Eclesiástico 42 Biblia Jerusalén (1998) | 25 versitos |
1 Pero de lo que sigue no has de avergonzarte, ni hagas acepción de personas que te induzca a pecar:
2 de la ley del Altísimo y de su alianza, del juicio que justifica a los impíos,
3 de arreglar cuentas con el compañero de viaje, de compartir tu herencia con otros,
4 de usar balanzas y pesas exactas, de obtener grandes y pequeñas ganancias,
5 de sacar provecho del comercio y las ventas, de corregir con vigor a los hijos, de tundir los lomos a un mal siervo.
6 Ante una mujer malvada es bueno usar la cerradura, y, donde hay muchas manos, usa la llave.
7 Lo que dejes en depósito, cuéntalo y pésalo; el haber y el debe, vaya todo por escrito.
8 No te avergüences de corregir al necio y al insensato, ni al viejo decrépito que litiga como un joven. Así demostrarás que eres un hombre educado y serás apreciado por todos.
9 Una hija es para su padre una secreta inquietud, la preocupación por ella le quita el sueño. Cuando es joven, por si se le pasa la edad de casarse; si está casada, por si el marido la aborrece.
10 Mientras es virgen, por si se deja seducir y queda embarazada en la casa paterna. Si está casada, por si es infiel al marido; en la relación conyugal, por si resulta estéril.
11 Si tienes una hija atrevida, refuerza la vigilancia, no sea que te convierta en el hazmerreír de tus enemigos, comidilla en la ciudad, corrillos en el pueblo, y te avergüence ante la gente.
12 No te dejes fascinar por la belleza de nadie, y no te sientes entre mujeres.
13 Porque de los vestidos sale la polilla, y de la mujer la malicia femenina.
14 Vale más maldad de hombre que bondad de mujer, la mujer acarrea vergüenza y deshonra.
15 Voy a recordar las obras del Señor, contaré todo lo que he visto. Por la palabra del Señor fueron hechas sus obras, y la creación está sometida a su voluntad.
16 El sol mira todas las cosas iluminándolas, de la gloria del Señor está llena su obra.
17 Ni siquiera los santos del Señor son capaces de contar todas sus maravillas, que el Señor omnipotente ha establecido firmemente, para que el universo subsista en su gloria.
18 Él sondea el abismo y el corazón del hombre, y penetra todos sus secretos. Pues el Altísimo conoce toda la ciencia y escruta las señales de los tiempos.
19 Anuncia lo pasado y lo futuro, y descubre las huellas de las cosas ocultas.
20 No se le escapa ningún pensamiento, ni una palabra se le oculta.
21 Puso en orden las grandezas de su sabiduría, porque él existe de siempre y por siempre; nada se le puede añadir ni quitar, y no necesita de ningún consejero.
22 ¡Qué admirables son todas sus obras! Y lo que contemplamos es apenas un destello.
23 Todas viven y permanecen eternamente, y todas le obedecen en cualquier circunstancia.
24 Todas las cosas de dos en dos, una frente a otra, no ha creado nada imperfecto.
25 Una cosa confirma la excelencia de otra, ¿quién puede cansarse de contemplar su gloria?

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Introducción a Eclesiástico

ECLESIÁSTICO
Introducción
Este libro forma parte de la Biblia griega, pero no figura en el canon judío. Es, pues, uno de los libros deuterocanónicos admitidos por la Iglesia cristiana. Sin embargo, fue compuesto en hebreo. San Jerónimo lo conoció en su lengua original y los rabinos lo citaron. Cerca de dos tercios de este texto hebreo fueron encontrados en 1896 en los restos de varios manuscritos de la Edad Media procedentes de una antigua sinagoga de El Cairo. Pequeños fragmentos han aparecido más recientemente en una cueva de Qumrán y en 1964 se ha descubierto en Masada un largo texto que contiene 39:27-44:17 en escritura de comienzos del siglo I a. C. Por último, en 1982, se ha encontrado un nuevo folio que contiene 31:24-32:7 y 32:12-33:8. Las variantes de estos testigos entre sí y en relación con las traducciones griega y siríaca indican que el libro circuló muy pronto en diversas recensiones.

Dado el estado fragmentario del texto hebreo, nuestra traducción se ha hecho sobre el texto griego (más exactamente, sobre los tres principales manuscritos, Sinaítico, Alejandrino y Vaticano, que forman lo que se llama «texto recibido»), indicando en nota determinadas variantes del hebreo.

