Jeremías  31 Biblia de Jerusalen (Desclee, 2009) | 40 versitos |
1 En aquel tiempo —oráculo de Yahvé— seré el Dios de todas las familias de Israel, y ellos serán mi pueblo.
2 Esto dice Yahvé: Halló gracia en el desierto* el pueblo que se libró de la espada: va a su descanso Israel,
3 de lejos Yahvé se le apareció. Con amor eterno te he amado: por eso te he reservado mi favor.
4 Te reedificaré y quedarás reedificada, doncella capital de Israel; volverás a hermosearte con tus adufes y saldrás a bailar entre gentes festivas.
5 Volverás a plantar viñas en los montes de Samaría: (quienes las planten, las cosecharán).
6 Habrá un día en que griten los vigías en la montaña de Efraín: «¡En marcha, subamos a Sión, adonde Yahvé, nuestro Dios*
7 Pues esto dice Yahvé: Dad hurras por Jacob con alegría, y gritos por la capital de las naciones; hacedlo oír con alabanzas y decid: «¡Ha salvado Yahvé a su pueblo*, al Resto de Israel!»
8 Voy a traerlos de un país del norte, los recogeré de los confines de la tierra. Entre ellos, el ciego y el cojo, la preñada junto con la parida. Volverá una gran muchedumbre.
9 Volverán entre lloros, pero yo los guiaré entre consuelos*, los llevaré junto a arroyos de agua por camino llano, en que no tropiecen. Porque yo soy para Israel un padre, y Efraín es mi primogénito.
10 Oíd la palabra de Yahvé, naciones, y anunciadlas por las islas a lo lejos. Decid: «El que dispersó a Israel lo reunirá, lo guardará como un pastor a su hato.»
11 Porque ha rescatado Yahvé a Jacob, lo ha liberado de una mano más fuerte.
12 Vendrán dando hurras a la cima de Sión, acudirán en masa a los dones de Yahvé: al grano, al mosto y al aceite virgen, a las crías del rebaño y la vacada, y serán como huerto empapado, ya no volverán a estar macilentos.
13 Entonces las chicas bailarán alegres, junto con mozos y adultos; cambiaré su duelo en regocijo, los consolaré y aliviaré su tristeza;
14 saciaré de enjundia a los sacerdotes, mi pueblo se hartará de mis bienes —oráculo de Yahvé—.
15 Esto dice Yahvé: En Ramá se escuchan voces, ayes y llantos amargos: Raquel llora por sus hijos*, y no quiere que la consuelen, pues sus hijos ya no existen*.
16 Esto dice Yahvé: Reprime tus voces y tu llanto, que tus ojos no derramen lágrimas, pues tus penas tendrán recompensa (—oráculo de Yahvé—): volverán del país enemigo;
17 y tu futuro está cargado de esperanza (—oráculo de Yahvé—): volverán los hijos a su tierra.
18 Bien he oído a Efraín lamentarse: «Me corregiste y corregido quedé, como un becerro sin domar; hazme volver y volveré, pues tú, Yahvé, eres mi Dios.
19 Y luego de volver, me arrepiento, me doy cuenta y me golpeo el pecho*, me avergüenzo y me confundo luego, porque tengo que aguantar el oprobio de lo que hice en mis años mozos.»
20 ¿No es mi hijo querido Efraín?; ¿no es mi niño mimado? ¡Después de tanto reprenderle sigo recordándolo todavía! En efecto, mis entrañas se conmueven, no ha de faltarle mi ternura —oráculo de Yahvé—.
21 Plántate hitos, ponte jalones de ruta, presta atención a la calzada, al camino que anduviste. Vuelve, doncella de Israel, vuelve a estas tus ciudades.
22 ¿Hasta cuándo darás rodeos, díscola muchacha? Pues Yahvé ha creado una novedad en el país: la Mujer rondará al Varón*.
23 Esto dice Yahvé Sebaot, el Dios de Israel: Todavía dirán este refrán en tierra de Judá y en sus ciudades, cuando yo haga volver a sus cautivos: «¡Bendígate Yahvé, oh morada de justicia, oh monte santo!»
24 Morarán allí, en Judá y todas sus ciudades, los labradores y los que trashuman con el rebaño,
25 porque yo refrescaré la garganta reseca y saciaré todo cuerpo macilento.
26 En esto, me desperté y comprobé lo dulce que había sido mi sueño*.
27 Van a llegar días —oráculo de Yahvé— en que sembraré la Casa de Israel y la Casa de Judá de simiente de hombres y ganados.
28 Entonces, del mismo modo que anduve presto contra ellos para extirpar, destruir, arruinar, perder y dañar, así andaré respecto a ellos para reconstruir y replantar —oráculo de Yahvé—.
29 En aquellos días no dirán más: «Los padres comieron el agraz y los hijos sufren de dentera»;
30 pues cada uno morirá por su culpa: quien coma el agraz sufrirá de dentera.
31 Van a llegar días —oráculo de Yahvé— en que yo pactaré con la Casa de Israel (y con la Casa de Judá) una nueva alianza;
32 no como la alianza que pacté con sus padres, cuando los tomé de la mano para sacarlos de Egipto, pues ellos rompieron mi alianza y yo hice estrago* en ellos —oráculo de Yahvé—.
33 Sino que ésta será la alianza que yo pacte con la Casa de Israel, después de aquellos días —oráculo de Yahvé—: pondré mi Ley en su interior y sobre sus corazones la escribiré, y yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo.
34 Ya no tendrán que adoctrinarse entre sí, unos a otros, diciendo: «Conoced a Yahvé», pues todos ellos me conocerán, del más chico al más grande —oráculo de Yahvé—, cuando perdone su culpa y de su pecado no vuelva a acordarme.
35 Esto dice Yahvé, el que da el sol para alumbrar el día y gobierna* la luna y las estrellas para alumbrar la noche; el que agita el mar y hace bramar sus olas: ¡Su nombre es Yahvé Sebaot!
36 Si estas normas llegasen a fallarme —oráculo de Yahvé—, también la prole de Israel dejaría de ser para mí nación a perpetuidad.
37 Esto dice Yahvé: Si pudieran medirse los altos cielos y sondearse las hondas bases de la tierra, entonces también yo renegaría de todo el linaje de Israel por todo cuanto hicieron —oráculo de Yahvé—.
38 Van a llegar días —oráculo de Yahvé— en que será reconstruida la ciudad de Yahvé desde la torre de Jananel hasta la Puerta del Ángulo;
39 y la cuerda de medir volverá a ir toda derecha hasta la cuesta de Gareb, y torcerá hasta Goá.
40 Y todo el valle de los cadáveres y de la ceniza, así como todos los campos que van hasta el torrente* Cedrón y hasta la esquina de la Puerta de los Caballos, hacia oriente, estará consagrado a Yahvé: no volverá a ser destruido ni dado al anatema nunca jamás.

