Jeremías  11 Biblia Jerusalén (1998) | 23 versitos |
1 Palabra que llegó de parte de Yahvé a Jeremías:
2 Oíd los términos de esta alianza y hablad a los hombres de Judá y a los habitantes de Jerusalén,
3 y diles: Así dice Yahvé, el Dios de Israel: Maldito el varón que no escuche los términos de esta alianza
4 que mandé a vuestros padres el día que los saqué de Egipto, del crisol de hierro, diciéndoles: "Oíd mi voz y obrad conforme a lo que os he mandado; y así seréis mi pueblo, y yo seré vuestro Dios,
5 en orden a cumplir el juramento que hice a vuestros padres, de darles una tierra que mana leche y miel - como se cumple hoy -." Respondí y dije: ¡Amén, Yahvé!
6 Y me dijo Yahvé: Pregona todas estas palabras por las ciudades de Judá y por las calles de Jerusalén: "Oíd los términos de esta alianza y cumplidlos:
7 que bien advertí a vuestros padres el día que los hice subir de Egipto, y hasta la fecha he insistido en advertírselo: ¡Oíd mi voz!
8 Mas no oyeron ni aplicaron el oído, sino que cada cual procedió según la terquedad de su corazón malo. Y así he aplicado contra ellos todos los términos de dicha alianza que les mandé cumplir y no lo hicieron."
9 Y me dijo Yahvé: Se ha descubierto una conjura entre los hombres de Judá y entre los habitantes de Jerusalén.
10 Han reincidido en las culpas de sus mayores, que rehusaron escuchar mis palabras: se han ido en pos de otros dioses para servirles; han violado la casa de Israel y la casa de Judá mi alianza, que pacté con sus padres.
11 Por eso, así dice Yahvé: Voy a traerles una desgracia a la que no podrán hurtarse; y aunque se me quejaren, no les oiré.
12 ¡Que vayan las ciudades de Judá y los moradores de Jerusalén, y que se quejen a los dioses a quienes inciensan!, que lo que es salvarlos, no los salvarán al tiempo de su desgracia.
13 Pues cuantas son tus ciudades, otros tantos son tus dioses, Judá; y cuantas calles cuenta Jerusalén, otros tantos altares a la Vergüenza, otros tantos altares hay de Baal.
14 En cuanto a ti, no pidas por este pueblo, ni eleves por ellos plegaria ni oración, porque no he de oír cuando clamen a mí por su desgracia. frecuentadores del templo.
15 ¿Qué hace mi amada en mi templo?; su obrar, ¿no es pura doblez? ¿Es que los votos y la carne consagrada harán pasar de ti tu desgracia? Entonces sí que te regocijarías.
16 "Olivo frondoso, lozano, de fruto hermoso" te había puesto Yahvé por nombre. Pero con gran estrépito le ha prendido fuego, y se han quemado sus guías.
17 Yahvé Sebaot, que te plantó, te ha sentenciado, dada la maldad que ha cometido la casa de Israel y la casa de Judá, exasperándome por incensar a Baal.
18 Yahvé me lo hizo saber, y así lo supe. Entonces me descubriste, Yahvé, sus intrigas.
19 ¡Y yo que estaba como cordero manso llevado al matadero, sin saber que intrigaban contra mí!: "Destruyamos el árbol en su vigor; borrémoslo de la tierra de los vivos, y su nombre no vuelva a mentarse."
20 ¡Oh Yahvé Sebaot, juez de lo justo, que escrutas los riñones y el corazón!, vea yo tu venganza contra ellos, porque a ti he manifestado mi causa.
21 Y en efecto, así dice Yahvé tocante a los de Anatot, que buscan mi muerte diciendo: "No profetices en nombre de Yahvé, y no morirás a nuestras manos".
22 Por eso así dice Yahvé Sebaot: He decidido tomarles cuentas. Sus mancebos morirán por la espada, sus hijos e hijas morirán de hambre,
23 y no quedará de ellos ni reliquia cuando yo traiga la desgracia a los de Anatot, el año en que venga a castigarlos.

