Sabiduría 6 Biblia Jerusalén (1998) | 25 versitos |
1 Escuchad, reyes, y entended. Aprended, gobernantes de los confines de la tierra.
2 Estad atentos los que domináis multitudes y presumís de tener muchos pueblos.
3 Pues recibisteis el poder del Señor y la soberanía del Altísimo; él investigará vuestras acciones y examinará vuestros proyectos.
4 Porque, siendo ministros de su reino, no juzgasteis rectamente, ni guardasteis la ley, ni actuasteis de acuerdo con la voluntad de Dios,
5 terrible y repentino caerá sobre vosotros, pues un juicio implacable aguarda a los grandes.
6 Porque al más humilde se le perdona por piedad, pero los poderosos serán poderosamente examinados.
7 El Señor de todos no retrocede ante nadie, ni la grandeza le intimida; que él mismo hizo a pequeños y grandes y de todos cuida por igual;
8 pero a los poderosos les aguarda una investigación rigurosa.
9 A vosotros, pues, soberanos, se dirigen mis palabras para que aprendáis sabiduría y no pequéis.
10 Porque los que guarden santamente las cosas santas, serán santificados, y los que las aprendan encontrarán defensa.
11 Así, pues, ansiad mis palabras; anheladlas y recibiréis instrucción.
12 La sabiduría es radiante e inmarcesible. Se deja ver fácilmente por los que la aman y encontrar por los que la buscan.
13 Se adelanta a manifestarse a los que la desean.
14 Quien madruga para buscarla, no se cansa, pues la encuentra sentada a su puerta.
15 Meditar sobre ella es sensatez consumada, quien se desvela por ella pronto se ve libre de preocupaciones.
16 Pues ella misma va buscando a los que son dignos de ella, se les muestra benévola por los caminos y sale al encuentro de todos sus pensamientos.
17 Su verdadero comienzo es el afán de instrucción, el interés por la instrucción es amor,
18 el amor es la observancia de sus leyes, la atención a las leyes es garantía de inmortalidad
19 y la inmortalidad acerca a Dios;
20 por tanto, el afán de la sabiduría conduce al reino.
21 Así que, si queréis tronos y cetros, soberanos de los pueblos, apreciad la sabiduría y reinaréis eternamente.
22 Os voy a explicar la esencia y el origen de la sabiduría; no os ocultaré secretos, sino que rastrearé sus huellas desde su origen y pondré de manifiesto su conocimiento sin eludir la verdad.
23 No compartiré el camino con la envidia corrosiva, pues nada tiene que ver con la Sabiduría.
24 En la abundancia de sabios está la salvación del mundo y en un rey sensato, el bienestar del pueblo.
25 Así, pues, dejaos instruir por mis palabras y sacaréis provecho.

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Introducción a Sabiduría

LIBRO DE LA SABIDURÍA

Introducción
El libro griego de la Sabiduría forma parte de los libros deuterocanónicos. Lo utilizaron los Padres del siglo II d. C. y, a pesar de las vacilaciones y de algunas oposiciones, en especial la de San Jerónimo, ha sido reconocido como inspirado a título igual que los libros del canon hebreo.

En la primera parte, el libro que la Vulgata llama simplemente Liber Sapientiae, muestra el papel de la Sabiduría en el destino del hombre y compara la suerte de los justos y de los impíos en el curso de la vida y después de la muerte, 1-5. La segunda parte, 6-9, expone el origen y la naturaleza de la Sabiduría y los medios de adquirirla. La última parte, 10-19, ensalza la acción de la Sabiduría y de Dios en la historia del pueblo elegido, insistiendo únicamente, salvo una breve introducción que se remonta a los orígenes, en el momento capital de esta historia, la liberación de Egipto; una larga digresión, 13-15, contiene una severa crítica de la idolatría.

Se supone que el autor es Salomón, a quien claramente se designa, salvo el nombre, en Sab_9:7-8, Sab_9:12, y el libro se llama en griego «Sabiduría de Salomón». Éste habla como un rey, Sab_7:5; Sab_8:9-15, y se dirige a sus colegas en la realeza, Sab_1:1; Sab_6:1-11, Sab_6:21. Pero se trata de un evidente artificio literario, que pone este escrito de sabiduría, como el Eclesiastés y el Cantar, bajo el nombre del sabio más grande de Israel. En efecto, el libro ha sido escrito todo él en griego, aun la primera parte, 1-5, para la que algunos han supuesto erróneamente un original hebreo. La unidad de la composición corre pareja con la del lenguaje, que es flexible y rico, y fluye sin esfuerzo entre figuras retóricas.