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Introducción a Jeremías 

Jeremías.
Poco más de un siglo después de Isaías, hacia el 650 a. C., nacía Jeremías de una familia sacerdotal residente en los alrededores de Jerusalén. Conocemos su vida y carácter mejor que los de ningún otro profeta por los relatos biográficos en tercera persona de que está sembrado su libro, y cuyo orden cronológico es el siguiente: 19:1-20:6; 26; 36; 45; 28-29; Jer_51:59-64; Jer_34:8-22; 37-44 . Las «Confesiones de Jeremías»: 11:18-12:6; Jer_15:10-21; Jer_17:4-18; Jer_18:18-23; Jer_20:7-18, proceden del profeta mismo. No constituyen una autobiografía, pero sí son un testimonio emocionante de las crisis interiores que atravesó y que se describen en el estilo de los Salmos de súplica. Llamado por Dios muy joven aún, el 626, el año trece de Josías, Jer_1:2, le tocó vivir el trágico período en que se preparó y consumó la ruina del reino de Judá. La reforma religiosa y la restauración nacional de Josías despertaron esperanzas que fueron destruidas por la muerte del rey en Meguidó el 609 y por el cambio del mundo oriental, la caída de Nínive el 612 y la expansión del imperio caldeo. Desde el 605, Nabucodonosor impuso su dominio en Palestina, Judá se rebeló por instigación de Egipto, que intrigaría hasta el fin y, el 597, Nabucodonosor conquistó Jerusalén y deportó a una parte de sus habitantes. Una nueva rebelión hizo volver a los ejércitos caldeos, el 587 fue tomada Jerusalén, incendiado el templo, y tuvo lugar la segunda deportación. Jeremías vivió esta dramática historia predicando y amenazando en vano a los reyes incapaces que se sucedían en el trono de David; fue acusado de derrotismo por los militares, perseguido y encarcelado. Después de la toma de Jerusalén, y aun cuando veía en los desterrados la esperanza del porvenir, Jeremías prefirió permanecer en Palestina junto a Godolías, el gobernador nombrado por los caldeos. Pero éste fue asesinado, y un grupo de judíos, temeroso de las represalias, huyó a Egipto llevándose consigo al profeta. Probablemente murió allí.

