Jeremías  9 Biblia de Jerusalen (Desclee, 2009) | 26 versitos |
1 [[8:23]] ¡Quién pudiera convertir mi cabeza en llanto, mis ojos en manantial de lágrimas para llorar día y noche a los muertos de la capital de mi pueblo!
2 [[9:1]] ¡Quién me diese en el desierto una posada de caminantes, para poder dejar a mi pueblo y alejarme de su compañía! Porque todos ellos son adúlteros, un hatajo de traidores
3 [[9:2]] que tensan su lengua como un arco. Es la mentira, que no la verdad, lo que prevalece en esta tierra. Van de mal en peor, y a Yahvé* desconocen.
4 [[9:3]] ¡Guardaos de vuestros prójimos!, ¡desconfiad de cualquier hermano!, que todo hermano pone la zancadilla* y todo prójimo propala la calumnia.
5 [[9:4]] Se engañan unos a otros, ninguno dice la verdad; han avezado sus lenguas a mentir, se han pervertido
6 [[9:5]] de convertirse)*. Fraude y más fraude, engaño y más engaño: se niegan a reconocer a Yahvé.
7 [[9:6]] Por eso, así dice Yahvé Sebaot: He decidido afinarlos y probarlos; ¿qué otra cosa puedo hacer con la capital de mi pueblo?
8 [[9:7]] Su lengua es saeta mortífera, las palabras de su boca, embusteras. La gente saluda a su prójimo, pero por dentro le pone una trampa.
9 [[9:8]] ¿Y no voy a castigarlos por estas acciones? —oráculo de Yahvé—; ¿no voy a vengarme de una nación así?
10 [[9:9]] Entonaré sobre los montes endechas y lamentos, una elegía por las dehesas del desierto, porque han sido incendiadas*. Nadie pasa por allí, no se oye mugir al ganado; desde las aves a las bestias, todas huyeron, se han ido.
11 [[9:10]] Voy a convertir Jerusalén en un montón de piedras, en una guarida de chacales; transformaré en desolación a las ciudades de Judá, las dejaré sin habitantes.
12 [[9:11]] ¿Hay algún hombre sabio que entienda esto? ¡Que lo cuente si le ha hablado la boca de Yahvé! ¿Por qué el país se ha perdido, incendiado como un desierto por donde nadie transita?
13 [[9:12]] Yahvé lo ha dicho: Es que han abandonado mi Ley que yo les propuse, y no han escuchado mi voz ni la han seguido.
14 [[9:13]] Antes bien, han seguido la inclinación de sus corazones tercos, en pos de los Baales, como sus padres les enseñaron.
15 [[9:14]] Por eso, esto dice Yahvé Sebaot, Dios de Israel: He decidido dar de comer a este pueblo ajenjo y hacerles beber agua emponzoñada.
16 [[9:15]] Los voy a dispersar entre las naciones desconocidas de ellos y de sus padres, y enviaré detrás de ellos la espada hasta exterminarlos.
17 [[9:16]] Esto habla Yahvé Sebaot: ¡Llamad a las plañideras, que vengan! ¡Mandad por las más expertas, que vengan!
18 [[9:17]] ¡Que lleguen pronto y entonen una lamentación por nosotros! ¡Que nuestros ojos derramen lágrimas, que viertan llanto nuestros párpados!
19 [[9:18]] Sí, una lamentación se deja oír desde Sión: «¡Ay, hemos sido saqueados!, ¡qué vergüenza tan grande, que nos hacen dejar nuestra tierra, después de derruir nuestros hogares!»
20 [[9:19]] Oíd, mujeres, la palabra de Yahvé; prestad oído a la palabra de su boca: Enseñad una endecha a vuestras hijas, las unas a las otras esta elegía:
21 [[9:20]] «La muerte ha trepado por nuestras ventanas, ha entrado en nuestros palacios, barriendo de la calle al chiquillo, a los mozos de las plazas.»
22 [[9:21]] ¡Habla! Esto es un oráculo de Yahvé: Los cadáveres humanos yacen como boñigas por el campo, como gavillas detrás del segador, y no hay quien los reúna.
23 [[9:22]] Así dice Yahvé: No se alabe el sabio por su sabiduría, ni se alabe el valiente por su valentía, ni se alabe el rico por su riqueza.
24 [[9:23]] Quien se alabe, que se alabe en esto: en tener entendimiento y conocerme*, porque yo soy Yahvé, que practico la fidelidad*, el derecho y la justicia en la tierra, porque en eso me complazco —oráculo de Yahvé—.
25 [[9:24]] Mirad que vienen días —oráculo de Yahvé— en que voy a pedir cuentas a todos los que están circuncidados:
26 [[9:25]] a Egipto, Judá, Edom y a los hijos de Amón, a Moab, y a todos los de sien rapada*, los que moran en el desierto. Porque todas estas gentes lo son*. Pero también los de la Casa de Israel son incircuncisos de corazón.

