Cantares  2 Biblia Jerusalén (1998) | 17 versitos |
1 - Soy un narciso de Sarón, una azucena de los valles.
2 - Como azucena entre cardos es mi amada entre las mozas.
3 - Como manzano entre árboles silvestres es mi amado entre los mozos. Me apetece sentarme a su sombra, su fruto me endulza la boca.
4 Me ha metido en la bodega, despliega junto a mí su bandera de amor.
5 Reponedme con tortas de pasas, dadme vigor con manzanas, que estoy enferma de amor.
6 Su izquierda está bajo mi cabeza, me abraza con la derecha.
7 - Os conjuro, muchachas de Jerusalén, por las gacelas y las ciervas del campo, que no despertéis ni desveléis, a mi amor hasta que quiera.
8 ¡La voz de mi amado! Miradlo aquí llega, saltando por montes, brincando por lomas.
9 Es mi amado una gacela, parecido a un cervatillo. Mirad cómo se para oculto tras la cerca, mira por las ventanas, atisba por las rejas.
10 Habla mi amado y me dice: "Levántate, amor mío, hermosa mía, y vente.
11 Mira, ha pasado el invierno, las lluvias cesaron, se han ido.
12 La tierra se cubre de flores, llega la estación de las canciones, ya se oye el arrullo de la tórtola por toda nuestra tierra.
13 Despuntan yemas en la higuera, las viñas en cierne perfumean. ¡Anímate, amor mío, hermosa mía, y ven!
14 Paloma mía, escondida en las grietas de la roca, en los huecos escarpados, déjame ver tu figura, deja que escuche tu voz; porque es muy dulce tu voz y atractiva tu figura".
15 Cazadnos las raposas, las pequeñas raposas que devastan las viñas, nuestras viñas en flor.
16 Mi amado es mío y yo de mi amado, que pasta entre azucenas.
17 Antes que sople la brisa, antes de que huyan las sombras, vuelve, amado mío, imita a una gacela o a un joven cervatillo por los montes de Béter.

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Introducción a Cantares 

CANTAR DE LOS CANTARES

Introducción
El Cantar de los Cantares, es decir, el Cantar por excelencia, el Cantar más bello, canta en una serie de poemas el amor mutuo de una pareja de amantes, que se juntan y se pierden, se buscan y se encuentran. Al amado se le llama «Rey», Cnt_1:4 y Cnt_1:12, y «Salomón», Cnt_3:7 y Cnt_3:9; a la amada se la llama «Sulamita», Cnt_7:1 [Cnt_6:13], nombre en el que se ha querido ver reflejado fonéticamente el nombre de Salomón o el de la Sunamita que aparece en la historia de David y de Salomón, 1Re_1:3; 1Re_2:21-22. Como la tradición sabía que Salomón había compuesto canciones, 1Re_5:12 [1Re_4:32], se le atribuyó este cántico por antonomasia (de ahí el título del libro Cnt_1:1). Y del mismo modo, dada su fama de sabio, se le atribuyeron Proverbios, Eclesiastés y Sabiduría. A causa del título, se clasificó al Cantar entre los libros sapienciales, en la Biblia griega después del Eclesiastés, en la Vulgata entre el Eclesiástico y la Sabiduría, precisamente dos libros «salomónicos». En la Biblia hebrea, el Cantar está colocado entre los «escritos» que forman la tercera y más reciente parte del canon judío. Posteriormente al siglo VIII de nuestra era, cuando el Cantar fue utilizado en la liturgia pascual, se convirtió en uno de los cinco «meguil·lot» o rollos que se leían en las grandes fiestas.

Este libro, que no habla de Dios y que usa un lenguaje de amor apasionado, ha resultado chocante. En el siglo I de nuestra era surgieron dudas sobre su canonicidad en los medios judíos y se resolvieron apelando a la tradición. Y fundándose en ésta lo ha aceptado siempre la Iglesia cristiana como Escritura Sagrada.

No hay libro del Antiguo Testamento que haya recibido interpretaciones más dispares.

La más reciente rastrea el origen del Cantar en el culto de Istar y de Tamuz, y en los ritos del matrimonio divino (hierogamia) que se supone realizaba el rey en representación del dios. Un ritual así, tomado de los cananeos, se habría practicado antiguamente en el culto de Yahvé, y el Cantar sería el librito, expurgado y revisado, de esa liturgia. No puede demostrarse esta teoría cultual y mitológica; resulta improbable. No es posible imaginarse a un creyente israelita plagiando estas representaciones de una religión de la fecundidad simplemente para obtener de ella cantares de amor. Si hay coincidencias de expresión entre los himnos a Istar o a Tamuz y los poemas del Cantar, será porque uno y otros hablan el lenguaje del amor.

