Hebreos 5 Biblia Jerusalén (1998) | 14 versitos |
1 Porque todo sumo sacerdote es tomado de entre los hombres y está constituido en favor de los hombres en lo que se refiere a Dios para ofrecer dones y sacrificios por los pecados.
2 Es capaz de comprender a ignorantes y extraviados, porque está también él envuelto en flaqueza.
3 Y a causa de la misma debe ofrecer por sus propios pecados lo mismo que por los del pueblo.
4 Y nadie se arroga tal dignidad, si no es llamado por Dios, lo mismo que Aarón.
5 De igual modo, tampoco Cristo se atribuyó el honor de ser sumo sacerdote, sino que lo recibió de quien le dijo: Hijo mío eres tú; yo te he engendrado hoy.
6 Como también dice en otro lugar: Tú eres sacerdote para la eternidad, a la manera de Melquisedec.
7 El cual, habiendo ofrecido en los días de su vida mortal ruegos y súplicas con poderoso clamor y lágrimas al que podía salvarlo de la muerte, fue escuchado por su actitud reverente,
8 y aun siendo Hijo, por los padecimientos aprendió la obediencia;
9 y llegado a la perfección, se convirtió en causa de salvación eterna para todos los que le obedecen,
10 proclamado por Dios sumo sacerdote a la manera de Melquisedec.
11 Sobre este particular tenemos muchas cosas que decir, aunque difíciles de explicar, porque os habéis hecho torpes de oído.
12 Pues debiendo ser ya maestros en razón del tiempo, volvéis a tener necesidad de ser instruidos en los primeros rudimentos de los oráculos divinos, y estáis necesitados de leche en lugar de manjar sólido.
13 Pues todo el que se nutre de leche desconoce la doctrina de la justicia, porque es niño.
14 En cambio, el manjar sólido es de adultos; de aquellos que, por la costumbre, tienen las facultades ejercitadas en el discernimiento del bien y del mal.

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Introducción a Hebreos

EPÍSTOLA A LOS HEBREOS

Introducción
A diferencia de todas las anteriores, la autenticidad de la epístola a los Hebreos ha sido, desde antiguo, motivo de discusión. Rara vez se ha impugnado su canonicidad, pero la Iglesia de Occidente se negó a atribuírsela a Pablo hasta fines del siglo IV; y si bien la de Oriente aceptó esta atribución, no lo hizo sin reservas respecto de su forma literaria (Clemente de Alejandría, Orígenes). Y es que, en realidad, el lenguaje y el estilo de este escrito tienen una elegante pureza no habitual en San Pablo. No es suyo el modo de citar y utilizar el AT. Faltan el saludo y la introducción con que suele comenzar sus cartas.

Sin embargo resuena en ella el pensamiento paulino, sobre todo cuando desarrolla temas como la fe; la Ley antigua otorgada por mediación de ángeles, Heb_2:2; ver Gál_3:19+; la prevaricación de la generación salida de Egipto y que muere durante la travesía del desierto como una advertencia para los creyentes, 3:7-4:2; ver 1Co_10:1-3; los destinatarios, como niños que tienen necesidad de la leche materna, Heb_5:12; ver 1Co_3:1-13; 1Pe_2:2; Abrahán, modelo de la fe, Heb_6:12-15; Heb_11:19; ver Rom_4:17-21; la alianza del Sinaí, contrapuesta a la de la nueva Jerusalén, Heb_12:18-24; ver Gál_4:24-26, etc. El saludo final cita a Timoteo y el lenguaje del mismo recuerda a veces las epístolas pastorales y las de la cautividad.

Estas consideraciones han hecho pensar a muchos críticos católicos y protestantes en un redactor que avanza dentro de la línea paulina, sin llegar a la unanimidad a la hora de identificar a este autor anónimo. Se han propuesto diversos nombres, como Bernabé, Aristión, Silas, Apolo, Priscila, etc. Resulta más sencillo caracterizar su personalidad: es un judío de cultura helénica, familiarizado con el arte oratorio, preocupado por una interpretación puntual de los pasajes del AT que utiliza para apoyar su argumentación, y que cita normalmente según la versión de los LXX.

Tampoco hay datos que señalen el lugar y la fecha de composición, o los destinatarios. Parece que el escrito fue enviado desde Italia, Heb_13:24+ (pero la frase no es clara) y que fue redactado antes de la destrucción de Jerusalén. Aunque habla efectivamente de la liturgia veterotestamentaria como de una realidad actual, Heb_8:4 s; Heb_13:10, no alude nunca al Templo destruido por Tito en el 70 d. C., sino que se refiere siempre a la Tienda del desierto y a los textos que la describen, vigentes más allá de las vicisitudes históricas que afectaron al santuario. Incluso la resonancia de algunos pasajes de Heb_1:1-13 en la Primera Carta de Clemente —acéptese o no la hipótesis de un fondo común de las referencias bíblicas— no aporta ninguna utilidad, teniendo en cuenta las dificultades de datación para el escrito clementino. Hb alude luego a una persecución ya pasada, Heb_10:32-34, o a punto de terminar, Heb_13:3; pero estos indicios son demasiado endebles para fijar una fecha concreta. Por el contrario, un dato seguro es la distancia que media entre la predicación apostólica, Heb_2:3-4, y el primer anuncio recibido por los mismos destinatarios a través de los «guías» que tampoco son identificados, Heb_13:7+; ver Heb_10:32. Hb reserva el título de «apóstol» a Cristo, Heb_3:1+.

