Sabiduría 7 Biblia Jerusalén (1998) | 30 versitos |
1 También yo soy un hombre mortal como todos, descendiente del primero formado de la tierra. En el vientre materno se modeló mi carne;
2 durante diez meses fui cuajado en su sangre, a partir de la simiente viril y del placer unido al sueño.
3 Al nacer, también yo respiré el aire común, caí en la tierra que a todos nos recibe y mi primera voz, como la de todos, fue el llanto.
4 Me crié entre pañales y cuidados.
5 Pues ningún rey comenzó de otro modo su existencia;
6 que son iguales para todos la entrada en la vida y la salida.
7 Por eso supliqué y se me concedió la prudencia; invoqué y vino a mí el espíritu de sabiduría.
8 La preferí a cetros y tronos y en su comparación tuve en nada la riqueza.
9 No la equiparé a la piedra más preciosa, porque todo el oro a su lado es un puñado de arena y ante ella la plata es como el barro.
10 La quise más que a la salud y a la belleza y preferí tenerla como luz, porque su claridad no anochece.
11 Con ella me vinieron a la vez todos los bienes e incalculables riquezas en sus manos.
12 Yo disfruté de todos, porque la Sabiduría los trae, aunque ignoraba que ella fuera su origen.
13 Sin engaño la aprendí y sin envidia la comparto; no escondo sus riquezas,
14 porque es un tesoro inagotable para los hombres, y los que la adquieren se granjean la amistad de Dios, recomendados por los dones que ofrece la instrucción.
15 Que Dios me conceda hablar con conocimiento y tener pensamientos dignos de sus dones, porque él es quien guía a la sabiduría y quien dirige a los sabios.
16 En sus manos estamos nosotros y nuestras palabras, toda prudencia y toda habilidad práctica.
17 Él me concedió el verdadero conocimiento de los seres, para conocer la estructura del mundo y la actividad de los elementos,
18 el principio, el fin y el medio de los tiempos, la alternancia de los solsticios y la sucesión de las estaciones,
19 los ciclos anuales y la posición de las estrellas,
20 la naturaleza de los animales y los instintos de las fieras, el poder de los espíritus y los pensamientos de los hombres, las variedades de las plantas y las virtudes de las raíces.
21 Llegué a conocer cuanto está oculto y manifiesto, porque la sabiduría, artífice de todo, me lo enseñó.
22 Pues hay en ella un espíritu inteligente, santo, único, múltiple, sutil, ágil, perspicaz, inmaculado, claro, impasible, amante del bien, agudo,
23 libre, bienhechor, filántropo, firme, seguro, sereno, que todo lo puede, todo lo controla y penetra en todos los espíritus, los inteligentes, los puros, los más sutiles.
24 Pues la sabiduría es más móvil que cualquier movimiento y, en virtud de su pureza, atraviesa y penetra todo.
25 Es un soplo del poder de Dios, una emanación pura de la gloria del Omnipotente; por eso, nada contaminado le afecta.
26 Es reflejo de la luz eterna, espejo inmaculado de la actividad de Dios e imagen de su bondad.
27 Aun siendo una sola, todo lo puede; sin cambiar en nada, renueva el universo; y entrando en las almas santas en cada generación hace amigos de Dios y profetas,
28 pues Dios sólo ama a quien convive con la sabiduría.
29 Ella es más bella que el sol y supera a todas las constelaciones; comparada con la luz, sale ganando,
30 porque la luz deja paso a la noche, pero a la sabiduría no la domina el mal.

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Introducción a Sabiduría

LIBRO DE LA SABIDURÍA

Introducción
El libro griego de la Sabiduría forma parte de los libros deuterocanónicos. Lo utilizaron los Padres del siglo II d. C. y, a pesar de las vacilaciones y de algunas oposiciones, en especial la de San Jerónimo, ha sido reconocido como inspirado a título igual que los libros del canon hebreo.

