II Reyes  12 Biblia Jerusalén (1998) | 22 versitos |
1 Joás tenía siete años al subir al trono.
2 Comenzó a reinar el año séptimo de Jehú y reinó cuarenta años en Jerusalén. El nombre de su madre era Sibía, de Berseba.
3 A lo largo de su vida, Joás hizo lo recto a los ojos de Yahvé, como el sacerdote Joadá le había instruido.
4 Sin embargo, los lugares de culto no fueron retirados, y el pueblo seguía ofreciendo sacrificios y quemando incienso en los altozanos.
5 Joás dijo a los sacerdotes: "Todo el dinero, en moneda corriente, aportado al templo de Yahvé por las ofrendas sagradas (el dinero que alguien pueda pagar como dinero equivalente de personas, todo el dinero que cada uno piense ofrecer al templo de Yahvé),
6 los sacerdotes lo tomarán, cada uno de su benefactor. Proveerán con él a las reparaciones del templo, de todo desperfecto que se pueda encontrar."
7 Sin embargo, en el año veintitrés del rey Joás, los sacerdotes no habían procedido todavía a la reparación del templo.
8 El rey Joás llamó entonces al sacerdote Joadá y a los sacerdotes y les dijo: "¿Por qué no habéis procedido a la reparación del templo? A partir de ahora, no recojáis ya el dinero de vuestros benefactores, sino entregadlo para la reparación del templo."
9 Los sacerdotes consintieron en no recoger dinero del pueblo y en no hacer reparaciones en el templo.
10 El sacerdote Joadá tomó un cofre e hizo una ranura en la tapa. Lo colocó junto al altar, al lado derecho según se entra en el templo de Yahvé. Los sacerdotes que custodiaban el umbral depositaban en él todo el dinero ofrecido al templo de Yahvé.
11 Cuando veían que había mucho dinero en el cofre, el secretario real y el sumo sacerdote subían, lo depositaban en bolsas y contaban el dinero acumulado en el templo de Yahvé.
12 Entregaban el dinero, una vez pesado, en manos de los capataces que estaban al cargo del templo de Yahvé; éstos lo destinaban al pago de los carpinteros y constructores que trabajaban en el templo de Yahvé,
13 de los albañiles y canteros, y a la compra de madera y de piedra de cantería para las reparaciones en el templo de Yahvé y para todo otro gasto preciso para restaurar el edificio.
14 Sin embargo, con el dinero ofrecido al templo de Yahvé no se hacían fuentes de plata, cuchillos, acetres, trompetas, ni objetos de oro o plata;
15 éstos eran entregados a los capataces para la reparación del templo de Yahvé.
16 No se pedían cuentas a los hombres a cuyas manos se confiaba el dinero para el pago de los trabajadores, pues actuaban con honestidad.
17 El dinero de las ofrendas de expiación y el dinero de las ofrendas por el pecado no era depositado en el templo de Yahvé, sino que era para los sacerdotes.
18 Por entonces Jazael, rey de Aram, hizo una campaña de ataque contra Gat y la capturó; luego se dirigió en campaña contra Jerusalén.
19 Entonces Joás, rey de Judá, tomó todos los objetos sagrados que sus padres Josafat, Jorán y Ocozías, reyes de Judá, habían consagrado, todos los que él mismo había consagrado y todo el oro que se encontraba en los tesoros del templo de Yahvé y en el palacio real, y los envió a Jazael, rey de Aram, que suspendió el ataque a Jerusalén.
20 El resto de los hechos de Joás, todo cuanto hizo, ¿no está escrito en el Libro de los Anales de los reyes de Judá?
21 Sus cortesanos promovieron un alzamiento y una conspiración y asesinaron a Joás en Bet Miló, en la bajada a Silá.
22 Los cortesanos que lo asesinaron fueron Yosacar, hijo de Simat, y Jozabad, hijo de Somer. Murió y lo enterraron con sus antepasados en la ciudad de David. Amasías, su hijo, reinó en su lugar.

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Introducción a II Reyes 

Los libros de los Reyes, como los de Samuel, constituían una sola obra en la Biblia hebrea. Corresponden a los dos últimos libros de los Reinos en la traducción griega, y de los Reyes en la Vulgata.

Son la continuación de los libros de Samuel, y 1 R 1-2 contiene la parte final del gran documento de 2 S 9-20. La larga narración del reinado de Salomón, 1 R 3-11, detalla la excelencia de su sabiduría, el esplendor de sus construcciones, sobre todo del Templo de Jerusalén, y la abundancia de sus riquezas. Es ciertamente una época gloriosa, pero el espíritu conquistador del reino de David ha desaparecido: se conserva, se organiza y, sobre todo, se saca partido de los triunfos de David. Se mantiene la oposición entre las dos fracciones del pueblo, y a la muerte de Salomón, en 931, el reino se divide: las diez tribus del Norte llevan a cabo una secesión agravada por un cisma religioso, 1 R 12-13. La historia paralela de los dos reinos de Israel y Judá se desarrolla de 1 R 14 a 2 R 17: con frecuencia es la historia de las luchas entre estos reinos hermanos, es también la de los asaltos del exterior por parte de Egipto contra Judá y de los arameos por el Norte. El peligro arrecia cuando los ejércitos asirios intervienen en la región, primero en el siglo IX, con más fuerza en el siglo VIII, cuando Samaría cae bajo sus golpes el 721, mientras que Judá se ha declarado ya vasallo. La historia, limitada ya a Judá, prosigue hasta la ruina de Jerusalén el 587 en 2 R 18-25 21. La narración se alarga al tratar de dos reinados, el de Ezequías, 2 R 18-20, y el de Josías, 2 R 22-23, marcados por un despertar nacional y una reforma religiosa. Los grandes acontecimientos políticos son entonces la invasión de Senaquerib bajo Ezequías el 701, en respuesta a la denegación del tributo asirio y, bajo Josías, la ruina de Asiria y la formación del imperio caldeo. Judá hubo de someterse a los nuevos amos de Oriente, pero pronto se rebeló. El castigo no se hizo esperar: el 597, los ejércitos de Nabucodonosor conquistaron Jerusalén y llevaron cautivos a una parte de sus habitantes; diez años después un amago de independencia provocó una segunda intervención de Nabucodonosor, que terminó el 587 con la ruina de Jerusalén y una segunda deportación. Reyes concluye con dos breves apéndices, 2Re_25:22-30.

