Jeremías  44 Biblia de Jerusalen (Desclee, 2009) | 30 versitos |
1 Palabra dirigida a Jeremías con destino a todos los judaítas establecidos en territorio egipcio: en Migdol, Tafnis, Menfis y en la región de Patrós*.
2 Esto dice Yahvé Sebaot, el Dios de Israel: Vosotros habéis visto la calamidad que he acarreado a Jerusalén y a todas las ciudades de Judá, y ahí las tenéis arruinadas hoy en día, sin nadie que las habite.
3 Me obligaron a ello las maldades que cometieron para irritarme, pues fueron a incensar y dar culto a otros dioses desconocidos de ellos, de vosotros y de vuestros padres.
4 Yo os envié a todos mis siervos, los profetas, a que os dijeran: «No cometáis esta abominación que detesto.»
5 Mas no oyeron ni aplicaron el oído para convertirse de su malicia y dejar de incensar a otros dioses.
6 Por eso se derramaron mi cólera y mi ira, que prendieron en las ciudades de Judá y en las calles de Jerusalén, dejándolas arruinadas y desoladas, como lo están hoy día.
7 Ahora, pues, esto dice Yahvé, el Dios Sebaot, el Dios de Israel: ¿Por qué os hacéis tanto daño a vosotros mismos, hasta el punto de extirpar de Judá a hombres y mujeres, niños y lactantes, impidiendo que os quede un resto?
8 Además, me irritáis con todo lo que hacéis, pues quemáis incienso a otros dioses en Egipto, adonde habéis venido a refugiaros, como si quisierais exterminaros a vosotros mismos y acabar siendo tema de maldición y oprobio entre todas las naciones de la tierra.
9 ¿Será que habéis olvidado las maldades de vuestros padres y las de los reyes de Judá y de sus caudillos*, las propias vuestras y las de vuestras mujeres, que se cometieron en tierra de Judá y en las calles de Jerusalén?
10 No se han arrepentido hasta la fecha, ni han temido ni andado en la Ley y los preceptos que propuse a vosotros y a vuestros padres.
11 Por tanto, esto dice Yahvé Sebaot, el Dios de Israel: Estoy fijando mi vista en vosotros para mal, para extirpar a todo Judá.
12 Echaré mano al resto de Judá —los que enderezaron rumbo a Egipto, para entrar allí como refugiados— y haré que todos ellos tengan su fin en Egipto: caerán víctimas de la espada, acabarán consumidos por el hambre. Del chico al grande morirán víctimas de la espada y del hambre, y se convertirán en tema de imprecación y asombro, de maldición y oprobio.
13 Castigaré a los que viven en Egipto, lo mismo que castigué a Jerusalén con la espada, el hambre y la peste,
14 y del resto de Judá, que llegaron como refugiados a Egipto, no quedará evadido ni superviviente para volver a tierra de Judá, adonde se prometen volver para quedarse allí, porque ya no volverán más que algunos huidos.
15 Todos los hombres que sabían que sus mujeres quemaban incienso a otros dioses, así como todas las mujeres presentes —una gran concurrencia— y toda la gente establecida en territorio egipcio, en Patrós, respondieron a Jeremías:
16 «En eso que nos has dicho en nombre de Yahvé, no te hacemos caso,
17 sino que cumpliremos concienzudamente cuanto tenemos prometido, que es quemar incienso a la Reina de los Cielos* y hacerle libaciones, como venimos haciendo nosotros y nuestros padres, nuestros reyes y nuestros dignatarios en las ciudades de Judá y en las calles de Jerusalén, que nos hartábamos de pan, éramos felices y ningún mal nos sucedía.
18 En cambio, desde que dejamos de quemar incienso a la Reina de los Cielos y de hacerle libaciones, carecemos de todo y vamos acabando, víctimas de la espada y del hambre.»
19 «Pues* cuando nosotras quemábamos incienso a la Reina de los Cielos y nos dedicábamos a hacerle libaciones, ¿acaso le hacíamos pasteles con su efigie, derramando libaciones, sin que nuestros maridos lo supieran?»
20 Jeremías dijo a toda la gente, hombres, mujeres y cuantos le habían contestado algo:
21 «¿Creéis que Yahvé no recordaba ni tenía en cuenta aquel incienso que ofrecíais en las ciudades de Judá y en las calles de Jerusalén vosotros y vuestros padres, vuestros reyes y dignatarios, y el pueblo de la tierra?
22 Yahvé ya no pudo soportar por más tiempo el espectáculo de vuestras malas acciones, de las abominaciones que habíais hecho, y vuestra tierra se convirtió en una ruina, en tema de pasmo y maldición, y se quedó sin habitantes —como lo está hoy día—.
23 Todo fue porque ofrecisteis incienso y pecasteis contra Yahvé, sin escuchar la voz de Yahvé y sin conduciros según su Ley, sus preceptos y sus estatutos. Por eso pronunció contra vosotros aquella calamidad, que continúa hoy día.»
24 Dijo Jeremías a toda la gente y a todas las mujeres: «Oíd la palabra de Yahvé —todo Judá, los que vivís en Egipto—.
25 Esto dice Yahvé Sebaot, el Dios de Israel: Vosotros y vuestras mujeres lo dijisteis de palabra y con vuestras manos cumplisteis lo dicho: ‘Sin falta realizaremos los votos que hicimos de quemar incienso a la Reina de los Cielos y de hacerle libaciones.’ Mantened, pues, vosotras vuestros votos y realizad vuestras promesas sin falta.
26 Empero, oíd la palabra de Yahvé, todo Judá, los que vivís en Egipto. Mirad, yo he jurado por mi ilustre Nombre —dice Yahvé— que no será más mi Nombre pronunciado por boca de ninguno de Judá, de esos que suelen jurar ‘¡Por vida del Señor Yahvé*!’ en toda la tierra de Egipto.
27 Mirad que estoy alerta sobre ellos para mal, no para bien, pues todos los judaítas que están en Egipto serán consumidos por la espada y el hambre, hasta que desaparezcan.
28 Sólo unos pocos escaparán de la espada y volverán de Egipto a Judá. Y sabrá todo el resto de Judá, los que han venido a Egipto como refugiados, qué palabra se mantendrá: si la mía o la suya.
29 «Y esto será para vosotros señal —oráculo de Yahvé— de que yo os castigaré en este lugar, de suerte que sepáis que han de mantenerse sin falta mis palabras para desgracia vuestra.
30 Esto dice Yahvé: Voy a entregar al faraón Jofrá*, rey de Egipto, en manos de sus enemigos y de los que tratan de matarlo, como entregué a Sedecías, rey de Judá, en manos de Nabucodonosor, rey de Babilonia, su enemigo, que buscaba el modo de darle muerte.»