Su título latino, Ecclesiasticus (liber), es una denominación reciente (San Cipriano), que sin duda subraya el uso oficial que de él hacía la Iglesia, en contraposición con la Sinagoga. En griego, ver la firma, Sir_51:30, el libro se llamaba «Sabiduría de Jesús Ben Sirá» y el autor es también nombrado en Sir_50:27. Actualmente los estudiosos le llaman Ben Sirá o el Sirácida (según la forma griega Sirac). El nieto del autor explica en un prólogo, vv. 1-34, que tradujo el libro cuando vino a residir en Egipto el año 38 del rey Evergetes, v.27. No puede tratarse más que de Tolomeo VII Evergetes, y la fecha corresponde al año 132 a. C. Su abuelo, Ben Sirá, vivió, pues, y escribió hacia el 190-180. Un argumento interno confirma esta fecha: Ben Sirá hace del sumo sacerdote Simón un elogio basado en recuerdos personales, Sir_50:1-21. Se trata de Simón II, que no murió antes del 200.

Palestina acababa de entrar bajo la dominación de los Seléucidas, el 198. La adopción de costumbres extranjeras, la helenización, era favorecida por una parte de la clase dirigente, y pronto pretendería imponerla por la fuerza Antíoco Epífanes (175-163). Ben Sirá opone a estas amenazadoras novedades toda la fuerza de la tradición. Él es un escriba que une el amor de la Sabiduría al de la Ley. Está lleno de fervor por el Templo y sus ceremonias, lleno de respeto por el sacerdocio, pero también conoce a fondo los libros sagrados, los Profetas y, sobre todo, los escritos sapienciales. Y él mismo ha querido ofrecer la instrucción de la sabiduría para todos los que la buscan, Sir_33:18; Sir_50:27, ver el prólogo del traductor, vv. 7-14.

Por su forma, el libro está claramente en la línea de sus predecesores y de sus modelos. Si exceptuamos la parte que celebra la gloria de Dios en la naturaleza, 42:15-43:33, y en la historia, 44:1-50:29, el libro no es menos heterogéneo que las colecciones de los Proverbios o que el Eclesiastés. Los temas más diversos son abordados sin orden y con reiteraciones; son tratados como pequeños cuadros que, sin mucha trabazón, agrupan breves máximas. Se añaden al libro dos apéndices: un himno de acción de gracias, Sir_51:1-12, y un poema sobre la búsqueda de la sabiduría, Sir_51:13-30. El texto hebreo de este último trozo se ha encontrado en una cueva de Qumrán, incluido en un manuscrito del Salterio; este descubrimiento confirma que al principio existió por separado antes de su agregación al Eclesiástico.

La doctrina es tan tradicional como la forma. La sabiduría que predica Ben Sirá viene del Señor, su principio es el temor de Dios, forma a la juventud y procura la felicidad. Tiene las mismas incertidumbres que Job y el Eclesiastés sobre el destino humano y el problema de las sanciones. Tiene fe en la retribución, siente la importancia trágica de la hora de la muerte, pero no sabe aún cómo pagará Dios a cada uno según sus obras. Sobre la naturaleza misma de la Sabiduría divina, Sir_24:1-22, prolonga las intuiciones de los Proverbios y de Job.

Pero Ben Sirá es un innovador cuando identifica a la Sabiduría con la Ley proclamada por Moisés, Sir_24:23-24, como también lo hará el poema sapiencial de Baruc, Bar_3:9-4:4; a diferencia, pues, de sus predecesores, integra la sabiduría en la corriente legalista. Más aún, ve la observancia de la Ley en una práctica del culto, Sir_35:1-10; es un fervoroso ritualista.

Y también, a diferencia de los antiguos sabios, Ben Sirá medita sobre la Historia de Salvación, 44:1-49:16. Hace desfilar a las grandes figuras del Antiguo Testamento, desde Henoc hasta Nehemías. De tres de ellos, Salomón (a pesar de ser el primer sabio), Roboán y Jeroboán, emite el mismo severo juicio que la historia deuteronómica y, como ésta, condena en bloque a todos los reyes, excepto a David, Ezequías y Josías. Pero se siente orgulloso del pasado de su pueblo, se detiene sobre todo en los santos y recuerda los prodigios que Dios realizó por medio de ellos. Dios hizo con Noé, Abrahán, Jacob, Moisés, Aarón, Pinjás y David una alianza, que sin duda abarca a todo el pueblo, pero que asegura privilegios duraderos a ciertas familias, sobre todo sacerdotales. Porque siente hondamente el honor del sacerdocio, en su galería de antepasados concede un rasgo excepcional a Aarón y Pinjás, y concluye con el entusiasta elogio de un contemporáneo, el sumo sacerdote Simón. Evoca las glorias pasadas con cierta melancolía pensando en el presente, y a propósito de los Jueces y de los Profetas Menores, desea que «reflorezcan sus huesos en su tumba», Sir_46:12; Sir_49:10, que tengan sucesores. Escribe en vísperas de la sublevación de los Macabeos, y si la ha vivido, ha podido pensar que sus deseos han sido escuchados.