El drama de esta vida no estriba sólo en los acontecimientos en que Jeremías se vio envuelto, sino también en el mismo profeta. Era de alma tierna, hecha para amar, y fue enviado para «extirpar y destruir, reconstruir y plantar» Jer_1:10; le tocó sobre todo predecir desgracias, Jer_20:8. Tenía ansias de paz y hubo de estar siempre en lucha: contra los suyos, contra los reyes, los sacerdotes, los falsos profetas, contra todo el pueblo, «varón discutido y debatido por todo el país», Jer_15:10. Se vio desgarrado por una misión a la que no podía sustraerse, Jer_20:9. Sus diálogos interiores con Yahvé están sembrados de gritos de dolor: «¿Por qué ha resultado mi penar perpetuo?», Jer_15:18, y aquel pasaje patético que se anticipa a Job: «Maldito el día en que nací...», Jer_20:14, etc.

Pero este sufrimiento acrisoló su alma y la abrió al trato con Dios. Lo que nos hace a Jeremías tan querido y tan nuestro es la religión interior y cordial que él mismo practicó antes de formularla en el anuncio de la Nueva Alianza, Jer_31:31-34. Esta religión personal le llevó a profundizar en la enseñanza tradicional: Dios sondea los entresijos y los corazones, Jer_11:20, retribuye a cada uno según sus obras, Jer_31:29-30; la amistad con Dios, Jer_2:2, se rompe con el pecado, que sale del corazón malvado, Jer_4:4; Jer_17:9; Jer_18:12. Este aspecto afectivo le emparenta con Oseas, cuyo influjo experimentó; esta interiorización de la Ley, esta función del corazón en las relaciones con Dios, esta preocupación por la persona individual le aproximan al Deuteronomio. Jeremías vio ciertamente de manera favorable la reforma de Josías, inspirada en este libro, pero recibió una cruel desilusión por su ineficacia para cambiar la vida moral y religiosa del pueblo.

La misión de Jeremías fracasó en vida suya, pero su figura no dejó de agrandarse después de su muerte. Por su doctrina de una Alianza nueva, fundada en la religión del corazón, fue el padre del Judaísmo en su línea más pura, y su influjo se nota en Ezequiel, en la segunda parte de Isaías y en varios salmos. La época macabeica le cuenta entre los protectores del pueblo, 2Ma_2:1-8; 2Ma_15:12-16. Al sacar a primer plano los valores espirituales, al poner de manifiesto las íntimas relaciones que el alma ha de mantener con Dios, preparó la Nueva Alianza cristiana, y su vida de abnegación y sufrimientos en servicio de Dios, que bien pudo prestar algunos rasgos para la imagen del Siervo en Is 53, convierte a Jeremías en figura de Cristo.

