Hechos 1 Biblia Jerusalén (1998) | 26 versitos |
1 El primer libro lo dediqué, Teófilo, a todo lo que Jesús hizo y enseñó desde el principio
2 hasta el día en que, después de haber dado instrucciones por medio del Espíritu Santo a los apóstoles que había elegido, fue levantado a lo alto.
3 A estos mismos, después de su pasión, se les presentó dándoles pruebas de que vivía, dejándose ver de ellos durante cuarenta días y hablándoles del Reino de Dios.
4 Mientras estaba comiendo con ellos, les ordenó: "No os vayáis de Jerusalén, sino aguardad la Promesa del Padre, que oísteis de mí:
5 Porque Juan bautizó con agua, pero vosotros seréis bautizados con Espíritu Santo dentro de pocos días."
6 Ellos, en cambio, habiéndose reunido, le preguntaron: "Señor, ¿es en este momento cuando le vas a restablecer el Reino a Israel?"
7 Él les contestó: "No es cosa vuestra conocer el tiempo y el momento que el Padre ha fijado con su propia autoridad;
8 al contrario, vosotros recibiréis una fuerza, cuando el Espíritu Santo venga sobre vosotros, y de este modo seréis mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaría, y hasta los confines de la tierra".
9 Y dicho esto, fue levantado en presencia de ellos, y una nube le ocultó a sus ojos.
10 Como ellos estuvieran mirando fijamente al cielo mientras él se iba, se les presentaron de pronto dos hombres vestidos de blanco
11 que les dijeron: "Galileos, ¿por qué permanecéis mirando al cielo? Este Jesús, que de entre vosotros ha sido llevado al cielo, volverá así tal como le habéis visto marchar al cielo".
12 Entonces se volvieron a Jerusalén desde el monte llamado de los Olivos, que está próximo a Jerusalén, la distancia de un camino sabático.
13 Y cuando llegaron, subieron a la estancia superior, donde vivían, Pedro y Juan; Santiago y Andrés; Felipe y Tomás; Bartolomé y Mateo; Santiago el de Alfeo, Simón el Zelota y Judas de Santiago.
14 Todos ellos perseveraban en la oración, con un mismo espíritu, en compañía de algunas mujeres, y de María la madre de Jesús, y de sus hermanos.
15 Uno de aquellos días Pedro, puesto en pie ante los hermanos - ya que el número de personas congregadas con el mismo propósito era de unas ciento veinte - les dijo:
16 "Hermanos, era preciso que se cumpliera la Escritura en la que el Espíritu Santo, por boca de David, había anunciado ya acerca de Judas, que fue guía de los que prendieron a Jesús.
17 Porque era uno de los nuestros y obtuvo un puesto en este ministerio.
18 Éste, pues, con la paga de su crimen compró un campo y cayendo de cabeza, reventó por medio y todas sus entrañas se esparcieron.
19 Y todos los habitantes de Jerusalén lo conocieron, hasta el punto que llamaron aquel terreno, en su lengua, Haqueldamá, es decir: "Campo de sangre".
20 Pues está escrito en el libro de los Salmos: Quede su majada desierta y no haya quien habite en ella. Y también: Que otro ocupe su cargo.
21 "Por tanto, es preciso que uno de los hombres que anduvieron con nosotros todo el tiempo que el Señor Jesús convivió con nosotros,
22 a partir del bautismo de Juan hasta el día en que fue llevado de entre nosotros al cielo, uno de ellos tiene que ser con nosotros testigo de su resurrección."
23 Presentaron a dos: a José, llamado Barsabás, por sobrenombre Justo, y a Matías.
24 Entonces oraron así: "Tú, Señor, que conoces el corazón de todos, muéstranos a cuál de estos dos has elegido,
25 para ocupar en el ministerio del apostolado el puesto del que Judas desertó para irse a su propio puesto."
26 Les repartieron las suertes y la suerte cayó sobre Matías, que fue agregado al número de los doce apóstoles.

