación ante los judíos; son de notar particularmente los temas del Siervo, Hch_3:13, Hch_3:26; Hch_4:27, Hch_4:30; Hch_8:32-33, y de Jesús nuevo Moisés, Hch_3:22 s; Hch_7:20 s, y nuevo Elías, Hch_1:9-11; Hch_3:20-21. La resurrección se prueba por el Sal_16:8-11 (Hch_2:24-32; Hch_13:34-37). La historia del pueblo elegido debe poner en guardia a los judíos contra la resistencia a la gracia, Hch_7:2-53; Hch_13:16-41. Para los gentiles, se recurre a argumentos de una teodicea más general, Hch_14:15-17; Hch_17:22-31. Pero los apóstoles son ante todo «testigos», Hch_1:8+, y Lucas nos resume su «kerygma», Hch_2:22+, relatándonos también sus signos taumatúrgicos. El problema crucial de la Iglesia naciente tenía que ser el acceso de los gentiles a la salvación, y sobre este punto el libro de los Hechos nos brinda alguna luz, aunque sin descubrirnos toda la envergadura de las dificultades y de las controversias ocasionadas por esta cuestión en la Iglesia e incluso entre sus dirigentes (ver Gál_2:11+): los hermanos de Jerusalén, agrupados en torno a Santiago, siguen fieles a la Ley judía, Hch_15:1, Hch_15:5; Hch_21:20 s; pero los «helenistas», cuyo portavoz es Esteban, sienten la necesidad de romper con el culto del Templo; y Pedro, y después sobre todo Pablo, hacen triunfar en la asamblea de Jerusalén el principio de la salvación por la fe en Cristo, que dispensa a los gentiles de la circuncisión y de las observancias mosaicas. No es menos cierto que Lucas nos muestra a Pablo empezando siempre por dirigirse a los judíos, para volverse después a los gentiles sólo cuando se ve rechazado por sus hermanos de raza, Hch_13:5+. Sobre la vida de las comunidades cristianas nos bosqueja un cuadro que tiene tintes sin duda ideales, por no decir utópicos, pero que se inspira en los recuerdos de los primeros años tanto como en las realidades eclesiales de una época más tardía: vida de oración y reparto de bienes en la joven iglesia de Jerusalén; administración del bautismo de agua y del bautismo en el Espíritu, Hch_1:5+; celebración de la Eucaristía, Hch_2:42+; esbozos de organización eclesiástica en los «profetas» y los «doctores», Hch_13:1+, o también en los «presbíteros» que presiden la iglesia de Jerusalén, Hch_11:30+, y que Pablo establece en las iglesias que él funda, Hch_14:23. Todo ello impregnado, dirigido, impulsado por un soplo invencible del Espíritu Santo. A este Espíritu, sobre el que Lucas había ya insistido en su evangelio, Luc_4:1+, lo presenta en acción incesante en la expansión de la Iglesia, Hch_1:8+, hasta el punto de que se ha podido llamar a los Hechos «el evangelio del Espíritu Santo». Es esto lo que da a esta obra ese aroma de alegría espiritual, de maravilla sobrenatural, de la que sólo podrán extrañarse los que no comprenden ese fenómeno único en el mundo que fue el nacimiento del Cristianismo. Si a todas estas riquezas teológicas añadimos la preciosa aportación de tantos detalles concretos que de otro modo no habríamos conocido, si se acierta a saborear los retratos de fina psicología en que Lucas se distingue, piezas incisivas y hábiles como el discurso delante de Agripa, 26, páginas conmovedoras como el adiós a los presbíteros de Éfeso, Hch_20:17-38, relatos vivos y realistas como el motín de los orfebres, Hch_19:23-41, se convendrá en que este libro, único en su género en el NT, representa un tesoro cuya falta hubiera empobrecido notablemente nuestro conocimiento de los orígenes del Cristianismo.

