Hechos 2 Biblia Jerusalén (1998) | 47 versitos |
1 Al llegar el día de pentecostés, estaban todos reunidos con un mismo objetivo.
2 De repente vino del cielo un ruido como una impetuosa ráfaga de viento, que llenó toda la casa en la que se encontraban.
3 Se les aparecieron unas lenguas como de fuego que se repartieron y se posaron sobre cada uno de ellos;
4 se llenaron todos de Espíritu Santo y se pusieron a hablar en diversas lenguas, según el Espíritu les concedía expresarse.
5 Residían en Jerusalén hombres piadosos, venidos de todas las naciones que hay bajo el cielo.
6 Al producirse aquel ruido la gente se congregó y se llenó de estupor, porque cada uno les oía hablar en su propia lengua.
7 Estupefactos y admirados decían: "¿Es que no son galileos todos estos que están hablando?
8 Pues ¿cómo cada uno de nosotros les oímos en nuestra propia lengua nativa:
9 Partos, medos y elamitas; los que habitamos en Mesopotamia, Judea, Capadocia, el Ponto, Asia,
10 Frigia, Panfilia, Egipto, la parte de Libia fronteriza con Cirene; los romanos residentes aquí,
11 tanto judíos como prosélitos, cretenses y árabes, les oímos proclamar en nuestras lenguas las maravillas de Dios?
12 Todos estaban estupefactos y perplejos y se decían unos a otros: "¿Qué significa esto?"
13 Otros, en cambio, decían riéndose: "¡Están llenos de mosto!"
14 Entonces Pedro, presentándose con los Once, levantó la voz y les dijo: "Judíos y todos los que vivís en Jerusalén: Que os quede esto bien claro y prestad atención a mis palabras:
15 Éstos no están borrachos, como vosotros suponéis, pues es la hora tercia del día,
16 sino que es lo que dijo el profeta:
17 Sucederá en los últimos días, dice Dios: Derramaré mi Espíritu sobre todo mortal y profetizarán vuestros hijos y vuestras hijas; vuestros jóvenes verán visiones y vuestros ancianos soñarán sueños.
18 Y también sobre mis siervos y sobre mis siervas derramaré mi Espíritu.
19 Haré prodigios arriba en el cielo y signos abajo en la tierra.
20 El sol se convertirá en tinieblas, y la luna en sangre, antes de que llegue el Día grande del Señor.
21 Y todo el que invoque el nombre del Señor se salvará.
22 "Israelitas, escuchad estas palabras: A Jesús, el Nazoreo, hombre acreditado por Dios ante vosotros con milagros, prodigios y signos que Dios realizó por su medio entre vosotros, como vosotros mismos sabéis,
23 a éste, que fue entregado según el determinado designio y previo conocimiento de Dios, vosotros le matasteis clavándole en la cruz por mano de unos impíos;
24 a éste Dios le resucitó librándole de los lazos del Hades, pues no era posible que lo retuviera bajo su dominio;
25 porque David dice refiriéndose a él: Veía constantemente al Señor delante de mí, puesto que está a mi derecha para que no vacile.
26 Por eso se ha alegrado mi corazón y alborozado mi lengua, y hasta mi carne reposará, en la esperanza
27 de que no abandonarás mi alma en el Hades ni permitirás que tu santo experimente la corrupción.
28 Me has hecho conocer caminos de vida, me llenarás de gozo con tu presencia.
29 "Hermanos, permitidme que os diga con toda franqueza que el patriarca David murió y fue sepultado y su tumba permanece entre nosotros hasta el presente.
30 Pero como él era profeta y sabía que Dios le había asegurado con juramento que se sentaría en su trono uno de su linaje,
31 vio el futuro y habló de la resurrección de Cristo, que ni fue abandonado en el Hades ni su carne experimentó la corrupción.
32 A este Jesús Dios le resucitó; de lo cual todos nosotros somos testigos.
33 Así pues, exaltado por la diestra de Dios, ha recibido del Padre el Espíritu Santo prometido y lo ha derramado; esto es lo que vosotros veis y oís.
34 Pues David no subió a los cielos y sin embargo dice: Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi diestra
35 hasta que ponga a tus enemigos por escabel de tus pies.
36 "Sepa, pues, con certeza todo Israel que Dios ha constituido Señor y Cristo a ese Jesús a quien vosotros habéis crucificado."
37 Al oír esto, dijeron con el corazón compungido a Pedro y a los demás apóstoles: "¿Qué hemos de hacer, hermanos?"
38 Pedro les contestó: "Convertíos y que cada uno de vosotros se haga bautizar en el nombre de Jesucristo, para perdón de vuestros pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo;
39 pues la Promesa es para vosotros y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos, para cuantos llame el Señor Dios nuestro".
40 Con otras muchas palabras les conjuraba y les exhortaba: "Poneos a salvo de esta generación perversa".
41 Así pues, los que acogieron su palabra fueron bautizados. Y aquel día se les unieron unas tres mil personas. .
42 Se mantenían constantes en la enseñanza de los apóstoles, en la comunión, en la fracción del pan y en las oraciones.
43 Pero el temor se apoderaba de todos, pues los apóstoles realizaban muchos prodigios y signos.
44 Todos los creyentes estaban de acuerdo y tenían todo en común;
45 vendían sus posesiones y sus bienes y lo repartían entre todos, según la necesidad de cada uno.
46 Acudían diariamente al Templo con perseverancia y con un mismo espíritu, partían el pan en las casas y tomaban el alimento con alegría y sencillez de corazón,
47 alabando a Dios y gozando de la simpatía de todo el pueblo. Por lo demás, el Señor agregaba al grupo a los que cada día se iban salvando.

