Eclesiástico 44 Nueva Biblia de Jerusalén (Desclee, 1998) | 23 versitos |
1
2. EN LA HISTORIA
Elogio de los padres.
Hagamos el elogio de los hombres ilustres,
de nuestros padres según sus generaciones.
2 Grandes glorias ha creado el Señor,
desde siempre ha mostrado su grandeza.
3 Hubo hombres que gobernaron en sus reinos,
y hombres famosos por su poder;
consejeros notables por su inteligencia,
y expertos en anunciar profecías.
4 Hubo otros que guiaron al pueblo con sus consejos,
con su dominio de la literatura popular,
y con las sabias palabras de su doctrina.
5 Hubo inventores de melodías musicales,
compositores de poesías,
6 hombres ricos, dotados de poder,
que vivían en paz en sus casas.
7 Todos ellos fueron honrados por sus contemporáneos,
motivo de orgullo fueron en su tiempo.
8 Algunos de ellos dejaron un nombre,
que aún se recuerda con elogio.
9 Otros no dejaron memoria,
desaparecieron como si no hubieran existido,
pasaron como si nunca hubieran sido,
igual que sus hijos después de ellos.
10 Pero hubo también hombres de bien,
cuyos méritos no han quedado en el olvido.
11 En sus descendientes se conserva
una rica herencia, su posteridad.
12 Sus descendientes han sido fieles a la alianza,
y gracias a ellos también sus hijos.
13 Su descendencia permanece para siempre,
y su gloria no se borrará.
14 Sus cuerpos fueron sepultados en paz,
y su nombre vive por generaciones.
15 Los pueblos hablarán de su sabiduría,
y la asamblea proclamará su alabanza.
16
Henoc.
Henoc agradó al Señor y fue arrebatado,
ejemplo de conversión para todas las generaciones.
17
Noé.
Noé fue hallado íntegro y justo,
y en el tiempo de la ira hizo posible la reconciliación.
Gracias a él un resto sobrevivió en la tierra,
cuando llegó el diluvio.
18 Con él se pactaron alianzas eternas,
para que el diluvio no exterminara a todos los vivientes.
19
Abrahán.
Abrahán fue padre insigne de una multitud de naciones,
no se halló quien le igualara en su gloria.
20 Él guardó la ley del Altísimo,
y con él estableció una alianza.
En su carne selló esta alianza,
y en la prueba fue hallado fiel.
21 Por eso Dios le prometió con juramento
bendecir a las naciones por su descendencia,
multiplicarle como el polvo de la tierra,
exaltar su estirpe como las estrellas,
y darle una herencia de mar a mar,
desde el Río hasta los confines de la tierra.
22
Isaac y Jacob.
A Isaac le aseguró lo mismo,
por amor de su padre Abrahán.
23 La bendición de todos los hombres y la alianza
las hizo reposar en la cabeza de Jacob.
Le confirmó en sus bendiciones,
y le otorgó la tierra en herencia.
La dividió en varias partes,
y las repartió entre las doce tribus.

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Introducción a Eclesiástico

ECLESIÁSTICO
Introducción
Este libro forma parte de la Biblia griega, pero no figura en el canon judío. Es, pues, uno de los libros deuterocanónicos admitidos por la Iglesia cristiana. Sin embargo, fue compuesto en hebreo. San Jerónimo lo conoció en su lengua original y los rabinos lo citaron. Cerca de dos tercios de este texto hebreo fueron encontrados en 1896 en los restos de varios manuscritos de la Edad Media procedentes de una antigua sinagoga de El Cairo. Pequeños fragmentos han aparecido más recientemente en una cueva de Qumrán y en 1964 se ha descubierto en Masada un largo texto que contiene 39:27-44:17 en escritura de comienzos del siglo I a. C. Por último, en 1982, se ha encontrado un nuevo folio que contiene 31:24-32:7 y 32:12-33:8. Las variantes de estos testigos entre sí y en relación con las traducciones griega y siríaca indican que el libro circuló muy pronto en diversas recensiones.

Dado el estado fragmentario del texto hebreo, nuestra traducción se ha hecho sobre el texto griego (más exactamente, sobre los tres principales manuscritos, Sinaítico, Alejandrino y Vaticano, que forman lo que se llama «texto recibido»), indicando en nota determinadas variantes del hebreo.

Su título latino, Ecclesiasticus (liber), es una denominación reciente (San Cipriano), que sin duda subraya el uso oficial que de él hacía la Iglesia, en contraposición con la Sinagoga. En griego, ver la firma, Sir_51:30 , el libro se llamaba «Sabiduría de Jesús Ben Sirá» y el autor es también nombrado en Sir_50:27 . Actualmente los estudiosos le llaman Ben Sirá o el Sirácida (según la forma griega Sirac). El nieto del autor explica en un prólogo, vv. 1-34, que tradujo el libro cuando vino a residir en Egipto el año 38 del rey Evergetes, v.27. No puede tratarse más que de Tolomeo VII Evergetes, y la fecha corresponde al año 132 a. C. Su abuelo, Ben Sirá, vivió, pues, y escribió hacia el 190-180. Un argumento interno confirma esta fecha: Ben Sirá hace del sumo sacerdote Simón un elogio basado en recuerdos personales, Sir_50:1-21 . Se trata de Simón II, que no murió antes del 200.