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Introducción a Hechos

HECHOS DE LOS APÓSTOLES

Introducción
El tercer evangelio y el libro de los Hechos eran primitivamente las dos partes de una única obra, que nosotros titularíamos hoy «Historia de los orígenes cristianos». Desde muy pronto el segundo libro empezó a conocerse bajo el título «Hechos de los Apóstoles» o «Hechos de Apóstoles», según la moda de la literatura helenística que ya había divulgado obras como los «Hechos» de Aníbal, los «Hechos» de Alejandro, etc.; en el canon del NT está separado del evangelio de Lucas por el evangelio de Juan que se ha intercalado. La relación original de estos dos libros del NT viene indicada por sus respectivos Prólogos así como por su parentesco literario. El Prólogo de los Hechos que, como el del tercer evangelio Luc_1:1-4, se dirige a un tal Teófilo, Hch_1:1, remite a este evangelio como a un «primer libro», resumiendo su propósito y recogiendo los últimos sucesos (apariciones del Resucitado y Ascensión) para empalmar con ellos la continuación del relato. El otro vínculo que une estrechamente a estos dos libros es la lengua. Las características (de vocabulario, gramática y estilo) que aparecen a todo lo largo de los Hechos, y que confirman la unidad literaria de esta obra, las encontramos también en el tercer evangelio; lo que apenas permite dudar de que ambos libros son obra de un mismo autor.

La tradición de la Iglesia es unánime en reconocer que este autor es san Lucas. Nunca, ni en la antigüedad ni en nuestros días, se ha propuesto seriamente otro nombre. Así lo admitía ya hacia el año 175 el conjunto de las iglesias, como lo manifiesta la conformidad existente entre el documento romano llamado Canon de Muratori, el Prólogo «antimarcionita», san Ireneo, los Alejandrinos y Tertuliano. Juicio unánime que, en realidad, corroboran los indicios internos. Según sus escritos, el autor parece ser un cristiano de la generación apostólica, judío muy helenizado o, mejor, griego de amplia instrucción y versado a fondo así en las cosas judías como en la Biblia griega. Ahora bien, lo que sabemos de Lucas por las epístolas paulinas cuadra a la perfección con estos datos. El Apóstol lo presenta como un compañero muy querido que está a su lado durante su cautiverio, Col_4:14; Flm_1:24; 2Tm_4:11. Según Col_4:10-14, Lucas es de origen pagano (de Antioquía de Siria según una vieja tradición) y médico, lo que comportaría una cierta cultura, aun cuando esté lejos de ser cierto que Lucas emplee en sus escritos un vocabulario específicamente médico.

Nada seguro hallamos en la tradición antigua para fijar la fecha en que escribía. El libro concluye con la prisión romana de Pablo, probablemente en 61-63, y en todo caso su composición debe ser posterior a la del tercer evangelio (¿antes del 70? ¿hacia el 80?, pero nada impone una fecha posterior al 70). Como lugar de composición se han propuesto Antioquía y Roma.

¿Cuáles son las fuentes utilizadas por Lucas para componer su obra? El autor de los Hechos declara «haber investigado diligentemente todo desde los orígenes» sumándose a los que ya habían «intentado narrar ordenadamente las cosas que se han verificado entre nosotros» (Luc_1:1-4, que constituye el prólogo general de la obra completa). Tales expresiones hacen suponer, por un lado, que ha buscado informaciones precisas y, por otro, que ha aprovechado relatos ya existentes. El examen del libro confirma esta impresión. A pesar de una actividad literaria siempre vigilante, cuya mano se advierte por doquier asegurando la unidad del libro, se pueden distinguir también sin dificultad algunas corrientes principales en las tradiciones recogidas por Lucas. Los doce primeros capítulos del libro de los Hechos refieren la vida de la primera comunidad reunida en torno a Pedro después de la Ascensión, 1-5, y los comienzos de su expansión a raíz de las iniciativas misioneras de Felipe, Hch_8:4-40, de los «helenistas», 6:1-8:3; Hch_11:19-30; Hch_13:1-3, y en fin del mismo Pedro, 9:32-11:18; 12. Las tradiciones «petrinas» subyacentes se emparentarían con el «Evangelio de Pedro» que es conocido en la literatura de la Iglesia antigua. Para la segunda parte de los Hechos el autor habría utilizado relatos de la conversión de Pablo, de sus viajes misioneros, y de su viaje por mar a Roma como prisionero. En todo caso, Lucas parece haber tenido a mano cartas paulinas, y podía haber pedido datos al mismo Pablo, a quien conocía por lo menos en el período de su cautiverio. Otras personas (¿Silas o Timoteo?) podrían haberle suministrado informaciones circunstanciadas sobre tal o cual episodio. En tres ocasiones durante su relato, Hch_16:10-17; 20:5-21:18; 27:1-28:16 (y ya también Hch_11:28 en el texto occidental), Lucas emplea la primera persona del plural. Siguiendo a san Ireneo, algunos exegetas han creído ver en los pasajes de los Hechos redactados en estilo «nosotros» la prueba de que Lucas acompañó a Pablo en su segundo y tercer viajes misioneros y en su viaje por mar a Roma. Contrasta, sin embargo, con ello el hecho de que Pablo no menciona nunca a Lucas como compañero de su obra de evangelización, por lo que este «nosotros» parece ser más bien el vestigio textual de un diario de viaje hecho por un compañero de Pablo (¿Silas?) y utilizado por el autor de los Hechos. El viaje descrito por el diario puede tener que ver con la colecta hecha por las iglesias de Macedonia y Acaya para la iglesia de Jerusalén, ver Hch_24:17; 1Co_16:1-4; 2 Co 8-9; Rom_15:25-29. Una vez reunido este rico material, Lucas lo organizó hábilmente en unidad literaria, distribuyendo de la mejor manera los diversos elementos y uniéndolos unos con otros por medio de estribillos redaccionales, por ej. Hch_6:7; Hch_9:31; Hch_12:24; etc.

