Ezequiel  27 Biblia de Jerusalen (Desclee, 2009) | 36 versitos |
1 Yahvé me dirigió su palabra en estos términos:
2 «Y tú, hijo de hombre, entona una elegía sobre Tiro.
3 Dirás a Tiro, la ciudad asentada a la entrada del mar, centro del tráfico de los pueblos hacia islas sin cuento: Esto dice el Señor Yahvé: Tiro, tú decías: ‘Yo soy un navío* de perfecta hermosura’.
4 En el corazón de los mares estaban tus fronteras. Tus constructores hicieron perfecta tu hermosura.
5 Con cipreses de Senir* construyeron todas tus planchas. Del Líbano tomaron un cedro para erigirte un mástil.
6 De las encinas de Basán fabricaron tus remos. El puente lo construyeron de marfil incrustado en cedro de las islas de Quitín*.
7 Tu vela, de lino egipcio recamado, te servía de enseña. Púrpura y escarlata de las islas de Elisá formaban tu toldo.
8 Los habitantes de Sidón y de Arvad* eran tus remeros. Tus sabios, que iban a bordo, servían como timoneles.
9 Llevabas a los ancianos de Guebal*, cuyos expertos reparaban tus averías. Contabas con todas las naves* del mar y sus marineros, para asegurar tu comercio.
10 Los de Persia, Lud y Put servían en tu ejército como soldados; colgaban en ti sus escudos y yelmos, y así te daban esplendor.
11 Los hijos de Arvad, con tu ejército, guarnecían por todas partes tus murallas, y los gamadeos tus torres. Colgaban sus escudos en torno a tus murallas y hacían perfecta tu hermosura.
12 Tarsis era cliente tuya, debido a la abundancia de tus riquezas; a cambio te daba plata, hierro, estaño y plomo.
13 También Yaván, Túbal y Mésec* traficaban contigo, y te daban a cambio hombres y utensilios de bronce.
14 Los de Bet Togarmá* daban por tus mercancías caballos de tiro y de silla, y mulos.
15 Los hijos de Rodán* traficaban también contigo; numerosas islas eran clientes tuyas, que te pagaban con colmillos de marfil y madera de ébano.
16 La abundancia de tus productos atraía asimismo a Edom*, que, a cambio de tus mercancías, te daba malaquita, púrpura, recamados, batista, coral y rubíes.
17 Judá y la tierra de Israel traficaban también contigo: te daban a cambio trigo de Minit, pannag*, miel, aceite y resina.
18 La abundancia de tus productos atraía igualmente a Damasco; debido a la abundancia de tus riquezas, te proveía de vino de Jelbón y lana de Sajar*.
19 Dan y Yaván, desde Uzal*, daban por tus mercancías hierro forjado, canela y caña.
20 Dedán traficaba contigo en sillas de montar.
21 Arabia y todos los príncipes de Quedar eran también tus clientes: pagaban con corderos, carneros y machos cabríos.
22 Los mercaderes de Sabá y de Ramá traficaban también contigo; a cambio de tus mercancías te daban aromas de primera calidad y toda clase de piedras preciosas y oro.
23 Jarán, Cané y Edén, los mercaderes de Sabá, de Asiria y de Quilmad* traficaban contigo;
24 traían a tu mercado vestidos de lujo, mantos de púrpura y brocado, tapices multicolores y maromas trenzadas.
25 Las naves de Tarsis formaban tu flota comercial. Pero estabas repleta y pesada* en el corazón de los mares.
26 A alta mar te condujeron los que a remo te llevaban. El viento de oriente te ha quebrado en el corazón de los mares.
27 Tus riquezas, mercancías y fletes, tus marineros y timoneles, tus calafates y agentes comerciales, todos los guerreros que llevas, toda la tripulación que transportas, se hundirán en el corazón de los mares el día en que naufragues.
28 Al oír los gritos de tus marinos, se asustarán las costas;
29 entonces desembarcarán de sus naves todos los remeros; los marineros, todos los hombres de mar, se quedarán en tierra.
30 Lanzarán gritos por ti, gemirán amargamente; se echarán polvo en la cabeza, se revolcarán en la ceniza;
31 se raparán el pelo por tu causa, se ceñirán de sayal. Llorarán por ti, repletos de amargura; su lamento será amargo.
32 Entonarán por ti, en su duelo, una elegía; se lamentarán así por ti: «¿Quién era semejante a Tiro* en medio del mar?
33 Cuando tus mercancías se desembarcaban, saciabas a muchos pueblos; con la abundancia de tus riquezas y productos enriquecías a los reyes de la tierra.
34 Mas ahora estás ahí, quebrada por las olas, en las profundidades del mar. Tu carga y toda tu tripulación se han hundido contigo.
35 Todos los habitantes de las islas están pasmados por tu causa. Sus reyes están estremecidos de terror, tienen el rostro descompuesto.
36 Los mercaderes de los pueblos silban asombrados por ti, porque te has convertido en objeto de espanto, y has desaparecido para siempre.»