Esta influencia duradera supone que las enseñanzas de Jeremías se leyeron, meditaron y comentaron con frecuencia. Esta labor de toda una descendencia espiritual se refleja en la composición de su libro, que no se presenta, ni mucho menos, como obra escrita de una vez. Además de los oráculos poéticos y de los relatos biográficos, contiene discursos en prosa en un estilo afín al del Deuteronomio. Su autenticidad ha sido impugnada y han sido atribuidos a redactores «deuteronomistas» posteriores al Destierro. En realidad, su estilo es el de la prosa judía del siglo VII y comienzos del VI a. C., su teología es la de la corriente religiosa a la que pertenecen tanto Jeremías como el Deuteronomio. Son el eco auténtico de la predicación de Jeremías, recogida por sus oyentes. Toda esta tradición jeremiana no se ha transmitido en una forma única. La versión griega ofrece una recensión notablemente más corta (un octavo) que el texto masorético y a menudo diferente en detalles; los descubrimientos de Qumrán prueban que las dos recensiones existían en hebreo. Además, el griego coloca los oráculos contra las naciones después de Jer_25:13, y en orden distinto al hebreo, que los relega al final del libro, 46-51. Estas profecías quizá formaran primeramente una colección particular y no todas procedan de Jeremías: al menos, los oráculos contra Moab y Edom han sido fuertemente rehechos y el largo oráculo contra Babilonia, 50-51, data del final del Destierro. El cap. 52 se nos presenta como un apéndice histórico, paralelo de 2Re_24:18-25:30. Otros complementos de menor extensión fueron insertados a lo largo del libro y atestiguan el uso que de él hacían y la estima en que lo tenían los cautivos de Babilonia y la comunidad renaciente después del Destierro. Hay también abundancia de duplicados que suponen una labor redaccional. Finalmente las indicaciones cronológicas, que son numerosas, no se suceden con orden. El desorden actual del libro es resultado de un largo trabajo de composición, cuyas etapas es harto difícil reconstruir una por una.

No obstante, el cap. 36 nos da valiosas indicaciones: el 605, Jeremías dicta a Baruc los oráculos que había pronunciado desde el comienzo de su ministerio, Jer_36:2, es decir, desde el 626. Este rollo, quemado por Joaquín, volvió a ser escrito y fue además completado, Jer_36:32. Acerca del contenido de esta colección tan sólo caben hipótesis. Parece que le servía de introducción Jer_25:1-12 y agrupaba las piezas anteriores al 605, que se hallaban en los caps. 1-18, pero también contenía, según Jer_36:2, oráculos antiguos contra las naciones a las que se refiere Jer_25:13-38. Se incluyó allí el apartado de las «Confesiones», cuyo detalle se ha expuesto anteriormente. También se añadieron dos opúsculos sobre los reyes, 21:11-23:8, y sobre los profetas, Jer_23:9-40, que pudieron existir anteriormente por separado.

Así se distinguen ya dos partes en el libro: una contiene amenazas contra Judá y Jerusalén, 1:1-25:13; la otra, profecías contra las naciones, Jer_25:13-38 y 46-51. Una tercera parte está constituida por 26-35, donde se han reunido en un orden arbitrario trozos que ofrecen un tono más optimista. Casi todas estas piezas están en prosa y en gran parte proceden de una biografía de Jeremías, que se atribuye a Baruc. Grupo aparte forman los caps. 30-31, que son un opúsculo poético de consolación. La cuarta parte, 36-44, en prosa, prosigue la biografía de Jeremías y relata sus sufrimientos durante y después del sitio de Jerusalén, y concluye con Jer_45:1-5, que viene a ser como la firma de Baruc.

Fuente: Nueva Biblia de Jerusalén (1998) - referencias, notas e introducciones a los libros

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Notas

Jeremías  31,1
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] LXX: 38

[2] Jer_3:18+


Jeremías  31,2
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Ose_2:16-17 [Ose_2:14-15]

NOTAS

31:2 Sobre la conversión en el desierto, ver Ose_2:16+ [Ose_2:14]. El tema del nuevo Éxodo, que traerá del Destierro a Israel, esbozado aquí y Jer_31:8-9, Jer_31:21, se reanudará y desarrollará en la segunda parte de Isaías, ver Isa_40:3+.

Jeremías  31,3
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Ose_11:1-9; Isa_54:8+

Jeremías  31,5
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Isa_65:21-22; Amó_9:14

Jeremías  31,6
NOTAS

31:6 Unidad religiosa recuperada en torno al único santuario de Sión.

