Hechos 15 Biblia Jerusalén (1998) | 41 versitos |
1 Bajaron algunos de Judea que enseñaban a los hermanos: "Si no os circuncidáis conforme a la costumbre mosaica, no podéis salvaros."
2 Se produjo con esto una agitación y una discusión no pequeña de Pablo y Bernabé contra ellos; y decidieron que Pablo y Bernabé y algunos más de ellos subieran a Jerusalén, adonde los apóstoles y presbíteros, para tratar esta cuestión.
3 Ellos, pues, enviados por la iglesia, atravesaron Fenicia y Samaría, contando al detalle la conversión de los gentiles y produciendo gran alegría en todos los hermanos.
4 Llegados a Jerusalén fueron recibidos por la iglesia y por los apóstoles y presbíteros, y contaron cuanto Dios había hecho juntamente con ellos.
5 Pero algunos de la secta de los fariseos, que habían abrazado la fe, se levantaron para decir que era necesario circuncidar a los gentiles y mandarles guardar la Ley de Moisés.
6 Se reunieron entonces los apóstoles y presbíteros para tratar este asunto.
7 Después de una larga discusión, Pedro se levantó y les dijo: "Hermanos, vosotros sabéis que ya desde los primeros días me eligió Dios entre vosotros para que por mi boca oyesen los gentiles la palabra de la Buena Nueva y creyeran.
8 Y Dios, conocedor de los corazones, dio testimonio en su favor comunicándoles el Espíritu Santo como a nosotros;
9 y no hizo distinción alguna entre ellos y nosotros, pues purificó sus corazones con la fe.
10 ¿Por qué, pues, ahora tentáis a Dios imponiendo sobre el cuello de los discípulos un yugo que ni nuestros padres ni nosotros pudimos sobrellevar?
11 Nosotros creemos más bien que nos salvamos por la gracia del Señor Jesús, del mismo modo que ellos."
12 Toda la asamblea calló y escucharon a Bernabé y a Pablo contar todos los signos y prodigios que Dios había realizado por medio de ellos entre los gentiles.
13 Cuando terminaron de hablar, tomó Santiago la palabra y dijo: "Hermanos, escuchadme.
14 Simeón ha referido cómo Dios ya por primera vez intervino para procurarse entre los gentiles un pueblo para su Nombre.
15 Con esto concuerdan los oráculos de los Profetas, según está escrito:
16 "Después de esto volveré y reconstruiré la tienda de David que está caída; reconstruiré sus ruinas, y la volveré a levantar.
17 Para que el resto de los hombres busque al Señor, y todas las naciones que han sido consagradas a mi nombre, dice el Señor que hace
18 que estas cosas sean conocidas desde antiguo.
19 "Por esto juzgo yo que no se debe molestar a los gentiles que se conviertan a Dios,
20 sino escribirles que se abstengan de lo que ha sido contaminado por los ídolos, de la impureza, de los animales estrangulados y de la sangre.
21 Porque desde tiempos antiguos Moisés tiene en cada ciudad sus predicadores cuando se lee cada sábado en las sinagogas."
22 Entonces decidieron los apóstoles y presbíteros, de acuerdo con toda la iglesia, elegir de entre ellos algunos hombres y enviarlos a Antioquía con Pablo y Bernabé; y estos fueron Judas, llamado Barsabás, y Silas, que eran dirigentes entre los hermanos.
23 Por su medio les enviaron esta carta: "Los apóstoles y los presbíteros hermanos, saludan a los hermanos venidos de la gentilidad que están en Antioquía, en Siria y en Cilicia.
24 Habiendo sabido que algunos de entre nosotros, sin mandato nuestro, os han perturbado con sus palabras, trastornando vuestros ánimos,
25 hemos decidido de común acuerdo elegir algunos hombres y enviarlos a vosotros, juntamente con nuestros queridos Bernabé y Pablo,
26 hombres que han entregado su vida a la causa de nuestro Señor Jesucristo.
27 Enviamos, pues, a Judas y Silas, quienes os expondrán esto mismo de viva voz:
28 Que hemos decidido el Espíritu Santo y nosotros no imponeros más cargas que éstas indispensables:
29 abstenerse de lo sacrificado a los ídolos, de la sangre, de los animales estrangulados y de la impureza. Haréis bien en guardaros de estas cosas. Adiós."
30 Ellos, después de despedirse, bajaron a Antioquía, reunieron la asamblea y entregaron la carta.
31 La leyeron y se gozaron al recibir aquel aliento.
32 Judas y Silas, que eran también profetas, exhortaron con un largo discurso a los hermanos y les confortaron.
33 Pasado algún tiempo, fueron despedidos en paz por los hermanos para volver a los que los habían enviado.
34 [Pero Silas decidió quedarse.]
35 Pablo y Bernabé se quedaron en Antioquía enseñando y anunciando, en compañía de otros muchos, la Buena Nueva, la palabra del Señor.
36 Al cabo de algunos días dijo Pablo a Bernabé: "Volvamos ya a ver cómo les va a los hermanos en todas aquellas ciudades en que anunciamos la palabra del Señor."
37 Bernabé quería llevar también con ellos a Juan, llamado Marcos.
38 Pablo, en cambio, pensaba que no debían llevar consigo al que se había separado de ellos en Panfilia y no les había acompañado en la obra.
39 Se produjo entonces una tirantez tal que acabaron por separarse el uno del otro: Bernabé tomó consigo a Marcos y se embarcó rumbo a Chipre;
40 por su parte Pablo eligió por compañero a Silas y partió, encomendado por los hermanos a la gracia de Dios.
41 Recorrió Siria y Cilicia consolidando las iglesias.

