Hebreos 7 Biblia Jerusalén (1998) | 28 versitos |
1 En efecto, este Melquisedec, rey de Salem, sacerdote del Dios Altísimo, que salió al encuentro de Abrahán cuando regresaba de la derrota de los reyes, y le bendijo,
2 al cual dio Abrahán el diezmo de todo, y cuyo nombre significa, en primer lugar, "rey de justicia" y, además, rey de Salem, es decir, "rey de paz",
3 sin padre, ni madre, ni genealogía, sin comienzo de días, ni fin de vida, asemejado al Hijo de Dios, permanece sacerdote para siempre.
4 Mirad ahora cuán grande es éste, a quien el mismo Patriarca Abrahán dio el diezmo de lo mejor del botín.
5 Los hijos de Leví que reciben el sacerdocio tienen orden según la Ley de percibir el diezmo del pueblo, es decir, de sus hermanos, aunque también proceden éstos de la estirpe de Abrahán;
6 mas aquél, sin pertenecer a su genealogía, recibió el diezmo de Abrahán, y bendijo al depositario de las promesas.
7 Pues bien, es incuestionable que el inferior recibe la bendición del superior.
8 Y aquí, ciertamente, reciben el diezmo hombres mortales; pero allí, uno de quien se asegura que vive.
9 Y, por así decirlo, hasta el mismo Leví, que percibe los diezmos, los pagó en la persona de Abrahán,
10 pues ya estaba en las entrañas de su antepasado cuando Melquisedec le salió al encuentro.
11 Pues bien, si la perfección se alcanzara por el sacerdocio levítico - pues de él recibió el pueblo las leyes -, ¿qué necesidad había ya de que surgiera otro sacerdote a la manera de Melquisedec, y no "a la manera de Aarón"?
12 Porque, cambiado el sacerdocio, necesariamente se cambian las leyes.
13 Pues aquel de quien se dicen estas cosas, pertenece a una tribu, de la cual nadie sirvió al altar.
14 Y es bien manifiesto que nuestro Señor procede de Judá, una tribu que no menciona Moisés al hablar del sacerdocio.
15 Todo esto es mucho más evidente aún si surge otro sacerdote a la manera de Melquisedec,
16 que lo sea, no por ley de sucesión carnal, sino por la fuerza de una vida indestructible.
17 De hecho, está atestiguado: Tú eres sacerdote para la eternidad, a la manera de Melquisedec.
18 De este modo queda abrogado el precepto precedente, por razón de su ineficacia e inutilidad,
19 ya que la Ley no llevó nada a la perfección, como introducción a una esperanza mejor, por la cual nos acercamos a Dios.
20 Y, por cuanto no fue sin juramento - pues los otros fueron hechos sacerdotes sin juramento,
21 mientras éste lo fue bajo juramento por Aquel que le dijo: Juró el Señor y no volverá atrás: Tú eres sacerdote para la eternidad -
22 por eso, de una mejor alianza resultó fiador Jesús.
23 Además, aquellos sacerdotes fueron muchos, porque la muerte les impedía perdurar.
24 Pero éste posee un sacerdocio exclusivo porque permanece para la eternidad.
25 De ahí que pueda también salvar definitivamente a los que por él se llegan a Dios, ya que está siempre vivo para interceder en su favor.
26 Así es el sumo sacerdote que nos convenía: santo, inocente, incontaminado, apartado de los pecadores, encumbrado sobre los cielos,
27 que no tiene necesidad de ofrecer sacrificios cada día como aquellos sumos sacerdotes, primero por sus propios pecados, luego por los del pueblo; y esto lo realizó de una vez para siempre, ofreciéndose a sí mismo.
28 La Ley constituye sumos sacerdotes a hombres débiles; pero la palabra del juramento, posterior a la Ley, nombra a uno que es Hijo, perfecto para la eternidad.

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Introducción a Hebreos

EPÍSTOLA A LOS HEBREOS

Introducción
A diferencia de todas las anteriores, la autenticidad de la epístola a los Hebreos ha sido, desde antiguo, motivo de discusión. Rara vez se ha impugnado su canonicidad, pero la Iglesia de Occidente se negó a atribuírsela a Pablo hasta fines del siglo IV; y si bien la de Oriente aceptó esta atribución, no lo hizo sin reservas respecto de su forma literaria (Clemente de Alejandría, Orígenes). Y es que, en realidad, el lenguaje y el estilo de este escrito tienen una elegante pureza no habitual en San Pablo. No es suyo el modo de citar y utilizar el AT. Faltan el saludo y la introducción con que suele comenzar sus cartas.