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Introducción a Jeremías 

Jeremías.
Poco más de un siglo después de Isaías, hacia el 650 a. C., nacía Jeremías de una familia sacerdotal residente en los alrededores de Jerusalén. Conocemos su vida y carácter mejor que los de ningún otro profeta por los relatos biográficos en tercera persona de que está sembrado su libro, y cuyo orden cronológico es el siguiente: 19:1-20:6; 26; 36; 45; 28-29; Jer_51:59-64; Jer_34:8-22; 37-44 . Las «Confesiones de Jeremías»: 11:18-12:6; Jer_15:10-21; Jer_17:4-18; Jer_18:18-23; Jer_20:7-18, proceden del profeta mismo. No constituyen una autobiografía, pero sí son un testimonio emocionante de las crisis interiores que atravesó y que se describen en el estilo de los Salmos de súplica. Llamado por Dios muy joven aún, el 626, el año trece de Josías, Jer_1:2, le tocó vivir el trágico período en que se preparó y consumó la ruina del reino de Judá. La reforma religiosa y la restauración nacional de Josías despertaron esperanzas que fueron destruidas por la muerte del rey en Meguidó el 609 y por el cambio del mundo oriental, la caída de Nínive el 612 y la expansión del imperio caldeo. Desde el 605, Nabucodonosor impuso su dominio en Palestina, Judá se rebeló por instigación de Egipto, que intrigaría hasta el fin y, el 597, Nabucodonosor conquistó Jerusalén y deportó a una parte de sus habitantes. Una nueva rebelión hizo volver a los ejércitos caldeos, el 587 fue tomada Jerusalén, incendiado el templo, y tuvo lugar la segunda deportación. Jeremías vivió esta dramática historia predicando y amenazando en vano a los reyes incapaces que se sucedían en el trono de David; fue acusado de derrotismo por los militares, perseguido y encarcelado. Después de la toma de Jerusalén, y aun cuando veía en los desterrados la esperanza del porvenir, Jeremías prefirió permanecer en Palestina junto a Godolías, el gobernador nombrado por los caldeos. Pero éste fue asesinado, y un grupo de judíos, temeroso de las represalias, huyó a Egipto llevándose consigo al profeta. Probablemente murió allí.