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Introducción a Hechos

HECHOS DE LOS APÓSTOLES

Introducción
El tercer evangelio y el libro de los Hechos eran primitivamente las dos partes de una única obra, que nosotros titularíamos hoy «Historia de los orígenes cristianos». Desde muy pronto el segundo libro empezó a conocerse bajo el título «Hechos de los Apóstoles» o «Hechos de Apóstoles», según la moda de la literatura helenística que ya había divulgado obras como los «Hechos» de Aníbal, los «Hechos» de Alejandro, etc.; en el canon del NT está separado del evangelio de Lucas por el evangelio de Juan que se ha intercalado. La relación original de estos dos libros del NT viene indicada por sus respectivos Prólogos así como por su parentesco literario. El Prólogo de los Hechos que, como el del tercer evangelio Luc_1:1-4, se dirige a un tal Teófilo, Hch_1:1, remite a este evangelio como a un «primer libro», resumiendo su propósito y recogiendo los últimos sucesos (apariciones del Resucitado y Ascensión) para empalmar con ellos la continuación del relato. El otro vínculo que une estrechamente a estos dos libros es la lengua. Las características (de vocabulario, gramática y estilo) que aparecen a todo lo largo de los Hechos, y que confirman la unidad literaria de esta obra, las encontramos también en el tercer evangelio; lo que apenas permite dudar de que ambos libros son obra de un mismo autor.

La tradición de la Iglesia es unánime en reconocer que este autor es san Lucas. Nunca, ni en la antigüedad ni en nuestros días, se ha propuesto seriamente otro nombre. Así lo admitía ya hacia el año 175 el conjunto de las iglesias, como lo manifiesta la conformidad existente entre el documento romano llamado Canon de Muratori, el Prólogo «antimarcionita», san Ireneo, los Alejandrinos y Tertuliano. Juicio unánime que, en realidad, corroboran los indicios internos. Según sus escritos, el autor parece ser un cristiano de la generación apostólica, judío muy helenizado o, mejor, griego de amplia instrucción y versado a fondo así en las cosas judías como en la Biblia griega. Ahora bien, lo que sabemos de Lucas por las epístolas paulinas cuadra a la perfección con estos datos. El Apóstol lo presenta como un compañero muy querido que está a su lado durante su cautiverio, Col_4:14; Flm_1:24; 2Tm_4:11. Según Col_4:10-14, Lucas es de origen pagano (de Antioquía de Siria según una vieja tradición) y médico, lo que comportaría una cierta cultura, aun cuando esté lejos de ser cierto que Lucas emplee en sus escritos un vocabulario específicamente médico.

Nada seguro hallamos en la tradición antigua para fijar la fecha en que escribía. El libro concluye con la prisión romana de Pablo, probablemente en 61-63, y en todo caso su composición debe ser posterior a la del tercer evangelio (¿antes del 70? ¿hacia el 80?, pero nada impone una fecha posterior al 70). Como lugar de composición se han propuesto Antioquía y Roma.