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Introducción a Jeremías 

Jeremías.
Poco más de un siglo después de Isaías, hacia el 650 a. C., nacía Jeremías de una familia sacerdotal residente en los alrededores de Jerusalén. Conocemos su vida y carácter mejor que los de ningún otro profeta por los relatos biográficos en tercera persona de que está sembrado su libro, y cuyo orden cronológico es el siguiente: 19:1-20:6; 26; 36; 45; 28-29; Jer_51:59-64; Jer_34:8-22; 37-44 . Las «Confesiones de Jeremías»: 11:18-12:6; Jer_15:10-21; Jer_17:4-18; Jer_18:18-23; Jer_20:7-18, proceden del profeta mismo. No constituyen una autobiografía, pero sí son un testimonio emocionante de las crisis interiores que atravesó y que se describen en el estilo de los Salmos de súplica. Llamado por Dios muy joven aún, el 626, el año trece de Josías, Jer_1:2, le tocó vivir el trágico período en que se preparó y consumó la ruina del reino de Judá. La reforma religiosa y la restauración nacional de Josías despertaron esperanzas que fueron destruidas por la muerte del rey en Meguidó el 609 y por el cambio del mundo oriental, la caída de Nínive el 612 y la expansión del imperio caldeo. Desde el 605, Nabucodonosor impuso su dominio en Palestina, Judá se rebeló por instigación de Egipto, que intrigaría hasta el fin y, el 597, Nabucodonosor conquistó Jerusalén y deportó a una parte de sus habitantes. Una nueva rebelión hizo volver a los ejércitos caldeos, el 587 fue tomada Jerusalén, incendiado el templo, y tuvo lugar la segunda deportación. Jeremías vivió esta dramática historia predicando y amenazando en vano a los reyes incapaces que se sucedían en el trono de David; fue acusado de derrotismo por los militares, perseguido y encarcelado. Después de la toma de Jerusalén, y aun cuando veía en los desterrados la esperanza del porvenir, Jeremías prefirió permanecer en Palestina junto a Godolías, el gobernador nombrado por los caldeos. Pero éste fue asesinado, y un grupo de judíos, temeroso de las represalias, huyó a Egipto llevándose consigo al profeta. Probablemente murió allí.

El drama de esta vida no estriba sólo en los acontecimientos en que Jeremías se vio envuelto, sino también en el mismo profeta. Era de alma tierna, hecha para amar, y fue enviado para «extirpar y destruir, reconstruir y plantar» Jer_1:10; le tocó sobre todo predecir desgracias, Jer_20:8. Tenía ansias de paz y hubo de estar siempre en lucha: contra los suyos, contra los reyes, los sacerdotes, los falsos profetas, contra todo el pueblo, «varón discutido y debatido por todo el país», Jer_15:10. Se vio desgarrado por una misión a la que no podía sustraerse, Jer_20:9. Sus diálogos interiores con Yahvé están sembrados de gritos de dolor: «¿Por qué ha resultado mi penar perpetuo?», Jer_15:18, y aquel pasaje patético que se anticipa a Job: «Maldito el día en que nací...», Jer_20:14, etc.