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Introducción a Jeremías 

Jeremías.
Poco más de un siglo después de Isaías, hacia el 650 a. C., nacía Jeremías de una familia sacerdotal residente en los alrededores de Jerusalén. Conocemos su vida y carácter mejor que los de ningún otro profeta por los relatos biográficos en tercera persona de que está sembrado su libro, y cuyo orden cronológico es el siguiente: 19:1-20:6; 26; 36; 45; 28-29; Jer_51:59-64; Jer_34:8-22; 37-44. Las «Confesiones de Jeremías»: 11:18-12:6; Jer_15:10-21; Jer_17:4-18; Jer_18:18-23; Jer_20:7-18, proceden del profeta mismo. No constituyen una autobiografía, pero sí son un testimonio emocionante de las crisis interiores que atravesó y que se describen en el estilo de los Salmos de súplica. Llamado por Dios muy joven aún, el 626, el año trece de Josías, Jer_1:2, le tocó vivir el trágico período en que se preparó y consumó la ruina del reino de Judá. La reforma religiosa y la restauración nacional de Josías despertaron esperanzas que fueron destruidas por la muerte del rey en Meguidó el 609 y por el cambio del mundo oriental, la caída de Nínive el 612 y la expansión del imperio caldeo. Desde el 605, Nabucodonosor impuso su dominio en Palestina, Judá se rebeló por instigación de Egipto, que intrigaría hasta el fin y, el 597, Nabucodonosor conquistó Jerusalén y deportó a una parte de sus habitantes. Una nueva rebelión hizo volver a los ejércitos caldeos, el 587 fue tomada Jerusalén, incendiado el templo, y tuvo lugar la segunda deportación. Jeremías vivió esta dramática historia predicando y amenazando en vano a los reyes incapaces que se sucedían en el trono de David; fue acusado de derrotismo por los militares, perseguido y encarcelado. Después de la toma de Jerusalén, y aun cuando veía en los desterrados la esperanza del porvenir, Jeremías prefirió permanecer en Palestina junto a Godolías, el gobernador nombrado por los caldeos. Pero éste fue asesinado, y un grupo de judíos, temeroso de las represalias, huyó a Egipto llevándose consigo al profeta. Probablemente murió allí.

El drama de esta vida no estriba sólo en los acontecimientos en que Jeremías se vio envuelto, sino también en el mismo profeta. Era de alma tierna, hecha para amar, y fue enviado para «extirpar y destruir, reconstruir y plantar» Jer_1:10; le tocó sobre todo predecir desgracias, Jer_20:8. Tenía ansias de paz y hubo de estar siempre en lucha: contra los suyos, contra los reyes, los sacerdotes, los falsos profetas, contra todo el pueblo, «varón discutido y debatido por todo el país», Jer_15:10. Se vio desgarrado por una misión a la que no podía sustraerse, Jer_20:9. Sus diálogos interiores con Yahvé están sembrados de gritos de dolor: «¿Por qué ha resultado mi penar perpetuo?», Jer_15:18, y aquel pasaje patético que se anticipa a Job: «Maldito el día en que nací...», Jer_20:14, etc.

Pero este sufrimiento acrisoló su alma y la abrió al trato con Dios. Lo que nos hace a Jeremías tan querido y tan nuestro es la religión interior y cordial que él mismo practicó antes de formularla en el anuncio de la Nueva Alianza, Jer_31:31-34. Esta religión personal le llevó a profundizar en la enseñanza tradicional: Dios sondea los entresijos y los corazones, Jer_11:20, retribuye a cada uno según sus obras, Jer_31:29-30; la amistad con Dios, Jer_2:2, se rompe con el pecado, que sale del corazón malvado, Jer_4:4; Jer_17:9; Jer_18:12. Este aspecto afectivo le emparenta con Oseas, cuyo influjo experimentó; esta interiorización de la Ley, esta función del corazón en las relaciones con Dios, esta preocupación por la persona individual le aproximan al Deuteronomio. Jeremías vio ciertamente de manera favorable la reforma de Josías, inspirada en este libro, pero recibió una cruel desilusión por su ineficacia para cambiar la vida moral y religiosa del pueblo.

La misión de Jeremías fracasó en vida suya, pero su figura no dejó de agrandarse después de su muerte. Por su doctrina de una Alianza nueva, fundada en la religión del corazón, fue el padre del Judaísmo en su línea más pura, y su influjo se nota en Ezequiel, en la segunda parte de Isaías y en varios salmos. La época macabeica le cuenta entre los protectores del pueblo, 2Ma_2:1-8; 2Ma_15:12-16. Al sacar a primer plano los valores espirituales, al poner de manifiesto las íntimas relaciones que el alma ha de mantener con Dios, preparó la Nueva Alianza cristiana, y su vida de abnegación y sufrimientos en servicio de Dios, que bien pudo prestar algunos rasgos para la imagen del Siervo en Is 53, convierte a Jeremías en figura de Cristo.

Esta influencia duradera supone que las enseñanzas de Jeremías se leyeron, meditaron y comentaron con frecuencia. Esta labor de toda una descendencia espiritual se refleja en la composición de su libro, que no se presenta, ni mucho menos, como obra escrita de una vez. Además de los oráculos poéticos y de los relatos biográficos, contiene discursos en prosa en un estilo afín al del Deuteronomio. Su autenticidad ha sido impugnada y han sido atribuidos a redactores «deuteronomistas» posteriores al Destierro. En realidad, su estilo es el de la prosa judía del siglo VII y comienzos del VI a. C., su teología es la de la corriente religiosa a la que pertenecen tanto Jeremías como el Deuteronomio. Son el eco auténtico de la predicación de Jeremías, recogida por sus oyentes. Toda esta tradición jeremiana no se ha transmitido en una forma única. La versión griega ofrece una recensión notablemente más corta (un octavo) que el texto masorético y a menudo diferente en detalles; los descubrimientos de Qumrán prueban que las dos recensiones existían en hebreo. Además, el griego coloca los oráculos contra las naciones después de Jer_25:13, y en orden distinto al hebreo, que los relega al final del libro, 46-51. Estas profecías quizá formaran primeramente una colección particular y no todas procedan de Jeremías: al menos, los oráculos contra Moab y Edom han sido fuertemente rehechos y el largo oráculo contra Babilonia, 50-51, data del final del Destierro. El cap. 52 se nos presenta como un apéndice histórico, paralelo de 2Re_24:18-25:30. Otros complementos de menor extensión fueron insertados a lo largo del libro y atestiguan el uso que de él hacían y la estima en que lo tenían los cautivos de Babilonia y la comunidad renaciente después del Destierro. Hay también abundancia de duplicados que suponen una labor redaccional. Finalmente las indicaciones cronológicas, que son numerosas, no se suceden con orden. El desorden actual del libro es resultado de un largo trabajo de composición, cuyas etapas es harto difícil reconstruir una por una.

