Santiago 5 Biblia Jerusalén (1998) | 20 versitos |
1 Ahora bien, vosotros, ricos, llorad y dad alaridos por las desgracias que están para caer sobre vosotros.
2 Vuestra riqueza está podrida y vuestros vestidos están apolillados;
3 vuestro oro y vuestra plata están tomados de herrumbre y su herrumbre será testimonio contra vosotros y devorará vuestras carnes como fuego. Habéis acumulado riquezas en estos días que son los últimos.
4 Mirad; el salario de los obreros que segaron vuestros campos y que no habéis pagado está gritando; y los gritos de los segadores han llegado a los oídos del Señor de los ejércitos.
5 Habéis vivido sobre la tierra lujosamente y os habéis entregado a los placeres; habéis hartado vuestros corazones para el día de la matanza.
6 Condenasteis y matasteis al justo; no os resiste.
7 Tened, pues, paciencia, hermanos, hasta la Venida del Señor. Mirad: el labrador espera el fruto precioso de la tierra aguardándolo con paciencia hasta recibir las lluvias tempranas y tardías.
8 Tened también vosotros paciencia; fortaleced vuestros corazones porque la Venida del Señor está cerca.
9 No os quejéis, hermanos, unos de otros para no ser juzgados; mirad que el Juez está ya a las puertas.
10 Tomad, hermanos, como modelo de sufrimiento y de paciencia a los profetas, que hablaron en nombre del Señor.
11 Mirad cómo proclamamos felices a los que sufrieron con paciencia. Habéis oído la paciencia de Job y sabéis el final que el Señor le dio; porque el Señor es compasivo y misericordioso.
12 Ante todo, hermanos, no juréis ni por el cielo ni por la tierra, ni por ninguna otra cosa. Que vuestro sí sea sí, y el no, no; para no incurrir en juicio.
13 ¿Sufre alguno entre vosotros? Que ore. ¿Está alguno alegre? Que cante salmos.
14 ¿Está enfermo alguno entre vosotros? Llame a los presbíteros de la Iglesia, que oren sobre él y le unjan con óleo en el nombre del Señor.
15 Y la oración de la fe salvará al enfermo, y el Señor hará que se levante, y si hubiera cometido pecados, le serán perdonados.
16 Confesaos, pues, mutuamente vuestros pecados y orad los unos por los otros, para que seáis curados. La oración ferviente del justo tiene mucho poder.
17 Elías era un hombre de igual condición que nosotros; oró insistentemente para que no lloviese, y no llovió sobre la tierra durante tres años y seis meses.
18 Después oró de nuevo y el cielo dio lluvia y la tierra produjo su fruto.
19 Hermanos míos, si alguno de vosotros se desvía de la verdad y otro le convierte,
20 sepa que el que convierte a un pecador de su camino desviado, salvará su alma de la muerte y cubrirá multitud de pecados.

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Introducción a Santiago

EPÍSTOLAS CATÓLICAS

Introducción
Las siete epístolas del NT no atribuidas a San Pablo fueron, por esta misma razón, reunidas muy pronto en una sola colección, a pesar de sus diferentes orígenes: una de Santiago, una de San Judas, dos de San Pedro, tres de San Juan. Su antiquísimo título de «católicas» procede sin duda de que la mayoría de ellas no van destinadas a comunidades o personas particulares, sino que se dirigen más bien a los cristianos en general.

Epístola de Santiago.
La epístola de Santiago sólo fue progresivamente aceptada en la Iglesia. Su canonicidad no parece haber planteado problemas en Egipto, donde Orígenes la cita como Escritura inspirada, pero Eusebio de Cesarea reconoce a comienzos del siglo IV que algunos la impugnan todavía. En las iglesias de lengua siríaca no llegó a ser introducida en el canon del NT más que a lo largo del siglo IV. En África la desconocen Tertuliano y Cipriano, y el catálogo de Mommsen (hacia el 360) no la contiene todavía. En Roma, no figura en el canon de Muratori, atribuido a San Hipólito (hacia el 200) y es muy dudoso que la hayan citado San Clemente de Roma y el autor del Pastor de Hermas (ver infra). De manera que sólo hacia finales del siglo IV se impone en el conjunto de las iglesias de Oriente y Occidente.