En la primera parte, el libro que la Vulgata llama simplemente Liber Sapientiae, muestra el papel de la Sabiduría en el destino del hombre y compara la suerte de los justos y de los impíos en el curso de la vida y después de la muerte, 1-5. La segunda parte, 6-9, expone el origen y la naturaleza de la Sabiduría y los medios de adquirirla. La última parte, 10-19, ensalza la acción de la Sabiduría y de Dios en la historia del pueblo elegido, insistiendo únicamente, salvo una breve introducción que se remonta a los orígenes, en el momento capital de esta historia, la liberación de Egipto; una larga digresión, 13-15, contiene una severa crítica de la idolatría.

Se supone que el autor es Salomón, a quien claramente se designa, salvo el nombre, en Sab_9:7-8, Sab_9:12, y el libro se llama en griego «Sabiduría de Salomón». Éste habla como un rey, Sab_7:5; Sab_8:9-15, y se dirige a sus colegas en la realeza, Sab_1:1; Sab_6:1-11, Sab_6:21. Pero se trata de un evidente artificio literario, que pone este escrito de sabiduría, como el Eclesiastés y el Cantar, bajo el nombre del sabio más grande de Israel. En efecto, el libro ha sido escrito todo él en griego, aun la primera parte, 1-5, para la que algunos han supuesto erróneamente un original hebreo. La unidad de la composición corre pareja con la del lenguaje, que es flexible y rico, y fluye sin esfuerzo entre figuras retóricas.

El autor es ciertamente un judío, lleno de fe en el «Dios de los Padres», Sab_9:1, orgullosos de pertenecer al «pueblo santo», a la «raza irreprochable», Sab_10:15, pero judío helenizado. Su insistencia sobre los acontecimientos del Éxodo, la antítesis que establece entre egipcios e israelitas y su crítica de la zoolotría demuestran que vivía en Alejandría, que era a la vez capital del helenismo bajo los Tolomeos e importante ciudad judía de la Dispersión. Cita la Escritura según la traducción de los Setenta, realizada en este ambiente: es, pues, posterior a ésta, pero desconoce la obra de Filón de Alejandría (20 a. C. - 54 d. C.). Por su parte, este filósofo griego parece que jamás se inspira en la Sabiduría, pero hay muchos contactos entre las dos obras, brotan en el mismo ambiente y no pueden estar muy alejadas en el tiempo. No es posible demostrar de una manera absolutamente cierta la utilización de la Sabiduría por el Nuevo Testamento, pero sí es probable que San Pablo haya sentido su influencia literaria y que San Juan haya tomado de ella algunas ideas para expresar su teología del Verbo. El libro ha podido ser escrito en la segunda mitad del siglo I antes de nuestra era; es el más reciente de los libros del Antiguo Testamento.

El autor se dirige en primer lugar a los judíos, sus compatriotas, cuya fidelidad está en peligro por el prestigio de la civilización alejandrina: el renombre de las escuelas filosóficas, el desarrollo de las ciencias, la atracción de las religiones mistéricas, de la astrología, del hermetismo, o el atractivo sensible de los cultos populares. Ciertas precauciones que toma indican que también busca la atención de los paganos, a quienes quiere llevar al Dios que ama a todos los hombres. Pero esta intención es secundaria, el libro es una obra de defensa mucho más que de conquista.

Dado el ambiente, la cultura y las intenciones del autor, no es extraño que se observen en su libro numerosos contactos con el pensamiento griego. Pero no se debe exagerar su importancia. Ciertamente debe a su formación helénica un vocabulario para la abstracción y una facilidad de razonamiento que no permitían el léxico y la sintaxis del hebreo; le debe también cierto número de términos filosóficos, de cuadros de clasificación y de temas de escuela, pero estos préstamos limitados no significan la adhesión a una doctrina intelectual, sino que sirven para expresar un pensamiento que se nutre del Antiguo Testamento. De los sistemas filosóficos, o de las especulaciones de la astrología, no sabe sin duda más que un hombre culto de su época en Alejandría.