¿Cuáles son las fuentes utilizadas por Lucas para componer su obra? El autor de los Hechos declara «haber investigado diligentemente todo desde los orígenes» sumándose a los que ya habían «intentado narrar ordenadamente las cosas que se han verificado entre nosotros» (Luc_1:1-4, que constituye el prólogo general de la obra completa). Tales expresiones hacen suponer, por un lado, que ha buscado informaciones precisas y, por otro, que ha aprovechado relatos ya existentes. El examen del libro confirma esta impresión. A pesar de una actividad literaria siempre vigilante, cuya mano se advierte por doquier asegurando la unidad del libro, se pueden distinguir también sin dificultad algunas corrientes principales en las tradiciones recogidas por Lucas. Los doce primeros capítulos del libro de los Hechos refieren la vida de la primera comunidad reunida en torno a Pedro después de la Ascensión, 1-5, y los comienzos de su expansión a raíz de las iniciativas misioneras de Felipe, Hch_8:4-40, de los «helenistas», 6:1-8:3; Hch_11:19-30; Hch_13:1-3, y en fin del mismo Pedro, 9:32-11:18; 12. Las tradiciones «petrinas» subyacentes se emparentarían con el «Evangelio de Pedro» que es conocido en la literatura de la Iglesia antigua. Para la segunda parte de los Hechos el autor habría utilizado relatos de la conversión de Pablo, de sus viajes misioneros, y de su viaje por mar a Roma como prisionero. En todo caso, Lucas parece haber tenido a mano cartas paulinas, y podía haber pedido datos al mismo Pablo, a quien conocía por lo menos en el período de su cautiverio. Otras personas (¿Silas o Timoteo?) podrían haberle suministrado informaciones circunstanciadas sobre tal o cual episodio. En tres ocasiones durante su relato, Hch_16:10-17; 20:5-21:18; 27:1-28:16 (y ya también Hch_11:28 en el texto occidental), Lucas emplea la primera persona del plural. Siguiendo a san Ireneo, algunos exegetas han creído ver en los pasajes de los Hechos redactados en estilo «nosotros» la prueba de que Lucas acompañó a Pablo en su segundo y tercer viajes misioneros y en su viaje por mar a Roma. Contrasta, sin embargo, con ello el hecho de que Pablo no menciona nunca a Lucas como compañero de su obra de evangelización, por lo que este «nosotros» parece ser más bien el vestigio textual de un diario de viaje hecho por un compañero de Pablo (¿Silas?) y utilizado por el autor de los Hechos. El viaje descrito por el diario puede tener que ver con la colecta hecha por las iglesias de Macedonia y Acaya para la iglesia de Jerusalén, ver Hch_24:17; 1Co_16:1-4; 2 Co 8-9; Rom_15:25-29. Una vez reunido este rico material, Lucas lo organizó hábilmente en unidad literaria, distribuyendo de la mejor manera los diversos elementos y uniéndolos unos con otros por medio de estribillos redaccionales, por ej. Hch_6:7; Hch_9:31; Hch_12:24; etc.

