Romanos  7 Biblia Jerusalén (1998) | 25 versitos |
1 ¿O es que ignoráis, hermanos, - hablo a quienes entienden de leyes - que la ley no domina sobre el hombre sino mientras vive?
2 Así, la mujer casada está obligada por la ley a su marido mientras éste vive; mas, una vez muerto el marido, se ve libre de la ley del marido.
3 Por eso, mientras vive el marido, será llamada adúltera si se une a otro hombre; pero si muere el marido, queda libre de la ley, de forma que no es adúltera si se une a otro.
4 Así pues, hermanos míos, también vosotros quedasteis muertos respecto de la ley por el cuerpo de Cristo, para pertenecer a otro: a aquel que resucitó de entre los muertos, a fin de que diéramos frutos para Dios.
5 Porque, cuando estábamos en la carne, las pasiones pecaminosas, excitadas por la ley, actuaban en nuestros miembros, a fin de que produjéramos frutos de muerte.
6 Mas, al presente, hemos quedado emancipados de la ley, muertos a aquello que nos tenía aprisionados, de modo que sirvamos según un espíritu nuevo y no según un código anticuado. B. EL HOMBRE PECADOR FUERA DE CRISTO
7 ¿Qué decir, entonces? ¿Que la ley es pecado? ¡De ningún modo! Sin embargo yo no conocí el pecado sino por la ley. De suerte que yo hubiera ignorado la concupiscencia si la ley no dijera: ¡No te des a la concupiscencia!
8 Mas el pecado, aprovechándose del precepto, suscitó en mí toda suerte de concupiscencias; pues sin ley el pecado estaba muerto.
9 ¡Vivía yo un tiempo sin ley!, pero en cuanto sobrevino el precepto, revivió el pecado,
10 y yo morí; y resultó que el precepto, dado para vida, me causó muerte.
11 Porque el pecado, aprovechándose del precepto, me sedujo, y por él, me dio muerte.
12 Así que, la ley es santa, y santo el precepto, y justo y bueno.
13 Luego ¿se ha convertido lo bueno en muerte para mí? ¡De ningún modo! Sino que el pecado, para aparecer como tal, se sirvió de una cosa buena, para procurarme la muerte, a fin de que el pecado ejerciera todo su poder de pecado por medio del precepto.
14 Sabemos, en efecto, que la ley es espiritual, mas yo soy de carne, vendido al poder del pecado.
15 Realmente, mi proceder no lo comprendo; pues no hago lo que quiero, sino que hago lo que aborrezco.
16 Y, si hago lo que no quiero, estoy de acuerdo con la Ley en que es buena;
17 en realidad, ya no soy yo quien obra, sino el pecado que habita en mí.
18 Pues bien sé yo que nada bueno habita en mí, es decir, en mi carne; en efecto, querer el bien lo tengo a mi alcance, mas no el realizarlo,
19 puesto que no hago el bien que quiero, sino que obro el mal que no quiero.
20 Y, si hago lo que no quiero, no soy yo quien lo obra, sino el pecado que habita en mí.
21 Descubro, pues, esta ley: aunque quiera hacer el bien, es el mal el que se me presenta.
22 Pues me complazco en la ley de Dios según el hombre interior,
23 pero advierto otra ley en mis miembros que lucha contra la ley de mi razón y me esclaviza a la ley del pecado que está en mis miembros.
24 ¡Pobre de mí! ¿Quién me librará de este cuerpo que me lleva a la muerte?
25 ¡Gracias sean dadas a Dios por Jesucristo nuestro Señor! Así pues, soy yo mismo quien con la razón sirvo a la ley de Dios, mas con la carne, a la ley del pecado. C. LA VIDA DEL CREYENTE EN EL ESPÍRITU

Patrocinio

 
 

Introducción a Romanos 

EPÍSTOLAS DE SAN PABLO

Introducción

Datos biográficos.
A San Pablo le conocemos mejor que a ninguna otra personalidad del NT por sus Espístolas y por los Hechos de los Apóstoles, dos fuentes independientes que se confirman y se completan, a pesar de algunas divergencias de detalle. Algunos sincronismos con sucesos históricos conocidos —sobre todo el proconsulado de Galión en Corinto, Hch_18:12- permiten además fijar algunas fechas y establecer así una cronología relativamente exacta de la vida del Apóstol.