Una vez que las iglesias aceptan la canonicidad de esta epístola, identifican por lo común a su autor con Santiago, el «hermano del Señor», Mar_6:3; Mat_13:55 p; ver Mat_12:46+, que desempeñó un papel tan preeminente en la primera comunidad cristiana de Jerusalén, Hch_12:17+; Hch_15:13-21; Hch_21:18-26; 1Co_15:7; Gál_1:19; Gál_2:9, Gál_2:12, y que recibió la corona del martirio a manos de los judíos hacia el año 62 (Josefo, Hegesipo). Este personaje es evidentemente distinto del apóstol Santiago, hijo de Zebedeo, Mat_10:2 p, a quien Herodes dio muerte en el 44, Hch_12:2, pero sería posible identificarle con el otro apóstol del mismo nombre, hijo de Alfeo, Mat_10:3 p. Ya los antiguos vacilaban en este punto, y los modernos aún lo discuten, si bien inclinándose por la negativa. La expresión de Pablo en Gál_1:19 ha sido interpretada en los dos sentidos.

Por lo demás, el verdadero problema se sitúa en otro plano, mucho más profundo, como es la atribución misma de la epístola a Santiago, «el hermano del Señor». Y en efecto, esta atribución plantea sus dificultades. Si realmente había sido compuesta por esta personalidad de primer orden, no sería fácil comprender las dificultades que tuvo para imponerse en la Iglesia como Escritura canónica. Además fue escrita directamente en griego, con una elegancia, una riqueza de vocabulario y un sentido de la retórica (diatriba) bastante sorprendentes en un galileo. Sin duda Santiago pudo recibir la ayuda de un discípulo de esmerada cultura helénica, pero esto es una conjetura que no se puede probar. Finalmente, y sobre todo, la epístola presenta una afinidad muy notable con escritos cuya composición se sitúa a fines del siglo primero o a comienzos del segundo, especialmente con la primera carta de Clemente de Roma y el Pastor de Hermas. Se ha afirmado con frecuencia que estas dos obras habían utilizado ampliamente la epístola de Santiago; pero hoy en día se reconoce cada vez más que esas afinidades se explican por el uso de fuentes comunes y por el hecho de que los autores de estas diversas obras se enfrentaban con dificultades análogas. En consecuencia, numerosos autores sitúan hoy la composición de la epístola de Santiago hacia el final del siglo primero o incluso a comienzos del segundo. El carácter arcaico de su cristología podría explicarse, más que por la antigüedad de su redacción, por su posible procedencia de los medios judeocristianos, herederos del pensamiento de Santiago, el hermano del Señor, y cerrados al desarrollo de la teología cristiana primitiva.

Si a pesar de todo se insiste en mantener la autenticidad de la epístola, su composición deberá situarse antes del 62, fecha de la muerte de Santiago. Y en este caso son posibles dos hipótesis, según la posición que se adopte en cuanto a las relaciones entre St Ga/Rm a propósito del problema de la justificación por la fe (ver infra). Para algunos autores, es Santiago el que inicia una polémica contra Pablo, o mejor, contra cristianos que deformaban la enseñanza de Pablo; en este caso, habría escrito su epístola poco antes de su muerte. Para otros, menos numerosos cada vez, sería Pablo quien habría querido combatir las ideas de Santiago, cuya epístola en tal caso habría sido compuesta por los años 45-50, y ello explicaría el carácter arcaico de su cristología. Lo que dejamos dicho más arriba da a entender que fecha tan antigua resulta poco probable.

