Jeremías  6 Biblia de Jerusalen (Desclee, 2009) | 30 versitos |
1 Escapad, benjaminitas, huid de Jerusalén; tocad el cuerno en Técoa, izad una bandera en Bet Queren*, que una desgracia amenaza del Norte y un imponente quebranto.
2 Te comparo, capital Sión, a un delicioso prado.
3 A ti vienen pastores acompañados de sus rebaños. Han montado las tiendas junto a ella en derredor, y apacienta cada cual su manada.
4 «¡Declaradle la guerra santa*! ¡Venga, ataquemos a mediodía! ¡Ay de nosotros, que el día va cayendo, y se alargan las sombras de la tarde!
5 ¡Pues arriba y subamos de noche; destruyamos sus alcázares!»
6 Porque así dice Yahvé Sebaot: «Talad árboles para un relleno, alzad contra Jerusalén un terraplén.» Es la ciudad visitada*, todo repleta de opresión.
7 Como mana el agua de un pozo, así mana de ella su malicia. En ella se oyen ruinas y atropellos, veo de continuo heridas y golpes.
8 Aprende la lección, Jerusalén, no sea que pierda mi apego a ti, no sea que te convierta en desolación, en tierra despoblada.
9 Así dice Yahvé Sebaot: Busca, rebusca como en una cepa al resto de Israel*; pasa tu mano como el vendimiador, rebuscando los pámpanos.
10 ¿A quién me puedo dirigir para intimarle a que me escuche*? ¡Pero su oído es incircunciso, son incapaces de entender! ¡La palabra de Yahvé les resulta oprobio, no les agrada.
11 Estoy lleno de la cólera de Yahvé y no soy capaz de retenerla. La verteré sobre el niño de la calle y también sobre el grupo de mancebos. Alcanzará a hombres y mujeres, a adultos junto con ancianos.
12 Sus casas pasarán a otros, juntos campos y mujeres, cuando extienda yo mi mano sobre los habitantes de esta tierra —oráculo de Yahvé—.
13 Pues desde el pequeño hasta el grande, todos buscan su provecho; desde el profeta hasta el sacerdote, todos practican el fraude.
14 Han curado la llaga de mi pueblo por encima, predicando: «¡Paz!», cuando en realidad no había paz*.
15 ¿Quedaron avergonzados por las abominaciones cometidas? ¡Desde luego que no se avergonzaron!, ¡si no conocen la vergüenza! Así que caerán con otros muchos; se tambalearán cuando yo los visite —dice Yahvé—.
16 Esto dice Yahvé: Paraos en los caminos y mirad, preguntad por los senderos antiguos*, cuál es el buen camino, y andad por él, y así encontraréis sosiego. Pero dijeron: «Nada de eso.»
17 Entonces les puse centinelas: «¡Atención al toque de cuerno!» Pero dijeron: «Ni caso.»
18 Por tanto, oíd, naciones, conoced la decisión que he tomado sobre ellos;
19 escucha tú, tierra: Voy a traer la desgracia a este pueblo: será el fruto de sus decisiones, por no atender a mis razones y haber despreciado mi ley.
20 ¿A qué traerme incienso de Seba* y canela fina de país remoto? Ni vuestros holocaustos me agradan ni vuestros sacrificios me complacen.
21 Por tanto, así dice Yahvé: Voy a poner a este pueblo obstáculos: tropezarán juntos padres e hijos, el vecino y su prójimo perecerán.
22 Esto dice Yahvé: Un pueblo viene de tierras del Norte, una gran nación se despierta de los confines de la tierra.
23 Arco y lanza blanden, son crueles, carecen de entrañas. Su griterío retumba como el mar, cabalgan a lomo de corceles, ordenados como un solo hombre para luchar contra ti, Sión.
24 Oímos su fama, flaquean nuestras manos, la angustia nos asalta, dolor de parturienta.
25 No salgáis al campo, no andéis por caminos, que el enemigo lleva espada: terror por doquier.
26 Capital de mi pueblo, cíñete de sayal, revuélcate en ceniza, haz duelo como por hijo único, recita una endecha amarguísima, porque va a llegar en seguida el saqueador contra nosotros.
27 Te constituí en mi pueblo* como examinador sagaz, para que lo examinaras y comprobaras su conducta.
28 Todos ellos son rebeldes que andan difamando (bronce y hierro*); todos son degenerados.
29 Jadea el fuelle, el plomo se consume por el fuego*; en vano refina el fundidor, pues la ganga no se desprende.
30 Serán llamados «plata de desecho», porque Yahvé los desechó.

