Romanos  9 Biblia Jerusalén (1998) | 33 versitos |
1 Digo la verdad en Cristo, no miento, - mi conciencia me lo atestigua en el Espíritu Santo -,
2 siento una gran tristeza y un dolor incesante en el corazón.
3 Pues desearía ser yo mismo maldito, separado de Cristo, por mis hermanos, los de mi raza según la carne.
4 Son israelitas; de ellos es la adopción filial, la gloria, las alianzas, la legislación, el culto, las promesas,
5 y los patriarcas; de ellos también procede Cristo según la carne, el cual está por encima de todas las cosas, Dios bendito por los siglos. Amén.
6 No es que haya fallado la palabra de Dios. Pues no todos los descendientes de Israel son Israel.
7 Ni por ser descendientes de Abrahán, son todos hijos. Sino que por Isaac llevará tu nombre una descendencia;
8 es decir: no son hijos de Dios los hijos según la carne, sino que los hijos de la promesa se cuentan como descendencia.
9 Porque estas son las palabras de la promesa: Por este tiempo volveré; y Sara tendrá un hijo.
10 Y más aún; también Rebeca concibió de un solo hombre, de nuestro padre Isaac;
11 ahora bien, antes de haber nacido, y cuando no habían hecho ni bien ni mal - para que se mantuviese la libertad de la elección divina,
12 que depende no de las obras sino del que llama - le fue dicho a Rebeca: El mayor servirá al menor,
13 como dice la Escritura: Amé a Jacob y rechacé a Esaú.
14 ¿Qué diremos, pues? ¿Que hay injusticia en Dios? ¡De ningún modo!
15 Pues dice él a Moisés: Seré misericordioso con quien lo sea; me apiadaré de quien me apiade.
16 Por tanto, no se trata de querer o de correr, sino de que Dios tenga misericordia.
17 Pues dice la Escritura a Faraón: Te he suscitado precisamente para mostrar en ti mi poder, y para que mi nombre sea conocido en toda la tierra.
18 Así pues, usa de misericordia con quien quiere, y endurece a quien quiere.
19 Pero me dirás: Entonces ¿de qué se enoja? Pues ¿quién puede resistir a su voluntad?
20 ¡Oh hombre! ¿Quién eres tú para pedir cuentas a Dios? ¿Acaso la vasija dirá al alfarero: por qué me hiciste así?
21 O ¿es que el alfarero no es dueño de hacer de una misma masa objetos para usos nobles y otros para usos despreciables?
22 Pues bien, ¿qué vas a replicar si Dios, queriendo manifestar su ira y dar a conocer su poder, soportó con gran paciencia objetos de ira preparados para la perdición,
23 a fin de dar a conocer la riqueza de su gloria con los objetos de misericordia que de antemano había preparado para gloria:
24 con nosotros, que hemos sido llamados no sólo de entre los judíos sino también de entre los gentiles?
25 Como dice también en Oseas: Llamaré pueblo mío al que no es mi pueblo; y amada mía a la que no es mi amada.
26 Y en el lugar mismo en que se les dijo: No sois mi pueblo, serán llamados: Hijos del Dios vivo.
27 Isaías también clama en favor de Israel: Aunque los hijos de Israel fueran numerosos como las arenas del mar, sólo un resto será salvo.
28 Porque pronta y perfectamente cumplirá el Señor su palabra sobre la tierra.
29 Y como predijo Isaías: Si el Señor de los ejércitos no nos dejara una descendencia, como Sodoma hubiéramos venido a ser, y semejantes a Gomorra.
30 ¿Qué diremos, pues? Que los gentiles, que no buscaban la justicia, han hallado la justicia - la justicia de la fe -;
31 mientras Israel, buscando una ley de justicia, no llegó a cumplir la ley.
32 ¿Por qué? Porque la buscaba no en la fe sino en las obras. Tropezaron contra la piedra de tropiezo,
33 como dice la Escritura: He aquí que pongo en Sión piedra de tropiezo y roca de escándalo; mas el que crea en él, no será confundido.

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Introducción a Romanos 

EPÍSTOLAS DE SAN PABLO

Introducción

Datos biográficos.
A San Pablo le conocemos mejor que a ninguna otra personalidad del NT por sus Espístolas y por los Hechos de los Apóstoles, dos fuentes independientes que se confirman y se completan, a pesar de algunas divergencias de detalle. Algunos sincronismos con sucesos históricos conocidos —sobre todo el proconsulado de Galión en Corinto, Hch_18:12- permiten además fijar algunas fechas y establecer así una cronología relativamente exacta de la vida del Apóstol.