El autor es ciertamente un judío, lleno de fe en el «Dios de los Padres», Sab_9:1, orgullosos de pertenecer al «pueblo santo», a la «raza irreprochable», Sab_10:15, pero judío helenizado. Su insistencia sobre los acontecimientos del Éxodo, la antítesis que establece entre egipcios e israelitas y su crítica de la zoolotría demuestran que vivía en Alejandría, que era a la vez capital del helenismo bajo los Tolomeos e importante ciudad judía de la Dispersión. Cita la Escritura según la traducción de los Setenta, realizada en este ambiente: es, pues, posterior a ésta, pero desconoce la obra de Filón de Alejandría (20 a. C. - 54 d. C.). Por su parte, este filósofo griego parece que jamás se inspira en la Sabiduría, pero hay muchos contactos entre las dos obras, brotan en el mismo ambiente y no pueden estar muy alejadas en el tiempo. No es posible demostrar de una manera absolutamente cierta la utilización de la Sabiduría por el Nuevo Testamento, pero sí es probable que San Pablo haya sentido su influencia literaria y que San Juan haya tomado de ella algunas ideas para expresar su teología del Verbo. El libro ha podido ser escrito en la segunda mitad del siglo I antes de nuestra era; es el más reciente de los libros del Antiguo Testamento.

El autor se dirige en primer lugar a los judíos, sus compatriotas, cuya fidelidad está en peligro por el prestigio de la civilización alejandrina: el renombre de las escuelas filosóficas, el desarrollo de las ciencias, la atracción de las religiones mistéricas, de la astrología, del hermetismo, o el atractivo sensible de los cultos populares. Ciertas precauciones que toma indican que también busca la atención de los paganos, a quienes quiere llevar al Dios que ama a todos los hombres. Pero esta intención es secundaria, el libro es una obra de defensa mucho más que de conquista.

Dado el ambiente, la cultura y las intenciones del autor, no es extraño que se observen en su libro numerosos contactos con el pensamiento griego. Pero no se debe exagerar su importancia. Ciertamente debe a su formación helénica un vocabulario para la abstracción y una facilidad de razonamiento que no permitían el léxico y la sintaxis del hebreo; le debe también cierto número de términos filosóficos, de cuadros de clasificación y de temas de escuela, pero estos préstamos limitados no significan la adhesión a una doctrina intelectual, sino que sirven para expresar un pensamiento que se nutre del Antiguo Testamento. De los sistemas filosóficos, o de las especulaciones de la astrología, no sabe sin duda más que un hombre culto de su época en Alejandría.

No es ni filósofo ni teólogo, es un sabio de Israel. Como sus predecesores, exhorta a la búsqueda de la sabiduría, que procede de Dios, que se consigue con la oración, que es raíz de las virtudes y que procura todos los bienes. Con una visión más amplia que ellos, agrega a esta sabiduría las recientes adquisiciones de la ciencia, Sab_7:17-21; Sab_8:8. La cuestión de la retribución, que tanto preocupaba a los sabios, recibe en él la solución. Beneficiándose de las doctrinas platónicas acerca de la distinción entre cuerpo y alma, ver Sab_9:15, y sobre la inmortalidad del alma, afirma que Dios ha creado al hombre para la incorruptibilidad, Sab_2:23, que la recompensa de esta sabiduría es esta incorruptibilidad que garantiza un lugar junto a Dios, Sab_6:18-19. Lo que aquí abajo sucede no es más que una preparación para la otra vida, donde los justos vivirán con Dios, mientras que los impíos recibirán su castigo, Sab_3:9-10. El autor no alude a una resurrección corporal. Con todo, parece que da lugar a la posibilidad de una resurrección de los cuerpos de una forma espiritualizada, tratando, de este modo, de conciliar la noción griega de inmortalidad y las doctrinas bíblicas que se orientaban hacia una resurrección corporal (Daniel).

Como para sus predecesores, la Sabiduría es un atributo de Dios. Esta Sabiduría es la que reguló todo ya en la creación y la que guía los acontecimientos de la historia. A partir del cap. 11, lo que a ella se le atribuía es referido directamente a Dios, pero lo es porque la Sabiduría se identifca con Dios en su gobierno del mundo. Por otra parte, la Sabiduría es «una emanación de la gloria del Omnipotente... un reflejo de la luz eterna... una imagen de su bondad», Sab_7:25-26; y de este modo aparece como distinta de Dios, pero es al mismo tiempo una irradiación de la esencia divina. Sin embargo, no parece que el autor vaya aquí más lejos que los demás libros sapienciales, y haga de la Sabiduría una hipóstasis, pero todo este pasaje sobre la naturaleza de la Sabiduría, 7:22-8:8, marca un progreso en la formulación y un ahondamiento en las ideas antiguas.