Nacido en Tarso de Cilicia, Hch_9:11; Hch_21:39; Hch_22:3, en los inicios de nuestra era, Flm_1:9, de una familia judía de la tribu de Benjamín, Rom_11:1; Flp_3:5, pero al mismo tiempo ciudadano romano, Hch_16:37 s; Hch_22:25-28; Hch_23:27, ya desde su juventud recibió de Gamaliel, en Jerusalén, una profunda educación religiosa según las doctrinas fariseas, Hch_22:3; Hch_26:4 s; Gál_1:14; Flp_3:5. Encarnizado perseguidor, en un principio, de la naciente Iglesia cristiana, Hch_22:4 s; Hch_26:9-12; Gál_1:13, sufrió un brusco cambio en el camino de Damasco, por la aparición de Jesús resucitado, que le manifestó la verdad de la fe cristiana y le dio a conocer su misión especial de Apóstol de los gentiles, Hch_9:3-19 p; Gál_1:12, Gál_1:15 s; Efe_3:2 s. Desde aquel momento (hacia el año 33) dedica toda su vida activa al servicio de Cristo que le había «alcanzado», Flp_3:12. Después de permanecer en Arabia y de volver a Damasco, Gál_1:17, donde ya predica, Hch_9:20, sube a Jerusalén hacia el año 37, Gál_1:18; Hch_9:26-29, luego se retira a Siria-Cilicia, Gál_1:21; Hch_9:30, de allí le lleva consigo Bernabé a Antioquía, convertido en colaborador suyo, Hch_11:25 s; ver ya Hch_9:27. En una primera misión apostólica, al principio de los años 40, anuncia el Evangelio en Chipre, Panfilia, Pisidia y Licaonia, Hch 13-14; según San Lucas, a partir de este momento utiliza el nombre romano de Pablo con preferencia al nombre judío Saulo, Hch_13:9, y empieza a destacar sobre su compañero Bernabé por la excelencia de su predicación, Hch_14:12. En su segundo viaje misionero, Hch 15:36-18:22, entre los años 47 y 51, llega a Europa. En el verano del 51 se encuentra en Corinto con Galión; después sube a Jerusalén para intervenir en la asamblea apostólica. En aquella asamblea, y, por influencia suya, se admite que la Ley judía no obliga a los cristianos convertidos del paganismo, Hch 15; Gál_2:3-6; al mismo tiempo se reconoce oficialmente su misión de Apóstol de los gentiles, Gál_2:7-9, y vuelve a partir para nuevos viajes apostólicos. El segundo, Hch 15:36-18:22, y el tercero, Hch 18:23-21:17, ocupan, respectivamente, los años 50-52 y 53-58. Volveremos a tratar de ellos al situar las diversas epístolas que los jalonan. Es detenido en Jerusalén el 58, Hch 21:27-23:22, y mantenido en prisión en Cesarea de Palestina hasta el 60, Hch 23:23-26:32. En el otoño del 60, el procurador Festo lo remite con escolta a Roma, Hch 27:1-28:16, donde Pablo permanece dos años, Hch_28:30, del 61 al 63. Estos son los datos seguros sobre la vida de Pablo. Tradiciones antiguas, apoyadas en parte por las Epístolas pastorales (cuyo valor histórico se comenta más adelante), afirman que, dos años después, el proceso fue sobreseído por falta de pruebas y que Pablo pudo viajar de nuevo hacia el Este —o quizá pudo cumplir su deseo de ir a España, Rom_15:24, Rom_15:28. Un nuevo cautiverio en Roma, atestiguado por la tradición, culminó con el martirio de Pablo, entre los años 64 y 68.

Personalidad de Pablo.
Las Epístolas y los Hechos también nos pintan un impresionante retrato de la personalidad del Apóstol.

Pablo es un apasionado, un alma de fuego que se entrega sin medida a un ideal. Y este ideal es esencialmente religioso. Dios es todo para él, y a Dios sirve con una lealtad absoluta, primero persiguiendo a los que considera herejes, Gál_1:13; ver Hch_24:5, Hch_24:14, luego predicando a Cristo, cuando, por revelación, ha comprendido que sólo en él está la salvación. Este celo incondicional se traduce en una vida de entrega total al servicio de Aquél a quien ama. Trabajos, fatigas, padecimientos, privaciones, peligros de muerte, 1Co_4:9-13; 2Co_4:8 s; 2Co_6:4-10; 2Co_11:23-27, nada cuenta a sus ojos con tal de cumplir la tarea de que se siente responsable, 1Co_9:16 s. Nada de eso puede separarle del amor de Dios y de Cristo, Rom_8:35-39; o mejor, todo eso es de gran valor porque le configura con la Pasión y la Cruz de su Maestro, 2Co_4:10 s; Flp_3:10 s. El sentimiento de su singular elección suscita en él inmensas aspiraciones. Cuando confiesa su solicitud por todas las iglesias, 2Co_11:28; ver Col_1:24, cuando afirma haber trabajado más que los demás, 1Co_15:10; ver 2Co_11:5, cuando pide a sus fieles que le imiten, 1Co_11:1+, no lo hace por arrogancia; más bien se trata de la legítima y humilde satisfacción de un santo, que se reconoce como el último de todos, ya que fue perseguidor, 1Co_15:9; Efe_3:8; y sólo a la gracia de Dios atribuye las grandes cosas que se realizan por su intervención, 1Co_15:10; 2Co_4:7 : Flp_4:13; Col_1:29; Efe_3:7.

