Jeremías  29 Biblia de Jerusalen (Desclee, 2009) | 32 versitos |
1 Éste es el tenor de la carta que envió el profeta Jeremías desde Jerusalén al resto de los ancianos de la deportación, a los sacerdotes, profetas y pueblo en general, que había deportado Nabucodonosor desde Jerusalén a Babilonia
2 —después de salir de Jerusalén el rey Jeconías y la Gran Dama, los eunucos, los jefes de Judá y Jerusalén, los herreros y cerrajeros—.
3 La envió por mediación de Elasá, hijo de Safán, y de Guemarías, hijo de Jilquías, a quienes Sedecías, rey de Judá, envió a Babilonia*, donde Nabucodonosor, rey de Babilonia. Decía así:
4 «Esto dice Yahvé Sebaot, el Dios de Israel, a todos los deportados de Jerusalén a Babilonia:
5 Edificad casas y habitadlas; plantad huertos y comed su fruto;
6 tomad esposa y engendrad hijos e hijas; casad a vuestros hijos y dad vuestras hijas a maridos para que den a luz hijos e hijas. Así medraréis y no menguaréis.
7 Procurad el bien de la ciudad a donde os he deportado y orad por ella a Yahvé, porque su bien será el vuestro.
8 Esto dice Yahvé Sebaot, el dios de Israel: No os embauquen los profetas que hay entre vosotros ni vuestros adivinos, y no hagáis caso de vuestros soñadores que sueñan por cuenta propia,
9 porque falsamente os profetizan en mi Nombre. Yo no los he enviado —oráculo de Yahvé—.
10 Pues esto dice Yahvé: En cuanto pasen setenta años en Babilonia, yo os visitaré y confirmaré sobre vosotros mi favorable promesa de volveros a este lugar.
11 Bien conozco los designios que abrigo sobre vosotros —oráculo de Yahvé—. Son designios de paz, no de desgracia; de daros un porvenir cuajado de esperanza.
12 Me invocaréis y vendréis a rogarme, y yo os escucharé.
13 Me buscaréis y me encontraréis cuando me solicitéis de todo corazón;
14 me dejaré encontrar de vosotros (—oráculo de Yahvé—; devolveré vuestros cautivos, os recogeré de todas las naciones y lugares a donde os desterré —oráculo de Yahvé— y os haré tornar al sitio de donde os hice ir desterrados).
15 «En cuanto a eso que decís: ‘Nos ha suscitado Yahvé profetas en Babilonia’,
16 esto dice Yahvé* del rey que se sienta sobre el trono de David y de todo el pueblo que se asienta en esta ciudad, los hermanos vuestros que no salieron con vosotros al destierro;
17 esto dice Yahvé Sebaot: Voy a soltar contra ellos la espada, el hambre y la peste, y haré que se parezcan a aquellos higos podridos, tan malos que no se podían comer.
18 Los perseguiré con la espada, el hambre y la peste, y los convertiré en espantajo ante todos los reinos de la tierra. Serán objeto de maldición, pasmo, rechifla y oprobio entre todas las naciones a donde los arroje,
19 por no haber escuchado* ni obedecido las palabras que les comuniqué asiduamente por medio de mis siervos los profetas —oráculo de Yahvé—.
20 Pero vosotros, deportados todos que envié de Jerusalén a Babilonia, escuchad la palabra de Yahvé.
21 «Esto dice Yahvé Sebaot, el Dios de Israel, sobre Ajab, hijo de Colayas, y sobre Sedecías, hijo de Maasías, que os profetizan falsamente en mi Nombre: Voy a entregarlos en manos de Nabucodonosor, rey de Babilonia, que los herirá ante vuestros ojos.
22 En ellos se inspirará una maldición que usarán todos los deportados de Judá que están en Babilonia: ‘Vuélvate Yahvé como a Sedecías y como a Ajab, a quienes asó al fuego el rey de Babilonia’,
23 porque obraron de modo infame en Jerusalén, cometieron adulterio con las mujeres de sus prójimos y fingieron pronunciar en mi Nombre palabras que yo no les mandé. Yo soy sabedor y testigo —oráculo de Yahvé—.»
24 (24-25) *Semaías el najlamita despachó en su propio nombre cartas (a todo el pueblo que hay en Jerusalén) a Sofonías, hijo del sacerdote Maasías (y a todos los sacerdotes), diciendo:
25 [[]]
26 «Yahvé te ha puesto por sacerdote en vez del sacerdote Joadá, para que estés al frente del templo de Yahvé; y a todo el que tenga un trance o profetice lo meterás en el cepo y lo encerrarás en el calabozo.
27 Entonces, ¿por qué no has sancionado a Jeremías de Anatot, que se os hace pasar por profeta?
28 Resulta que nos ha enviado a Babilonia un mensaje diciendo: ‘La cosa va para largo. Edificad casas y habitadlas; plantad huertos y comed su fruto’.»
29 El sacerdote Sofonías leyó esta carta ante el profeta Jeremías.
30 Entonces Yahvé dirigió la palabra a Jeremías en estos términos:
31 «Envía este mensaje a todos los deportados: Esto dice Yahvé respecto a Semaías el najlamita, porque os ha profetizado sin haberle yo enviado, y os ha inspirado así una falsa seguridad.
32 Por tanto, esto dice Yahvé: He decidido castigar a Semaías el najlamita y a su descendencia. No habrá en ella ninguno que habite en medio de este pueblo y que disfrute de los bienes que pienso conceder a mi pueblo —oráculo de Yahvé—, porque predicó la rebeldía contra Yahvé.»