El valor histórico de los Hechos de los Apóstoles no es uniforme. De un lado, las fuentes de que Lucas disponía no eran homogéneas; de otro, en el manejo de estas fuentes se movía con bastante libertad según el espíritu de la historiografía antigua, subordinando los datos históricos a su plan literario y sobre todo a sus intereses teológicos. Los relatos de los viajes de san Pablo reflejan con mayor o menor extensión y exactitud el mundo del Mediterráneo oriental en el primer siglo: administración romana, ciudades griegas, cultos, rutas, geografía política y topografía local. En cambio, los relatos de la primera parte del libro son en general mucho menos circunstanciados. Lucas establece un cierto paralelismo entre los milagros de Pedro y los de Pablo: comparar Hch_3:1-10 con Hch_14:8-10; Hch_5:15 con Hch_19:12; Hch_5:19 o Hch_12:6-11, Hch_12:17 con Hch_16:23-26, Hch_16:40; Hch_8:15-17 con Hch_19:2-7; Hch_8:18-24 con Hch_13:6-11; Hch_9:36-42 con Hch_20:7-12. Además, algunos de los relatos de milagros tienen sus paralelos en los evangelios: comparar Hch_3:6-7 con Luc_4:39 y Mar_1:31; Hch_9:33-34 con Luc_5:24-25; Hch_20:10, Hch_20:12 con Luc_8:52-55; es también evidente que las últimas palabras de Esteban, Hch_7:59-60, se asemejan a las de Jesús, Luc_23:34, Luc_23:36. El discurso de Pablo en Antioquía de Pisidia, Hch_13:16-41, no deja de tener analogías con los de Pedro en Jerusalén, Hch_2:14-36; Hch_3:12-26; Hch_4:8-12; Hch_5:29-32, el de Esteban, Hch_7:1-53, y también el de Pedro en Cesarea, Hch_10:34-43. Es, pues, razonable suponer que Lucas no había recibido estos discursos tal como los reprodujo, sino que los compuso utilizando algunos temas esenciales de la predicación primitiva apoyados con argumentos que se habían hecho tradicionales y moldeados con fórmulas nemotécnicas: florilegios de textos escriturísticos para los judíos, reflexiones de filosofía común para los griegos, y para todos el anuncio esencial (Kerygma) de Cristo muerto y resucitado, con el llamamiento a la conversión y al bautismo. Lucas habría conocido, primero por tradición y luego por experiencia, estos esquemas de la primera predicación cristiana, y es esto lo que le permitió, con su finísimo sentido psicológico, impregnar estos discursos de una enseñanza de valor auténtico e importancia capital. Se han señalado a menudo discrepancias entre el libro de los Hechos y las epístolas paulinas, que Lucas parece haber utilizado pero no en detalle. Es notable, por ejemplo, que no se haya preocupado de armonizar las cinco visitas de san Pablo a Jerusalén en los Hechos con los datos de Gal 1:15-2:10. En otro orden de cosas, se advierte un cierto contraste entre el retrato de Pablo dibujado en los Hechos y el que Pablo hace de sí mismo en su correspondencia. En Atenas Pablo se manifiesta netamente menos severo para con las religiones paganas que en su epístola a los Romanos: comparar Hch_17:22-31 con Rom_1:18-32 (pero ver también Sab_13:1-10, donde el autor, a la vez que condena la idolatría, disculpa los desvíos que algunos sufren buscando a Dios). En general Lucas atribuye al Apóstol una actitud más conciliadora que la de las epístolas: comparar Hch_21:20-26 con Gál_2:12 ss; Hch_16:3 con Gál_2:3; Gál_5:1-12. Pero no debe olvidarse que cada autor se mueve por intereses bastante diferentes. Pablo es un polemista que sabe ser intransigente (pero ver también 1Co_9:19-23) mientras que el propósito de Lucas es demostrar la unidad profunda que existía entre los primeros discípulos.

A este respecto, la objetividad del libro de los Hechos ha sido atacada sesgadamente planteando la cuestión de su finalidad. La escuela de F. Ch. Baur ha querido ver en él un escrito de compromiso compuesto en el siglo II para conciliar las tendencias opuestas del petrinismo y del paulinismo. Este sistema tiene el mérito de señalar la existencia innegable de tensiones en la Iglesia primitiva; pero supone una fecha demasiado tardía, y en su forma radical ya nadie lo sostiene hoy. Otros, por su parte, todavía denuncian con frecuencia a esta obra de ser un alegato, con todo lo que esto puede implicar de deformación de los hechos. Lucas haría en ella una apología de Pablo destinada a convencer a las autoridades romanas de que él no era culpable de ningún delito político. Y, en efecto, no se puede negar que Lucas subraya el carácter puramente religioso del conflicto que enfrenta a los judíos con Pablo y la indiferencia de las autoridades romanas ante tal conflicto. Pero, aunque esto parece responder a la verdad histórica, en todo caso no es más que un aspecto de la obra. El libro de los Hechos es cosa muy distinta de un memorial para presentar ante el tribunal de Roma. Lo que persigue es nada menos que referir, por sí misma, la historia de los orígenes cristianos.