El fuego de su sensible corazón queda bien patente en sus sentimientos para con sus fieles. Lleno de confiado abandono con los de Filipos, Flp_1:7 s; Flp_4:10-20, sufre un acceso de indignación cuando los de Galacia se disponen a traicionar su fe, Gál_1:6; Gál_3:1-3; y experimenta una dolorosa contrariedad ante la inconstancia vanidosa de los de Corinto, 2Co 12:11-13:10. Sabe manejar la ironía para fustigar a los inconstantes, 1Co_4:8; 2Co_11:7; 2Co_12:13, e incluso los reproches severos, Gál_3:1-3; Gál_4:11; 1Co_3:1-3; 1Co_5:1-2; 1Co_6:5; 1Co_11:17-22; 2Co_11:3 s. Pero es por su bien, 2Co_7:8-13. Y no tarda en suavizar sus reprensiones con acentos de conmovedora ternura, 2Co_11:1-2; 2Co_12:14 s: ¿no es acaso su único padre, 1Co_4:14 s; 2Co_6:13; ver 1Ts_2:11; Flm_1:10, su madre, 1Ts_2:7; Gál_4:19? ¡Que se reanuden, pues, las buenas relaciones de antes, Gál_4:12-20; 2Co_7:11-13!

En realidad, no les acusa tanto a ellos, cuanto a los adversarios que tratan de seducirles: esos cristianos judaizantes que quieren someter a sus convertidos al yugo de la Ley, Gál_1:7; Gál_2:4, Gál_6:12 s. Ningún miramiento con ellos, 1Ts_2:15 s; Gál_5:12; Flp_3:2. A sus pretensiones, orgullosas y carnales, opone el auténtico poder espiritual que se manifiesta en su débil persona, 2Co 10:1-12:12, y la sinceridad de su desinterés demuestra Hch_18:3+. Se ha afirmado que sus rivales eran los grandes apóstoles de Jerusalén. No hay nada que lo pruebe; más bien se trata de judeo-cristianos integristas que decían apoyarse en Pedro, 1Co_1:12, y en Santiago, Gál_2:12, para destruir el prestigio de Pablo. En realidad, él siempre respeta la autoridad de los verdaderos apóstoles, Gál_1:18; Gál_2:2, sin dejar de sostener la igualdad de su título como testigo de Cristo, Gál_1:11 s: 1Co_9:1; 1Co_15:8-11; y si bien resiste al mismo Pedro en un punto particular, Gál_2:11-14, sabe también mostrarse conciliador, Hch_21:18-26, y pone su mayor esmero en la colecta a favor de los pobres de Jerusalén, Gál_2:10, colecta que considera como la prenda mejor de la unión entre los cristianos de la gentilidad y los de la iglesia madre, 2Co_8:14; 2Co_9:12-13; Rom_15:26 s.

Predicación de Pablo.
Su predicación es ante todo el «kerygma» apostólico, Hch_2:22+, proclamación de Cristo crucificado y resucitado conforme a las Escrituras, 1Co_2:2; 1Co_15:3-4; Gál_3:1. «Su» evangelio, Rom_2:16; Rom_16:25, no es cosa suya; es el evangelio de la fe común, Gál_1:6-9; Gál_2:2; Col_1:5-7, sólo que con una aplicación especial a la conversión de los gentiles, Gál_1:16; Gál_2:7-9, en la línea universalista inaugurada en Antioquía. Pablo se siente solidario de las tradiciones apostólicas; las cita cuando se le presenta la ocasión, 1Co_11:23-25; 1Co_15:3-7, las supone siempre, y ciertamente les debe mucho. Parece no haber visto en vida a Cristo, ver 2Co_5:16+, pero conoce sus enseñanzas, 1Co_7:10 s; 1Co_9:14. Además, es también un testigo directo, y su irresistible convicción se apoya en una experiencia personal: porque también él ha «visto» a Cristo, 1Co_9:1; 1Co_15:8. Ha sido favorecido con revelaciones y éxtasis, 2Co_12:1-4. Lo que ha recibido de la tradición, puede también atribuirlo y con entera verdad a las comunicaciones directas del Señor, Gál_1:12; 1Co_11:23.

Se ha querido atribuir estos fenómenos místicos a un temperamento exaltado y enfermizo. Pero sin fundamento alguno. La enfermedad que le detuvo en Galacia, Gál_4:13-15, sólo parece haber sido un ataque de paludismo; y «el aguijón de la carne», 2Co_12:7, pudo ser muy bien la oposición en el seno de sus comunidades. No era hombre imaginativo, a juzgar por las imágenes que emplea, pocas y corrientes: el estadio, 1Co_9:24-27; Flp_3:12-14; 2Tm_4:7 s, el mar, Efe_4:14, la agricultura, 1Co_3:6-8, y la construcción, 1Co_3:10-17; Rom_15:20; Efe_2:20-22, dos temas que fácilmente asocia y combina, 1Co_3:9; Col_2:7; Efe_3:17; ver Col_2:19; Efe_4:16. Es más bien un cerebral. A un corazón ardiente se une en él una inteligencia lúcida, lógica, exigente, solícita por exponer la fe según las necesidades de sus oyentes. A esto se deben las admirables exposiciones teológicas de que rodea al Kerygma según las circunstancias. Cierto que esa lógica no es la nuestra. Pablo argumenta en ocasiones como rabino, según los métodos exegéticos recibidos de su ambiente y de su educación (por ejemplo, Gál_3:16; Gál_4:21-31). Pero su genio hace saltar los límites de aquella herencia tradicional, y hace pasar una doctrina profunda a través de canales un tanto anticuados para nosotros.