Sea lo que fuere de su origen, este escrito quiere llegar a las «Doce tribus de la Dispersión», Stg_1:1, que son, sin duda, los cristianos de origen judío dispersos en el mundo grecorromano, sobre todo en las regiones limítrofes de Palestina, como Siria y Egipto. Que estos destinatarios sean convertidos del Judaísmo lo confirma el cuerpo de la carta. El uso constante que el autor hace de la Biblia supone que ésta les es familiar, sobre todo porque procede preferentemente por reminiscencias espontáneas y alusiones implícitas que por doquier se traslucen, y no en forma de argumentación partiendo de citas explícitas (como Pablo, por ejemplo, o el autor de la epístola a los Hebreos). Se inspira particularmente en la literatura sapiencial para deducir de ella lecciones de moral práctica. Pero también depende profundamente de las enseñanzas del Evangelio, y su escrito no es puramente judío como a veces se ha afirmado. Por el contrario, constantemente se encuentran en él el pensamiento y las expresiones preferidas de Jesús, y esta vez también menos por el procedimiento de citas expresas tomadas de una tradición escrita que por la utilización de una tradición oral viva. En una palabra, se trata de un sabio judeocristiano que reconsidera de manera original las máximas de la sabiduría judía en función del pleno cumplimiento que habían hallado en labios del Maestro. Su perspectiva cristiana se aprecia sobre todo en el marco apocalíptico en que sitúa sus enseñanzas morales. Estas enseñanzas demuestran también su afinidad sobre todo con el evangelio judeocristiano de Mateo.

Su escrito no se ajusta fácilmente a las características del estilo epistolar. Más bien parece una homilía, muestra de aquella catequesis que sin duda estuvo en uso en las asambleas judeocristianas de su tiempo. Hay en él una serie de exhortaciones morales que se suceden sin gran cohesión, agrupando sentencias sobre un mismo tema, o bien mediante asonancias verbales. Se trata de advertencias sobre la paciencia en las tribulaciones, Stg_1:1-12; Stg_5:7-11, el origen de la prueba, Stg_1:13-18, el dominio de la lengua, Stg_1:26; Stg_3:1-12, la importancia de la armonía mutua y de la misericordia, Stg_2:8, Stg_2:13; 3:13-4:2; Stg_4:11 s, la eficacia de la oración, Stg_1:5-8; Stg_4:2 s; Stg_5:13-18, etc. El sacramento de la Unción de los enfermos tiene su lugar teológico en Stg_5:14 s (Concilio de Trento).

Dos temas principales sobresalen en toda esta exhortación. Uno ensalza a los pobres y advierte severamente a los ricos, Stg_1:9-11; 1:27-2:9; 4:13-5:6: esta preocupación por los humildes, los favoritos de Dios, enlaza con una antigua tradición bíblica y muy especialmente con las Bienaventuranzas del Evangelio, Mat_5:3+. El otro insiste en la práctica de las buenas obras y previene contra una fe estéril, Stg_1:22-27; Stg_2:10-26. Hay incluso sobre este último punto una sección polémica, Stg_2:14-26, que muchos intérpretes consideran dirigida contra Pablo. Hay que reconocer, en efecto, conexiones bastante sorprendentes entre St Ga/Rm, sobre todo en la interpretación de los mismos textos bíblicos sobre Abrahán, diferente en cada uno. La existencia de un conflicto como éste entre los libros del NT es un indicio de la riqueza de la enseñanza divina más bien que un motivo de escándalo. Podemos observar dos cosas: en primer lugar, que por encima de cierta oposición motivada por preocupaciones pastorales diferentes, Pablo y Santiago están de acuerdo en lo fundamental, ver Stg_2:6; Stg_2:14+; (porque Pablo no estaba nunca contra la moral, ver por ej. Rm 12-13, sino contra la imposición de preceptos cultuales sobre sus fieles convertidos del paganismo, como la circuncisión, y Santiago no habla nunca de estos preceptos cultuales sino de la moral). En segundo lugar, que este tema de la fe y de las obras, espontáneamente sugerido por los antecedentes de la religión judía, bien pudo ser un tema tradicional de discusión que ambos habrían expuesto de manera independiente. Al fin la Iglesia naciente aceptó la epístola de Santiago porque habría querido conservar el equilibrio dialéctico entre fe y obras, entre Pablo y Santiago.