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Introducción a Hechos

HECHOS DE LOS APÓSTOLES

Introducción
El tercer evangelio y el libro de los Hechos eran primitivamente las dos partes de una única obra, que nosotros titularíamos hoy «Historia de los orígenes cristianos». Desde muy pronto el segundo libro empezó a conocerse bajo el título «Hechos de los Apóstoles» o «Hechos de Apóstoles», según la moda de la literatura helenística que ya había divulgado obras como los «Hechos» de Aníbal, los «Hechos» de Alejandro, etc.; en el canon del NT está separado del evangelio de Lucas por el evangelio de Juan que se ha intercalado. La relación original de estos dos libros del NT viene indicada por sus respectivos Prólogos así como por su parentesco literario. El Prólogo de los Hechos que, como el del tercer evangelio Luc_1:1-4, se dirige a un tal Teófilo, Hch_1:1, remite a este evangelio como a un «primer libro», resumiendo su propósito y recogiendo los últimos sucesos (apariciones del Resucitado y Ascensión) para empalmar con ellos la continuación del relato. El otro vínculo que une estrechamente a estos dos libros es la lengua. Las características (de vocabulario, gramática y estilo) que aparecen a todo lo largo de los Hechos, y que confirman la unidad literaria de esta obra, las encontramos también en el tercer evangelio; lo que apenas permite dudar de que ambos libros son obra de un mismo autor.

La tradición de la Iglesia es unánime en reconocer que este autor es san Lucas. Nunca, ni en la antigüedad ni en nuestros días, se ha propuesto seriamente otro nombre. Así lo admitía ya hacia el año 175 el conjunto de las iglesias, como lo manifiesta la conformidad existente entre el documento romano llamado Canon de Muratori, el Prólogo «antimarcionita», san Ireneo, los Alejandrinos y Tertuliano. Juicio unánime que, en realidad, corroboran los indicios internos. Según sus escritos, el autor parece ser un cristiano de la generación apostólica, judío muy helenizado o, mejor, griego de amplia instrucción y versado a fondo así en las cosas judías como en la Biblia griega. Ahora bien, lo que sabemos de Lucas por las epístolas paulinas cuadra a la perfección con estos datos. El Apóstol lo presenta como un compañero muy querido que está a su lado durante su cautiverio, Col_4:14; Flm_1:24; 2Tm_4:11. Según Col_4:10-14, Lucas es de origen pagano (de Antioquía de Siria según una vieja tradición) y médico, lo que comportaría una cierta cultura, aun cuando esté lejos de ser cierto que Lucas emplee en sus escritos un vocabulario específicamente médico.

Nada seguro hallamos en la tradición antigua para fijar la fecha en que escribía. El libro concluye con la prisión romana de Pablo, probablemente en 61-63, y en todo caso su composición debe ser posterior a la del tercer evangelio (¿antes del 70? ¿hacia el 80?, pero nada impone una fecha posterior al 70). Como lugar de composición se han propuesto Antioquía y Roma.

¿Cuáles son las fuentes utilizadas por Lucas para componer su obra? El autor de los Hechos declara «haber investigado diligentemente todo desde los orígenes» sumándose a los que ya habían «intentado narrar ordenadamente las cosas que se han verificado entre nosotros» (Luc_1:1-4, que constituye el prólogo general de la obra completa). Tales expresiones hacen suponer, por un lado, que ha buscado informaciones precisas y, por otro, que ha aprovechado relatos ya existentes. El examen del libro confirma esta impresión. A pesar de una actividad literaria siempre vigilante, cuya mano se advierte por doquier asegurando la unidad del libro, se pueden distinguir también sin dificultad algunas corrientes principales en las tradiciones recogidas por Lucas. Los doce primeros capítulos del libro de los Hechos refieren la vida de la primera comunidad reunida en torno a Pedro después de la Ascensión, 1-5, y los comienzos de su expansión a raíz de las iniciativas misioneras de Felipe, Hch_8:4-40, de los «helenistas», 6:1-8:3; Hch_11:19-30; Hch_13:1-3, y en fin del mismo Pedro, 9:32-11:18; 12. Las tradiciones «petrinas» subyacentes se emparentarían con el «Evangelio de Pedro» que es conocido en la literatura de la Iglesia antigua. Para la segunda parte de los Hechos el autor habría utilizado relatos de la conversión de Pablo, de sus viajes misioneros, y de su viaje por mar a Roma como prisionero. En todo caso, Lucas parece haber tenido a mano cartas paulinas, y podía haber pedido datos al mismo Pablo, a quien conocía por lo menos en el período de su cautiverio. Otras personas (¿Silas o Timoteo?) podrían haberle suministrado informaciones circunstanciadas sobre tal o cual episodio. En tres ocasiones durante su relato, Hch_16:10-17; 20:5-21:18; 27:1-28:16 (y ya también Hch_11:28 en el texto occidental), Lucas emplea la primera persona del plural. Siguiendo a san Ireneo, algunos exegetas han creído ver en los pasajes de los Hechos redactados en estilo «nosotros» la prueba de que Lucas acompañó a Pablo en su segundo y tercer viajes misioneros y en su viaje por mar a Roma. Contrasta, sin embargo, con ello el hecho de que Pablo no menciona nunca a Lucas como compañero de su obra de evangelización, por lo que este «nosotros» parece ser más bien el vestigio textual de un diario de viaje hecho por un compañero de Pablo (¿Silas?) y utilizado por el autor de los Hechos. El viaje descrito por el diario puede tener que ver con la colecta hecha por las iglesias de Macedonia y Acaya para la iglesia de Jerusalén, ver Hch_24:17; 1Co_16:1-4; 2 Co 8-9; Rom_15:25-29. Una vez reunido este rico material, Lucas lo organizó hábilmente en unidad literaria, distribuyendo de la mejor manera los diversos elementos y uniéndolos unos con otros por medio de estribillos redaccionales, por ej. Hch_6:7; Hch_9:31; Hch_12:24; etc.

