I Samuel 23 Biblia Jerusalén (1998) | 28 versitos |
1 Avisaron a David: "Mira, los filisteos están atacando a Queilá y han saqueado las eras."
2 Consultó David a Yahvé: "¿Debo ir a batir a esos filisteos?" Yahvé respondió a David: "Vete, batirás a los filisteos y salvarás a Queilá."
3 Dijeron a David sus hombres: "Mira, ya en Judá estamos con temor, ¿y todavía vamos a marchar a Queilá contra las huestes de los filisteos?"
4 David consultó de nuevo a Yahvé. Yahvé respondió: "Levántate, baja a Queilá porque he entregado a los filisteos en tus manos."
5 Fue David con sus hombres a Queilá, atacó a los filisteos, se llevó sus rebaños, les causó una gran mortandad y libró David a los habitantes de Queilá.
6 Cuando Abiatar, hijo de Ajimélec, huyó a donde David, descendió también a Queilá, con el efod en su mano.
7 Se avisó a Saúl que David había entrado en Queilá y dijo: "Dios lo ha entregado en mis manos, pues él mismo se ha encerrado yendo a una ciudad con puertas y cerrojos."
8 Llamó Saúl a todo el pueblo a las armas para bajar a Queilá y cercar a David y sus hombres.
9 Supo David que Saúl tramitaba su ruina, y dijo al sacerdote Abiatar: "Acerca el efod."
10 Dijo David: "Yahvé, Dios de Israel, tu siervo ha oído que Saúl intenta venir a Queilá para destruir la ciudad por mi causa.
11 ¿Me entregarán en sus manos los notables de Queilá? ¿Descenderá de verdad Saúl como tu siervo ha oído? Yahvé, Dios de Israel, hazlo saber por favor a tu siervo." Yahvé respondió: "Bajará."
12 Preguntó David: "¿Me entregarán los notables de Queilá, a mí y a mis hombres, en manos de Saúl?" Respondió Yahvé: "Te entregarán."
13 Se levantó David con sus hombres, que eran unos trescientos; salieron de Queilá, y anduvieron errando. Avisaron a Saúl que David se había escapado de Queilá y suspendió la expedición.
14 David se asentó en el desierto, en refugios, y se quedó en la montaña del desierto de Zif; Saúl le buscaba sin cesar, pero Dios no le entregó en sus manos.
15 Se enteró David de que Saúl había salido a campaña para buscar su muerte. Estaba entonces David en el desierto de Zif, en Jorsa.
16 Jonatán, hijo de Saúl, se levantó y fue donde David, en Jorsa, le dio ánimos en Dios,
17 y le dijo: "No temas, porque la mano de Saúl, mi padre, no te alcanzará; tú reinarás sobre Israel y yo seré tu segundo. Hasta mi padre Saúl lo tiene sabido."
18 Hicieron ambos una alianza ante Yahvé; David se quedó en Jorsa y Jonatán se volvió a su casa.
19 Subieron algunos zifitas a Guibeá, donde Saúl, para decirle: "¿No se esconde David entre nosotros, en los refugios de Jorsa, en la colina de Jaquilá, que está al sur de la estepa?
20 Tú deseas con toda tu alma, oh rey, descender. Desciende y es cosa nuestra entregarlo en manos del rey."
21 Respondió Saúl: "Que Yahvé os bendiga por haberos compadecido de mí.
22 Id, pues; enteraos bien y mirad el lugar por donde anda y quién le ha visto allí, porque me han dicho que es muy astuto.
23 Mirad y reconoced todos los escondrijos en que pueda esconderse, y volved a mí cuando estéis seguros y subiré con vosotros, y si está en la comarca lo rebuscaré entre todas las familias de Judá."
24 Se pusieron en marcha hacia Zif antes que Saúl. Estaban David y sus hombres en el desierto de Maón, en la llanura, al sur del desierto.
25 Fue Saúl con sus hombres en su busca; avisaron a David y bajó al tajo que está en el desierto de Maón. Lo oyó Saúl y persiguió a David en el desierto de Maón.
26 Iba Saúl y sus hombres por un lado de la montaña, y David y sus hombres por el lado de la otra. Huía David a toda prisa ante Saúl, mientras éste y sus hombres intentaban rodear a David y sus hombres para apresarlos,
27 cuando de pronto llegó un mensajero a Saúl y le dijo: "Date prisa y ven, porque los filisteos han invadido la tierra."
28 Abandonó Saúl la persecución de David y marchó al encuentro de los filisteos. Por eso se llamó aquel lugar "Peña de la Separación."