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Introducción a Jeremías 

Jeremías.
Poco más de un siglo después de Isaías, hacia el 650 a. C., nacía Jeremías de una familia sacerdotal residente en los alrededores de Jerusalén. Conocemos su vida y carácter mejor que los de ningún otro profeta por los relatos biográficos en tercera persona de que está sembrado su libro, y cuyo orden cronológico es el siguiente: 19:1-20:6; 26; 36; 45; 28-29; Jer_51:59-64; Jer_34:8-22; 37-44 . Las «Confesiones de Jeremías»: 11:18-12:6; Jer_15:10-21; Jer_17:4-18; Jer_18:18-23; Jer_20:7-18, proceden del profeta mismo. No constituyen una autobiografía, pero sí son un testimonio emocionante de las crisis interiores que atravesó y que se describen en el estilo de los Salmos de súplica. Llamado por Dios muy joven aún, el 626, el año trece de Josías, Jer_1:2, le tocó vivir el trágico período en que se preparó y consumó la ruina del reino de Judá. La reforma religiosa y la restauración nacional de Josías despertaron esperanzas que fueron destruidas por la muerte del rey en Meguidó el 609 y por el cambio del mundo oriental, la caída de Nínive el 612 y la expansión del imperio caldeo. Desde el 605, Nabucodonosor impuso su dominio en Palestina, Judá se rebeló por instigación de Egipto, que intrigaría hasta el fin y, el 597, Nabucodonosor conquistó Jerusalén y deportó a una parte de sus habitantes. Una nueva rebelión hizo volver a los ejércitos caldeos, el 587 fue tomada Jerusalén, incendiado el templo, y tuvo lugar la segunda deportación. Jeremías vivió esta dramática historia predicando y amenazando en vano a los reyes incapaces que se sucedían en el trono de David; fue acusado de derrotismo por los militares, perseguido y encarcelado. Después de la toma de Jerusalén, y aun cuando veía en los desterrados la esperanza del porvenir, Jeremías prefirió permanecer en Palestina junto a Godolías, el gobernador nombrado por los caldeos. Pero éste fue asesinado, y un grupo de judíos, temeroso de las represalias, huyó a Egipto llevándose consigo al profeta. Probablemente murió allí.

El drama de esta vida no estriba sólo en los acontecimientos en que Jeremías se vio envuelto, sino también en el mismo profeta. Era de alma tierna, hecha para amar, y fue enviado para «extirpar y destruir, reconstruir y plantar» Jer_1:10; le tocó sobre todo predecir desgracias, Jer_20:8. Tenía ansias de paz y hubo de estar siempre en lucha: contra los suyos, contra los reyes, los sacerdotes, los falsos profetas, contra todo el pueblo, «varón discutido y debatido por todo el país», Jer_15:10. Se vio desgarrado por una misión a la que no podía sustraerse, Jer_20:9. Sus diálogos interiores con Yahvé están sembrados de gritos de dolor: «¿Por qué ha resultado mi penar perpetuo?», Jer_15:18, y aquel pasaje patético que se anticipa a Job: «Maldito el día en que nací...», Jer_20:14, etc.

Pero este sufrimiento acrisoló su alma y la abrió al trato con Dios. Lo que nos hace a Jeremías tan querido y tan nuestro es la religión interior y cordial que él mismo practicó antes de formularla en el anuncio de la Nueva Alianza, Jer_31:31-34. Esta religión personal le llevó a profundizar en la enseñanza tradicional: Dios sondea los entresijos y los corazones, Jer_11:20, retribuye a cada uno según sus obras, Jer_31:29-30; la amistad con Dios, Jer_2:2, se rompe con el pecado, que sale del corazón malvado, Jer_4:4; Jer_17:9; Jer_18:12. Este aspecto afectivo le emparenta con Oseas, cuyo influjo experimentó; esta interiorización de la Ley, esta función del corazón en las relaciones con Dios, esta preocupación por la persona individual le aproximan al Deuteronomio. Jeremías vio ciertamente de manera favorable la reforma de Josías, inspirada en este libro, pero recibió una cruel desilusión por su ineficacia para cambiar la vida moral y religiosa del pueblo.

La misión de Jeremías fracasó en vida suya, pero su figura no dejó de agrandarse después de su muerte. Por su doctrina de una Alianza nueva, fundada en la religión del corazón, fue el padre del Judaísmo en su línea más pura, y su influjo se nota en Ezequiel, en la segunda parte de Isaías y en varios salmos. La época macabeica le cuenta entre los protectores del pueblo, 2Ma_2:1-8; 2Ma_15:12-16. Al sacar a primer plano los valores espirituales, al poner de manifiesto las íntimas relaciones que el alma ha de mantener con Dios, preparó la Nueva Alianza cristiana, y su vida de abnegación y sufrimientos en servicio de Dios, que bien pudo prestar algunos rasgos para la imagen del Siervo en Is 53, convierte a Jeremías en figura de Cristo.