El valor histórico de los Hechos de los Apóstoles no es uniforme. De un lado, las fuentes de que Lucas disponía no eran homogéneas; de otro, en el manejo de estas fuentes se movía con bastante libertad según el espíritu de la historiografía antigua, subordinando los datos históricos a su plan literario y sobre todo a sus intereses teológicos. Los relatos de los viajes de san Pablo reflejan con mayor o menor extensión y exactitud el mundo del Mediterráneo oriental en el primer siglo: administración romana, ciudades griegas, cultos, rutas, geografía política y topografía local. En cambio, los relatos de la primera parte del libro son en general mucho menos circunstanciados. Lucas establece un cierto paralelismo entre los milagros de Pedro y los de Pablo: comparar Hch_3:1-10 con Hch_14:8-10; Hch_5:15 con Hch_19:12; Hch_5:19 o Hch_12:6-11, Hch_12:17 con Hch_16:23-26, Hch_16:40; Hch_8:15-17 con Hch_19:2-7; Hch_8:18-24 con Hch_13:6-11; Hch_9:36-42 con Hch_20:7-12. Además, algunos de los relatos de milagros tienen sus paralelos en los evangelios: comparar Hch_3:6-7 con Luc_4:39 y Mar_1:31; Hch_9:33-34 con Luc_5:24-25; Hch_20:10, Hch_20:12 con Luc_8:52-55; es también evidente que las últimas palabras de Esteban, Hch_7:59-60, se asemejan a las de Jesús, Luc_23:34, Luc_23:36. El discurso de Pablo en Antioquía de Pisidia, Hch_13:16-41, no deja de tener analogías con los de Pedro en Jerusalén, Hch_2:14-36; Hch_3:12-26; Hch_4:8-12; Hch_5:29-32, el de Esteban, Hch_7:1-53, y también el de Pedro en Cesarea, Hch_10:34-43. Es, pues, razonable suponer que Lucas no había recibido estos discursos tal como los reprodujo, sino que los compuso utilizando algunos temas esenciales de la predicación primitiva apoyados con argumentos que se habían hecho tradicionales y moldeados con fórmulas nemotécnicas: florilegios de textos escriturísticos para los judíos, reflexiones de filosofía común para los griegos, y para todos el anuncio esencial (Kerygma) de Cristo muerto y resucitado, con el llamamiento a la conversión y al bautismo. Lucas habría conocido, primero por tradición y luego por experiencia, estos esquemas de la primera predicación cristiana, y es esto lo que le permitió, con su finísimo sentido psicológico, impregnar estos discursos de una enseñanza de valor auténtico e importancia capital. Se han señalado a menudo discrepancias entre el libro de los Hechos y las epístolas paulinas, que Lucas parece haber utilizado pero no en detalle. Es notable, por ejemplo, que no se haya preocupado de armonizar las cinco visitas de san Pablo a Jerusalén en los Hechos con los datos de Gal 1:15-2:10. En otro orden de cosas, se advierte un cierto contraste entre el retrato de Pablo dibujado en los Hechos y el que Pablo hace de sí mismo en su correspondencia. En Atenas Pablo se manifiesta netamente menos severo para con las religiones paganas que en su epístola a los Romanos: comparar Hch_17:22-31 con Rom_1:18-32 (pero ver también Sab_13:1-10, donde el autor, a la vez que condena la idolatría, disculpa los desvíos que algunos sufren buscando a Dios). En general Lucas atribuye al Apóstol una actitud más conciliadora que la de las epístolas: comparar Hch_21:20-26 con Gál_2:12 ss; Hch_16:3 con Gál_2:3; Gál_5:1-12. Pero no debe olvidarse que cada autor se mueve por intereses bastante diferentes. Pablo es un polemista que sabe ser intransigente (pero ver también 1Co_9:19-23) mientras que el propósito de Lucas es demostrar la unidad profunda que existía entre los primeros discípulos.