No es ni filósofo ni teólogo, es un sabio de Israel. Como sus predecesores, exhorta a la búsqueda de la sabiduría, que procede de Dios, que se consigue con la oración, que es raíz de las virtudes y que procura todos los bienes. Con una visión más amplia que ellos, agrega a esta sabiduría las recientes adquisiciones de la ciencia, Sab_7:17-21; Sab_8:8. La cuestión de la retribución, que tanto preocupaba a los sabios, recibe en él la solución. Beneficiándose de las doctrinas platónicas acerca de la distinción entre cuerpo y alma, ver Sab_9:15, y sobre la inmortalidad del alma, afirma que Dios ha creado al hombre para la incorruptibilidad, Sab_2:23, que la recompensa de esta sabiduría es esta incorruptibilidad que garantiza un lugar junto a Dios, Sab_6:18-19. Lo que aquí abajo sucede no es más que una preparación para la otra vida, donde los justos vivirán con Dios, mientras que los impíos recibirán su castigo, Sab_3:9-10. El autor no alude a una resurrección corporal. Con todo, parece que da lugar a la posibilidad de una resurrección de los cuerpos de una forma espiritualizada, tratando, de este modo, de conciliar la noción griega de inmortalidad y las doctrinas bíblicas que se orientaban hacia una resurrección corporal (Daniel).

Como para sus predecesores, la Sabiduría es un atributo de Dios. Esta Sabiduría es la que reguló todo ya en la creación y la que guía los acontecimientos de la historia. A partir del cap. 11, lo que a ella se le atribuía es referido directamente a Dios, pero lo es porque la Sabiduría se identifca con Dios en su gobierno del mundo. Por otra parte, la Sabiduría es «una emanación de la gloria del Omnipotente... un reflejo de la luz eterna... una imagen de su bondad», Sab_7:25-26; y de este modo aparece como distinta de Dios, pero es al mismo tiempo una irradiación de la esencia divina. Sin embargo, no parece que el autor vaya aquí más lejos que los demás libros sapienciales, y haga de la Sabiduría una hipóstasis, pero todo este pasaje sobre la naturaleza de la Sabiduría, 7:22-8:8, marca un progreso en la formulación y un ahondamiento en las ideas antiguas.

El autor, en su meditación sobre el pasado de Israel, 10-19, había sido ya precedido por Ben Sirá, Si 44-50, ver también los Sal 78, 105, 106, 135, 136; pero su originalidad se muestra en dos puntos. En primer lugar, busca las razones de los hechos, y esboza una filosofía religiosa de la historia, que supone una interpretación nueva de los textos: por ejemplo, las explicaciones sobre la moderación de Dios con Egipto y Canaán, 11:15-12:27. Sobre todo, fuerza el relato bíblico para demostrar una tesis. Los caps. 16-19 no son más que un largo paralelo antitético entre el destino de los egipcios y el de los israelitas, en el que el autor, para mejor destacar su tema, enriquece el relato con rasgos inventados, pone en conexión episodios distintos, y abulta los hechos. Es un excelente ejemplo de la exégesis midrásica que cultivarán los rabinos.

Los gustos han cambiado y estas páginas han envejecido, pero la primera parte del libro, 1-9, siempre ofrece al cristiano un alimento espiritual de alta calidad; la liturgia de la Iglesia se ha aprovechado ampliamente de ella.

El texto del libro de la Sabiduría está contenido en cuatro grandes mss: B (Vaticano, s. IV), S (Sinaítico, s. IV), A (Alejandrino, s. V) y C (Codex Ephraemi rescriptus, s. V), y en numerosos mss secundarios. El mejor ms es el B, que ha servido de base para la presente traducción.

Fuente: Nueva Biblia de Jerusalén (1998) - referencias, notas e introducciones a los libros

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Notas


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Gén_2:7; Sir_17:1

[2] Sal_139:13-16; Job_10:10+



NOTAS

7:2 Diez meses lunares. Sobre el modo como se representaban la formación del embrión, ver Job_10:10+.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 1Re_2:2


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 1Re_3:6-9; 1Re_3:12; 1Re_5:9-14 [1Re_4:29-34]; Sab 9; Sir_47:12-17