Nacido en Tarso de Cilicia, Hch_9:11; Hch_21:39; Hch_22:3, en los inicios de nuestra era, Flm_1:9, de una familia judía de la tribu de Benjamín, Rom_11:1; Flp_3:5, pero al mismo tiempo ciudadano romano, Hch_16:37 s; Hch_22:25-28; Hch_23:27, ya desde su juventud recibió de Gamaliel, en Jerusalén, una profunda educación religiosa según las doctrinas fariseas, Hch_22:3; Hch_26:4 s; Gál_1:14; Flp_3:5. Encarnizado perseguidor, en un principio, de la naciente Iglesia cristiana, Hch_22:4 s; Hch_26:9-12; Gál_1:13, sufrió un brusco cambio en el camino de Damasco, por la aparición de Jesús resucitado, que le manifestó la verdad de la fe cristiana y le dio a conocer su misión especial de Apóstol de los gentiles, Hch_9:3-19 p; Gál_1:12, Gál_1:15 s; Efe_3:2 s. Desde aquel momento (hacia el año 33) dedica toda su vida activa al servicio de Cristo que le había «alcanzado», Flp_3:12. Después de permanecer en Arabia y de volver a Damasco, Gál_1:17, donde ya predica, Hch_9:20, sube a Jerusalén hacia el año 37, Gál_1:18; Hch_9:26-29, luego se retira a Siria-Cilicia, Gál_1:21; Hch_9:30, de allí le lleva consigo Bernabé a Antioquía, convertido en colaborador suyo, Hch_11:25 s; ver ya Hch_9:27. En una primera misión apostólica, al principio de los años 40, anuncia el Evangelio en Chipre, Panfilia, Pisidia y Licaonia, Hch 13-14; según San Lucas, a partir de este momento utiliza el nombre romano de Pablo con preferencia al nombre judío Saulo, Hch_13:9, y empieza a destacar sobre su compañero Bernabé por la excelencia de su predicación, Hch_14:12. En su segundo viaje misionero, Hch 15:36-18:22, entre los años 47 y 51, llega a Europa. En el verano del 51 se encuentra en Corinto con Galión; después sube a Jerusalén para intervenir en la asamblea apostólica. En aquella asamblea, y, por influencia suya, se admite que la Ley judía no obliga a los cristianos convertidos del paganismo, Hch 15; Gál_2:3-6; al mismo tiempo se reconoce oficialmente su misión de Apóstol de los gentiles, Gál_2:7-9, y vuelve a partir para nuevos viajes apostólicos. El segundo, Hch 15:36-18:22, y el tercero, Hch 18:23-21:17, ocupan, respectivamente, los años 50-52 y 53-58. Volveremos a tratar de ellos al situar las diversas epístolas que los jalonan. Es detenido en Jerusalén el 58, Hch 21:27-23:22, y mantenido en prisión en Cesarea de Palestina hasta el 60, Hch 23:23-26:32. En el otoño del 60, el procurador Festo lo remite con escolta a Roma, Hch 27:1-28:16, donde Pablo permanece dos años, Hch_28:30, del 61 al 63. Estos son los datos seguros sobre la vida de Pablo. Tradiciones antiguas, apoyadas en parte por las Epístolas pastorales (cuyo valor histórico se comenta más adelante), afirman que, dos años después, el proceso fue sobreseído por falta de pruebas y que Pablo pudo viajar de nuevo hacia el Este —o quizá pudo cumplir su deseo de ir a España, Rom_15:24, Rom_15:28. Un nuevo cautiverio en Roma, atestiguado por la tradición, culminó con el martirio de Pablo, entre los años 64 y 68.

Personalidad de Pablo.
Las Epístolas y los Hechos también nos pintan un impresionante retrato de la personalidad del Apóstol.