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Introducción a Ezequiel 

Ezequiel.
A diferencia del libro de Jeremías, el de Ezequiel se presenta como un todo bien ordenado. Después de una introducción, 1-3, donde el profeta recibe de Yahvé su misión, el cuerpo del libro se divide claramente en cuatro partes: 1º Los caps. 4-24 contienen casi exclusivamente reproches y amenazas contra los israelitas antes del asedio de Jerusalén; 2º, los caps. 25-32 son oráculos contra las naciones, donde el profeta hace extensiva la maldición divina a los cómplices y a los provocadores de la nación infiel; 3º, en los caps. 33-39, durante y después del asedio, el profeta consuela a su pueblo prometiéndole un porvenir mejor; 4º, prevé, en fin, caps. 40-48, el estatuto político y religioso de la comunidad futura, restablecida en Palestina.

Sin embargo, esta composición tan lógica encubre grandes fallas. Hay muchos duplicados, por ejemplo, Eze_3:17-21 = Eze_33:7-9; Eze_18:25-29 = Eze_33:17-20, etc. Las indicaciones acerca de la mudez con que Dios hiere a Ezequiel, Eze_3:26; Eze_24:27; Eze_33:22, están separadas por largos discursos. La visión del carro divino, 1:4-3:15, queda interrumpida por la visión del libro, 2:1-3:9. Igualmente la descripción de los pecados de Jerusalén, Eze_11:1-21, es continuación del cap. 8 y corta abiertamente el relato de la partida del carro divino que, de Eze_10:22 pasa a Eze_11:22. Los datos que se dan en los caps. 26-33 no se suceden en orden. Tales fallas son difícilmente imputables a un autor que escribe su obra de una vez. Es mucho más probable que se deban a discípulos que trabajaron valiéndose de escritos o recuerdos, combinándolos y completándolos. Así pues, el libro de Ezequiel ha corrido, en cierto modo, la suerte de los demás libros proféticos. Pero la igualdad de forma y de doctrina nos garantiza que esos discípulos nos han conservado fielmente el pensamiento y, en general, hasta las palabras de su maestro. Su trabajo redaccional resulta perceptible en la última parte del libro, 40-48, cuyo núcleo, sin embargo, se remonta al propio Ezequiel.