El valor histórico de los Hechos de los Apóstoles no es uniforme. De un lado, las fuentes de que Lucas disponía no eran homogéneas; de otro, en el manejo de estas fuentes se movía con bastante libertad según el espíritu de la historiografía antigua, subordinando los datos históricos a su plan literario y sobre todo a sus intereses teológicos. Los relatos de los viajes de san Pablo reflejan con mayor o menor extensión y exactitud el mundo del Mediterráneo oriental en el primer siglo: administración romana, ciudades griegas, cultos, rutas, geografía política y topografía local. En cambio, los relatos de la primera parte del libro son en general mucho menos circunstanciados. Lucas establece un cierto paralelismo entre los milagros de Pedro y los de Pablo: comparar Hch_3:1-10 con Hch_14:8-10; Hch_5:15 con Hch_19:12; Hch_5:19 o Hch_12:6-11, Hch_12:17 con Hch_16:23-26, Hch_16:40; Hch_8:15-17 con Hch_19:2-7; Hch_8:18-24 con Hch_13:6-11; Hch_9:36-42 con Hch_20:7-12. Además, algunos de los relatos de milagros tienen sus paralelos en los evangelios: comparar Hch_3:6-7 con Luc_4:39 y Mar_1:31; Hch_9:33-34 con Luc_5:24-25; Hch_20:10, Hch_20:12 con Luc_8:52-55; es también evidente que las últimas palabras de Esteban, Hch_7:59-60, se asemejan a las de Jesús, Luc_23:34, Luc_23:36. El discurso de Pablo en Antioquía de Pisidia, Hch_13:16-41, no deja de tener analogías con los de Pedro en Jerusalén, Hch_2:14-36; Hch_3:12-26; Hch_4:8-12; Hch_5:29-32, el de Esteban, Hch_7:1-53, y también el de Pedro en Cesarea, Hch_10:34-43. Es, pues, razonable suponer que Lucas no había recibido estos discursos tal como los reprodujo, sino que los compuso utilizando algunos temas esenciales de la predicación primitiva apoyados con argumentos que se habían hecho tradicionales y moldeados con fórmulas nemotécnicas: florilegios de textos escriturísticos para los judíos, reflexiones de filosofía común para los griegos, y para todos el anuncio esencial (Kerygma) de Cristo muerto y resucitado, con el llamamiento a la conversión y al bautismo. Lucas habría conocido, primero por tradición y luego por experiencia, estos esquemas de la primera predicación cristiana, y es esto lo que le permitió, con su finísimo sentido psicológico, impregnar estos discursos de una enseñanza de valor auténtico e importancia capital. Se han señalado a menudo discrepancias entre el libro de los Hechos y las epístolas paulinas, que Lucas parece haber utilizado pero no en detalle. Es notable, por ejemplo, que no se haya preocupado de armonizar las cinco visitas de san Pablo a Jerusalén en los Hechos con los datos de Gal 1:15-2:10. En otro orden de cosas, se advierte un cierto contraste entre el retrato de Pablo dibujado en los Hechos y el que Pablo hace de sí mismo en su correspondencia. En Atenas Pablo se manifiesta netamente menos severo para con las religiones paganas que en su epístola a los Romanos: comparar Hch_17:22-31 con Rom_1:18-32 (pero ver también Sab_13:1-10, donde el autor, a la vez que condena la idolatría, disculpa los desvíos que algunos sufren buscando a Dios). En general Lucas atribuye al Apóstol una actitud más conciliadora que la de las epístolas: comparar Hch_21:20-26 con Gál_2:12 ss; Hch_16:3 con Gál_2:3; Gál_5:1-12. Pero no debe olvidarse que cada autor se mueve por intereses bastante diferentes. Pablo es un polemista que sabe ser intransigente (pero ver también 1Co_9:19-23) mientras que el propósito de Lucas es demostrar la unidad profunda que existía entre los primeros discípulos.