La obra cita nominalmente tres de sus fuentes, una Historia de Salomón, los Anales de los reyes de Israel y los Anales de los reyes de Judá, pero también existieron otras: además de la parte final del gran documento davídico, 1 R 1-2, una descripción del Templo, de origen sacerdotal, 1 R 6-7, y, sobre todo, una historia de Elías compuesta hacia fines del siglo IX y una historia de Eliseo un poco posterior; estas dos historias forman la base de los ciclos de Elías, 1 R 17 - 2 R 1, y de Eliseo, 2 R 2-13. Los relatos del reinado de Ezequías que presentan en escena a Isaías, 2Re_18:17-20:19, provienen de los discípulos de este profeta.

Cuando la utilización de las fuentes no lo impide, los sucesos quedan encerrados en un marco uniforme: se trata cada reinado como una unidad independiente y completa, su comienzo y su fin se señalan casi con las mismas fórmulas, en las que jamás falta un juicio sobre la conducta religiosa del rey. Se condena a todos los reyes de Israel a causa del pecado original de este reino, la fundación del santuario de Betel; entre los reyes de Judá, ocho solamente son alabados por su fidelidad general a las prescripciones de Yahvé. Pero esta alabanza queda restringida seis veces por la observación de que los altos no desaparecieron; únicamente Ezequías y Josías reciben una aprobación sin reservas.

Estos juicios se inspiran evidentemente en la ley del Deuteronomio sobre la unidad del santuario. Más aún: el descubrimiento del Deuteronomio bajo Josías y la reforma religiosa que inspiró señalan el punto culminante de toda esta historia, y toda la obra es una demostración de la tesis fundamental del Deuteronomio, repetida en 1 R 8 y 2 R 17: si el pueblo observa la alianza concluida con Dios, será bendecido; si la rompe, será castigado. Este influjo deuteronomista se encuentra también en el estilo, siempre que el redactor desarrolla o comenta sus fuentes.

Es probable que una primera redacción deuteronomista fuera hecha antes del Destierro, antes de la muerte de Josías en Meguidó el 609, y la alabanza otorgada a este rey, 2Re_23:25 (menos las últimas palabras) sería la conclusión de la obra primitiva. Una segunda edición, asimismo deuteronomista, se hizo durante el Destierro: después del 562, si se le atribuye el final del libro, 2Re_25:22-30, o algo antes si ponemos su punto final después del relato de la segunda deportación, 2Re_25:21, que tiene trazas de ser una conclusión. Hubo, finalmente, algunas adiciones, durante y después del Destierro.

Los libros de los Reyes se han de leer con el espíritu con que fueron escritos, como una historia de salvación: la ingratitud del pueblo elegido, la ruina sucesiva de las dos fracciones de la nación parecen llevar al fracaso el plan de Dios; pero siempre queda, para defender el futuro, un grupo de fieles que no han doblado las rodillas ante Baal, un resto de Sión que guarda la Alianza. La firmeza de las disposiciones divinas se manifiesta en la admirable subsistencia del linaje davídico, depositario de las promesas mesiánicas, y el libro, en su forma definitiva, se cierra con la gracia concedida a Jeconías, como aurora de una redención.

Fuente: Nueva Biblia de Jerusalén (1998) - referencias, notas e introducciones a los libros

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Notas


NOTAS

12:3 Y no: «durante todo el tiempo en que el sacerdote Joadá le instruía», como se traduce a veces para armonizarlo con 2Cr_24:2 y 2Cr_24:17 s.



NOTAS

12:5 Texto dudoso, reconstruido conforme al griego.

NOTAS

12:6 (a) Quizá haya aquí una referencia a la «venta» de los servicios religiosos, algo así como nuestro «estipendio» o «derechos de altar».

12:6 (b) Primera ordenanza real: los sacerdotes pagarán de sus réditos los gastos de reparación del templo.

NOTAS

12:10 Ejecución de la nueva ordenanza real. -«el altar» hebr.; «la estela» griego.

NOTAS

12:11 «depositaban en bolsas» wayyasurû hebr.; se ha propuesto la conjetura «fundían» wayyisserû.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] |2Cr_24:23-27; 2Re_8:7-15


NOTAS

12:21 Bet Miló («La casa del Miló»), ver 1Re_9:15. Al final, dos palabras con texto corrompido: «en la bajada a Silá» (?).