El texto de los Hechos, como el del resto del NT, ha llegado a nosotros con muchas variantes de detalle. Pero más que en otros libros merecen retener nuestra atención las que provienen del texto llamado «occidental» (códice de Beza, versiones latina, siríaca y copta, antiguos escritores eclesiásticos). Ofrecen éstas un texto que es a menudo más conciso que el texto alejandrino, pero que contiene también detalles concretos y pintorescos que el otro desconoce. En realidad, estas dos tradiciones textuales parecen representar redacciones sucesivas del libro de los Hechos. Nuestra traducción se ha hecho las más de las veces sobre el texto alejandrino, pero un buen número de variantes del texto occidental se han señalado en nota o incluso han sido admitidas en el texto traducido.

Fuente: Nueva Biblia de Jerusalén (1998) - referencias, notas e introducciones a los libros

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Notas


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Hch_11:27+

[2] Hch_4:36+; Hch_13:9+

NOTAS

13:1 Sobre los profetas, véase Hch_11:27+. El carisma propio del maestro o didáscalo, le hace apto para dar a sus hermanos una enseñanza moral o doctrinal, normalmente basada en la Escritura. Ver 1Co 12-14+. -Los cinco profetas y maestros enumerados representan el gobierno de la iglesia de Antioquía; comp. la lista de los Doce, Hch_1:13, y la de los Siete, Hch_6:5. Como estos últimos, parece que los Cinco de Antioquía son judíos helenistas.



REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Hch_1:8+

NOTAS

13:2 El uso de este término equipara las oraciones comunes de los cristianos al culto sacrificial de la antigua Ley, ver Rom_1:9+.

NOTAS

13:3 Según Hch_14:26 (ver Hch_15:40), este gesto de la comunidad parece encomendar a la gracia de Dios los nuevos misioneros, elegidos, v. Hch_13:2, y enviados, v. Hch_13:4, por el Espíritu Santo. El rito no tiene, por tanto, exactamente el mismo alcance que en Hch_6:6, donde los Siete reciben de los apóstoles su mandato. Ver 1Ti_4:14+.

NOTAS

13:4 Patria de Bernabé, Hch_4:36.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Hch_12:12+

NOTAS

13:5 La táctica constante de Pablo, Hch_17:2, es dirigirse primero a los judíos, ver Hch_13:14; Hch_14:1; Hch_16:13; Hch_17:10, Hch_17:17; Hch_18:4, Hch_18:19; Hch_19:8; Hch_28:17, Hch_28:23. Responde a un principio: la prioridad en la predicación de la fe pertenece a los judíos, véase Hch_3:26; Hch_13:46; Rom_1:16; Rom_2:9-10; Mar_7:27. Sólo después de la negativa de éstos, se dirige a los gentiles, ver Hch_13:46; Hch_18:6; Hch_28:28.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Hch_8:20-23

NOTAS

13:9 Los judíos y los orientales en general, tomaban un nombre destinado al mundo grecorromano: Juan lleva el nombre de Marcos, Hch_12:12, José Barsabás, el de Justo, Hch_1:23, Simeón, el de Negro, Hch_13:1, Tabitá, el de Dorkás, Hch_9:36, etc. Aquí, Lucas da por vez primera a Pablo su nombre romano, que en adelante será su único nombre. También hace pasar a Pablo al primer plano: ya no es un ayudante de Bernabé, sino el verdadero jefe de la misión, v. Hch_13:13.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jua_8:44

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Luc_4:32; Mat_22:33

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Hch_15:38

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Hch_13:5+

NOTAS

13:15 Se trata de exhortaciones que se apoyan en la Escritura, ver Rom_15:4. La práctica de las sinagogas, tal como aquí aparece, vuelve a repetirse en las reuniones litúrgicas cristianas; en ellas, los «profetas» o maestros pronuncian discursos de exhortación: ver 1Co_14:3; 1Co_14:31; 1Ti_1:13; Heb_13:22; Hch_11:23; Hch_14:22; Hch_15:32; Hch_16:40; Hch_20:1, Hch_20:2.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Hch_2:22+; Hch_10:2+

NOTAS

13:16 (a) Gesto habitual de los antiguos oradores, para llamar la atención de sus oyentes: extendían la mano derecha, con los dedos pulgar y meñique recogidos y los otros tres extendidos. Ver Hch_19:33; Hch_21:40; Hch_26:1.