Para convencerse de ello, basta con examinar su plan. Se ve en él plasmada la aseveración inicial de Cristo: «Seréis mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaría, y hasta los confines de la tierra», Hch_1:8. La fe se implanta primero sólidamente en Jerusalén, donde la primera comunidad crece en gracia y número, 1-5. Enseguida comienza la expansión, preparada por la tendencia universalista de los convertidos del judaísmo helenístico y por su expulsión a raíz del martirio de san Esteban, 6:1-8:3: se llega a Samaría, Hch_8:4-25, así como a la llanura costera hasta Cesarea, donde por primera vez entran gentiles en la Iglesia, Hch_8:26-40; 9:32-11:18, al tiempo que la conversión de Pablo nos informa de que ya hay cristianos en Damasco y presagia la evangelización de Cilicia, Hch_9:1-30. Estribillos, como Hch_9:31 (que añade Galilea) ponen bien de relieve la difusión de la fe. A continuación es Antioquía la que recibe el mensaje de Jesús, Hch_11:19-26 y que se va a convertir en un foco de irradiación, no sin guardar con Jerusalén contactos en los que se toman acuerdos sobre los principales problemas misioneros, Hch_11:27-30; Hch_15:1-35. Se trata ahora, en efecto, de que el Evangelio llegue a los gentiles. A partir de la conversión de Cornelio, Pedro, después de ser encarcelado en Jerusalén, sale con destino desconocido, Hch_12:17; y en adelante es Pablo quien, en el relato de Lucas, ocupará el primer plano. Después de un primer viaje con Bernabé a Chipre y Asia Menor antes de la asamblea de Jerusalén, 13-14, dos viajes más le llevarán hasta Macedonia y Grecia, 15:36-18:22, y a Éfeso, 18:23-21:17. Siempre regresa a Jerusalén, y su arresto en esta ciudad, seguido de su encarcelamiento en Cesarea, 21:18-26:32, le permitirán ser conducido, preso pero siempre misionero, hasta Roma, donde, aun sin librarse de las cadenas, anuncia a Cristo, 27-28. Vista desde Jerusalén, esta capital del imperio representa perfectamente «los confines de la tierra», por lo que Lucas puede aquí poner fin a su libro.

Podremos quizá lamentar que no nos haya dicho nada de la actividad de los otros apóstoles, ni de la fundación de ciertas iglesias como la de Alejandría, o incluso la de Roma, donde la fe cristiana se había implantado ciertamente antes de la llegada del Apóstol (ver la Epístola a los Romanos, sobre todo Hch_15:22 ss). Nada dice tampoco del apostolado de Pedro fuera de Palestina, y es verdad que la persona de Pablo ocupa en su obra un lugar preponderante, hasta el punto de llenar ella sola toda la segunda mitad. Más que una historia materialmente completa, lo que Lucas ha querido darnos es una exposición de la fuerza de expansión espiritual del Cristianismo; y la enseñanza teológica que ha sabido deducir de los hechos de que disponía posee un valor universal e insustituible, que constituye el valor auténtico de su obra.