Por otra parte, este semita también posee una cultura griega aceptable, recibida quizá desde su infancia en Tarso, enriquecida por reiterados contactos con el mundo grecorromano. Esta influencia se refleja en su modo de pensar lo mismo que en su lenguaje y en su estilo. Cita autores clásicos si la ocasión se presenta, 1Co_15:33, y conoce ciertamente la filosofía popular basada en el estoicismo. Debe a la «diatriba» cínico-estoica su estilo de razonamiento riguroso por medio de breves preguntas y respuestas, Rom_3:1-9, Rom_3:27-31, o sus amplificaciones por acumulación retórica, 2Co_6:4-10; y cuando por el contrario emplea frases largas y recargadas, donde las proposiciones se empujan en oleadas sucesivas, Efe_1:3-14; Col_1:9-20, puede también tener sus modelos en la literatura religiosa helenista. Maneja corrientemente el griego con pocos semitismos. Es el griego de su tiempo, la «koiné» elegante, pero sin pretensiones aticistas. Pues desprecia la afectación de la elocuencia humana y sólo quiere atribuir su fuerza de persuasión al poder de la Palabra de fe confirmada por los signos del Espíritu, 1Ts_1:5; 1Co_2:4 s; 2Co_11:6; Rom_15:18. Incluso, a veces, su expresión es incorrecta e incompleta, 1Co_9:15, pues el molde del lenguaje resulta incapaz de contener la presión de un pensamiento demasiado rico o de emociones demasiado vivas. Salvo raras excepciones, Flm_1:19, dicta, Rom_16:22, en la forma acostumbrada por los antiguos, contentándose con escribir el saludo final, 2Ts_3:17; Gál_6:11; 1Co_16:21; Col_4:18; y si bien algunos fragmentos parecen fruto de una redacción largamente meditada, muchos otros producen la impresión de un primer impulso espontáneo y sin retoques. A pesar de estos defectos, o quizá precisamente por ellos, este estilo fogoso es de una densidad extraordinaria. Un pensamiento tan elevado, expresado de manera tan ardorosa, ofrece al lector más de una dificultad (2Pe_3:16); pero también le ofrece textos cuyo vigor religioso y aun literario no tienen quizá igual en la historia de los epistolarios humanos.

Las epístolas de Pablo.
No hemos de olvidar que estas epístolas que Pablo nos ha dejado son escritos de ocasión; no tratados de teología, sino respuestas a situaciones concretas. Verdaderas cartas con el formulario entonces en uso, Rm 1+, no son ni «cartas» puramente privadas, ni «epístolas» puramente literarias, sino exposiciones que Pablo destina a lectores concretos y, en último término, a todos los fieles de Cristo. No hemos de buscar, pues, en ellas una formulación sistemática y completa del pensamiento del Apóstol; hemos de suponer siempre, en el fondo, la palabra viva, de la que son comentarios sobre puntos particulares. Mas no dejan de ser por eso extraordinariamente valiosas, tanto más cuanto que su riqueza y variedad nos permiten encontrar verdaderamente lo esencial del mensaje paulino. Al hilo de las circunstancias y según los diferentes auditorios, se descubre una misma doctrina fundamental, centrada en torno a Cristo, muerto y resucitado, pero adaptada, desarrollada, enriquecida a lo largo de aquella vida entregada toda a todos, 1Co_9:19-22. Algunos intérpretes han atribuido a Pablo un eclecticismo que a tenor de las circunstancias le habría hecho adoptar puntos de vista divergentes y aun contradictorios, sin concederles valor absoluto, pues sólo le interesaba ganar los corazones para Cristo. Otros han contrapuesto a este punto de vista, un «fijismo» según el cual el pensamiento de Pablo, estructurado desde un principio por la experiencia de su conversión, no habría experimentado luego ninguna evolución. La verdad está entre ambos extremos: la teología de San Pablo, evolucionada en una línea homogénea, se ha desarrollado realmente bajo el impulso del Espíritu que dirigía su apostolado. Podemos distinguir las etapas de esta evolución recorriendo sus diversas epístolas según el orden cronológico, que no es el del Canon del NT, donde han sido ordenadas según su extensión decreciente y que es el que mantienen la mayoría de las traducciones.

Romanos.
La epístola a los Romanos parece algo posterior. Pablo se halla en Corinto (invierno del 55-56), y a punto de partir para Jerusalén de donde espera ir a Roma y de allí a España, Rom_15:22-32; ver 1Co_16:3-6; Hch_19:21; Hch_20:3. Pero no ha fundado él la iglesia de Roma, respecto de la cual se halla medianamente informado, quizá por hombres como Áquila, Hch_18:2; las pocas alusiones de su epístola únicamente dejan entrever una comunidad en la que los convertidos del Judaísmo y de la gentilidad están expuestos a despreciarse mutuamente. Por eso cree conveniente, para preparar su venida, enviar con su protectora Febe, Rom_16:1, una carta en que expone su solución del problema del Judaísmo-Cristianismo, tal como lo acaba de madurar bajo los impactos de la crisis gálata. Para ello, retoma las ideas de Ga, pero de una manera más ordenada y matizada. Si Ga representa un grito salido del corazón, donde la apología personal, 1:11-2:21, se yuxtapone a la argumentación doctrinal, 3:1-4:31, y a las vehementes advertencias, 5:1-6:18, Rm por su parte ofrece una exposición ininterrumpida con algunas grandes secciones que se entrelazan armoniosamente por medio de temas que se anuncian anticipadamente para ser luego desarrollados.