Jeremías  31,7
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Isa_4:3+

NOTAS

31:7 «Ha salvado a su» griego, Targ.; «Salva a tu» hebr.

Jeremías  31,9
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Sal_126:5-6

[2] Isa_40:3+

[3] Jua_4:1+

[4] Deu_1:31+; 2Co_6:18

NOTAS

31:9 Texto sorprendente. Cabe la tentación de corregir como lo ha hecho el griego y leer: «Con lloro partieron y con consuelos los devuelvo», ver Sal_126:5-6, pero sin duda se trata de una corrección que facilita el texto. Se puede entender que se trata de lágrimas de arrepentimiento.

Jeremías  31,10
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jer_23:3

[2] Eze_34:1+; Jua_10:16

Jeremías  31,11
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Isa_49:25; Luc_11:21-22

Jeremías  31,13
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Sal_30:12 [Sal_30:11]; Sal_90:15; Jua_16:22

Jeremías  31,15
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Mat_2:18

[2] 1Sa_10:2+

NOTAS

31:15 (a) Raquel, esposa de Jacob, madre de José, que a su vez engendró a Efraín y Manasés, y de Benjamín. Su tumba se encontraba en Ramá, 1Sa_10:2, hoy er-Ram, a 9 km al norte de Jerusalén, no lejos de Efratá, ver Gén_35:19, en los confines de Benjamín, Jos_18:25. Belén, que poseía un clan de efrateos, fue también denominada Efratá, Miq_5:1 [Miq_5:2], y de ahí la tradición que ha querido situar cerca de Belén el sepulcro de Raquel (ver la glosa a Gén_35:19), y que llevó a San Mateo a aplicar a la matanza de los Inocentes el texto de Jer_31:15, ver Mat_2:17-18.

31:15 (b) «no existen» versiones; «no existimos», o «no existe» hebr.

Jeremías  31,18
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Ose_4:16

[2] Sal_80:4 [Sal_80:3]

Jeremías  31,19
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Eze_21:17 [Eze_21:12]; Eze_36:31

NOTAS

31:19 Lit. «el muslo»; gesto de despecho, tristeza, dolor o remordimiento, ver Eze_21:17 [Eze_21:12].

Jeremías  31,20
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Pro_3:12; Apo_3:19

[2] Isa_49:14-16; Ose_11:8-9

Jeremías  31,21
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Isa_40:3+

[2] Jer_3:12

Jeremías  31,22
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Ose_2:18-19 [Ose_2:16-17]

NOTAS

31:22 Reanudación de las relaciones de amor entre Israel y su Esposo Yahvé, ver Ose_1:2+. Este texto tiene el mismo alcance mesiánico que Isa_54:5 s.

Jeremías  31,23
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Isa_11:9

NOTAS

31:23 Este oráculo y el siguiente fueron pronunciados hacia el 587, ver Jer_30:1+.

Jeremías  31,25
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Sal_23:2-3

Jeremías  31,26
NOTAS

31:26 Palabras del profeta que posiblemente se expresa valiéndose de un estribillo conocido.

Jeremías  31,27
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Zac_2:8 [Zac_2:4]; Isa_49:19-20

Jeremías  31,28
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jer_1:10

Jeremías  31,29
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Deu_24:16+

[2] |Eze_18:2

NOTAS

31:29 Jeremías lleva aquí la contraria a un refrán (con el que también se enfrenta Ezequiel, ver Eze_18:2), que expresaba el viejo principio de la responsabilidad colectiva: en este caso, la solidaridad en el dolor de los miembros de una misma familia. Anuncia para el futuro la aplicación de un principio nuevo, que Ezequiel afirmará a continuación: el del castigo personal del pecador, ver Eze_14:12+; 18.