El autor, en su meditación sobre el pasado de Israel, 10-19, había sido ya precedido por Ben Sirá, Si 44-50, ver también los Sal 78, 105, 106, 135, 136; pero su originalidad se muestra en dos puntos. En primer lugar, busca las razones de los hechos, y esboza una filosofía religiosa de la historia, que supone una interpretación nueva de los textos: por ejemplo, las explicaciones sobre la moderación de Dios con Egipto y Canaán, 11:15-12:27. Sobre todo, fuerza el relato bíblico para demostrar una tesis. Los caps. 16-19 no son más que un largo paralelo antitético entre el destino de los egipcios y el de los israelitas, en el que el autor, para mejor destacar su tema, enriquece el relato con rasgos inventados, pone en conexión episodios distintos, y abulta los hechos. Es un excelente ejemplo de la exégesis midrásica que cultivarán los rabinos.

Los gustos han cambiado y estas páginas han envejecido, pero la primera parte del libro, 1-9, siempre ofrece al cristiano un alimento espiritual de alta calidad; la liturgia de la Iglesia se ha aprovechado ampliamente de ella.

El texto del libro de la Sabiduría está contenido en cuatro grandes mss: B (Vaticano, s. IV), S (Sinaítico, s. IV), A (Alejandrino, s. V) y C (Codex Ephraemi rescriptus, s. V), y en numerosos mss secundarios. El mejor ms es el B, que ha servido de base para la presente traducción.

Fuente: Nueva Biblia de Jerusalén (1998) - referencias, notas e introducciones a los libros

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Notas


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Sab_1:1; Sal_2:10; Sir_33:19

NOTAS

6:1 (a) Lat. comienza el cap. con una adición que sin duda es un título: «La Sabiduría es mejor que la fuerza, y el hombre prudente mejor que el poderoso». Esta adición es el v. 1 de la Vulgata.

6:1 (b) A diferencia de Sab_1:1, la atención se fija en la condición de los soberanos y en sus responsabilidades. La perspectiva es claramente universalista.



REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Pro_8:15-16


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Dan_2:21; Dan_2:37; 1Cr_29:12; Rom_13:1; Jua_19:11

NOTAS

6:3 Esta doctrina del origen divino del poder se hallaba ya afirmada de diferentes formas en la Escritura, especialmente en Pro_8:15-16; Dan_2:37; Dan_5:18; 1Cr_29:12; Sir_10:4. El autor la precisa mucho más (ver también Rom_13:1; Jua_19:11) y la amplía haciendo a todos los príncipes sin excepción «ministros» de la realeza de Dios (Sab_6:4).

NOTAS

6:4 Ante todo la ley natural, cuyo intérprete es la conciencia, ver Rom_2:14, pero también probablemente las diferentes legislaciones positivas que la concretan, y que los reyes paganos deben observar para distinguirse de los tiranos.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Job_34:17-19; Sir_35:12 s

[2] Pro_22:2; Job_31:15


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Sab_5:5

NOTAS

6:10 Es decir: los que cumplen religiosamente la voluntad divina y que serán reconocidos como «santos» (Sab_5:5) en el juicio.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Pro_8:17; Sir_6:27; Mat_7:7-11 p; Jua_14:21

NOTAS

6:12 La palabra «sabiduría» designa ahora no tanto una disciplina o unos contenidos meramente humanos, cuanto una cualidad o atributo divino.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Sir_6:36; Sir_39:5


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Pro_1:20-21; Sab_8:2-3; Isa_65:1-2; Isa_65:24; Sir_15:2; 1Jn_4:10


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Pro_4:7

NOTAS

6:17 Los vv. Sab_6:17-20 imitan libremente el razonamiento griego llamado «sorites», en el que el atributo de cada proposición es el sujeto de la siguiente y la conclusión (Sab_6:20) enlaza al sujeto inicial (aquí: «el afán de instrucción») con el penúltimo atributo (aquí: «acerca a Dios», traducido por «reino»).

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Sab_3:4+

NOTAS

6:18 (a) El amor incluye la obediencia, Éxo_20:6; Deu_5:10; Deu_11:1; Sir_2:15; Jua_14:15, etc. Las «leyes» de la Sabiduría se identifican con las grandes obligaciones religiosas y morales contenidas en la Revelación; y acaso también con leyes no escritas, dictadas por la conciencia y manifestadas por la Sabiduría divina.

6:18 (b) Aquí, el término se emplea en sentido jurídico. El esmero en el cumplimiento de las leyes de la Sabiduría no basta para dar la incorruptibilidad, pero crea un título real e innegable para conseguir de Dios la incorruptibilidad bienaventurada o la inmortalidad, ver Sab_2:23; Sab_3:4.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Sab_3:7-8; Sab_5:16


NOTAS

6:21 Buen número de mss latinos añaden aquí: «amad la luz de la Sabiduría, todos los que gobernáis a los pueblos». Este v., suplemento en la Vulg. (23), es una glosa marginal o un duplicado.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Job 28

NOTAS

6:22 Alusión al secreto celosamente guardado en las religiones mistéricas o en las doctrinas esotéricas: la revelación sólo se comunicaba a los iniciados.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Sir_51:23 s


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Pro_29:4; Sir_10:1-3