Pablo es un apasionado, un alma de fuego que se entrega sin medida a un ideal. Y este ideal es esencialmente religioso. Dios es todo para él, y a Dios sirve con una lealtad absoluta, primero persiguiendo a los que considera herejes, Gál_1:13; ver Hch_24:5, Hch_24:14, luego predicando a Cristo, cuando, por revelación, ha comprendido que sólo en él está la salvación. Este celo incondicional se traduce en una vida de entrega total al servicio de Aquél a quien ama. Trabajos, fatigas, padecimientos, privaciones, peligros de muerte, 1Co_4:9-13; 2Co_4:8 s; 2Co_6:4-10; 2Co_11:23-27, nada cuenta a sus ojos con tal de cumplir la tarea de que se siente responsable, 1Co_9:16 s. Nada de eso puede separarle del amor de Dios y de Cristo, Rom_8:35-39; o mejor, todo eso es de gran valor porque le configura con la Pasión y la Cruz de su Maestro, 2Co_4:10 s; Flp_3:10 s. El sentimiento de su singular elección suscita en él inmensas aspiraciones. Cuando confiesa su solicitud por todas las iglesias, 2Co_11:28; ver Col_1:24, cuando afirma haber trabajado más que los demás, 1Co_15:10; ver 2Co_11:5, cuando pide a sus fieles que le imiten, 1Co_11:1+, no lo hace por arrogancia; más bien se trata de la legítima y humilde satisfacción de un santo, que se reconoce como el último de todos, ya que fue perseguidor, 1Co_15:9; Efe_3:8; y sólo a la gracia de Dios atribuye las grandes cosas que se realizan por su intervención, 1Co_15:10; 2Co_4:7 : Flp_4:13; Col_1:29; Efe_3:7.

El fuego de su sensible corazón queda bien patente en sus sentimientos para con sus fieles. Lleno de confiado abandono con los de Filipos, Flp_1:7 s; Flp_4:10-20, sufre un acceso de indignación cuando los de Galacia se disponen a traicionar su fe, Gál_1:6; Gál_3:1-3; y experimenta una dolorosa contrariedad ante la inconstancia vanidosa de los de Corinto, 2Co 12:11-13:10. Sabe manejar la ironía para fustigar a los inconstantes, 1Co_4:8; 2Co_11:7; 2Co_12:13, e incluso los reproches severos, Gál_3:1-3; Gál_4:11; 1Co_3:1-3; 1Co_5:1-2; 1Co_6:5; 1Co_11:17-22; 2Co_11:3 s. Pero es por su bien, 2Co_7:8-13. Y no tarda en suavizar sus reprensiones con acentos de conmovedora ternura, 2Co_11:1-2; 2Co_12:14 s: ¿no es acaso su único padre, 1Co_4:14 s; 2Co_6:13; ver 1Ts_2:11; Flm_1:10, su madre, 1Ts_2:7; Gál_4:19? ¡Que se reanuden, pues, las buenas relaciones de antes, Gál_4:12-20; 2Co_7:11-13!

En realidad, no les acusa tanto a ellos, cuanto a los adversarios que tratan de seducirles: esos cristianos judaizantes que quieren someter a sus convertidos al yugo de la Ley, Gál_1:7; Gál_2:4, Gál_6:12 s. Ningún miramiento con ellos, 1Ts_2:15 s; Gál_5:12; Flp_3:2. A sus pretensiones, orgullosas y carnales, opone el auténtico poder espiritual que se manifiesta en su débil persona, 2Co 10:1-12:12, y la sinceridad de su desinterés demuestra Hch_18:3+. Se ha afirmado que sus rivales eran los grandes apóstoles de Jerusalén. No hay nada que lo pruebe; más bien se trata de judeo-cristianos integristas que decían apoyarse en Pedro, 1Co_1:12, y en Santiago, Gál_2:12, para destruir el prestigio de Pablo. En realidad, él siempre respeta la autoridad de los verdaderos apóstoles, Gál_1:18; Gál_2:2, sin dejar de sostener la igualdad de su título como testigo de Cristo, Gál_1:11 s: 1Co_9:1; 1Co_15:8-11; y si bien resiste al mismo Pedro en un punto particular, Gál_2:11-14, sabe también mostrarse conciliador, Hch_21:18-26, y pone su mayor esmero en la colecta a favor de los pobres de Jerusalén, Gál_2:10, colecta que considera como la prenda mejor de la unión entre los cristianos de la gentilidad y los de la iglesia madre, 2Co_8:14; 2Co_9:12-13; Rom_15:26 s.