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Introducción a Jeremías 

Jeremías.
Poco más de un siglo después de Isaías, hacia el 650 a. C., nacía Jeremías de una familia sacerdotal residente en los alrededores de Jerusalén. Conocemos su vida y carácter mejor que los de ningún otro profeta por los relatos biográficos en tercera persona de que está sembrado su libro, y cuyo orden cronológico es el siguiente: 19:1-20:6; 26; 36; 45; 28-29; Jer_51:59-64; Jer_34:8-22; 37-44 . Las «Confesiones de Jeremías»: 11:18-12:6; Jer_15:10-21; Jer_17:4-18; Jer_18:18-23; Jer_20:7-18, proceden del profeta mismo. No constituyen una autobiografía, pero sí son un testimonio emocionante de las crisis interiores que atravesó y que se describen en el estilo de los Salmos de súplica. Llamado por Dios muy joven aún, el 626, el año trece de Josías, Jer_1:2, le tocó vivir el trágico período en que se preparó y consumó la ruina del reino de Judá. La reforma religiosa y la restauración nacional de Josías despertaron esperanzas que fueron destruidas por la muerte del rey en Meguidó el 609 y por el cambio del mundo oriental, la caída de Nínive el 612 y la expansión del imperio caldeo. Desde el 605, Nabucodonosor impuso su dominio en Palestina, Judá se rebeló por instigación de Egipto, que intrigaría hasta el fin y, el 597, Nabucodonosor conquistó Jerusalén y deportó a una parte de sus habitantes. Una nueva rebelión hizo volver a los ejércitos caldeos, el 587 fue tomada Jerusalén, incendiado el templo, y tuvo lugar la segunda deportación. Jeremías vivió esta dramática historia predicando y amenazando en vano a los reyes incapaces que se sucedían en el trono de David; fue acusado de derrotismo por los militares, perseguido y encarcelado. Después de la toma de Jerusalén, y aun cuando veía en los desterrados la esperanza del porvenir, Jeremías prefirió permanecer en Palestina junto a Godolías, el gobernador nombrado por los caldeos. Pero éste fue asesinado, y un grupo de judíos, temeroso de las represalias, huyó a Egipto llevándose consigo al profeta. Probablemente murió allí.

El drama de esta vida no estriba sólo en los acontecimientos en que Jeremías se vio envuelto, sino también en el mismo profeta. Era de alma tierna, hecha para amar, y fue enviado para «extirpar y destruir, reconstruir y plantar» Jer_1:10; le tocó sobre todo predecir desgracias, Jer_20:8. Tenía ansias de paz y hubo de estar siempre en lucha: contra los suyos, contra los reyes, los sacerdotes, los falsos profetas, contra todo el pueblo, «varón discutido y debatido por todo el país», Jer_15:10. Se vio desgarrado por una misión a la que no podía sustraerse, Jer_20:9. Sus diálogos interiores con Yahvé están sembrados de gritos de dolor: «¿Por qué ha resultado mi penar perpetuo?», Jer_15:18, y aquel pasaje patético que se anticipa a Job: «Maldito el día en que nací...», Jer_20:14, etc.

Pero este sufrimiento acrisoló su alma y la abrió al trato con Dios. Lo que nos hace a Jeremías tan querido y tan nuestro es la religión interior y cordial que él mismo practicó antes de formularla en el anuncio de la Nueva Alianza, Jer_31:31-34. Esta religión personal le llevó a profundizar en la enseñanza tradicional: Dios sondea los entresijos y los corazones, Jer_11:20, retribuye a cada uno según sus obras, Jer_31:29-30; la amistad con Dios, Jer_2:2, se rompe con el pecado, que sale del corazón malvado, Jer_4:4; Jer_17:9; Jer_18:12. Este aspecto afectivo le emparenta con Oseas, cuyo influjo experimentó; esta interiorización de la Ley, esta función del corazón en las relaciones con Dios, esta preocupación por la persona individual le aproximan al Deuteronomio. Jeremías vio ciertamente de manera favorable la reforma de Josías, inspirada en este libro, pero recibió una cruel desilusión por su ineficacia para cambiar la vida moral y religiosa del pueblo.