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Introducción a I Samuel

Los libros de Samuel formaban una sola obra en la Biblia hebrea. La división en dos libros se remonta a la traducción griega que ha unido asimismo Samuel y Reyes bajo un mismo título: los cuatro libros de los Reinos; la Vulgata los llama los cuatro libros de los Reyes. El Samuel hebreo corresponde a los dos primeros. Este título proviene de la tradición que atribuía al profeta Samuel la composición de este escrito.

El texto es uno de los peor conservados del AT. La traducción griega de los Setenta da un texto bastante diferente, que se remonta a un prototipo del que las cuevas de Qumrán han proporcionado importantes fragmentos. Existían, pues, varias recensiones hebraicas de los libros de Samuel.

Se distinguen en él cinco partes:
a) Samuel, 1 S 1-7;
b) Samuel y Saúl, 1 S 8-15;
c) Saúl y David, 1 S 16 a 2 S 1;
d) David, 2 S 2-20;
e) suplementos, 2 S 21-24.

La obra combina o yuxtapone diversas fuentes y tradiciones sobre los comienzos del período monárquico. Hay una historia del arca y de su cautiverio entre los filisteos, 1 S 4-6, en la que no aparece Samuel y que proseguirá en 2 S 6. Está enmarcada por un relato de la infancia de Samuel, 1 S 1-3, y por otro relato que presenta a Samuel como el último de los Jueces y anticipa la liberación del yugo filisteo, 7. Samuel desempeña un papel esencial en la historia de la institución de la realeza, 1 S 8-12, donde se han distinguido desde hace tiempo dos grupos de tradiciones: 9; 1Sa_10:1-16; 11, por una parte, y 8; 1Sa_10:17-24; 12, por otra. Al primer grupo se le ha denominado versión monárquica del acontecimiento, y al segundo, versión antimonárquica; esta última sería posterior. En realidad ambas tradiciones son antiguas y solamente representan tendencias diferentes; además, la segunda corriente no es tan antimonárquica como se afirma, sino que solamente se opone a una realeza que no respetaría los derechos de Dios. Las guerras de Saúl contra los filisteos son narradas en 13-14, con una primera versión del rechazo de Saúl, 1Sa_13:7 a; una segunda versión de este rechazo se da en 15, en conexión con una guerra contra los amalecitas. Este rechazo prepara la unción de David por Samuel, 1Sa_16:1-13. Sobre los comienzos de David y sus desavenencias con Saúl, se han recogido tradiciones paralelas y, al parecer, de igual antigüedad en 1Sa 16:14 - 2 S 1, donde los duplicados son frecuentes. El final de esta historia se encuentra en 2 S 2-5: el reinado de David en Hebrón, la guerra filistea y la toma de Jerusalén aseguran la confirmación de David como rey sobre todo Israel, 2Sa_5:12. El cap. 6 prosigue la historia del arca; la profecía de Natán, 7, es antigua, pero ha sido retocada; el cap.8 es un resumen redaccional. En 2 S 9 se inicia una larga narración que no concluirá hasta el comienzo de Reyes, 1R 1-2. Es la historia de la familia de David y de las luchas en torno a la sucesión al trono, escrita por un testigo ocular, en la primera mitad del reinado de Salomón. Queda interrumpida por 2 S 21-24, que agrupa trozos de origen diverso sobre el reinado de David.

Es posible que desde los primeros siglos de la monarquía hayan tomado cuerpo, además de la gran historia de 2 S 9-20, otras agrupaciones literarias: un primer ciclo de Samuel, dos historias de Saúl y David. Es posible, asimismo, que estos conjuntos hayan sido combinados en torno al año 700, pero los libros no recibieron su forma definitiva hasta que fueron incorporados a la gran historia deuteronomista. Sin embargo, la influencia del Deuteronomio resulta aquí menos visible que en Jueces y Reyes. Se la descubre particularmente en los primeros capítulos de la obra, especialmente en 1Sa_2:22-36; 7 y 12, quizá en una modificación de la profecía de Natán, 2 S 7; pero el relato de 2 S 9-20 se ha conservado casi sin retoque.