Predicación de Pablo.
Su predicación es ante todo el «kerygma» apostólico, Hch_2:22+, proclamación de Cristo crucificado y resucitado conforme a las Escrituras, 1Co_2:2; 1Co_15:3-4; Gál_3:1. «Su» evangelio, Rom_2:16; Rom_16:25, no es cosa suya; es el evangelio de la fe común, Gál_1:6-9; Gál_2:2; Col_1:5-7, sólo que con una aplicación especial a la conversión de los gentiles, Gál_1:16; Gál_2:7-9, en la línea universalista inaugurada en Antioquía. Pablo se siente solidario de las tradiciones apostólicas; las cita cuando se le presenta la ocasión, 1Co_11:23-25; 1Co_15:3-7, las supone siempre, y ciertamente les debe mucho. Parece no haber visto en vida a Cristo, ver 2Co_5:16+, pero conoce sus enseñanzas, 1Co_7:10 s; 1Co_9:14. Además, es también un testigo directo, y su irresistible convicción se apoya en una experiencia personal: porque también él ha «visto» a Cristo, 1Co_9:1; 1Co_15:8. Ha sido favorecido con revelaciones y éxtasis, 2Co_12:1-4. Lo que ha recibido de la tradición, puede también atribuirlo y con entera verdad a las comunicaciones directas del Señor, Gál_1:12; 1Co_11:23.

Se ha querido atribuir estos fenómenos místicos a un temperamento exaltado y enfermizo. Pero sin fundamento alguno. La enfermedad que le detuvo en Galacia, Gál_4:13-15, sólo parece haber sido un ataque de paludismo; y «el aguijón de la carne», 2Co_12:7, pudo ser muy bien la oposición en el seno de sus comunidades. No era hombre imaginativo, a juzgar por las imágenes que emplea, pocas y corrientes: el estadio, 1Co_9:24-27; Flp_3:12-14; 2Tm_4:7 s, el mar, Efe_4:14, la agricultura, 1Co_3:6-8, y la construcción, 1Co_3:10-17; Rom_15:20; Efe_2:20-22, dos temas que fácilmente asocia y combina, 1Co_3:9; Col_2:7; Efe_3:17; ver Col_2:19; Efe_4:16. Es más bien un cerebral. A un corazón ardiente se une en él una inteligencia lúcida, lógica, exigente, solícita por exponer la fe según las necesidades de sus oyentes. A esto se deben las admirables exposiciones teológicas de que rodea al Kerygma según las circunstancias. Cierto que esa lógica no es la nuestra. Pablo argumenta en ocasiones como rabino, según los métodos exegéticos recibidos de su ambiente y de su educación (por ejemplo, Gál_3:16; Gál_4:21-31). Pero su genio hace saltar los límites de aquella herencia tradicional, y hace pasar una doctrina profunda a través de canales un tanto anticuados para nosotros.

Por otra parte, este semita también posee una cultura griega aceptable, recibida quizá desde su infancia en Tarso, enriquecida por reiterados contactos con el mundo grecorromano. Esta influencia se refleja en su modo de pensar lo mismo que en su lenguaje y en su estilo. Cita autores clásicos si la ocasión se presenta, 1Co_15:33, y conoce ciertamente la filosofía popular basada en el estoicismo. Debe a la «diatriba» cínico-estoica su estilo de razonamiento riguroso por medio de breves preguntas y respuestas, Rom_3:1-9, Rom_3:27-31, o sus amplificaciones por acumulación retórica, 2Co_6:4-10; y cuando por el contrario emplea frases largas y recargadas, donde las proposiciones se empujan en oleadas sucesivas, Efe_1:3-14; Col_1:9-20, puede también tener sus modelos en la literatura religiosa helenista. Maneja corrientemente el griego con pocos semitismos. Es el griego de su tiempo, la «koiné» elegante, pero sin pretensiones aticistas. Pues desprecia la afectación de la elocuencia humana y sólo quiere atribuir su fuerza de persuasión al poder de la Palabra de fe confirmada por los signos del Espíritu, 1Ts_1:5; 1Co_2:4 s; 2Co_11:6; Rom_15:18. Incluso, a veces, su expresión es incorrecta e incompleta, 1Co_9:15, pues el molde del lenguaje resulta incapaz de contener la presión de un pensamiento demasiado rico o de emociones demasiado vivas. Salvo raras excepciones, Flm_1:19, dicta, Rom_16:22, en la forma acostumbrada por los antiguos, contentándose con escribir el saludo final, 2Ts_3:17; Gál_6:11; 1Co_16:21; Col_4:18; y si bien algunos fragmentos parecen fruto de una redacción largamente meditada, muchos otros producen la impresión de un primer impulso espontáneo y sin retoques. A pesar de estos defectos, o quizá precisamente por ellos, este estilo fogoso es de una densidad extraordinaria. Un pensamiento tan elevado, expresado de manera tan ardorosa, ofrece al lector más de una dificultad (2Pe_3:16); pero también le ofrece textos cuyo vigor religioso y aun literario no tienen quizá igual en la historia de los epistolarios humanos.