Palestina acababa de entrar bajo la dominación de los Seléucidas, el 198. La adopción de costumbres extranjeras, la helenización, era favorecida por una parte de la clase dirigente, y pronto pretendería imponerla por la fuerza Antíoco Epífanes (175-163). Ben Sirá opone a estas amenazadoras novedades toda la fuerza de la tradición. Él es un escriba que une el amor de la Sabiduría al de la Ley. Está lleno de fervor por el Templo y sus ceremonias, lleno de respeto por el sacerdocio, pero también conoce a fondo los libros sagrados, los Profetas y, sobre todo, los escritos sapienciales. Y él mismo ha querido ofrecer la instrucción de la sabiduría para todos los que la buscan, Sir_33:18 ; Sir_50:27 , ver el prólogo del traductor, vv. 7-14.

Por su forma, el libro está claramente en la línea de sus predecesores y de sus modelos. Si exceptuamos la parte que celebra la gloria de Dios en la naturaleza, 42:15-43:33, y en la historia, 44:1-50:29, el libro no es menos heterogéneo que las colecciones de los Proverbios o que el Eclesiastés. Los temas más diversos son abordados sin orden y con reiteraciones; son tratados como pequeños cuadros que, sin mucha trabazón, agrupan breves máximas. Se añaden al libro dos apéndices: un himno de acción de gracias, Sir_51:1-12 , y un poema sobre la búsqueda de la sabiduría, Sir_51:13-30 . El texto hebreo de este último trozo se ha encontrado en una cueva de Qumrán, incluido en un manuscrito del Salterio; este descubrimiento confirma que al principio existió por separado antes de su agregación al Eclesiástico.

La doctrina es tan tradicional como la forma. La sabiduría que predica Ben Sirá viene del Señor, su principio es el temor de Dios, forma a la juventud y procura la felicidad. Tiene las mismas incertidumbres que Job y el Eclesiastés sobre el destino humano y el problema de las sanciones. Tiene fe en la retribución, siente la importancia trágica de la hora de la muerte, pero no sabe aún cómo pagará Dios a cada uno según sus obras. Sobre la naturaleza misma de la Sabiduría divina, Sir_24:1-22 , prolonga las intuiciones de los Proverbios y de Job.

Pero Ben Sirá es un innovador cuando identifica a la Sabiduría con la Ley proclamada por Moisés, Sir_24:23-24 , como también lo hará el poema sapiencial de Baruc, Bar_3:9-4:4; a diferencia, pues, de sus predecesores, integra la sabiduría en la corriente legalista. Más aún, ve la observancia de la Ley en una práctica del culto, Sir_35:1-10 ; es un fervoroso ritualista.

Y también, a diferencia de los antiguos sabios, Ben Sirá medita sobre la Historia de Salvación, 44:1-49:16. Hace desfilar a las grandes figuras del Antiguo Testamento, desde Henoc hasta Nehemías. De tres de ellos, Salomón (a pesar de ser el primer sabio), Roboán y Jeroboán, emite el mismo severo juicio que la historia deuteronómica y, como ésta, condena en bloque a todos los reyes, excepto a David, Ezequías y Josías. Pero se siente orgulloso del pasado de su pueblo, se detiene sobre todo en los santos y recuerda los prodigios que Dios realizó por medio de ellos. Dios hizo con Noé, Abrahán, Jacob, Moisés, Aarón, Pinjás y David una alianza, que sin duda abarca a todo el pueblo, pero que asegura privilegios duraderos a ciertas familias, sobre todo sacerdotales. Porque siente hondamente el honor del sacerdocio, en su galería de antepasados concede un rasgo excepcional a Aarón y Pinjás, y concluye con el entusiasta elogio de un contemporáneo, el sumo sacerdote Simón. Evoca las glorias pasadas con cierta melancolía pensando en el presente, y a propósito de los Jueces y de los Profetas Menores, desea que «reflorezcan sus huesos en su tumba», Sir_46:12 ; Sir_49:10 , que tengan sucesores. Escribe en vísperas de la sublevación de los Macabeos, y si la ha vivido, ha podido pensar que sus deseos han sido escuchados.