Esta aportación doctrinal es múltiple y no podemos evocar aquí más que sus puntos principales. Lo que la obra expone es la fe en Cristo, base del kerygma apostólico. Por los discursos conocemos los principales textos escriturísticos que sirvieron, bajo la guía del Espíritu, para la formulación de la cristología y la argumentación ante los judíos; son de notar particularmente los temas del Siervo, Hch_3:13, Hch_3:26; Hch_4:27, Hch_4:30; Hch_8:32-33, y de Jesús nuevo Moisés, Hch_3:22 s; Hch_7:20 s, y nuevo Elías, Hch_1:9-11; Hch_3:20-21. La resurrección se prueba por el Sal_16:8-11 (Hch_2:24-32; Hch_13:34-37). La historia del pueblo elegido debe poner en guardia a los judíos contra la resistencia a la gracia, Hch_7:2-53; Hch_13:16-41. Para los gentiles, se recurre a argumentos de una teodicea más general, Hch_14:15-17; Hch_17:22-31. Pero los apóstoles son ante todo «testigos», Hch_1:8+, y Lucas nos resume su «kerygma», Hch_2:22+, relatándonos también sus signos taumatúrgicos. El problema crucial de la Iglesia naciente tenía que ser el acceso de los gentiles a la salvación, y sobre este punto el libro de los Hechos nos brinda alguna luz, aunque sin descubrirnos toda la envergadura de las dificultades y de las controversias ocasionadas por esta cuestión en la Iglesia e incluso entre sus dirigentes (ver Gál_2:11+): los hermanos de Jerusalén, agrupados en torno a Santiago, siguen fieles a la Ley judía, Hch_15:1, Hch_15:5; Hch_21:20 s; pero los «helenistas», cuyo portavoz es Esteban, sienten la necesidad de romper con el culto del Templo; y Pedro, y después sobre todo Pablo, hacen triunfar en la asamblea de Jerusalén el principio de la salvación por la fe en Cristo, que dispensa a los gentiles de la circuncisión y de las observancias mosaicas. No es menos cierto que Lucas nos muestra a Pablo empezando siempre por dirigirse a los judíos, para volverse después a los gentiles sólo cuando se ve rechazado por sus hermanos de raza, Hch_13:5+. Sobre la vida de las comunidades cristianas nos bosqueja un cuadro que tiene tintes sin duda ideales, por no decir utópicos, pero que se inspira en los recuerdos de los primeros años tanto como en las realidades eclesiales de una época más tardía: vida de oración y reparto de bienes en la joven iglesia de Jerusalén; administración del bautismo de agua y del bautismo en el Espíritu, Hch_1:5+; celebración de la Eucaristía, Hch_2:42+; esbozos de organización eclesiástica en los «profetas» y los «doctores», Hch_13:1+, o también en los «presbíteros» que presiden la iglesia de Jerusalén, Hch_11:30+, y que Pablo establece en las iglesias que él funda, Hch_14:23. Todo ello impregnado, dirigido, impulsado por un soplo invencible del Espíritu Santo. A este Espíritu, sobre el que Lucas había ya insistido en su evangelio, Luc_4:1+, lo presenta en acción incesante en la expansión de la Iglesia, Hch_1:8+, hasta el punto de que se ha podido llamar a los Hechos «el evangelio del Espíritu Santo». Es esto lo que da a esta obra ese aroma de alegría espiritual, de maravilla sobrenatural, de la que sólo podrán extrañarse los que no comprenden ese fenómeno único en el mundo que fue el nacimiento del Cristianismo. Si a todas estas riquezas teológicas añadimos la preciosa aportación de tantos detalles concretos que de otro modo no habríamos conocido, si se acierta a saborear los retratos de fina psicología en que Lucas se distingue, piezas incisivas y hábiles como el discurso delante de Agripa, 26, páginas conmovedoras como el adiós a los presbíteros de Éfeso, Hch_20:17-38, relatos vivos y realistas como el motín de los orfebres, Hch_19:23-41, se convendrá en que este libro, único en su género en el NT, representa un tesoro cuya falta hubiera empobrecido notablemente nuestro conocimiento de los orígenes del Cristianismo.

El texto de los Hechos, como el del resto del NT, ha llegado a nosotros con muchas variantes de detalle. Pero más que en otros libros merecen retener nuestra atención las que provienen del texto llamado «occidental» (códice de Beza, versiones latina, siríaca y copta, antiguos escritores eclesiásticos). Ofrecen éstas un texto que es a menudo más conciso que el texto alejandrino, pero que contiene también detalles concretos y pintorescos que el otro desconoce. En realidad, estas dos tradiciones textuales parecen representar redacciones sucesivas del libro de los Hechos. Nuestra traducción se ha hecho las más de las veces sobre el texto alejandrino, pero un buen número de variantes del texto occidental se han señalado en nota o incluso han sido admitidas en el texto traducido.

Fuente: Nueva Biblia de Jerusalén (1998) - referencias, notas e introducciones a los libros

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Notas


REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Gál_2:11-14

[2] Hch_15:5, Hch_15:24

[3] Gén_17:10+

NOTAS

15 Los sucesos de este cap. plantean varias dificultades: 1ª: los vv. Hch_15:5-7 a vuelven sobre lo dicho en los vv. Hch_15:1-2 a, como si el autor refiriera dos orígenes distintos de la controversia, sin establecer conexión entre ellos; 2ª: en el v. Hch_15:6, parece que se trata de una reunión por separado de los dirigentes de la comunidad, pero en los vv. Hch_15:12, Hch_15:22, los debates tienen lugar ante la asamblea cristiana completa; 3ª: la asamblea establece y envía un decreto a Pablo sobre las observancias de pureza ritual impuestas a los cristianos venidos de la gentilidad, vv. Hch_15:22 s, pero más tarde, parece que Santiago notifica este mismo decreto al Apóstol sin suponer que éste lo conozca, Hch_21:25. Pablo mismo no habla de este decreto ni en Gál_2:6 (donde habla de la asamblea de Jerusalén) ni en 1Co 8-10; Rom 14 (donde trata de problemas análogos); 4ª: el decreto de Hch_15:29 se dio para las iglesias de Siria y de Cilicia, Hch_15:23, sin embargo, Lucas no dice que Pablo lo haya publicado al atravesar esas regiones, Hch_15:41, pero sí habla de él a propósito de las ciudades de Licaonia, Hch_16:4; y en Hch_15:19-21; Hch_21:25 parece que en realidad da al decreto un alcance universal. Se explicarían estas dificultades admitiendo que Lucas agrupó dos controversias distintas y las diferentes soluciones que se dieron (Pablo distinguió mejor en Gal 2): una controversia en la que tomaron parte Pedro y Pablo, sobre la obligación de la Ley judía para los gentiles convertidos, ver Gál_2:1-10; otra, posterior, provocada por el incidente de Antioquía, Gál_2:11-14 y en la cual Santiago desempeñó un papel preponderante en ausencia de Pedro y Pablo, sobre los contactos entre cristianos venidos del Judaísmo y del paganismo en sus relaciones sociales; todo contacto con un gentil implicaba para el judío una impureza legal; ver Hch_15:20+.