Las epístolas de Pablo.
No hemos de olvidar que estas epístolas que Pablo nos ha dejado son escritos de ocasión; no tratados de teología, sino respuestas a situaciones concretas. Verdaderas cartas con el formulario entonces en uso, Rm 1+, no son ni «cartas» puramente privadas, ni «epístolas» puramente literarias, sino exposiciones que Pablo destina a lectores concretos y, en último término, a todos los fieles de Cristo. No hemos de buscar, pues, en ellas una formulación sistemática y completa del pensamiento del Apóstol; hemos de suponer siempre, en el fondo, la palabra viva, de la que son comentarios sobre puntos particulares. Mas no dejan de ser por eso extraordinariamente valiosas, tanto más cuanto que su riqueza y variedad nos permiten encontrar verdaderamente lo esencial del mensaje paulino. Al hilo de las circunstancias y según los diferentes auditorios, se descubre una misma doctrina fundamental, centrada en torno a Cristo, muerto y resucitado, pero adaptada, desarrollada, enriquecida a lo largo de aquella vida entregada toda a todos, 1Co_9:19-22. Algunos intérpretes han atribuido a Pablo un eclecticismo que a tenor de las circunstancias le habría hecho adoptar puntos de vista divergentes y aun contradictorios, sin concederles valor absoluto, pues sólo le interesaba ganar los corazones para Cristo. Otros han contrapuesto a este punto de vista, un «fijismo» según el cual el pensamiento de Pablo, estructurado desde un principio por la experiencia de su conversión, no habría experimentado luego ninguna evolución. La verdad está entre ambos extremos: la teología de San Pablo, evolucionada en una línea homogénea, se ha desarrollado realmente bajo el impulso del Espíritu que dirigía su apostolado. Podemos distinguir las etapas de esta evolución recorriendo sus diversas epístolas según el orden cronológico, que no es el del Canon del NT, donde han sido ordenadas según su extensión decreciente y que es el que mantienen la mayoría de las traducciones.

Romanos.
La epístola a los Romanos parece algo posterior. Pablo se halla en Corinto (invierno del 55-56), y a punto de partir para Jerusalén de donde espera ir a Roma y de allí a España, Rom_15:22-32; ver 1Co_16:3-6; Hch_19:21; Hch_20:3. Pero no ha fundado él la iglesia de Roma, respecto de la cual se halla medianamente informado, quizá por hombres como Áquila, Hch_18:2; las pocas alusiones de su epístola únicamente dejan entrever una comunidad en la que los convertidos del Judaísmo y de la gentilidad están expuestos a despreciarse mutuamente. Por eso cree conveniente, para preparar su venida, enviar con su protectora Febe, Rom_16:1, una carta en que expone su solución del problema del Judaísmo-Cristianismo, tal como lo acaba de madurar bajo los impactos de la crisis gálata. Para ello, retoma las ideas de Ga, pero de una manera más ordenada y matizada. Si Ga representa un grito salido del corazón, donde la apología personal, 1:11-2:21, se yuxtapone a la argumentación doctrinal, 3:1-4:31, y a las vehementes advertencias, 5:1-6:18, Rm por su parte ofrece una exposición ininterrumpida con algunas grandes secciones que se entrelazan armoniosamente por medio de temas que se anuncian anticipadamente para ser luego desarrollados.

Nadie ha discutido con argumentos serios la autenticidad de la epístola a los Romanos, como tampoco la de las de las epístolas a los Corintios y a los Gálatas. La única cuestión debatida es si los caps.15 y 16 son una añadidura posterior. Especialmente el último, con sus numerosos saludos, habría sido primitivamente una esquela destinada a la iglesia de Éfeso. Pero el cap. 15, a pesar de algunos manuscritos, no puede separarse del cuerpo de la epístola; y los que mantienen la autenticidad del cap. 16 advierten que Pablo no dirige nunca saludos a personas de comunidades en las que él no ha trabajado. Esto habría suscitado envidias, al tratar de forma diversa a algunos miembros de un grupo en el que todos sus componentes le eran conocidos. La lista de nombres del cap. 16 indica que el escrito iba dirigido a una iglesia que Pablo no había fundado, lo que excluye que su destinataria sea la iglesia de Éfeso. En cuanto a la doxología Rom_16:25-27, las características de su estilo no constituyen motivo suficiente para rechazar su autenticidad, pero sí pueden sugerir una fecha posterior.