La interpretación alegórica es mucho más antigua. Llegó a ser común entre los judíos a partir del siglo II de nuestra era: el amor de Dios por Israel y el del pueblo por su Dios son representados como las relaciones entre dos esposos; es el mismo tema del matrimonio que los profetas desarrollan desde Oseas. Los autores cristianos, sobre todo bajo la influencia de Orígenes y a pesar de la oposición individual de Teodoro de Mopsuestia, siguieron la misma línea que la exégesis judía, pero la alegoría se convierte en ellos en la de las bodas de Cristo con la Iglesia, o en la de la unión mística del alma con Dios. Son ya muy pocos los comentaristas católicos modernos que defienden alguna de las variantes de esta interpretación alegórica. Se atienen al tema general de Yahvé, esposo de Israel, o bien tratan de encontrar en el conjunto del Cantar la historia de las conversiones de Israel, de sus desilusiones y de sus esperanzas. El carácter inspirado y canónico del Cantar exige, a su parecer, que cante a algo distinto al amor profano. Pero las justificaciones exegéticas que dan del sentido alegórico, acumulando los paralelos verbales con el resto de la Biblia, aparecen artificiales y forzadas.

En consecuencia, la mayor parte de los exegetas católicos se adhiere a la interpretación literal, que hoy reúne la casi totalidad de los votos. Reanudan así la tradición más antigua. No existe ningún indicio de una interpretación alegórica del Cantar antes de nuestra era, y en los escritos de Qumrán no se descubre ningún vestigio; el Nuevo Testamento, por más que se haya dicho, no aporta ningún testimonio; los judíos del siglo I cantaban el Cantar en las fiestas profanas de matrimonio y siguieron haciéndolo a pesar de la prohibición lanzada por Rabí Aquiba. El Cantar mismo no manifiesta ninguna intención alegorizante, contrariamente a los profetas que, cuando recurren a la alegoría, lo dicen explícitamente y ofrecen la clave, Isa_5:7; Eze_16:2; Eze_17:12; Eze_23:4; Eze_31:2; Eze_32:2, etc. Nada nos indica que haya de aplicarse sobre el Cantar un papel perforado para traducir su código y leer en él algo distinto al sentido que brota naturalmente del texto: una colección de cantares que celebran el amor mutuo y fiel que sella el matrimonio. Proclama la legitimidad y celebra el valor del amor humano, y el tema no es sólo profano, puesto que Dios ha bendecido el matrimonio, considerado no tanto como medio de procreación cuanto como la asociación afectiva y estable del hombre y de la mujer, Gn 2. Bajo la influencia del Yahvismo, la vida sexual, que el medio ambiente cananeo concebía a imagen de las relaciones entre divinidades de la fecundidad, queda aquí desmitologizada y es considerada con un sano realismo. El mismo amor humano es incidentalmente el tema de otros libros del Antiguo Testamento, por ejemplo en algunos relatos antiguos del Génesis, en la historia de David, en los Proverbios y el Eclesiástico, donde se le trata de la misma manera y a veces con expresiones que recuerdan las del Cantar, y su honestidad justifica la trasposición que los profetas hacen de él a las relaciones de Yahvé con Israel. No hay, pues, dificultad en que se le haya dedicado un libro, y en que éste haya sido admitido en el Canon. No nos toca a nosotros fijar límites a la inspiración de Dios.

Se puede buscar el origen del Cantar en las fiestas que acompañaban a la celebración del matrimonio, ver Jer_7:24; Jer_16:9; Sal 45, y se han establecido comparaciones útiles con las ceremonias y los cantos de las bodas de los árabes de Siria y Palestina. Pero el Cantar no es una colección de cantos populares. Sean cuales fueren los modelos que haya podido conocer, el autor del Cantar es un poeta original y un hábil literato. Los mejores paralelos se encuentran en los cantos de amor del antiguo Egipto, que son obras literarias, pero no es posible afirmar que se haya inspirado en ellos. Israel hubo de tener como sus vecinos una poesía amorosa y, en un ambiente semejante, el lenguaje del amor ha empleado las mismas imágenes y las mismas hipérboles.

El Cantar no sigue ningún plan definido. Es una colección de cantos, a los que sólo les une su tema común, que es el amor. Los «cinco» poemas entre los cuales se distribuye la traducción solamente sugieren agrupamientos posibles de unidades más cortas, y no debemos buscar del uno al otro ningún progreso ni del pensamiento ni de la acción. Las colecciones de cantos egipcios que han llegado a nosotros tienen la misma disposición. Se trata de repertorios en los que se podía escoger un espécimen según la circunstancia o el auditorio, y ello explica que las piezas sean variaciones sobre los mismos temas y que existan numerosos duplicados. No estaban destinados a ser cantados o recitados todos ellos seguidos. Si se renuncia a la ayuda de la alegoría para descubrir en el Cantar alusiones a acontecimientos históricos, su fecha es de difícil precisión. Algunos le hacen remontarse hasta el reinado de Salomón, pero los aramaísmos de su lenguaje y el préstamo de una palabra persa, Cnt_4:13, y de otra griega, Cnt_3:9, imponen una fecha posterior al Destierro, en el siglo V o IV a. C. El lugar de composición es ciertamente Palestina.