Según el libro en su estado actual, el profeta ejerció toda su actividad con los desterrados de Babilonia entre los años 593 y 571, fechas extremas que da el texto, Eze_1:2 y Eze_29:17. Ha llamado la atención el que, en estas condiciones, los oráculos de la primera parte parezcan dirigidos a los habitantes de Jerusalén, y que, en ocasiones, Ezequiel parezca hallarse corporalmente presente en la ciudad, ver en especial Eze_11:13. En vista de ello se ha emitido la hipótesis de un doble ministerio de Ezequiel: se habría quedado en Palestina, donde habría predicado hasta la ruina de Jerusalén el 587. Sólo entonces se habría unido a los cautivos de Babilonia. La visión del rollo en 2:1-3:9 señalaría la vocación del profeta en Palestina; la del carro divino, Eze_1:4-28 y Eze_3:10-15, indicaría su llegada junto a los desterrados. El traslado de esta visión al comienzo del libro habría cambiado toda su perspectiva. Esta hipótesis sirve para responder a algunas dificultades, pero plantea otras. Supone serias modificaciones del texto, tiene que admitir que, aun durante su ministerio «palestinense», Ezequiel vivía de ordinario fuera de la ciudad, puesto que se le «traslada» a ella, Eze_8:3, y resulta curioso que, si Ezequiel y Jeremías predicaron a la vez en Jerusalén, ninguno de ellos aluda al ministerio de su colega. Por otra parte, las dificultades de la tesis tradicional no son insuperables: las censuras dirigidas a la gente de Jerusalén servían de lección a los desterrados y, cuando Ezequiel parece hallarse en la Ciudad Santa, el texto dice expresamente que ha sido trasladado a ella «en visión», Eze_8:3, como también ha sido devuelto «en visión», Eze_11:24. La hipótesis de un doble ministerio conserva pocos partidarios.

Sea cual fuere la solución adoptada, es una misma la gran personalidad que se nos muestra en el libro. Ezequiel es un sacerdote, Eze_1:3. Su mayor preocupación la constituye el Templo, trátese del Templo presente que está manchado de ritos impuros, 8, y al que abandona la gloria de Yahvé, 10, o del Templo futuro, cuyo diseño describe minuciosamente, 40-42, y adonde ve regresar a Yahvé, 43. Guarda el culto de la Ley, y al hacer historia de las infidelidades de Israel, 20, repite como un estribillo el reproche de haber «profanado los sábados». Tiene horror a las impurezas legales, Eze_4:14, y una gran preocupación por separar lo sagrado de lo profano, Eze_45:1-6. Como sacerdote que era, resolvía casos de derecho o de moral, y por esta razón su enseñanza adquiere un tono casuístico, 18. Su pensamiento y su vocabulario son afines a la Ley de Santidad, Lv 17-26. Sin embargo, no se puede demostrar que se haya inspirado en ella ni que la Ley de Santidad dependa de él, y las conexiones más llamativas se encuentran en pasajes redaccionales. Queda el hecho de que los dos conjuntos han sido transmitidos en ambientes de pensamiento muy afines. La obra de Ezequiel se integra en la corriente «sacerdotal», como la de Jeremías pertenecía a la corriente «deuteronomista».

Pero este sacerdote es también un activo profeta. Más que ningún otro, ha multiplicado las acciones simbólicas. Remeda con gestos el asedio de Jerusalén, 4:1-5:4, la salida de los emigrantes, Eze_12:1-7, al rey de Babilonia en la encrucijada, Eze_21:23 s, la unión de Judá e Israel, Eze_37:15 s. Hasta en las pruebas personales que Dios le envía, él mismo es una «señal» para Israel, Eze_24:24, como lo habían sido Oseas, Isaías y Jeremías. Pero la complejidad de sus acciones simbólicas contrasta con la simplicidad de gestos de sus predecesores.

Ezequiel es sobre todo un visionario. Su libro no contiene más que cuatro visiones propiamente dichas, pero ocupan un espacio considerable: 1-3; 8-11; 37; 40-48. Descubren un mundo fantástico: los cuatro animales del carro de Yahvé, la zarabanda cultual del Templo con el rebullicio de ganado y de ídolos, la llanura de los huesos que se reaniman, un Templo futuro dibujado como en el plano de un arquitecto, y de donde brota un río de ensueño en una geografía utópica. Este poder de imaginación se extiende a los cuadros alegóricos que pinta el profeta: las dos hermanas Oholá y Oholibá, 23, el Naufragio de Tiro, 27, el Faraón-Cocodrilo, 29 y 32, el Árbol Gigante, 31, la Bajada a los Infiernos, 32.