El drama de esta vida no estriba sólo en los acontecimientos en que Jeremías se vio envuelto, sino también en el mismo profeta. Era de alma tierna, hecha para amar, y fue enviado para «extirpar y destruir, reconstruir y plantar» Jer_1:10; le tocó sobre todo predecir desgracias, Jer_20:8. Tenía ansias de paz y hubo de estar siempre en lucha: contra los suyos, contra los reyes, los sacerdotes, los falsos profetas, contra todo el pueblo, «varón discutido y debatido por todo el país», Jer_15:10. Se vio desgarrado por una misión a la que no podía sustraerse, Jer_20:9. Sus diálogos interiores con Yahvé están sembrados de gritos de dolor: «¿Por qué ha resultado mi penar perpetuo?», Jer_15:18, y aquel pasaje patético que se anticipa a Job: «Maldito el día en que nací...», Jer_20:14, etc.

Pero este sufrimiento acrisoló su alma y la abrió al trato con Dios. Lo que nos hace a Jeremías tan querido y tan nuestro es la religión interior y cordial que él mismo practicó antes de formularla en el anuncio de la Nueva Alianza, Jer_31:31-34. Esta religión personal le llevó a profundizar en la enseñanza tradicional: Dios sondea los entresijos y los corazones, Jer_11:20, retribuye a cada uno según sus obras, Jer_31:29-30; la amistad con Dios, Jer_2:2, se rompe con el pecado, que sale del corazón malvado, Jer_4:4; Jer_17:9; Jer_18:12. Este aspecto afectivo le emparenta con Oseas, cuyo influjo experimentó; esta interiorización de la Ley, esta función del corazón en las relaciones con Dios, esta preocupación por la persona individual le aproximan al Deuteronomio. Jeremías vio ciertamente de manera favorable la reforma de Josías, inspirada en este libro, pero recibió una cruel desilusión por su ineficacia para cambiar la vida moral y religiosa del pueblo.

La misión de Jeremías fracasó en vida suya, pero su figura no dejó de agrandarse después de su muerte. Por su doctrina de una Alianza nueva, fundada en la religión del corazón, fue el padre del Judaísmo en su línea más pura, y su influjo se nota en Ezequiel, en la segunda parte de Isaías y en varios salmos. La época macabeica le cuenta entre los protectores del pueblo, 2Ma_2:1-8; 2Ma_15:12-16. Al sacar a primer plano los valores espirituales, al poner de manifiesto las íntimas relaciones que el alma ha de mantener con Dios, preparó la Nueva Alianza cristiana, y su vida de abnegación y sufrimientos en servicio de Dios, que bien pudo prestar algunos rasgos para la imagen del Siervo en Is 53, convierte a Jeremías en figura de Cristo.

Esta influencia duradera supone que las enseñanzas de Jeremías se leyeron, meditaron y comentaron con frecuencia. Esta labor de toda una descendencia espiritual se refleja en la composición de su libro, que no se presenta, ni mucho menos, como obra escrita de una vez. Además de los oráculos poéticos y de los relatos biográficos, contiene discursos en prosa en un estilo afín al del Deuteronomio. Su autenticidad ha sido impugnada y han sido atribuidos a redactores «deuteronomistas» posteriores al Destierro. En realidad, su estilo es el de la prosa judía del siglo VII y comienzos del VI a. C., su teología es la de la corriente religiosa a la que pertenecen tanto Jeremías como el Deuteronomio. Son el eco auténtico de la predicación de Jeremías, recogida por sus oyentes. Toda esta tradición jeremiana no se ha transmitido en una forma única. La versión griega ofrece una recensión notablemente más corta (un octavo) que el texto masorético y a menudo diferente en detalles; los descubrimientos de Qumrán prueban que las dos recensiones existían en hebreo. Además, el griego coloca los oráculos contra las naciones después de Jer_25:13, y en orden distinto al hebreo, que los relega al final del libro, 46-51. Estas profecías quizá formaran primeramente una colección particular y no todas procedan de Jeremías: al menos, los oráculos contra Moab y Edom han sido fuertemente rehechos y el largo oráculo contra Babilonia, 50-51, data del final del Destierro. El cap. 52 se nos presenta como un apéndice histórico, paralelo de 2Re_24:18-25:30. Otros complementos de menor extensión fueron insertados a lo largo del libro y atestiguan el uso que de él hacían y la estima en que lo tenían los cautivos de Babilonia y la comunidad renaciente después del Destierro. Hay también abundancia de duplicados que suponen una labor redaccional. Finalmente las indicaciones cronológicas, que son numerosas, no se suceden con orden. El desorden actual del libro es resultado de un largo trabajo de composición, cuyas etapas es harto difícil reconstruir una por una.