Mientras las epístolas a los Corintios contraponían el Cristo Sabiduría de Dios a la vana sabiduría del mundo, las epístolas a los Gálatas y a los Romanos contraponen el Cristo Justicia de Dios a la justicia que los hombres pretendían conseguir por sus propios esfuerzos. Allí el peligro provenía del espíritu griego, con su orgullosa confianza en la razón; aquí proviene del espíritu judío, con su orgullosa confianza en la Ley. Algunos judaizantes vinieron a decir a los fieles de Galacia que no podían salvarse si no practicaban la circuncisión, poniénose así bajo el yugo de la Ley, Gál_5:2 s. Pablo se opone con todas sus fuerzas a este retroceso que haría inútil la obra de Cristo, Gál_5:4. Sin negar el valor de la economía antigua, le asigna los justos límites de etapa provisional en el conjunto del plan de salvación, Gál_3:23-25. La Ley de Moisés, buena y santa en sí, Rom_7:12, hizo que el hombre conociera la voluntad de Dios, pero sin comunicarle la fuerza interior para cumplirla; por lo mismo, no consiguió más que hacerle consciente de su pecado y de la necesidad que tiene de la ayuda de Dios, Gál_3:19-22; Rom_3:20; Rom_7:7-13. Pues bien, esa ayuda de pura gracia, prometida en otro tiempo a Abrahán antes del don de la Ley Gál_3:16-18; Rm 4, acaba de ser concedida en Cristo Jesús: su muerte y su resurrección han obrado la destrucción de la vieja humanidad, viciada por el pecado de Adán, y la creación de una humanidad nueva de la que él es el prototipo, Rom_5:12-21. El hombre, unido a Cristo por la fe y animado de su Espíritu, recibe ya gratuitamente la verdadera justicia y puede vivir según la voluntad divina, Rom_8:1-4. Cierto que su fe ha de florecer en obras buenas; pero esas obras realizadas por la fuerza del Espíritu, Gál_5:22-25; Rom_8:5-13, ya no son las obras de la Ley en que ponían orgullosamente su confianza los judíos. Son obras realizables por todos los que creen, aun cuando hayan venido del paganismo, Gál_3:6-9, Gál_3:14; Rom_4:11. Así pues, la economía mosaica, que tuvo su valor de etapa preparatoria, ha caducado ya. Los judíos, que pretenden mantenerse en ella, se colocan fuera de la verdadera salvación. Dios ha permitido su ceguera para hacer posible el acceso de los gentiles. Sin embargo, no pierden definitivamente su vocación primera, porque Dios es fiel: algunos de ellos, el «pequeño resto» anunciado por los profetas, han creído; los demás se convertirán algún día, Rm 9-11. En adelante, los fieles de Cristo, sean de origen judío o gentil, deben estar totalmente unidos en la caridad y en la ayuda mutua, Rom 12:1-15:13. Estas son las grandes perspectivas que, esbozadas en Ga, se amplían en Rm nos proporcionan admirables exposiciones sobre el pasado pecador de toda la humanidad, Rom 1:18-3:20, y la lucha interior en cada hombre, Rom_7:14-25, la gratuidad de la salvación, Rom_3:24 y passim, la eficacia de la muerte y de la resurrección de Cristo, Rom_4:24 s; Rom_5:6-11, participadas por la fe y el bautismo, Gál_3:26 s; Rom_6:3-11, el llamamiento a todos los hombres para que se hagan hijos de Dios, Gál_4:1-7; Rom_8:14-17, el amor lleno de sabiduría del Dios justo y fiel que dirige todo el plan de la salvación con sus diferentes etapas, Rom_3:21-26; Rom_8:31-39. Las perspectivas escatológicas persisten: estamos salvados en esperanza, Rom_5:1-11; Rom_8:24; mas, al igual que en las epístolas a los Corintios, se subraya la realidad de la salvación ya comenzada: se posee ya el Espíritu de la Promesa a título de primicias, Rom_8:23, el cristiano vive desde ahora en Cristo, Rom_6:11, y Cristo vive en él, Gál_2:20.

La epístola a los Romanos representa, pues, una de las más bellas síntesis de la doctrina paulina. No se trata, sin embargo, de una síntesis completa, no contiene toda su doctrina. El interés primordial que le otorgó la controversia luterana sería perjudicial si nos hiciera olvidar el complemento de las otras epístolas que la integran en una síntesis más vasta.