A este respecto, la objetividad del libro de los Hechos ha sido atacada sesgadamente planteando la cuestión de su finalidad. La escuela de F. Ch. Baur ha querido ver en él un escrito de compromiso compuesto en el siglo II para conciliar las tendencias opuestas del petrinismo y del paulinismo. Este sistema tiene el mérito de señalar la existencia innegable de tensiones en la Iglesia primitiva; pero supone una fecha demasiado tardía, y en su forma radical ya nadie lo sostiene hoy. Otros, por su parte, todavía denuncian con frecuencia a esta obra de ser un alegato, con todo lo que esto puede implicar de deformación de los hechos. Lucas haría en ella una apología de Pablo destinada a convencer a las autoridades romanas de que él no era culpable de ningún delito político. Y, en efecto, no se puede negar que Lucas subraya el carácter puramente religioso del conflicto que enfrenta a los judíos con Pablo y la indiferencia de las autoridades romanas ante tal conflicto. Pero, aunque esto parece responder a la verdad histórica, en todo caso no es más que un aspecto de la obra. El libro de los Hechos es cosa muy distinta de un memorial para presentar ante el tribunal de Roma. Lo que persigue es nada menos que referir, por sí misma, la historia de los orígenes cristianos.

Para convencerse de ello, basta con examinar su plan. Se ve en él plasmada la aseveración inicial de Cristo: «Seréis mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaría, y hasta los confines de la tierra», Hch_1:8. La fe se implanta primero sólidamente en Jerusalén, donde la primera comunidad crece en gracia y número, 1-5. Enseguida comienza la expansión, preparada por la tendencia universalista de los convertidos del judaísmo helenístico y por su expulsión a raíz del martirio de san Esteban, 6:1-8:3: se llega a Samaría, Hch_8:4-25, así como a la llanura costera hasta Cesarea, donde por primera vez entran gentiles en la Iglesia, Hch_8:26-40; 9:32-11:18, al tiempo que la conversión de Pablo nos informa de que ya hay cristianos en Damasco y presagia la evangelización de Cilicia, Hch_9:1-30. Estribillos, como Hch_9:31 (que añade Galilea) ponen bien de relieve la difusión de la fe. A continuación es Antioquía la que recibe el mensaje de Jesús, Hch_11:19-26 y que se va a convertir en un foco de irradiación, no sin guardar con Jerusalén contactos en los que se toman acuerdos sobre los principales problemas misioneros, Hch_11:27-30; Hch_15:1-35. Se trata ahora, en efecto, de que el Evangelio llegue a los gentiles. A partir de la conversión de Cornelio, Pedro, después de ser encarcelado en Jerusalén, sale con destino desconocido, Hch_12:17; y en adelante es Pablo quien, en el relato de Lucas, ocupará el primer plano. Después de un primer viaje con Bernabé a Chipre y Asia Menor antes de la asamblea de Jerusalén, 13-14, dos viajes más le llevarán hasta Macedonia y Grecia, 15:36-18:22, y a Éfeso, 18:23-21:17. Siempre regresa a Jerusalén, y su arresto en esta ciudad, seguido de su encarcelamiento en Cesarea, 21:18-26:32, le permitirán ser conducido, preso pero siempre misionero, hasta Roma, donde, aun sin librarse de las cadenas, anuncia a Cristo, 27-28. Vista desde Jerusalén, esta capital del imperio representa perfectamente «los confines de la tierra», por lo que Lucas puede aquí poner fin a su libro.