Nadie ha discutido con argumentos serios la autenticidad de la epístola a los Romanos, como tampoco la de las de las epístolas a los Corintios y a los Gálatas. La única cuestión debatida es si los caps.15 y 16 son una añadidura posterior. Especialmente el último, con sus numerosos saludos, habría sido primitivamente una esquela destinada a la iglesia de Éfeso. Pero el cap. 15, a pesar de algunos manuscritos, no puede separarse del cuerpo de la epístola; y los que mantienen la autenticidad del cap. 16 advierten que Pablo no dirige nunca saludos a personas de comunidades en las que él no ha trabajado. Esto habría suscitado envidias, al tratar de forma diversa a algunos miembros de un grupo en el que todos sus componentes le eran conocidos. La lista de nombres del cap. 16 indica que el escrito iba dirigido a una iglesia que Pablo no había fundado, lo que excluye que su destinataria sea la iglesia de Éfeso. En cuanto a la doxología Rom_16:25-27, las características de su estilo no constituyen motivo suficiente para rechazar su autenticidad, pero sí pueden sugerir una fecha posterior.

Mientras las epístolas a los Corintios contraponían el Cristo Sabiduría de Dios a la vana sabiduría del mundo, las epístolas a los Gálatas y a los Romanos contraponen el Cristo Justicia de Dios a la justicia que los hombres pretendían conseguir por sus propios esfuerzos. Allí el peligro provenía del espíritu griego, con su orgullosa confianza en la razón; aquí proviene del espíritu judío, con su orgullosa confianza en la Ley. Algunos judaizantes vinieron a decir a los fieles de Galacia que no podían salvarse si no practicaban la circuncisión, poniénose así bajo el yugo de la Ley, Gál_5:2 s. Pablo se opone con todas sus fuerzas a este retroceso que haría inútil la obra de Cristo, Gál_5:4. Sin negar el valor de la economía antigua, le asigna los justos límites de etapa provisional en el conjunto del plan de salvación, Gál_3:23-25. La Ley de Moisés, buena y santa en sí, Rom_7:12, hizo que el hombre conociera la voluntad de Dios, pero sin comunicarle la fuerza interior para cumplirla; por lo mismo, no consiguió más que hacerle consciente de su pecado y de la necesidad que tiene de la ayuda de Dios, Gál_3:19-22; Rom_3:20; Rom_7:7-13. Pues bien, esa ayuda de pura gracia, prometida en otro tiempo a Abrahán antes del don de la Ley Gál_3:16-18; Rm 4, acaba de ser concedida en Cristo Jesús: su muerte y su resurrección han obrado la destrucción de la vieja humanidad, viciada por el pecado de Adán, y la creación de una humanidad nueva de la que él es el prototipo, Rom_5:12-21. El hombre, unido a Cristo por la fe y animado de su Espíritu, recibe ya gratuitamente la verdadera justicia y puede vivir según la voluntad divina, Rom_8:1-4. Cierto que su fe ha de florecer en obras buenas; pero esas obras realizadas por la fuerza del Espíritu, Gál_5:22-25; Rom_8:5-13, ya no son las obras de la Ley en que ponían orgullosamente su confianza los judíos. Son obras realizables por todos los que creen, aun cuando hayan venido del paganismo, Gál_3:6-9, Gál_3:14; Rom_4:11. Así pues, la economía mosaica, que tuvo su valor de etapa preparatoria, ha caducado ya. Los judíos, que pretenden mantenerse en ella, se colocan fuera de la verdadera salvación. Dios ha permitido su ceguera para hacer posible el acceso de los gentiles. Sin embargo, no pierden definitivamente su vocación primera, porque Dios es fiel: algunos de ellos, el «pequeño resto» anunciado por los profetas, han creído; los demás se convertirán algún día, Rm 9-11. En adelante, los fieles de Cristo, sean de origen judío o gentil, deben estar totalmente unidos en la caridad y en la ayuda mutua, Rom 12:1-15:13. Estas son las grandes perspectivas que, esbozadas en Ga, se amplían en Rm nos proporcionan admirables exposiciones sobre el pasado pecador de toda la humanidad, Rom 1:18-3:20, y la lucha interior en cada hombre, Rom_7:14-25, la gratuidad de la salvación, Rom_3:24 y passim, la eficacia de la muerte y de la resurrección de Cristo, Rom_4:24 s; Rom_5:6-11, participadas por la fe y el bautismo, Gál_3:26 s; Rom_6:3-11, el llamamiento a todos los hombres para que se hagan hijos de Dios, Gál_4:1-7; Rom_8:14-17, el amor lleno de sabiduría del Dios justo y fiel que dirige todo el plan de la salvación con sus diferentes etapas, Rom_3:21-26; Rom_8:31-39. Las perspectivas escatológicas persisten: estamos salvados en esperanza, Rom_5:1-11; Rom_8:24; mas, al igual que en las epístolas a los Corintios, se subraya la realidad de la salvación ya comenzada: se posee ya el Espíritu de la Promesa a título de primicias, Rom_8:23, el cristiano vive desde ahora en Cristo, Rom_6:11, y Cristo vive en él, Gál_2:20.

