Jueces 8 Biblia Jerusalén (1998) | 35 versitos |
1 La gente de Efraín dijo a Gedeón: "¿Por qué has hecho esto con nosotros, no convocándonos cuando has ido a combatir a Madián?" Y discutieron con él violentamente.
2 Él les respondió: "¿Qué he hecho yo en comparación de lo que habéis hecho vosotros? ¿No vale más el rebusco de Efraín que la vendimia de Abiezer?
3 Dios ha entregado a los jefes de Madián, a Oreb y a Zeeb, en vuestras manos. ¿Qué he podido hacer yo en comparación con vosotros?" Con estas palabras que les dijo, se calmó su animosidad contra él.
4 Gedeón llegó al Jordán y lo pasó; pero él y los trescientos hombres que tenía consigo estaban agotados por la persecución.
5 Dijo, pues, a la gente de Sucot: "Dad, por favor, tortas de pan a la tropa que me sigue, porque está agotada, y voy persiguiendo a Zébaj y a Salmuná, reyes de Madián."
6 Pero los jefes de Sucot respondieron: "¿Acaso tienes ya sujetas las manos de Zébaj y Salmuná para que demos pan a tu ejército?"
7 Gedeón les respondió: "Bien; cuando Yahvé haya entregado en mis manos a Zébaj y a Salmuná, os desgarraré las carnes con espinas del desierto y con cardos."
8 De allí subió a Penuel y les habló de igual manera. Pero la gente de Penuel le respondió como lo había hecho la gente de Sucot.
9 Él respondió a los de Penuel: "Cuando vuelva vencedor, derribaré esa torre."
10 Zébaj y Salmuná estaban en Carcor con su ejército, unos quince mil hombres, todos los que habían quedado del ejército de los hijos de Oriente. Los guerreros que habían caído eran ciento veinte mil.
11 Gedeón subió por el camino de los que habitan en tiendas, al este de Nóbaj y de Yogboá, y derrotó al ejército, cuando se creían ya seguros.
12 Zébaj y Salmuná huyeron. Él los persiguió e hizo prisioneros a los dos reyes de Madián, Zébaj y Salmuná. Y destruyó todo el ejército.
13 Después de la batalla, Gedeón, hijo de Joás, volvió por la pendiente de Jeres.
14 Tras detener a un joven de la gente de Sucot, le interrogó, y él le dio por escrito los nombres de los jefes de Sucot y de los ancianos: setenta y siete hombres.
15 Gedeón se dirigió entonces a la gente de Sucot y dijo: "Aquí tenéis a Zébaj y Salmuná, a propósito de los cuales me injuriasteis diciendo: ¿Acaso tienes ya sujetas las manos de Zébaj y Salmuná para que demos pan a tus tropas agotadas?"
16 Tomó entonces a los ancianos de la ciudad y, cogiendo espinas del desierto y cardos, desgarró las carnes de los hombres de Sucot.
17 Derribó la torre de Penuel y mató a los habitantes de la ciudad.
18 Luego dijo a Zébaj y Salmuná: "¿Cómo eran los hombres que matasteis en el Tabor?" Ellos respondieron: "Se parecían a ti; cualquiera de ellos tenía el aspecto de un hijo de rey."
19 Respondió Gedeón: "Eran mis hermanos, hijos de mi madre. ¡Vive Yahvé que, si los hubieseis dejado vivos, no os mataría!"
20 Y dijo a Yéter, su hijo mayor: "¡Venga! ¡Mátalos!" Pero el muchacho no desenvainó la espada; no se atrevía, porque era todavía muy joven.
21 Zébaj y Salmuná dijeron entonces: "Anda, mátanos tú, porque según es el hombre es su valentía." Gedeón se levantó, mató a Zébaj y a Salmuná y tomó las lunetas que sus camellos llevaban al cuello.
22 Los hombres de Israel dijeron a Gedeón: "Reina sobre nosotros tú, tu hijo y tu nieto, pues nos has salvado de la mano de Madián."
23 Pero Gedeón les respondió: "No seré yo el que reine sobre vosotros ni mi hijo; Yahvé será vuestro rey."
24 Y añadió Gedeón: "Os voy a pedir una cosa: que cada uno me dé un anillo de su botín." Porque los vencidos tenían anillos de oro, pues eran ismaelitas.
25 Respondieron ellos: "Te los damos con mucho gusto." Extendió él su manto y ellos echaron en él cada uno un anillo de su botín.
26 El peso de los anillos de oro que les había pedido se elevó a mil setecientos siclos de oro, sin contar las lunetas, los pendientes y los vestidos de púrpura que llevaban los reyes de Madián, ni tampoco los collares que pendían del cuello de sus camellos.
27 Gedeón hizo con todo ello un efod, que colocó en su ciudad, en Ofrá. Y todo Israel se prostituyó allí tras él y vino a ser una trampa para Gedeón y su familia.
28 Allí fue humillado Madián ante los israelitas, y no volvió a levantar cabeza. El país estuvo tranquilo cuarenta años, mientras vivió Gedeón.
29 Se fue, pues, Yerubaal, hijo de Joás, y se quedó en su casa.
30 Gedeón tuvo setenta hijos propios, pues tenía muchas mujeres.
31 Y la concubina que tenía en Siquén le dio a luz también un hijo, a quien puso por nombre Abimélec.
32 Murió Gedeón, hijo de Joás, después de una dichosa vejez; fue enterrado en la tumba de su padre Joás, en Ofrá de Abiezer.
33 Después de la muerte de Gedeón, los israelitas volvieron a prostituirse ante los Baales y tomaron por dios a Baal Berit.
34 Los israelitas olvidaron a Yahvé su Dios, que los había librado de la mano de todos los enemigos de alrededor.
35 No fueron agradecidos con la casa de Yerubaal-Gedeón, por todo el bien que había hecho a Israel.