En contraste con esta potencia visual, y quizá como precio de la misma, como si la intensidad de las imágenes ahogara la expresión, el estilo de Ezequiel es monótono y gris, frío y diluido, de una pobreza extraña si se le compara con el de los grandes clásicos, con la vigorosa pureza de Isaías, o con el calor emocionado de Jeremías. El arte de Ezequiel se hace valer por sus dimensiones y su relieve, que crean como una atmósfera de horror sagrado ante el misterio de lo divino.

Se puede así deducir que, a pesar de estár unido a sus predecesores por muchos rasgos, Ezequiel abre un camino nuevo. Y esto es también verdad respecto de su doctrina. Ezequiel rompe con el pasado de su nación. El recuerdo de las promesas hechas a los Padres y de la Alianza concluida en el Sinaí aparece esporádicamente, pero si Dios ha salvado hasta el presente a su pueblo manchado desde su nacimiento, Eze_16:3 s, no lo ha hecho por cumplir las promesas, sino para defender la honra de su nombre, 20; si ha de sustituir la Alianza antigua con una Alianza eterna, Eze_16:60; Eze_37:26 s, no lo hará en premio de una «vuelta» del pueblo hacia él, sino por pura benevolencia, diríamos que por una gracia preveniente, y el arrepentimiento vendrá después, Eze_16:62-63. El mesianismo de Ezequiel, poco explícito por lo demás, ya no es regio y glorioso: cierto que anuncia a un futuro David, pero éste no será más que el «pastor» de su pueblo, Eze_34:23; Eze_37:24, un «príncipe», Eze_24:24, y no un rey, pues para reyes no hay lugar en la visión teocrática del futuro, Eze_45:7 s. Rompe con la tradición de la solidaridad en el castigo y afirma el principio de la retribución individual, 18; ver 33. Solución teológica provisional que, desmentida muy a menudo por los hechos, llevará poco a poco a la idea de una retribución de ultratumba. Aunque Ezequiel era un sacerdote muy vinculado al Templo, rompe, como ya lo había hecho Jeremías, con la idea de que Dios esté ligado a su santuario. En Ezequiel se concilian el espíritu profético y el espíritu sacerdotal que tantas veces habían sido opuestos: los ritos —que subsisten— cobran su valor de los sentimientos que los inspiran. Toda la doctrina de Ezequiel se centra en la renovación interior: hay que hacerse un corazón nuevo y un espíritu nuevo, Eze_18:31, o mejor, Dios mismo dará «otro» corazón, un corazón «nuevo» y pondrá en el hombre un espíritu «nuevo», Eze_11:19; Eze_36:26. Como en el caso de la benevolencia divina que previene el arrepentimiento, nos hallamos también aquí en el umbral de la teología de la gracia, que desarrollarán San Juan y San Pablo.

Esta espiritualización de todos los datos religiosos es la gran aportación de Ezequiel. Cuando se le llama padre del Judaísmo, suele alegarse a menudo su afán de separación de lo profano, de pureza legal, sus minucias rituales, y se piensa en los fariseos. Esto es totalmente injusto: Ezequiel, tanto como Jeremías, aunque de otra manera, da origen a esa corriente espiritual muy pura que, pasando por el Judaísmo, desemboca en el Nuevo Testamento. Jesús es el Buen Pastor que Ezequiel había anunciado, y Jesús es quien ha inaugurado el culto en espíritu que el profeta había exigido.

Bajo otro aspecto, Ezequiel da comienzo a la corriente apocalíptica. Sus grandiosas visiones anuncian ya las de Daniel, y no es nada extraño que en el Apocalipsis de San Juan encontremos tan a menudo su influencia.

Fuente: Nueva Biblia de Jerusalén (1998) - referencias, notas e introducciones a los libros

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Notas

Ezequiel  27,1
NOTAS

27 Esta descripción simbólica de un naufragio utiliza un vocabulario técnico cuya traducción es a veces dudosa.


Ezequiel  27,3
NOTAS

27:3 «Yo soy un navío» 'oniyyah 'anî conj.; «yo soy» 'anî hebr.