La epístola a los Romanos representa, pues, una de las más bellas síntesis de la doctrina paulina. No se trata, sin embargo, de una síntesis completa, no contiene toda su doctrina. El interés primordial que le otorgó la controversia luterana sería perjudicial si nos hiciera olvidar el complemento de las otras epístolas que la integran en una síntesis más vasta.

Fuente: Nueva Biblia de Jerusalén (1998) - referencias, notas e introducciones a los libros

Patrocinio

Notas


NOTAS

7:1 (a) Pablo aborda finalmente un tema presente ya en su pensamiento, Rom_3:20; Rom_4:15; Rom_5:20; Rom_6:14 : la manumisión del cristiano en relación con la Ley. Esto le lleva a exponer la función de la Ley en el plan de Dios, ver Rom_7:7+.

7:1 (b) La liberación del cristiano, que en otro lugar expresa Pablo con el tema bíblico de la «redención», Rom_3:24+, o con el tema griego de la «manumisión» de los esclavos, Rom_6:15+, también aparece en él con frecuencia como una liberación por la muerte. Porque la muerte libera de la vida antigua y de sus servidumbres, Rom_6:7; Rom_7:1-3. El cristiano, unido por la fe, Rom_1:16+, y el bautismo, Rom_6:4+, a Cristo muerto y resucitado, Rom_8:11+, está muerto al pecado, Rom_6:2, Rom_6:11; ver 1Pe_4:1, a la Ley, Rom_7:6; Gál_2:19+, a los elementos del mundo, Col_2:20, para vivir bajo el nuevo régimen de la gracia y del Espíritu, Rom_8:5-13. Así como el liberto pertenece a su nuevo amo, Rom_6:15+, así también el cristiano resucitado en Cristo no vive ya para sí mismo sino para Cristo y para Dios, Rom_6:11; Rom_6:13; Rom_14:7; 2Co_5:15; Gál_2:20.



REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 1Co_7:39

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Gál_2:19+; Rom_6:5-6, Rom_6:8-11

[2] Rom_6:22; Jua_15:8

NOTAS

7:4 El cristiano está muerto a la Ley lo mismo que al pecado, por «el cuerpo de Cristo», muerto y resucitado, ver Rom_7:1+.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Rom_7:7 s

NOTAS

7:5 -1o. La carne en su primitivo sentido, designa la materia corporal, 1Co_15:39; ver Luc_24:39; Apo_17:16; Apo_19:18, que se opone al espíritu, Rom_1:9+; el cuerpo objeto de la sensación, Col_2:1, Col_2:5, especialmente de la unión sexual, 1Co_6:16; 1Co_7:28; Efe_5:29; Efe_5:31; ver Mat_19:5; Jua_1:13; Jud_1:7, de donde proceden el parentesco y la herencia, Rom_4:1; Rom_9:3; Rom_9:5; Rom_11:14; ver Heb_12:9. La carne sirve así, según el uso bíblico de basar, para recalcar lo que hay de perecedera debilidad en la condición humana, Rom_6:19; 2Co_7:5; 2Co_12:7; Gál_4:13; ver Mat_26:41, y para designar al hombre en su pequeñez ante Dios, Rom_3:20 y Gál_1:16; 1Co_1:29; ver Mat_24:22; Luc_3:6; Jua_17:2; Hch_2:17; 1Pe_1:24. De ahí el uso de expresiones como: según la carne, 1Co_1:26; 2Co_1:17; Efe_6:5; Col_3:22; ver Flm_1:16; Jua_8:15, la carne y la sangre, 1Co_15:50; Gál_1:16; Efe_6:12; Heb_2:14; ver Mat_16:17, y carnal, Rom_15:27; 1Co_3:1; 1Co_3:3; 1Co_9:11; 2Co_1:12; 2Co_10:4, para contraponer el orden de la naturaleza al orden de la gracia. -2o Siendo el Espíritu el don específico de la era escatológica, la carne viene a caracterizar la era antigua en oposición a la nueva, Rom_9:8; Gál_3:3; Gál_6:12; Flp_3:3; Efe_2:11; ver Heb_9:10; Heb_9:13; Jua_3:6; Jua_6:63; asimismo según la carne, 1Co_10:18; 2Co_11:18; Gál_4:23; Gál_4:29; ver Rom_1:3; 2Co_5:16, y carnal, Heb_7:16; pero ver 2Co_10:3. -3o Pablo insiste especialmente en la carne como sede de las pasiones y del pecado, Rom_7:5, Rom_7:14, Rom_7:18, Rom_7:25; Rom_13:14; 2Co_7:1; Gál_5:13; Gál_5:19; Efe_2:3; Col_2:13, Col_2:18, Col_2:23; ver 1Pe_2:11; 2Pe_2:10; 2Pe_2:18; 1Jn_2:16; Jud_1:8, Jud_1:23. , destinada a la corrupción, 1Co_15:50; Gál_6:8; ver Stg_5:3; Hch_2:26, Hch_2:31, y a la muerte, Rom_8:6; Rom_8:13; 1Co_5:5; 2Co_4:11; ver 1Pe_4:6, hasta el punto de personificarla como una fuerza del mal, enemiga de Dios, Rom_8:7, y hostil al Espíritu, Rom_8:4-9, Rom_8:12 s; Gál_5:16; Cristo ha quebrantado esta fuerza asumiendo la carne de pecado, Rom_8:3; ver 1Ti_1:16; Jua_1:14; 1Jn_4:2; 2Jn_1:7, y dándole muerte en la cruz, Rom_8:3; Efe_2:14-16; Col_1:22; ver Heb_5:7; Heb_10:20; 1Pe_3:18; 1Pe_4:1. Los cristianos, unidos a él, ver Jua_6:51, ya no están en la carne, Rom_7:5; Rom_8:9, que han crucificado, Gál_5:24; ver 1Pe_4:1, y de la que se han despojado por el bautismo, Col_2:11; o, más exactamente, aunque todavía están en la carne mientras siguen en este mundo viejo, Flp_1:22; Flp_1:24; ver 1Pe_4:2, ya no le están sujetos, 2Co_10:3, sino que le dominan por su unión con Cristo, ver Gál_2:20; Col_1:24.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Rom_6:7; Gál_2:19+