Pero este sufrimiento acrisoló su alma y la abrió al trato con Dios. Lo que nos hace a Jeremías tan querido y tan nuestro es la religión interior y cordial que él mismo practicó antes de formularla en el anuncio de la Nueva Alianza, Jer_31:31-34. Esta religión personal le llevó a profundizar en la enseñanza tradicional: Dios sondea los entresijos y los corazones, Jer_11:20, retribuye a cada uno según sus obras, Jer_31:29-30; la amistad con Dios, Jer_2:2, se rompe con el pecado, que sale del corazón malvado, Jer_4:4; Jer_17:9; Jer_18:12. Este aspecto afectivo le emparenta con Oseas, cuyo influjo experimentó; esta interiorización de la Ley, esta función del corazón en las relaciones con Dios, esta preocupación por la persona individual le aproximan al Deuteronomio. Jeremías vio ciertamente de manera favorable la reforma de Josías, inspirada en este libro, pero recibió una cruel desilusión por su ineficacia para cambiar la vida moral y religiosa del pueblo.

La misión de Jeremías fracasó en vida suya, pero su figura no dejó de agrandarse después de su muerte. Por su doctrina de una Alianza nueva, fundada en la religión del corazón, fue el padre del Judaísmo en su línea más pura, y su influjo se nota en Ezequiel, en la segunda parte de Isaías y en varios salmos. La época macabeica le cuenta entre los protectores del pueblo, 2Ma_2:1-8; 2Ma_15:12-16. Al sacar a primer plano los valores espirituales, al poner de manifiesto las íntimas relaciones que el alma ha de mantener con Dios, preparó la Nueva Alianza cristiana, y su vida de abnegación y sufrimientos en servicio de Dios, que bien pudo prestar algunos rasgos para la imagen del Siervo en Is 53, convierte a Jeremías en figura de Cristo.

Esta influencia duradera supone que las enseñanzas de Jeremías se leyeron, meditaron y comentaron con frecuencia. Esta labor de toda una descendencia espiritual se refleja en la composición de su libro, que no se presenta, ni mucho menos, como obra escrita de una vez. Además de los oráculos poéticos y de los relatos biográficos, contiene discursos en prosa en un estilo afín al del Deuteronomio. Su autenticidad ha sido impugnada y han sido atribuidos a redactores «deuteronomistas» posteriores al Destierro. En realidad, su estilo es el de la prosa judía del siglo VII y comienzos del VI a. C., su teología es la de la corriente religiosa a la que pertenecen tanto Jeremías como el Deuteronomio. Son el eco auténtico de la predicación de Jeremías, recogida por sus oyentes. Toda esta tradición jeremiana no se ha transmitido en una forma única. La versión griega ofrece una recensión notablemente más corta (un octavo) que el texto masorético y a menudo diferente en detalles; los descubrimientos de Qumrán prueban que las dos recensiones existían en hebreo. Además, el griego coloca los oráculos contra las naciones después de Jer_25:13, y en orden distinto al hebreo, que los relega al final del libro, 46-51. Estas profecías quizá formaran primeramente una colección particular y no todas procedan de Jeremías: al menos, los oráculos contra Moab y Edom han sido fuertemente rehechos y el largo oráculo contra Babilonia, 50-51, data del final del Destierro. El cap. 52 se nos presenta como un apéndice histórico, paralelo de 2Re_24:18-25:30. Otros complementos de menor extensión fueron insertados a lo largo del libro y atestiguan el uso que de él hacían y la estima en que lo tenían los cautivos de Babilonia y la comunidad renaciente después del Destierro. Hay también abundancia de duplicados que suponen una labor redaccional. Finalmente las indicaciones cronológicas, que son numerosas, no se suceden con orden. El desorden actual del libro es resultado de un largo trabajo de composición, cuyas etapas es harto difícil reconstruir una por una.