La principal preocupación del autor parece ser la de prevenir contra el peligro de la apostasía, Heb_6:4-8; Heb_10:19-39, y animar a los que tal vez añoraban el culto mosaico y el sesgo tranquilizante —incluso en el aspecto psicológico— de una religión oficial que las jóvenes comunidades cristianas no parecían compartir, Heb_13:9-10. Según esto podemos pensar que los destinatarios eran Hebreos convertidos que vivían en ambiente helénico, o bien gentiles fascinados por el culto hebreo, a semejanza de los lectores a los que se dirige Filón de Alejandría. Lo cierto es que se trataba de personas familiarizadas —a través de la catequesis o de la exégesis judía contemporánea— con cierta jerga técnica basada en la lectura de los LXX (ver Heb_5:10+; Heb_7:11), o también con algunas interpretaciones tradicionales, Heb_7:1-3+; Heb_11:17-19+. No se puede afirmar lo mismo en lo referente al Templo: las descripciones de lugares y ritos son abundantes, pero no siempre precisas, ver Heb_9:1-4+; Heb_13:21; Heb_10:11+.

Tampoco hay acuerdo sobre el género literario de Hb: ¿carta, discurso, tratado en forma epistolar? La epístola tiene, en realidad, la espontaneidad de un lenguaje hablado (p.e. Heb_2:5; Heb_7:4; Heb_9:5; Heb_11:32); pero con cortes súbitos, Heb_3:1; Heb_8:1; Heb_10:1; Heb_13:1, repeticiones, Heb_2:1-4 y Heb_12:25; Heb_2:17-18 y Heb_4:14-16; Heb_6:4-8 y Heb_10:26-31, y, sobre todo, retornos al tema principal después de largos intervalos, mal encajados dentro del contexto, Heb_4:4-16; Heb_5:9-10; Heb_6:20; Heb_8:1-2; Heb_9:11; Heb_10:19-23. Todo esto no cuadra bien con el género de una homilía que debía mantener atentos a los oyentes del principio al fin. Además, la disposición casi concéntrica de los temas cuadra menos con el género de un discurso: parece que se habla del sacerdocio y del sacrificio de Cristo en un pasaje central, 7:1-10:8; de la perseverancia en la fe, en dos pasajes simétricos, 3:1-4:14 y 10:19-12:13, enmarcados por dos discursos, uno sobre los ángeles, 1:5-2:18, y otro, que es una exhortación con rasgos apocalípticos, 12:14-13:19. ¡No habría oyente que lo siguiera!

De todos modos se pueden reconocer dos líneas de argumentación. La primera arranca de la exégesis cristológica del Sal 8 en Heb_2:5-8, se prolonga en Heb_5:1-10, para alcanzar su pleno desarrollo en Heb_7:1-28; Heb_10:1-18, enriquecido con una exhortación (Heb_10:26-36 y Heb_12:14-17), que concluye en Heb_13:20-21. Esta primera línea trata específicamente del sacerdocio de Cristo. La segunda línea desarrolla el tema de la fe, siguiendo el ejemplo del pueblo del Éxodo, y se reconoce principalmente en Heb_1:1-3; Heb_2:1-4; Heb_3:1-4, Heb_3:14; 10:36-12:3; Heb_12:18-25. En el desarrollo de este tema se concentran los rasgos más relevantes de inspiración paulina. La inserción (ver Heb_13:1+) de los capítulos 8 y 9, que interrumpe la secuencia entre Heb_7:28 y Heb_10:1+, (que contiene duplicados con Heb_10:1-18, relacionados con el tema de las repeticiones, aludidas anteriormente), puede considerarse como un desarrollo complementario de la primera línea de argumentación.

Estas dos homilías, escritas probablemente para ser pronunciadas, fueron fundidas en la última etapa redaccional en que se reagruparon las exhortaciones al final del texto. En esta etapa se intercalaron los cap. 8-9, las repeticiones, y la recapitulación de Heb_13:9-15. En realidad, cualquiera de estas subdivisiones tiene su punto de arbitrariedad; no obstante, se seguirá esta última en la presentación de la traducción del texto.

