Eclesiástico 27 Biblia Jerusalén (1998) | 30 versitos |
1 Por amor al dinero muchos han pecado, el que pretende enriquecerse desvía la mirada.
2 Entre dos piedras unida se clava la estaca, así entre compra y venta se introduce el pecado.
3 Quien no se aferra enseguida al temor del Señor, pronto verá su casa arruinada.
4 Cuando se agita la criba, quedan los desechos; cuando el hombre habla, se descubren sus defectos.
5 El horno prueba las vasijas del alfarero, el hombre es probado en su conversación.
6 El fruto demuestra el cultivo del árbol, así la palabra del hombre revela su mentalidad.
7 No elogies a nadie, antes de oírle hablar, porque ésa es la prueba del hombre.
8 Si buscas la justicia, la encontrarás, y te la vestirás como túnica de gloria.
9 Los pájaros anidan con los de su especie, así la verdad con los que la practican.
10 El león acecha a su presa, así el pecado a los que cometen injusticias.
11 En la conversación del piadoso siempre hay sabiduría, en cambio, el insensato cambia como la luna.
12 No pierdas el tiempo con los necios, pero entre los sensatos demórate sin reparos.
13 La conversación de los necios es exasperante, se ríen de los placeres del pecado.
14 El lenguaje del hombre que jura sin cesar eriza los cabellos, y ante sus disputas hay que taparse los oídos.
15 Riña de orgullosos hace derramar sangre, da pena escuchar sus insultos.
16 El que revela secretos, se desacredita ante todos, y nunca encontrará un amigo de verdad.
17 Ama a tu amigo y pon tu confianza en él, pero si revelas sus secretos, no vayas tras él;
18 porque como el asesino elimina a su víctima, así tú has destruido la amistad de tu prójimo.
19 Como pájaro que has dejado escapar de tu mano, así has perdido a tu amigo y no lo recobrarás.
20 No vayas en su busca, porque se fue lejos, huyó como gacela de la trampa.
21 Se puede vendar una herida, se puede perdonar una ofensa, pero no hay esperanza para el que ha revelado un secreto.
22 El que guiña el ojo, algo malo está tramando, nadie podrá disuadirle de ello.
23 En tu presencia habla con dulzura, y muestra admiración por tus palabras; pero luego cambia de lenguaje, y usa tus palabras para dar escándalo.
24 Muchas cosas detesto, pero nada como a este hombre. El Señor también lo detesta.
25 Quien tira una piedra al aire, sobre su cabeza la tira, el golpe a traición hiere al que lo da.
26 Quien cava una fosa, caerá en ella, quien tiende una trampa, en ella quedará atrapado.
27 Quien hace el mal, lo verá caer sobre sí, aunque no sepa de dónde le viene.
28 Escarnios e insultos son propios del orgulloso, pero la venganza le acecha como un león.
29 Los que se alegran de la caída del piadoso caerán en la trampa y el dolor los consumirá antes de morir.
30 Rencor e ira también son detestables, ambas posee el pecador.

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Introducción a Eclesiástico

ECLESIÁSTICO
Introducción
Este libro forma parte de la Biblia griega, pero no figura en el canon judío. Es, pues, uno de los libros deuterocanónicos admitidos por la Iglesia cristiana. Sin embargo, fue compuesto en hebreo. San Jerónimo lo conoció en su lengua original y los rabinos lo citaron. Cerca de dos tercios de este texto hebreo fueron encontrados en 1896 en los restos de varios manuscritos de la Edad Media procedentes de una antigua sinagoga de El Cairo. Pequeños fragmentos han aparecido más recientemente en una cueva de Qumrán y en 1964 se ha descubierto en Masada un largo texto que contiene 39:27-44:17 en escritura de comienzos del siglo I a. C. Por último, en 1982, se ha encontrado un nuevo folio que contiene 31:24-32:7 y 32:12-33:8. Las variantes de estos testigos entre sí y en relación con las traducciones griega y siríaca indican que el libro circuló muy pronto en diversas recensiones.