Sin embargo resuena en ella el pensamiento paulino, sobre todo cuando desarrolla temas como la fe; la Ley antigua otorgada por mediación de ángeles, Heb_2:2; ver Gál_3:19+; la prevaricación de la generación salida de Egipto y que muere durante la travesía del desierto como una advertencia para los creyentes, 3:7-4:2; ver 1Co_10:1-3; los destinatarios, como niños que tienen necesidad de la leche materna, Heb_5:12; ver 1Co_3:1-13; 1Pe_2:2; Abrahán, modelo de la fe, Heb_6:12-15; Heb_11:19; ver Rom_4:17-21; la alianza del Sinaí, contrapuesta a la de la nueva Jerusalén, Heb_12:18-24; ver Gál_4:24-26, etc. El saludo final cita a Timoteo y el lenguaje del mismo recuerda a veces las epístolas pastorales y las de la cautividad.

Estas consideraciones han hecho pensar a muchos críticos católicos y protestantes en un redactor que avanza dentro de la línea paulina, sin llegar a la unanimidad a la hora de identificar a este autor anónimo. Se han propuesto diversos nombres, como Bernabé, Aristión, Silas, Apolo, Priscila, etc. Resulta más sencillo caracterizar su personalidad: es un judío de cultura helénica, familiarizado con el arte oratorio, preocupado por una interpretación puntual de los pasajes del AT que utiliza para apoyar su argumentación, y que cita normalmente según la versión de los LXX.

Tampoco hay datos que señalen el lugar y la fecha de composición, o los destinatarios. Parece que el escrito fue enviado desde Italia, Heb_13:24+ (pero la frase no es clara) y que fue redactado antes de la destrucción de Jerusalén. Aunque habla efectivamente de la liturgia veterotestamentaria como de una realidad actual, Heb_8:4 s; Heb_13:10, no alude nunca al Templo destruido por Tito en el 70 d. C., sino que se refiere siempre a la Tienda del desierto y a los textos que la describen, vigentes más allá de las vicisitudes históricas que afectaron al santuario. Incluso la resonancia de algunos pasajes de Heb_1:1-13 en la Primera Carta de Clemente —acéptese o no la hipótesis de un fondo común de las referencias bíblicas— no aporta ninguna utilidad, teniendo en cuenta las dificultades de datación para el escrito clementino. Hb alude luego a una persecución ya pasada, Heb_10:32-34, o a punto de terminar, Heb_13:3; pero estos indicios son demasiado endebles para fijar una fecha concreta. Por el contrario, un dato seguro es la distancia que media entre la predicación apostólica, Heb_2:3-4, y el primer anuncio recibido por los mismos destinatarios a través de los «guías» que tampoco son identificados, Heb_13:7+; ver Heb_10:32. Hb reserva el título de «apóstol» a Cristo, Heb_3:1+.

La principal preocupación del autor parece ser la de prevenir contra el peligro de la apostasía, Heb_6:4-8; Heb_10:19-39, y animar a los que tal vez añoraban el culto mosaico y el sesgo tranquilizante —incluso en el aspecto psicológico— de una religión oficial que las jóvenes comunidades cristianas no parecían compartir, Heb_13:9-10. Según esto podemos pensar que los destinatarios eran Hebreos convertidos que vivían en ambiente helénico, o bien gentiles fascinados por el culto hebreo, a semejanza de los lectores a los que se dirige Filón de Alejandría. Lo cierto es que se trataba de personas familiarizadas —a través de la catequesis o de la exégesis judía contemporánea— con cierta jerga técnica basada en la lectura de los LXX (ver Heb_5:10+; Heb_7:11), o también con algunas interpretaciones tradicionales, Heb_7:1-3+; Heb_11:17-19+. No se puede afirmar lo mismo en lo referente al Templo: las descripciones de lugares y ritos son abundantes, pero no siempre precisas, ver Heb_9:1-4+; Heb_13:21; Heb_10:11+.