Independientemente de la atribución que se hizo a Salomón, el gran Sabio, la interpretación literaria del Cantar legitima su clasificación entre los libros sapienciales: como ellos, se preocupa de la condición humana y considera uno de sus aspectos vitales. Enseña a su manera la bondad y la dignidad del amor que acerca al hombre y a la mujer, destruye los mitos que se le adherían entonces y lo libera de las ataduras del puritanismo como también de las licencias del erotismo. No debe perderse esta lección para nuestra época. Por lo demás, es lícito, por encima del sentido literal, aplicar el Cantar a las relaciones de Cristo con su Iglesia, lo cual, sin embargo, no lo hizo San Pablo en Ef 5, o a la unión de las almas con el Dios de amor, y esto justifica el uso admirable que de él hicieron místicos como San Juan de la Cruz.

Fuente: Nueva Biblia de Jerusalén (1998) - referencias, notas e introducciones a los libros

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Notas


NOTAS

2:2 La novia se ha comparado al narciso y al lirio; el novio abunda en la comparación: ella es un lirio entre cardos, y él sólo la ama a ella. Aquí, lo mismo que más abajo, Cnt_4:13-14, conviene no matar esta poesía adosándole notas botánicas.



REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Cnt_8:5


NOTAS

2:4 Lit. «la casa del vino»; se podría traducir también «sala de banquete», ver Est_7:8; Ecl_7:2, y, según Jer_16:8-9, hallar una referencia a las fiestas de matrimonio.

NOTAS

2:5 También Amnón estaba enfermo de amor por Tamar, 2Sa_13:2, único paralelo bíblico, pero en los cantos egipcios se encontrarían otros.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] = Cnt_8:3


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] = Cnt_3:5 = Cnt_8:4

[2] Cnt_5:2; Cnt_8:5

NOTAS

2:7 Nota pastoril, como en Cnt_2:9 y Cnt_2:17. Es poco verosímil que seba'ôt, «gacelas» y 'ayyalôt, «ciervas» (por este orden), sea un criptograma por 'Elohê Seba'ôt, el Dios de Israel, cuyo nombre no se habría querido pronunciar en estos cantos profanos.

NOTAS

2:8 La escena es diferente. La novia está entre sus parientes, en la ciudad. El novio viene del campo y se presenta ante la ventana, Cnt_2:8-9, ver Cnt_5:2 s. La poesía egipcia y griega brindan ejemplos de lamentos del amante ante una puerta cerrada; aquí el novio invita a su amada a reunirse con él cantándole los atractivos de la primavera, estación de las flores, de los pájaros y de los amores, Cnt_2:10-14. Hay aquí un sentimiento de la naturaleza, una frescura, un tono moderno, que no tienen igual en todo el Antiguo Testamento.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Cnt_6:11; Cnt_7:13-14 [Cnt_7:12-13]; Ecl_12:5


NOTAS

2:15 Fragmento poético independiente, probablemente sugerido por la mención de las viñas en cierne en Cnt_2:13 Las viñas son aquí la figura de los encantos de las jóvenes que suspiran por verse libres de sus pretendientes, las pequeñas raposas.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] = Cnt_6:3; Cnt_2:1

NOTAS

2:16 Esta segura confianza en una posesión mutua se repite, en términos casi idénticos, en Cnt_6:3 y Cnt_7:11 [Cnt_7:10] y, en los tres casos, se formula en ausencia del novio: seguridad del amor. Pero éste anhela la presencia y, en los tres casos, esta confianza en el novio va acompañada de una llamada o de una espera, aquí Cnt_2:17, y Cnt_6:1; Cnt_7:12 [Cnt_7:11].

NOTAS

2:17 (a) La brisa del día, ver Gén_3:8, es en Palestina el viento de la tarde, a la hora en que las sombras que se alargan parece que «huyen». Es el momento en que el novio volverá del campo, y así se empalma con el comienzo del poema, Cnt_2:8. El fin de Cnt_2:17 reanuda efectivamente las expresiones de Cnt_2:8-9 a.

2:17 (b) Todas las explicaciones de esta palabra tomada como nombre común son forzadas, y debe de tratarse de un nombre geográfico, real: Béter al oeste de Jerusalén, Jos_15:59, o bien semilegendario: los paralelos de Cnt_4:6 y Cnt_8:14 hablan de los montes de la mirra o del bálsamo. Béter sería el equivalente palestino de Pount, el país de los aromas para los egipcios. Un canto de amor dice: «Cuando sus brazos me enlazan es como en el país de Pount».