Podremos quizá lamentar que no nos haya dicho nada de la actividad de los otros apóstoles, ni de la fundación de ciertas iglesias como la de Alejandría, o incluso la de Roma, donde la fe cristiana se había implantado ciertamente antes de la llegada del Apóstol (ver la Epístola a los Romanos, sobre todo Hch_15:22 ss). Nada dice tampoco del apostolado de Pedro fuera de Palestina, y es verdad que la persona de Pablo ocupa en su obra un lugar preponderante, hasta el punto de llenar ella sola toda la segunda mitad. Más que una historia materialmente completa, lo que Lucas ha querido darnos es una exposición de la fuerza de expansión espiritual del Cristianismo; y la enseñanza teológica que ha sabido deducir de los hechos de que disponía posee un valor universal e insustituible, que constituye el valor auténtico de su obra.

Esta aportación doctrinal es múltiple y no podemos evocar aquí más que sus puntos principales. Lo que la obra expone es la fe en Cristo, base del kerygma apostólico. Por los discursos conocemos los principales textos escriturísticos que sirvieron, bajo la guía del Espíritu, para la formulación de la cristología y la argumentación ante los judíos; son de notar particularmente los temas del Siervo, Hch_3:13, Hch_3:26; Hch_4:27, Hch_4:30; Hch_8:32-33, y de Jesús nuevo Moisés, Hch_3:22 s; Hch_7:20 s, y nuevo Elías, Hch_1:9-11; Hch_3:20-21. La resurrección se prueba por el Sal_16:8-11 (Hch_2:24-32; Hch_13:34-37). La historia del pueblo elegido debe poner en guardia a los judíos contra la resistencia a la gracia, Hch_7:2-53; Hch_13:16-41. Para los gentiles, se recurre a argumentos de una teodicea más general, Hch_14:15-17; Hch_17:22-31. Pero los apóstoles son ante todo «testigos», Hch_1:8+, y Lucas nos resume su «kerygma», Hch_2:22+, relatándonos también sus signos taumatúrgicos. El problema crucial de la Iglesia naciente tenía que ser el acceso de los gentiles a la salvación, y sobre este punto el libro de los Hechos nos brinda alguna luz, aunque sin descubrirnos toda la envergadura de las dificultades y de las controversias ocasionadas por esta cuestión en la Iglesia e incluso entre sus dirigentes (ver Gál_2:11+): los hermanos de Jerusalén, agrupados en torno a Santiago, siguen fieles a la Ley judía, Hch_15:1, Hch_15:5; Hch_21:20 s; pero los «helenistas», cuyo portavoz es Esteban, sienten la necesidad de romper con el culto del Templo; y Pedro, y después sobre todo Pablo, hacen triunfar en la asamblea de Jerusalén el principio de la salvación por la fe en Cristo, que dispensa a los gentiles de la circuncisión y de las observancias mosaicas. No es menos cierto que Lucas nos muestra a Pablo empezando siempre por dirigirse a los judíos, para volverse después a los gentiles sólo cuando se ve rechazado por sus hermanos de raza, Hch_13:5+. Sobre la vida de las comunidades cristianas nos bosqueja un cuadro que tiene tintes sin duda ideales, por no decir utópicos, pero que se inspira en los recuerdos de los primeros años tanto como en las realidades eclesiales de una época más tardía: vida de oración y reparto de bienes en la joven iglesia de Jerusalén; administración del bautismo de agua y del bautismo en el Espíritu, Hch_1:5+; celebración de la Eucaristía, Hch_2:42+; esbozos de organización eclesiástica en los «profetas» y los «doctores», Hch_13:1+, o también en los «presbíteros» que presiden la iglesia de Jerusalén, Hch_11:30+, y que Pablo establece en las iglesias que él funda, Hch_14:23. Todo ello impregnado, dirigido, impulsado por un soplo invencible del Espíritu Santo. A este Espíritu, sobre el que Lucas había ya insistido en su evangelio, Luc_4:1+, lo presenta en acción incesante en la expansión de la Iglesia, Hch_1:8+, hasta el punto de que se ha podido llamar a los Hechos «el evangelio del Espíritu Santo». Es esto lo que da a esta obra ese aroma de alegría espiritual, de maravilla sobrenatural, de la que sólo podrán extrañarse los que no comprenden ese fenómeno único en el mundo que fue el nacimiento del Cristianismo. Si a todas estas riquezas teológicas añadimos la preciosa aportación de tantos detalles concretos que de otro modo no habríamos conocido, si se acierta a saborear los retratos de fina psicología en que Lucas se distingue, piezas incisivas y hábiles como el discurso delante de Agripa, 26, páginas conmovedoras como el adiós a los presbíteros de Éfeso, Hch_20:17-38, relatos vivos y realistas como el motín de los orfebres, Hch_19:23-41, se convendrá en que este libro, único en su género en el NT, representa un tesoro cuya falta hubiera empobrecido notablemente nuestro conocimiento de los orígenes del Cristianismo.