En esta Historia de Salvación, Ben Sirá, que pone de relieve la noción de Alianza, no deja, por decirlo así, ningún resquicio para la esperanza en una salvación futura. Es verdad que en su oración de Sir_36:1-17 recuerda a Dios sus promesas y le pide que tenga misericordia de Sión y reúna las tribus de Jacob. Pero esta expresión de un nacionalismo profético es excepcional en el Sirácida. Como auténtico sabio, parece haberse resignado a la situación, humillante, pero apacible, a la que su pueblo se veía reducido. Confía en que llegará la liberación, pero ésta será el premio de la fidelidad a la Ley, no la obra de un Mesías salvador. Ben Sirá es el último testigo canónico de la sabiduría judía en Palestina. Es el representante por excelencia de aquellos jasidim, los «piadosos» del Judaísmo, ver 1Ma_2:42 *, que pronto defenderán su fe contra la persecución de Antíoco Epífanes y que mantendrán en Israel islotes fieles en los que germinará la predicación de Cristo. Aunque no fue aceptado en el canon hebreo, el Eclesiástico aparece frecuentemente citado en los escritos rabínicos; en el Nuevo Testamento, la epístola de Santiago toma de él muchas expresiones, el evangelio de San Mateo se refiere a él varias veces, y, hoy todavía, la liturgia se hace eco de esta antigua tradición de sabiduría.

Fuente: Nueva Biblia de Jerusalén (1998) - referencias, notas e introducciones a los libros

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Notas

Eclesiástico 44,1
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] 1Ma_2:51-64; Heb 11

NOTAS

44 Este elogio nos indica cómo entendía la historia de Israel un judío piadoso del siglo II a.C. Ver 1Ma_2:51-64.

44:1 Ver Sir_44:10, donde tenemos, en hebr., la misma expresión: hombre de piedad (jésed), que dio origen al término «asideos» (Jasidîm), ver 1Ma_2:42; 1Ma_7:13, aquellos judíos que en la época del levantamiento macabeo se distinguían por su fidelidad a Dios y a la Ley. Si el traductor no utilizó la expresión exacta, quizá fue porque, en su época, la expresión tenía un sentido demasiado conocido.


Eclesiástico 44,2
NOTAS

44:2 Los vv. Sir_44:2-9 pueden ser una descripción de las glorias profanas conocidas fuera de Israel, a las que el autor contrapondría (Sir_44:1 y Sir_44:10 s) los antepasados de los judíos, o una ojeada de conjunto de las glorias de Israel que el autor va a detallar a continuación.

Eclesiástico 44,4
NOTAS

44:4 Hebr.: «jefes de las naciones en sus proyectos, funcionarios en sus pensamientos profundos, sabios reflexivos en sus libros, gobernantes en sus tradiciones».

Eclesiástico 44,10
NOTAS

44:10 Hebr.: «su esperanza no se verá frustrada», lectura que parece traducir una esperanza de inmortalidad que no aparece en el griego.

Eclesiástico 44,12
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Sir_39:9

Eclesiástico 44,15
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] = Sir_39:10

Eclesiástico 44,16
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Gén_5:24 LXX; Heb_11:5

NOTAS

44:16 Es decir, motivo para convertirse. La lectura del hebr. «ejemplo de ciencia» alude quizá a los misterios de que Henoc fue testigo y que reveló a los hombres («Libro de los secretos de Henoc»). Lat.: «para llevar la conversión a las naciones».

Eclesiástico 44,17
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Gén_6:9; Isa_6:13; 1Pe_3:20; 2Pe_2:5

NOTAS

44:17 (a) «vástago» según hebr. (término dudoso); «cambio» griego; «reconciliación» lat. -Se trata de la doctrina profética del «resto» del que saldrá la salvación, ver Isa_4:3+, aplicada a la historia de Noé.

44:17 (b) Hebr.: «por la alianza con él cesó el diluvio».

Eclesiástico 44,18
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Gén_9:9+; Gén_8:21-22

NOTAS

44:18 Las alianzas «noáquicas» del código sacerdotal. Pero el hebr. sólo habla de la «señal eterna» (el arco iris, Gén_9:12-13).

Eclesiástico 44,19
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Gén_12:2; Gén_17:4 s; Rom_4:1; Rom_4:13-18

NOTAS

44:19 Hebr.: «no puso tacha en su gloria».

Eclesiástico 44,20
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Gén_17:10+; Gén_22:1-19; 1Ma_2:52; Heb_11:17; Gén_22:18; Gén_12:3; Gén_15:5; Hch_3:25; Gál_3:8-9; Gén_15:18; Jue_20:1+

NOTAS

44:20 Respecto a la fe de Abrahán, ver Gén_12:1+; Gén_15:6+; Gén_22:1+; Gál_3:6-14; Rom_4:1-25.

Eclesiástico 44,22
REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Gén_17:19; Gén_26:3-5

Eclesiástico 44,23
NOTAS

44:23 Hebr.: «en la cabeza de Israel», ver Gén_32:28 [Gén_32:27]. Una glosa marginal sustituye la palabra «bendición» (berakah) por «derecho de primogenitura» (bekorah), ver Gén_25:29 s; 1Cr_5:1 (donde la palabra «derecho de primogenitura» del hebr. fue leída «bendición» por el griego).