Dado el estado fragmentario del texto hebreo, nuestra traducción se ha hecho sobre el texto griego (más exactamente, sobre los tres principales manuscritos, Sinaítico, Alejandrino y Vaticano, que forman lo que se llama «texto recibido»), indicando en nota determinadas variantes del hebreo.

Su título latino, Ecclesiasticus (liber), es una denominación reciente (San Cipriano), que sin duda subraya el uso oficial que de él hacía la Iglesia, en contraposición con la Sinagoga. En griego, ver la firma, Sir_51:30, el libro se llamaba «Sabiduría de Jesús Ben Sirá» y el autor es también nombrado en Sir_50:27. Actualmente los estudiosos le llaman Ben Sirá o el Sirácida (según la forma griega Sirac). El nieto del autor explica en un prólogo, vv. 1-34, que tradujo el libro cuando vino a residir en Egipto el año 38 del rey Evergetes, v.27. No puede tratarse más que de Tolomeo VII Evergetes, y la fecha corresponde al año 132 a. C. Su abuelo, Ben Sirá, vivió, pues, y escribió hacia el 190-180. Un argumento interno confirma esta fecha: Ben Sirá hace del sumo sacerdote Simón un elogio basado en recuerdos personales, Sir_50:1-21. Se trata de Simón II, que no murió antes del 200.

Palestina acababa de entrar bajo la dominación de los Seléucidas, el 198. La adopción de costumbres extranjeras, la helenización, era favorecida por una parte de la clase dirigente, y pronto pretendería imponerla por la fuerza Antíoco Epífanes (175-163). Ben Sirá opone a estas amenazadoras novedades toda la fuerza de la tradición. Él es un escriba que une el amor de la Sabiduría al de la Ley. Está lleno de fervor por el Templo y sus ceremonias, lleno de respeto por el sacerdocio, pero también conoce a fondo los libros sagrados, los Profetas y, sobre todo, los escritos sapienciales. Y él mismo ha querido ofrecer la instrucción de la sabiduría para todos los que la buscan, Sir_33:18; Sir_50:27, ver el prólogo del traductor, vv. 7-14.

Por su forma, el libro está claramente en la línea de sus predecesores y de sus modelos. Si exceptuamos la parte que celebra la gloria de Dios en la naturaleza, 42:15-43:33, y en la historia, 44:1-50:29, el libro no es menos heterogéneo que las colecciones de los Proverbios o que el Eclesiastés. Los temas más diversos son abordados sin orden y con reiteraciones; son tratados como pequeños cuadros que, sin mucha trabazón, agrupan breves máximas. Se añaden al libro dos apéndices: un himno de acción de gracias, Sir_51:1-12, y un poema sobre la búsqueda de la sabiduría, Sir_51:13-30. El texto hebreo de este último trozo se ha encontrado en una cueva de Qumrán, incluido en un manuscrito del Salterio; este descubrimiento confirma que al principio existió por separado antes de su agregación al Eclesiástico.

La doctrina es tan tradicional como la forma. La sabiduría que predica Ben Sirá viene del Señor, su principio es el temor de Dios, forma a la juventud y procura la felicidad. Tiene las mismas incertidumbres que Job y el Eclesiastés sobre el destino humano y el problema de las sanciones. Tiene fe en la retribución, siente la importancia trágica de la hora de la muerte, pero no sabe aún cómo pagará Dios a cada uno según sus obras. Sobre la naturaleza misma de la Sabiduría divina, Sir_24:1-22, prolonga las intuiciones de los Proverbios y de Job.

Pero Ben Sirá es un innovador cuando identifica a la Sabiduría con la Ley proclamada por Moisés, Sir_24:23-24, como también lo hará el poema sapiencial de Baruc, Bar_3:9-4:4; a diferencia, pues, de sus predecesores, integra la sabiduría en la corriente legalista. Más aún, ve la observancia de la Ley en una práctica del culto, Sir_35:1-10; es un fervoroso ritualista.