El texto de los Hechos, como el del resto del NT, ha llegado a nosotros con muchas variantes de detalle. Pero más que en otros libros merecen retener nuestra atención las que provienen del texto llamado «occidental» (códice de Beza, versiones latina, siríaca y copta, antiguos escritores eclesiásticos). Ofrecen éstas un texto que es a menudo más conciso que el texto alejandrino, pero que contiene también detalles concretos y pintorescos que el otro desconoce. En realidad, estas dos tradiciones textuales parecen representar redacciones sucesivas del libro de los Hechos. Nuestra traducción se ha hecho las más de las veces sobre el texto alejandrino, pero un buen número de variantes del texto occidental se han señalado en nota o incluso han sido admitidas en el texto traducido.

Fuente: Nueva Biblia de Jerusalén (1998) - referencias, notas e introducciones a los libros

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Notas


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Luc_1:1-4

[2] Hch_1:22

NOTAS

1:1 El evangelio de Lucas.



REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Mat_28:19-20; Luc_24:49

[2] Luc_24:51; 1Ti_3:16

NOTAS

1:2 (a) Se subraya la acción del Espíritu en los comienzos de la misión de los apóstoles, vv. Hch_1:5, Hch_1:8 y cap. 2, como en los comienzos del ministerio de Jesús, Mat_4:1+; Luc_4:1+.

1:2 (b) El texto occ. no menciona aquí la Ascensión.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Hch_10:40-41; Hch_13:31; Mat_28:10

[2] Luc_24:42-43

NOTAS

1:3 El Reino de Dios, Mat_4:17+, será el gran tema de la predicación de los apóstoles, ver Hch_8:12; Hch_19:8; Hch_20:25; Hch_28:23, Hch_28:31, como lo había sido de la predicación de Jesús, ver Mat_3:2+; Mar_1:1+.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] |Luc_24:49; Hch_2:33+; Gál_3:14; Efe_1:13

NOTAS

1:4 Para Lucas, Jerusalén es el centro predestinado de la obra de la salvación, Luc_2:22+, Luc_2:38+, el punto terminal de la misión terrestre de Jesús, Luc_24:33 s, y el punto inicial de la misión universal de los apóstoles, Luc_24:47; Hch_1:8; Hch_1:12; Hch_6:7; Hch_8:1; Hch_11:19; Hch_15:30, Hch_15:36; etc.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Hch_11:16; Luc_3:16 p

NOTAS

1:5 El bautismo en el Espíritu, anunciado ya por Juan el Bautista, Mat_3:11, y prometido aquí por Jesús, se inaugurará con la efusión de Pentecostés, Hch_2:1-4. Los apóstoles, conforme a la orden de Cristo, Mat_28:19, seguirán administrando el bautismo de agua, Hch_2:41; Hch_8:12; Hch_8:38; Hch_9:18; Hch_10:48; Hch_16:15, Hch_16:33; Hch_18:8; Hch_19:5, como rito de iniciación al Reino mesiánico, ver Mat_3:6+, pero lo conferirán «en el nombre de Jesús», Hch_2:38+, y por la fe en la obra realizada por Cristo, ver Rom_6:4+, dispondrá en lo sucesivo del poder eficaz de perdonar los pecados y de dar el Espíritu Santo, Hch_2:38. Se ve aparecer por otra parte, y en conexión con este Bautismo cristiano de agua, otro rito, el de la imposición de manos, 1Ti_1:14+, que se ordena a una comunicación visible y carismática del Espíritu, análoga a la de Pentecostés, Hch_8:16-19; Hch_9:17-18; Hch_19:5-6 (pero ver Hch_10:44-48); rito que está en el origen del sacramento de la Confirmación. Al lado de estos sacramentos cristianos, siguió practicándose por algún tiempo y por algunos fieles, imperfectamente instruidos, el bautismo de Juan, Hch_19:3.

NOTAS

1:6 (a) Hch_1:6 reanuda el hilo del relato interrumpido en Luc_24:49.