Tampoco hay acuerdo sobre el género literario de Hb: ¿carta, discurso, tratado en forma epistolar? La epístola tiene, en realidad, la espontaneidad de un lenguaje hablado (p.e. Heb_2:5; Heb_7:4; Heb_9:5; Heb_11:32); pero con cortes súbitos, Heb_3:1; Heb_8:1; Heb_10:1; Heb_13:1, repeticiones, Heb_2:1-4 y Heb_12:25; Heb_2:17-18 y Heb_4:14-16; Heb_6:4-8 y Heb_10:26-31, y, sobre todo, retornos al tema principal después de largos intervalos, mal encajados dentro del contexto, Heb_4:4-16; Heb_5:9-10; Heb_6:20; Heb_8:1-2; Heb_9:11; Heb_10:19-23. Todo esto no cuadra bien con el género de una homilía que debía mantener atentos a los oyentes del principio al fin. Además, la disposición casi concéntrica de los temas cuadra menos con el género de un discurso: parece que se habla del sacerdocio y del sacrificio de Cristo en un pasaje central, 7:1-10:8; de la perseverancia en la fe, en dos pasajes simétricos, 3:1-4:14 y 10:19-12:13, enmarcados por dos discursos, uno sobre los ángeles, 1:5-2:18, y otro, que es una exhortación con rasgos apocalípticos, 12:14-13:19. ¡No habría oyente que lo siguiera!

De todos modos se pueden reconocer dos líneas de argumentación. La primera arranca de la exégesis cristológica del Sal 8 en Heb_2:5-8, se prolonga en Heb_5:1-10, para alcanzar su pleno desarrollo en Heb_7:1-28; Heb_10:1-18, enriquecido con una exhortación (Heb_10:26-36 y Heb_12:14-17), que concluye en Heb_13:20-21. Esta primera línea trata específicamente del sacerdocio de Cristo. La segunda línea desarrolla el tema de la fe, siguiendo el ejemplo del pueblo del Éxodo, y se reconoce principalmente en Heb_1:1-3; Heb_2:1-4; Heb_3:1-4, Heb_3:14; 10:36-12:3; Heb_12:18-25. En el desarrollo de este tema se concentran los rasgos más relevantes de inspiración paulina. La inserción (ver Heb_13:1+) de los capítulos 8 y 9, que interrumpe la secuencia entre Heb_7:28 y Heb_10:1+, (que contiene duplicados con Heb_10:1-18, relacionados con el tema de las repeticiones, aludidas anteriormente), puede considerarse como un desarrollo complementario de la primera línea de argumentación.

Estas dos homilías, escritas probablemente para ser pronunciadas, fueron fundidas en la última etapa redaccional en que se reagruparon las exhortaciones al final del texto. En esta etapa se intercalaron los cap. 8-9, las repeticiones, y la recapitulación de Heb_13:9-15. En realidad, cualquiera de estas subdivisiones tiene su punto de arbitrariedad; no obstante, se seguirá esta última en la presentación de la traducción del texto.

En la primera homilía, el autor concibe la revelación bíblica como un «continuum» (Heb_1:1-2) en cuatro tiempos: el tiempo de los Patriarcas y de las promesas (Heb_6:13-18); el tiempo de la Ley, «sombra» (Heb_8:5; Heb_10:1) y realización «carnal» (Heb_7:16); la renovación de las promesas por medio de David y los Profetas (Heb_4:7; Heb_7:28; Heb_8:7-13; la «imagen» de Heb_10:1); y finalmente la era escatológica, el «hoy» (Heb_4:7), inaugurado por Cristo, y en el que estamos también nosotros (Heb_11:39-40). El autor esboza las líneas de este tiempo a partir de una concepción del universo constituido en dos planos: los «eones», el universo inmanente que nosotros todavía no vemos sometido a Cristo (Heb_2:8), y el universo divino, fundamento de la realidad, según la mentalidad helenista y según algunas corrientes de la apocalíptica judía, en el que Jesús es situado como rey (Heb_1:6) y como sacerdote después de haber sido liberado del poder de la muerte (Heb_5:7; Heb_13:20). Una elaboración posterior (cap. 8-9) presenta el sacerdocio eterno de Cristo enlazado con el ofrecimiento de sí mismo realizado durante su vida. Esto le permite al creyente acercarse a Dios con plena confianza, sin mediación humana.

La vida del fiel, en realidad, debe ser considerada como un éxodo continuo hacia la patria prometida (Heb_4:1-6) que no puede identificarse con ningún lugar terrestre (Heb_4:8; Heb_11:13; Heb_13:14).

Esta afirmación, que no es intrascendente para los hebreos —incluso los helenizados— que están viviendo entre dos rebeliones judías (64-135 d. C.), debe integrarse con la idea de que la existencia terrestre, vivida en la obediencia a Cristo (Heb_5:9), precursor y guía de la salvación (Heb_6:20; Heb_2:10), es ella misma una liturgia (Heb_13:15-16).