A este respecto, la objetividad del libro de los Hechos ha sido atacada sesgadamente planteando la cuestión de su finalidad. La escuela de F. Ch. Baur ha querido ver en él un escrito de compromiso compuesto en el siglo II para conciliar las tendencias opuestas del petrinismo y del paulinismo. Este sistema tiene el mérito de señalar la existencia innegable de tensiones en la Iglesia primitiva; pero supone una fecha demasiado tardía, y en su forma radical ya nadie lo sostiene hoy. Otros, por su parte, todavía denuncian con frecuencia a esta obra de ser un alegato, con todo lo que esto puede implicar de deformación de los hechos. Lucas haría en ella una apología de Pablo destinada a convencer a las autoridades romanas de que él no era culpable de ningún delito político. Y, en efecto, no se puede negar que Lucas subraya el carácter puramente religioso del conflicto que enfrenta a los judíos con Pablo y la indiferencia de las autoridades romanas ante tal conflicto. Pero, aunque esto parece responder a la verdad histórica, en todo caso no es más que un aspecto de la obra. El libro de los Hechos es cosa muy distinta de un memorial para presentar ante el tribunal de Roma. Lo que persigue es nada menos que referir, por sí misma, la historia de los orígenes cristianos.

Para convencerse de ello, basta con examinar su plan. Se ve en él plasmada la aseveración inicial de Cristo: «Seréis mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaría, y hasta los confines de la tierra», Hch_1:8. La fe se implanta primero sólidamente en Jerusalén, donde la primera comunidad crece en gracia y número, 1-5. Enseguida comienza la expansión, preparada por la tendencia universalista de los convertidos del judaísmo helenístico y por su expulsión a raíz del martirio de san Esteban, 6:1-8:3: se llega a Samaría, Hch_8:4-25, así como a la llanura costera hasta Cesarea, donde por primera vez entran gentiles en la Iglesia, Hch_8:26-40; 9:32-11:18, al tiempo que la conversión de Pablo nos informa de que ya hay cristianos en Damasco y presagia la evangelización de Cilicia, Hch_9:1-30. Estribillos, como Hch_9:31 (que añade Galilea) ponen bien de relieve la difusión de la fe. A continuación es Antioquía la que recibe el mensaje de Jesús, Hch_11:19-26 y que se va a convertir en un foco de irradiación, no sin guardar con Jerusalén contactos en los que se toman acuerdos sobre los principales problemas misioneros, Hch_11:27-30; Hch_15:1-35. Se trata ahora, en efecto, de que el Evangelio llegue a los gentiles. A partir de la conversión de Cornelio, Pedro, después de ser encarcelado en Jerusalén, sale con destino desconocido, Hch_12:17; y en adelante es Pablo quien, en el relato de Lucas, ocupará el primer plano. Después de un primer viaje con Bernabé a Chipre y Asia Menor antes de la asamblea de Jerusalén, 13-14, dos viajes más le llevarán hasta Macedonia y Grecia, 15:36-18:22, y a Éfeso, 18:23-21:17. Siempre regresa a Jerusalén, y su arresto en esta ciudad, seguido de su encarcelamiento en Cesarea, 21:18-26:32, le permitirán ser conducido, preso pero siempre misionero, hasta Roma, donde, aun sin librarse de las cadenas, anuncia a Cristo, 27-28. Vista desde Jerusalén, esta capital del imperio representa perfectamente «los confines de la tierra», por lo que Lucas puede aquí poner fin a su libro.

Podremos quizá lamentar que no nos haya dicho nada de la actividad de los otros apóstoles, ni de la fundación de ciertas iglesias como la de Alejandría, o incluso la de Roma, donde la fe cristiana se había implantado ciertamente antes de la llegada del Apóstol (ver la Epístola a los Romanos, sobre todo Hch_15:22 ss). Nada dice tampoco del apostolado de Pedro fuera de Palestina, y es verdad que la persona de Pablo ocupa en su obra un lugar preponderante, hasta el punto de llenar ella sola toda la segunda mitad. Más que una historia materialmente completa, lo que Lucas ha querido darnos es una exposición de la fuerza de expansión espiritual del Cristianismo; y la enseñanza teológica que ha sabido deducir de los hechos de que disponía posee un valor universal e insustituible, que constituye el valor auténtico de su obra.