Fuente: Nueva Biblia de Jerusalén (1998) - referencias, notas e introducciones a los libros

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Notas


NOTAS

9 La afirmación de la justificación por la fe llevaba a Pablo a evocar la justicia de Abrahán, 4. De igual modo, la afirmación de la salvación otorgada en el Espíritu por el amor de Dios le obliga a tratar, 9-11, el caso de Israel, infiel a pesar de las promesas de salvación que se le hicieron. No se trata, pues, en estos casos, del problema de la predestinación de los individuos a la gloria ni aun a la fe, sino del problema del papel histórico de Israel.



REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 2Co_12:7+

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Éxo_32:32

NOTAS

9:3 Es decir, objeto de maldición, ver Jos_6:17+ y Lev_27:28+.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Efe_2:12

NOTAS

9:4 Los auténticos descendientes de Jacob-Israel, Gén_32:29 [Gén_32:28]. De este privilegio brotan todos los demás: la adopción filial, Éxo_4:22; ver Deu_7:6+; la gloria de Dios, Éxo_24:16+, que habita en medio del pueblo, Éxo_25:8+; Deu_4:7+; ver Jua_1:14+; las alianzas con Abrahán, Gén_15:1+; Gén_15:17+; Gén_17:1+, Jacob-lsrael, Gén_32:29 [Gén_32:28], Moisés, Éxo_24:7-8; el culto tributado al único Dios verdadero; la Ley expresión de su voluntad; las promesas mesiánicas, 2Sa_7:1+, y la pertenencia al linaje de Cristo.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Rom_1:3+

NOTAS

9:5 El contexto y el mismo ritmo de la frase suponen que la doxología se dirige a Cristo. Si es raro que Pablo dé a Jesús el título de Dios, ver también Tit_2:13, y le dirija una doxología, ver Heb_13:21, lo es porque de ordinario reserva este título para el Padre, ver Rom_15:6, etc. , y porque considera las personas divinas, más que en el aspecto abstracto de su naturaleza, en el aspecto concreto de sus funciones en la obra de salvación. Además, siempre tiene presente al Cristo histórico en su realidad concreta de Dios hecho hombre, ver Flp_2:5+; Col_1:15+. Por eso le muestra subordinado al Padre, 1Co_3:23; 1Co_11:3, tanto en la obra de la creación, 1Co_8:6, como de la restauración escatológica, 1Co_15:27; ver Rom_16:27, etc. Sin embargo, el título de Kyrios recibido por Cristo en la resurrección, Flp_2:9-11; ver Efe_1:20-22; Heb_1:3, es nada menos que el título divino dado a Yahvé en el AT, Rom_10:9 y Rom_10:13; 1Co_2:16. Para Pablo, Jesús es esencialmente el Hijo de Dios, Rom_1:3; Rom_1:9; Rom_5:10; Rom_8:29; 1Co_1:9; 1Co_15:28; 2Co_1:19; Gál_1:16; Gál_2:20; Gál_4:4; Gál_4:6; Efe_4:13; 1Ts_1:10; ver Heb_4:14; etc. , su propio Hijo, Rom_8:3, Rom_8:32, el Hijo de su amor, Col_1:13, que pertenece de derecho al mundo divino, de donde ha venido, 1Co_15:47, enviado por Dios, Rom_8:3; Gál_4:4. Si ha sido investido del título de Hijo de Dios de un modo nuevo por la resurrección, Rom_1:4+; ver Heb_1:5; Heb_5:5, no lo ha recibido en ese momento, porque ya preexistía, de manera no sólo escriturística, 1Co_10:4, sino ontológica, Flp_2:6; ver 2Co_8:9. Él es la Sabiduría, 1Co_1:24, 1Co_1:30, la Imagen, 2Co_4:4, por quien todo ha sido creado, Col_1:15-17; ver Heb_1:3; 1Co_8:6, y por quien todo se recrea, Rom_8:29; ver Col_3:10; Col_1:18-20, porque él ha reunido en su persona la plenitud de la Divinidad y del mundo, Col_2:9+. En él ha concebido Dios todo su plan de salvación, Efe_1:3, y él es también su fin al igual que el Padre (comp. Rom_11:36; 1Co_8:6 y Col_1:16, Col_1:20). Si el Padre resucita y juzga, también él resucita (comp. Rom_1:4+; Rom_8:11+ y Flp_3:21) y juzga (comp. Rom_2:16 y 1Co_4:5; Rom_4:10 y 2Co_5:10). En una palabra, es una de las Tres Personas que aparecen asociadas en las fórmulas trinitarias, 2Co_13:13+ [2Co_13:14].