En la primera homilía, el autor concibe la revelación bíblica como un «continuum» (Heb_1:1-2) en cuatro tiempos: el tiempo de los Patriarcas y de las promesas (Heb_6:13-18); el tiempo de la Ley, «sombra» (Heb_8:5; Heb_10:1) y realización «carnal» (Heb_7:16); la renovación de las promesas por medio de David y los Profetas (Heb_4:7; Heb_7:28; Heb_8:7-13; la «imagen» de Heb_10:1); y finalmente la era escatológica, el «hoy» (Heb_4:7), inaugurado por Cristo, y en el que estamos también nosotros (Heb_11:39-40). El autor esboza las líneas de este tiempo a partir de una concepción del universo constituido en dos planos: los «eones», el universo inmanente que nosotros todavía no vemos sometido a Cristo (Heb_2:8), y el universo divino, fundamento de la realidad, según la mentalidad helenista y según algunas corrientes de la apocalíptica judía, en el que Jesús es situado como rey (Heb_1:6) y como sacerdote después de haber sido liberado del poder de la muerte (Heb_5:7; Heb_13:20). Una elaboración posterior (cap. 8-9) presenta el sacerdocio eterno de Cristo enlazado con el ofrecimiento de sí mismo realizado durante su vida. Esto le permite al creyente acercarse a Dios con plena confianza, sin mediación humana.

La vida del fiel, en realidad, debe ser considerada como un éxodo continuo hacia la patria prometida (Heb_4:1-6) que no puede identificarse con ningún lugar terrestre (Heb_4:8; Heb_11:13; Heb_13:14).

Esta afirmación, que no es intrascendente para los hebreos —incluso los helenizados— que están viviendo entre dos rebeliones judías (64-135 d. C.), debe integrarse con la idea de que la existencia terrestre, vivida en la obediencia a Cristo (Heb_5:9), precursor y guía de la salvación (Heb_6:20; Heb_2:10), es ella misma una liturgia (Heb_13:15-16).

Fuente: Nueva Biblia de Jerusalén (1998) - referencias, notas e introducciones a los libros

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Notas


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Heb_8:3

NOTAS

5:1 Se trata de la actividad del sacerdote como sacrificador (ver Lv 1; 4; 9), reservada a Aarón y no a Moisés, que será objeto de una larga exposición. El sacrificio, puesto que está en relación con el pecado, muestra al sacerdote solidario de los hombres en presencia de Dios.



REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Lev_9:7; Lev_16:6

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jua_3:27

[2] Éxo_28:1

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Sal_2:7

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Sal_110:4

NOTAS

5:6 Lit.: «para el eón». La exégesis que da a eis ton aiôna el sentido de «para el eôn» [divino], en el que Cristo ha entrado después de su muerte (v. 7), se apoya en el artículo determinado. Es el sentido de la traducción para la eternidad.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Rom_7:5+

[2] Mat_26:36 sp

NOTAS

5:7 (a) En toda esta sección se pone de relieve la condición humana del sacerdote. Para representar a los hombres, debe ser uno de ellos; para compadecer sus miserias, debe haberlas compartido, ver Heb_2:17-18; Heb_4:15. Pues bien, esta condición humana de carne, Rom_7:5+, queda bien probada en Jesús por toda su vida terrena, por su debilidad, v. Heb_5:2, y sobre todo por su agonía y su muerte. La diferencia capital entre el sumo sacerdote aarónida y Jesús reside en el hecho de que el primero, mediante una serie de abstenciones que lo mantienen separado, Lev_21:10-23, es solidario con su pueblo sólo en el pecado, v. Heb_5:3, mientras que Cristo es plenamente laico desde dicha perspectiva aarónida, pero no tiene pecado, Heb_4:15.

5:7 (b) No es que Dios librara a Jesús de la muerte física, sino que le arrancó de su poder, Hch_2:24, y transformó esta muerte en una exaltación de gloria, Jua_12:27; Jua_13:31; Jua_17:5; Flp_2:9-11; Heb_2:9.

5:7 (c) El término implica respeto y sumisión. La oración de Cristo en la agonía seguía inspirándose en una total sumisión a la voluntad de su Padre, ver Mat_26:39, Mat_26:42. Los vv. Heb_5:7-8, de redacción particularmente cuidada, se apoyan en la raíz común de hyp-akúein: «escuchar desde abajo, obedecer», ep-akúein: «escuchar desde arriba, atender», y en el tópico clásico de la educación antigua, Heb_12:4-11; Pro_3:11-12 LXX, pázein - mázein:, «sufrir - aprender».

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Flp_2:8

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Heb_2:10+; Heb_7:28

[2] Jua_17:19; Rom_1:5+

NOTAS

5:9 En su oficio de Sacerdote y Víctima.

NOTAS

5:10 Después del toque de atención, el discurso se reanudad en Heb_7:1.

NOTAS

5:11 La contradicción entre Heb_5:11-12 y Heb_6:1-11 delata el carácter compuesto de 5:11—6:19. Toda la sección parece estar fuera de lugar, dado que en Heb_2:5-18 y Heb_5:1-10 ya se han abordado los temas que se desarrollarán más tarde, y que, por lo demás, no constituyen «la enseñanza elemental acerca de Cristo», Heb_6:1.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 1Co_3:1-3

[2] 1Pe_2:2

NOTAS

5:13 La «doctrina de la justicia» podría designar tanto los oráculos de Dios, como la Sagrada Escritura, ver 2Ti_2:16, o la doctrina en su totalidad.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 1Co_2:6+

[2] Flp_1:10+; Col_3:10+