Esta aportación doctrinal es múltiple y no podemos evocar aquí más que sus puntos principales. Lo que la obra expone es la fe en Cristo, base del kerygma apostólico. Por los discursos conocemos los principales textos escriturísticos que sirvieron, bajo la guía del Espíritu, para la formulación de la cristología y la argumentación ante los judíos; son de notar particularmente los temas del Siervo, Hch_3:13, Hch_3:26; Hch_4:27, Hch_4:30; Hch_8:32-33, y de Jesús nuevo Moisés, Hch_3:22 s; Hch_7:20 s, y nuevo Elías, Hch_1:9-11; Hch_3:20-21. La resurrección se prueba por el Sal_16:8-11 (Hch_2:24-32; Hch_13:34-37). La historia del pueblo elegido debe poner en guardia a los judíos contra la resistencia a la gracia, Hch_7:2-53; Hch_13:16-41. Para los gentiles, se recurre a argumentos de una teodicea más general, Hch_14:15-17; Hch_17:22-31. Pero los apóstoles son ante todo «testigos», Hch_1:8+, y Lucas nos resume su «kerygma», Hch_2:22+, relatándonos también sus signos taumatúrgicos. El problema crucial de la Iglesia naciente tenía que ser el acceso de los gentiles a la salvación, y sobre este punto el libro de los Hechos nos brinda alguna luz, aunque sin descubrirnos toda la envergadura de las dificultades y de las controversias ocasionadas por esta cuestión en la Iglesia e incluso entre sus dirigentes (ver Gál_2:11+): los hermanos de Jerusalén, agrupados en torno a Santiago, siguen fieles a la Ley judía, Hch_15:1, Hch_15:5; Hch_21:20 s; pero los «helenistas», cuyo portavoz es Esteban, sienten la necesidad de romper con el culto del Templo; y Pedro, y después sobre todo Pablo, hacen triunfar en la asamblea de Jerusalén el principio de la salvación por la fe en Cristo, que dispensa a los gentiles de la circuncisión y de las observancias mosaicas. No es menos cierto que Lucas nos muestra a Pablo empezando siempre por dirigirse a los judíos, para volverse después a los gentiles sólo cuando se ve rechazado por sus hermanos de raza, Hch_13:5+. Sobre la vida de las comunidades cristianas nos bosqueja un cuadro que tiene tintes sin duda ideales, por no decir utópicos, pero que se inspira en los recuerdos de los primeros años tanto como en las realidades eclesiales de una época más tardía: vida de oración y reparto de bienes en la joven iglesia de Jerusalén; administración del bautismo de agua y del bautismo en el Espíritu, Hch_1:5+; celebración de la Eucaristía, Hch_2:42+; esbozos de organización eclesiástica en los «profetas» y los «doctores», Hch_13:1+, o también en los «presbíteros» que presiden la iglesia de Jerusalén, Hch_11:30+, y que Pablo establece en las iglesias que él funda, Hch_14:23. Todo ello impregnado, dirigido, impulsado por un soplo invencible del Espíritu Santo. A este Espíritu, sobre el que Lucas había ya insistido en su evangelio, Luc_4:1+, lo presenta en acción incesante en la expansión de la Iglesia, Hch_1:8+, hasta el punto de que se ha podido llamar a los Hechos «el evangelio del Espíritu Santo». Es esto lo que da a esta obra ese aroma de alegría espiritual, de maravilla sobrenatural, de la que sólo podrán extrañarse los que no comprenden ese fenómeno único en el mundo que fue el nacimiento del Cristianismo. Si a todas estas riquezas teológicas añadimos la preciosa aportación de tantos detalles concretos que de otro modo no habríamos conocido, si se acierta a saborear los retratos de fina psicología en que Lucas se distingue, piezas incisivas y hábiles como el discurso delante de Agripa, 26, páginas conmovedoras como el adiós a los presbíteros de Éfeso, Hch_20:17-38, relatos vivos y realistas como el motín de los orfebres, Hch_19:23-41, se convendrá en que este libro, único en su género en el NT, representa un tesoro cuya falta hubiera empobrecido notablemente nuestro conocimiento de los orígenes del Cristianismo.

El texto de los Hechos, como el del resto del NT, ha llegado a nosotros con muchas variantes de detalle. Pero más que en otros libros merecen retener nuestra atención las que provienen del texto llamado «occidental» (códice de Beza, versiones latina, siríaca y copta, antiguos escritores eclesiásticos). Ofrecen éstas un texto que es a menudo más conciso que el texto alejandrino, pero que contiene también detalles concretos y pintorescos que el otro desconoce. En realidad, estas dos tradiciones textuales parecen representar redacciones sucesivas del libro de los Hechos. Nuestra traducción se ha hecho las más de las veces sobre el texto alejandrino, pero un buen número de variantes del texto occidental se han señalado en nota o incluso han sido admitidas en el texto traducido.

Fuente: Nueva Biblia de Jerusalén (1998) - referencias, notas e introducciones a los libros

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Notas


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Éxo_23:14+

NOTAS

2:1 (a) Es decir, concluido ya el período de cincuenta días entre la Pascua y Pentecostés. Pentecostés, que primeramente fue fiesta de la siega, Éxo_23:14+, se había convertido también en la fiesta de la renovación de la Alianza, ver 2Cr_15:10-13; Jubileos 6:20; Qumrán. Este nuevo valor litúrgico pudo inspirar la escenificación de Lucas, que evoca la entrega de la Ley en el Sinaí.

2:1 (b) No la asamblea de los ciento veinte de Hch_1:15-26, sino el grupo apostólico presentado en Hch_1:13-14.



REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Hch_4:31; Jua_3:8+; Sal_104:30; Sal_33:6; Jua_20:2

NOTAS

2:2 Hay afinidad entre el Espíritu y el viento: la misma palabra significa «espíritu» y «soplo», ver Jua_3:8+.

NOTAS

2:3 La forma de las llamas (Isa_5:24; ver Isa_6:6-7) se relaciona aquí con el don de lenguas.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Hch_1:5+

[2] Luc_1:15+

[3] Hch_1:8+; Mat_28:19; Col_1:23

NOTAS

2:4 Según uno de sus aspectos, vv. Hch_2:4, Hch_2:11, Hch_2:13, el milagro de Pentecostés es afín al carisma de la glosolalia, frecuente en los comienzos de la Iglesia: ver Hch_10:46; Hch_11:15; Hch_19:6; 1Co 12-14; ver Mar_16:17. Sus antecedentes se hallan en el antiguo profetismo israelita, ver Núm_11:25-29; 1Sa_10:5-6, 1Sa_10:10-13; 1Sa_19:20-24; 1Re_22:10. Ver Joe_3:1-5 [Joe_2:28-32], citado por Pedro, vv. Hch_2:17 s.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Gén_11:1-9+

NOTAS

2:5 «hombres piadosos» Sin. El texto occ.: «los judíos que residían en Jerusalén eran hombres venidos de todas las naciones que hay bajo el cielo». Los demás textos combinan «hombres piadosos» y «judíos».

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 1Co_14:2+; Gén_11:1-9

NOTAS

2:6 Lucas ve en este hablar en todas las lenguas del mundo la restauración de la unidad perdida en Babel, ver Gén_11:1-9, anticipación maravillosa de la misión universal.

NOTAS

2:11 (a) Los «prosélitos» son los que, sin ser judíos de origen, han abrazado la religión judía y aceptado la circuncisión, constituyéndose así miembros del pueblo elegido; ver también Hch_6:5; Hch_13:43; Mat_23:15. «Judíos» y «prosélitos» no son, pues, nuevas denominaciones de pueblos: son palabras que califican a los que se acaba de enumerar.

2:11 (b) Esta enumeración de los pueblos del mundo mediterráneo, que en conjunto se describe de este a oeste y de norte a sur, sin duda se inspira en un antiguo calendario astrológico, conocido por otros documentos, en el que los pueblos se hallaban relacionados con los signos del zodíaco y enumerados por su orden. Lucas pudo haberlo adoptado como una descripción cómoda del oikumenê de entonces. No se explica bien la mención de Judea y ha suscitado desde la antigüedad varios intentos de corrección.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 1Co_14:23

NOTAS

2:14 Pedro obra como cabeza del colegio apostólico y aparece en primer plano, ver Hch_1:15; Hch_2:37; Hch_3:4, Hch_3:6, Hch_3:12; Hch_4:8, Hch_4:13; Hch_5:3, Hch_5:8-9, Hch_5:15, Hch_5:29; 10-11. Ver Mat_16:19+; Luc_22:32+. En ocasiones Juan aparece junto a él, pero algo así como su doble, Hch_3:1, Hch_3:3-4, Hch_3:11; Hch_4:13, Hch_4:19; Hch_8:14; ver Luc_22:8.

NOTAS

2:15 Las nueve de la mañana, poco más o menos.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Hch_2:33+

NOTAS

2:16 Adic.: «Joel». -Para la cita de los vv. Hch_2:17-21, texto occ. ; el texto alejandrino tiende a concordar con los LXX.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Joe_3:1-5 [Joe_2:28-32]; Isa_2:2

[2] Rom_7:5+

[3] Hch_11:27+

NOTAS

2:17 Los tiempos mesiánicos.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Hch_5:12

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Mat_24:29 p

NOTAS

2:20 El día del glorioso advenimiento del Señor, el «Día de Yahvé», Amó_5:18+. En la predicación evangélica es el día de la vuelta de Jesús, Mat 24+; 1Co_1:8+.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Rom_10:9-13

NOTAS

2:21 Los cristianos se designan a sí mismos como «los que invocan el nombre del Señor», Hch_9:14, Hch_9:21; Hch_22:16; 1Co_1:2; 2Ti_2:22; el nombre del «Señor» ya no se aplica a Yahvé sino a Jesús, ver Flp_2:11; Hch_3:16+. El que invoca este nombre -es decir, el que reconoce a Jesús como Señor- se salvará: ver Hch_4:12 y Rom_10:9.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Mat_2:23+; Luc_24:19; Hch_10:38; Luc_5:17