Ezequiel  27,5
NOTAS

27:5 Nombre amorreo del Hermón.

Ezequiel  27,6
NOTAS

27:6 «en cedro» bite'assurîm Targ.; «hija de los asirios» bat 'asurîm hebr. -Quitín designa aquí no sólo a los habitantes de Chipre, sino también a los de las demás islas y costas del Mediterráneo.

Ezequiel  27,8
NOTAS

27:8 Estas dos ciudades de la costa fenicia reconocían en mayor o menor grado la supremacía económica de Tiro.

Ezequiel  27,9
NOTAS

27:9 (a) Se trata de Biblos, otra ciudad fenicia.

27:9 (b) El poema se interrumpe aquí con una detallada enumeración de las relaciones comerciales de Tiro, que no forma parte del oráculo primitivo.

Ezequiel  27,10
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jer_46:9+

Ezequiel  27,11
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Isa_23:1+

Ezequiel  27,13
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Eze_38:2

NOTAS

27:13 Yaván, es decir Jonia, designa a los griegos o incluso a los occidentales en general. Sobre Túbal y Mésec, ver Eze_38:2+.

Ezequiel  27,14
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Eze_38:6

NOTAS

27:14 Probablemente Armenia, ver Eze_38:6.

Ezequiel  27,15
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Eze_25:13

NOTAS

27:15 «Rodán» griego; «Dedán» hebr., ver Eze_27:20. Serían los habitantes de Rodas, los «rodanim» de 1Cr_1:7. La misma corrección es quizás aplicable a los «dodanim» de Gén_10:4.

Ezequiel  27,16
NOTAS

27:16 «Edom» versiones; «Aram» hebr.

Ezequiel  27,17
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Jue_11:33

NOTAS

27:17 «pannag»: palabra desconocida, tal vez una especie de galleta. Para otros, mijo (según sir.) o bálsamo (Vulg.). -Minit es una localidad del país de Amón.

Ezequiel  27,18
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Ose_14:8 [Ose_14:7]

NOTAS

27:18 El vino de Jelbón, al norte de Damasco, era famoso, los documentos asirios lo mencionan. -Sajar es desconocido, y tal vez no es un nombre de lugar; se ha propuesto entender «lana cruda».

Ezequiel  27,19
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Gén_10:27; Eze_25:13

NOTAS

27:19 Tribu árabe, como Sabá y Ramá, Eze_27:22-23, ver Gén_10:27; 1Re_10:1+, pero cuyo nombre parece representar aquí a una región. -Dan y Yaván resultan extraños aquí: Yaván ha sido ya mencionado, Eze_27:13, y a Dan, tribu de Israel, no hay razón para citarla aparte, ver Eze_27:17. Se trata tal vez de tribus árabes (por lo demás desconocidas) próximas a Uzal. Sin embargo el texto está aquí corrompido y algunos proponen leer, suprimiendo «Dan» (que falta en el griego) y corrigiendo Yavân en yayin: «(te proveían...) de vino a Uzal».

Ezequiel  27,22
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 1Re_10:1+; Gén_10:7

Ezequiel  27,23
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Gén_11:31; Gén_12:5

NOTAS

27:23 Jarán se halla en el alto Éufrates. Cané y Edén parecen corresponder a Kannu y Bit Adini de los textos asirios, ciudades del medio Éufrates. Sabá, ver 1Re_10:1+. Quilmad es una ciudad desconocida, probablemente próxima a Asiria.

Ezequiel  27,25
NOTAS

27:25 Se puede entender también «rica y gloriosa», pero parece que el profeta trata de sugerir al mismo tiempo la abundancia del cargamento de este espléndido navío y su próximo naufragio.

Ezequiel  27,30
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Apo_18:19

Ezequiel  27,32
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Apo_18:18

NOTAS

27:32 «semejante (a Tiro)» versiones; «(como Tiro) la silenciosa» (?) hebr.

Ezequiel  27,33
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Apo_18:19