Jeremías  35 Biblia de Jerusalen (Desclee, 2009) | 19 versitos |
1 Palabra dirigida a Jeremías de parte de Yahvé, en tiempo de Joaquín, hijo de Josías, rey de Judá.
2 «Ve a la casa de los recabitas y habla con ellos. Los llevas al templo de Yahvé, a una de las estancias, y les escancias vino.»
3 Tomé, pues, a Jazanías, hijo de Jeremías, hijo de Jabasinías, a sus hermanos, a todos sus hijos y a toda la familia de los recabitas,
4 y los llevé al templo de Yahvé, a la estancia de Ben Yojanán*, hijo de Yigdalías, hombre de Dios. Esa estancia está al lado de la de los nobles, y encima de la de Maasías, hijo de Salún, guarda del umbral.
5 Presenté a los miembros de la familia de los recabitas unos jarros llenos de vino y tazas, y les dije: «¡Bebed vino!»
6 Respondieron ellos: «No bebemos vino, porque nuestro antepasado Jonadab, hijo de Recab, nos dio este mandato: ‘No beberéis vino ni vosotros ni vuestros hijos nunca jamás;
7 ni edificaréis casas, ni sembraréis semilla, ni plantaréis viñas, ni poseeréis nada. Pasaréis toda vuestra existencia en tiendas, de modo que prolonguéis vuestra vida sobre la faz de la tierra donde residís como forasteros.’
8 Nosotros hemos obedecido a nuestro antepasado Jonadab, hijo de Recab; hemos hecho todo cuanto nos mandó. Nos hemos abstenido de beber vino de por vida, nosotros, nuestras mujeres, nuestros hijos y nuestras hijas;
9 no hemos edificado casas donde vivir, y no poseemos viñas ni campos para sembrar.
10 Además hemos vivido en tiendas*, obedeciendo y obrando en todo conforme a lo que nos mandó nuestro antepasado Jonadab.
11 Pero al atacar el país Nabucodonosor, rey de Babilonia, dijimos: ‘Refugiémonos en Jerusalén para huir de las fuerzas caldeas y de las de Arán’. Así que nos instalamos en Jerusalén.»
12 Entonces dirigió Yahvé la palabra a Jeremías en estos términos:
13 Esto dice Yahvé Sebaot, el Dios de Israel: Ve y di a los hombres de Judá y a los habitantes de Jerusalén: ¿No aprenderéis la lección y os decidiréis a escuchar mis palabras? —oráculo de Yahvé—.
14 Se han cumplido las palabras de Jonadab, hijo de Recab, que prohibió a sus descendientes beber vino, y no han bebido hasta la fecha, porque supieron obedecer la orden de su antepasado. Yo me afané en hablaros a vosotros y no me escuchasteis.
15 Me afané en enviaros a todos mis siervos los profetas a deciros: Ea, tornad cada uno de vuestro mal camino, mejorad vuestras acciones y no andéis en pos de otros dioses para servirles; así os quedaréis en la tierra que os di a vosotros y a vuestros padres. Pero no aplicasteis el oído ni me hicisteis caso.
16 Así, los descendientes de Jonadab, hijo de Recab, han cumplido el precepto que su antepasado les impuso, mientras que este pueblo no me ha hecho caso.
17 Por tanto, esto dice Yahvé, el Dios Sebaot, el Dios de Israel: Voy a traer contra Judá y contra los habitantes de Jerusalén todo el mal que pronuncié respecto a ellos, por cuanto les hablé y no me escucharon, los llamé y no me respondieron.
18 A la familia de los recabitas dijo Jeremías: «Esto dice Yahvé Sebaot, el Dios de Israel: Por cuanto que habéis obedecido el precepto de vuestro antepasado Jonadab y habéis guardado todos esos preceptos y obrado conforme a cuanto os mandó,
19 por lo mismo, esto dice Yahvé Sebaot, el Dios de Israel: No faltará a Jonadab, hijo de Recab, quien esté en mi presencia todos los días*