15:1 Gál_2:12 les designa como «algunos del grupo de Santiago».



REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Gál_2:1-2

NOTAS

15:2 (a) Var.: «Después de una agitación y una no pequeña discusión sostenida con ellos por Pablo y Bernabé -porque Pablo decía insistentemente que debían permanecer como cuando habían abrazado la fe- los que habían venido de Jerusalén les mandaron a ellos y algunos otros subir a Jerusalén adonde los apóstoles y presbíteros para ser allí juzgados ante ellos acerca de este litigio».

15:2 (b) Gál_2:12 nombra a Tito, que era originario de la gentilidad.

15:2 (c) A los apóstoles, de quienes no se trata ni en Hch_11:30 ni en Hch_21:18, se les menciona aquí conjuntamente con el colegio de los presbíteros; esto concuerda con Gál_2:2-9, en que a Pedro y Juan se les cita como autoridades de la iglesia de Jerusalén, junto a Santiago, hermano del Señor.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Hch_20:38; Hch_21:5

NOTAS

15:3 Otra traducción: «cuando hubieron sido provistos de lo necesario para el viaje», ver 1Co_16:11; Tit_3:13.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Hch_14:27+

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Gál_2:1-9

NOTAS

15:5 (a) En el texto ordinario, parece como si los fariseos intervinieran en Jerusalén independientemente de lo que ha sucedido en Antioquía. El texto occ. trata de armonizar los hechos: «Pero los que les habían mandado subir a donde los presbíteros se levantaron entonces... ».

15:5 (b) Según Gál_2:3-5, tales exigencias apuntarían más directamente a Tito, que había acompañado a Pablo a Jerusalén.

NOTAS

15:6 Adic. occ.: «y la asamblea», ver v. Hch_15:12.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Hch_2:14+

[2] 10:1—11:18+

[3] Hch_1:24

NOTAS

15:7 Adic. occ.: «bajo la inspiración del Espíritu».

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Hch_10:44-47; Hch_11:15-17; Hch_11:12; Hch_10:34

NOTAS

15:9 Interpretación de la palabra del cielo oída por Pedro, Hch_10:15; Hch_11:9; ver Hch_10:28; Sir_38:10. La intervención de Pedro continúa la justificación que de su conducta dio en Cesarea, Hch_11:4-7.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Gál_5:1; Mat_23:4

NOTAS

15:10 Tentar (ver 1Co_10:13+) a Dios, es emplazarle a que demuestre su poder, exigiendo una intervención o una señal, Hch_5:9; Éxo_17:2; Éxo_17:7; Núm_14:22; Deu_6:16; Jdt_8:12-17; Sal_95:9; Isa_7:11-12; Mat_4:7; Hch_5:8-10; 1Co_10:9.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Gál_3:10-12; Rom 7

NOTAS

15:11 Respuesta directa a la afirmación del v. Hch_15:1. La doctrina es la de Gál_2:15-21; Gál_3:22-26; Rom_11:32; Efe_2:1-10, etc. Bajo este punto de vista, no hay ventaja alguna para el judío: ver Hch_13:38; Gál_5:6; Gál_6:15.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Hch_14:27

NOTAS

15:12 Texto occ.: «Como los presbíteros dieran su asentimiento a lo que Pedro les había dicho, toda la asamblea... ».