NOTAS

2:22 El contenido de la predicación apostólica primitiva (Kerygma), de la que tenemos aquí una primera exposición, se nos ha transmitido esquemáticamente en cinco discursos de Pedro, Hch_2:14-39; Hch_3:12-26; Hch_4:9-12; Hch_5:29-32; Hch_10:34-43, y uno de Pablo, Hch_13:16-41. El núcleo central es un testimonio, Hch_1:8+, que tiene por objeto la muerte, la resurrección de Cristo, Hch_2:24+, y su exaltación, Hch_2:33+; Hch_2:36+. Luego, detalles sobre su misión, anunciada por Juan el Bautista, Hch_10:37; Hch_13:24, preparada por la enseñanza y sus milagros, Hch_2:22; Hch_10:38, concluida con las apariciones del Resucitado, Hch_10:40, Hch_10:41; Hch_13:31, y la efusión del Espíritu, Hch_2:33; Hch_5:32. Finalmente, perspectivas más amplias que, por las profecías del AT, hunden sus raíces en el pasado, Hch_2:23+; Hch_2:25+, y miran el futuro: advenimiento de los tiempos mesiánicos y llamamiento a judíos y gentiles a la conversión, Hch_2:38+, para apresurar la Vuelta de Cristo, Hch_3:20-21. Los evangelios, que son un desarrollo de la predicación primitiva, siguen este esquema.

NOTAS

2:23 (a) Las profecías del AT prueban este designio de Dios: Hch_3:18; Hch_4:28; Hch_13:29; ver Hch_8:32-35; Hch_9:22; Hch_10:43; Hch_17:2-3; Hch_18:5, Hch_18:28; Hch_26:22-23, Hch_26:27; Hch_28:23; Luc_18:31+; Luc_22:22; Luc_24:25-27, Luc_24:44.

2:23 (b) Aquí los romanos. Pero la predicación primitiva, v. Hch_2:22+, contiene análogas acusaciones contra los judíos, contra los cuales se opone la intervención de Dios que resucita a Jesús, Hch_2:32, Hch_2:36; Hch_3:13-17; Hch_4:10; Hch_5:30-31; Hch_7:52; Hch_10:39-40; Hch_13:27-30; Hch_17:31; ver Rom_1:4+; 1Ts_2:14+.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Sal_18:6 [Sal_18:5]

[2] Hch_13:34-37

NOTAS

2:24 «del Hades» texto occ. , «de la muerte» texto recibido. Ver vv. Hch_2:27 y Hch_2:31. El «Hades» en los LXX corresponde al seol, Núm_16:33+; Sab_2:1+; Mat_16:18+.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Sal_16:8-11

NOTAS

2:25 Citado según los LXX. El texto hebreo sólo expresaba el deseo de escapar a una muerte inminente: «No dejarás a tu amigo ver la fosa». El argumento supone el empleo de la versión griega que introduce una idea distinta traduciendo «fosa» (= tumba) por «corrupción».

NOTAS

2:29 En la antigua colina de Sión, por debajo del Templo, 1Re_2:10. Una interpretación exagerada de este versículo dio lugar a la leyenda de la tumba de David que veneran hoy en el lugar tradicional del Cenáculo, en la colina occidental que, desde los primeros siglos del cristianismo, recibió el nombre de Sión.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 2Sa_7:12; Sal_132:11; Mat_9:27+

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Hch_1:8+

[2] Hch_1:4-5+; Eze_36:27+; Jua_15:26

NOTAS

2:33 (a) Palabras inspiradas en el Sal 118 (v. 16 LXX: «la diestra del Señor me ha exaltado»), que la predicación apostólica utiliza considerándolo mesiánico: Hch_4:11; 1Pe_2:7; Mat_21:9, Mat_21:42 p; Mat_23:39; Luc_13:35; Jua_12:13; Heb_13:6. Pero también pudiera traducirse: «Habiendo sido exaltado a la diestra de Dios», y ver en ello la introducción de la cita (v. 34) del Sal_110:1, que recoge otro tema de la predicación apostólica: Mat_22:44; Mat_26:64; Mar_16:19; Hch_7:55; Hch_7:56; Rom_8:34; 1Co_15:25; Efe_1:20; Col_3:1; Heb_1:3; Heb_1:13; Heb_8:1; Heb_10:12; Heb_12:2; 1Pe_3:22.

2:33 (b) Los profetas habían anunciado el don del Espíritu para los tiempos mesiánicos, Eze_36:27+. Y por este Espíritu, «derramado», según el anuncio de Joe_3:1-2 [Joe_2:28-29], por Cristo resucitado, explica Pedro el milagro de que son testigos sus oyentes.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Efe_4:8-11

[2] Sal_110:1

NOTAS

2:34 El razonamiento parece ser como sigue: David, depositado en la tumba, no ha subido al cielo; por tanto, la invitación divina no se dirige a él, sino al que ha salido de la tumba. Una Var.: «pues él mismo dice», en lugar de: «sin embargo dice», reduce el razonamiento al de Mat_22:43-45.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Flp_2:11+

[2] Hch_2:23+

NOTAS

2:36 Conclusión del argumento escriturístico: por su resurrección ha sido Jesús constituido en el «Señor» de que habla el Sal 110 y en el «Mesías» (Cristo) al que se refiere el Sal 16. Análoga argumentación partiendo del Sal_2:7 (Hijo de Dios) en Hch_13:33+; Heb_1:5; Heb_5:5; Rom_1:4+. Ver también Hch_5:31 (Jefe y Salvador); Hch_10:42+; Rom_14:9 (Juez y Señor de vivos y muertos); Flp_2:9-11 (Señor en gloria).