Los libros de Samuel abarcan el período que va de los orígenes de la monarquía israelita al final del reinado de David. La expansión de los filisteos (la batalla de Afec, 1 S 4, se sitúa hacia el 1050) ponía en peligro la existencia misma de Israel e impuso la monarquía. Saúl, hacia el 1030, es, en un principio, como un continuador de los Jueces, pero su reconocimiento por todas las tribus le confiere una autoridad universal y permanente: ha nacido la realeza. Comienza la guerra de liberación y los filisteos son arrojados hasta su territorio, 1 S 14; los encuentros ulteriores tienen lugar en los confines del territorio israelita, 1 S 17 (valle del Terebinto), 28 y 31 (Gelboé). Este último combate acaba en desastre y en él muere Saúl, hacia el 1010. La unidad nacional se ve de nuevo comprometida, David es consagrado rey en Hebrón por los de Judá, y las tribus del Norte le oponen a Isbaal, descendiente de Saúl, refugiado en Transjordania. Sin embargo, el asesinato de Isbaal hace posible la unión, y David es reconocido rey por Israel.

El segundo libro de Samuel no da más que un resumen de los resultados políticos del reinado de David: fueron, sin embargo, considerables. Los filisteos fueron definitivamente rechazados, la unificación del territorio concluye con la absorción de los enclaves cananeos, y en primer lugar Jerusalén, que se convirtió en la capital política y religiosa del reino. Fue sometida Transjordania, y David extendió su dominio sobre los arameos de Siria meridional. Con todo, cuando murió David, hacia el 970, la unidad nacional no estaba verdaderamente consolidada; David era rey de Israel y de Judá y estas dos fracciones se oponían a menudo: la rebelión de Absalón fue sostenida por las gentes del Norte, el benjaminita Seba quiso sublevar al pueblo al grito de «A tus tiendas, Israel». Se presiente ya el cisma.

Estos libros traen un mensaje religioso; exponen las condiciones y las dificultades de un reino de Dios sobre la tierra. El ideal sólo se ha conseguido bajo David; este logro ha sido precedido por el fracaso de Saúl y será seguido por todas las infidelidades de la monarquía, que atraerán la condenación de Dios y provocarán la ruina de la nación. A partir de la profecía de Natán, la esperanza mesiánica se ha alimentado de las promesas hechas a la casa de David. El NT se refiere a ellas tres veces, Hch_2:30, 2Co_6:18, Heb_1:5. Jesús es descendiente de David, y el nombre de hijo de David que le da el pueblo es el reconocimiento de sus títulos mesiánicos. Los Padres han establecido un paralelo entre la vida de David y la de Jesús, el Cristo, el Ungido, elegido para salvación de todos, rey del pueblo espiritual de Dios y, sin embargo, perseguido por los suyos.

Fuente: Nueva Biblia de Jerusalén (1998) - referencias, notas e introducciones a los libros

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Notas


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 1Sa_22:20-23

[2] 1Sa_2:28+

NOTAS

23:6 Esta observación prepara la consulta, a través del efod, que viene a continuación, ver 1Sa_23:9.



NOTAS

23:7 Este verbo, como bien ha comprendido la versión griega, significa «vender»; la misma idea se encuentra en Jue_2:14; Jue_3:8.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 1Sa_2:28+


NOTAS

23:11 La primera pregunta se repite en 1Sa_23:12, y el griego la omite.

NOTAS

23:12 David ha salvado a los habitantes de Queilá, pero les hace pagar esta asistencia viviendo a sus expensas con su tropa, ver 1Sa_25:4-8; por eso le traicionan y apelan al poder regular. ver 1Sa_23:19-20; 1Sa_24:2 [1Sa_24:1]; 1Sa_26:1.

NOTAS

23:14 Al sur de Hebrón. El v. enlaza el episodio de Queilá, 1Sa_23:1-13, con el de Zif, 1Sa_23:19-28.

NOTAS

23:15 Los vv. 1Sa_23:15-18 pertenecen a las tradiciones sobre la amistad entre David y Jonatán, ver especialmente 1Sa_20:11-17. El anuncio del reinado de David es en este caso explícito, y Jonatán se reserva el segundo lugar, 1Sa_23:17. Esto no significa que haya habido un compló de los dos amigos contra Saúl, ver 1Sa_20:30; 1Sa_22:8. El relato de estos lances se hace a la luz de los acontecimientos que siguieron.

NOTAS

23:25 El término hebreo sela` tiene aquí su sentido propio de «tajo en la roca». Saúl y David no siguen las dos vertientes de una altura, sino las dos vertientes de una garganta de difícil tránsito, 1Sa_23:26. Ver situaciones similares en 1Sa_26:13, 1Sa_26:22; 2Sa_16:13.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] = 1Sa 26

NOTAS

24:1 La «Fuente del Cabrito», en la orilla occidental del Mar Muerto, a la altura de Zif.