No obstante, el cap. 36 nos da valiosas indicaciones: el 605, Jeremías dicta a Baruc los oráculos que había pronunciado desde el comienzo de su ministerio, Jer_36:2, es decir, desde el 626. Este rollo, quemado por Joaquín, volvió a ser escrito y fue además completado, Jer_36:32. Acerca del contenido de esta colección tan sólo caben hipótesis. Parece que le servía de introducción Jer_25:1-12 y agrupaba las piezas anteriores al 605, que se hallaban en los caps. 1-18, pero también contenía, según Jer_36:2, oráculos antiguos contra las naciones a las que se refiere Jer_25:13-38. Se incluyó allí el apartado de las «Confesiones», cuyo detalle se ha expuesto anteriormente. También se añadieron dos opúsculos sobre los reyes, 21:11-23:8, y sobre los profetas, Jer_23:9-40, que pudieron existir anteriormente por separado.

Así se distinguen ya dos partes en el libro: una contiene amenazas contra Judá y Jerusalén, 1:1-25:13; la otra, profecías contra las naciones, Jer_25:13-38 y 46-51. Una tercera parte está constituida por 26-35, donde se han reunido en un orden arbitrario trozos que ofrecen un tono más optimista. Casi todas estas piezas están en prosa y en gran parte proceden de una biografía de Jeremías, que se atribuye a Baruc. Grupo aparte forman los caps. 30-31, que son un opúsculo poético de consolación. La cuarta parte, 36-44, en prosa, prosigue la biografía de Jeremías y relata sus sufrimientos durante y después del sitio de Jerusalén, y concluye con Jer_45:1-5, que viene a ser como la firma de Baruc.

Fuente: Nueva Biblia de Jerusalén (1998) - referencias, notas e introducciones a los libros

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Notas

Jeremías  44,1
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] LXX: 51:1-30

NOTAS

44:1 Migdol, al este de Tafnis, Jer_43:7+; sobre Menfis, ver Jer_2:16+; Patrós traduce el egipcio «tierra del sur» y designa el Alto Egipto. Esta introducción hace, pues, del discurso de Jeremías un mensaje para toda la Diáspora israelita en Egipto (Elefantina, una de las islas frente a Asuán, tenía ya su colonia judía, ver 2Ma_1:1+).


Jeremías  44,4
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jer_7:25+

Jeremías  44,7
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Isa_4:3+

Jeremías  44,8
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jer_42:18

Jeremías  44,9
NOTAS

44:9 «sus caudillos» griego; «su mujer» hebr.

Jeremías  44,17
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jer_7:18+

[2] Ose_2:7 [Ose_2:5]

NOTAS

44:17 Istar (Jer_7:18+); los pasteles amasados en su honor, Jer_44:19, representaban a la diosa desnuda.

Jeremías  44,19
NOTAS

44:19 Las mujeres toman aquí la palabra.

Jeremías  44,23
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jer_26:4

Jeremías  44,26
NOTAS

44:26 La gente que veneraba a Istar pretendía también invocar a Yahvé.

Jeremías  44,30
NOTAS

44:30 En griego Apries (589-569), ver Jer_37:7; sucesor de Necó, será muerto por Amasis, príncipe de Libia. Jeremías da como señal este homicidio inminente, ver Jer_28:17+, para confirmar el anuncio de la invasión ulterior de Nabucodonor el 568-567, ver Jer_43:12+.