Fuente: Nueva Biblia de Jerusalén (1998) - referencias, notas e introducciones a los libros

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Notas


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Gén_14:18+; Sal_110:4+

[2] Gén_14:17-20

NOTAS

7 Melquisedec, rey-sacerdote, es una figura profética de Cristo. El silencio insólito de la Escritura, Gen 14, sobre sus antepasados y sus descendientes, sugiere que el sacerdocio representado por él es eterno, vv. Heb_7:1-3, ver vv. Heb_7:15-17 y Sal_110:4+. La interpretación de Gen 14 según la cual fue Abrahán quien pagó el diezmo y no Melquisedec, ver Gén_14:21-24, era tradicional. Recibió el diezmo de Abrahán, Gén_14:20, porque era superior a él y más aún, a sus descendientes, los sacerdotes hijos de Leví, vv. Heb_7:4 s.



REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jua_7:27

[2] Heb_1:2+

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Gén_14:20

NOTAS

7:4 El diezmo pagado a los sacerdotes levíticos, Núm_18:25-32; ver Deu_14:22+, era a la vez el salario de su oficio cultual y el homenaje tributado a la eminente dignidad de su sacerdocio. Por tanto, si el mismo Leví pagó, en Abrahán, el diezmo a Melquisedec, fue porque Melquisedec prefiguraba un sacerdocio más elevado.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Deu_14:22+

NOTAS

7:8 Lit.: «que mueren». Parece que el autor interpreta en sentido profético y escatológico la frase de Núm_18:32 «y no moriréis». De Melquisedec el salmo dice que su sacerdocio permanece «para el eôn» (futuro) e. d.: la eternidad de Dios; esto es, pues, lo que realiza la promesa, ver v. Heb_7:23.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Gén_14:17

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Sal_110:4

NOTAS

7:11 (a) Ahora la argumentación se apoya principalmente en el Sal_110:4. Cuando este texto atribuye al Rey Mesías, que no es de ascendencia levítica, un sacerdocio eterno, «a la manera de Melquisedec», anuncia para los tiempos mesiánicos la sustitución del sacerdocio antiguo, considerado ya como inferior.

7:11 (b) Otra traducción: «a este respecto el pueblo ha recibido una ley». Esta inserción, el v. Heb_7:12 y el paréntesis del v. Heb_7:19 a, podría tener un origen redaccional: las tres frases hablan de la Ley y no de un mandato concreto.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Heb_8:6 s

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Heb_8:4

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Gén_49:10; Mat_1:1 s; Mat_2:6; Rom_1:3; Apo_5:5

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Rom_1:4+

NOTAS

7:16 La que reservaba el sacerdocio de Leví únicamente a su descendencia carnal, ver Núm_1:47; Núm_3:5; Deu_10:8; Deu_18:1; Deu_33:8.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Sal_110:4

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Rom_7:7+

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Heb_11:40

[2] Heb_10:19+

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Sal_110:4

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Heb_8:6-13

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Heb_10:19+; Apo_1:18; Heb_9:24; Rom_8:34; 1Jn_2:1

NOTAS

7:24 «Exclusivo», en el sentido de «inmutable» e «intransferible» (que no se transmite de unos a otros). Lo que se verifica en el eôn (eternidad), fuera de las leyes del tiempo, no requiere ni repetición de actos rituales ni dinastías que garanticen su continuidad. Como la que se refería al diezmo, Heb_7:8, así también la ley sobre la consagración garantizaba a los sacerdotes levíticos «para no morir», ver v. Heb_7:16; Lev_8:35.

NOTAS

7:25 Cristo sacerdote eterno ejerce en el cielo su oficio de mediador e intercesor, ver Rom_8:34; 1Jn_2:1. Su petición es análoga a la del Espíritu Santo que intercede ante Dios a favor de los santos, Rom_8:27.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Heb_3:1+

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Heb_9:25-28; Heb_10:11+

[2] Heb_5:3+

NOTAS

7:27 Esta eficacia absoluta y definitiva del sacrificio de Cristo queda especialmente subrayada por Hb: en este sacrificio único, Heb_10:12, Heb_10:14, realizado «de una vez para siempre», Heb_7:27; Heb_9:12, Heb_9:26, Heb_9:28; Heb_10:10; ver Rom_6:10; 1Pe_3:18, se contrapone a los sacrificios de la antigua alianza, indefinidamente repetidos porque eran incapaces de procurar la salvación. Lo esencial en el sacrificio no es la muerte de la víctima o la consunción de las ofrendas, sino la aceptación por parte de Dios, Gál_4:4; ofreciéndose a sí mismo, Cristo ha sido acogido en el eôn divino, donde cada acto cobra un valor eterno.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Heb_5:9+