Esta influencia duradera supone que las enseñanzas de Jeremías se leyeron, meditaron y comentaron con frecuencia. Esta labor de toda una descendencia espiritual se refleja en la composición de su libro, que no se presenta, ni mucho menos, como obra escrita de una vez. Además de los oráculos poéticos y de los relatos biográficos, contiene discursos en prosa en un estilo afín al del Deuteronomio. Su autenticidad ha sido impugnada y han sido atribuidos a redactores «deuteronomistas» posteriores al Destierro. En realidad, su estilo es el de la prosa judía del siglo VII y comienzos del VI a. C., su teología es la de la corriente religiosa a la que pertenecen tanto Jeremías como el Deuteronomio. Son el eco auténtico de la predicación de Jeremías, recogida por sus oyentes. Toda esta tradición jeremiana no se ha transmitido en una forma única. La versión griega ofrece una recensión notablemente más corta (un octavo) que el texto masorético y a menudo diferente en detalles; los descubrimientos de Qumrán prueban que las dos recensiones existían en hebreo. Además, el griego coloca los oráculos contra las naciones después de Jer_25:13, y en orden distinto al hebreo, que los relega al final del libro, 46-51. Estas profecías quizá formaran primeramente una colección particular y no todas procedan de Jeremías: al menos, los oráculos contra Moab y Edom han sido fuertemente rehechos y el largo oráculo contra Babilonia, 50-51, data del final del Destierro. El cap. 52 se nos presenta como un apéndice histórico, paralelo de 2Re_24:18-25:30. Otros complementos de menor extensión fueron insertados a lo largo del libro y atestiguan el uso que de él hacían y la estima en que lo tenían los cautivos de Babilonia y la comunidad renaciente después del Destierro. Hay también abundancia de duplicados que suponen una labor redaccional. Finalmente las indicaciones cronológicas, que son numerosas, no se suceden con orden. El desorden actual del libro es resultado de un largo trabajo de composición, cuyas etapas es harto difícil reconstruir una por una.

No obstante, el cap. 36 nos da valiosas indicaciones: el 605, Jeremías dicta a Baruc los oráculos que había pronunciado desde el comienzo de su ministerio, Jer_36:2, es decir, desde el 626. Este rollo, quemado por Joaquín, volvió a ser escrito y fue además completado, Jer_36:32. Acerca del contenido de esta colección tan sólo caben hipótesis. Parece que le servía de introducción Jer_25:1-12 y agrupaba las piezas anteriores al 605, que se hallaban en los caps. 1-18, pero también contenía, según Jer_36:2, oráculos antiguos contra las naciones a las que se refiere Jer_25:13-38. Se incluyó allí el apartado de las «Confesiones», cuyo detalle se ha expuesto anteriormente. También se añadieron dos opúsculos sobre los reyes, 21:11-23:8, y sobre los profetas, Jer_23:9-40, que pudieron existir anteriormente por separado.

Así se distinguen ya dos partes en el libro: una contiene amenazas contra Judá y Jerusalén, 1:1-25:13; la otra, profecías contra las naciones, Jer_25:13-38 y 46-51. Una tercera parte está constituida por 26-35, donde se han reunido en un orden arbitrario trozos que ofrecen un tono más optimista. Casi todas estas piezas están en prosa y en gran parte proceden de una biografía de Jeremías, que se atribuye a Baruc. Grupo aparte forman los caps. 30-31, que son un opúsculo poético de consolación. La cuarta parte, 36-44, en prosa, prosigue la biografía de Jeremías y relata sus sufrimientos durante y después del sitio de Jerusalén, y concluye con Jer_45:1-5, que viene a ser como la firma de Baruc.

Fuente: Nueva Biblia de Jerusalén (1998) - referencias, notas e introducciones a los libros

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Notas

Jeremías  29,1
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] LXX: 36


Jeremías  29,2
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 2Re_24:12-16

Jeremías  29,3
NOTAS

29:3 Es quizá la misma misión que en Jer_51:59.

Jeremías  29,10
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jer_25:11+

Jeremías  29,12
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Isa_55:6-9; 2Cr_15:2-4; Sab_6:12-13; Deu_4:29-31+; Amó_5:4+

Jeremías  29,15
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jer_14:14+

Jeremías  29,16
NOTAS

29:16 Los vv. Jer_29:16-20, que faltan en griego, son una adición tan evidente como que la continuación de Jer_29:15 se encuentra en Jer_29:21.

Jeremías  29,17
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jer 24

Jeremías  29,18
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] = Jer_15:4

Jeremías  29,19
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jer_7:25+

Jeremías  29,25
NOTAS

29:25 Los vv. Jer_29:24-25 parecen alterados. El griego, bastante diferente, parece haberse embrollado con este texto y no es más satisfactorio.

Jeremías  29,32
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] = Jer_28:16; Deu_13:6 [Deu_13:5]