En esta Historia de Salvación, Ben Sirá, que pone de relieve la noción de Alianza, no deja, por decirlo así, ningún resquicio para la esperanza en una salvación futura. Es verdad que en su oración de Sir_36:1-17 recuerda a Dios sus promesas y le pide que tenga misericordia de Sión y reúna las tribus de Jacob. Pero esta expresión de un nacionalismo profético es excepcional en el Sirácida. Como auténtico sabio, parece haberse resignado a la situación, humillante, pero apacible, a la que su pueblo se veía reducido. Confía en que llegará la liberación, pero ésta será el premio de la fidelidad a la Ley, no la obra de un Mesías salvador. Ben Sirá es el último testigo canónico de la sabiduría judía en Palestina. Es el representante por excelencia de aquellos jasidim, los «piadosos» del Judaísmo, ver 1Ma_2:42*, que pronto defenderán su fe contra la persecución de Antíoco Epífanes y que mantendrán en Israel islotes fieles en los que germinará la predicación de Cristo. Aunque no fue aceptado en el canon hebreo, el Eclesiástico aparece frecuentemente citado en los escritos rabínicos; en el Nuevo Testamento, la epístola de Santiago toma de él muchas expresiones, el evangelio de San Mateo se refiere a él varias veces, y, hoy todavía, la liturgia se hace eco de esta antigua tradición de sabiduría.

Fuente: Nueva Biblia de Jerusalén (1998) - referencias, notas e introducciones a los libros

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Notas


NOTAS

42:1 Ben Sirá proclama la licitud y aun la conveniencia de algunos actos a los que se oponían el respeto humano o los prejuicios.



NOTAS

42:2 Los impíos son quizá los extranjeros: el autor recomendaría reconocerles sus derechos como a los israelitas.

NOTAS

42:3 «arreglar cuentas»: leyendo logismou según el hebr. en vez de logou. -«compañero de viaje» conj.; «un compañero y viajeros» griego.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Sir_30:1; Sir_33:25; Sir_33:27

NOTAS

42:5 Ver en sentido contrario Sir_26:29 y Sir_27:2. El comercio es legítimo, pero está lleno de tentaciones.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Pro_10:13; Pro_19:25; Pro_19:29; Pro_26:3

NOTAS

42:8 Hebr. «que peca fornicando».

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Deu_24:1

NOTAS

42:9 Hebr.: «Una hija es para su padre un tesoro engañoso.»

NOTAS

42:12 Hebr: «No muestre a ningún hombre su belleza, no esté de parloteo con las mujeres.»

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Ecl_7:26-28

NOTAS

42:14 Ben Sirá es más severo que los Proverbios, muy poco indulgentes por cierto con las mujeres. Demos su parte a la paradoja, pero señalemos que también el rabinismo posterior manifiesta la misma tendencia.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Gén_1:3 s

NOTAS

42:15 (a) Hebr.: «Por su palabra». -Es una de las primeras manifestaciones de la doctrina de la Palabra creadora. Ver Sir_43:26; Gn 1; Sal_33:6; Sab_9:1, Sab_9:2; Jua_1:1+. En el conjunto de la literatura sapiencial, es más bien la Sabiduría la que es llamada creadora, ver Pro_8:22+.

42:15 (b) Estico traducido según S, hebr. y sir.; omitido por el conjunto del griego.

NOTAS

42:17 (a) Es decir, los ángeles, Job_5:1+.

42:17 (b) Hebr. (para 17c-d): «el Señor ha concedido a sus ejércitos el subsistir ante su gloria».

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Pro_15:11

NOTAS

42:18 Los astros son «señales de los tiempos», no sólo porque dividen con regularidad los tiempos, Sir_43:6; Gén_1:14-18, sino también porque, según una idea muy difundida, el futuro estaba ya inscrito en el cielo, Jer_10:2. Quizá se haya de pensar aquí especialmente en las señales extraordinarias que anunciarán la venida del Mesías, Mat_24:29-31.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Sal_139:1-4


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Sir_18:6; Ecl_3:14


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Sir_16:24-29


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Sir_33:14-15; Ecl_3:1-8

NOTAS

42:24 Hebr.: «Todas las cosas son distintas una de la otra y nada hay que sea superfluo.»