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Introducción a Jueces

El libro de los Jueces comprende tres partes desiguales:
a) una introducción, 1:1-2:5;
b) el cuerpo del libro, 2:6-16:31;
c) adiciones que narran la migración de los danitas, con la fundación del santuario de Dan, 17-18, y la guerra contra Benjamín en castigo del crimen de Guibeá, 19-21.

La introducción actual al libro, 1:1-2:5, en realidad no le pertenece: se ha dicho a propósito del libro de Josué que era otro cuadro de la conquista y sus resultados, considerado desde un punto de vista de los de Judá. Su inserción ha ocasionado la repetición en Jue_2:6-10 de informaciones acerca de la muerte y la sepultura de Josué que se habían dado ya en Jos_24:29-31.

La historia de los Jueces se refiere en la parte central, 2:6-16:31. Los modernos distinguen seis grandes jueces, Otniel, Ehúd, Barac (y Débora), Gedeón, Jefté y Sansón, cuyos hechos se refieren de una manera más o menos detallada, y seis menores, Sangar, Jue_3:31, Tolá y Yaír, Jue_10:1-15, Ibsán, Elón y Abdón, Jue_12:8-15, que solamente son objeto de breves menciones. Pero esta distinción no se hace en el texto; hay una diferencia mucho mayor entre los dos grupos, y el título común de jueces que se les da es el resultado de la composición del libro, que ha reunido elementos extraños entre sí en un principio. Los grandes jueces son héroes libertadores; su origen, su carácter y su acción varían mucho, pero todos poseen un rasgo común: han recibido una gracia especial, un carisma, han sido especialmente elegidos por Dios para una misión de salvación.