NOTAS

7:8 Esta exposición se apoya en el dato de 1Re_3:10 y en los textos sapienciales que ensalzan la Sabiduría por encima de los bienes más preciosos, Job_28:15-19; Pro_3:14-15; Pro_8:10-11, Pro_8:19. El autor añade aquí algunos valores estimados sobre todo por los griegos (Sab_7:10): la salud, ver con todo Sir_1:18; Sir_30:14-16; la belleza, ver Sal_45:3 [Sal_45:2]; Sir_26:16-17; Sir_36:22; y la luz del día, ver Ecl_11:7.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Isa_60:19-20


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 1Re_3:13; 1Re_10:21 s; Sir_47:18; Mat_6:33


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Sab_7:21; Sab_8:5-6


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Sab_6:22; Luc_12:33


NOTAS

7:14 La imagen que aflora es la de los regalos ofrecidos a una alta personalidad para solicitar su amistad. Estos regalos «proceden de la instrucción», ver Sab_3:11+; Sab_6:17, es decir, de una enseñanza que regula la vida entera conforme a una auténtica educación moral y religiosa.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Sal_31:16 [Sal_31:15]; Job_12:10; Sir_10:5


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 1Re_5:13 [1Re_4:33]


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Sab_8:4; Sab_8:6; Sab_9:9; Sab_14:2; Pro_8:22-31+

NOTAS

7:21 Actualizando el dato de 1Re_5:9-14 [1Re_4:29-34], el autor atribuye a Salomón el saber que la cultura helénica de su tiempo buscaba sobre todo. En este contexto, Dios se presenta como la fuente de toda verdad y se pone a las ciencias humanas bajo la dependencia de su sabiduría.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Stg_3:17

NOTAS

7:22 El autor amplía aquí en forma original las personificaciones anteriores de la Sabiduría, ver Pro_8:22+. Como lo ha anunciado, Sab_6:22, fija a la vez la naturaleza y el origen, primero enumerando las características del Espíritu divino que la Sabiduría posee en propiedad y que informan ya acerca de su naturaleza, Sab_7:22-24 (se enumeran 21 atributos y esta cifra, 3 ;ts 7, parece intencionada para significar una perfección eminente); luego, determinando la relación de la Sabiduría con Dios, Sab_7:25-26, valiéndose de imágenes que a la vez indican procedencia y participación íntima. Tomando de la filosofía griega un amplio vocabulario, el autor subraya a continuación las diferentes características de la Sabiduría y llega a identificarla con la providencia divina, Sab_8:1. Este elogio de la Sabiduría que participa de la intimidad de Dios, Sab_8:3, que posee su omnipotencia, Sab_7:23, Sab_7:25, Sab_7:27, y colabora en su obra creadora, Sab_7:12, Sab_7:22; Sab_8:4, Sab_8:6, anuncia ya toda una teología del Espíritu a la que se la equipara, Sab_9:17, y de la que recibe las funciones tradicionales, ver Isa_11:2+, pero sobre todo la cristología, en especial la de San Juan, y también la de San Pablo (ver Ef Col) y de la Epístola a los Hebreos.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Sab_1:6-10


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Sir_24:3; Éxo_24:16+


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Heb_1:3; Jua_1:9; Col_1:15

NOTAS

7:26 La «luz eterna» se identifica con Dios, designado bajo este aspecto. Algunos textos anteriores sugerían ya la idea de una luz trascendente que emana de Dios, Hab_3:4, ilumina a sus fieles o a su pueblo, Sal_18:29 [Sal_18:28]; Isa_2:5, constituye la irradiación de su gloria, Isa_60:1, Isa_60:19-20; Bar_5:9, o mora junto a él, Dan_2:22+. Pero únicamente 1Jn_1:5 dirá explícitamente que «Dios es Luz».

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Sal_102:27 [Sal_102:26]; Sal_102:28 [Sal_102:27]; Sal_104:30

NOTAS

7:27 (a) Como Abrahán, Isa_41:8; 2Cr_20:7; Stg_2:23, y Moisés, Éxo_33:11.

7:27 (b) No sólo los grandes profetas o los escribas inspirados (Sir_24:33), sino incluso todos los que, por su vida santa y su intimidad con Dios, penetran más en el conocimiento de sus exigencias o de sus misterios y se hacen sus «intérpretes» autorizados, capaces de iluminar a los demás hombres.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jua_1:5; Jua_16:33