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Introducción a Jeremías 

Jeremías.
Poco más de un siglo después de Isaías, hacia el 650 a. C., nacía Jeremías de una familia sacerdotal residente en los alrededores de Jerusalén. Conocemos su vida y carácter mejor que los de ningún otro profeta por los relatos biográficos en tercera persona de que está sembrado su libro, y cuyo orden cronológico es el siguiente: 19:1-20:6; 26; 36; 45; 28-29; Jer_51:59-64; Jer_34:8-22; 37-44 . Las «Confesiones de Jeremías»: 11:18-12:6; Jer_15:10-21; Jer_17:4-18; Jer_18:18-23; Jer_20:7-18, proceden del profeta mismo. No constituyen una autobiografía, pero sí son un testimonio emocionante de las crisis interiores que atravesó y que se describen en el estilo de los Salmos de súplica. Llamado por Dios muy joven aún, el 626, el año trece de Josías, Jer_1:2, le tocó vivir el trágico período en que se preparó y consumó la ruina del reino de Judá. La reforma religiosa y la restauración nacional de Josías despertaron esperanzas que fueron destruidas por la muerte del rey en Meguidó el 609 y por el cambio del mundo oriental, la caída de Nínive el 612 y la expansión del imperio caldeo. Desde el 605, Nabucodonosor impuso su dominio en Palestina, Judá se rebeló por instigación de Egipto, que intrigaría hasta el fin y, el 597, Nabucodonosor conquistó Jerusalén y deportó a una parte de sus habitantes. Una nueva rebelión hizo volver a los ejércitos caldeos, el 587 fue tomada Jerusalén, incendiado el templo, y tuvo lugar la segunda deportación. Jeremías vivió esta dramática historia predicando y amenazando en vano a los reyes incapaces que se sucedían en el trono de David; fue acusado de derrotismo por los militares, perseguido y encarcelado. Después de la toma de Jerusalén, y aun cuando veía en los desterrados la esperanza del porvenir, Jeremías prefirió permanecer en Palestina junto a Godolías, el gobernador nombrado por los caldeos. Pero éste fue asesinado, y un grupo de judíos, temeroso de las represalias, huyó a Egipto llevándose consigo al profeta. Probablemente murió allí.

El drama de esta vida no estriba sólo en los acontecimientos en que Jeremías se vio envuelto, sino también en el mismo profeta. Era de alma tierna, hecha para amar, y fue enviado para «extirpar y destruir, reconstruir y plantar» Jer_1:10; le tocó sobre todo predecir desgracias, Jer_20:8. Tenía ansias de paz y hubo de estar siempre en lucha: contra los suyos, contra los reyes, los sacerdotes, los falsos profetas, contra todo el pueblo, «varón discutido y debatido por todo el país», Jer_15:10. Se vio desgarrado por una misión a la que no podía sustraerse, Jer_20:9. Sus diálogos interiores con Yahvé están sembrados de gritos de dolor: «¿Por qué ha resultado mi penar perpetuo?», Jer_15:18, y aquel pasaje patético que se anticipa a Job: «Maldito el día en que nací...», Jer_20:14, etc.

Pero este sufrimiento acrisoló su alma y la abrió al trato con Dios. Lo que nos hace a Jeremías tan querido y tan nuestro es la religión interior y cordial que él mismo practicó antes de formularla en el anuncio de la Nueva Alianza, Jer_31:31-34. Esta religión personal le llevó a profundizar en la enseñanza tradicional: Dios sondea los entresijos y los corazones, Jer_11:20, retribuye a cada uno según sus obras, Jer_31:29-30; la amistad con Dios, Jer_2:2, se rompe con el pecado, que sale del corazón malvado, Jer_4:4; Jer_17:9; Jer_18:12. Este aspecto afectivo le emparenta con Oseas, cuyo influjo experimentó; esta interiorización de la Ley, esta función del corazón en las relaciones con Dios, esta preocupación por la persona individual le aproximan al Deuteronomio. Jeremías vio ciertamente de manera favorable la reforma de Josías, inspirada en este libro, pero recibió una cruel desilusión por su ineficacia para cambiar la vida moral y religiosa del pueblo.

La misión de Jeremías fracasó en vida suya, pero su figura no dejó de agrandarse después de su muerte. Por su doctrina de una Alianza nueva, fundada en la religión del corazón, fue el padre del Judaísmo en su línea más pura, y su influjo se nota en Ezequiel, en la segunda parte de Isaías y en varios salmos. La época macabeica le cuenta entre los protectores del pueblo, 2Ma_2:1-8; 2Ma_15:12-16. Al sacar a primer plano los valores espirituales, al poner de manifiesto las íntimas relaciones que el alma ha de mantener con Dios, preparó la Nueva Alianza cristiana, y su vida de abnegación y sufrimientos en servicio de Dios, que bien pudo prestar algunos rasgos para la imagen del Siervo en Is 53, convierte a Jeremías en figura de Cristo.