No obstante, el cap. 36 nos da valiosas indicaciones: el 605, Jeremías dicta a Baruc los oráculos que había pronunciado desde el comienzo de su ministerio, Jer_36:2, es decir, desde el 626. Este rollo, quemado por Joaquín, volvió a ser escrito y fue además completado, Jer_36:32. Acerca del contenido de esta colección tan sólo caben hipótesis. Parece que le servía de introducción Jer_25:1-12 y agrupaba las piezas anteriores al 605, que se hallaban en los caps. 1-18, pero también contenía, según Jer_36:2, oráculos antiguos contra las naciones a las que se refiere Jer_25:13-38. Se incluyó allí el apartado de las «Confesiones», cuyo detalle se ha expuesto anteriormente. También se añadieron dos opúsculos sobre los reyes, 21:11-23:8, y sobre los profetas, Jer_23:9-40, que pudieron existir anteriormente por separado.

Así se distinguen ya dos partes en el libro: una contiene amenazas contra Judá y Jerusalén, 1:1-25:13; la otra, profecías contra las naciones, Jer_25:13-38 y 46-51. Una tercera parte está constituida por 26-35, donde se han reunido en un orden arbitrario trozos que ofrecen un tono más optimista. Casi todas estas piezas están en prosa y en gran parte proceden de una biografía de Jeremías, que se atribuye a Baruc. Grupo aparte forman los caps. 30-31, que son un opúsculo poético de consolación. La cuarta parte, 36-44, en prosa, prosigue la biografía de Jeremías y relata sus sufrimientos durante y después del sitio de Jerusalén, y concluye con Jer_45:1-5, que viene a ser como la firma de Baruc.

Fuente: Nueva Biblia de Jerusalén (1998) - referencias, notas e introducciones a los libros

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Notas


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jer_7:21-28

NOTAS

11 El año 622 el rey Josías emprendió una reforma religiosa, 2Re 22:3—23:27, apoyada por el partido sacerdotal y profético. Jeremías parece que tomó parte activa, y el recuerdo de ello se conserva en este pasaje. Contiene numerosas expresiones propias del Deuteronomio, cuyo hallazgo, 2Re_22:8, fue la base de la reforma. El núcleo formado por Jer_11:6, Jer_11:8-12 debe atribuirse a Jeremías; el resto representa adiciones secundarias. Los vv. Jer_11:7-8 faltan en el griego.



REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Deu_27:26


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Deu_4:20


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Deu_7:12-13; Deu_6:3; Deu_11:9; Deu_10:15


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Núm_25:1-3; Ose_9:10


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Miq_3:4; Isa_59:2; Eze_8:18; Pro_1:28


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jue_10:14


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] = Jer_2:28


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jer_7:16


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jer_7:1-15; Jer_7:21

[2] Jer_2:2

NOTAS

11:15 (a) Oráculo pronunciado probablemente en el templo, en la misma época que el cap. 7. Jer_11:17 lo relaciona con Jer_11:1-14.

11:15 (b) Lit. «¿qué tiene mi amado con mi casa?»; «mi amada» griego; «mi amado» hebr. -«los votos» griego; «los numerosos (o los orantes)» hebr. -Lit. «harán pasar tu mal de sobre ti» griego; «pasarán de sobre ti, porque tu mal» hebr.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Isa_5:1+


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jer_15:10+

NOTAS

11:18 Erigiéndose en promotor de la reforma que suponía la supresión del santuario local, Deu_12:5; ver 2 R 23, Jeremías se había malquistado con sus paisanos.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Isa_53:7

[2] Sal_83:4 [Sal_83:3]

NOTAS

11:19 «en su vigor» belejô conj.; «en su pan» belajmô hebr. Griego: «queremos poner madera (es decir, veneno, según Targ.) en su pan». -Este v. ha sido aplicado por la liturgia cristiana a la Pasión de Cristo.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] = Jer_20:12; Jer_17:10; 1Re_8:39; Sal_7:10 [Sal_7:9]; Sal_44:22 [Sal_44:21]; Sal_139:13; Pro_15:11; Sab_1:6+; Hch_1:24; Apo_2:23


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Isa_30:10; Amó_2:12

NOTAS

11:21 Traducción según griego.