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Núm_23:19; Isa_55:10-11

[2] Rom_2:28-29

NOTAS

9:6 (a) La sección se divide en tres partes: 1ª = Rom_9:6-29; 2ª = 9:30—10:21, y 3ª = Rom_11:1-32. En la 1ª parte Pablo expone que la situación de Israel no cuestiona el poder y la justicia de Dios; es Israel (parte 2ª) quien ha rechazado la justicia divina anunciada por el Evangelio de J. C. y se ha puesto en esa situación; pero (parte 3ª) Dios lo salvará, porque tal es su designio misericordioso.

9:6 (b) El «Israel de Dios», Gál_6:16, heredero de la Promesa, no se confunde con el «Israel según la carne», 1Co_10:18.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Mat_3:9 p

[2] Gén_21:12

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jua_8:31-44; Gál_4:21-31

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Gén_18:10

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Rom_11:5-6

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Gén_25:23

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Mal_1:2-3

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Rom_3:5

[2] Deu_32:4

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Éxo_33:19

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Sal_147:10 p

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Éxo_9:16

NOTAS

9:17 Pablo, como el AT, atribuye primeramente a la causalidad divina (subrayando incluso la expresión: «Te he suscitado») las acciones buenas o malas de los hombres, ver Rom_1:24.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Sab_12:12

NOTAS

9:19 Si la indocilidad del hombre entra así en el plan divino, ¿cómo reprocharle el no haber cumplido la voluntad de Dios? Pablo ha dado ya con una objeción análoga, Rom_3:7; Rom_6:1, Rom_6:15, y le ha dado su respuesta, como aquí, con un no ha lugar. Dios es el dueño de su obra. Tacharle de injusticia carece de sentido. Ver Mat_20:15.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Isa_29:16+; Jer_18:6; Isa_45:9; Isa_64:7 [Isa_64:8]; Sab_15:7

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Rom_2:4; Rom_3:25-26; Pro_16:4; Sab_12:20-21

NOTAS

9:22 En realidad Dios no ha tenido misericordia de todos aquellos que se consideraban destinados a la perdición porque no eran elegidos. En los versículos 24-29 Pablo no dice que los israelitas están destinados a la perdición por haber rechazado el Evangelio, pues en Rom 9 el llamamiento o el no llamamiento no están ligados a la respuesta del hombre, positiva o negativa (ver los vv. Rom_9:11 s). Al contrario, subraya que los objetos preparados para la ira, los gentiles idólatras, han sido también objetos de la misericordia divina, para que pudieran recibir la condición de hijos e hijas de Dios. Los vv. Rom_9:27-29 insisten sobre el «resto» -para Pablo son los judíos que han creído en el Evangelio- cuya existencia prueba que la palabra de Dios no se ha frustrado.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Rom_8:29+; Efe_2:1-7

NOTAS

9:23 «a fin de dar a conocer»; Var.: «y (conocer)».

NOTAS

9:24 La frase queda en suspenso: «¿cómo hablar en ese caso de la injusticia de Dios?» Todo, en efecto, se ordena finalmente a la salvación de unos y de otros, ver Rom_11:32.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Ose_2:25 [Ose_2:23]; 1Pe_2:10

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Ose_2:1 [Ose_1:10]

NOTAS

9:26 Así la misma historia de Israel, elegido por Dios a pesar de sus infidelidades, viene a ser el tipo del llamamiento de las naciones, desprovistas de todo derecho, al banquete mesiánico.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Ose_2:1 [Ose_1:10]; Isa_10:22-23

[2] Rom_11:5

NOTAS

9:27 Los textos elegidos anuncian a la vez la infidelidad de Israel y la vuelta de un resto, ver Isa_4:3+, depositario de las promesas. Preparan así el cap. 11.

NOTAS

9:28 Una var. (Vulg. ) acomoda la cita al texto de los LXX que Pablo abrevia.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Isa_1:9

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Rom_10:20; Rom_11:7

NOTAS

9:30 Esta conclusión da entrada al argumento del cap. siguiente: las causas de la infidelidad de Israel vistas, no en Dios, sino en el mismo Israel.

NOTAS

9:31 Lo que sólo el cristiano puede hacer, Rom_3:31; Rom_8:4; Rom_10:4; ver Rom_7:7+; Hch_13:39. - «la Ley»; var. (Vulg. ): «la Ley de la justicia».

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Isa_8:14; Isa_28:16; 1Pe_2:6-8

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Rom_10:11