Fuente: Nueva Biblia de Jerusalén (1998) - referencias, notas e introducciones a los libros

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Notas


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Luc_6:24 s; Pro_11:4, Pro_11:28



REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Mat_6:19-21

[2] Sir_29:10-12; Pro_16:27

NOTAS

5:3 La perspectiva es escatológica: las calamidades que aguardan a los ricos se sitúan en la perspectiva del Juicio, Stg_5:7-9, ver Mat_6:19; Isa_5:8-10; Amó_2:6-7; Amó_8:4-8; etc. Pero nos encontramos ya en los «últimos tiempos», ver 2Co_6:2+.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Lev_19:13; Deu_24:14-15

[2] Éxo_22:22 [Éxo_22:23]

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Sab_2:10-20

NOTAS

5:5 Quizá alusión a las violencias con que los ricos han abrumado a los justos, v. Stg_5:6,ver Sal_44:23 [Sal_44:22]; Sab_2:10-20; Jer_12:1-3.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 1Co_15:23+

[2] Deu_11:14

NOTAS

5:7 Var.: «frutos».

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Apo_1:3

NOTAS

5:8 La espera de la Venida (Parusía, 1Co_15:23+) es el motivo último de la paciencia cristiana, Stg_1:2-4, Stg_1:12; 1Ts_3:13; 1Pe_4:7; 1Pe_5:10. La comparación del labrador, v. Stg_5:7, sugiere a Mar_4:26-29.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 2Co_6:2+; Mat_24:33+p; Rom_2:6+

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Mat_5:11-12 p

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Stg_1:2-3, Stg_1:12

[2] Job_42:10-17

[3] Sal_103:8

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Mat_5:34-37

NOTAS

5:13 El rasgo común de los vv. Stg_5:13-18 es la oración, con insistencia en los casos del enfermo y del pecador, y luego, vv. Stg_5:16-18, en el poder del que ora bien.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Tit_1:5+

[2] Mar_6:13

[3] Hch_3:16+

NOTAS

5:14 Om.: «del Señor». - Santiago da por conocida la práctica de que habla. En esta unción hecha en nombre del Señor, acompañada de oraciones recitadas por los «presbíteros», Hch_11:30+, para alivio del enfermo y remisión de los pecados, la Iglesia ha visto una forma inicial de la «Unción de los enfermos». Esta identificación tradicional fue definida por el Concilio de Trento.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Pro_28:13+; Sir_4:26; 1Jn_1:8-10

[2] Éxo_32:11+

NOTAS

5:16 (a) La confesión de las faltas, aquí asociada a la oración, debía recomendarse a los enfermos, v. Stg_5:15; lo mismo se pide a todo cristiano, especialmente en el marco de la liturgia. No se da aquí ninguna precisión sobre la confesión sacramental.

5:16 (b) Vulg.: «asidua».

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 1Re_17:1; 1Re_18:1, 1Re_18:41 s; Apo_11:6

NOTAS

5:17 La figura de Elías, muy popular en la tradición judía, lo ha sido también entre los cristianos. Santiago subraya que este hombre de oración, cuya intercesión era tan poderosa, era semejante a nosotros.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Gál_6:1+; 1Jn_5:16

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Tob_12:9; Pro_10:12; 1Pe_4:8

NOTAS

5:20 Var.: «sabed». -La caridad fraterna y el perdón pueden recuperar a los extraviados, ver Mat_18:15, Mat_18:21-22+; 1Ts_5:14, y a su vez beneficiará, en el día del juicio, al que los ejerce, 1Pe_4:8; ver Dan_12:3; Eze_3:19; Eze_33:9. La epístola concluye así, carente de todos los saludos usuales.