La misión de Jeremías fracasó en vida suya, pero su figura no dejó de agrandarse después de su muerte. Por su doctrina de una Alianza nueva, fundada en la religión del corazón, fue el padre del Judaísmo en su línea más pura, y su influjo se nota en Ezequiel, en la segunda parte de Isaías y en varios salmos. La época macabeica le cuenta entre los protectores del pueblo, 2Ma_2:1-8; 2Ma_15:12-16. Al sacar a primer plano los valores espirituales, al poner de manifiesto las íntimas relaciones que el alma ha de mantener con Dios, preparó la Nueva Alianza cristiana, y su vida de abnegación y sufrimientos en servicio de Dios, que bien pudo prestar algunos rasgos para la imagen del Siervo en Is 53, convierte a Jeremías en figura de Cristo.

Esta influencia duradera supone que las enseñanzas de Jeremías se leyeron, meditaron y comentaron con frecuencia. Esta labor de toda una descendencia espiritual se refleja en la composición de su libro, que no se presenta, ni mucho menos, como obra escrita de una vez. Además de los oráculos poéticos y de los relatos biográficos, contiene discursos en prosa en un estilo afín al del Deuteronomio. Su autenticidad ha sido impugnada y han sido atribuidos a redactores «deuteronomistas» posteriores al Destierro. En realidad, su estilo es el de la prosa judía del siglo VII y comienzos del VI a. C., su teología es la de la corriente religiosa a la que pertenecen tanto Jeremías como el Deuteronomio. Son el eco auténtico de la predicación de Jeremías, recogida por sus oyentes. Toda esta tradición jeremiana no se ha transmitido en una forma única. La versión griega ofrece una recensión notablemente más corta (un octavo) que el texto masorético y a menudo diferente en detalles; los descubrimientos de Qumrán prueban que las dos recensiones existían en hebreo. Además, el griego coloca los oráculos contra las naciones después de Jer_25:13, y en orden distinto al hebreo, que los relega al final del libro, 46-51. Estas profecías quizá formaran primeramente una colección particular y no todas procedan de Jeremías: al menos, los oráculos contra Moab y Edom han sido fuertemente rehechos y el largo oráculo contra Babilonia, 50-51, data del final del Destierro. El cap. 52 se nos presenta como un apéndice histórico, paralelo de 2Re_24:18-25:30. Otros complementos de menor extensión fueron insertados a lo largo del libro y atestiguan el uso que de él hacían y la estima en que lo tenían los cautivos de Babilonia y la comunidad renaciente después del Destierro. Hay también abundancia de duplicados que suponen una labor redaccional. Finalmente las indicaciones cronológicas, que son numerosas, no se suceden con orden. El desorden actual del libro es resultado de un largo trabajo de composición, cuyas etapas es harto difícil reconstruir una por una.

No obstante, el cap. 36 nos da valiosas indicaciones: el 605, Jeremías dicta a Baruc los oráculos que había pronunciado desde el comienzo de su ministerio, Jer_36:2, es decir, desde el 626. Este rollo, quemado por Joaquín, volvió a ser escrito y fue además completado, Jer_36:32. Acerca del contenido de esta colección tan sólo caben hipótesis. Parece que le servía de introducción Jer_25:1-12 y agrupaba las piezas anteriores al 605, que se hallaban en los caps. 1-18, pero también contenía, según Jer_36:2, oráculos antiguos contra las naciones a las que se refiere Jer_25:13-38. Se incluyó allí el apartado de las «Confesiones», cuyo detalle se ha expuesto anteriormente. También se añadieron dos opúsculos sobre los reyes, 21:11-23:8, y sobre los profetas, Jer_23:9-40, que pudieron existir anteriormente por separado.

Así se distinguen ya dos partes en el libro: una contiene amenazas contra Judá y Jerusalén, 1:1-25:13; la otra, profecías contra las naciones, Jer_25:13-38 y 46-51. Una tercera parte está constituida por 26-35, donde se han reunido en un orden arbitrario trozos que ofrecen un tono más optimista. Casi todas estas piezas están en prosa y en gran parte proceden de una biografía de Jeremías, que se atribuye a Baruc. Grupo aparte forman los caps. 30-31, que son un opúsculo poético de consolación. La cuarta parte, 36-44, en prosa, prosigue la biografía de Jeremías y relata sus sufrimientos durante y después del sitio de Jerusalén, y concluye con Jer_45:1-5, que viene a ser como la firma de Baruc.