[2] Rom_2:29; 2Co_3:6; Mat_9:16-17

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Éxo_20:17; Stg_1:14-15

NOTAS

7:7 La ley en sí es buena y santa en cuanto que expresa la voluntad de Dios, Rom_7:12-25; 1Ti_1:8; representa un glorioso patrimonio de Israel, Rom_9:4; pero ver Rom_2:14. Y, con todo, parece haber fracasado: no sólo los judíos son pecadores, como los demás, a pesar de su Ley, Rom_2:21-27; Gál_6:13; Efe_2:3; sino que hasta sacan de ella una confianza en sus obras, Rom_2:17-20; Rom_3:27; Rom_4:2; Rom_4:4; Rom_9:31; Flp_3:9; Efe_2:8, que les cierra a la gracia de Cristo, Gál_6:12; Flp_3:18; ver Hch_15:1; Hch_18:13; Hch_21:21. En una palabra, la Ley es incapaz de conferir la justicia, Gál_3:11, Gál_3:21 s; Rom_3:20; ver Heb_7:19. Con una dialéctica, que en la polémica adquiere un giro paradójico, Pablo explica este fracaso aparente por la misma naturaleza de la Ley y por su función en la historia de la salvación. La ley (mosaica, pero también toda ley incluso el «precepto» dado a Adán, ver vv. Rom_7:9-11), luz que ilumina el espíritu sin darle fuerza interior, es impotente para conseguir se evite el pecado; más bien le favorece. Sin ser ella misma fuente de pecado, se convierte en su instrumento excitando la concupiscencia, Rom_7:7; por el conocimiento que da al espíritu agrava la falta convirtiéndola en una «transgresión», Rom_4:15; Rom_5:13; finalmente, no proporciona otro remedio que un castigo de ira, Rom_4:15, de maldición, Gál_3:10, de condenación 2Co_3:9, y de muerte, 2Co_3:6, hasta el punto que puede ser llamada la «ley del pecado y de la muerte», Rom_8:2; ver 1Co_15:56; Rom_7:13. Si a pesar de todo Dios ha querido este sistema imperfecto, ha sido como un régimen transitorio de pedagogo, Gál_3:24, para dar al hombre la conciencia de su pecado, Rom_3:19; Rom_5:20; Gál_3:19, y conseguir de él que sólo espere su justicia de la gracia de Dios, Gál_3:22; Rom_11:32. Como régimen transitorio, debe desaparecer para ser sustituido por el cumplimiento de la Promesa hecha anteriormente a Abrahán y a su descendencia, Gál_3:6-22; Rom 4. Cristo ha puesto fin a la Ley, Efe_2:15; ver Rom_10:4, «dando cumplimiento», ver Mat_3:15; Mat_5:17, en todo lo que tiene de positivo, Rom_3:31; Rom_9:31, en especial con su muerte, expresión suprema de su amor, Rom_5:8; Rom_8:35; Rom_8:39; Gál_2:20; Flp_2:5-8; con ello satisfacía las exigencias de la Ley en relación con los pecadores con quienes quiso solidarizarse, Gál_3:13+; Rom_8:3+; Col_2:14. Libra a los hijos de la tutela del pedagogo, Gál_3:25. Con él han muerto a la Ley, Gál_2:19; Rom_7:4-6; ver Col_2:20, de la cual les ha «rescatado», Gál_3:13, para hacer de ellos hijos adoptivos, Gál_4:5. Por el Espíritu de la Promesa, da al hombre nuevo, Efe_2:15+, la fuerza interior para realizar el bien que la ley ordenaba, Rom_8:4. Este régimen de la gracia que sustituye al de la Ley antigua puede también ser llamado ley, pero es la «ley de la fe», Rom_3:27, la «ley de Cristo», Gál_6:2, la «ley del Espíritu», Rom_8:2, cuyo compendio total es el amor, Gál_5:14; Rom_13:8-10; ver Stg_2:8; Jua_13:34, participación del amor del Padre y del Hijo, Gál_4:6; Rom_5:5+.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Rom_4:15; Rom_5:13; 1Co_15:56