Sus historias fueron narradas primero oralmente, en formas variadas, e incorporaron elementos diversos. Finalmente, fueron reunidas en un libro de los libertadores, compuesto en el reino del Norte en la primera parte de la época monárquica. Abarcaba la historia de Ehúd, la de Barac y Débora, quizá alterada ya por el relato de Jos 11, referente a Yabín de Jasor, la historia de Gedeón-Yerubaal, a lo que se añadió el episodio de la realeza de Abimélec, la historia de Jefté ampliada con la de su hija. Se recogieron dos antiguas piezas poéticas, el Cántico de Débora, 5, que es un duplicado del relato en prosa, 4, y el apólogo de Jotán, Jue_9:7-15, dirigido contra la realeza de Abimélec. Los héroes de algunas tribus se convertían en este libro en figuras nacionales que habían dirigido las guerras de Yahvé para todo Israel. Los jueces menores, Tolá, Yaír, Ibsán, Elón, Abdón, proceden de una tradición diferente. No se les atribuye ningún acto salvador, solamente se dan informaciones acerca de sus orígenes, su familia y el lugar de su sepultura, y se dice que han juzgado a Israel durante un número de años preciso y variable. Conforme al uso diverso del verbo sf[di[si2][md5].[mu5]t[ee, juzgar, en las lenguas semíticas del Oeste, emparentadas con el hebreo, en Mari en el s. XVIII a. C., y en Ugarit en el s. XIII, y hasta en los textos fenicios y púnicos de la época grecorromana (los sufetes de Cartago), estos jueces no sólo administran justicia, sino que gobiernan. Su autoridad no se extendía más allá de su ciudad o de su distrito. Fue una institución política intermedia entre el régimen tribal y el régimen monárquico. Los primeros redactores deuteronomistas poseían informes auténticos de estos jueces, pero extendieron su poder a todo Israel y los ordenaron en sucesión cronológica. Trasladaron su título a los héroes del libro de los libertadores, que de ese modo se convirtieron en jueces de Israel. Jefté servía de lazo de unión entre los dos grupos: había sido un libertador, pero también había sido juez; se sabían, y se dan a propósito de él los mismos datos, Jue_11:1-2; Jue_12:7, que a propósito de los jueces menores, entre los cuales se incrusta su historia. Con ellos se equiparó también una figura que primitivamente nada tenía que ver con ninguno de los dos grupos: el singular héroe danita Sansón, que no había sido ni libertador ni juez, pero cuyas hazañas contra los filisteos se narraban en Judá, 13-16. Se añadió en la lista a Otniel, Jue_3:7-11, que pertenece a la época de la conquista, ver Jos_14:16-19; Jue_1:12-15, y más adelante a Sangar, Jue_3:31, que ni siquiera era israelita, ver Jue_5:6, así se alcanzaba la cifra de doce, simbólica de todo Israel. Fue también la redacción deuteronomista la que puso al libro su marco cronológico: conservando los datos auténticos sobre los jueces menores, fue intercalando en los relatos indicaciones convencionales en que se repiten las cifras de 40, duración de una generación, o su múltiplo 80, o su mitad 20, en un esfuerzo por alcanzar un total que, combinado con otros datos de la Biblia, corresponde a los 480 años que la historia deuteronomista pone entre la salida de Egipto y la construcción del Templo, 1Re_6:1. En este marco, las historias de los Jueces llenan sin lagunas el período que discurrió entre la muerte de Josué y los comienzos del ministerio de Samuel. Pero, sobre todo, los redactores deuteronomistas dieron al libro su sentido religioso. Éste se expresa en la introducción general de 2:6-3:6 y en la introducción particular a la historia de Jefté, Jue_10:6-16, así como en las fórmulas redaccionales que llenan casi toda la historia de Otniel, que es una composición deuteronomista, y que sirven de marco a las grandes historias siguientes: los israelitas han sido infieles a Yahvé, él los ha entregado en manos de los opresores; los israelitas han implorado a Yahvé, él les ha enviado un salvador, el Juez. Pero vuelven las infidelidades y la serie se repite. Este libro deuteronomista de los Jueces tuvo por lo menos dos ediciones. Los indicios más claros son: los dos elementos que se añaden en la introducción, Jue_2:11-19 y Jue_2:6-10 * 2:20-3:6, y las dos conclusiones a la historia de Sansón, Jue_15:20 y Jue_16:30, que significan que el cap. 16 es una adición.

Este libro no contenía aún los apéndices, 17-21. Éstos no narran la historia de un juez, sino que informan de los acontecimientos ocurridos antes de la institución de la monarquía, razón por la cual han sido añadidos al final del libro después de la vuelta del Destierro. Reproducen antiguas tradiciones y han pasado por una larga historia literaria o preliteraria antes de ser aquí incluidos. Los caps. 17-18 tienen su origen en una tradición danita sobre la migración de la tribu y la fundación del santuario de Dan, que ha sido transformada en sentido peyorativo. Los caps. 19-21 combinan dos tradiciones de los santuarios de Mispá y Betel, que fueron divulgadas por todo Israel; estas tradiciones, quizá benjaminitas, fueron revisadas en Judá en sentido hostil a la realeza de Saúl en Guibeá.

El libro es casi nuestra única fuente para el conocimiento de la época de los Jueces; pero no permite escribir una historia lógica de esa época. La cronología que nos da es artificial, como lo hemos dicho ya. Suma períodos que han podido superponerse en el tiempo, puesto que los tiempos de opresión y las liberaciones nunca afectan más que a una parte del territorio y la época de los Jueces no se extendió más de siglo y medio.

Los principales acontecimientos cuyo recuerdo se nos conserva pueden ser fechados dentro de este período sólo por aproximación. La victoria de Tanac bajo Débora y Barac, 4-5, pudo haber sido conseguida hacia mediados del s. XII, es anterior a la invasión madianita (Gedeón) y a la expansión de los filisteos fuera de su territorio propio (Sansón). De ello se deduce sobre todo que, durante este turbulento período, los israelitas no sólo tuvieron que luchar contra los cananeos, primeros poseedores del país, por ejemplo contra los de la llanura de Yizreel, batidos por Débora y Barac, sino también contra los pueblos vecinos: moabitas (Ehúd), amonitas (Jefté), madianitas (Gedeón), y contra los filisteos recién llegados (Sansón). En estos momentos de peligro, cada grupo defiende su territorio. En ocasiones, un grupo se une a los grupos vecinos, Jue_7:23, o a la inversa, una tribu poderosa protesta porque no ha sido invitada a participar del botín, Jue_8:1-3; Jue_12:1-6. El Cántico de Débora, 5, estigmatiza a las tribus que no han respondido al llamamiento y, cosa notable, Judá y Simeón ni siquiera aparecen nombrados.