Fuente: Nueva Biblia de Jerusalén (1998) - referencias, notas e introducciones a los libros

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Notas

Jeremías  6,1
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Joe_2:1+

[2] Jer_1:13-15

NOTAS

6:1 Al parecer, se supone a los benjaminitas instalados al norte de Judá como refugiados en Jerusalén. -Técoa, patria de Amós, a ocho kilómetros al sur de Belén; Bet Queren, ver Neh_3:14, es de localización dudosa; acaso Ramat Rahel, a cinco kilómetros al sur de Jerusalén.


Jeremías  6,3
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jer_12:10

Jeremías  6,4
NOTAS

6:4 Lit. «santificad contra ella guerra», puesto que hasta entonces se había considerado a ésta como deber sagrado, ver también Jer_22:7. Pero, a pesar del vocabulario, es una situación contraria al ideal de la guerra santa en la que Yahvé lucha con su pueblo, ver Deu_1:30; Deu_20:4; Isa_31:4, o al menos contra sus enemigos, Isa_13:3. Para Jeremías, la guerra ya no es un acto religioso, porque Yahvé ha abandonado el campamento de Israel, a quien ha decidido castigar, ver Jer_21:5; Jer_34:22.

Jeremías  6,6
NOTAS

6:6 Griego: «¡Ay de la ciudad de mentira!» La «visita» de Dios, o para liberar, Jer_15:15; Éxo_3:16; Luc_1:68, o para entregar al castigo, Jer_6:15; Jer_8:12; Jer_9:24 [Jer_9:25], ver Isa_10:3, etc.

Jeremías  6,9
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jer_2:21

NOTAS

6:9 La expresión, aquí como en Jer_8:3, no es aún técnica. Lo será en Jer_23:3 y Jer_31:7, para designar al pueblo fiel, beneficiario de la salvación. Ver Isa_4:3+.

Jeremías  6,10
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jer_4:4+

NOTAS

6:10 Jeremías, invitado a reunir los restos, declara en Jer_6:10-11 a que ya no encuentra oyentes atentos. Le responde Dios.

Jeremías  6,12
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] = Jer_8:10-12

Jeremías  6,13
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jer_23:11

Jeremías  6,14
NOTAS

6:14 Falaces promesas de los falsos profetas, ver Jer_4:10, con los que chocará Jeremías a causa de sus anuncios de desdichas. Ellos anuncian la «paz», salom, que para el hebreo no sólo expresa la ausencia de peligro exterior (sentido que aparece en primer plano en la época de Jeremías), sino un ideal de felicidad en la prosperidad individual y colectiva, en las buenas relaciones con Dios y en la armonía social. Es el ideal que debe realizar la paz mesiánica, ver Isa_11:6+.

Jeremías  6,16
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jer_18:15

[2] Mat_11:29

NOTAS

6:16 Los de los antepasados pecadores, Job_22:15, y, como aquí, los de los antepasados fieles, ver Jer_18:15; Sal_139:14.

Jeremías  6,17
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Ose_9:8+; Eze_3:17

Jeremías  6,19
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Pro_1:29-31

Jeremías  6,20
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 1Re_10:1+

[2] Amó_5:21+

NOTAS

6:20 O Sabá, 1 R 10+.

Jeremías  6,22
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] = Jer_50:41-43

Jeremías  6,24
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jer_4:31+

Jeremías  6,25
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jer_20:10+

Jeremías  6,26
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Amó_8:10; Zac_12:10

Jeremías  6,27
NOTAS

6:27 El hebr. añade «(como una) plaza fuerte»: la palabra de Jer_1:18.

Jeremías  6,28
NOTAS

6:28 «(Son) bronce y hierro»; posible interferencia de una expresión como la de Eze_22:18, Eze_22:20.

Jeremías  6,29
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Isa_1:22; Jer_9:6 [Jer_9:7]; Eze_22:17-22; Mal_3:2-3

NOTAS

6:29 Comparación tomada de la purificación de los metales y aquí especialmente del tratamiento de la galena, de la que hay que sacar por separado plomo y plata. Pero Israel, aún puesto en el crisol de la prueba, no se purifica.