Y también, a diferencia de los antiguos sabios, Ben Sirá medita sobre la Historia de Salvación, 44:1-49:16. Hace desfilar a las grandes figuras del Antiguo Testamento, desde Henoc hasta Nehemías. De tres de ellos, Salomón (a pesar de ser el primer sabio), Roboán y Jeroboán, emite el mismo severo juicio que la historia deuteronómica y, como ésta, condena en bloque a todos los reyes, excepto a David, Ezequías y Josías. Pero se siente orgulloso del pasado de su pueblo, se detiene sobre todo en los santos y recuerda los prodigios que Dios realizó por medio de ellos. Dios hizo con Noé, Abrahán, Jacob, Moisés, Aarón, Pinjás y David una alianza, que sin duda abarca a todo el pueblo, pero que asegura privilegios duraderos a ciertas familias, sobre todo sacerdotales. Porque siente hondamente el honor del sacerdocio, en su galería de antepasados concede un rasgo excepcional a Aarón y Pinjás, y concluye con el entusiasta elogio de un contemporáneo, el sumo sacerdote Simón. Evoca las glorias pasadas con cierta melancolía pensando en el presente, y a propósito de los Jueces y de los Profetas Menores, desea que «reflorezcan sus huesos en su tumba», Sir_46:12; Sir_49:10, que tengan sucesores. Escribe en vísperas de la sublevación de los Macabeos, y si la ha vivido, ha podido pensar que sus deseos han sido escuchados.

En esta Historia de Salvación, Ben Sirá, que pone de relieve la noción de Alianza, no deja, por decirlo así, ningún resquicio para la esperanza en una salvación futura. Es verdad que en su oración de Sir_36:1-17 recuerda a Dios sus promesas y le pide que tenga misericordia de Sión y reúna las tribus de Jacob. Pero esta expresión de un nacionalismo profético es excepcional en el Sirácida. Como auténtico sabio, parece haberse resignado a la situación, humillante, pero apacible, a la que su pueblo se veía reducido. Confía en que llegará la liberación, pero ésta será el premio de la fidelidad a la Ley, no la obra de un Mesías salvador. Ben Sirá es el último testigo canónico de la sabiduría judía en Palestina. Es el representante por excelencia de aquellos jasidim, los «piadosos» del Judaísmo, ver 1Ma_2:42*, que pronto defenderán su fe contra la persecución de Antíoco Epífanes y que mantendrán en Israel islotes fieles en los que germinará la predicación de Cristo. Aunque no fue aceptado en el canon hebreo, el Eclesiástico aparece frecuentemente citado en los escritos rabínicos; en el Nuevo Testamento, la epístola de Santiago toma de él muchas expresiones, el evangelio de San Mateo se refiere a él varias veces, y, hoy todavía, la liturgia se hace eco de esta antigua tradición de sabiduría.

Fuente: Nueva Biblia de Jerusalén (1998) - referencias, notas e introducciones a los libros

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Notas


NOTAS

27:1 (a) «Por amor al dinero» S; «Por una cosa indiferente» texto recibido.

27:1 (b) «desvía la mirada», es decir: se niega a compadecerse; ver Pro_28:27.



NOTAS

27:2 «se introduce» synzlibêsetai conj.; «es triturado» syntribêsetai griego.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Mat_7:16


NOTAS

27:12 Traducción dudosa.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Ecl_7:3-6


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Sir_22:22


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Pro_6:13; Pro_10:10; Sal_35:19


NOTAS

27:25 «hiere» lit. «reparte heridas».

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Pro_26:27; Ecl_10:8; Sal_7:16 [Sal_7:15]; Sal_9:16 [Sal_9:15]


NOTAS

27:29 Perspectiva de retribución terrenal conforme a las ideas tradicionales; ver Job_21:20-21.