Estas dos tribus vivían en el Sur, separadas por la barrera no israelita de Guézer, de las ciudades gabaonitas y de Jerusalén, y su aislamiento alimentaba los gérmenes del cisma futuro. Por el contrario, la victoria de Tanac, que daba a los israelitas la llanura de Yizreel, facilitó la unión de la Casa de José y de las tribus del Norte. Sin embargo, la unidad entre las diferentes fracciones estaba asegurada por la participación en la misma fe religiosa: todos los Jueces fueron yahvistas convencidos, y el santuario del arca en Silo era el centro donde todos los grupos se encontraban. Además, estas luchas forjaron el alma nacional y prepararon el momento en que, ante un peligro general, se unirían todos contra el enemigo común, bajo Samuel.

El libro enseñaba a los israelitas que la opresión es un castigo de la impiedad y que la victoria es una consecuencia de la vuelta a Dios. El Eclesiástico alaba a los Jueces por su fidelidad, Sir_46:11-12, la epístola a los Hebreos presenta sus éxitos como la recompensa de su fe; forman parte de esa nube de testigos que anima al cristiano a rechazar el pecado y a soportar con valentía la prueba a que se le somete, Heb_11:32-34 y Heb_12:1.

Fuente: Nueva Biblia de Jerusalén (1998) - referencias, notas e introducciones a los libros

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Notas


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jue_12:1-6

[2] Jue_6:35; Jue_7:24

NOTAS

8 Efraín aparece aquí como subordinado a Manasés, ver Jue_7:24, Jue_7:25, pero los efrainitas difícilmente soportan verse así en segunda fila. Efraín acabará estableciendo su superioridad sobre Manasés, que es lo que expresa la preferencia que le da Jacob en Gén_48:17.



NOTAS

8:4 Se presenta esta campaña como continuación de la que se refiere en Jue_7:1-22, ver Jue_8:4, pero en su origen es una tradición independiente, relacionada quizá con otra incursión de los madianitas. En todo caso, es diferente del episodio de Jue_7:25, en el que los «jefes» de Madián tienen nombres distintos a los «reyes» de Madián, Jue_8:5. Las precisiones geográficas referentes a Sucot, Penuel y Transjordania indican una tradición local.

NOTAS

8:5 Zébaj «Víctima» y Salmuná «Sombra vacilante» parecen nombres inventados.

NOTAS

8:13 «por la pendiente de Jeres» griego; «de encima» (?) hebr.

NOTAS

8:16 «»desgarró» versiones y Jue_8:7.; «dio a conocer» hebr.

NOTAS

8:18 «Cómo eran» Vulg.: «dónde estaban» hebr. -No hay ninguna otra noticia de esta batalla del Tabor. Gedeón hace saber a los reyes que han matado a sus hermanos y con ello justifica su papel de vengador de sangre, ver Núm_35:19+.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jue_9:54


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Sal_83:12 [Sal_83:11]


NOTAS

8:23 Los vv. Jue_8:22-23 interrumpen el relato, pero es muy probable que, después de la victoria, la gente de la región de Siquén haya ofrecido la realeza a Gedeón; sin embargo, no se trata seguramente de todo Israel. La negativa de Gedeón quizá no expresa más que la opinión deuteronomista, en la línea antimonárquica de Jue_9:7-15 y 1Sa_8:12, porque, según Jue_9:2, los hijos de Gedeón-Yerubaal dominan en Siquén.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Éxo 32


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Núm_31:28 s; Núm_31:50 s; 2Sa_8:11-12

NOTAS

8:25 «Extendió» griego; plural hebr.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jue 17-18; 1Re_12:26-32

NOTAS

8:27 No se trata de efod-vestidura, 1Sa_2:18, sino de un objeto cultual utilizado para la adivinación, ver 1Sa_2:28+. Seguramente, Gedeón lo destinaba al culto de Yahvé, pero el redactor deuteronomista lo condena, como asimismo estimará sospechoso el efod de Micá, Jue_17:3 s.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jue_3:11+


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jue 9

NOTAS

8:32 Los vv. Jue_8:30-32 se parecen a las noticias sobre los jueces «menores», ver Jue_10:1-5; Jue_12:8-15. Jue_8:29, que repite el nombre de Yerubaal, estaría mejor a continuación de Jue_6:25-32.

NOTAS

8:33 Baal Berit o El Berit, es el dios de la alianza venerado por los cananeos de Siquén, Jue_9:46. Siquén es también el lugar donde se había concluido una alianza con Yahvé, Jos 24; el sincretismo era casi inevitable.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jue_9:16