Esta influencia duradera supone que las enseñanzas de Jeremías se leyeron, meditaron y comentaron con frecuencia. Esta labor de toda una descendencia espiritual se refleja en la composición de su libro, que no se presenta, ni mucho menos, como obra escrita de una vez. Además de los oráculos poéticos y de los relatos biográficos, contiene discursos en prosa en un estilo afín al del Deuteronomio. Su autenticidad ha sido impugnada y han sido atribuidos a redactores «deuteronomistas» posteriores al Destierro. En realidad, su estilo es el de la prosa judía del siglo VII y comienzos del VI a. C., su teología es la de la corriente religiosa a la que pertenecen tanto Jeremías como el Deuteronomio. Son el eco auténtico de la predicación de Jeremías, recogida por sus oyentes. Toda esta tradición jeremiana no se ha transmitido en una forma única. La versión griega ofrece una recensión notablemente más corta (un octavo) que el texto masorético y a menudo diferente en detalles; los descubrimientos de Qumrán prueban que las dos recensiones existían en hebreo. Además, el griego coloca los oráculos contra las naciones después de Jer_25:13, y en orden distinto al hebreo, que los relega al final del libro, 46-51. Estas profecías quizá formaran primeramente una colección particular y no todas procedan de Jeremías: al menos, los oráculos contra Moab y Edom han sido fuertemente rehechos y el largo oráculo contra Babilonia, 50-51, data del final del Destierro. El cap. 52 se nos presenta como un apéndice histórico, paralelo de 2Re_24:18-25:30. Otros complementos de menor extensión fueron insertados a lo largo del libro y atestiguan el uso que de él hacían y la estima en que lo tenían los cautivos de Babilonia y la comunidad renaciente después del Destierro. Hay también abundancia de duplicados que suponen una labor redaccional. Finalmente las indicaciones cronológicas, que son numerosas, no se suceden con orden. El desorden actual del libro es resultado de un largo trabajo de composición, cuyas etapas es harto difícil reconstruir una por una.

No obstante, el cap. 36 nos da valiosas indicaciones: el 605, Jeremías dicta a Baruc los oráculos que había pronunciado desde el comienzo de su ministerio, Jer_36:2, es decir, desde el 626. Este rollo, quemado por Joaquín, volvió a ser escrito y fue además completado, Jer_36:32. Acerca del contenido de esta colección tan sólo caben hipótesis. Parece que le servía de introducción Jer_25:1-12 y agrupaba las piezas anteriores al 605, que se hallaban en los caps. 1-18, pero también contenía, según Jer_36:2, oráculos antiguos contra las naciones a las que se refiere Jer_25:13-38. Se incluyó allí el apartado de las «Confesiones», cuyo detalle se ha expuesto anteriormente. También se añadieron dos opúsculos sobre los reyes, 21:11-23:8, y sobre los profetas, Jer_23:9-40, que pudieron existir anteriormente por separado.

Así se distinguen ya dos partes en el libro: una contiene amenazas contra Judá y Jerusalén, 1:1-25:13; la otra, profecías contra las naciones, Jer_25:13-38 y 46-51. Una tercera parte está constituida por 26-35, donde se han reunido en un orden arbitrario trozos que ofrecen un tono más optimista. Casi todas estas piezas están en prosa y en gran parte proceden de una biografía de Jeremías, que se atribuye a Baruc. Grupo aparte forman los caps. 30-31, que son un opúsculo poético de consolación. La cuarta parte, 36-44, en prosa, prosigue la biografía de Jeremías y relata sus sufrimientos durante y después del sitio de Jerusalén, y concluye con Jer_45:1-5, que viene a ser como la firma de Baruc.

Fuente: Nueva Biblia de Jerusalén (1998) - referencias, notas e introducciones a los libros

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Notas

Jeremías  35,1
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] LXX: 42

NOTAS

35 El episodio se sitúa al final del reinado de Joaquín y en el momento en que Jerusalén va a ser asediada por primera vez por los babilonios (598); desde el 602 poco más o menos, las incursiones de las bandas armadas han sido prácticamente incesantes en Palestina, ver 2Re_24:2, hasta el punto de que mucha gente abandona la campiña y se refugia en Jerusalén, Jer_35:11.


Jeremías  35,4
NOTAS

35:4 «de Ben Yojanán» según 1 ms hebr., 1 ms griego, árabe y Targ.; «de los hijos de Janán» hebr.

Jeremías  35,6
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 2Re_10:15

Jeremías  35,10
NOTAS

35:10 El grupo de los recabitas representaba la reacción contra la civilización urbana y el recuerdo de la vieja religión del desierto, ver Ose_2:16+ [Ose_2:14].

Jeremías  35,15
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jer_7:13

[2] Jer_25:4-7

Jeremías  35,19
NOTAS

35:19 La expresión designa ordinariamente el servicio cultual del sacerdote. Pero puede aplicarse al simple fiel. Se está en presencia de Yavhé cuando se vive en su tierra.