13:16 (b) El gran discurso inaugural de San Pablo, en el que Lucas quiere reflejar la predicación del Apóstol a los judíos. Tiene dos partes: primero, vv. Hch_13:16-25, un resumen de historia sagrada (comp. el discurso de Esteban, 7), ampliado con la evocación del testimonio de Juan el Bautista; luego, vv. Hch_13:26-39 : Jesús, muerto y resucitado, es ciertamente el Mesías esperado (predicación estrechamente afín al discurso de Pedro, excepto el final que evoca la doctrina paulina de la justificación por la fe). El discurso concluye, vv. Hch_13:40-41, con una severa admonición tomada de la Escritura, ver Hch_28:26-27.

13:16 (c) Ver Hch_10:2+.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Éxo_1:7; Isa_1:2

[2] Exo 3-15

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Deu_1:31

NOTAS

13:18 Var.: «sostuvo» (o: «soportó»).

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Deu_7:1+

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Gén_15:13; Éxo_12:40-41

NOTAS

13:20 Texto occ. (y antioqueno): «durante cerca de cuatrocientos cincuenta años les dio jueces». El texto es oscuro.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 1Sa 8-10

NOTAS

13:21 Pablo, también de la tribu de Benjamín, Rom_11:1; Flp_3:5, llevaba el mismo nombre de Saúl (Saulo).

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Sal_89:21 [Sal_89:20]; 1Sa_13:14; Isa_44:28

NOTAS

13:23 O «resucitado». El verbo griego es anfibológico, y la argumentación explota esa anfibología, como en Hch_3:20-26; la «promesa» se ha realizado con la resurrección de Jesús, vv. Hch_13:32-33, ver también Hch_26:6-8; también por la resurrección ha quedado Jesús constituido como Salvador, ver Hch_5:31; ver también Hch_2:21; Hch_4:12; Rom_5:9-10; Flp_3:20, etc. Y así, el verbo, que en el v. Hch_13:22 significa «suscitar», a partir del v. Hch_13:30, indudablemente significa «resucitar». En el v. Hch_13:23 se realiza la transición, de lo que resulta el equívoco.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Mal_3:1-2; Luc_1:76

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Mat_3:11 p+; Jua_1:20-27

NOTAS

13:25 Var.: «lo que».

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Hch_5:20+

NOTAS

13:26 Var.: «a nosotros».

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Hch_2:23+; Hch_3:17+; Luc_18:31+; Hch_13:14 s; Hch_15:21

NOTAS

13:27 Con texto occ. Texto corriente: «Los habitantes de Jerusalén le desconocieron así como las palabras de los profetas que se leen cada sábado: las cumplieron al condenarle».

NOTAS

13:28 (a) Uno de los temas de la apologética cristiana: Jesús inocente e injustamente condenado, ver Hch_3:13-14; Luc_23:14, Luc_23:22, Luc_23:47; Mat_27:3-10, Mat_27:19, Mat_27:23-24.

13:28 (b) «pidieron a Pilato que le hiciera morir», o bien: «que (él) le hiciera morir», o bien: «que (ellos pudieran) hacerle morir», según los testigos. Var.: «le entregaron a Pilato para que muriera».

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Hch_5:30

NOTAS

13:29 Texto occ.: «... estaba escrito, pidieron a Pilato que después de crucificado pudieran bajarle del madero, y obtenido el permiso, le bajaron y le pusieron en el sepulcro».