1:6 (b) El establecimiento del Reino mesiánico se les representa aún a los apóstoles como una restauración temporal de la realeza davídica. Ver Mat_4:17+.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Dan_2:21; Mat_24:36 p; 1Ts_5:1-2

NOTAS

1:7 Insertando su plan de salvación en la historia humana, Dios ha dispuesto desde toda la eternidad (Rom_16:25+; 1Co_2:7; Efe_1:4; Efe_3:9; Efe_3:11; Col_1:26; 2Ti_1:9; ver Mat_25:34) «su tiempo y su momento», ver Dan_2:21; 1Ts_5:1 : primero, el tiempo de la preparación, Heb_1:2; Heb_9:9; 1Pe_1:11, y de la paciencia, Rom_3:26; Hch_17:30; luego, en la «plenitud de los tiempos», Gál_4:4+, el momento escogido para la venida de Cristo, que inaugura la era de la salvación, Rom_3:26+; después el tiempo que transcurre hasta la Parusía, 2Co_6:2+; finalmente, precedido por los «últimos días», 1Ti_4:1+, el «Día» escatológico, 1Co_1:8+, y el Juicio final, Rom_2:6+.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Isa_32:15

[2] |Luc_24:47-48

[3] |Luc_24:47-48

NOTAS

1:8 (a) El Espíritu, tema especialmente predilecto de San Lucas (Luc_4:1+), ante todo aparece como un Poder, Luc_1:35; Luc_24:49; Hch_1:8; Hch_10:38; Rom_15:13; Rom_15:19; 1Co_2:4-5; 1Ts_1:5; Heb_2:4, enviado de junto a Dios por Cristo, Hch_2:33, para la difusión de la Buena Nueva. El Espíritu otorga los carismas, 1Co_12:4, que, garantizan la predicación: don de lenguas, Hch_2:4+, de milagros, Hch_10:38, de profecía Hch_11:27+; Hch_20:23; Hch_21:11, de sabiduría, Hch_6:3, Hch_6:5, Hch_6:10; comunica fuerza para anunciar a Jesucristo, a pesar de las persecuciones, Hch_4:8, Hch_4:31; Hch_5:32; Hch_6:10; ver Flp_1:19, y dar testimonio de él, Mat_10:20; Jua_15:26; Hch_1:8; 2Ti_2:7, ver nota siguiente; finalmente, interviene en las decisiones de capital importancia: admisión de los gentiles en la Iglesia, Hch_8:29, Hch_8:39; Hch_10:19, Hch_10:44-47; Hch_11:12-16; Hch_15:8, supresión para ellos de observancias legales Hch_15:28, misión de Pablo a través del mundo gentil, Hch_13:2; Hch_16:6-7; Hch_19:1 (T. occ); ver Mat_3:16+. Pero los Hechos conocen también el don del Espíritu recibido en el bautismo y que concede el perdón de los pecados, Hch_2:38; ver Rom_5:5+.

1:8 (b) La misión esencial de los apóstoles es dar testimonio: de la resurrección de Jesús, Luc_24:48; Hch_2:32; Hch_3:15; Hch_4:33; Hch_5:32; Hch_13:31; Hch_22:15 y también de toda su vida pública, Luc_1:2; Jua_15:27; Hch_1:22; Hch_10:39. Ver Rom_1:1+.

1:8 (c) La misión de los apóstoles se extiende al universo, Isa_45:14+. Las etapas aquí señaladas dibujan, a grandes rasgos, el esquema geográfico de los Hechos: Jerusalén, que era el punto de llegada del Evangelio, es ahora el punto de partida; ver Luc_2:38+.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 2Re_2:11; |Luc_24:50-51; Mar_16:19; Jua_20:17+; Rom_10:6; Efe_4:8-10; 1Pe_3:22

NOTAS

1:9 La nube forma parte del marco de las teofanías del AT, Éxo_13:22+, y del NT, Luc_9:34-35 p. Es característica, Dan_7:13, de la Parusía del Hijo del hombre, Mat_24:30+; aquí v. Hch_1:11; ver 1Ts_4:17; Apo_1:7; Apo_14:14-16.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Luc_24:4

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Hch_3:20

[2] Zac_14:4

NOTAS

1:11 El glorioso advenimiento de la Parusía, Mat_16:27; Mat_24:30+; Mat_25:31; 1Ts_4:16; 2Ts_1:7.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Luc_6:14-16 p

[2] Hch_2:42, Hch_2:46; Hch_6:4; Rom_12:12

NOTAS

1:13 Se suple «hijo» (de Alfeo, de Santiago). -El apóstol Judas es distinto de Judas, hermano de Jesús, ver Mat_13:55; Mar_6:3, y hermano de Santiago (Jud_1:1). Parece que tampoco hay que identificar al apóstol Santiago, hijo de Alfeo, con Santiago, hermano del Señor, Hch_12:17; Hch_15:12, etc.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Luc_23:49