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Hch_12:17+

NOTAS

15:13 Gál_2:9 confirma la importancia de su intervención en este asunto, en especial en el debate referente a los problemas locales de relaciones sociales, ver Hch_15:1+ y 20+.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Hch_18:10; Rom_9:26; Hch_13:47; Rom_15:9-12; Rom_16:26

NOTAS

15:14 Nombre semítico de Simón Pedro, ver 2Pe_1:1.

NOTAS

15:15 El texto está citado según los LXX y la argumentación descansa en variantes que son propias de la versión griega. Proviene sin duda de los medios «helenistas», aun cuando aquí se la ponga en labios del jefe del partido «hebreo».

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Amó_9:11-12

NOTAS

15:17 Lit.: «sobre quienes se ha invocado (o: pronunciado) mi nombre». Invocar el nombre de Yahvé sobre un pueblo, ver 2Cr_7:14, o sobre un lugar, ver 2Cr_6:34, es consagrarlos a Yahvé.

NOTAS

15:18 Var.: «dice el Señor que obra estas cosas. Desde antiguo conoce el Señor su obra».

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Hch_3:19+

NOTAS

15:19 Santiago dirime el debate, y la carta apostólica se limitará a repetir los términos de su declaración. Gál_2:9 produce la misma impresión: el que en la iglesia de Jerusalén ocupa en esta fecha el primer puesto es Santiago, ver Hch_12:17+. -Una var. disminuye su importancia: «Y por eso, por lo que a mí hace... ».

NOTAS

15:20 (a) La carne de los animales inmolados en los sacrificios de los gentiles, ver v. Hch_15:29 y Hch_21:25. Ver 1Co 8-10.

15:20 (b) La palabra parece designar todas las uniones irregulares enumeradas en Lv 18.

15:20 (c) El texto occ. suprime «animales estrangulados» y añade al final: «y no hacer a los demás lo que uno no querría que le sucediera» (igualmente en el v. Hch_15:29). Otra om.: «la impureza». -Las reservas de Santiago manifiestan la naturaleza exacta del litigio. Tienen un carácter estrictamente ritual y responden al problema planteado en Hch_11:3 y Gál_2:12-14 : ¿qué se ha de exigir de parte de los heleno-cristianos para que los judío-cristianos puedan tratar con ellos sin mancha legal? Santiago sólo ha querido retener de todas las leyes de pureza aquellas cuya significación religiosa parece universal: el comer la carne ofrecida a los ídolos entrañaba cierta participación en un culto sacrílego, ver 1Co 8-10. La sangre era la expresión de la vida, que sólo pertenece a Dios; la prohibición de comer la sangre, Lev_1:5+, tenía tal fuerza obligatoria que hace explicable la repugnancia del judío a dispensar de ella al gentil. El caso de los animales estrangulados es análogo al de la sangre. Las uniones irregulares no figuran en este contexto por su calificación moral, sino en cuanto principio de mancha legal

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Hch_13:27

NOTAS

15:22 (a) Solamente conocido por este pasaje; ver Hch_1:23.

15:22 (b) Silas, compañero de misión de Pablo, 15:40—18:5, es idéntico al Silvano que mencionan 1Ts_1:1; 2Ts_1:1; 2Co_1:19; 1Pe_5:12.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Gál_2:12; Hch_15:1

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Hch_1:8+; Hch_5:32

NOTAS

15:29 Adic.: occ.: «bajo la dirección del Espíritu Santo».

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Hch_11:27+

NOTAS

15:33 El texto occ. añade el v. Hch_15:34 : «pero Silas decidió quedarse». Varios mss añaden además: «Judas marchó solo».

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Hch_14:28

[2] Hch_2:42+; Hch_5:42+

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Hch_12:12+

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Hch_13:13

NOTAS

15:39 Es posible que la razón de fondo de que Pablo se separe de Bernabé sea la diferencia que se produjo entre ellos en Antioquía a propósito de las comidas comunes, y por tanto de la comunión, entre cristianos procedentes del Judaísmo y de la gentilidad; ver Gál_2:11-13.

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Hch_15:22+

[2] Hch_13:3+

NOTAS

15:40 Var.: «la gracia del Señor».

REFERENCIAS CRUZADAS

[1] Hch_14:22+

NOTAS

15:41 El texto occ. añade: «trasmitiendo las prescripciones de los presbíteros», ver Hch_16:4.