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Gén_2:17; Gén_3:1 s

NOTAS

7:9 Situándose en el desarrollo de la historia de la salvación, Pablo habla aquí de la humanidad antes del régimen de la Ley, ver Rom_5:13.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Lev_18:5; Eze_20:11

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Gén_3:13

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Deu_4:8

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Rom_5:20

NOTAS

7:13 El pecado personificado, ver Rom_5:12, sustituye a la serpiente de Gén_3:1 y al diablo de Sab_2:24.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Job_14:4+; Sal_51:7+ [Sal_51:5]

NOTAS

7:14 Aquí se trata del hombre bajo el imperio del pecado, antes de la justificación, mientras que en el cap. 8 se tratará del cristiano justificado, en posesión del Espíritu. Pero éste, aquí abajo, experimenta igualmente una división interior, Gál_5:17.

NOTAS

7:15 Pablo recoge aquí un lugar común de la literatura de entonces, que se formula por primera vez en la Medea de Eurípides (1074-1080).

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Rom_7:5

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Gál_2:20

NOTAS

7:20 No piensa Pablo en negar la responsabilidad personal del hombre frente al mal, como tampoco la ha negado frente al bien en Gál_2:20.

NOTAS

7:21 Una ley abonada por la experiencia del hombre carnal.

NOTAS

7:22 (a) Var.: «ley de la razón» como en el v. Rom_7:23.

7:22 (b) Este «hombre interior» designa la parte racional del hombre en oposición al hombre exterior, 2Co_4:16 a, que es su cuerpo pasible y mortal. Este tema de origen griego es distinto del tema del hombre viejo y nuevo, Col_3:9-10+, que pertenece a la escatología judía. Hay casos, sin embargo, en que Pablo habla del hombre interior en el sentido cristiano del hombre nuevo, 2Co_4:16 b; Efe_3:16.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Stg_1:14-15

NOTAS

7:24 Lit.: «del cuerpo de esta muerte». -El cuerpo, con los miembros que lo componen, Rom_12:4; 1Co_12:12, 1Co_12:14 s, es decir, el hombre en su realidad sensible, 1Co_5:3; 2Co_10:10, y sexual, Rom_4:19; 1Co_6:16; 1Co_7:4; Efe_5:28, interesa a Pablo en cuanto campo de la vida moral y religiosa. Para el AT, ver Gén_2:21+; Sab_9:15+. Sometido por la tiranía de la carne, Rom_7:5+, al pecado, Rom_1:24; Rom_6:12; Rom_7:23; Rom_8:13; 1Co_6:18, y a la muerte, Rom_6:12; Rom_8:10, y hecho por tanto cuerpo de carne, Col_2:11; ver Col_1:22, cuerpo de pecado, Rom_6:6; ver Sab_1:4; Sab_9:15+, y cuerpo de muerte, Rom_7:24, no está, con todo, destinado a la aniquilación como afirmaba el pensamiento griego, sino que, por el contrario, según la tradición bíblica, Eze_37:10+; 2Ma_7:9+, está llamado a la vida, Rom_8:13; 2Co_4:10, por la resurrección, Rom_8:11+. El principio de esta renovación será el Espíritu, Rom_5:5+, sustituyendo a la psyjé, 1Co_15:44+, y transformando el cuerpo del cristiano a imagen del cuerpo resucitado de Cristo, Flp_3:21. En espera de esta liberación escatológica, Rom_8:23, el cuerpo del cristiano, liberado en principio de la carne por su unión con la muerte de Cristo, Rom_6:6; Rom_8:3, está desde ahora habitado por el Espíritu Santo, 1Co_6:19, que lo forma para una vida nueva de justicia y santidad, Rom_6:13; Rom_6:19; Rom_12:1; 1Co_7:34, meritoria, 2Co_5:10, y que da gloria a Dios, 1Co_6:20; Flp_1:20.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Rom_5:21; Rom_6:23

NOTAS

7:25 (a) El nus, razón o espíritu del hombre, es una noción griega muy distinta del pneuma en sentido de Espíritu sobrenatural, Rom_5:5+, y aun del espíritu en sentido bíblico, de parte superior del hombre, Rom_1:9+. Es el principio de la inteligencia, 1Co_14:14, 1Co_14:15, 1Co_14:19; Flp_4:7; 2Ts_2:2; ver Luc_24:45; Apo_13:18; Apo_17:9, y del juicio moral, Rom_14:5; 1Co_1:10. Normalmente recto, Rom_7:23, Rom_7:25, se halla sin embargo pervertido, Rom_1:28; Efe_4:17; 1Ti_1:5; 2Ti_2:8; Tit_1:15, por la carne, Col_2:18; ver Rom_7:5+, y debe ser renovado, Rom_12:2, en el espíritu y por el Espíritu, Efe_4:23; ver Col_3:10.

7:25 (b) Esta frase parece ser una adición (quizá del mismo Pablo), que estaría mejor situada antes del v. Rom_7:24.