Jeremías  31,31
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Heb_8:8-12

NOTAS

31:31 Los vv. Jer_31:31-34 son la cumbre espiritual del libro de Jeremías. Tras el fracaso de la antigua alianza, Jer_31:32; Eze_16:59, y el fallido intento de Josías de restaurarla, el plan de Dios aparece bajo un aspecto nuevo. Después de una catástrofe que sólo dejará subsistir a un «Resto», Isa_4:3+, nuevamente se concluirá una alianza eterna, Jer_31:31, como en los días de Noé, Isa_54:9-10. Subsisten las antiguas perspectivas: fidelidad de los hombres a la Ley, presencia divina que garantiza a los hombres la paz y la prosperidad material, Eze_36:29-30, expresándose este ideal con la fórmula: «Yo seré vuestro Dios y vosotros seréis mi pueblo», Jer_31:33; Jer_7:23; Jer_11:4; Jer_30:22; Jer_31:1; Jer_32:38; Eze_11:20; Eze_36:28; Eze_37:27; Zac_8:8; ver Deu_7:6+. La novedad de la alianza se refiere a tres puntos: 1º, la iniciativa divina del perdón de los pecados, Jer_31:34; Eze_36:25, Eze_36:29; Sal_51:3-4 [Sal_51:1-2], Sal_51:9 [Sal_51:7]; 2º, la responsabilidad y la retribución personal, Jer_31:29, ver Eze_14:12+; 3º, la interiorización de la religión: la Ley deja de ser un mero código exterior para convertirse en una aspiración que alcanza al «corazón» del hombre, Jer_31:33; Jer_24:7; Jer_32:39, bajo la influencia del Espíritu de Dios que da al hombre un corazón nuevo, Eze_36:26-27; Sal_51:12 [Sal_51:10], ver Jer_4:4+, capaz de «conocer» a Dios, Ose_2:22+ [Ose_2:20]. Esta nueva y eterna alianza, proclamada nuevamente por Ezequiel, Eze_36:25-28, por los últimos capítulos de Isaías, Isa_55:3; Isa_59:21; Isa_61:8, ver Bar_2:35, vivida en el Sal 51, será inaugurada por el sacrificio de Cristo, Mat_26:28 p, y los Apóstoles anunciarán su cumplimiento, 2Co_3:6; Rom_11:27; Heb_8:6-13; Heb_9:15 s; 1Jn_5:20+.

Jeremías  31,32
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Luc_22:20 p

[2] Éxo_19:1+

NOTAS

31:32 Leyendo bala`tî por ba`altî: «tuve señorío».

Jeremías  31,33
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Heb_10:16

[2] Jer_24:7; Jer_32:39-40; 2Co_3:3

Jeremías  31,34
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Ose_2:22+ [Ose_2:20]; 1Jn_2:27

[2] Heb_10:17

Jeremías  31,35
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Gén_1:14; Sal_136:7 s

[2] |Isa_51:15

NOTAS

31:35 «gobierna» joqeq conj.; «las normas de» juqqot hebr.

Jeremías  31,36
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Sal_89:34-38 [Sal_89:33-37]; Jer_33:20-21

Jeremías  31,38
NOTAS

31:38 Se reconstruirán las ruinas dejadas por los babilonios: la torre de Jananel, al nordeste de las murallas, Neh_3:1; la puerta del Ángulo, al noroeste, 2Re_14:13; la puerta de los Caballos al sudeste, Neh_3:28. Gareb es totalmente desconocido; Goa, que igualmente sólo aquí aparece, podría hallarse en la conjunción de los tres valles: Gehenna, Tiropeón y Cedrón; la hondonada de los muertos y de la ceniza (lit. de la «grasa incinerada» de las víctimas, ver Lev_1:16; Lev_4:12; Lev_6:3-4 [Lev_6:10-11]) es la Gehenna, Jer_7:31; Jer_19:6, que se encuentra en el sudoeste de Jerusalén, mientras que el Cedrón está al este. Esta presentación de Jerusalén reconstruida anuncia a Ezequiel.

Jeremías  31,39
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Eze_41:13; Zac_2:5 [Zac_2:1]

Jeremías  31,40
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jos_6:17; Zac_14:11; Apo_22:3

NOTAS

31:40 «hasta el torrente» `ad hebr.; «contiguos al torrente» `al conj.