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Hch_1:3

[2] Hch_1:8+

NOTAS

13:31 Este recurso al testimonio de los apóstoles galileos sorprende un tanto en labios de Pablo que no establecía separación entre su testimonio y el de ellos, 1Co_15:3-11.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Hch_2:24-31; Hch_13:23

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Sal_2:7

NOTAS

13:33 (a) Var.: «en nuestros hijos».

13:33 (b) «en los salmos»; Var.: «en el salmo primero» lectura occ. (según la costumbre antigua de unir los Sal 1 y 2); otra Var.: «en el salmo segundo» (según la costumbre que finalmente ha prevalecido).

13:33 (c) La resurrección de Cristo fue su entronización mesiánica; entonces su humanidad comenzó a disfrutar de los privilegios del Hijo de Dios. Ver Rom_1:4+.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Hch_2:36+; Hch_9:20+

[2] Isa_55:3

NOTAS

13:34 Promesa de la santidad como de un don reservado para los tiempos mesiánicos, que fluirá del nuevo David, Cristo resucitado.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Sal_16:10

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Hch_2:38+; Rom_3:20+; Hch_15:11

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Rom_1:16+

[2] Hch_28:26-27

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Hab_1:5

NOTAS

13:41 La incredulidad y la resistencia de los judíos (ver Mat_21:33+; 22+) son tema predilecto de Lucas, ver Hch_13:5+, al que volverá al concluir el libro de los Hechos, Hch_28:26-27.

NOTAS

13:42 Var.: «Al marcharse ellos, juzgaron conveniente el».

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Hch_10:2+; Hch_17:4

[2] Hch_11:23; Hch_14:22

NOTAS

13:43 (a) Adic.: «juzgando conveniente hacerse bautizar».

13:43 (b) Adic. occ.: «y así la palabra de Dios se difundía por toda la ciudad».

NOTAS

13:44 Var.: «La palabra del Señor», o: «a Pablo, que disertó largamente acerca del Señor».

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Hch_5:17; Hch_17:5; 1Ts_2:14+

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Hch_13:5+

NOTAS

13:46 Esta idea de «osadía», o de «valentía», subrayada ya a propósito de los apóstoles, Hch_4:13, Hch_4:29, Hch_4:31, se repite con insistencia cuando se trata de Pablo, Hch_9:27-28; Hch_14:3; Hch_19:8; Hch_26:26; Hch_28:31; idéntica insistencia en el mismo Pablo, 1Ts_2:2; 2Co_3:12; 2Co_7:4; Flp_1:20; Efe_3:12; Efe_6:19-20.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Hch_1:8

[2] Isa_49:6; Jua_8:12+

NOTAS

13:47 Cita libre según los LXX. El texto puede entenderse, o del mismo Pablo (ver Hch_26:17-18), apóstol y doctor de los gentiles (ver Rom_11:13; 1Ti_1:7; Efe_3:8, etc. ), o bien de Cristo resucitado (véase Hch_26:23, que parece depender de Isa_49:6, y Luc_2:32, que a su vez depende de Isa_49:6, Isa_49:9): él es la luz de las naciones, pero sólo las iluminará efectivamente mediante el testimonio de los apóstoles, ver Hch_1:8+; por eso, la profecía es una orden para el Apóstol que debe realizar su cumplimiento.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Hch_2:46+

[2] Hch_2:47+

[3] Hch_3:15+; Hch_6:7+

NOTAS

13:48 (a) Var.: «la palabra de Dios».

13:48 (b) «una vida eterna», ver v. Hch_13:46, es decir, la vida del siglo futuro, ver Hch_3:15+; sólo la alcanzarán aquellos cuyos nombres «estén escritos en los cielos», Luc_10:20, en «el libro de la vida», Flp_4:3; Apo_20:12+ -«Destinados a la vida del mundo futuro», expresión corriente entre los rabinos.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Hch_10:2+

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Luc_9:5; Luc_10:11 p; Hch_18:6

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Hch_2:46+