No obstante, el cap. 36 nos da valiosas indicaciones: el 605, Jeremías dicta a Baruc los oráculos que había pronunciado desde el comienzo de su ministerio, Jer_36:2, es decir, desde el 626. Este rollo, quemado por Joaquín, volvió a ser escrito y fue además completado, Jer_36:32. Acerca del contenido de esta colección tan sólo caben hipótesis. Parece que le servía de introducción Jer_25:1-12 y agrupaba las piezas anteriores al 605, que se hallaban en los caps. 1-18, pero también contenía, según Jer_36:2, oráculos antiguos contra las naciones a las que se refiere Jer_25:13-38. Se incluyó allí el apartado de las «Confesiones», cuyo detalle se ha expuesto anteriormente. También se añadieron dos opúsculos sobre los reyes, 21:11-23:8, y sobre los profetas, Jer_23:9-40, que pudieron existir anteriormente por separado.

Así se distinguen ya dos partes en el libro: una contiene amenazas contra Judá y Jerusalén, 1:1-25:13; la otra, profecías contra las naciones, Jer_25:13-38 y 46-51. Una tercera parte está constituida por 26-35, donde se han reunido en un orden arbitrario trozos que ofrecen un tono más optimista. Casi todas estas piezas están en prosa y en gran parte proceden de una biografía de Jeremías, que se atribuye a Baruc. Grupo aparte forman los caps. 30-31, que son un opúsculo poético de consolación. La cuarta parte, 36-44, en prosa, prosigue la biografía de Jeremías y relata sus sufrimientos durante y después del sitio de Jerusalén, y concluye con Jer_45:1-5, que viene a ser como la firma de Baruc.

Fuente: Nueva Biblia de Jerusalén (1998) - referencias, notas e introducciones a los libros

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Notas

Jeremías  9,3
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Sal_12:1-5; Sal_116:11

NOTAS

9:2 «y a Yahvé» corr.; «y a mí» hebr. -El hebr. añade al fin: «oráculo de Yahvé»; seguimos al griego.


Jeremías  9,4
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Miq_7:5; Jer_12:6

[2] Gén_27:36; Ose_12:4 [Ose_12:3]

NOTAS

9:3 `aqob ya`eqob, que forma un juego de palabras con Ya`aqob, y alude a su papel de zancadillero suplantador astuto, Gén_25:26+. Podría traducirse: «todo hermano hace el papel de Jacob».

Jeremías  9,6
NOTAS

9:5 Traducido según griego.

Jeremías  9,7
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jer_6:29+

Jeremías  9,9
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jer_5:9

Jeremías  9,10
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Ose_4:3+

NOTAS

9:9 Quizá nos hallamos en el 605, en la primera campaña de Nabucodonosor, 2Re_24:1. Jerusalén está amenazada.

Jeremías  9,11
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jer_34:22

Jeremías  9,13
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Éxo_19:5

Jeremías  9,14
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jer_7:24

Jeremías  9,15
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] = Jer_23:15

Jeremías  9,16
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jer_8:14; Apo_8:11; Deu_4:27; Deu_28:36; Deu_28:64

Jeremías  9,22
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jer_8:2

Jeremías  9,23
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 1Co_1:31

[2] 2Co_10:17

[3] Stg_1:9

Jeremías  9,24
NOTAS

9:23 (a) El «conocimiento de Yahvé», en el cual se resume la religión verdadera, ver Ose_2:22+ [Ose_2:20], es uno de los grandes temas de la predicación de Jeremías, ver Jer_2:8; Jer_22:15-16; Jer_24:7; Jer_31:34.

9:23 (b) La palabra es jésed, ver Jer_2:2, y Ose_2:21+ [Ose_2:19].

Jeremías  9,25
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jer_4:4+

[2] Rom_2:25

Jeremías  9,26
NOTAS

9:25 (a) Los árabes.

9:25 (b) «todas estas gentes lo son» haggôyim ha'el·leh conj.; «todas estas gentes (son) incircuncisos» haggôyim `arelîm hebr., pero ver Jer_9:24 [Jer_9:25].