NOTAS

1:14 (a) Los Hechos contienen abundantes ejemplos de la oración asidua recomendada, Mat_6:5+, y practicada, Mat_14:23+, por Jesús. Oración colectiva presidida por los apóstoles, Hch_4:24-30; Hch_6:4, y centrada en la fracción del pan, Hch_2:42, Hch_2:46; Hch_20:7-11. Oración que se manifiesta en los momentos importantes: elecciones y ordenaciones para cargos de la Iglesia, Hch_1:24; Hch_6:6; Hch_13:3; Hch_14:23, confirmación de los samaritanos, Hch_8:15, período de persecuciones, Hch_4:24-31; Hch_12:5, Hch_12:12. También vemos orar a los individuos: Esteban ora por sí mismo y por sus verdugos, Hch_7:59-60, Pablo después de su visión de Cristo, Hch_9:11, Pedro y Pablo antes de los milagros, Hch_9:40; Hch_28:8, Pedro, cuando Dios le hace ir a casa de Cornelio, Hch_10:9; Hch_11:5, que es también hombre de oración, Hch_10:2, Hch_10:4, Hch_10:30, Pablo y Silas en la prisión, Hch_16:25, Pablo al dejar a sus amigos en Mileto, Hch_20:36, y en Tiro, Hch_21:5. Oración de petición en la mayoría de estas ocasiones, como en Hch_8:22-24, para conseguir el perdón; oración de alabanza, Hch_16:25, y de acción de gracias, Hch_28:15, y, en fin, testimonio de fe: «invocar el nombre de Jesucristo» es la característica del cristiano, Hch_2:21 y Hch_2:38; Hch_9:14, Hch_9:21; Hch_22:16.

1:14 (b) Ver Mat_12:46+.

NOTAS

1:15 Además del sentido estricto, la palabra hermano adquiere a veces en la Biblia sentidos más amplios, con referencia a un pariente más o menos lejano, Gén_9:25; Gén_13:8, a un compatriota, Gén_16:12; Éxo_2:11; Deu_2:4; Deu_15:2; Sal_22:23 [Sal_22:22]. De ahí pasa a un parentesco más profundo por la comunión en la alianza. En el NT, muy a menudo designa a los cristianos, discípulos de Cristo, Mat_28:10; Jua_20:17; Hch_6:3; Hch_9:30; Hch_11:1; Hch_12:17; Rom_1:13, etc. , que como él hacen la voluntad del Padre, Mat_12:50, hijo del Padre de quien es el Primogénito, Mat_25:40; Rom_8:29; Heb_2:11, Heb_2:17, y entre los cuales reina el amor fraterno, Rom_12:10; 1Ts_4:9; 1Pe_1:22; 1Jn_3:14, etc.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Hch_1:20

[2] Luc_22:47

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] |Mat_27:3-10; Sab_4:19

NOTAS

1:19 Esta versión de la muerte de Judas difiere de la de Mat_27:3-10. Judas no muere ahorcándose como Ajitófel, 2Sa_17:23, sino cayendo de cabeza como los impíos de Sab_4:19, y derramándosele las entrañas, como algunos criminales de las leyendas folklóricas. La sangre del campo ya no es la de Jesús, sino la de Judas. Por entre estas divergencias de tradiciones populares se adivina el hecho real de una muerte súbita e ignominiosa del traidor, mejor o peor relacionada con un lugar de mala fama y conocido en Jerusalén, la Haqueldamá.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Sal_69:26 [Sal_69:25]

[2] Sal_109:8

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Hch_1:8+

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Hch_13:9+

NOTAS

1:23 Var.: «Presentó a dos» v. Hch_1:23, y «oró así» v. Hch_1:24; para subrayar el papel de Pedro.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Hch_15:8; Jer_11:20+; Luc_16:15; Apo_2:23

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Éxo_33:7+; 1Sa_14:41+

NOTAS

1:26 (a) Un procedimiento menos mecánico, ver Hch_6:3-6; Hch_13:2-3, sustituirá pronto en la comunidad primitiva a esta manera arcaica de elección, Éxo_33:7+; 1Sa_14:41; Luc_1:9.

1:26 (b) «fue agregado al número de los doce apóstoles» texto occ; ver Mar_3:14+.