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Hch_16:30; Luc_3:10

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Mat_3:2+

[2] Hch_1:5+

[3] Hch_2:33+

NOTAS

2:38 (a) Cada uno de los grandes discursos apostólicos concluye con un llamamiento a la conversión (ver Mat_3:2+), para conseguir el perdón de los pecados: Hch_3:19; Hch_3:26; Hch_5:31; Hch_10:43; Hch_13:38; ver Hch_17:30; Hch_26:20; Luc_1:77; Luc_3:8; Luc_5:32; Luc_13:3.

2:38 (b) El bautismo se da «en el nombre de Jesucristo» (ver Hch_1:5+), se le recibe «invocando el nombre del Señor Jesús» (ver Hch_2:21+; Hch_3:16+); Hch_8:16; Hch_10:48; Hch_19:5; Hch_22:16; 1Co_1:13; 1Co_1:15; 1Co_6:11; 1Co_10:2; Gál_3:27; Rom_6:3, ver Stg_2:7. Este modo de hablar, tal vez más que a la fórmula ritual del bautismo, ver Mat_28:19, atiende a la significación del rito mismo: profesión de fe en Cristo, toma de posesión por Cristo de los que en adelante le estarán consagrados.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Isa_57:19

[2] Joe_3:5 [Joe_2:32]

NOTAS

2:39 (a) La Promesa concierne primero a los judíos, Hch_3:25-26; Hch_13:46; Rom_1:16+; Rom_9:4+.

2:39 (b) Es decir, los gentiles, por alusión a Isa_57:19, citado y explicado por Efe_2:13-17; ver también Hch_22:21.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Hch_6:1; Luc_9:41; Deu_32:5; Mat_17:17; Flp_2:15

NOTAS

2:40 O: «daba su testimonio», ver Hch_8:25; Hch_28:23.

NOTAS

2:41 Lucas cuida constantemente de señalar el crecimiento numérico de la Iglesia: v. Hch_2:47; Hch_4:4; Hch_5:14; Hch_6:1, Hch_6:7; Hch_9:31; Hch_11:21, Hch_11:24; Hch_16:5; ver Hch_12:24; Hch_13:48-49; Hch_19:20.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Hch_4:32-35; Hch_5:12-16

NOTAS

2:42 (a) Comparar con Hch_4:32-35 y Hch_5:12-16. Estos tres «resúmenes», de redacción heterogénea, describen con rasgos análogos la vida de la primera comunidad cristiana.

2:42 (b) Instrucciones a los nuevos convertidos, en las que se explicaban las Escrituras a la luz de los hechos cristianos; no era la proclamación de la Buena Nueva a los no cristianos. Ver Hch_15:35.

2:42 (c) «Comunión», 1Co_1:9+, viene aquí sin complemento, ver Gál_2:9. Ciertamente hay que entender aquí la entrega de los bienes a la comunidad, vv. Hch_2:44; Hch_4:32-35, que expresa y refuerza la unión de los corazones, v. Hch_2:46; Hch_4:32, resultante de la partición del Evangelio y de todos los bienes recibidos de Dios por medio de Jesucristo en la comunidad apostólica. El sentido no se limita a una mutua ayuda social, ni a una ideología o a un sentimiento de solidaridad.

2:42 (d) Ver v. Hch_2:46; Hch_20:7, Hch_20:11; Hch_27:35; Luc_24:30, Luc_24:35. La expresión, considerada en sí misma, evoca una comida judía, y el que preside, pronuncia una bendición antes de partir el pan. Pero en el lenguaje cristiano se refiere al rito eucarístico, 1Co_10:16; 1Co_11:24; Luc_22:19; Luc_24:35+. Éste, v. Hch_2:46, no se celebraba en el Templo, sino en alguna casa y no se separaba de una verdadera comida, ver 1Co_11:20-34.

2:42 (e) Las oraciones en común, presididas por los apóstoles, Hch_6:4. Un ejemplo: Hch_4:24-30. Ver Hch_1:14+,24; Hch_12:5.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] = Hch_5:11-12 a; Luc_1:12+

NOTAS

2:43 Adic.: «en Jerusalén, y un gran temor pesaba sobre todos».

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] = Hch_4:32, Hch_4:34

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Hch_5:12; Luc_24:53

NOTAS

2:46 El gozo que sigue a la fe: Hch_8:8, Hch_8:39; Hch_13:48, Hch_13:52; Hch_16:34; ver Hch_5:41; Luc_1:14+; Rom_15:13; Flp_1:4+.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Hch_4:21, Hch_4:33; Hch_5:13

[2] Hch_2:41+

NOTAS

2:47 (a) Ver Hch_3:8-9; Hch_4:21; Hch_21:20; Luc_2:20+.

2:47 (b) La salvación en el Juicio está asegurada para los miembros de la comunidad cristiana, Hch_2:21+; ver Hch_13:48 y las epístolas paulinas. La Iglesia se identifica de este modo con el «Resto de Israel», Isa_4:3+. Ver Rom_9:27.